Estaban a punto de ser las 3, y todos los tortolos se arreglaban para que nadie descubriera que no habían estado discutiendo o algo así mientras estaban en su recreo largo. Lo que no sabían, era que todos habían ido por los mismos caminos en esas horas:

-Iván... ayudame con el vestido, ¿da~?
-Claro amor... -subiendo el cierre-: vamos, que queda la parte más interesante, pero de seguro todos se pondrán a pelear...
-Ah, ¿siempre pasa?
-No nos llevamos del todo bien... -afligido.
-No te preocupes... -acaricia su rostro-: ¡ya se llevarán mejor!
-Que linda... -sonríe-: ¡Por eso es que siempre puedes animarme! -abrazo apretado y beso sonoro.

Tocan la puerta.

-Iván, ¿estás listo? -preguntaba la voz del Prusiano-: ¡es que yo aún no, así que demórate!
-¿Eh? -preguntó el ruso.
-¿Me permites?
-Claro, pasa...

El prusiano entró con bata y a su lado estaba la húngara en las misma condiciones.

-No lo creo... ¡Ustedes dos...!
-¡Cállate ruso! -dijo Gilbert, y percatándose de que Kat estaba ahí-: ¡Júrame que tú y Kat...!

Golpe de la húngara.

-¡Gilbert, cállate! -susurró la húngara-: si nos escucha alguien, Roderich se dará cuenta...
-¿Aún te importa lo que piensa el señorito estirado? -Mueca prusiana.
-Pues... no quiero que sepa de... esto... -sonrojada.

Abrazo del prusiano.

-Tranquila... es nuestro secreto... -mirada "awesome"-: no tengo la culpa de que tú, corazón, se haya enamorado de este bombón sexy...
-Gilbert... -puñetazo-: ¡Ya anda a vestirte! -sonrojada y furiosa.
-¡Ay, marimacha forzuda, eso me dolió!
-¡No me llames así!, ¡ya, a tu cuarto!

Gracias a la pelea, muchos se percataron de que estaban juntos, pero menos Roderich, que se ahogaba en su música clásica mientras dormía en su cuarto.

-¿No te parece, que son tal para cual? -dijo la ucraniana.
-La verdad es que si, aunque ella es algo violenta...
-¡Pero, adorable!
-Vamos, corazón... -poniéndose la camisa.
-Con todo este asunto, se me había olvidado que no tenías puesta la camisa, además... la bufanda hace que no sea tan perceptible... -sonríe.
-Sabes bien que esta bufanda no me la quitaré nunca... -ordenándose-: ¡Vamos!

Ya todos estaban sentados en su lugar, algunos ordenándose para parecer que no había ocurrido nada. Kiku estaba algo nervioso y miraba a todos lados sin saber que hacer, Mei lo tranquilizaba con un abrazo, pero eso sólo aumentaba su actitud cohibida. Elizaveta estaba enojada con Gilbert, por sus desatinadas palabras, pero en ese momento se fue a sentar a su lado de todos modos. Los dos Italias solo morían de hambre, a pesar de haber comido algo en el recreo. El Francés se sentía inquieto, durante el recreo no había conseguido a ninguna chica para que lo acompañara a su cuarto y eso le causaba una gran depresión, aunque no perdía la oportunidad de mirar a la ucraniana y la vietnamita con malas intensiones. El chino cuidaba a su hermana del francés y a ratos lo miraba con furia, también cuidaba de la ucraniana, ya que Iván no podía pelear con el francés. Arthur miraba al "yankee" que realmente se veía muy triste, en un momento lo abrazó, lo que sorprendió mucho al inglés, pero correspondió recordando los buenos tiempos que había tenido con su hermanito. Y así, en definitiva, todos estaban en algo y poniendo no mucha atención a lo que decía Iván, que realmente para él era mejor, porque estaba tartamudeando:

-B-bueno señores y se-señoritas... Se-seguiremos con la re-reunión... vale? -nervioso. (Interiormente: ¡Ay, rayos!, ¿Por qué me tiene que ocurrir esto eh?, ¡Es horroroso!) ¿A-alguna opinión sobre el tema an-anterior?
-Iván... ¿te sientes bien? -preguntó el chino extrañado.
-¡Hermano, tranquilo!, toma un poco de agua... -decía la ucraniana evitando la risa.
-N-no te rías Ka-Katyusha... -sonrojado.

En un momento de silencio, todos notaron la actitud de Iván y se escuchó una larga carcajada de todos los presentes:

-¡A-ay, ya ba-basta! -nervioso.

La ucraniana se puso de pie y pidió silencio, pidió un tiempo para poder tranquilizar a su hermano y lo llevó al baño:

-¿Por-por qué tienes que acompañarme al baño, eh? -le decía cohibido.
-¡Por favor!, cuando eras pequeño lo hice miles de veces... -sonrojada-: ¡Además, solo vine para que estuvieras más tranquilo y tomaras un poquito de agua! -sonríe.
-¡Ay, hermanita! -la abraza como un niño pequeño.
-I-Iván... Suelta ya, que tienes que volver al estrado...
-Está bien... pe-pero... aún no estoy bien...
-Iván... -lo besa tierna y largamente-: tú puedes...
-Gracias, Katyusha... ¡Muchas gracias! -la abraza.

Ambos volvieron a sus lugares, Iván comenzó de nuevo, los chicos murmuraban idioteces entre ellos pero ponían algo de atención:

-Bueno, y ese es el caso, ¿verdad?, yo creo que deberíamos discutirlo más a fondo, pero hay temas que tocar, supongo que podemos hacer un resumen breve de esto, ¿no creen?
-Aru~ ! Pero, Iván... Alfred me presiona mucho para que deje de hacer mis propias mercancías y lo deje con el mercado... -decía Wang.
-Pues... ¿qué dice Alfred de eso?
-Eh... ¿yo?... -dijo Alfred.
-Si, Alfred... ¿qué dices?
-Este... -desorientado-: ¡que haga lo que quiera!
-Bueno, espero que esa frase, la cumplas... -decía el chino.
-Está bien... ¿algo más que agregar?
-¡Ay, esa puerta tiene un diseño muy lindo! -decía el chino.
-Hermanito... -dijo la vietnamita-: no te disperses...
-Lo siento, lo siento... puedes seguir... aru~

Los chicos terminaron la discusión y llegaba la hora de la comida, donde los países elegían distintos lugares donde ir a comer. La reunión se llevaba a cabo en Rusia, era invierno y los países sólo querían comer algo caliente.