11
El viento azotaba con violencia las ventanas de los edificios y los árboles cedían ante su fuerza doblándose, una tormenta caía sobre la ciudad y entre el desastre, en las desoladas calles, varios vehículos blindados se abrieron paso: tres todoterreno de carrocería color negro. No llevaban insignias ni nada que pudiera identificarles o relacionarles con alguna organización por lo que las personas que llegaron a ver los vehículos desde adentro de sus locales o sus casas se quedaron en el interior de los inmuebles, observando en silencio y con miedo.
Los motores de las bestias metálicas callaron y del vehículo que iba al frente bajaron dos personas de la cabina. El que bajó del lado del conductor tenía el cabello ligeramente largo de color rojo e iris del mismo color, tenía una pequeña cicatriz en su ojo derecho; quien se encontraba en el lado del copiloto tenía el cabello corto, de dos colores: rojo a la izquierda, blanco a la derecha, sus pupilas también eran de diferente color, la izquierda era turquesa mientras que la derecha era gris, casualmente también tenía una cicatriz en el rostro sólo que ésta era de una quemadura y abarcaba gran parte del lado izquierdo de su cara. El de cabello bicolor rodeó el frente del vehículo y se detuvo a la derecha del pelirrojo, al lado del cual lucía muy joven, no sólo porque era un poco más bajo sino que sus facciones eran las de un adolescente.
Estaban bajo la lluvia, sus uniformes que consistían en una gorra, una camisa y un pantalón de color azul índigo con detalles en tonos dorados se mojaron y aparentaban ser de un color más oscuro debido a la humedad. Vestían botas militares encima del pantalón, en sus cinturones cargaban con varias armas enfundadas y en el cuello utilizaban un collar con una cruz de plata. El muchacho de mirada contrastante alzó la mano e hizo una señal para que las personas en las otras camionetas desabordaran los vehículos.
—¿Hueles eso? —el pelirrojo hizo una mueca, mostrando sus dientes singularmente puntiagudos, visiblemente disgustado por el olor que percibía.
Asintió con la cabeza —Si nosotros lo percibimos es probable que la magia se esté debilitando y...
—Nuestro wulfaz está lejos o está muerto —completó el de mirada escarlata.
Ahora el de cabello bermejo hizo una seña y los hombres que bajaron se movilizaron, utilizaban uniformes iguales a los suyos, pero sin detalles de oro, iban armados con pistolas, rifles y escopetas; ocho rodearon la casa y dos avanzaron hacia la puerta principal.
Desde la acera los líderes de la operación observaron atentamente los movimientos de sus subordinados. Ambos se percataron de la cantidad de plantas en el jardín, algunas con sus flores violáceas resplandecientes y otras totalmente apagadas, muertas. El acónito era una planta conocida por sus propiedades venenosas y su capacidad para facilitar la creación de fuertes ilusiones, sin embargo sólo era efectiva por un período de tiempo corto. Hacía más sencillo el conjurar ilusiones cuando no se contaba con la experiencia suficiente.
Los hombres en el pórtico derribaron la puerta maltrecha y al instante en que entraron llamaron a sus líderes, se miraron entre ellos y atendieron el llamado. Al llegar al pórtico el pelirrojo cubrió su nariz y boca con una mano, el olor era más intenso en el interior de la casa. Con cautela pasaron el umbral y ambos hombres se sorprendieron por lo que había frente a ellos: un enorme lobo blanco.
—¡Wulhfear! —soltó el de mirada escarlata —, pero ¿cómo? —confundido miró a la criatura, la cual les daba la espalda en ese momento.
Sonidos viscosos invadieron la habitación y apesar de que la lluvia caía con premura y el viento gritaba, en los oídos de ambos coroneles esos ruidos resonaron con claridad: estaba comiendo algo... o alguien. Se adentraron más en la casa y se prepararon para desenfundar sus armas. El suelo de madera crujió bajo sus pisadas y se detuvieron al ver el pelaje de la bestia erizarse, advirtiendo la presencia de ambos.
La albina criatura se giró, sus belfos estaban llenos de sangre y su blanquecino pelaje también, en su hombro izquierdo traía una mordedura sangrante que comenzaba a secarse y en el costado de su abdomen un zarpazo que había rebanado parte de su masa muscular. El wulhfear clavó su mirada en ambos hombres, gruñó ligeramente y sus retinas carmesí resplandecieron de un color jade por una fracción de segundo.
—¿Qué significa esto? —preguntó el de apariencia más joven.
—No lo sé, Bakugou debería estar aquí —respondió desconcertado el más alto.
La bestia se acercó más y el volumen de sus gruñidos aumentó. El de ojos carmesí desenfundó su arma y apuntó al híbrido con ésta.
—Kirishima, ¡espera! —pidió el más bajo.
—¡¿Qué?!, Todoroki... —el mirada escarlata le miró de reojo sin bajar el arma.
El de cabello corto le hizo una seña para que observara con cuidado al licántropo y al hacerlo bajó la guardia. El lobo carraspeó, el color de sus pupilas se alternó entre un tono esmeralda y uno carmesí, tosió varias veces y ambos comprendieron que cambiaría de piel. Escupió sangre y vísceras mezcladas con su saliva y pronto una mano humana salió de su hocico. La metamorfosis fue menos ruidosa de lo que esperaron, en cuanto las manos de su alter-ego humano tocaron el suelo la figura lobuna desapareció, desvaneciándose en el aire. El cambio normalmente les aliviaría —al evitar enfrentarse con tan temible criatura— pero ver su apariencia humana sólo les perturbó.
Frente a ellos estaba un joven, un chico de no más de dieciséis años de cabello alborotado verdoso, con pecas en sus mejillas y de cuerpo delgado; sin ropa que le cubriera tembló y se abrazó a sí mismo buscando un poco de calor. Kirishima lucía más preocupado por el hecho de que el wulhfear era apenas un muchacho de quince años. El chico ignoró por completo al par de hombres frente a él y volteó a su izquierda, sobre su hombro, para encontrarse con el cadáver del hombre lobo, su rostro se torció en una mueca horrorizada y reptó hacia él hasta quedar a la altura de su cabeza.
Mientras observaban al chico acercarse al cuerpo inerte del licántropo la apariencia de la casa cambió. Los limpios y pardos muros se opacaron más y se llenaron de manchas de humedad, poco a poco figuras como círculos y runas trazados con sangre aparecieron, los tablones del piso cambiaron a un color rojizo y la habitación se inundó de un hedor putrefacto que sin duda provenía de los cuerpos desmembrados que surgieron en la sala.
—Qué desagradable —expresó el de cabello bicolor, así que esto quería ocultar con tanto empeño.
Su compañero de cabello bermejo no le quitó la mirada de encima al muchacho y supo que sería problemático. Los hombres que esperaban en el pórtico entraron con sigilo y Todoroki alzó la mano izquierda para hacer una seña indicándoles que registraran la casa, ambos asintieron y comenzaron su trabajo.
El cuerpo del licántropo de pelaje marrón estaba lleno de heridas, las más graves estaban en su cuello, su pierna derecha y en su pecho, en éste último había un enorme agujero que dejaba expuestas sus entrañas así como su fracturada caja torácica. El más bajo notó que algo faltaba y desenfundó su arma por precaución, alcanzó a percibir algunas cicatrices entre el abundante pelo de la criatura e inspeccionó el cuerpo, en el estómago habían marcas viejas escondidas bajo el pelo y en su cabeza, en su pómulo izquierdo había un zarpazo que bajaba hasta la mandíbula, era Katsuki, o lo fue.
Levantó la mirada y vio al chico, éste tenía un gesto aterrorizado que le decía que definitivamente no sabía lo que estaba pasando pero era mejor no arriesgarse, alzó la mano derecha y apuntó al chico con el arma.
—¡Todoroki, ¿qué haces?! —Kirishima se acercó a él y le sostuvo del brazo, intentando hacer que lo bajara.
—¿Es de tu estirpe? —preguntó sin dejar de mirar al chico, quien permanecía ajeno a ellos.
—¿Qué...?, ¡no, por supuesto que no!
—¿Entonces? —giró la cabeza y miró fijamente al más alto.
Si lo dejaban vivir corrían peligro, era posible que volviera a transformarse y quién sabe cuántas veces lo había hecho ya, si cambiaba y era la tercera vez sería más difícil matarle e intentar regresarlo a su piel humana sería inútil.
—¿No pretendes interrogarlo? —se escuchaba desesperado.
Sí, lo consideró, sin embargo era obvio que el wulhfear había matado al exiliado lobo alfa que era Katsuki Bakugou, muy probablemente habían peleado y al ser más fuerte devoró su corazón. Miró al chico, estaba bastante perturbado por la escena frente a sus ojos, ¿sería consciente de lo que había sucedido?
—¿Tú no crees que él haya hecho esto?
La pregunta incomodó al de cabello rojizo, le evadió la mirada y al ver el cadáver del licántropo le respondió: —El wulhfear lo hizo, él no lo sabe.
Debía admitir que sentía algo de envidia por la lealtad que se profesaban los hombres lobo, aún cuando no se conocían en lo más mínimo había una fuerte conexión entre ellos.
Suspiró resignado y bajó el arma —Bien, tú ganas.
Kirishima pretendió agradecerle pero le pidió que no lo hiciera. Si se veía en la necesidad de levantar el arma lo haría.
El pelirrojo se hincó a un lado del chico de pecas el cual se sobresaltó y se echó para atrás totalmente asustado, sólo entonces ambos hombres se percataron de sus ojos escarlatas.
—Cálmate, no te haré nada —mostró sus palmas al chico sin acercarlas a él —, ya está todo bien ¿de acuerdo?
El menor le dirigió una mirada desconcertada y se encogió en su lugar, Todoroki notó que el chico desconfiaba del pelirrojo pero continuó observando en silencio.
Era la primera vez que hacían algo como esto, probablemente si el general se enteraba les recriminaría por hacer cosas innecesarias y temerarias. Quienes eran parte de la Orden de Mikhail no eran más que exterminadores, el dialogar no estaba considerado dentro de su modus operandi, así que como no sabía de qué manera se desarrollarían las cosas mantuvo el arma en su mano.
Izuku Midoriya era su nombre, tenía quince años, iba en tercero de secundaria y estaba próximo a graduarse para ingresar a la preparatoria, vivía solo con su madre y Katsuki era su vecino; conseguir esa información le tomó al menos una hora al de filosa dentadura. Era bastante admirable sin duda.
—¿Cómo conociste a Bakugou? —preguntó Kirishima.
Izuku no parecía ser consciente de algunas cosas y no estaba seguro si lo hacía a propósito. ¿Sabía que Katsuki era el licántropo que yacía muerto a su lado?, cuando cambió de piel se acercó a él como si lo supiera, sin embargo ante las preguntas de su compañero respondía como si en realidad no tuviera conocimiento alguno de ello.
—¿Katsuki? —su voz estaba rota, apenas podía hablar —Kacchan..., él... —titubeó, sus ojos rojizos se movieron una y otra vez como si quisiera reconocer ese lugar, por momentos lo vio enfocarse en los cadáveres que había en la sala y pensó lo peor —, él... —repitió y su mirada navegó de nuevo por la habitación hasta que volvió a quedarse fija en un lugar, siguió la trayectoria y al fondo a su derecha vio el cuerpo inerte de una mujer, los ojos del menor se llenaron de lágrimas y repentinamente gritó mientras agarraba su cabeza entre sus manos.
—¡Midoriya, calma! —el bermejo se apresuró en intentar tranquilizarlo, le tomó de las muñecas y le obligó a que le mirara.
—¡Él lo hizo! —alzó la voz, áspera, aguda y quebrada, se veía devastado —, ¡él lo hizo! —gruesos caminos de lágrimas mancharon su piel.
En sus pupilas encarnadas Todoroki vio cosas que sólo él podía entender; Kirishima que era innato, que había nacido como un hombre lobo jamás comprendería el horror, la ira, la desolación que expresaban los ojos de aquel muchacho. Lo vio llorar frente al hombre y volvió a levantar el arma contra el chico, al verlo revivió el dolor, el coraje y la impotencia que sintió tiempo atrás. Él no lo quiso, nadie le preguntó, se vio obligado a vivir así cargando una pena que jamás fue culpa suya. Puso su dedo índice sobre el gatillo y entornó los ojos mientras veía con pesar al chico.
Kirishima volteó a verle para pedirle ayuda —Todoroki, ¿qué haces? —pero lo encontró apuntando al chico una vez más.
Él no lo entendía y quizá nunca lo haría, él no fue humano. La mirada perturbada de Izuku se dirigió a él y por un instante le figuró ver una sonrisa en sus temblorosos y agrietados labios. Lo que habría dado para que alguien hubiera hecho lo mismo por él tiempo atrás, antes de que fuera irreversible. Ninguno de los dos había elegido esto, ese chico Izuku no lucía mucho más joven que él y en un delirio pensó que si las cosas hubieran sucedido de otra forma ambos serían buenos conocidos.
Pero nada sucedía como uno quería. Ese chico no había elegido ser un licántropo así como él tampoco había escogido ser lo que era.
Sin dejar de ver al menor a los ojos tentó el gatillo y sin importar las protestas del más alto accionó el mecanismo.
Bajo la lluvia ambos coroneles observaron a sus subordinados limpiar el área, en la casa había una considerable cantidad de restos humanos, en especial dentro de las bolsas negras de plástico que se encontraban en el sótano, probablemente algunos pertenecían a las personas de las cuales descubrieron sus cabezas; también había libros de conjuros y varios círculos con runas en diferentes partes además del pentagrama invertido dibujado en el piso, ninguno de los dos sabía para qué servía ese pentagrama aunque el de cabello bicolor estaba seguro de haberlo visto antes en alguna parte.
Pronto salieron varios hombres con camillas, cargando con los cuerpos del licántropo y el joven wulhfear, los dos estaban cubiertos con sábanas y lentamente se tiñeron de sangre. Observaban desde el jardín, donde el acónito empezaba a marchitarse, las camillas pasaron frente a ellos y Kirishima no alzó la mirada en un solo momento.
—Esto es lo que hacemos Kirishima —cruzó los brazos atrás de su espalda y siguió con la mirada la camilla donde llevaban el cadáver del chico de cabello quebrado —, esta es nuestra tarea —volteó a su derecha y alzó la cabeza para ver al pelirrojo.
El más alto no respondió y le miró afligido.
En su vehículo llevaban ambos cadáveres en la parte trasera y mientras Kirishima manejaba él revisaba los cuadernos y libros que había en el sótano. Había conjuros y hechizos de magia antigua escritos en alemán gótico que difícilmente podía leer, también había anotaciones hechas a mano en letra de carta que suponía eran de Katsuki, algunas podía leerlas, otras no porque estaban en lenguas antiguas que sólo conocían los hombres lobo. Pasó varias hojas hasta que encontró el pentagrama invertido que estaba en la casa.
¿Con que eso era?, sonrió melancólico, Katsuki debía querer al chico para buscar borrar su memoria a pesar del odio que pudiera acarrear con ello.
Izuku Midoriya sólo había sido un chico desafortunado..., uno al que le había evitado su crudo destino y que fue apreciado de una manera muy singular, era una pena que muriera sin saberlo.
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Temo que esto no es lo que esperaban de Carne Cruda, ¿no?, y bueno, me gustaría decirles que yo tampoco esperaba esto pero sería una mentira.
Al principio Carne Cruda iba a ser más corto e incluso planeaba poner algo de... ¿zoofilia/bestialismo? (¿puedo llamarlo así?), la historia tenía menos trama y tenía el propósito de hacer algo más atrevido porque... bueno, no he escrito nada con esa temática. Tampoco tenía un final como tal porque lo que había visualizado era que Izuku quedara "atrapado" para estar con Katsuki. Sin embargo cuando la trama se me salió de las manos (cuando les dije que mi propósito inicial había cambiado) supe que la idea que tenía al principio no iba a cascar en lo absoluto en la historia o al menos de una forma que me dejara satisfecha. Así que... tomó el rumbo que han visto. Cuando mis intenciones cambiaron sabía de antemano el final que quería lo único que me faltaba construir de manera adecuada era el cómo iba a llegar a eso.
Sinceramente, Carne Cruda tiene cierta inspiración en la serie Hemlock Grove, y la metamorfosis del hombre lobo es simplemente igual, creo (digo creo porque en realidad no sé cómo es la metamorfosis del lobo al hombre). Así que si están un poco curiosos sobre cómo luce la transformación dense una vuelta por YouTube —risas—, y bueno, obviamente elimino la transformación a un lobo como tal, me gustan más los hombres lobo antropomórficos.
Sé que no hay tanto KatsuDeku como les hubiera gustado pero en realidad no vi la necesidad de poner tantas escenas por el tipo de trama que tenía. De hecho lo poco que puse aún siento que está un poco fuera de lugar. Y al final no fue tan yaoi/bl como se hubiera esperado, lo siento. Pido perdón por haberles ilusionado, supongo.
También sé que les hubiera gustado verlos juntos y créanme que exploré esa posibilidad, maquiné ideas durante toda una semana sobre el rumbo que podía tomar si cambiaba el final y aunque eran interesantes porque entonces tendría que explorar lo que era la Orden de Mikhail, y qué eran Kirishima y Todoroki y otras cosas más, al final no me convenció. Porque en realidad dejaría de ser lo que había pensado para Carne Cruda, porque la historia solamente se centraba en Izuku y Katsuki, más en el primero que en el segundo. Yo sólo quería contarles la historia de un chico desafortunado que conoció a un hombre lobo, el cual terminó enamorándose de él y con tal de tenerlo hizo cosas desagradables para poder pasar su vida juntos.
Así que bueno... eso es todo. Creo que quería decir más cosas pero al final... ya no lo recuerdo.
Muchas gracias por todo el apoyo, cariño y lágrimas que le han dado a esta historia. Ha pasado tiempo desde que escribí algo con tantas palabras —risas—. Me sorprende bastante que sea tan popular porque aún sigue siendo una historia muy experimental para mí y que tenga tanto cariño a pesar del tipo de trama y género que es... es increíble.
Leo todos sus comentarios pero como la historia no había terminado no podía contestar a varios de ellos. Me disculpo otra vez si esto no es lo que esperaban.
Y de nuevo, muchas gracias por leer esta historia.
