Capítulo 11

Encontrando el equilibrio

Por su parte Ron también recordaba esos momentos. Aún estaba acostumbrándose a la idea de saber que Hermione había estado íntimamente con Draco, pero debía reconocer que aunque le costó, el estar conectado a su ser primogénito lo ayudaría a sobrepasar ese sentimiento.

Recordó como había logrado conectarse. Paradójicamente con un suceso que lo conectaba ahora irremediablemente a relacionarlo con Malfoy.

Se había enfrentado a ella, aún le dolían los golpes recibidos, no más que los psicológicos.

Shing estaba preocupada por primera vez. Si ni Draco ni Harry habían podido luchar contra este demonio, aún habiendo logrado encontrar su equilibrio semanas atrás, sus vidas corrían serio peligro.

El único que pudo lidiar con Lazupaywa en cierta medida fue él. Sin embargo pudo sentir su poder y fuerza. Ahora más que nunca bebía encontrar su centro.

Creía que la falta de sueño podría ser la causante, por ello su maestra le indicó una técnica para evadir las pesadillas, era realmente simple, acostarse pensando en aquellos momentos que lo habían hecho más feliz en su vida.

Se hallaba en su antiguo cuarto, donde precisamente habían pasado muchos de esos momentos, recordaba cuando Hermione había discutido con su madre para que les permitiera, aún sin estar casados, compartir la habitación.

Su mamá era testaruda, pero, su por ese entonces, futura esposa lo era aún más, su argumento fue imbatible, faltaba sólo un mes para casarse. Entonces la vio, apostada en el marco de la entrada, con una sonrisa de victoria, lo había logrado.

Además ¿Cuál era la diferencia? ¡Ni que ella fuera virgen! Claro que ya no lo era.

En ese momento se dio cuenta que debía de hacerse de mucha paciencia, igual que su padre, su mujer, si era más testaruda que su madre, sería una persona difícil de domar, pero él ya lo había hecho, había encontrado la forma de convertirla en una dócil gatita, entre sus brazos.

Ella le había entregado su más preciado tesoro cuando cursaba el séptimo curso.

Pero ¿Cómo? Si él no concurría al colegio,

Muy simple, el trabajaba con George en Sortilegios Weasley y semanalmente llevaba productos a la tienda de Zonko en Hogsmeade.

Allí era donde Aberforth y Arianna entraban en escena, él le enviaba una lechuza informando su presencia, ingresaba por el cuadro, atravesaba el largo pasillo y al llegar a la sala de menesteres, ella ya estaba allí, esperándolo.

Siempre en una habitación igual a la sala común de Gryffindor, con un sillón donde se sentaban por horas para hablar, besarse y acariciarse cada vez con más soltura, más premura y más pasión.

Él afianzaba su seguridad, al menos la económica, sus ventas eran excelentes, tenía una habilidad innata para el trabajo que hacía y además ayudaba de tanto en tanto a George con alguna broma, producto de escuchar a sus compradores y lo que le requerían.

Pero con referencia a Hermione, estaba en arenas movedizas, no era por falta de seguridad, era que no quería lastimarla, y mucho menos molestarla, pero lo cierto era que cada vez que esas caricias en el sillón amenazaban con ir más allá, ella huía.

Pero una tarde fue diferente, al llegar se encontró con una recámara inusual, en principio las luces eran tenues, se respiraba un aroma a flores y en el centro había una enorme cama. Él dejó de prestar atención a los detalles cuando la vio, al lado del lecho, con los pies juntos y las manos entrelazadas colocadas al frente. Jugaba con sus pulgares, y mantenía la vista fija en ellos, se la veía nerviosa y, al acercarse y tomarla de las manos su agitada respiración se lo confirmó.

Le fascinó que otra vez ella tomara la iniciativa.

Al mirarla a los ojos, reflejaban un brillo peculiar, pero que en realidad no le era desconocido, cuando su mirada reflejaba ese brillo, ella buscaba una excusa y se marchaba.

Esta vez notaba que no iba a huir, estaba allí, hermosa, con su uniforme impecable, su rostro maravilloso y su cuerpo perfecto.

Ron llevó las manos femeninas a la boca y comenzó lentamente a besar dedo por dedo sin dejar de mirarla a los ojos, luego besó la palma de la mano y comenzó a subir sin perder contacto visual.

Tenía pensado besar todo su brazo, apoderarse del hombro, adueñarse de su cuello y reclamar su boca pero Hermione al ser besada en la muñeca cerró los ojos y mordió su labio inferior.

Suficiente gesto para que él perdiera parcialmente su cordura, tiró de los brazos femeninos, los subió a su cuello y la besó apasionadamente, aferrándola por la cintura y atrayéndola hacia él.

Hermione comenzó a jugar con su cabello y luego bajó sus manos acariciando su espalda.

Él suspiró, la sensación era reconfortable y apretó aún más el cuerpo femenino al suyo, ella lanzó un gemido al sentir su enervación y eso termino de enloquecerlo.

La tomó de ambas piernas haciéndolas abrazar su cadera colocándola sobre él y la llevó a la cama arrojándose sobre ella.

Arremetió contra su cuello, besando, lamiendo y mordiendo.

-¡Ron! – Rió - ¿No se supone que primero hay que sacarse la ropa? – Preguntó entre divertida e inocente, pero él estaba concentrado en el cuello y aún más abajo del mismo; además, había comenzado a sentir ese dolor en su entrepierna, efecto de la presión que ejercía el pantalón que de repente había quedado chico. Comenzó a friccionar su cuerpo contra el de ella ferozmente.

- ¡Ron! ¡Ron! ¡Me lastimas! – Suplicó Hermione e inmediatamente se detuvo.

Notaba que estaba asustada, pero a la vez excitada, él estaba actuando como una bestia hormonal desaforada.

¿Acaso no recordaba el libro que le habían regalado sus hermanos?

Se levantó quedando de pie frente a la cama, acomodó su cabello y colocó ambas manos entrelazadas al frente, estirando de alguna forma su remera para que Hermione no notara su excitación.

- Lo siento, me dejé llevar, soy un animal. Te prometo que nunca te tocaré - ¿Por qué hacía promesas que no iba a cumplir? – De esa manera – Aclaró para salir airoso de la situación. Lo que siguió a continuación lo sorprendió gratamente.

Hermione se arrodilló sobre la cama y se acercó a él, le colocó las palmas de las manos sobre el pecho, apoyó el mentón sobre ellas lo miró y dijo.

- No prometas eso, en cierta forma fue excitante la pasión con la que actuaste, pero podemos dejarlo para más adelante – Entonces le destrabó sus dedos dejando sus brazos a los lados, y comenzó a subir su remera – hoy necesito que seas gentil – y besaba su abdomen – amable – besaba su pecho al ser descubierto irguiéndose sobre la cama – tierno – pasaba la prenda por su cabeza y él mecánicamente levantó los brazos y lo despojó de la misma arrojándola vaya a saber donde. – Amoroso - y lo besó en los labios, pasó sus uñas por la espalda.

Él se tensó, era una dulce tortura, la expectación del momento, entonces comprendió que no había nada más hermoso, sensual y pleno que disfrutar del cuerpo de ella, preparándose ambos para la entrega absoluta.

Respondió al beso, explorándola con su lengua como si fuese la primera vez que lo hacía, como descubriendo un nuevo sabor, una nueva suavidad.

Lentamente desanudó su corbata y comenzó a desabotonar los botones de la camisa lentamente, Hermione acariciaba su pecho y su abdomen, él calor iba subiendo máxime cuando notó que ella estaba desabrochando el botón y cierre de su pantalón.

Ron retiró la camisa y vio los magníficos senos aún protegidos por el sujetador, ella había bajado el jean pero él, haciendo equilibrio para no caerse se desprendió de ellos totalmente al igual que de sus zapatillas.

- Me encanta cuando te vistes como muggle – Le decía al oído. Él ya lo sabía y le encantaba complacerla.

Se deshizo de su falda y la contempló, casi desnuda con su conjunto blanco, con pequeños encajes, suave como el algodón, como su piel que lo era aún más.

Comenzó a acariciar sus pechos por sobre el sujetador, provocando que Hermione mordiera su labio inferior y exhalara un gemido.

- No hagas eso, me vuelve loco – Pudo decir controlando su salvaje sensación de arrojársele encima otra vez.

Ella volvió a besarlo en los labios y luego se dirigió a su cuello lamiéndolo, se acercó al lóbulo de su oreja y lo mordisqueó para luego decirle

- Es que en realidad quiero que te vuelvas loco, loco por mí. – Ron sintió como nuevamente se desataba la locura en su interior, y la aferró por la cintura besándola salvajemente, siendo correspondido con igual vehemencia por Hermione.

- Yo ya estoy loco por ti – Le decía entre esos húmedos besos.

- Prométeme que nunca me vas a dejar.

- ¡Nunca! ¡Nunca me separaré de ti! Tú tampoco lo hagas.

- ¡Jamás! – Contestaba – Ambos se abrazaron, él apoyó su cabeza sobre el pecho femenino sintiendo el latir galopante del corazón. – Te pertenezco, tuya son mi mente, mi corazón, mi alma y ahora mi cuerpo. – La respiración de Ron se agitó. Su cuerpo se reía de la innecesaria pregunta que surgía en ese preciso momento, pero aún estaba en un punto de retorno.

- ¿Estas segura? – E involuntariamente sus brazos la aferraron más mostrando su enervación. Hermione lanzó un gemido como única respuesta.

¿Era una contestación coherente? ¡Coherencia! ¿Qué es eso? Preguntaban sus desbaratadas hormonas, pero él se atrevió a repreguntar

- ¿Estas se…?

- Sí, segurísima – respondió rápidamente – Nunca estuve más segura de algo, es momento de completar nuestra unión. Yo te amo. Te deseo.– Él levantó el rostro y la miró intensamente, se apartó para observarla, ver a la mujer más perfecta que hubiese visto sobre la tierra; y era suya, le pertenecía en todos los aspectos existentes posibles, como él lo hacía y ahora la unión iba a ser aún más perfecta.

Volvieron a besarse, en ese momento sus pensamientos tan espirituosos escaparon de su mente, ya no había punto de retorno, la colisión iba a se inminente, las estrellas iban a explotar y nada lo iba a detener; deseaba poseerla, tenerla entre sus brazos y escucharla gritar su nombre, alcanzando el mayor de los placeres y hacer que él lo alcanzara también, pero sus pensamientos, tan claros en su mente, tan perfectos e idílicos se truncaban, le mortificaba no saber como desprender esa fatídica prenda, el sostén, que le impedía el acceso a parte del cuerpo de Hermione. Entonces su mente lo sorprendió por la agilidad, ejerció presión sobre los hombros de ella, obligándola a arrodillarse nuevamente, levantó los brazos femeninos y la despojó del sujetador, tirándolo hacia arriba, sus pechos quedaron libres, perfectos, redondos y expectante a la caricia, que no tardó en llegar, el se subió a la cama de igual manera que ella y como con miedo de herir, la tocó suavemente, sintió la textura aterciopelada contrastando con la de los pezones, que se endurecieron por el tacto.

La besó, suavemente, bajó por su cuello, era su parte favorita hasta ese momento, había descubierto una nueva, y continuó, besó sus senos alternadamente, Hermione suspiraba, agitadamente, cuando se atrevió a lamer uno de esos exquisitos pezones ella lanzó un gemido, dándole a entender que iba bien, por suerte sus sonidos lo iban guiando porque estaba perdido.

Entonces sintió la mano femenina ejerciendo una presión sobre su bóxer, dolorosa y agradable a la vez, por algunos instantes intensificó la caricia y luego se atrevió a pasar la barrera de la tela, metió la mano por la prenda íntima y tomó su miembro ejerciendo un movimiento de vaivén que lo electrificó, sus piernas temblaron.

- ¡Hermione! – Gimió y la caricia cesó.

- ¿Estás bien? – Ella sonó preocupada, él la miró, agitado y sudoroso, sus ojos debieron expresar su lujuria contenida por ella rió complacida entonces renovó el mimo.

Él no podía pensar, era mejor que… pero no quería recordar sus desahogos personales en ese momento, ahora estaba con ella, era ella la que lo tocaba, como siempre lo soñó. Aún mejor.

No podía esperar más, pero sabía que aún no era el momento, se quedaron allí durante varios minutos, él saboreando sus senos, ella estimulándolo, como nunca lo había hecho, entonces la empujó suavemente hasta acostarla en la cama, le sacó los zapatos y medias, al igual que las suyas que aún tenía y la despojó de su última prenda, dejándola completamente desnuda.

La debió mirar con tal adoración que Hermione se sonrojó y el sonrió. Besó sus pies, sus tobillos, ella comenzó a respirar agitadamente, expectante de lo que venía, subió por sus piernas y abrió sus muslos para deleitarse con el interior de ellos.

Y lamió lentamente su intimidad.

- ¡Ron! – Jadeó Hermione, arqueando y tensando el cuerpo, él se detuvo, era su última infantil venganza.

- ¿Estás bien? – Preguntó intentando sonar inocentemente preocupado. Ella lo miró agitada y rió, llevándose las manos a la cara, tapando su rostro cuando él pasó un dedo por su cavidad, buscando el punto donde la volvería loca.

- ¡Ahí! – La escuchó diciendo.

- ¿O sea que hasta en la cama serás mandona? – Le preguntó sensualmente sin dejar de tocarla.

- ¡No! – Le contestó – ¡En la cama mandas tú! ¡En todo mandas tú!– Contestó arqueándose más - ¡Sólo tú! – Decía jadeando. Eso lo excitó más aún si eso fuera posible. Saco una fuerza interna que desconocía para no arrojársele encima y continuó con su caricia, Hermione movía las caderas y sus puños se cerraban estrujando las sábanas, entonces intensificó el movimiento.

-¡Ron! – Gritó Hermione al llegar al sumo placer, pero este no era un grito como los que usaba para retarlo, era para adorarlo.

Él se sacó su bóxer y se acomodó sobre ella, levantando sus piernas para facilitar el ingreso.

- Recuerda que ahora soy tu dueño – Le decía sonriendo, ella asentía.

- Lo eres, soy tu esclava, te pertenezco - La leona se había convertido en gatita, la besó y comenzó a invadir su intimidad, lentamente, respetando con una pausa cada gesto de dolor que surgiera de su hermoso rostro; cuando Ron sintió que este cesó, recién allí se dedicó a disfrutar de esa sensación plenamente, la fricción, la estrechez, el calor casi volcánico.

Sudor, dolor, placer. Jadeos, suspiros, gemidos. Lenguas, brazos, piernas.

No había espacios entre su cuerpo y el de ella.

Aumentó el ritmo, apoyó la cara sobre los cabellos esparcido en la almohada, aspirando el perfume que de ellos emanaban y sin quererlo su boca se encontró mordiendo el hombro femenino, su cuerpo estaba fuera de control, la sensación era tan intensa que podía sentir todas sus células corporales disfrutando del momento.

Levantó el rostro y lo ubicó frente al de ella, mirándola, esperando, deseando que su mujer estuviera disfrutando tanto como la hacia él.

Hermione tenía los ojos cerrados, como queriendo concentrarse en ese momento de máxima conexión, cuando los abrió, pudo ver el placer que de esa mirada emana, y su sonrisa de júbilo le trasmitía que ella estaba disfrutando tanto como él.

- ¡Oh Ron! ¡Por favor! - ¿Ella le suplicaba? Eso renovó su pasión, pero quería que la leona volviera, la necesitaba.

- ¡Mándame! – Ordenaba.

- ¡Oh Ron!

- ¡Ordéname! – Reclamaba.

- ¡Más! – Y lo miraba a los ojos llenos de vehemencia, y él obedeció - ¡Más fuerte! – La leona había vuelto, y él la embistió con mayor fuerza, ejerciendo más fricción.

Ahora también sentía una compenetración total, mente, corazón, alma y cuerpo en la más álgida y perfecta sincronía.

Y la unión se completó, estallando ambos los cuerpos en una explosión cósmica.

La concordancia perfecta de dos almas que estaban destinadas a unirse por siempre.

Él se mantuvo en esa posición, la besó en la frente, la nariz y la boca. No podía dejar de sonreír al igual que ella. Se sentía el ser más afortunado de toda la tierra.

Luego se volteó quedando boca arriba esperando que su agitada respiración se calmara, la abrazó y la tiró hacia él.

Definitivamente fue la sensación más sublime y fantástica que había sentido en toda su vida. Y con decisión estaba dispuesto a hacerle el amor una docena de veces más, pero no sabía como ella lo había vivido. No le escapaba que había disfrutado, era casi imposible no darse cuenta. El calor y la humedad que lo envolvió dentro de ella fueron una sola de las muestras, sus jadeos, gemidos y suspiros, eran otra. Pero que estaría pasando por su mente. Más que nunca deseó dominar la legeremancia y poder entrar en sus pensamientos.

- ¿Desde cuando crees que me deseas? – La voz sensual de Hermione lo sacó de sus reflexiones.

-¿Desearte?

-Aja – decía ella pasando su dedo índice por el pecho y delineando sus músculos.

- Creo que te amo desde que te vi.

- Te pregunté desde cuando me deseas, no desde cuando crees que me amas. – Y lo miró inocentemente, pero al sonreír se dio cuenta que esa inocencia ahora era fingida. ¿A dónde apuntaba ese juego de preguntas? No tenía idea pero empezó a gustarle.

- Desearte…- Hizo que pensaba pero sabía muy bien desde cuando – Desde tercero.

- ¿Y tú te tocabas? – La vista de Hermione no se apartó de la suya, pero su mano comenzó a bajar por su abdomen.

- Si – jadeó en cuando sintió que ella se adueñaba de su miembro – Me tocaba. – Declaraba sin dejar de mirarla.

-¿Pensabas en mi? – Y Hermione besó su pecho, sin dejar aún de mirarlo.

- Si - ¡Por Merlín ella estaba besando su abdomen! Y bajaba, bajaba… - ¡Siempre! – Los labios de ella rozaron su miembro y él lanzó un gemido y cerró los ojos.

Definitivamente esa acción le hacía quedar bien en claro que Hermione había disfrutado tanto como él e indiscutiblemente pretendía seguir.

Y ahora más que nunca pensó en la decena de veces que le haría el amor.

-¿Decena? – Escuchó la voz de Hermione y abrió los ojos, ella lo miraba sin dejar de besar su erección – Pensé que habías pensado en una docena - Y sonrió. Pero cuando él iba a contestar la lengua de ella pasó por su virilidad y él no pudo evitar arquearse y sólo gemir sonriendo.

- Haces trampa leyendo mi mente, sabes que yo no puedo.

- No lo necesitas – Contestaba ella – Puedes leer mi cuerpo – Y continuaba con la caricia.

Entonces ella fue la dueña, ella lo llevó a la locura dominándolo, tocándolo, poseyéndolo, la gatita volvió a ser leona y esas dos facetas le encantaban, se dejó conquistar por su amada, declarando que era él ahora su esclavo.

Ambos se pertenecían, lazos invisibles que los ataban, pero en lugar de aprisionarlos, los liberaban, llevándolos al lugar más hermoso que jamás conocieran, al lugar donde cuerpo y alma se funden.

Pensó si ella al igual que él anteriormente estaría deleitándose con los gestos de placer que esa acción le provocaba y la miró; efectivamente ella lo miraba sus ojos reflejaban lujuria.

Él tomó de sus cabellos e intentó levantarla, estaba a punto de experimentar otra vez esa liberadora sensación, pero ella se resistió.

- ¡Hermione! – Llegó a jadear, dándole a entender que ya estaba cerca y nuevamente con suavidad tiró de sus cabellos pero ella no cedía. Lo seguía mirando e inmediatamente comprendió que ella llegaría al final y este llegó, no pudo evitar cerrar los ojos no sin antes ver como ella saboreaba el producto de su lujuriosa labor. - ¡Hermione! – Volvió a repetir.

Ella sonrió, mientras besaba su abdomen y subía a él.

- Hemos desperdiciado casi tres años – Le decía – Y pienso recuperarlos. No pensé que esto era tan maravilloso, de haberlo sabido hubiésemos comenzado antes. – Y ambos se echaron a reír.

Ella subió sobre él y comenzó a moverse lentamente ejerciendo fricción entre ambos cuerpos.

- ¿Y dónde está la angelical y suplicante de ternura chica de hace algunos instantes?

-¿Instantes? – Preguntó ella – Hace hora y media que estamos aquí. – Le decía mirando su reloj.

- ¿Tienes que irte?

- ¿Quieres que me vaya? – Preguntó deteniéndose.

-¡No! – Le declaró él tomando de sus caderas y moviéndola nuevamente ejerciendo más presión.

- Bien. Porque estoy eximida de las últimas clases de la tarde y mañana es sábado y podríamos – levantó los hombros y puso su mirada más inocente – ¿saltearnos el desayuno? – preguntó mordiéndose el labio inferior.

-¡Por Merlín! – Declaraba él – ya sabes como manipularme, eso no es justo – reclamaba burlón. Ella se inclinó acercándose a su oído.

- Tú también ya sabes como manipularme – Declaraba mordiéndole el lóbulo de la oreja. – Y si quieres puedo volver a ser inocente, o lo que tú quieras.

- Yo sólo quiero a Hermione – Declaró

- Y lo soy, ahora más que nunca. Te amo. Hazme tuya otra vez.

Y sin más la levantó apenas y volvió a poseerla. Sin separar las manos de la cadera le marcaba el ritmo para que ambos volvieran a llegar al paraíso. Y aprovechando que su boca estaba libre se entretuvo con sus senos que colgaban frente a su rostro implorando una caricia.

- Quiero dártelo todo – Le decía Hermione entre jadeos – Que nunca más te vayas de mí.

- Nunca más – Declaraba él, tomando su nuca y besándola apasionadamente.

Al día siguiente él había cumplido con su deseo, estaba exhausto pero pleno y feliz. Su estómago los despertó.

-¿Hambre?

-¿Y a ti que te parece? – Le preguntaba sonriente – Ayer… No te acostumbres – Reía – No es normal. - Y se levantó buscando las prendas para vestirse - ¿Almorzamos en Hogsmeade?

- Por supuesto. – Lo besó en los labios. Y también comenzó a vestirse con algunas prendas que había llevado la noche anterior – Y pierde cuidado. No hace falta hacer nuevamente lo de ayer. – Él la miró interrogante ¿A que se refería? ¿No le había gustado? – Con la primera vez fue más que suficiente para estar más que satisfecha. Pero ¿Valió la pena el esfuerzo, no?

- Por supuesto – y se abrazaron volviéndose a besar pero nuevamente el estómago de Ron los separó. – Debemos alimentarnos. – Y ambos abrazados y riendo fueron a almorzar sin separarse más que para cumplir las funciones necesarias, incluso mientas comían ellos no desprendieron sus manos que estaba sobre la mesa con los dedos entrelazados.

Ron la miraba extasiado y ella alucinada sonrojándose al recordar la desenfrenada noche que habían pasado.

- ¿Te casarías conmigo? – La pregunta hizo que Hermione se ahogara con el bocado que acababa de poner en su boca. Ron la asistió dándole un poco de jugo. – perdón, tal vez no es el mejor momento…

- ¿Estás loco? – Lo retaba – Es algo que estoy esperando desde… ¡Ya no se cuanto tiempo! – Declaró – Claro que me casaré contigo. ¡Ya mismo! – Gritaba sentándose sobre él, sin importarle que todos los presentes los estaban mirando y besándolo sin ningún pudor.

Pero claro que no importaba, porque todos los conocían y los querían porque eran buenos y amables y nunca se aprovechaban de su fama.

Ron hizo aparecer una caja y la abrió frente a ella.

- Estaba esperando un momento especial, ninguno mejor que este. – Y sin más colocó el anillo en su mano, y volvieron a besarse.

El bar estalló en aplausos, y ellos sonrojándose saludaron a todos aquellos que querían estrechar sus manos, sin soltar las suyas.

Luego debieron separarse, pero ya sabían que pronto estarían juntos. Y así fue y para siempre.

Con ese maravilloso recuerdo Ron se quedó dormido.

Por primera vez sintió paz y la pesadilla no se repitió.

Así todas las noches, con más o menos detalles, muchas veces se concentraba en pensar en sus hijos, su nacimiento, sus primeros pasos, cuando lo llamaron papá, sus hechizos iniciales, pero era en aquella primogénita unión en lo que pensaba mayormente, donde por primera vez sintió que estaba realmente unido a una persona, a una maravillosa persona.

Pero una noche sintió un cuerpo acostarse a su lado, al principio pensó que era su imaginación y se dejó estar, sentía como una tibias manos lo acariciaban, lo exploraban y se dejó llevar.

- ¿Sueñas conmigo?

Abrió los ojos y saltó de la cama, allí sobre el lecho estaba Hermione, con su traje de Gryffindor, como aquella primera vez, se restregó la cara con las manos, pero al volver a mirar ella seguía allí y se levantó.

- ¿No deseas soñar conmigo por siempre?

- Si – Contestó

- ¡Ven! Ámame, hazme tuya, como siempre lo has hecho, no soporto estar mas lejos de ti.

- Yo tampoco lo soporto.

- ¿Vienes conmigo? – Lo invitaba

Iba a contestar, pero entonces el olor a quemado llegó a sus fosas nasales.

-¡Maldita! – Gritó y se dirigió a la puerta, pero antes de llegar ella se le interpuso, pero ya no era la inocente colegiala, ya había adoptado su actual imagen. Negra y oscura.

- ¿Qué pasa Ron? ¿No te explicaron que es de mala educación no responder a las preguntas? – Y sin más lo empujó lanzándolo hacia la otra punta. - ¿Y? ¿No quisieras estar con ella por siempre? – Él la miró sin decir nada - ¡Respóndeme! – Gritó con tal fuerza que los vidrios de la ventana estallaron.

Ron no lo dudó y con una agilidad propia de un felino saltó por la ventana, llegó al filo del techo y cayó aterrizando de pie en el piso.

La vio asomarse por la ventana y luego desaparecer.

Harry, Shing y Draco estaban fuera, las llamas comenzaron a destruir la casa de sus padres. Entonces miró alrededor.

-¿Mis padres? – Todos pusieron un gesto de incertidumbre y luego de pavor dirigiendo sus miradas a la casa envuelta en llamaradas.

Sin dudarlo Ron entró en la misma. Harry y Draco intentaron seguirlo, pero Shing los detuvo.

- Debe hacerlo solo. – La miraban extrañados, pero debieron respetar a su maestra.

El pelirrojo ingresó en la sala y encontró a sus padres atados a unas sillas, con una fuerza descomunal los desató, cargó a su madre, asistió a su padre y fueron a la puerta, pero estaba envuelta en llamas.

Sacó su varita del bolsillo de su pijama, ya no se desprendía de ella ni para dormir.

-¡Accio mantas! – Y un par de mantas se posaron en sus manos. Envolvió a su madre y esperó que su padre hiciera lo mismo.

Mientras miraba hacia atrás vio una especie de reloj digital, con unos números que iban descendiendo.

- treinta y siete, treinta y seis, treinta y cinco - recitó en voz alta, su padre volteó y gritó.

- ¡Es una bomba! ¡La casa va a estallar! – Y sin más salieron corriendo a través del fuego, en cuanto llegaron a las escaleras, los demás los ayudaron.

- ¡Va explotar! – Gritó y todos corrieron, mentalmente llevaba la cuenta seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno. Y un estallido más poderoso del salido de la boca de un dragón los impulsó hacia adelante.

Todos cayeron al suelo, y voltearon para ver la casa volar por los aires.

- ¿Están bien? – Arthur y Molly se abrazaron asintiendo.

Al día siguiente sólo estaban las ruinas de lo que fue su casa; la morada cubierta con millones de recuerdos, estaba destruida.

Sólo algo positivo salió de todo eso, al día siguiente él encontró su equilibrio, sabía que iba a ser doloroso porque significaba en parte, perder esa conexión cósmica que tenía con Hermione, pero tenía la esperanza de que al terminar todo la recuperaría.

Fue cuando Shing declaró.

- Ya están preparados para ir en búsqueda de la botella.

El relincho de un caballo lo sacó de esos pensamientos, volvió a concentrarse en el canto triste y quejumbroso de Lacaipakay y cerró los ojos intentando descansar, rememorando sus momentos felices, que cada vez sentía más lejanos; sobre todo ahora que sabía que su nuevo aliado y antiguo enemigo los habría experimentado de igual manera.