Capítulo 10: Enamorado
Edward POV.
Todo el día, lo único que hice fue estar pendiente de Bella, pero como le molestaba, hablé con ella y le prometí que le daría su espacio, además quién era yo para tratarla así, sólo un conocido que vivía en el mismo techo durante un tiempo limitado. La invité para el lugar más hermoso que conocía para hacer las paces, ella acepto gustosa, sin demorarme saqué el vehículo del garaje y comencé a manejar.
La hacienda de mi padre quedaba a sólo a 20 minutos en carro. Bella encendió la radio y estaba la canción que me gustaba, sin dudar canté bajito, para que ella no notara lo mal que cantaba, pero ella hizo lo mismo comenzó a cantar la canción, ¡Por Dios! Que voz tan bella tiene Bella, una voz de ángel.
Me hipnotizo con su hermosa voz, de verdad era un ángel bajado desde el mismo cielo, la cosa era cómo llego a éste pueblo, tan pequeño que nadie conocía. El destino era fantástico, puso a Bella en mi camino, y eso nunca lo iba a olvidar, aunque ella no me quisiera como yo la estaba queriendo, tenerla cerca era lo importante para mí, nada más importaba sólo ella, a mi lado.
De acuerdo, con mi plan para éste día será inolvidable para los dos, no la llevaría al mejor restaurante ni a otro país, sólo era la laguna de mi familia, donde un día mi padre le pido a mi madre matrimonio. Cada vez que me sentía solo o triste, me escapaba a la laguna para olvidarme de todo, pero hoy será distinto. Le mostraré a Bella, mi mejor lugar, mi espacio.
Nos bajamos del vehículo, ella tenía la cara de sorpresa, nunca imaginó que esta laguna fuera tan linda, dediqué una sonrisa y fui a buscar la balsa, le conté un poco sobre la historia de la hacienda, ella se veía entusiasmada por montarse.
En el trascurso, ella casi se caía al agua pero no pasó a mayores, por fin se montó y comencé a remar. El día estaba perfecto, no pude elegir un mejor día, los patos estaba detrás de nosotros para comer, los peses también salía a la superficie para devorar los pequeños trozos de pan, llegué a la mitad de la laguna.
Me acerqué cuidadosamente a Bella, para hablar un rato con ella, su olor inundo todo mis pulmones y eso me fascinaba, por un momento pensé en besarla pero no, tenía que ser un hombre respetuoso con ella, no era igual a la demás chica que conocía. Con ella era algo totalmente distinto desde la primera vez que la vi, lo único que no te fue sus hermosos ojos, nada más y eso era algo muy raro en mí.
Comencé hablarle al oído, quería estar cada vez más cerca de ella, necesitaba estar con ella, mi mundo perdía valor sólo por ella.
Una llovizna interrumpió nuestro momento, tuve que volver a mi puesto para remar. Hice lo más rápido que pude, pero eso no valió la lluvia nos alcanzó mojándonos todo.
Miré a Bella al llegar a la orilla, estaba temblando del frío que estaba haciendo, no dudé y la abracé, todo su cuerpo templaba irracionalmente, me preocupé y la abracé más.
Finalmente llegamos al carro, la dejé de abrazar para buscar una manta en la parte trasera del vehículo, cuando me gire a verla mis ojos de posaron en su cuerpo, su ropa toda mojada se le pego al cuerpo, mostrando su delgada figura con sus curvas, toda una diosa, en frente de mí. Tardé minutos en reaccionar, ella aún temblaba y si no me apuraba se iba a enfermar. Rápidamente la metí en el vehículo, y comencé a conducir, ella prendió la calefacción y se abrigó bien con la manta, aceleré para que no se resfriara. Ya llegando a la casa la lluvia era más fuerte. Salimos corriendo para la entrada.
—Gracias la pase genial —tartamudeó Bella.
—¡De nada! Contigo yo siempre me la pasó increíble. —Sonreí.
Para nuestra suerte estaba abierta, entramos y Bella se fue directo a su cuarto, no quise seguirla por sabía que se iba a cambiar. Busqué a mi madre quién encontraba en la cocina haciendo la cena, le dediqué una sonrisa y un beso, no la abracé porque me encontraba mojado, ella me miró con el ceño fruncido y me mando a cambiarme.
—Por dios, Edward. ¿Te viste en un espejo? —preguntó Esme.
—¡No¡ —respondí.
—Pareces un perro sin dueño. —Reí sarcástico.
En toda la noche Bella no salió de su habitación, no quise molestar. Una vez que cené fui directo a mi cuarto.
—o—
—¿Qué tienes pensado en hacer hoy? —pregunté a Bella.
—Lo mismo de todo los días, estar en la casa —respondió.
—¿Quiere volver a salir conmigo?—dejó lo que estaba haciendo y me miró.
—Depende —dijo con una sonrisa pícara.
—¿Cuál es la condición? —me acerqué a ella.
—Ahora soy yo, quién dirá dónde ir —su sonrisa opacaba a gato de Cheshire, algo tenía planeado.
—Estoy dudando. —Entre cerré los ojos.
—No será nada malo. —Bella, se veía tan tierna haciéndose de inocente.
—¡Vale! ¿Otra condición? –pregunté.
—Yo manejo. —mi corazón se aceleró. Ella era peligrosa detrás del volante—. No pongas esa cara. Tampoco acepto un no por respuesta esta noche.
—Como que ya me estoy arrepintiendo.
—No seas cobarde, te aseguro que te va a gustar.
—o—
En algún lugar de la cabeza loca de Bella, creía que yo me iba a divertir viéndola correr a toda velocidad por la carretera llena de curvas mortales.
—¡Que no! —chillé.
—No, puedes decir que no —sus ojos de borrego no me dejaban reprenderla.
—¡Por Dios! Estás loca mujer —grité.
—Sólo una carrera. —ahora se estaba mordiendo su labio inferior.
—No quiero ver tu cuerpo volar por uno de los voladeros —argumenté.
Bendita la hora que acepté venir hasta éste lugar. Esa carita de ángel de Bella, era una máscara para hacer sus maldades. Cuando la vi en el lobby de la casa, caí como un tonto, al observarla con unos pantalones pegados que le quedaban de infarto, se le veía unas piernas, ¡que! Mejor no pensar.
Traía una chaqueta de cuero negra abierta y dentro un escote mortal. Sin hablar de su maquillaje, fue la primera vez la que vi maquillada completamente
Como un bobo, la seguí hasta el carro como perrito faldero. En todo el camino sólo la miré. No me concentre en nada más.
Estúpida idea.
Bella me había traído hasta los acantilados, una zona poco trascurrida en la noche, y no precisamente a ver la luna y las estrellas.
—¿Quién fue el demente que te metió esta idea en la cabeza? —murmuré entre dientes.
—Un niño pasó en la mañana por la tienda y me invito. —Se encogió de hombros.
—Dime si ese niño está por aquí, —dije— lo voy a matar con mis propias manos.
—Relájate. —Caminó hacia el auto.
—Un momento. —La detuve—. No vas a manejar Bella, estás loca.
—Tú aceptaste hacer lo que yo quería. —golpe bajo. Como no iba aceptar si sus niñas estaban acaparando mi atención—. Así que te aguantas.
—No hay forma de hacerte cambiar de idea. —ahora era yo quién estaba utilizando mi carita de perrito herido.
—No —se subió al auto.
—¡Rayos! —corrí al lado del copiloto.
Sí la primera vez que dejé a Bella conducir, casi se me sale el corazón. Ni hablar éste momento, tenía cerrado fuertemente los ojos y agarrado el asiento con mi dos manos.
—Vive el momento. —en ese momento comenzó mi tortura.
Cuatros carros más competían contra nosotros. Todos eran hombre.
En el tablero la aguja de velocidad apuntaba a 240km/h. Mientras que yo rezaba mil rosarios para salir vivos que esta locura.
En la curvas, ella pensaba que era un juego de niños, cada vez aceleraba más y al último momento cuando yo estaba teniendo un ataque cardíaco bajaba la velocidad para poder girar el auto.
—¡Bella, para! —grité muerto del pánico. Uno de nuestros competidores estaba junto a nosotros tratando de pasarnos, y a sólo metros estaba una curva mortal.
—¡Ni loca! —he hizo todo lo contrario.
Mis ruegos fueron escuchados, la meta está muy cerca y no había curvas en el camino.
Por la nuestra izquierda pasó un auto amarillo a todo lo que daba, ganándole la carrera a Bella.
—Mierda. —exclamó. Fue la primera vez que la escuché decir una mala palabra—. Casi lo tenía.
—Nunca en tu vida, me vuelvas hacer eso —dije entre jadeos.
—Gracias —se giró y me beso la mejilla.
—Vamos a la casa. Ahora manejo yo —Bella se bajó del auto y se fue en dirección contraria.
—Oye —llamé.
—Tengo que pagar —comentó.
Se tuvo un buen rato hablando con el tipo del auto amarillo.
—Ahora sí, nos podemos ir. —se veía espectacular con una sonrisa radiante.
—Sabes que casi muero de un paro cardíaco.
—Fue lo más emocionante que he hecho en mi vida —comentó.
—Hay muchas más maneras para emocionarte y de manera más segura.
—Hablas igual que mi padre —se quejó.
—Sólo quiero protegerte —respondí.
—o—
La mañana siguiente lunes, Bella protesto por quería ir a trabajar, a mi madre no le quedó otra opción dejarla. Victoriosa se fue arreglar para ir a trabajar mientras que la esperaba en la sala.
Como me gustaba esa niña tan inocente e indefensa, pero tan testadura. Suspiré varias veces, como su posible enamórame de ella en tampoco tiempo, mi mente jugaba conmigo a cada rato mostrándome su sonrisa cada vez se cerraba los ojos.
—¡Ya estoy lista! —interrumpió con su hermosa voz.
—Pues no se diga más, damisela vamos a trabajar —murmuré.
En la tienda, aun no era la hora para abrir, así que mi ángel comenzó a arreglar algunos objetos y yo limpié la parte trasera. No esperamos mucho, para atender a varios turistas. Me moría de los celos cuándo los hombre comenzaban a coquetearle y a mirarla de forma obscena.
Los miré de forma envenenadora cuando sus miradas pasaron por la mía, quería matarlos a golpe por mirar a mi ángel de esa manera, ella merecía todo el respeto posible, pero me contuve a ver a mi lado a Bella. Dejó de atenderlos por venir a ver que me pasaba. Le dije una mentira y esta vez fui yo quien atendió a esos hombres.
Estuvimos ocupados toda la mañana y la tarde, sin tiempo para descasar ni para hacer las cosas habituales como leer o jugar cartas. Cuando la tarde ya estaba finalizando, el crepúsculo se estaba asomando, fue ahora de cerrar la tienda para hacer inventario.
Me trasladé a la parte trasera, donde se encontraba Bella sobre una escalera, buscando en mural de libro. Me situé abajo de ella para ayudarla a bajar, pero algo salió mal y Bella cayó, con rapidez me lancé para evitar el golpe.
Así fue como los dos estábamos tirado en el suelo, ella encima de mí. Sus manos se posaron en mi pecho y su cabeza quedo a centímetros de la mía, ella cerró sus ojos al momento del impacto, yo la imité pero rápidamente abrí mis ojos, tenerla tan cerca hizo que mi corazón palpitara rápidamente. Su aliento rozó mi mejilla, su ojos de abrieron.
Mi auto control se perdió en ese mismo instante, tomé su labio con el mío. Primero fue sólo un pequeño roce, pero mi cuerpo pidió más, así que aproveché y la besé. Al principio no me correspondió, la miré para ver su reacción. Sus ojos expresaban deseos.
La seguí besando pero en esta oportunidad ella me correspondió, abrió sus delicados labios, haciendo una invitación que no rechacé. Introduje mi lengua saboreando cada rincón de su boca, ella siguió mi movimiento y en pocos minutos los nuestras lenguas se encontraban bailando juntas. Nos detuvimos que separar para agarra aire, su respiración era agitada e irregular. No percaté del momento en que me moví colocándome encima de ella.
Sus mejillas se sonrojaron, cuando reaccionó de lo había hecho, no le presté atención y la volví a besar, mi labios aclamaban los de ella. Todo fue tan distinto con ella, un sólo beso me enloquecía y perdía todo mi cordura.
Desafortunadamente llamaron a la puerta, los que nos hizo salir de nuestro paraíso. Bella se arregló y salió a ver quién era. Mientras que yo ponía mi cabeza de nuevo en realidad. Qué coño hacía, no tenía que arreglar nada, solamente me importaba ella lo que pensaba de mí y si sentía algo por mí.
Esperé que la persona se fuera para afrontarla, pero no sabía que le diría, un: Te Amo, estoy loco por ti desde la primera vez que te vi. No puedo vivir sin ti, cada vez que estamos lejos lo único que pienso es en ti.
Eso sonaba como un loco psicópata.
Por primera vez no sabía que decirle, tenía tanto miedo a su rechazo.
— Bella, yo... —Dios ¿qué le dijo?— éste...—si me disculpo— yo lo siento —agaché mi cabeza, mi rostro estaba ardiendo.
Un largo silencio entre nosotros hasta que ella lo rompió, y se colocó a unos centímetros de mí. Pensé que me iba a chaquetear, pero fue todo lo contrario tomó mi cabeza entre sus delicadas manos y me beso.
¡Dios! que beso, no pude controlarme y la agarré por la cintura. Todo su cuerpo temblaba, con mis manos la pegué más a mi cuerpo.
Nos separamos a falta de aire, no dijimos nada hasta volver a respirar con normalidad.
— ¿Quieres ser mi novia? —pregunté tontamente.
— Sí —afirmó, sonrojándose. Le robé un beso y la abrasé.
No podía creerlo, aceptó ser mi novia. Si sentía algo por mí.
—¿En qué piensas? —le pregunté a mi novia hermosa.
—En ti —mintió.
—¿Tú crees que soy tonto? algo te preocupa, dime —pedí
—Creo que es muy apresurado decirle a Esme. —murmuró. Bella bajó su cabeza escondiendo su gesto—. No quiero causarle ningún problema.
—Aún no se tiene porque enterar. —susurré—. Apenas estamos empezando a salir.
—Pero no es justo para ti—planteó.
—Sólo me importas lo que digas tú —dije. Mi corazón latió fuerte. —Ya veremos cómo se lo decimos.
Un beso rápido para mi ángel, fue lo que pude dar antes de entrar a la casa.
Como todas las noches preparamos la cena para cuatro, lo que no pudo faltar fue varias miradas y pequeño roces de manos en el momento que mi madre se despistaba.
—Voy a llegarle la comida a María —dijo Bella.
—Te acompaño —dije sin esperar respuesta alguna. Quería probar sus labios de nuevo.
Caminamos rápido para llevarle la comida, en todo momento con las manos agarrada.
—Gracias —dijo María, después de comer —La cena estuvo fantástica.
—De nada, María — respondí mirando a Bella para irnos y estar un tiempo a solas.
—Me alegra que gustara la comida —interrumpió Bella— pero ya es de noche y tenemos que irnos. ¡Buenas Noches!
Aguanté a estar lejos de la casa de mi nana para besarla, sus dulces labios sabor a fresas me invitaban a entrar en ella, su mano en mi cuello hacían que me pegara más a ella. Su lengua también entró a mi boca, imitando mis movimientos.
—Buenas Noches —se despidió de mí, cuando llegamos a la casa.
—Buenas noche, mi bello angelito.
Casualmente, esa noche comenzó a llover, he hizo un frío perturbador. Como quería a tener a mi novia a mi lado para abrasarla y besarla.
Terminé cansado y agotado a media noche, no podía ni abrir los ojos, pero sólo pensar en ella, no conciliaba el sueño...
—o—
—¡Buenos Días! —saludó mi madre quitándome la cobija.
—¡Buenos días madre! —saludé.
—Bella, te espera a bajo. —al escuchar su nombre sonrisa una tonta salió de mis labios.
—Voy enseguida —afirmé. Me levanté de la cama con mucha energía, me bañé y bajé lo más rápido que pude.
Mi madre ya se había ido a trabajar así que no dudé en acercarme por atrás, taparle los ojos y besarla. Un mes de novios. Y cada besos que nos dábamos era como el primero, dejándome sin aliento y con la piernas débil.
—Ven desayuna conmigo —me ofreció Bella.
—Claro, linda —me senté a lado de mi amor.
—Hoy tengo que ir al pueblo no puedo atender la tienda, te encargas tú —dijo.
—Sabes que no puedo estar lejos de ti —hice un pechero.
—Cariño, sabes que tengo que ir. Si por mi fuera me quedaría en tus brazos todo el día.
—Bueno, llévate mi vehículo para que no tardes mucho —la besé.
—Como ordene el capitán.
Ella salió primero de la casa. En la tienda no tuve mucho trabajo, en mis ratos libres veía la foto de Bella y mía, que nos sacamos al cumplir dos semanas de novios. Faltaba un día para cumplir el mes exacto, y aun no sabía que le gustaría de regalo, era algo tonto estar tan ilusionad por sólo un mes, pero con ella me ilusionaba todo.
En la entraba se encontraba aparcado el Mustang. Un gesto de felicidad se formó en mi rostro, mi corazón palpito acelerado, tuve que concentrarme para no salir corriendo en buscad de los besos de Bella.
gracias a las chicas por sus favoritos, followers reviews: samantha136 , lupsof, geova cullen, Sarah 1807, JenniferPao. Cherryz cisne, Betsyrubble, LOQUIBELL, Shaky93, florcitacullen1, floorchi, Clairedirectioner98, AleCullenn, muse3841,blueorchid02, alianna09, constanzalmv
también me puede leer en wattpad. como a tu lado soy feliz, yepezlisbth.
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con respecto a wattpad y fanfiction, en los dos sitios voy a publicar la historia. Lo que en wattpad es la historia con los personajes originales.
este cap esta sin betear. Disculpen los errores
Lisbth-
