Enmendar los errores requiere identificar las causas por las que se han cometido. Es esencial analizar si detrás de ellos se esconde un pasado sinuoso. Podemos arrepentirnos por haberlos hecho o volver a repetirlos, pero nunca borrarlos, porque gracias a ellos aprendemos algo nuevo. Nada justifica las faltas graves, pero que vuelvan a ocurrir no es una opción.
Poco a poco un corazón congelado comienza a derretirse. Éste es capaz de atravesar los obstáculos que se han generado en su camino, pero una persona puede ser la clave para que ocurra un verdadero cambio en él. Sólo basta una oportunidad.
Disclaimer: En general todo pertenece a Disney y a los respectivos creadores de la historia, todo aquello que reconozcan no me pertenece. Siéntanse libres de dejar una queja si el empleo de ellos no es el correcto.
Aclaraciones: Post-Frozen. Pre-Fiebre. Helsa-Hansla-Iceburns. Leve mención de Kristanna. Trato que los personajes sean lo menos OoC posible. ¡Disfruten!
Paso a paso
Capítulo 10
Elsa miró con detenimiento el retrato de su familia, sonriendo mientras lo hacía. Su padre acababa de decirle que al ser grande sería una excelente reina y por ello la sonrisa de su cara era amplia, aunado al hecho que sus padres habían dejado su mañana libre de obligaciones y pasaron todo ese tiempo en la nieve.
Extrañaba esos años.
La puerta se abrió.
-¡Olaf! -saludó a su amiguito de nieve.
-¡Hola Elsa! ¡Vamos a jugar en la nieve! Anna, Kristoff y Sven ya están ahí -explicó su amigo y reparó en el objeto en sus manos-. ¿Qué es eso? -cuestionó curioso, acercándose.
-Es un retrato que creía perdido. Hans me lo regresó.
-¡Guau! ¡Es muy bonito!
-Verdaderamente lo es -confirmó ella.
-¿Dónde está él? -quiso saber el pequeño.
-Está disfrutando con el regalo de una persona de su familia -explicó en voz baja, sonriendo. Olaf también lo hizo, para después tomar su mano.
Salieron del estudio.
En la mesa quedó la estampa de la familia real de Arendelle.
Se levantó del suelo y rápidamente se acomodó frente al pequeño escritorio de la habitación de tonos color crema. Se sentó en la silla con colchones color rosa pastel y procedió a escribir.
Hermanos,
Mucho tiempo ha pasado desde que me dirigí a ustedes de la forma correcta, estoy muy apenado de admitirlo.
Estos meses en Arendelle me han servido para darme cuenta de los errores que he cometido y de las fallas que hemos tenido como familia. Perder a nuestra madre a temprana edad fue un dolor que llevé conmigo tantos años y nunca podré apartarlo completamente, mas es tiempo de dejar de autocompadecerme.
Hice mal hace unos meses al tratar de obtener el trono de Arendelle, pero no es el único mal que he hecho en mi vida. La serie de errores que he cometido a lo largo de los años estarán en mi conciencia largo tiempo, si bien el pasado no puede cambiarse o borrarse, en el futuro puede enmendarse; no deseo volver a cometer actos despreciables.
Les pido perdón a todos por lo que he hecho, estaba equivocado.
Quisiera que me dieran una oportunidad para ser parte de la familia, participar con todos ustedes sin que tengan que insistir para que lo haga. No los culpo por hacerme a un lado en algunos momentos, ya que yo he sido el instigador de ello. Ahora se ha suscitado la ocasión y deseo volver a sentir lo que es una familia.
Espero que no sea muy tarde, haré lo que sea para tener lo que he apartado de mí, quiero obtener su perdón y que no se avergüencen de tenerme como hermano.
Hemos estado desprovistos de afecto fraternal y completamente colmados de orgullo -más inmensa arrogancia por mi parte-, pero yo quiero dar el primer paso diciéndoles que los quiero, a ustedes y a mis sobrinos y sobrinas que no me he dado la oportunidad de conocer realmente -a sus progenitoras mucho menos-.
Iain, he leído la carta de nuestro padre, te agradezco haberla guardado todos estos años, por haber confiado en mí hasta el día de hoy, me ha dado las fuerzas necesarias para redactar estas palabras. Ha levantado la gran carga que traía conmigo.
Hermano, como rey de las Islas del Sur que eres, te suplico que no me devuelvas en tiempo cercano el título que se me dio como nacimiento, déjame seguir viviendo sin él y en el futuro considera si soy lo suficientemente apto para tenerlo, dejo en ti la decisión, empero trabajaré día con día no para obtenerlo de regreso sino para decir con orgullo que soy hermano vuestro.
Deseo a todos que pasen una espléndida temporada y espero comprendan que no regrese a las Islas del Sur cuando mi tiempo en Arendelle haya concluido; sin embargo, no dejarán de escuchar de mí y anhelo tener respuesta de ustedes.
Se despide afectuosamente el hermano que los quiere,
Hans
Dobló el papel y tras pensarlo unos momentos decidió hacer uso del ofrecimiento de la reina.
Esperaba obtener una respuesta pronto.
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Día 137
-Mi profesor habría estado contento de tener una alumna tan entregada como usted, su Majestad -le dijo Hans al entrar al salón, alzó la vista de las figuras y números.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí? -cuestionó sonrojada la rubia.
-Toda la mañana -él sonrió de lado señalando el reloj con un gesto de su cabeza, se acercó hacia ella-. Me pareció que necesitaba algún refrigerio, pues en la mañana su desayuno fue insustancial -dejó la bandeja con pequeños emparedados y el recipiente con el té.
-¿Has estado monitoreando mis hábitos alimenticios, Hans? -preguntó con voz grave, entretenida ante el hecho.
-En absoluto, su Majestad -musitó él, sirviéndole el té de hierbas en la taza con diseño oriental.
-Mucho me temo que es difícil creerte, Hans -replicó cambiando su tono de voz por uno divertido. Le pareció que él se sonrojó levemente.
El pelirrojo sonrió de lado al alzar la mirada de su tarea.
-¿Hay alguna manera de comprobarlo? -interrogó.
-Como reina existen medios para saberlo -afirmó cerrando el libro y posándolo sobre la mesa.
-Entonces es mejor que me retire, disfrute de su tiempo, su Majestad.
-¿Huyendo Hans? -enarcó una ceja. Él rió en voz baja y se acercó a la puerta, realizó una reverencia y tomó el pomo-. Por cierto, gracias por los alimentos.
-Un placer, su Majestad -reveló antes de salir del salón.
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Día 139
Todos en Arendelle se preparaban para la llegada del Año Nuevo, el día no era feriado y los establecimientos permanecían abiertos, principalmente cierta florería en la que una conocida muñeco de nieve trabajaba.
Ebba regó una de las macetas de margaritas blancas y sonrió al pensar que el año finalizaba. Estaba muy feliz por haber sido creada y tener la oportunidad de hacer muchos amigos, de formar parte de una familia y recibir un año que traería muchas cosas consigo.
La campanilla de la puerta sonó.
-¡Ebba! -exclamó su amigo Olaf.
Dejó de regar las flores y abrazó a su amigo.
-Olaf, hola, ¿estás preparado para esta noche?
El otro muñeco alzó los brazos.
-¡Qué emoción! El año ya acabó, pero el siguiente será mucho mejor.
-¿Crees que Hans se decida a hacer algo? -cuestionó y le entregó una crocus (11) morada a Olaf, que la olió y estornudó. Negó, siempre tendría la aparente alergia.
-No lo sé, aunque parece ser que se acerca más a Elsa.
-Esperemos que sí haga algo, yo quiero verlos juntos -replicó al oír las palabras de Olaf.
-No sabemos que pasará el próximo año, Ebba -susurró Olaf distraído.
-¡Comenzará un nuevo año Kristoff! -exclamó Anna abrazando al rubio.
Él rió y le dio una vuelta.
-Ya estoy planeando los viajes que haré para entregar el hielo durante primavera -replicó Kristoff cuando se separaron.
-¡Hey! -le dio un golpe en su brazo-. ¿Qué pasa conmigo?
-Contigo pasaré más fechas que en primavera, Anna -explicó sonrojado.
-Te quiero, Kristoff -dijo antes de ponerse en puntillas y besarlo.
Los sirvientes se encontraban reunidos en el patio trasero del castillo, escuchando las palabras de Kai, todos se encontraban firmes y atentos, infundados en sus trajes de gala, Hans junto con ellos.
-Recuerden que el servicio será a las veintidós horas, después la reina dará su discurso en el balcón. Al terminar nos prepararemos para dar la cuenta regresiva, y en el momento en que el reloj marque las doce, tenemos que hacer los fuegos artificiales, ¿entendido?
-¡Entendido! -exclamaron todos a una sola voz.
Ang le colocó la corona en su cabeza y observó el resultado. Llevaba tiempo sin utilizar la misma ropa que usó durante su coronación, pero creía que era momento de portarla de nuevo.
Se recorrió de pies a cabeza, sus zapatillas marrón oscuro, su vestido verde azulado con escote de corazón y detalles dorados, sus mangas oscuras, la capa magenta. Su maquillaje tenía tonos más claros que aquella vez y sus cabellos se encontraban recogidos con un estilo similar, sólo que algunas hebras habían sido dejadas sueltas.
Miró sus manos y recordó los guantes que portó, perdidos definitivamente.
Pero ya no los necesitaba.
-Muchas gracias, Ang.
-Siempre es un placer, su Majestad -replicó la joven con voz suave.
Se encaminó a la puerta para ir a la capilla.
Desde el piso inferior, Hans observó a la hermosa reina de Arendelle en el balcón, acompañada de Anna, Olaf y Kai, lucía imponente y esplendorosa, tal como una reina debía de ser. No parecía la criatura asustadiza e insegura del verano pasado, sino una gobernante que alzaría el vuelo. La miró avanzar hasta la barandilla, al mismo momento que los habitantes guardaban silencio. Su voz firme inundó el lugar.
-Buenas noches, ciudadanos de Arendelle. Hoy concluye un año más de vida para todos nosotros, lleno de alegría y tristeza, de nacimientos y pérdidas. El año, del que restan pocos minutos, no ha sido fácil para ninguno de nosotros, pero hemos podido superarlo en víspera del mañana, atrás quedarán las vicisitudes del ayer, aun cuando enfrentemos otras en el año a comenzar. Quiero agradecerles por el apoyo que le han dado a mi familia, por la solidaridad que entre ustedes han tenido, por la perseverancia que día con día demuestran. El calendario avanza y también lo hacen nuestras vidas, esperemos que como este año que comenzará lleguen muchos más, por completo prósperos. La familia real de Arendelle, precedida por esta servidora, tiene los mejores deseos para cada uno de los habitantes de nuestro reino. Sean dichosos todos ustedes y con orgullo les invito a abrirle los brazos al Año Nuevo.
Todos comenzaron a contar cuando se acercaban las doce.
-Diez… nueve… ocho… siete… -entonaba él también- seis… cinco… cuatro… tres… dos… uno…
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Día 140
Resonó el primer fuego artificial y, en un segundo, las luces provocadas por la pirotecnia llenaron el cielo.
-¡Feliz año nuevo! -exclamaron todos.
Los abrazos y apretones de manos comenzaron a repartirse en el lugar, Anna le estrechó con fuerza y Olaf se unió a la muestra de afecto.
-¡Feliz año nuevo! -les deseó ella.
"Un nuevo año, sin duda", pensó Elsa y en la distancia se encontró con una mirada familiar, el de ojos color esmeralda inclinó su cabeza y ella le devolvió el gesto.
Horas más tarde, después de pasar por los establos a saludar a Sitron, Hans recorrió los pasillos del castillo aproximándose al salón en que sabía se encontraban la reina y su hermana. En el patio había visto a Kristoff, Sven y Olaf, por lo que tenía la certeza que la rubia y peli naranja estaban solas.
Comenzaría el año con el pie derecho.
Abrió las puertas y las dos cabezas le observaron curiosas cuando avanzó hasta el centro de la estancia. Pudo jurar que sintió las miradas de los diferentes retratos colgados en el lugar.
-¿Hans? -preguntó la reina.
-Les pido perdón a las dos -dijo con la mirada firme, su cabeza en alto.
Anna dejó caer el chocolate que llevaba a su boca y la dejó entreabierta. Elsa, en cambio, se mantuvo compuesta pero le miró con un brillo de orgullo.
-No puedo pedirles disculpas, porque no soy inocente de los crímenes que se me fueron imputados, lo que les pido es perdón (12) -se dirigió a la de cabellos anaranjados-. Anna, su Alteza, le pido perdón por haberla engañado y jugado con sus sentimientos, y por no socorrerla cuando acudió en mi auxilio, lamento haber actuado de forma deshonesta cuando usted había confiado en mí -cruzó su mirada esmeralda con la azul de la reina-. Su Majestad, a usted le pido perdón por tratar de matarle y arrebatarle su trono, por acercarme a su familia con malas intenciones, por aprovecharme de su vulnerabilidad y de la confianza depositada en mí, por haber hecho una burla hacia su persona. Con ambas tengo una deuda muy grande, y sé que pedir perdón es muy poco, pero estoy arrepentido.
Anna recuperó el habla primero.
-¿No es otra de tus farsas? -preguntó con recelo.
-Le juro por mi vida que no, su Alteza.
-Sólo quería asegurarme, te he observado Hans -avanzó hacia donde él y le ofreció su mano-. Aunque me cueste hacerlo, he comenzado a perdonarte, quizá con el tiempo lo haga completamente.
Él estrecho su mano.
-Gracias, su Alteza -respondió.
-Pero no creas que comenzarás a agradarme -le advirtió con un dedo en alto, soltándolo.
-No esperaría otra cosa de usted, su Alteza -dijo sonriendo de lado.
Elsa avanzó unos pasos.
-Me alegra escuchar tus palabras, Hans -expresó con voz suave. La rubia levantó su mano lentamente y él la tomó de forma delicada-. Poco a poco has obtenido mi perdón.
-Y no sabe lo agradecido que estoy con usted, su Majestad -agregó el pelirrojo con el mismo tono, sin eliminar el contacto.
Anna los miró con ojo crítico.
Hans soltó la mano con lentitud, le sonrió a la reina y realizó una reverencia para las dos. Comenzó a alejarse en dirección a la puerta; tras salir, la cerró sin hacer ruido y suspiró con alivio.
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Día 142
Elsa entró a la habitación de Hans a asegurar la puerta y la ventana, mas que hacerlo por seguridad se había vuelto en la rutina de sus días, principalmente el intercambio de los saludos correspondientes y las preguntas sobre cómo estuvo el día.
-Hans -dijo al entrar, lo vio recostado en su cama, vestido con sus ropas de dormir, los brazos apoyados bajo su cabeza.
-Su Majestad, la noche está muy apacible, ¿no lo cree? -cuestionó él en tono bajo.
-Sí, está nevando de forma leve y es agradable observarlo, ¿cómo estuvo tu día? -preguntó al pasar junto a la cama, tras congelar la ventana.
-Tranquilo, hay algunos aldeanos que todavía celebran el año nuevo -ambos rieron levemente.
-Revisé mi correspondencia esta tarde y entre ella hallé esto -musitó momentos después y le entregó la carta que encontró una hora antes, la que tenía el sello de las Islas del Sur e iba dirigida al pelirrojo.
-Gracias, su Majestad -se inclinó sobre la cama y llegó hasta donde ella para tomar la carta.
-Buenas noches, Hans, te dejaré para que leas -manifestó antes de dirigirse a la puerta.
-Buenas noches, su Majestad.
Hans observó el sello y se preparó para cualquiera que fuera la respuesta que obtendría, acercó la pequeña mesa en que dejaba sus ropas en contadas ocasiones -las colocaba dobladas sobre la silla la mayor parte del tiempo-, tomó la lámpara del suelo y la dejó en la superficie de madera para tener mayor claridad.
Rompió el sello de sus tierras y comenzó a leer.
Hermano,
No sabes la alegría que tus palabras trajeron a nosotros, se han cumplido las esperanzas que en ti teníamos puestas. Que no te aflija pensar que nos sentimos avergonzados de ti, todos somos humanos y nos hemos equivocado más de una vez, nuestra familia no ha quedado absuelta.
Los doce nos encontramos reunidos en mi estudio privado, todos desean mandarte calurosos afectos. Soy yo el afortunado en poder responder tu carta.
Nunca hemos dejado de considerarte nuestro hermano, no tengas dudas de ello, si la familia no es la primera en estar ahí para ti, ¿quién más lo estaría?
Esperaremos todo el tiempo que sea necesario y tu hogar, tu familia, te recibirá con los brazos abiertos. Treinta y ocho pares tendrás para ti.
Hans, me complace escuchar que la carta de nuestro padre ha llegado finalmente a su destinatario, agradece a la reina de mi parte que cuando pueda escribir las palabras correctas lo haré yo. Con respecto a lo que expresaste en tu carta, me enorgullece que la hayas pedido y como rey aceptaré la petición de uno de mis súbditos de no entregarle su título; como hermano te aseguro que nunca ha dejado de ser tuyo.
Objetivamente -en un futuro- te devolveré tu derecho de nacimiento.
La temporada será espléndida después de escuchar sobre ti, comprendo la decisión de no volver en un período cercano, mas no dudes que intercambiaremos correspondencia hasta que nos veamos cara a cara.
Con cariño y afecto,
doce hermanos que te quieren.
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Día 146
-¿Entonces qué te parece el bordado que hice, Elsa? -preguntó Anna alzando la tela de lino tensada en el bastidor (13) redondo, el trabajo de punto de cruz (14) mostraba unas flores moradas y rosas, con sus propios tallos y hojas verdes.
La rubia lo miró con interés y sonrió.
-Todos estos años no me permitieron apreciar que tienes talento, es muy bonito Anna, ¿por qué no hay algún bordado tuyo en todo el castillo? -cuestionó y se acomodó en el sillón del salón.
-Porque sólo lo hago cuando estoy aburrida y la mayor parte de los bordados queda a la mitad -dijo la peli naranja con un suspiro-. Está nevando mucho y tengo inmensas ganas de salir, ojalá y pudieras controlar las nevadas de la naturaleza.
Elsa rió.
-Estoy segura que dejará de nevar en unos cuantos días, pero en verdad apreciaría tener unos cuantos bordados tuyos en el castillo.
La joven de ojos verde agua infló los cachetes y se cruzó de brazos.
-¡Ya estoy aburrida! -protestó.
-No has cambiado mucho de cuando eras niña, Anna -susurró la reina y volvió a su lectura.
Hans observó a Anna salir del salón donde acompañaba a Elsa, parecía animal enjaulado cuando permanecía en una habitación. Y sólo habían pasado dos días desde que comenzara a nevar de la forma en que lo hacía.
Se asomó a una ventana y miró el blanco panorama, no era tan grave como lo que había hecho la reina, pero era muy arriesgado andar fuera de casa, era mejor permanecer dentro con el calor del fuego en las chimeneas. Quizá solo Olaf y Ebba podían transitar fuera sin temor a congelarse.
Apretó un poco más el abrigo turquesa que Gerda bordó, con sus intrínsecos diseños de rombos azul oscuro y rayas blancas a lo largo de las mangas. Miró uno de los relojes y reparó en la hora.
Negó.
-Ya ha estado cinco horas inmersa en su lectura -susurró en voz baja.
No podía evitar estar pendiente de las comidas de la reina, la veía muy delgada y siempre se le pasaba la hora del almuerzo -el único alimento que no compartían las hermanas-, él ya se había encargado de la tarea de alimentarla cuando ella no pedía nada al cocinero. Una dieta a base de chocolates no era muy recomendable.
Tenía un instinto de protección para con la reina.
Era muy irónico que fuera él quien intentó matarla en el pasado.
Sacudió la cabeza para hacer a un lado aquellos pensamientos y se encaminó a la cocina.
Escuchó el sonido de las puertas al ser abiertas y no se molestó en levantar la vista, le faltaban pocas hojas para concluir el libro.
-Su Majestad, ¿se encuentra ocupada? -preguntó la voz de Hans y se obligó a alzar la cabeza. Él señaló con la mirada la bandeja que cargaba en sus brazos.
Elsa se sonrojó.
De nuevo había olvidado almorzar.
Hizo un pequeño doblez en la esquina inferior de la página y dejó el libro a un lado.
-Gracias, estoy tan inmersa en lo que ocurre que no puedo dejar de leer, quiero saber qué pasa al final de la historia, con Esmeralda, con Quasimodo.
Observó lo que Hans traía en la bandeja, era chocolate caliente y un emparedado de jamón.
-Parece estar muy entretenida, su Majestad -replicó él con gracia.
-Aprovecho que está nevando para leer gran parte de los libros que llevan largo tiempo en la biblioteca del castillo, a ti te gusta leer, puedes tomar los que quieras, si gustas.
-Lo pensaré, su Majestad, regresaré en una hora a recoger la bandeja.
-Sí, padre -comentó divertida y los dos rieron.
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Día 152
-¡Ha dejado de nevar! -exclamó Olaf en la quietud de la biblioteca, Elsa despegó su mano del libro que estaba a punto de tomar.
Anna apartó la mirada de su bordado, lo colocó en una mesa y se encaminó a la ventana, observó que ya no caían copos de nieve en la oscuridad.
-¡Al fin! ¡Podré ver a Kristoff! -gritó con júbilo.
-Es maravilloso que quieras pasar tiempo en casa, Anna -dijo su hermana.
La miró con ojos culpables.
-Lo siento, pero no le veo desde el cinco de enero, ¡son ocho días!, estoy preocupada por él.
-Creo que estará muy bien, Anna, seguramente estuvo con los trolls -le tranquilizó su amigo.
-Adiós a mi pequeño ocio -musitó la rubia.
Olaf rió.
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Día 153
-Hay que apartar la nieve de los caminos, asegurarse que no hayan muchos daños por la nevada, corroborar el número de enfermos, prepararnos para otra posible tormenta, que alguien se encargue que las listas de las provisiones partan hoy mismo, hay que ofrecer espacio en el palacio si es necesario. Espero que esta improvisada nevada no deje pérdidas muy graves o lamentables. Yo misma me prepararé para salir, Kai -dijo con voz firme mientras se levantaba de su trono.
-Iré a repartir sus órdenes, su Majestad.
-Por favor, si he olvidado algo, haz que se cumpla -comentó antes de ver al sirviente partir.
Tenía que ponerse en práctica todo lo que había pensado mientras ocurría la nevada, afortunadamente -gracias a ella- los habitantes de Arendelle contaban con experiencia para tormentas extremas y el único día en que los guardias se aventuraron a salir nada se necesitó. Esperaba que siguiera así.
-¿Llegaron las complicaciones? -escuchó la voz de Hans a su lado. Suspiró.
-Así es, debo salir a cumplir con mi deber. Iré a abrigarme un poco, aunque no lo necesito.
-Desearía tener su fortaleza al frío -el pelirrojo caminó junto con ella por los pasillos.
-Viene con mi don -explicó con un encogimiento de hombros.
-¿Le molestaría tener mi compañía, su Majestad? -le miró interrogante-. Yo también iré a la ciudad, pero, si no le molesta, podría ir con usted y ayudarle si lo necesita.
Él le sonrió.
-Me serviría tener un guardaespaldas, Hans -devolvió una sonrisa al hacer el comentario.
Avanzaron a la siguiente casa y llegaron al hogar de la señora Agnes. Elsa tocó la puerta de madera de la casa amarilla, desde el exterior se podía ver el humo de la chimenea.
Hans dio un paso al frente y gritó: -¿¡Señora Agnes!? -llamó a la puerta-. Su Majestad se encuentra aquí, ¿podría abrirle?
Durante unos momentos no se percibió sonido, hasta que suavemente comenzó a sonar el toque del bastón de la anciana al hacer contacto con el suelo de madera de la casa.
-Buenas tardes, su Majestad, Hans -saludó la anciana de cabellos blancos y ojos marrones-. Siento no abrir antes, no podía dejar que mi comida se quemara. Creo que no podré hacerle una reverencia, su Majestad, el frío debilita los huesos de los ancianos como yo.
-Buenas tardes, señora. No se preocupe, estamos recorriendo casa por casa, queremos asegurarnos que no hayan daños graves, ¿cómo tomó la nevada? -preguntó la rubia que le acompañaba.
-Tengo mis huesos debilitados, pero todavía me queda mucho por dar, su Majestad. Mi casa está hecha de excelente manera y no me afectó la nevada, quisiera poder decir lo mismo de mi cuerpo -se quejó la anciana con pesar, después de presumir el estado de su hogar. Realizó una sonrisa ladeada.
-Es muy bueno escucharlo, señora Agnes. Cualquier cosa que necesite, no dude en pedírsela a algún guardia, recorrerán la ciudad durante dos días. Tenemos que seguir nuestro camino -comentó la reina y dio un paso atrás.
-¿No desean una taza de té? -invitó la mujer. Elsa negó.
-Agradezco su ofrecimiento, pero debemos terminar.
-Gracias, señora Agnes, pero ahora tendré que declinar su oferta, quizá la semana próxima -le dijo él.
-¿Has disfrutado del frío, Hans? -articuló la anciana.
Rió en voz baja ante la indirecta de la mujer.
-Sorprendentemente lo he hecho, ojalá usted pudiera decir lo mismo -la comisura derecha del labio de la señora Agnes se alzó. La mujer tenía gran poder de intuición y en fechas pasadas había acertado al concluir que la reina le gustaba. Encontrarse a alguien como él era peligroso.
Elsa sólo los observó.
-Debemos irnos, señora Agnes, que tenga buen día.
-Nos vemos, su Majestad, Hans -enunció antes de cerrar.
Siguió caminando en compañía de la reina, con las mantas bajo su brazo derecho. Ella le miraba con una ceja alzada.
-Digamos que la señora Agnes y yo tenemos cosas en común -manifestó con un encogimiento de hombros.
-Está bien -fue la contestación de la reina, antes de sonreírle.
Le encantaba cuando ella lo hacía.
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Día 157
El pelirrojo sacudió la prenda marrón con que había llegado a Arendelle, hacía tiempo desde que no la utilizaba, tenía toda clase de uniformes del castillo y no veía la necesidad de recurrir a las ropas de día que llevó tiempo atrás -el uniforme que vestía era cómodo y ya no le enfadaba portarlo-.
Se encontraba listo para otro día de trabajo en Arendelle, se acercó a la ventana que momentos atrás la reina había descongelado, abrió el seguro y observó el panorama, algunos de los caminos se encontraban húmedos todavía, pero el sol salía en momentos y quizá no nevaría de nuevo en algunos días, aunque no podían afirmarlo, pues faltaba mucho para el final del invierno.
Alzó otra prenda y un papel cayó de ella. Lo levantó y sonrió al recordar la estúpida nota hecha en un momento de negación. Todas las mentiras que ahí plasmó.
Rió en voz baja.
La quemaría.
Se acercó a la mesa y se percató que no tenía cerillas.
"Lo haré por la noche, antes de que llegue la reina" se dijo.
Dobló la prenda de vestir y la colocó en la silla junto con las otras, la nota quedó en la mesa.
Salió de la habitación, sin recordar el pestillo de la ventana.
Elsa entró a la habitación de Hans en su búsqueda, había llegado una quinta misiva de parte del gobernante de la isla que quería una unión matrimonial con ella o Anna. Realmente era insistente. Quería la opinión del joven para poder zafarse del asunto de una vez por todas.
Se le hacía extraño que el pelirrojo se encontrara en sus aposentos, pero Gerda le había dicho que ése era el lugar donde le había visto por última vez, no se encontraba en otra área del castillo y si no estaba en su habitación, esperaría hasta verle regresar de la ciudad.
Tocó la puerta y ésta se abrió sola.
"No la dejó correctamente cerrada", pensó y se asomó dentro, como lo imaginaba, el lugar se encontraba vacío.
Procedía a retirarse cuando le sorprendió el ruido de la ventana al azotarse.
Hans andaba de olvidadizo ese día.
Entró y se acercó para cerrarla.
Al girar se encontró un papel frente a sus pies, seguramente voló por la brisa que había entrado.
Lo recogió, no pretendía leerlo -era violación de privacidad-, pero su nombre atrajo su atención.
No quería inmiscuirse, pero el título le cayó como un balde de agua.
Razones por las que no debe gustarme Elsa de Arendelle.
11. Crocus. Es la flor que Olaf huele en la película, la misma que se encuentra en los escudos de las banderas de Arendelle.
12. Se disculpa al inocente, pero se perdona al culpable. La diferencia radica en que se puede pedir disculpas cuando por accidente nos tropezamos en la calle, porque no tenemos la culpa de hacerlo; en cambio, pedimos perdón cuando realizamos una ofensa, donde somos culpables por darla. Es mucho más sencillo pedir una disculpa que el perdón.
13. Bastidor. Marco o soporte -generalmente de madera- utilizado para las piezas de tela, comúnmente utilizada para los bordados de punto y cruz.
14. Punto de cruz. Bordado con puntadas en forma de equis.
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¡Hola!
Me alegró saber que les gustó el anterior :3, ¿qué con este?
Je je je, ya llegó la condenada lista, aunque no sabrán su contenido hasta el siguiente capítulo, sólo les digo que me reí mientras la hacía, pero debía haber algún punto en que causara problemas. ¡Oh sí! Un paso al frente y dos atrás, pero no será tan drástico, creo.
He terminado de escribir la historia, ¡yey! Escribí lo necesario para no volver tedioso el fic, ha quedado acorde al oneshot que trajo su inspiración. Sólo se los digo para que puedan reclamarme en las actualizaciones que realice en el futuro ;D no para dejarlos con la intriga *ríe inocentemente*.
Ya saben, cualquier duda, comentario, aclaración, reclamación, crítica, etc, etc, hasta pequeña carita que me haga sonreír, son verdaderamente aceptados en el recuadrito de abajo. Sólo escuchen a la vocecita interna que les dice que no soy profesional ni nada por el estilo, sino una simple estudiante que pasa mucho tiempo -que podría ser de calidad- en FF XD
Saludos, besos y abrazos, ¡nos vemos!
HoeLittleDuck - Panem today, Panem tomorrow, Panem forever
¡Ups! Fandom equivocado XD
