Capítulo 10
- ¡Mamá!
Elena entró como un vendaval en la sección de cuidados intensivos del hospital de Mystic falls. Después de haber vuelto a casa en tiempo récord, tanto ella como Damon estaban agotados y en tensión. Ni siquiera habían pasado por casa, se habían dirigido directamente al hospital y habían preguntado en recepción por la habitación del joven Gilbert. Por desgracia, el estado del chico era bastante grave así que todavía seguía en cuidados intensivos. Tras abrazar a su madre, Elena se acercó a la cama en la que descansaba su hermano, conectado a horribles máquinas y lleno de tubos por todos lados y tuvo que reunir valor de donde no tenía para no echarse a llorar allí mismo. Desde la puerta, Damon se debatía consigo mismo; le sabía mal lo que le había ocurrido a Jeremy, pero sobretodo, se sentía dolido al ver a la mujer que amaba sufrir de aquella manera. Quería acercarse a ella y consolarla, pero para variar, la situación entre ambos no estaba del todo definida, y no sabía cómo actuar.
Habían tenido un sexo maravilloso, pero por desgracia, no había pasado de eso. No era que Damon se quejara de cómo habían ocurrido las cosas, pero hubiera preferido pasar la noche abrazado a ella en la cama y sobretodo, haber podido preguntarle qué pensaba sobre lo que acababan de compartir. Estaba dispuesto a ser paciente, pero necesitaba ciertas respuestas porque llevaba toda su vida esperando lo que había sucedido entre ellos hacía unas horas. Elena le había dicho que no se arrepentía, pero... ¿Y si había cambiado de opinión?. Damon sacudió imperceptiblemente la cabeza; Esa mujer tenía un efecto demoledor en él, él que jamás se había mostrado inseguro ante nada, y muchísimo menos ante una mujer. Pero una vez más, con ella todo era distinto.
- Damon, hijo – la voz de Miranda lo sacó de su ensoñación – pasa, no te quedes ahí.
Él le hizo caso, sintiéndose culpable por sumergirse en su mundo en vez de preocuparse por Jeremy, que era lo que correspondía en esos momentos. Se acercó unos pasos a la cama, mirando a Elena de reojo, que seguía con la vista clavada en su hermano y acariciaba una de sus manos.
- ¿Pero qué ha pasado? - susurró Elena.
- Se ha peleado... en el instituto – respondió Miranda con la voz entrecortada. - Tú padre lo encontró cuando fue a buscarlo ayer por la tarde... no me puedo creer que unos chicos puedan haberle hecho esto. Le apuñalaron... casi se queda en coma – A Miranda se le escapó un sollozo y Elena la abrazó, intentando hacerse la fuerte sin mucho éxito.
De repente, una enfermera se acercó hasta ellos, tocando delicadamente el hombro de Damon que era el más apartado del grupo.
- Disculpen pero no puede haber tanta gente aquí. Lo lamento pero deberían irse. Como mucho pueden quedarse dos personas, no más.
Todos asintieron, no queriendo hacer más difícil la situación de lo que ya era.
- Deberíais iros a descansar – Concluyó Miranda agarrando la mano de su hija – apuesto a que no habéis dormido en toda la noche...
Elena negó con la cabeza, aunque a decir verdad, no toda la culpa de su insomnio la tenía el estado de Jeremy, pero no pensaba darle explicaciones a su madre en ese momento.
- Yo quiero quedarme con él, mamá. Damon, vete a casa, yo me quedaré con Jeremy.
- Elena... - dijo Damon dando un paso hacia ella. La chica estaba visiblemente exhausta, y por mucho que se quedara a los pies de la cama, el estado de su hermano no iba a mejorar. Los médicos lo tenían en observación, y habían dicho que las próximas horas serían críticas para él. Había perdido mucha sangre y tenía varias contusiones graves.
- Damon – interrumpió Miranda agarrándole le mano – ¿Porque no acompañas a Grayson a comer algo? Grayson, cariño, no has comido nada desde que llegamos, id a la cafetería y de paso traedme un café ¿Vale?
Solo entonces, Damon se dio cuenta de que Grayson estaba prácticamente escondido en un rincón de la sala, con la mirada fija en el suelo y unas ojeras espantosas. Damon no pudo evitar fruncir el ceño al verlo y tuvo que reprimir un comentario sobre su mal aspecto al comprender que no era el momento. Miranda le guiñó un ojo y él entendió perfectamente que la mujer le estaba pidiendo que la dejaran a solas con Elena. Así que asintió y salió de la habitación junto a su suegro, que siguió sus pasos como un zombie hacia la cafetería.
- ¿Y cómo ha ido el fin de semana? - preguntó Miranda.
Elena se giró y se apoyó en la cama de Jeremy, sin soltar su mano. Se encogió de hombros; no tenía demasiadas ganas de conversar sobre sus cosas en esos momentos.
- Bien.
- ¿Todo bien con Damon?
- Mamá, ahora no es momento...
- ¿Y de que es momento, Elena? Nada podemos hacer por Jeremy. No le estamos traicionado por hablar de otra cosa. Te fuiste aterrada a ese viaje, así que es lógico que una madre pregunte, ¿no?
Elena levantó la vista y asintió, resignada porque tampoco tenía ánimo para discutir.
- Ha ido bien mamá, aunque nos hayamos tenido que ir antes de lo previsto. Mejor de lo que me esperaba en realidad – sonrió un poco al recordar cómo había empezado aquella misma noche. - Pero no tengo ganas de hablar de mí ahora. ¿Crees que Jeremy se pondrá bien? - preguntó mordiéndose el labio.
- Por supuesto que se pondrá bien. No tengo ninguna duda. Jeremy es fuerte... los dos lo sois.
- No entiendo cómo han podido hacerle algo así... ¿En qué líos andaba metido?
- No tengo ni idea, pero en cuanto esté fuera de peligro iré a hablar con el director del instituto. No voy a dejar que la persona que ha dejado a mi hijo así salga impune de esto...
- Yo te acompañaré. Podemos ir hoy mismo, ya debe estar abierto el colegio...
Miranda suspiró y se acercó a Elena, agarrándola por los brazos.
- Elena, escúchame. Aquí no puedes hacer nada y estás agotada. Vete a casa con Damon y descansa, no quiero que tu también te pongas enferma.
- Pero tú...
- Yo soy mayorcita ya, y tengo a tu padre a mi lado. Duerme unas horas y luego vuelve si quieres, pero estar sin dormir no hará que Jeremy se recupere antes.
Elena protestó pero su madre ni siquiera le prestó atención. Y Cuando miranda decidía, algo, Elena sabía que era inútil llevarle la contraria.
Paralelamente, en la cafetería, la situación entre Damon y Grayson era bastante más incómoda. Grayson apenas pronunciaba palabra mientras parecía totalmente concentrado en la taza de café que tenía entre las manos. Por su parte, Damon se dedicaba a observarlo con suspicacia. Grayson no era un hombre callado por naturaleza; después de todo había sido gran amigo de su padre y Damon le conocía lo suficiente como para intuir que algo no iba bien. Por otro lado, quizá las mujeres se lo hubieran creído... pero él había estado en muchas peleas cuando era un chiquillo, y ninguna había terminado de aquella forma, ni siquiera las más violentas. No acababa de encajarle bien la historia, y quizá fuera por que era desconfiado por naturaleza, pero no creía que unos chicos de diecisiete años fueran capaces de dejar a otro de esa manera. Por mucho conflicto que hubiera entre ellos.
- ¿Cuál es la verdad, Grayson? - preguntó Damon de repente concentrándose él también en su propio café. Hubiera preferido una copa de Bourbon, pero por desgracia, en el hospital no servían alcohol.
Grayson se sobresaltó y levantó la vista, dirigiéndola hacia el chico.
- No se de que me hablas... – balbuceó nervioso dando un trago a su taza. Damon se inclinó hacía delante, extendiendo un brazo sobre la mesa y golpeándola para llamar su atención.
- Me decepcionas. Pensaba que eras de otra manera... no un maldito cobarde.
- Mira chico, no voy a permitir que me faltes al respeto...
- ¿Qué le ha pasado a Jeremy? - le interrumpió Damon con firmeza. - Miranda puede haber creído la versión de la pelea, pero yo no.
Grayson empezó a ponerse realmente nervioso, tanto que intentó levantarse de la silla, pero Damon se lo impidió.
- No me hagas alzar la voz – le dijo en ese tono amenazante que podía hacer temblar a cualquiera – tú y yo somos "socios", por decirlo de alguna manera, así que me merezco y quiero la verdad.
- Yo no quería que esto pasara ¿De acuerdo? - se rindió - Le pedí que se mantuviera alejado...
- Me lo imaginaba...
- Jeremy adivinó lo que pasaba, creo que me espió...
- ¿Te has seguido reuniendo con esa gente? Maldita sea, Grayson, se supone que hicimos un trato para terminar con la deuda...
- Pero no están contentos, ya te lo dije. Volvieron a amenazarme y Jeremy investigó... empezó a involucrarse con la intención de protegerme y creo que se metió en asuntos turbios... esto solo ha sido una advertencia... podrían haberlo matado – confesó escondiendo la cara entre las manos.
- ¿Te das cuenta? - dijo Damon apretando los puños para no gritar – ¿Te das cuenta de lo que hubiera podido pasarle? ¡A tu hijo! - desesperado, se pasó las manos por los cabellos – Mira Grayson, yo no puedo ayudarte más. Pero te advierto algo, como le pase algo a Elena...
- Damon, ya soy mayorcito – le respondió Grayson, cansado de que un chiquillo al que había visto casi nacer le estuviera sermoneando – y ya se que esto se me fue de las manos hace tiempo. Solo necesito ayuda económica, y me la estás dando, lo cual te agradezco, pero no te permito que me amenaces.
- Te amenazo porque estás poniendo en peligro a mi mujer.
Sin que Damon se lo esperara, Grayson soltó una sonora carcajada.
- ¿Tu mujer? Por dios, no me hagas reír Damon, tu eres aún más cínico que yo. Te casaste con ella para buscar tu propio beneficio, y no voy a cuestionártelo mientras la trates bien. Pero no pretendas darme lecciones.
- No tienes ni idea...
- No te metas con mi familia, dentro de unos meses desaparecerás de la vida de Elena y de la mía, así que mantente todo lo alejado de nosotros que puedas. Es lo mejor para todos.
Grayson se levantó indignado y se fue de la cafetería, dejando a Damon pensando en aquellas palabras. Después de todo, Grayson tenía razón. Técnicamente, él desaparecería de sus vidas en apenas unos meses. Pero eso no quería decir que fuera a permitir que le pasara algo a Elena. Había algo raro detrás de toda esa historia de amenazas, chantajes y tratos fraudulentos de Grayson y en cuanto las aguas volvieran a su cauce, pensaba averiguar qué era. Por Elena.
Antes de que pudiera darle más vueltas al asunto, el objeto de sus pensamientos entró en la cafetería con una tímida sonrisa y una cara de cansancio terrible.
- Ei – dijo Elena acercándose tímidamente hasta él.
- Hola – le sonrió él de vuelta - ¿Cómo estás?
Elena se encogió de hombros.
- Cansada. ¿Podemos irnos a casa?
- ¿No te quedas con tus padres?
- Mi madre me ha convencido. Es mejor que intente descansar, aunque dudo que pueda pegar ojo sabiendo que la vida de Jeremy está en peligro...
- Ya verás como se pondrá bien.
- Eso dice mamá también. - volvió a sonreír, pero una vez más, la sonrisa no le llegó a los ojos - ¿Nos vamos?
Damon asintió y tras pagar la cuenta de la cafetería, se dirigió con Elena hacia el coche. No la abrazó, por mucho que se muriera de ganas de hacerlo, y tampoco pudo evitar que las palabras de Grayson siguieran resonando en su mente mientras conducía de camino a casa y notaba la tensión que había vuelto a surgir entre ambos. Los dos estaban incómodos, no sabían como actuar el uno con el otro y eso se hizo aun más evidente cuando llegaron por fin a la mansión Salvatore.
- Voy a tumbarme un rato – dijo Elena al pie de las escaleras del recibidor. Damon la observó inquieto. Quería ir con ella, sostenerla entre sus brazos y decirle de nuevo que todo iría bien. Pero no sabía si eso era lo que ella quería y tampoco se atrevía a preguntárselo en esas circunstancias. Entendía que en ese instante solo importara Jeremy, pero no podía evitar que le asaltaran sus propios temores.
Ella pareció dudar antes de subir el primer peldaño, pero finalmente relajó los hombros y siguió su camino.
- ¡Elena!
Ante el grito de Damon, Elena se detuvo y se giró. Había un brillo en sus ojos que Damon no era capaz de descifrar, pero ante todo, Damon se fijó en las dos pronunciadas marcas negras que decoraban sus pómulos. No quería angustiarla más, no quería forzarla a nada... ya tendrían tiempo de hablar.
- intenta descansar. - Dijo al fin.
Ella pareció decepcionada, pero sonrió y asintió con la cabeza, antes de subir y desaparecer en el piso de arriba.
Damon decidió subir también a su habitación después de llamar al señor Stevens para aclarar el porqué de su huída repentina y también después de una breve charla con Giuseppe y Stefan. Incluso ellos le habían dicho que tenía un aspecto terrible y que necesitaba descansar. Tras mirarse al espejo, no pudo hacer otra cosa que darles la razón, así que decidió hacerles caso. A causa del trajín que habían llevado aquel día, era ya media mañana, con lo que corrió todas las cortinas y bajó las persianas, intentando recrear una atmósfera lo más nocturna posible. Se tumbó sobre las sábanas y cerró los ojos, intentando relajarse y poner la mente en blanco... por desgracia, le fue totalmente imposible. Aquella noche debería haber dormido con Elena, no solo. Ella estaba prácticamente en la habitación de al lado, seguramente destrozada y sin poder pegar ojo, y él quería darle espacio, no quería agobiarla haciéndole preguntas sobre su situación, forzándola a estar con él... pero había una parte egoísta en él que necesitaba tenerla cerca, ser él el que la ayudara a superar aquel mal trago. Después de más de una hora dando vueltas en la cama, decidió acabar con su agonía. Bajó a la cocina y llenó un vaso de agua. Con la excusa de llevárselo a Elena, abrió la puerta de la habitación de la chica y escuchó tímidos sollozos. Ella estaba de espaldas, acurrucada entre las sábanas, y cuando vio la luz que entraba por la puerta, se giró.
- Elena... - susurró Damon al ver sus preciosos ojos marrones rojos e hinchados. - Elena... - repitió acercándose a la cama y dejando el vaso de agua sobre la mesita de noche.
Se sentó sobre el colchón y alargó un brazo. Ella no necesitó más, se incorporó y se lanzó contra su pecho, enroscándose en su regazo como una niña pequeña. Lloró contra su camiseta, mientras Damon le acariciaba la espalda.
- Jeremy se recuperará, vamos, no te pongas así.
- Es que no puedo dormir. Temo que llamen del hospital para decirme que se ha puesto peor – sollozó – No soportaría que le pasara algo, Damon. A Jeremy no.
- Shhh – susurró Damon contra su pelo – Te he dicho que no va a pasarle nada, y yo siempre tengo razón ¿Recuerdas?
Eso la hizo sonreír y agradecida, cerró los ojos acurrucándose más contra su pecho.
- Ahora está bien – siguió Damon - ¿porqué preocuparse antes de tiempo? Intenta dormir. Solo venía a traerte un poco de agua.
Elena notó cómo él se apartaba un poco y enredó los dedos en su camiseta, acercándolo de nuevo.
- No te vayas... - susurró sin levantar la cabeza. - Quería que vinieras.
Damon tampoco quería irse. Así que se estiró en la cama sin soltarla, hasta que quedaron ambos tumbados sobre el colchón, Elena apoyada en su pecho y él acariciándole el cabello. Permanecieron así un buen rato, en el que ninguno de los dos dijo nada. Sin embargo, Elena se había relajado un poco y Damon ya no sentía aquel dolor sordo en el pecho. La presencia del otro les calmaba y les llenaba de un modo que les era difícil de explicar. En un momento, Elena levantó la cabeza y se encontró con la mirada penetrante de Damon.
- Si querías que estuviera contigo... ¿Porque no me lo has dicho? - se atrevió al fin él a preguntar.
- Porque no sabía si tu querrías... tenía miedo de que me rechazaras.
- Elena... ¿Cómo iba a rechazarte? Después de lo que pasó entre nosotros...
- ¿Qué ha pasado exactamente, Damon?
Damon pudo intuir el miedo en su pregunta y entonces se dio cuenta de que había sido un tonto. De que ella tenía exactamente los mismos temores que él. Y en el fondo, eso lo tranquilizó. Se encogió de hombros y la abrazó de nuevo, atrayéndola más hacia su pecho.
- Algo genial. Y que no deberíamos dejar que pasara mucho tiempo antes de repetirlo. - Elena soltó una risita. - Ya que tenemos que fingir... ¿Porqué no hacerlo real? Intentémoslo, sin presiones, despacio...¿No funcionamos tan mal, no? - Él se moría de ganas de ir deprisa, pero no podía exigirle a ella que siguiera su ritmo. Elena tenía que enamorarse de él poco a poco.
Elena negó tímidamente con la cabeza.
- ¿Y si sale mal? - susurró con la cabeza escondida todavía en su pecho.
- Si sale mal, cuando terminen los seis meses que acordamos, cada uno sigue su camino y punto. - Le dolía siquiera pensar en esa posibilidad, pero tenía que contemplarla. De todas formas, tenía claro que iba a hacer todo lo posible para que aquello no fuera siquiera una opción. Si ella se lo permitía, iba a demostrarle lo bien que podían funcionar los dos juntos.
- ¿Tan fácil?
- Antes de casarnos ni siquiera nos aguantábamos. ¿Qué podemos perder?
Elena pareció pensárselo durante unos segundos, hasta que finalmente, levantó la cabeza para mirar de nuevo a Damon y con una sonrisa asintió.
- Está bien – susurró después de que él se inclinara para besarla – podemos intentarlo. Pero seamos discretos... no se lo digamos a nadie por ahora. Por si no va bien...
- Cómo quieras – la cortó Damon entretenido con sus suaves labios. Se besaron lenta y apasionadamente, ninguno de los dos queriendo ir más allá, solo disfrutando de la presencia y el calor del otro. Tras un buen rato besándose, Damon se separó un poco de ella, y le puso una mano en la mejilla. - Creo que es mejor que nos detengamos...
- ¿porqué? - preguntó ella con una sonrisa pícara.
Damon no pudo evitar sonreírle de vuelta, y la sonrisa le duró mientras seguía besándola y ambos rodaban enredándose entre las sabanas. Hicieron el amor lentamente, de una manera totalmente distinta a cómo se habían amado encima del capó del camaro. Ambos estaban exhaustos, física y emocionalmente, y aquello supuso más un acto de consuelo mutuo, que de lujuria o deseo saciado. Damon recorrió el cuerpo de Elena con los labios, deteniéndose en aquellos lugares en los que había intuído que a ella le volvía loca que la besara, y ella se dejó querer, entregándose al sentimiento de sentirse completa entre sus brazos. Cuando ambos alcanzaron el éxtasis y Damon se dejó caer encima de ella, Elena alargó un brazo y consultó por última vez la pantalla de su teléfono móvil. Al darse cuenta, Damon le dio un beso en la mejilla y salió de encima, tumbándose a su lado.
- ¿Alguna noticia? - susurró apartándole un mechón sudado de la frente. Elena negó con la cabeza – Entonces todo debe ir bien. Ven, vamos a intentar dormir.
Elena sonrió y se acurrucó entre los brazos de su marido. Todavía le parecía irónico que estuvieran así después de todo. Y es que entre ellos, todo se había desarrollado al revés. Y así entre los brazos de Damon, Elena logró conciliar el sueño por primera vez.
Por desgracia, el timbre de su teléfono móvil la despertó unas horas después. Se incorporó de golpe, golpeando a Damon en el proceso y tirando todo lo que había encima de la mesilla de noche para poder descolgar el maldito aparato. Tenía el corazón en la garganta, pensando que serían malas noticias del hospital.
- ¡Hombre, la desaparecida! - Chilló la estridente voz de Caroline al otro lado de la línea.
Elena se relajó y no supo si echarse a reír de alivio o a llorar, por el mal rato que había pasado. Damon se colocó tras ella y le dio un beso en el hombro para tranquilizarla.
- Caroline, me has dado un susto de muerte... estaba esperando noticias de Jeremy.
- ¡Oh! Elena, lo siento, de veras... jamás acierto con el momento... de verdad, no quería molestar. Me enteré de lo de Jeremy porque tu madre llamó a la mía... ¿Cómo está?
- En observación. Están esperando a que cuarenta y ocho horas para asegurarnos de que se pondrá bien del todo.
- Todavía no entiendo quien pudo haberle hecho eso...
- Yo tampoco – suspiró acomodándose entre los brazos de Damon – Pero bueno, dudo que me llamaras para hablar de Jeremy. ¿Qué pasa?
- No, en realidad te llamo porque desde que te casaste, tienes totalmente abandonadas a tus amigas... ¡y eso que ni siquiera te casaste de verdad!
Con lo que gritaba, hasta Damon lo escuchó y no pudo evitar que se le escapara una risa. Elena también rió, si Caroline supiera que en ese mismo momento estaba desnuda entre los brazos de Damon, probablemente sufriría un infarto.
- Tienes razón, os debo una noche de chicas...para ponernos al día.
- Sí, si, ya hablaremos de eso... pero antes tengo una súper noticia que darte – soltó la rubia con una risita. Elena empezó a temblar...miedo le daban las súper noticias de Caroline. - ¡Estoy organizando una cena de ex-alumnos! ¡Del instituto!
Al pronunciar la palabra instituto, Elena se quedó rígida. Damon, que lo notó, se apartó un poco para mirarla a la cara y frunció el ceño. Esta vez no había podido escuchar lo que había dicho Caroline.
- Si – siguió la rubia – se que no fue la mejor época de tu vida, pero el otro día me encontre con Jessica...¿Te acuerdas de aquella rubia que no se depilaba? Pues esa, parece que ahora ha superado esos problemillas... y empezamos a hablar y hablar de gente y gente y mira, surgió la idea. Está casi todo el mundo confirmado, solo me faltas tú. ¿Vendrás? Por supuesto, tienes que llevar acompañante. Yo iré con Tyler.
- Caroline... ¿tú te das cuenta de cual es mi situación actual? ¿Y de cual era en la época en la que pretendes rememorar?
Caroline se quedó callada unos segundos...
- ¡Oh! Vaya...dios, no había caído! Lo siento... pero Elena, tienes que ir, tenemos que ir todos... Damon no tiene porqué venir...
- No es eso Caroline, es que no son recuerdos agradables para mí...
- Por favor Elena, no me falles...
- Ya hablaremos...
- El... - y la colgó antes de que pudiera seguir insistiendo.
Se giró y miro a Damon, que seguía observándola con preocupación.
- Espera que lo adivine... ¿Más problemas?
- No exactamente... una obligación a la que no me apetece lo más mínimo asistir.
Elena se levantó de la cama y se cubrió con una bata.
- Caroline ha organizado una cena de ex-alumnos del instituto.
Damon no necesitó más explicaciones. Sabía que el tema del instituto seguía siendo un problema entre ellos. Estuvo a punto de contarle la verdad de una vez por todas, pero dudaba sinceramente de que en un momento así, ayudara de algo. Más bien creía que ella se enfadaría y mucho con él por no habérselo contado desde un principio.
- No vayas si no quieres – le dijo como si fuera la cosa más lógica del mundo.
- Entonces Caroline me retirará la palabra.
- Qué lo haga. Lo tiene que entender.
- Lo peor es que quiere que lleve acompañante – soltó una carcajada amarga. - Cada vez es todo más irónico.
- Elena... - Damon se acercó y le agarró las mejillas – Te dije que jamás me cansaría de pedirte perdón por lo que te hice durante esa época.
- Ya, ya lo se, pero sigue doliendo...y simplemente prefiero no pensar en ello. No ahora que estamos tan bien...
- Maldita rubia... cuando la vea... - Eso hizo que Elena sonriera y se agarrara a la cintura de Damon.
- Supongo, que por el bien de tu imagen pública... deberías acompañarme. ¿No?
Damon la miró unos segundos a los ojos sin decir nada. Sí, para mantener la credibilidad de su farsa, lo lógico es que aparecieran juntos siempre que pudieran, aunque no tuviera nada que ver con su trabajo. Sin embargo, por primera vez Damon no quería obligarla a nada, no quería que ella le dijera que fuera simplemente por obligación.
- ¿Te gustaría que viniera?
Por lo visto, acertó con la pregunta, pues Elena sonrió y asintió.
- Pero todavía no se si iré. Demasiados recuerdos... - suspiró. - en fin, ya hablaremos, ya que estamos despiertos vayámonos al hospital.
Damon asintió y ambos comenzaron a vestirse. Era mejor que por el momento alejaran la oscura sombra de los recuerdos...
