Capítulo 11 – Repercusiones – Primera parte
"Tenemos la capacidad de ser arquitectos de nuestros destinos porque, aunque la buena suerte sea regida por el cielo, nuestro destino estará siempre en nuestros cascos, determinado por las decisiones que tomamos."
Cuatro semanas atrás...
En el centro de una habitación oscura, levemente iluminada por viejas y gastadas lámparas de techo, alguien permanecía reposando en un extraño asiento. Su rostro no era visible por causa de las tinieblas, y ni siquiera los dos grifos que se encontraban en la sala de control del entrepiso podían visualizarlo correctamente.
Un silencio sepulcral estaba presente en la oscuridad que invadía el lugar, únicamente interrumpido por pausadas y ocasionalmente forzosas inhalaciones.
¿Cuánto tiempo había estado allí? ¿Alguna vez había visto el exterior? ¿Alguna vez había sentido el cálido resplandor de la luz solar?
Ya no podía recordarlo. Las imágenes que solían aparecer en su mente, en sus sueños, parecían pertenecer a otra vida, a la vida de alguien más. Parecían tan lejanas…
-¿Acaso está durmiendo? -Cuestionó uno con cierta duda al apoyarse en el cristal, mientras vigilaba atentamente. El joven en efecto poseía un pelaje color café, plumas blancas y ojos azules.
-La mayor parte del tiempo permanece de esa forma; es difícil saber cuando está despierto y cuando no... -Respondió su compañero de pelaje gris, plumas blancas y ojos marrones, mientras revisaba algunos papeles dejados sobre el escritorio.- Es verdad, olvidé que te trasladaron hace poco. Iten, ¿Verdad? Te he visto en Atención de la Sección 5 un par de veces... -Continuó, al dirigir la mirada al nuevo recluta.
-Sí, hoy me enviaron aquí a cubrir al soldado Caleb mientras está ausente. Creí que finalmente lo conocería... a él, pero... -Decía, dirigiendo su mirada al mismo punto anterior, recibiendo una pequeña risa en respuesta por parte de su superior.
-Chico... no esperes demasiado, llevo aquí seis meses y nunca lo he visto a la cara; acostúmbrate a la idea. -Continuó el mismo.
-Todo está en penumbras... -Susurró, para luego voltearse nuevamente.- Hace un tiempo había oído que no puede estar en contacto con la luz; al principio no lo creía, pero luego... mi hermano me contó historias sobre él, y...
-Sí, es algo... muy complicado...
-Entonces, ¿Son ciertas?
-Temo que sí. -Respondió secamente.
-Rayos... -Se mostró realmente sorprendido, aproximándose a la ventana una vez más.- ¿Cómo... cómo puede seguir con vida?
-Lo ignoro, pero al menos hasta que todo esté listo, los médicos de la Sección 13 están encargados de mantenerlo estable, y de prevenir cualquier inconveniente que pueda llegar a afectar su integridad física.
-Aún así, el hecho de que su cuerpo lo haya resistido... no me explico cómo es que... -Continuaba, siendo interrumpido por el mayor.
-Restauraron su cuerpo lo mejor que pudieron, pero hay mucho que no pudieron salvar, ni recuperar. Es difícil creer que haya estado allí durante 20 años...
Mientras el nuevo recluta aún apoyaba su garra en el cristal, intentando divisar su figura en la oscuridad, un pensamiento cruzó por su mente al escuchar las últimas palabras de su compañero.
-20 años... -Susurró.
-¿Qué? -Inquirió el grifo, distraído.
-Se cumplirán 20 años en unos días, ¿Verdad? -Preguntó, ahora mirándolo a los ojos. El grifo razonó sus palabras por un momento, antes de entender a que se refería.
-Estimo que sí, pero la verdad es que dejé de llevar la cuenta hace bastante tiempo. -Replicó, con resignación.
-Entiendo. -Respondió, con animo decaído.- A veces me pregunto... ¿Cómo hubiera sido mi vida, si hubiera nacido en Balthosna?
-¿Quién sabe? -Contestó el mayor, sin haber prestado mucha atención a lo que el recluta había dicho, o el tono en que lo había dicho. Cuando cayó en la cuenta, se volteó a ver al mismo, que ahora tenía una triste expresión.- Lamento que no hayas podido visitarla hasta ahora, Balthosna es de verdad la tierra más bella que jamás he visto. -Continuó, con cierta nostalgia.
-Mi padre también opina lo mismo... -Susurró, antes de voltearse hacia el grifo mayor.- He estado pensando... solicitar el traslado a los cuerpos de acción. He oído que siempre necesitan personal allí, y de ingresar, sé que podré ayudar a que-... -Le explicaba, siendo interrumpido.
-En tu lugar lo pensaría dos veces, no es como si los cuerpos de acción dejaran entrar a cualquiera. Además, aún eres demasiado joven, ya tendrás tiempo más adelante si aún lo deseas... -Respondió relajadamente, a lo que el joven cerró fuertemente sus puños, sintiendo una gran angustia.
-Ya no quiero perder más tiempo, ya he perdido demasiado... mi familia ha perdido demasiado... -Respondió, dirigiéndose a su escritorio correspondiente, y dejándose caer sobre su silla. Suspiró profundamente, y pasaron algunos segundos antes que se diera cuenta de que su compañero le dirigía una mirada interrogante, la cual cuestionaba la razón de sus palabras.- Es solo que-... estoy cansado de vivir encerrado aquí, de ver las mismas paredes mohosas día tras día, de desayunar, almorzar y cenar los mismos alimentos de reserva de siempre. Solo... estoy cansado, cansado de todo esto...
-Escucha, Iten... he estado aquí mucho más tiempo que tu, y Diell sabe que no miento cuando digo que he sentido lo mismo muchas veces. Llegará el día en que todo esto terminará, nuestro trabajo finalmente dará frutos, y podremos vivir en paz nuevamente. Pero debemos ser pacientes, y debemos ayudar desde donde somos capaces de hacerlo, aportando lo necesario para que el proyecto se vea completado finalmente. -Intentó confortarlo, pero aquel no había cambiado su semblante.
-A veces creo que mi labor en comunicaciones no es suficiente, por eso había considerado pedir el traslado...
-Si lo que deseas es alguna vez llegar a ver Balthosna, quedarte aquí sería tu mejor opción, pues los que mandan ahí afuera realmente se juegan el cuello. -Dijo, con seriedad.
-Lo sé... quizá tengas razón, pero aún así-... -Estaba a punto de continuar, cuando una luz roja parpadeó junto a uno de los monitores.
-Espera un segundo... -Pidió el mayor, levantándose de su asiento para activar una interfaz holográfica, visualizando el código frente a él, y pronto dirigiéndose al micrófono de pared junto al cristal.- Señor, el escuadrón B713 solicita enlace de comunicación. -Habló a través del mismo. La figura, aparentemente consciente, levantó la cabeza levemente antes de responder.
-Activa el altavoz, y enlázalos a mi receptor. -Ordenó, con grave voz.
-Sí, señor.
-Aquí B713, solicitando respuesta. -Sonó en los altavoces, tanto en la sala del grifo oculto, como en la sala de seguridad del entrepiso.
-Aquí A113. B713, favor de presentar informe. -Replicó el mismo grifo.
-Recibido, A113. Misión completada parcialmente. -Dijo la voz en el comunicador. Pronunciar aquellas palabras a los oídos mismos de su líder espesaba la sangre del joven. Ser el portador de malas noticias definitivamente no era lo mejor en aquel lugar, ni en ningún otro.
-B713, favor de definir "parcialmente". -Respondió el mismo, sin cambiar su tono.
-A113, 99,3% de las capturas normales de tipo 196 completadas con éxito. Razón: Uno de los objetivos pereció antes de ser capturado. Captura prioritaria código "N7" completada con éxito. Captura prioritaria código "K6" no completada. Razón: El objetivo escapó, y continúa prófugo. -Finalizó. El líder permaneció pensativo unos instantes, antes de continuar.
-B713, ¿Bajas?
-A113, múltiples bajas, entre ellas... el Capitán Bóreas. -Hubo un silencio sepulcral por algunos segundos luego de sus palabras.
-B713, explíquese. -Ordenó una vez más, sorprendido, pues era imposible para él que el capitán hubiera sido eliminado.
-A113, el señor Bóreas pereció a cascos del objetivo prioritario prófugo. En la noche del ataque, no teníamos mucho tiempo antes de que la tempestad cerrara por completo los accesos, y aún cuando el capitán y su equipo no habían arribado, no tuvimos más opción que partir, pues no podíamos arriesgarnos a perder los especímenes capturados. Los intercomunicadores se encontraban interrumpidos por la tormenta, razón por la cual no fuimos capaces de establecer contacto con él de inmediato. Pasadas dos semanas en altamar, intentamos comunicarnos con él, intento que resultó inútil. Fue entonces que enviamos un equipo en su búsqueda, pero lo único que encontraron fueron sus restos, tanto suyos como del equipo que lo acompañaba. Registraron todo el terreno cercano, pero no hallaron al objetivo, por lo cual inferimos que ha dejado las tierras de Upendo. El equipo rastreador enviado nos alcanzará en puerto. -Concluyó su informe.
El mayor en la sala de control tragó saliva al escuchar aquellas palabras, no por el contenido del mensaje en sí, sino porque no sabía cómo podría llegar a reaccionar su superior a tal suceso, considerando lo que significaba la pérdida de un objetivo prioritario, y la de uno de sus mejores efectivos. Luego de unos momentos, la figura oscura finalmente respondió.
-B713, regresen a la base. Den su misión por cumplida. -Respondió finalmente.
-A113, recibido. Procedemos a regresar. -Respondió, con más tranquilidad.
-Enlace finalizado. -Dijo el grifo de ojos marrones en la sala de control.
-Bien. Enlázame con el escuadrón T543, en modo privado.
-Sí señor. -Aceptó, pronto dirigiéndose al monitor una vez más, ingresando un código específico, para luego dejar a su líder hablar a través del micrófono.
-Aquí A113, solicitando respuesta...
Era un día soleado en el sur de Paixbastion, el reino de los ciervos, el cual se encontraba conformado por grandes hectáreas de bosques, y apenas unos pocos centros urbanos. En el lugar se presentaba un silencio sepulcral, únicamente interrumpido por el cantar de las aves; se trataba de un territorio donde reinaba la paz más pura.
En uno de sus frondosos bosques, en un espacio aislado en el cual se filtraban tímidamente los rayos solares, una joven y hermosa grifo de pelaje gris, plumas blancas y ojos azules dormitaba bajo su resplandor, reposando en la rama de un árbol al tiempo que cruzaba las piernas.
Al pie del mismo, dos grifos más esperaban pacientemente, con una seria mirada perdida en el vacío; ambos custodiaban una jaula en cuyo interior descansaba una criatura de pelaje café y manchas blancas en su lomo, quien permanecía dormida.
-Señorita Céfiro, ¿No cree usted que ya es... hora de partir? -Cuestionó finalmente uno de los grifos, con cierta duda.
-¿Ya quieren irse? ¡Pero si aún no es ni siquiera mediodía!
-Aún debemos llevar a puerto al espécimen, y-...
-Vamos, ¡Relájense! Ya cumplimos con la parte más dura del trabajo, ¿Verdad?
-Sí, así es, pero-... -Fue interrumpido al instante una vez más.
-Pues debemos aprovechar el poco tiempo del que disponemos para descansar y reponer energías. Tenemos al menos un día de viaje hasta el punto de extracción, y la nave no arribará hasta mañana en la noche. No tenemos porque apresurarnos. -Replicó despreocupadamente.
Ninguno de sus subordinados se mostraba satisfecho por su respuesta, especialmente uno de ellos -el mayor-, quien consideraba que debía responder ante una joven de 22 años que apenas parecía tener un vago sentido de la responsabilidad que le había sido encargada, pero ninguno de los dos se atrevería nunca a contrariarla, pues cabía la posibilidad de que fuera lo último que hicieran en sus vidas.
-Oye... Icario. -Llamó la joven su atención, sin abrir los ojos.
-¿Si, señorita? -Respondió, mirando en dirección hacia la rama donde la misma descansaba.
-¿Qué es lo que piensas hacer cuando todo esto termine? -Cuestionó al grifo de pelaje marrón claro, plumas negras y ojos ámbar, con calidez.
-¿Disculpe? -Replicó, no comprendiendo la pregunta.
-Cuando el proyecto esté listo, ¿Qué es lo que harás? -Inquirió una vez más. Luego de pensarlo por un momento, aquel se dignó a responder.
-Regresar a casa... -Le respondió, con melancolía.- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a mis hermanos, me gustaría... saber como están.
-Tienes siete, ¿No es así? -Preguntó con curiosidad.
-Si... siete. Cuando partí mi hermano mayor, Daryl, había sido padre. Nunca llegué a conocer a mi sobrino... -Respondió una vez más, sin cambiar su tono de voz.
-Debió ser muy difícil para ti teniendo una familia tan grande, ¿Verdad? -Continuó ella, mientras observaba las nubes. Al darse cuenta de que el joven no había respondido la pregunta, se volteó a verlo, encontrando que el mismo mantenía la mirada baja.- Oye, ¡Arriba ese ánimo! Si todo sale bien, pronto las cosas se solucionaran, ¡Y podrás volver a verlos una vez más!
-Diell quiera que tenga razón, señorita Céfiro. -Replicó con una sonrisa de añoranza.
-Claro que la tengo, ¡Tu solo espera y verás! ¿Y qué hay de ti, Nyu? -Preguntó ahora al grifo mayor, de pelaje marrón oscuro, plumas crema y ojos azules.
-¿Disculpe? -Devolvió la pregunta, pues hacía rato que había dejado de seguir su conversación.
-¿Qué harás entonces, cuando todo esto termine?
-Mi única meta es ayudar a completar el proyecto Vitanova, sin importar qué o quién. Es mi objetivo, y una vez que haya sido alcanzado, me limitaré a cumplir la voluntad del señor Kirth, como siempre he hecho. -Concluyó, con gran seriedad.
-¿Y-y usted que hará, señorita Céfiro? -Cuestionó Icario, intentando evitar que su joven líder exasperase al mayor, quien era un viejo amigo de la familia, y sabía bien cuando el mismo no tenía muchos deseos de conversar.
-Hace mucho, mi padre me prometió que una vez que Vitanova estuviera lista, ambos nos estableceríamos en un campo en los límites de Balthosna para cultivar. ¿Quién sabe? Quizá con el tiempo incluso me case, y hasta tenga hijos...
-Es una bella visión del futuro, señorita. -Respondió, con una sincera sonrisa.
-Si... oye, ¿Te importa si te hago una pregunta... personal? -Inquirió, con una sonrisa.
-Claro que no, señorita. ¿De qué se trata?
-¿Hay alguien especial en tu vida? -Preguntó con un tono travieso, sorprendiendo al joven soldado.
-Uh, ¿A... qué se refiere? -Replicó, con cierta duda.
-Pareja, novia, como quieras llamarle. -Le aclaró, de la misma forma.
-Uh, no, yo... no, aún no he encontrado a ese alguien. -Fue capaz de responder finalmente, sin haber notado el fuerte rubor que se había formado en sus mejillas.
-¿Estás bien? -Inquirió con fingida preocupación.
-Sí, claro que sí, ¿Por qué no iba a estarlo, señorita?
-¿Seguro? Creo que ahora mismo podría freír tocino sobre tu cara. -Le dijo cómicamente, algo que obviamente empeoró su estado actual.
-Perdone, señorita, yo...
-Vamos, ¡Relájate! Solo estaba bromeando. ¡Y deja de llamarme "señorita"! Te he dicho desde que partimos que puedes tutearme. -Decía alegremente, entre risas, pronto tomando una expresión melancólica.- Pero... quizá sea mejor así, ¿Sabes? Las responsabilidades que tenemos ahora son más importantes que cualquier otra cosa. -Continuó, con un tono ligeramente más serio.- Por eso es que quiero ayudar a terminar con esto lo antes posible, y por esa razón acepté yo misma formar parte del proyecto aún cuando se encontraba en una etapa temprana.
-Ha-... has arriesgado mucho... Céfiro. Así como las cosas salieron bien en ese entonces, podrían haber salido terriblemente mal. -Replicó, con preocupación.
-¿Qué te puedo decir? Temeraria es mi segundo nombre. ¡Pero hasta ahora todo ha ido de perlas! Incluso nosotros tres, sin apoyo alguno, hemos completado 32 misiones de rango A con éxito, sin fallas ni bajas.
-Tienes razón. Además, varios de los escuadrones están conformados por, al menos, diez grifos, mientras que el nuestro solo lo está por tres.
-Eso demuestra lo geniales que somos. -Respondió, con aires de superioridad.
-Eso demuestra que hemos sido seleccionados específicamente por nuestro nivel, y preparados para trabajar como un equipo perfecto, complementando las habilidades del otro y asegurando el éxito en cada misión encomendada. -Replicó Nyu, con notoria seriedad.
-¿Por qué siempre tienes que ser tan... estructurado? -Cuestionó la joven, ligeramente decaída. El mismo solo respondió con un leve bufido, al cerrar sus ojos.
-Aquí A113, solicitando respuesta... Aquí A113, solicitando respuesta... -Se oyó en el intercomunicador junto a su bandolera. Exaltada, la joven se incorporó en el mismo lugar con una sonrisa en el rostro al oír el código, antes de responder. Los mismos subordinados dirigieron su mirada hacia la misma, esperando pacientemente.
-¡Señor Kirth! ¡La captura está completa! -Dijo con gran emoción, anticipándose.
-T543, agradecería que te apegaras al protocolo establecido, al menos una vez. -Dijo la grave voz, brevemente interrumpida por la estática.
-Oh, sí, um, disculpe. Aquí T543. A113, espero instrucciones. -Replicó, fingiendo seriedad.
-T543, favor de presentar informe.
-Recibido, A113. Misión cumplida.
-T543, ¿La captura ha sido efectuada?
-A113, afirmativo. Captura normal de tipo 213 completada exitosamente.
-T543, ¿Bajas?
-A113, negativo.
-T543, recibido. Ahora, hay algo que debo informarte... -Continuó. Aquel ser no encontraba una forma fácil de comunicarle lo siguiente, pero luego de pensarlo breves instantes, encontró que no había una forma más "leve" para explicárselo.- El Capitán Bóreas... ha caído en batalla, en las tierras de Upendo Uvumilivu.
Aquellas palabras atravesaron la cabeza de la grifo como una bala de plomo. No daba crédito de la información que sus oídos habían percibido, y de la misma forma, los soldados unos metros más abajo permanecieron en silencio, intercambiando miradas de confusión.
-T543, favor de responder... T543, favor de responder... Céfiro, por favor, responde... -Repitió, sabiendo por lo que su compañera y subordinada debería estar pasando.
-¿M-mi padre-... mi padre está-...? No, no, eso es imposible, debe de estar equivocado. Ha de haber un error-...
-Lo siento mucho...
-¡Es un error! ¡Es un maldito error, su información está mal! Mi padre no puede morir, es uno de los soldados más fuertes de nuestro ejército, forma parte de la elite, ¡De Anemoi! ¡No hay forma de que eso haya-...!
-Hallaron su cuerpo a dos horas de la frontera. -Continuó aquel, sin la más mínima delicadeza.
-N-no, no, eso no puede-... -Intentaba continuar, pero las palabras simplemente se perdían a mitad de camino en su garganta.
-Céfiro, tienes que calmarte. El murió cumpliendo su deber, el deber por el que tanto hemos luchado. No puedes quebrarte ahora. -Le explicó su líder.
Durante los minutos siguientes, Kirth aguardó, esperando que la joven se calmara, que derramara las lágrimas que necesitara, antes de darle una respuesta, pero fue una pregunta lo que recibió en cambio.
-¿Han dado muerte a su asesino? -Preguntó sin dubitación, aún con lágrimas en sus sonrosadas mejillas.
-No... aún permanece prófugo, y es muy posible que ya haya abandonado las tierras de Upendo Uvumilivu.
-¿De quién se trata? -Cuestionó secamente.
-No debes preocuparte por eso. No tienes que-...
-¿De quién se trata? -Inquirió una vez más, aumentando el volumen de su voz, tanto como el de su furia.
El líder supo entonces que la joven no desistiría, y no tenía razón para hacerlo, pero probablemente eso haría las cosas más fáciles, pues el mismo la conocía bien, y tenía una vaga idea de cuáles serían sus siguientes movimientos.
-Considerando el nivel de poder de Bóreas, es muy factible que quien haya dado fin a su vida en aquel lugar, haya sido el objetivo prioritario código K6: El unicornio. -Concluyó finalmente.
Al oír aquellas palabras, la joven comenzó a oprimir el intercomunicador, antes de continuar. Una gran cólera comenzaba a ganar terreno en su mente, y su corazón comenzaba a ser consumido por el ardiente fuego de la ira.
-Nuestros objetivos no han cambiado, Céfiro. Una vez que alcancemos nuestra meta final, habrá tiempo para hacerle pagar su crimen; por lo pronto lo necesitamos con vida. No es tu deber buscarlo, ¿Entiendes lo que digo? Tu deber es capturar a los especímenes que se te fueron encargados. -Explicó.
-A113, recibido. Enlace finalizado. -Susurró con seriedad luego de unos momentos, para luego cortar la comunicación.
El lugar permaneció en silencio durante instantes que parecieron una eternidad, mientras ambos soldados esperaban atentamente las siguientes palabras de su líder.
-Marshall, Demian, ustedes vendrán conmigo. -Ordenó finalmente de espaldas, sin dirigirles la mirada.
-Señorita, baje la voz. Nuestras identidades no pueden ser descubiertas, debemos mantener nuestr-... -Susurraba a la joven, cuyo pelaje se erizó repentinamente al voltearse.
-¡Al demonio! -Vociferó, dando una voltereta hacia atrás y aterrizando sobre la jaula, provocando un leve crujir del metal, para mirarlos fríamente a los ojos.- Yo... soy Kida, hija de Rufus y Liz. Y seré yo quien extermine a ese maldito, no Céfiro. -Declaró, sorprendiendo a ambos, y pronto incorporándose.- Haré algunas llamadas y luego continuaremos con la misión; pero una vez que reciba la información que necesito, nuestras prioridades cambiarán.
-Nuestras prioridades son la captura de las criaturas especificadas por el centro de mando, señorita... Kida. -Recordó Marshall con seriedad, mientras que Demian demostraba inseguridad a través de su expresión, aún no cayendo en la cuenta de lo que le había sucedido al capitán.
-Rufus fue como un padre y hermano para ustedes, luego de que los nuestros abandonaran Balthosna. ¿Realmente no piensan hacer nada? ¿De verdad van a dejar esto así? -Cuestionó con ira en su voz.
-Señorita Kida, de verdad yo admiraba a su padre, es el único compañero a quien he considerado realmente como un amigo. Pero lo que dijo el señor Kirth también es cierto, pues él murió cumpliendo su deber, y como su hija, deberá honrar su memoria.
-No dije que no continuaríamos con la misión. Lo haremos, capturaremos a cada espécimen indicado por el centro de mando, hasta que lo encontremos a él. -Concluyó.
-Cuenta conmigo. -Declaró Demian, luego de unos instantes.
-¿Acaso vas a-...? -Cuestionaba Marshall, siendo interrumpido.
-Kida tiene razón; luego de que huimos de nuestro imperio, aún con una pequeña de dos años a su cargo, el señor Rufus cuidó de mí cuando perdí a mi familia. Si no vengo su muerte, le estaría dando la espalda a uno de los seres que más ha significado en mi vida. -Concluyó. La joven grifo sonrió ante su actitud, al saber que el mismo la apoyaría en su decisión.
-Tú decides Marshall, o estás adentro, o... -Debió elegir el grifo mayor, algo que no le tomó mucho tiempo.
-Si aquella criatura realmente fue capaz de vencer al señor Rufus sin ayuda, entonces no será un rival fácil. Iré con ustedes, pues solos no lo conseguirán. -Se excusó. La joven sonrió una vez más, y saltó entonces desde la jaula para aterrizar entre sus compañeros, y continuar.
-Entonces está decidido; sin importar donde se encuentre, vamos a hallar a ese bastardo. -Declaró, para luego buscar en su bandolera un pequeño aparato electrónico. Al encenderlo, ingresó rápidamente el código del objetivo, para que en la pantalla aparecieran los datos del sujeto.- Su gente sabrá que el unicornio conocido como Blast Fire, del clan Vivuli... fue muerto por la poderosa garra de Kida Ragadash, del clan del viento. -Sentenció con determinación, cuando sus profundos ojos azules se iluminaron con un verde resplandor.
En la actualidad...
Hacía varias horas que la diosa de la noche había bañado con la luz de su bello astro las tierras de Equestria. La mayoría de sus habitantes ya habían encontrado destino en el mundo de los sueños, mientras que otros aún no eran capaces de partir a tal lugar.
El mismo era el caso de una pequeña familia que vivía a las afueras de Ponyville en una pequeña granja de manzanas, cuyas tierras habían sido cultivadas durante generaciones, y que ahora eran administradas por los jóvenes hermanos Apple y su querida abuela.
En la sala de estar de su morada, la miembro más antigua de la familia se encontraba platicando amenamente con los reconocidos pasteleros del pueblo, que por azares del destino, deberían pasar al menos aquella noche en su hogar.
-Y aquí están Applejack y su primo Braeburn durante la reunión familiar de los Apple hace ya siete años. ¿Les he contado que debimos reconstruir todo el granero ese día? -Intentó sorprenderlos la abuela Smith, frente a lo cual sus invitados sonrieron algo incómodos.
-No abuela, creo que no nos lo habías contado. ¿Qué fue lo que pasó en aquel entonces? -Replicó Carrot con gentileza.
-¿Acaso bromean? Hemos estado aquí dos horas y ya lo ha contado tres veces. -Susurró Pumpkin a su hermano, quien intentó contener su risa, detrás del sofá donde se encontraban sus padres.
-Si... creo que a la abuela Smith le faltan algunas manzanas en el árbol. Oye... he oído que en el huerto sur de Sweet Apple Acres, donde viven los vampiros de fruta, existe un poni vampiro. -Le reveló en un susurro, dirigiéndose silenciosamente junto a ella hacia la entrada del hogar.
-¿De veras? -Cuestionó, sorprendida. ¿Crees que tenga alas de pegaso, o alas de murciélago, como en las películas? -Preguntó con curiosidad.
-Eso vamos a averiguarlo, ¡Anda! Vamos a investigar. -Le dijo, al salir junto a ella por la puerta.
-¡No-o! Lo único que ustedes van a investigar, mis pequeños truhanes, es cuan deliciosa es la cena que está preparando su tío, ¿Verdad Big Mac? -Dijo la joven Apple Bloom, regresando del exterior con los gemelos sobre su lomo.
-¡Sip! -Se oyó una alegre voz desde la habitación continua, en la cocina.
-¡Tía AB! -Exclamaron con enojo.
-Niños, compórtense. Sus tíos fueron muy amables en recibirnos en su hogar, y lo que menos deseamos es molestarlos, ¿De acuerdo?
-Sí, mamá... -Dijeron al mismo tiempo, resignados.
-¡Apple Bloom! ¿Por qué no te sientas a ver el álbum familiar con nosotros? -Sugirió su familiar, con gran entusiasmo.
-Lo siento, pero tengo cosas que hacer... debía... tenía este asunto en-... -Intentó encontrar una excusa, no deseando que su querida abuela la pusiera en vergüenza frente a sus invitados.
-¡Manzanas! ¡La tía AB nos prometió enseñarnos las manzatruenos esta noche! -Exclamó felizmente la pequeña Pumpkin.
-¡Si, eso mismo! Disculpa abue, pero sabes que no me gusta faltar a mis promesas. -Le dijo solemnemente.
-Oh, de acuerdo. Pero tengan cuidado, los vampiros de fruta viven justo en el huerto de junto, pequeñines, y no querrán que los confundan con jugosas manzanas. -Les advirtió, en tono de burla. Solo en ese momento la joven Apple se percató de la jugarreta que los pequeños le habían puesto, y como había caído perfectamente en ella.
-Sí, exacto... no queremos eso... pequeños listillos... -Susurró a los niños, quienes rieron traviesamente.- ¡Volveremos en media hora! -Exclamó de forma que su hermano la oyera, recibiendo una respuesta afirmativa de su parte, para luego salir del hogar con ambos pequeños.
-¿Estarán bien? No es peligroso ahí fuera, ¿Verdad? -Cuestionó Cup, con preocupación.
-Oh, ¡Descuida querida! ¡Los vampiros de fruta no comen ponis! -Exclamó despreocupadamente.- ¿O si lo hacían? -Se preguntó a sí misma con cierta duda.- ¡Da igual! ¡Big Mac! ¿Falta mucho para la cena?
-¡Nop! -Respondió con su característico tono.
-¡Fantástico...! -Vociferó con alegría, quedando unos momentos pensativa mientras observaba a los presentes con recelo.- ¿Y ustedes que hacen aquí? -Cuestionó a los pasteleros, con seriedad.
-Uh... usted nos invitó a su hogar, abuela Smith, ¿Lo recuerda? -Respondió Carrot, algo incómodo.
-¡Oh, es cierto! No se preocupen, ¡Big Mac tendrá la cena lista en un momento! -Continuó con la misma alegría. La pareja pronto comenzó a preguntarse cuanto tiempo durarían allí con la presente senilidad de la miembro mayor de la familia Apple.
-¿Y por qué están tan interesados en ver a los vampiros de fruta? No hay nada especial con ellos. -Les dijo la joven, extrañada.
-¿Bromeas? ¡La tía Pinkie me contó que hace mucho tiempo vio a un poni vampiro entre ellos! -Exclamó Pound, con gran emoción.
-Oh, ¿Así que era eso? Lamento decepcionarlos niños, pero el primer y último poni vampiro desapareció el mismo día que apareció.
-Vamos, estás bromeando. -Replicó, algo molesto.
-Nop, su tía Twilight, junto a sus amigas, se encargaron de regresarlo a la normalidad con sus propios cascos. -Dijo ella, orgullosa.
-¿Por qué lo harían? ¡¿Puede haber algo más genial que un poni vampiro?!
-Bueno, las cosas que hizo con nuestro huerto por aquel entonces no eran tan geniales Pound, ¿Sabes? -Les comentó, con una incómoda sonrisa.- Entonces, ¿Aún quieren ir al huerto, o su tripa ya está gruñendo? -Cuestionó con una ceja en alto, recibiendo un aterrador sonido de parte de las barrigas de ambos hermanos como respuesta.- ¡Eso es suficiente para mí! -Exclamó, disponiéndose a regresar.
-Tía AB, ¿Cuando crees que podamos regresar a nuestro hogar? -Preguntó inocentemente Pumpkin, con un dejo de tristeza en su voz.
-Oh, no se preocupen por eso dulzura. Apenas se enteró de lo que había sucedido, Big Mac se encargó de enviar telegramas a nuestros parientes más cercanos para iniciar la reconstrucción de Sugarcube Corner lo más pronto posible. Conociendo a nuestra familia, puedo asegurar que en menos de dos días todos estarán aquí, listos para trabajar. -Les aseguró. Ya estaban a unos cuantos metros de la entrada cuando se encontraron con la granjera de manto naranja y la pastelera de ojos azules, quienes se dirigían al mismo lugar.
-¡Tía Pinkie! -Llamaron los pequeños, bajando del lomo de la joven Apple, y saltando a abrazar a su querida niñera, quien los recibió gustosa entre risas y festejos.
-¡Hermana! -Exclamó, acercándose a la granjera rápidamente para abrazarla.- ¿Cómo está todo? Pudieron... resolver el problema, ¿Verdad? -Cuestionó, algo preocupada.
-¡No, por favor! ¡Cosquillas no! ¡Todo menos eso! -Gritaba con alegría en tanto la joven de manto rosado, retorciéndose bajo el ataque de los menores. La granjera les dirigió una melancólica mirada, antes de responder a su hermana.
-Si Apple Bloom, está... resuelto. Más tarde hablaremos de ello, ¿Quieres? -Le sugirió. La menor sabía cuando algo andaba mal con la mayor, y no era difícil adivinar a través del tono de voz de la misma la tristeza que la invadía.
Incluso Pinkie, aún cuando actuaba como si nada hubiera pasado, se delataba a través de un tono de rosa oscuro y apagado que se manifestaba en su melena cuando algo la entristecía. Aún así, decidió que lo mejor era dejar las cosas así por el momento, pues lo que menos deseaba era molestarlas en ese entonces. No pasó mucho tiempo antes de que las jóvenes, junto a los menores, pronto ingresaran al hogar.
La atlética pegaso de manto azul sobrevolaba el cielo a la mayor velocidad que era capaz de alcanzar, con un destino fijo en su mente. Creyó que podría alcanzar su objetivo antes de que el mismo lo consiguiera, pero no fue así.
En pocos segundos se encontró sobrevolando el espacio aéreo de la cabaña de su mejor amiga, cayendo en picada hacia la puerta y notando como esta se cerraba a una distancia de pocos metros, en la cual debió detenerse abruptamente para no derribar la misma.
-¡Fluttershy! ¡Déjame entrar! -Exclamó, golpeando repetidamente la puerta con sus cascos.
-¡Vete! ¡Solo... vete! -Fue la única respuesta que recibió por parte de la pegaso amarilla con voz temblorosa, al otro lado de la puerta.
-¡Fluttershy, vamos! -Vociferó, exasperada, para luego aspirar y exhalar profundamente al cerrar sus ojos, abriéndolos después con una ligera mueca de tristeza.- Fluttershy... no voy a irme hasta que me abras... incluso si debo quedarme toda la noche aquí, no voy a dejarte sola. -Sentenció, no recibiendo respuesta alguna, más sabía que su amiga continuaba al otro lado de la puerta.- Bien... -Susurró entristecida, para recostar su espalda contra la entrada, y esperar, mientras contemplaba con anhelo el resplandor de la luna.
La amable pegaso no se había movido de la entrada, pues no disponía de un solo poco de fuerza que le permitiera alcanzar su habitación. Solo permaneció allí, sollozando, con el corazón desgarrado por la pérdida de alguien más.
Los pequeños animales que hasta entonces permanecían dormidos, fueron despabilados rápidamente por los lamentos de a quien ellos consideraban como una madre.
De un sillón exageradamente grande para su pequeño cuerpo, un conejo blanco se retorcía bajo su pequeña manta, pues su sueño había sido perturbado por un molesto sonido. Al emerger de las mismas, su expresión que delataba un gran enfado se vio desvanecida en un instante al notar de quien provenía aquel llanto, que la joven amortiguaba presionando su abundante cabello rosa contra su rostro.
Preocupada en sobremanera, la pequeña criatura se aproximó a la joven a gran velocidad para saber que le sucedía, pasando por delante de todos los animales rápidamente. Se subió a sus patas, trepando por su vientre, e intentó encontrar a la bondadosa joven que allí se encontraba, escondida en su melena, pero apenas llegó a ver uno de sus ojos claros, derramando desesperadas lágrimas.
No sabía qué era lo que había sucedido, pero sabía bien que nunca podría dejarla en tales condiciones, y no hacer nada al respecto. Un fuerte abrazo, tan extenso como se lo permitían sus pequeñas patas, fue lo único que cruzó por su mente para calmarla.
Los sollozos se detuvieron en un intervalo de breves segundos cuando la poni sintió el contacto, para que aquella luego llevara sus brazos a la espalda de la criatura y la abrazara con fuerza. La misma no se resistió, dejando escapar un pequeño quejido por la fuerza del afecto, pero permaneció allí, a su lado, mientras nuevas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. No pasó mucho tiempo antes de que una congregación de los animales que ella cuidaba se hubiera reunido a su alrededor, dispuestos a consolarla.
A altas horas de la noche, a la luz de las velas, una joven alicornio de pelaje purpura examinaba fervientemente cada libro en una sección particular de la biblioteca pública de Canterlot, habiendo obtenido permiso de la monarca del sol para ello.
Desde que el hechizo había terminado y la princesa se había marchado a la misma ciudad, había una duda que había estado cosquilleando en su mente. No podría encontrar la calma hasta que, como siempre, investigara al respecto.
Finalmente encontró lo que buscaba: recortes de diversos periódicos como "El Trote" o el "Canterlot Times" que hablaban sobre el siniestro del dirigible Platinum Star en las tierras de Upendo Uvumilivu, hacía ya... veinte años.
Había diversos textos hablando del mismo, con fotografías adjuntas de las víctimas. Encontró entonces la foto de una joven yegua de pelaje amarillo y crin lacia marrón oscura, quien se encontraba junto a un sonriente pequeño de pelaje color crema, ojos ámbar y crin de dos tonos, amarilla y naranja.
Es él... -Pensó para sí misma.
La foto, en efecto, parecía haber sido tomada poco antes del accidente, pues el pequeño de los sueños tenía una apariencia muy similar sin las vendas que lo cubrían en ese entonces.
Rebuscó un poco más en los mismos archivos y encontró la lista de víctimas del siniestro, los nombres de los diecinueve ponis fallecidos.
-Espera, esto no puede ser posible... -Susurró, al dar vuelta la página. Algo no concordaba con la historia del joven.
Un unicornio despertó abriendo sus ojos lentamente en una habitación oscura iluminada débilmente por la luz de la luna, que se colaba a través de la ventana. Había soñado, había visto pasar toda su vida en un único sueño, desde el momento en que había visto el rostro de su madre por primera vez, hasta el momento en que la vida de su padre había sido cruelmente arrebatada. Lo recordaba, recordaba todo, había revivido tanto momentos maravillosos, como los más horribles que tan solo podría haber concebido en sus peores pesadillas.
Ahora, su mente estaba despejada una vez más. No había tiempo que perder; su objetivo estaba claro, y no tenía otra opción, debía de alcanzarlo. Miró en dirección a la ventana a su derecha, encontrando por la altura de la luna que ya eran altas horas de la noche, antes de intentar levantarse del lecho en el cual se encontraba, siendo detenido por rígidas cuerdas que impedían su movimiento.
Rápidamente intentó usar su poder para quemarlas, pero el aura purpura que cubría su cuerno le impedía efectuar cualquier hechizo. Suspiró con resignación al recordar donde se encontraba, y los sucesos que lo habían llevado a su estado actual.
-Al fin despertaste... -Susurró una tranquila voz en la oscuridad.
El joven intentó ubicar el origen mediante su oído, al mismo tiempo que intentaba percibir al ser. Era una energía muy particular, una que solo había tenido oportunidad de sentir una vez en toda su vida. Al acostumbrarse sus ojos a la oscuridad, encontró al dragón que tiempo antes había conocido, vistiendo una armadura ligera que cubría su pecho y sus brazos, sentado en el suelo y reposando en una pared, sosteniendo sus garras mediante una delgada espada.
-El dragón... -Susurró, no esperando una respuesta realmente.
-Mi nombre es Spike. -Replicó secamente.
-¿Spike? -Inquirió con cierta duda, pues el nombre no contrastaba con el ser al cual se refería.- Da igual... -Continuó luego de unos momentos.- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-¿Desde...? -Comenzó a preguntar, esperando que el otro continuara.
-Desde que la alicornio empleó aquel hechizo... en mi cabeza. -Respondió con una seria mirada. El dragón cerró un instante los ojos al responder.
-Han pasado tres horas. -Dijo, con seriedad. Blast permaneció en silencio durante algunos segundos, dirigiendo su mirada al astro de la noche.
-Creí que mis razones despertarían compasión en sus gobernantes, pero considerando el hecho de que sigo retenido aquí, con un dragón vigilándome, puedo prever que me han negado aquel privilegio.
-Eres muy listo. -Respondió, sin cambiar su postura.
-De haber sido más listo, habría escapado cuando tuve la oportunidad.
-No te habríamos dado oportunidad. -Replicó, con la misma voz.
-Probablemente... -Dijo, suspirando con pesadumbre.- ¿Qué pasará ahora?
-Las princesas decidirán que hacer contigo mañana... hasta entonces, se me ha encargado custodiarte. –Continuó, ahora observándolo directamente.
-Un dragón bajo la orden de tales criaturas... debo decir que estoy impresionado.
-Mis razones no son de tu interés. -Declaró, con una seria mirada dirigida al guerrero.
-No las he preguntado. Después de todo es cierto, no son de mi interés. -Concluyó, cerrando los ojos una vez más.
El lugar permaneció en silencio varios minutos luego de sus palabras, mientras Spike recapitulaba en su mente todo lo que había sucedido entonces desde que había regresado a Ponyville, pero por sobretodo, los sucesos que habían acontecido una vez que el hechizo de la princesa había concluido.
Cual estallido inverso, el fuerte resplandor que emanaba del cuerno de la deidad del sol se disolvió en un instante y la mismísima diosa, ojos cerrados, perdió el equilibrio, cediendo su cuerpo de repente en medio de un fuerte gemido de dolor.
-¡Celestia! -Exclamó la princesa de la armonía, aproximándose rápidamente a su mentora, para posicionarse bajo ella y evitar que la misma cayera.
-Está bien Twilight, aún puedo... mantenerme en pie. -La reconfortó al apoyarse en ella, aún cuando no era capaz de incorporarse rápidamente.
Al dirigir la mirada al guerrero de nueva cuenta, pudo ver que aquel mantenía los ojos entreabiertos, respirando agitadamente, hasta que finalmente cayó dormido. Sus fuerzas se habían desvanecido por completo, y la princesa no estaba en mejores condiciones que aquel prisionero.
-Este hechizo... es muy agotador, tanto para el usuario... como para el objetivo. -Le explicó la princesa, no siendo la información suficiente para tranquilizarla.
-Pero... la última vez que lo hizo... -Decía Twilight, siendo interrumpida por su mentora.
-La última vez apenas recorrimos doce años, Twilight. Esta vez recorrimos veinte años, y aún para alicornios como nosotras no es algo fácil de lograr. -Le explicó una vez más, mientras poco a poco se incorporaba por su cuenta, pronto recuperando su elegante y autoritaria postura.
El resto de los presentes en la habitación se encontraban atónitos; realmente no sabían que había sucedido, y no encontraban explicación lógica para todas las imágenes que habían pasado frente a sus ojos.
-¿Qué-... qué... fue eso? -Preguntó con voz temblorosa la diseñadora de manto blanco.
-Fue el hechizo de memoria que la princesa usó poco antes de mi coronación, para hacerme saber porque merecía tal privilegio. Es capaz de revelar los recuerdos de quien sea, por más ocultos que estén en su mente. -Explicó la princesa de la armonía.
-¿Entonces eso fue... real? -Cuestionó la atlética pegaso, con un nudo en la garganta.
-Lamentablemente... si. El último recuerdo accesible que fuimos capaces de visualizar sucedió hace ya dos meses. No fui capaz de avanzar más pues mi magia se agotó antes de tiempo. -Se disculpó la diosa del sol.
-No puede ser-... -Susurró Spike, cuando un preocupado grito lo sacó de sus pensamientos.
-¡¿Donde está Fluttershy?! -Inquirió Rainbow, buscando en la habitación a la pegaso, sin éxito alguno.
-Debió haber salido apenas el hechizo se completó. -Dijo Applejack con preocupación, pero la joven atleta no la había escuchado, pues había partido de la biblioteca apenas no la hubo hallado.
-Ella es muy sensible, no esperaría otra cosa. -Respondió una apagada voz. Nadie hubiera imaginado que se trataba de la alegre joven de manto rosado, que ahora no parecía mostrar sentimiento alguno a través de su expresión.- ¿Qué va a suceder ahora, princesa? -Cuestionó de la misma manera.
-Pinkie... -Susurró Twilight, preocupada.
-¿Qué sucederá ahora? ¿Va a encerrarlo? -Preguntó con el mismo tono.
-Joven Pinkie, es asunto es... es por demás delicado. Deberé de discutirlo con la Princesa Luna, y juntas decidiremos qué es lo mejor. Mientras tanto... -Dirigió entonces su mirada al dragón presente.- Joven Spike, deberás de cumplir con una misión especial... esta vez, como un soldado de la Guardia Real. -Le dijo seriamente. El dragón asintió al instante.
-Ni siquiera pude preparar su fiesta de bienvenida... -Susurró la pastelera con un nudo en su garganta, y un dolor muy grande en su corazón, recibiendo el cálido abrazo de la granjera.
No pasó mucho tiempo antes de que la cabeza de Spike cayera poco a poco, encontrándose su frente con el mango de la espada que sostenía entre sus garras. Había estado dormitando un buen rato, costándole un poco el permanecer en vilo durante toda la noche como había aceptado unas horas atrás.
El dragón se sacudió ligeramente para despabilarse, refregó sus ojos, acomodó su espalda una vez más contra la pared y levantó el arma blanca frente a él, viendo reflejarse la luz del astro de la noche en el ojo de serpiente que decoraba el espacio entre el mango y la funda. Una sonrisa se dibujó en su rostro al recordar el día en que la había recibido, poco después de finalizar su primer año en la escuela militar.
Era un día gris en las tierras de Equestria, en que los escasos rayos del sol del atardecer se colaban entre las abundantes nubes. Una alicornio de melena estrellada, pelaje azul y cutie mark en forma de luna menguante sobrevolaba el cielo junto a un dragón de escamas color púrpura y púas verdes al cual, debido a sus aún jóvenes alas, se le dificultaba bastante seguirle el paso.
En determinado momento, una fuerte ráfaga de viento estuvo a punto de arrastrar al dragón, pero el mismo fue capaz de sobreponerse ante el clima y mantener la compostura.
-Spike, ¿Estás bien? -Preguntó con preocupación, al ponerse a su actual altura.
-Sí, no se preocupe Princesa.
-Ten cuidado por favor. Oye, si así lo quisieras podrías viajar en mi espalda. -Sugirió ella, a lo cual el dragón se mostró realmente apenado.
-No, no, claro que no, debo viajar a su lado, majestad. De otra forma parecería que es usted quien me protege y no al contrario... aunque así sea. -Susurró al final, algo incómodo.
-No te desanimes Spike, apenas has iniciado tu entrenamiento, pero me han informado que has tenido progresos bastante significativos.
-Si... no son demasiado significativos a decir verdad, pero... el capitán Cloud Skipper me ha felicitado por mi trabajo. Aunque... muchos de mis compañeros aún no aceptan que alguien menor de edad, y sobre todo, un dragón, se desempeñe casi a su nivel.
-No debes permitir que ello te detenga, sigue así, sin flaquear. Si todo marcha bien en dos años podrás graduarte. -Lo alentó.
-No puedo esperar a regresar con Twilight, nunca habíamos estado... tanto tiempo separados... -Su semblante cambió y ahora se mostraba melancólico, al recordar cuán lejos se encontraba de su hogar hacía ya más de un año. Se despojó de aquel sentimiento al darse cuenta de que se encontraban prácticamente sobrevolando los límites de Equestria, y al caer en la cuenta de que, desde que la princesa había aparecido en la academia buscando que la acompañara, aún no se había siquiera preguntado cual sería su destino.- Princesa Luna… ¿A dónde vamos?
-Apreciaría mucho que esperaras hasta que arribemos. No falta mucho tiempo. -Solicitó serenamente.
-De acuerdo… -Respondió, no muy convencido. Luego de unos minutos de silencio, fue la princesa quién continuó, al notar que quizá el dragón había interpretado por su orden que debía permanecer callado.
-Joven Spike, antes que nada, he de decirte que me siento verdaderamente orgullosa de lo que lo que has logrado, pues a tu edad muchos apenas podrían llegar a soñar con llevar a cabo algo semejante.
-Vamos Princesa, tan solo he completado el primer año de la escuela militar...
-A los 13 años. –Continuó, con una tierna sonrisa.
-Sí, bueno, pero…
-No hace falta la modestia Spike, eres un dragón muy especial.
-No tanto como usted cree. -Respondió, no muy convencido, desviando la mirada.
-Te conozco hace muchos años, y sé lo que digo. -Replicó, sin cambiar su semblante.
No teniendo realmente deseos de contrariar a la princesa, se limito a callar, sonriendo en silencio, pues recibir tal alago de la Diosa de la noche no era algo muy usual. Además, estaba seguro de que algo muy importante lo esperaba al final del trayecto.
Pasaron algunos minutos más antes de que entraran en una amplia zona montañosa, cruzando caminos estrechos, y peligrosas zonas de derrumbe, entre las cuales debían mantener el más absoluto silencio.
Finalmente se detuvieron al pie de una de las montañas, ingresando en una oscura cueva iluminada por el resplandor del cuerno de la princesa. Recorrieron un largo camino bajo tierra antes de que la voz de la alicornio se oyera nuevamente.
-Hemos llegado... -Susurró, encontrándose ambos frente a un gran portal de piedra maciza y extraños grabados en el mismo.
-Sí, pero... ¿A dónde? -Cuestionó con cierta duda.
-Pronto lo sabrás... -Replicó con una sonrisa, elevándose majestuosamente hasta la mitad de la altura del portal, aproximándose, e introduciendo su cuerno en la abertura central. El mismo resplandeció por un instante, antes de que los grabados en cada espacio de la puerta desde su centro se iluminaran poco a poco. La puerta comenzó a abrirse segundos después, dando el acceso a un pasillo habitado por las tinieblas, a lo que la princesa encendió su cuerno una vez más, antes de hablarle nuevamente.- Sígueme...
Estuvieron caminando durante varios minutos, mientras el dragón era consumido por la curiosidad de saber el "¿Por qué?". Varias decenas de amplios y angostos pasillos, y otro centenar de escaleras que subían y bajaban después, llegaron a su destino: En una rotonda levemente iluminada que unía los corredores, cuyo centro era alcanzado por la luz del astro de la noche, descansaba lo que parecía ser una... ¿Espada?
Spike dirigió su mirada a la princesa, extrañado; ella se encontraba sonriendo de la misma manera. El dragón ya no podía guardarse sus preguntas.
-Princesa Luna, le ruego me disculpe pero... ¿Qué es este lugar? ¿Por qué vinimos aquí? ¿Sabe la Princesa Celestia que estamos aquí? ¿Eso es una espada? ¿Por qué está aquí? -Inquirió aceleradamente, deteniéndose al final para tomar algo de aliento. Luna rió una vez más por causa de la actitud del joven.
-Para empezar... esto es el templo de las cinco luces de Equestria. Hemos venido aquí porque tengo algo muy importante que decirte. Lo he hablado con mi hermana, lo sabe, y piensa de la misma forma... -Continuó mientras caminaba, posicionándose a su lado.- Lo que ves frente a ti es una de las cinco luces. -Señaló, a lo cual el dragón dirigir la mirada al frente.
-¿Eso es una de las... luces?
-Así es, se trata de la espada Tokijin, donde descansa el espíritu de uno de los grandes titanes creadores. Es una de nuestras muchas tareas, y una de las más importantes que nos dejaron nuestros padres, proteger este templo sagrado...
-¿Sus padres? Eso quiere decir que... que este lugar...
-Sí, tiene miles de años de antigüedad.
-Realmente es... algo muy impresionante. Puedo sentirlo, puedo sentir algo especial en este lugar, en estas paredes... -Comenzó a decir, mirando a su alrededor.
-Lo has notado, ¿No es así?
-Eso creo...
-El alma de quien descansa en esta espada, su voluntad y su poder. -Continuó la princesa, con su mirada perdida en el ojo de serpiente que brillaba con intensidad, una con la cual sus ojos turquesa se deleitaban, pero que su acompañante no alcanzaba a percibir. Al despojarse de aquel grato sentimiento, volteó al dragón de mirada confundida, perdida en aquel mismo punto, y habló una vez más.- Acércate...
-Está bien, puedo verla bien desde aquí... -Se negó, recibiendo una pequeña risa por parte de la Diosa, seguida de palabras pronunciadas con un ligero tono de burla.
-¿Acaso tienes miedo, joven Spike?
-¡Claro que no! S-solo digo... que considerando el lugar en que estamos, siendo un templo sagrado, probablemente sería un insulto, una falta de respeto, el hecho de que me acercara más. -Se excusó.
-Aún no lo comprendes, ¿Verdad?
-¿Comprender... qué? -Cuestionó confundido una vez más.
-Solo acércate, confía en mi... -Solicitó amablemente.
El dragón aún tenía sus dudas, pero no iba a ignorar una orden expresa de la mismísima Diosa de la noche, por lo que siguiendo la misma se aproximó al arma blanca. A menos de dos metros de distancia, sintió un palpitar distinto al de su propio corazón. Por un momento creyó que había sido su imaginación, pero no era así. Ahora lo sentía...
La espada está... ¿Latiendo?
Con una notoria mueca de confusión, Spike se volteó en dirección a Luna, quien con una seria mirada, asintió. El dragón tragó saliva antes de dirigir su mirada de nueva cuenta hacia la espada, caminando a paso lento hacia ella.
A medida que se acercaba más y más, mediante sus sentidos fue capaz de percatarse de que el latido de su corazón se había sincronizado con aquel palpitar proveniente de la espada en una forma perfecta. Su garra temblaba a medida que se aproximaba hacia su mango, casi por inercia. Aquel no era capaz de verlo, pero una sonrisa se dibujó en el rostro de la princesa de la noche.
-Lo sabía... -Susurró ella para sus adentros.
Con un último esfuerzo, el dragón tomó el mango de la espada, y desde la abertura de la roca en la que estaba incrustada surgieron repentinos relámpagos sin truenos que le siguieran, lenguas de luces azules que parecían tener vida propia, y recorrían la habitación de lado a lado, pasando a través de los presentes como si de fantasmas se tratase.
Spike no salía de su asombro, pues se encontraba perplejo por causa del espectáculo que ahora sucedía frente a sus ojos, ojos que en un momento dado se tornaron de un tono amarillo fuerte, antes de recobrar su color verde esmeralda original, y las luces cesaran su resplandor. Pasaron algunos segundos cargados de un silencio sepulcral, antes de que fuera el dragón quien hablara nuevamente.
-¿Qué... qué ha sido eso? ¿Princesa Luna? ¿Qué ha pasa-...? -Cuestionaba, no habiéndose percatado de que aún sostenía el mango en su garra, razón por la que la espada abandonó su prisión, siendo recibida por el mismo.- ¿...-do? -Luna no tardó en aproximarse a él, quedando cara a cara con el dragón.
-Esta luz de Equestria, en particular, ha esperado por un portador durante más de 7000 años. Ese portador... eres tú, Spike. -Explicó cálidamente.
-Princesa, no... no entiendo nada, ¿Qué es todo esto?
-Hace algunos meses, cuando vine aquí a monitorear que todo estuviera en orden en nuestro templo, tal y como lo hago cada año, justo en aquel momento encontré que la espada finalmente estaba reaccionando ante algo, ante un estímulo externo. Considerando que es la única luz que resta en este templo, creí que lo mejor sería investigar al respecto. Pasaron varias semanas y ni mi hermana ni yo encontrábamos la respuesta a tal interrogante. Pero antes de desistir en descubrir la razón, al visitar Ponyville durante la pasada Celebración del Verano, encontramos que tu, joven Spike, el mismo día que la espada reaccionó, fue el mismo día que tus alas aparecieron.
-¿Y eso que significa?
-Es sabido por unos pocos en Equestria... que la aparición de las alas significan el despertar de un dragón, el despertar de su espíritu...
-La espada entonces, ¿Estaba reaccionando a mi par?
-Fue lo primero que pasó por mi mente. Claro, era una pista algo vaga, pero en aquel momento no teníamos una mejor. Antes de traerte aquí, decidí hacer una pequeña prueba... intentar hacerla reaccionar mediante algo que tuviera tu esencia.
-La escama que me pediste... -Susurró, encontrando ahora la razón de aquella extraña petición hecha por la princesa el mismo día.
-Exacto, hice uso de tu escama para saber si mis suposiciones eran ciertas. Imaginaras que los resultados obtenidos confirmaban mis sospechas. Esa es la razón por la que estás aquí el día de hoy.
-Pero... Princesa... -Comenzó a decir, no alcanzando a formular su pregunta. Luna entonces notó un dejo de tristeza en la voz de aquel joven dragón.
-¿Qué sucede Spike? ¿No... estás feliz? Es un gran honor el que estás recibiendo ahora, en este preciso lugar e instante. -Intentó animarlo, recibiendo una mirada que contrastaba con aquel tono, no encontrando razón para tal expresión.
-Lo sé, pero... ¿Por qué yo? -Cuestionó finalmente.
-Lamento decepcionarte, pero ni siquiera yo tengo la respuesta a tal interrogante. Solo la Voluntad del Universo sabe el porqué del actuar de los titanes, y es el creador de los cielos, quien te eligió como el portador de su legado. Quizá haya visto algo en ti que no vio en ningún otro de los Ecuestres que habitan estas tierras, aunque claro, es solo mera especulación. Esto no quiere decir que ahora posees el poder de uno de los grandes titanes; lo que sostienes en tus garras es apenas un mínimo fragmento de su espíritu materializado en el arma nombrada Tokijin, la cual desplegará su máximo poder en base al de su portador.
-Eso significa que...
-Que mientras más hábil y poderoso sea quien la empuñe, mayor será el filo y poder que presente la espada. -Completó ella, con seguridad.
-Espere, usted dijo que esta es la única luz que restaba en este templo, ¿Qué sucedió con las otras?
-Durante nuestra batalla con Discord, hace 1200 años, el espacio sufrió cambios extremos, incluyendo este templo. Él sabía sobre estas ármas, y sabía también que si alguien se hacía con su poder no tendría oportunidad de vencer, esa es la razón por la cual atacó este lugar en primera instancia. Aún con todo su poder, Discord no era capaz de destruir estas armas, razón por la cual su única opción era desgarrar esta dimensión. A causa de ello, las cuatro luces restantes se perdieron y al día de hoy permanecen ocultas. Así como podrían estar en Equestria, podrían estar en cualquier parte del mundo. Junto a mi querida hermana tan solo fuimos capaces de proteger esta espada, pero al no responder ante ninguna de las dos, este medio para detener a nuestro mayor enemigo quedó descartado. Pocos años más tarde, luego de enfrentar duras e infructuosas batallas contra nuestro mayor enemigo, supimos de la existencia de los Elementos de la Armonía, los cuales tiempo después se convertirían en nuestra carta de triunfo para vencer al maestro del caos. Una antigua leyenda que data de milenios antes de nuestra llegada dice... que cuando nuestro mundo corra peligro de ser destruido por las garras del maligno una vez más, las cinco luces despertarán y guiarán a sus guardianes en la oscuridad, para que de esa forma, el poder combinado de los cinco disuelva la maldad, y recupere el equilibrio de nuestro hogar.
-Espere... ¡He oído eso antes! Lo recuerdo, en uno de los libros de Twilight, hace mucho tiempo...
-No me extrañaría, después de todo, como he dicho, es una antigua leyenda.
-Sus libros también me han enseñado que las profecías que dejan las antiguas leyendas suelen hacerse realidad. -Le recordó, mostrándose algo incómodo luego de proferir tales palabras. La princesa de la noche suspiró audiblemente al oírlo.
-Buen punto...
-Entonces... ¿Qué sucederá ahora? ¿Qué hago con esto?
-Spike, Tokijin te pertenece de ahora en adelante. Tu eres tu portador y protector, tu sabrás darle el uso adecuado cuando el momento llegue. -Expresó con calidez. El dragón mostró cierta confianza al oír las palabras de la princesa, ahora blandiendo la espada con ambos brazos, cuando una cálida sensación recorrió su cuerpo desde la punta de su cola hasta la última escama de su cabeza.
-Es... increíble. -Susurró, aparentemente a la misma espada.
-Ahora puedes sentirlo claramente, ¿No es así?
-Si, lo sé, puedo... puedo sentirlo...
-Sabemos que harás lo correcto, Spike. Confiamos en ti. -Le dijo finalmente, apoyando su casco sobre su hombro.
Ahora sostenía en sus garras aquel elemento que tres años atrás le había sido confiado. Realmente sentía que era parte de él, casi como si... como si hubiera hecho uso de ella en otra vida. Era algo difícil de explicar, pero sabía que había un vínculo especial entre ambos.
Junto con el recuerdo de Tokijin, sobrevinieron los de sus años en la escuela militar, su reencuentro con Twilight, Rarity, todas sus amigas tan queridas, a quienes consideraba su adorada familia.
Pero algo sucedía en su cabeza. Ahora no solo sobrevenían aquellos recuerdos, sino otros. El entrenamiento con Hekima bajo una fuerte tormenta, el enfrentamiento con las arañas Kripia, la partida de Shisui. Aquellas imágenes se habían grabado en su mente con una perfecta perspectiva de primera persona; tal y como si él hubiera sido su protagonista.
No podía evitar pensar que sabía cada detalle de la vida de quien ahora se encontraba prisionero frente a él. Cada alegría, así como cada tristeza. Algo le molestaba, y era el hecho de que mientras el dragón sabía todo sobre el unicornio, aquel no sabía nada sobre el primero.
¿Pero qué hacer? Más allá de todo lo que había visto, lo que había sucedido en la tarde también tenía un gran peso en su mente, pues sin ir más lejos, había estado a punto de dar fin a la vida de Gilda, así como también la de su querida amiga, Rainbow Dash.
Su seño se frunció por breves instantes al recordarlo; de no haber sido por Twilight, el mismo hubiera enfrentado a la peligrosa criatura, algo que claramente hubiera sido para desventaja de esta última. Aún así, aquella expresión de odio desapareció con el pasar de los segundos, pues no era capaz de mantenerla a razón de aquellos recuerdos ajenos.
Muchos pensamientos pasaban por su mente en aquel momento, y todo se reducía a dos simples opciones: Podía continuar con su labor como la princesa había ordenado antes de partir, sin decir palabra alguna hasta el alba, o...
-La alicornio de pelaje lavanda que estuvo aquí hasta hace unas horas... su nombre es Twilight Sparkle. Ella fue quien cuidó de mí desde que era pequeño, y es la razón por la que he permanecido entre los ponis desde entonces. -Rompió el silencio finalmente el dragón. El unicornio abrió lentamente los ojos, dirigiendo una mirada sin expresión a aquel que ahora le dirigía la palabra, extrañado en su interior.
-¿Por qué me cuentas esto? -Cuestionó con curiosidad.
-Acabo de ver toda tu vida a través de tus ojos, o al menos desde lo primero que eras capaz de recordar. Es algo... egoísta... que no sepas nada de mí. Además... creo que somos parecidos en ese sentido. -Explicó el guardia. Esto causó que el guerrero entrecerrara los ojos en señal de confusión.
-¿En cuál? -Preguntó finalmente.
-En el sentido de que, cuando llegamos al lugar que hoy es nuestro hogar, muchos veían en nosotros el rostro de la tragedia, el hecho de que nuestra presencia no podría traer más que desgracias, pero hubo alguien que nos vio con ojos amables y sinceros, y nos trató como iguales. -Continuó serenamente. El unicornio lo observó detenidamente durante unos instantes, sorprendido, antes de cerrar sus ojos una vez más, al quedar mirando en dirección al techo nuevamente.- Entonces... ¿Por qué Equestria? De todos los países y reinos posibles, ¿Por qué venir aquí? ¿Qué fue lo que te trajo? -Intentó seguir el dragón al no obtener respuesta alguna, aunque estaba seguro de la razón.
-¿Acaso intentas sacarme información? -Cuestionó, sin cambiar su postura.
-¿Tiene alguna importancia ahora? -Retrucó con serenidad. Luego de unos momentos, el guerrero se dispuso a hablar, pues aquel estaba en lo cierto, no tenía caso ocultar datos menores ahora mismo, menos cuando el dragón quizá pudiera darle una mínima pista sobre su objetivo.
-He venido en busca de una vieja amiga, a quién has conocido gracias a mis recuerdos. -Comenzó a relatar. El dragón, claro, sabía exactamente a quién se refería.- Su nombre... es Shisui.
-¿La cebra de tus memorias? -Cuestionó. Spike no tenía intenciones de dar demasiados detalles sobre la misma, pues desconocía cómo reaccionaría el unicornio si recibía la información que él poseía.
-Si... como ya has de saber, ella partió de Vizuri Shetani hace ya doce años. Desde entonces no he sabido nada de ella. Cuando partí de mi pueblo hace dos meses supe que, aún en óptimas condiciones, no podría enfrentar por mi cuenta a los grifos que atacaron mi hogar. Obviamente, tampoco podía solicitar el apoyo de cualquier clan de Upendo, no cuando cada uno de ellos ansía con fervor nuestro territorio; los mismos aprovecharían cualquier oportunidad para tomarlo. Por eso necesitaba de un buen apoyo. Ella... ella es la única que puede ayudarme a detener a esas bestias. Siempre fuimos un gran equipo... y sé dentro de mí que aún lo somos, que aún podemos serlo.
-¿Estás... seguro? Ella era parte de la rama médica, ¿En verdad crees que pueda servir de apoyo en un combate semejante? Debo... suponer que ya lo has considerado, y has pensado en algo... ¿Verdad?
-Una vez que la encuentre... partiremos hacia las tierras de los grifos, encontraremos a quienes ejecutaron el ataque, y juntos, lucharemos codo a codo contra esas bestias, haciendo uso del enlace Mara Mbili Hekima.
-¿La técnica de la cual habló tu abuelo?
-Sé que si logramos el enlace, obtendremos un poder incomparable. Por desgracia, desconozco la forma de activarlo, pero sé que el señor Kuhn se lo enseñó algunos años antes de su partida.
-Aún así... por más que alcancen un poder similar al de Kukubwa Hekima, no hay garantía de que lo consigan.
-¿Qué es lo que quieres decir?
-Blast, debes tener en cuenta... que deberían enfrentar a cientos de soldados grifos. No creo que el batallón que atacó Vizuri represente a todas sus tropas. -Intentó razonar con él.
-Correré el riesgo, es la única forma de salvar a nuestra familia-...
-¿Y crees tú que sería seguro para Shisui? -Lo increpó. El guerrero se detuvo en seco, pues no se había parado a considerar que no solo arriesgaría su vida en tal batalla, sino también la de su más querida compañera.- Por más que lucharan con todas sus fuerzas, esas criaturas no se parecen a nada que hayan enfrentado antes. ¿No lo has notado? Fueron preparados para capturarlos. No solo tenían conocimientos generales de la aldea, sino de cada uno de ustedes. De alguna forma fueron capaces de observarlos durante años, preparándose precisamente para ese momento. Puedes decir lo que quieras, pero enfrentarlos ahora mismo es una completa locura. Súmalo al hecho de que tu salud está sumamente deteriorada y entonces-...
-¡Cierra la boca! -Lo detuvo en seco. Spike lo observó furioso por unos instantes, pero su expresión se desvaneció a una de asombro cuando vio resplandecer a la luz de la luna... lágrimas... lágrimas que recorrían las mejillas del guerrero, quien cerraba fuertemente sus ojos en un intento por detenerlas.- Cállate... calla... no quiero oírlo. -Susurró en un tono apenas audible a los oídos del dragón. El mismo suspiró profundamente, antes de intentar continuar en una forma más... comprensiva.
-Lo mejor que puedes hacer ahora... es esperar a ver que decidirán las princesas, a que tus heridas sanen, y entonces podrás decidir qué hacer. -Concluyó. Luego de unos momentos de silencio, Blast necesitaba despojarse de la pregunta que lo aquejaba desde hacía ya un buen rato.
-¿Tú... la has conocido?
-¿A quién? -Replicó Spike.
-Shisui... -Susurró el prisionero. El dragón ya había decidido no contarle nada sobre ella por el motivo antes mencionado, pero se trataba de "evitar determinados detalles", como le gustaba llamarle, no de mentirle a alguien, algo que se había prometido a si mismo no volver a hacer varios años atrás.
-Si... la he visto en algunas ocasiones... -Comentó, desviando la mirada. Por primera vez en toda la noche los ojos del unicornio se encendieron con esperanza. Lo sabía, quien buscaba con urgencia allí se encontraba.
-¿Donde está ahora? -Cuestionó con necesidad, recibiendo un largo silencio por parte del otro.- Si lo sabes… te suplico que me lo digas...
-Es-... es difícil saberlo. Sé... que visita este pueblo de vez en cuando, pero... nunca se queda aquí mucho tiempo... -Continuó. Claramente eso era cierto, aunque dentro de escasos meses aquello cambiaría.
-Entiendo... -Respondió finalmente, manteniendo la calma, y habiendo tomado una determinación.- Una vez que me haya recuperado... iré en su búsqueda.
-Puede que antes debas enfrentar un juicio por tu crimen. -Recordó el dragón.
-Lo sé...
-Aunque… si demuestras arrepentimiento, puede incluso que las princesas reduzcan tu condena. -Sugirió.
-Ya te lo he dicho... si pudiera ponerme de pie una vez más, terminaría mi trabajo... terminaría con esa grifo de una vez por todas. No sé porque insisten en protegerla, ni que trato tengan con ella... pero eso ya no importa, porque la destruiré en cuanto tenga la oportunidad. Es lo que decidí el día que esas bestias invadieron nuestro hogar: acabar con todas y cada una de ellas. -Concluyó.
-Déjame contarte algo, Blast. -Continuó el dragón, con seriedad.- Algo que sucedió no mucho tiempo atrás. Hace ya catorce años, cuando se declaró un tratado de paz entre Equestria y Balthosna, el imperio de los grifos, no solo se favoreció la economía de nuestro reino al abrirse las puertas al libre comercio, también se favoreció la diversidad cultural en el mismo. Así como muchos de nuestros habitantes partieron por buenas ofertas de trabajo al imperio grifo, muchos otros de aquél vinieron aquí buscando establecerse en las tranquilas tierras del reino ecuestre. Tal fue el caso de la familia de una pequeña grifo de pelaje café y blanco plumaje, que llegó aquí con sus padres a la edad de ocho años...
-¿Qué tiene que ver esto con-...?
-Déjame terminar. -Lo detuvo en seco, con una fría mirada. El unicornio solo obedeció, no deseaba fastidiar a alguien que podía cortarle el cuello de un solo tajo si así lo deseaba, así como también una parte de él deseaba saber cuál era su punto.- Aquella... era una niña algo arisca, a quien le costaba seguir las reglas de Junior Speedsters, la escuela de vuelo en la cual la habían inscripto, y relacionarse con cualquiera de sus compañeros. Pero un día, sin esperarlo siquiera, conoció... a cierta pegaso de crin arcoíris, con quien finalmente fue capaz de entenderse, y de la cual tiempo después se hizo una gran amiga. Pasaron los años, tuvieron sus diferencias, se distanciaron por un tiempo, pero volvieron a reunirse, y al día de hoy permanecen juntas, tal y como al principio, unidas por un lazo de amistad irrompible.
-E-espera, ¿Estás hablando de-...?
-La grifo de la cual hablo... es Gilda, a quien atacaste brutalmente y sin piedad el día de hoy. Ella ha vivido en nuestro pueblo durante los últimos cinco años, por lo que es... imposible que haya sido partícipe del ataque a tu pueblo, al igual que muchos otros grifos que también viven aquí. Y quien le salvó la vida en el último momento, cuando su cuerpo estaba a punto de ceder... fue la pegaso azul con quien compartió la mayor parte de su infancia, su mejor amiga...
-Rainbow Dash... -Continuó, casi susurrando.
El silencio se hizo presente en la habitación una vez más mientras el guerrero procesaba todo lo que acababa de oír; al ver en los serios ojos del dragón, no le cabía la menor duda, no creía posible que el mismo estuviese mintiendo. Aquellas palabras resonaron en su mente un largo rato, durante el cual el guardia esperó pacientemente su resolución.
Si todo eso era cierto, había estado a punto de poner fin a la vida de un inocente, algo que no lo hacía mejor que las criaturas contra las cuales había dirigido su odio. Pasaron varios minutos mientras el joven intentaba encontrar palabras para decir lo siguiente.
-¿Cómo... cómo está ella? -Cuestionó débilmente, aún sabiendo que no tenía ningún derecho a hacer una pregunta como esa.
-Está en el hospital del pueblo. Sus heridas tardarán algún tiempo en sanar, especialmente las de su cuello y rostro. Aún así, vivirá. -Respondió secamente. El unicornio suspiró con alivio, pero sin despojarse de aquel sentimiento que ahora lo agobiaba, el sentimiento de haber estado a punto de cometer un grave error.
-Después de todo lo que sucedió... al final, actué de la misma forma en que lo hicieron mis peores enemigos...
-Es algo tarde para lamentaciones, ¿Sabes? Lo hecho, hecho está, y no puedes remediarlo...
-¿C-cómo iba a saberlo? Yo... simplemente... yo... solo...
-No puedes excusarte de lo que has hecho, pero puedes dar gracias a las princesas de que aquello no llegó demasiado lejos.
-Solo... solo espero que esté bien...
-Lo estará. -Concluyó el dragón secamente. El unicornio permaneció intranquilo durante algunos instantes, antes de suspirar profundamente, y relajar cuerpo y mente en el proceso. Al notarlo, el dragón continuó, pues tenía la capacidad de sacar de su mente aquellas ideas de una vez.- Si te interesa saberlo, los grifos que conocemos son muy distintos de los que atacaron Vizuri Shetani. Puedo asegurarte... que los grifos que vimos en aquel lugar no provenían de Equestria, y probablemente tampoco de Balthosna.
-Entonces... ¿De donde?
-No lo sé, hay muchos cabos sueltos en todo este asunto a mi parecer, pero una vez que todo esto termine, el imperio grifo debería ser tu siguiente destino. No puedo asegurar que encuentres allí a los perpetradores del ataque, pero puede que encuentres alguna pista sobre ellos.
-El imperio grifo... -Susurró, con cierta duda.
-Ahora que sabes esto, ¿Qué harás? -Cuestionó una vez más, con curiosidad.
-No puedo arriesgarme a lastimar a un inocente una vez más. Ahora lo veo; no es su especie en general como lo creí en un principio, sino alguien... alguien en particular fue quien causó esto. Alguien comandaba el ejercito que atacó mi pueblo, y a mi clan, y estoy seguro de que no era Bóreas, pues el mismo estaba siguiendo las ordenes de alguien más. ¿Qué haré? Salvaré a mi familia, encontraré a quien provocó todo esto... y acabaré con él... tomaré venganza por la muerte de mi padre, y el secuestro de mi clan...
-La venganza nunca resuelve nada... -Siguió Spike, intentando convencerlo.
-Puede que no, pero es lo que pienso hacer. -Replicó Blast, con seriedad.- No sé qué clase de infierno me espere más adelante, pero no tengo otra elección. No escapará de lo que ha hecho...
-Más adelante tendrás tiempo para pensar en eso. Por el momento, lo único que resta... es el presente. Mira bien en donde te encuentras, y cuál es tu posición. Sé que no eres un mal tipo, Blast, pero las princesas tendrán la obligación de juzgarte imparcialmente. Deberás pasar por eso, y si ello implica una condena de varios años, deberás de cumplirla.
-Mi familia no tiene años, Spike. La verdad... no sé cuánto tiempo tengan, pues no sé que planean hacer con ellos. Si algo así llegara a suceder... no tendré otra opción. Lo sabes...
-Puede que sí. Y en ese entonces, la Guardia Real tampoco tendrá otra opción. -Retrucó él. El unicornio suspiró profundamente, sabiendo a lo que se refería.
-¿Tuviste oportunidad de conocer a tu familia, Spike? -Cuestionó, sorprendiéndolo. El dragón permaneció en silencio, desviando la mirada.- ¿La tuviste? -Insistió una vez más.
-No. -Respondió con pesadumbre.- Durante la migración de dragones, hace más de 100 años, mi huevo cayó del lomo de uno de ellos en el castillo de Canterlot, la capital de Equestria. La princesa intentó inducir una eclosión a través de su magia para salvar mi vida, pero no fue capaz. Desde entonces, decidió conservar el huevo por si su madre alguna vez volvía en su búsqueda, y siempre guardó el mismo celosamente. Luego de algunas décadas, cuando parecía que la misma ya nunca regresaría, la princesa del sol decidió poner en práctica una idea que se le había presentado: tomó el huevo, y lo usó para evaluar a los nuevos estudiantes en su escuela de magia, pues esperaba que alguno de ellos pudiera descifrar el hechizo para traerlo a la vida. Pasaron los años, y ninguno de los alumnos parecía tener idea de cómo concebir tal hechizo, hasta que un día... una joven poni de manto lavanda, en medio de su prueba de aptitud, despertó un sorprendente potencial mágico, y parte de esa magia fue a parar al huevo de dragón. Y así, en un segundo, el mismo se rompió, dando a luz a un ser cuya vida se creía perdida desde hacía años. La nueva alumna tomó en sus brazos a aquel dragón, y desde entonces nunca se ha separado de él...
-Asumo que esa poni era Twilight Sparkle, ¿No es así?
-Poder deductivo excepcional... -Replicó con una sonrisa burlona, la cual se desvaneció con el paso de los segundos al manifestar una melancólica expresión.- Estoy feliz de que haya sido ella quien logró traerme al mundo, y quien cuidó de mi desde pequeño, pero... solo desearía... haber visto el rostro de mi madre, o mi padre... tan solo una vez. Saber si se parecían a mí, como eran... es lo único que siempre he querido. También has sentido esa necesidad, ¿No es así?
-Si... supongo que también nos parecemos en ello. Al menos tu quizá, tan solo quizá, tengas la oportunidad de verlos algún día. Sin embargo yo... quizá no tenga esa suerte, y no estoy hablando solo de mis padres biológicos...
-Blast... -Susurró Spike, al notar el tono del unicornio.
-Luego de lo que sucedió hoy, así como ustedes pudieron ver mi vida a través del hechizo de la alicornio, yo también fui espectador de cada recuerdo que iba surgiendo desde el fondo de mi subconsciente. Mientras aquellas imágenes aparecían frente a mí, sin detenerse, comencé a pensar que... que hay cosas que olvidamos, y hay cosas que nunca podremos olvidar. Es gracioso, ¿Sabes? Al final... no sé cuál de las dos es más triste...
-Siento lo de tu padre, Blast... de verdad lo siento, lamento que haya tenido que terminar así... -Le dio sus condolencias, pero el unicornio no alcanzó a responder, pues se había sumergido en la misma tristeza que hasta hacía poco tiempo había sufrido, una vez más.
-El... el me amó como si fuera su propio hijo, aun cuando no sabía quien o que era yo exactamente. Cuidó de mi, me protegió, me enseñó todo lo que sabía, sin esperar nada a cambio. En el último momento le prometí... le prometí que cuidaría de nuestra familia... es lo único que me a pedido en todos estos años... -Decía, cambiando su semblante ligeramente a uno más serio, antes de continuar.- Y es una promesa a la cual no puedo, ni pienso faltar... -Concluyó con determinación. Para este punto, el dragón notó que la luna ya se encontraba fuera de su campo de visión, presagiando que restaban escasas horas de oscuridad.
-Aun quedan algunas horas antes del amanecer... deberías de aprovechar ese tiempo para descansar y... reponer energías. Le dijiste a Pinkie que hacía algún tiempo que no dormías correctamente, no podrías haber encontrado una oportunidad mejor para hacerlo. -Intentó ser optimista al hablar, no esperando una respuesta en verdad.
-Es posible. -Contestó luego de un largo suspiro, volteando en dirección a la ventana, permaneciendo pensativo durante algunos minutos.- La noche... se ve muy distinta en este lugar... muy distinta a lo que era en mi hogar... -Pensó, antes de cerrar sus ojos y caer en un profundo sueño, uno que hacía mucho tiempo no tenía oportunidad de disfrutar.
En el balcón de una de las torres más altas del castillo de Canterlot, permanecían sentadas dos bellas alicornios, admirando al majestuoso astro de la noche mientras platicaban. La deidad del sol había puesto al corriente a su hermana menor sobre la situación acontecida en el tranquilo pueblo próximo a su ciudad, y luego de dar un largo suspiro, dirigió la mirada al cielo nocturno una vez más.
-Asique eso fue lo que sucedió... -Habló Luna finalmente.
-Sí. ¿Tú qué piensas? -Cuestionó con curiosidad.
-Es un asunto delicado. Si bien es cierto que cometió un crimen contra uno de nuestros súbditos, también es cierto que su pueblo corre un grave peligro. En cualquier caso, eximirlo de tal cargo de por si sería una injusticia, pero dejarlo ir en busca de su familia sería lo mismo que sentenciarlo a muerte, pues si la descripción que me has dado del enemigo es acertada, dudosamente el solo pueda hacer algo contra ellos. Me gustaría decir que podemos enviar a nuestras tropas para solucionar este asunto y salvar al pueblo de Vizuri, pero lo único que lograríamos al entrometernos de esa forma sería sentar las bases para una guerra entre Equestria y Balthosna.
-Lo he meditado mucho, y no hay forma en que podamos intervenir directamente sin que la misma acción derive en algo terrible para nuestros queridos ponis.
-También es muy factible que quienes han atacado aquellas tierras intenten algo similar contra Equestria. ¿Lo has pensado?
-Sí, y ya he actuado en consecuencia. Al amanecer, se triplicará la seguridad en las fronteras, y se aumentaran los controles, para así evitar el paso de forasteros.
-Sabes bien que esas medidas no serán suficiente si algo así llegara a suceder... -Recordó con pesar, uno que la Diosa del sol no acompañó, pues mostraba una expresión de gran determinación.
-Es lo único que podemos hacer por el momento, mientras intentamos resolver esto con diplomacia, como siempre hemos hecho.
-Sabes que no siempre ha sido así... -Dijo Luna, haciéndola recordar los momentos en que debieron enfrentar poderosos enemigos dentro de su mismo reino, incluyendo a Nightmare Moon.
-Luna, deseo evitar cualquier situación que pueda desembocar en una guerra, no enviaré al campo de batalla a nuestros súbditos. Encontraré la manera...
-Eso espero, querida hermana...
-Es cierto que Balthosna ha tenido una buena relación con Equestria desde que se estableció el tratado de paz entre ambos reinos, e incluso, de la misma forma en que una gran cantidad de habitantes de Balthosna se ha establecido en nuestro fructífero reino para vivir sus vidas, muchos de nuestros súbditos han hecho lo mismo, migrando hacia su gran imperio. -Decía Celestia, pronto recordando la conversación que había tenido con los Elementos esa misma tarde.- También... lo he discutido con Twilight y las demás, y llegamos a la conclusión de que hay una posibilidad... de que quienes hayan perpetrado aquel crimen no sean habitantes de Balthosna. -Susurró con seriedad, y la mirada perdida.
-¿Qué les hace pensar eso? -Cuestionó una vez más.
-Había algo en los grifos que atacaron Vizuri Shetani, algo que los hacía distintos a todos los que conocemos...
-¿Recuerdas algo... en particular?
-Si... su contextura.
-¿Su contextura?
-Eran demasiado... grandes, y créeme que he visto grifos de gran tamaño, pero aquellos no tenían comparación, y de la misma forma, tampoco la tenían su velocidad y fuerza. Eran capaces de regenerar sus cuerpos, y también... había un grabado en el borde de sus alas en color negro, que estaba escrito en un idioma distinto al de su imperio, en cada uno de ellos...
-Aún así, son pistas algo vagas, no hay mucho que podamos hacer en base a ello, pues no podemos ir por ahí buscando grifos con tales rasgos y asumir que son los responsables...
-Por eso necesitamos más información, lo único que tenemos por el momento son retazos de una fotografía rota.
-Razón tienes, querida hermana. Pero he de hacerte una pregunta que ha estado en mi mente desde que finalizaste tu relato. -Continuó ella.
-Dime...
-¿Por qué Spike? -Inquirió con curiosidad.
-¿A qué te refieres?
-Podrías haber asignado a guardias específicos para la tarea, sobretodo porque, más allá de que esté restringido, el prisionero se encuentra en medio de una zona pública y habitada por civiles.
-Trasladarlo en ese momento no era la mejor opción, y hay una razón especial por la cual asigné a Spike, y no hubiera elegido a nadie más.
-¿La cual es...?
-Es simple. Aquel unicornio... me recuerda al pequeño dragón que por azares del destino llegó a nuestro reino, aquel que hoy en día es uno de sus mayores protectores. Creo que es el indicado para comprender al joven Blast, quien ha pasado por una situación muy similar a la suya, encontrándose en un lugar muy lejos de su hogar, entre seres de distinta especie, entre los cuales encontró a sus mayores amistades.
-¿Comprender al prisionero? -Cuestionó, arqueando una ceja.- No suena como si tuvieras intenciones de condenarlo.
-Para ser sincera, considerando las circunstancias, estoy pensando en una condena diferente, una que podría beneficiarnos a ambos. Claro, si tú estás de acuerdo...
-Lo dejaré en tus cascos, entonces, pues sé que tomarás la decisión correcta. -Respondió cálidamente la princesa.- Entonces... ¿Cuáles han de ser nuestros próximos movimientos, querida hermana?
-Yo continuaré con la investigación en todo este asunto, pero el siguiente paso requiere de tu intervención personal. -Le dijo, cerrando los ojos brevemente para sentir el fresco viento del otoño mecer su melena.
Ok, ya sé que les prometí que iba a tardar menos en actualizar, lo sé y me responsabilizo por ello, pero como les dije: la vida es impredecible. Estoy pasando por un momento bastante complicado -no se preocupen, aunque no creo que lo hagan; no es nada malo, sin embargo había reducido sustancialmente el tiempo que tenía disponible para trabajar en este proyecto durante los últimos meses-, pero no pienso aburrirlos con los detalles.
Volviendo a lo nuestro, ¡Regresamos a Ponyville! No tan pronto como esperaban, seguramente. No, antes el nuevo enemigo debía mostrar sus garras. Imagínense: Dos hijos que continúan con la batalla que sus padres un día iniciaron, antes de morir. ¿Qué va a suceder más adelante? Solo el tiempo lo dirá...
Sé, estoy seguro, de que a algunos les habrá molestado cierto detalle que incluí en esta historia. ¿Spike tiene una espada "mágica"? Si, se imaginarán que siendo un dragón ahora entrado en edad dispone de una buena fuerza física, pero ello no será suficiente para afrontar los peligros que le deparan a nuestros héroes más adelante.
El espíritu de los cinco titanes creadores, almacenados en cinco armas especiales... sé que leí sobre ello en algún lado. ¿O quizá no? Bueno, seguramente ustedes conozcan la respuesta. Y hablando de referencias, quienes hayan encontrado la de Silent Hill, siempre van a tener un lugar especial en mi corazón.
¿Por qué el resplandor verde en los ojos de la grifo? ¿Qué es lo que no concuerda en la historia del unicornio? ¿Cuál es la condena que le depara? ¿Qué hará Luna? ¡Descúbranlo en el próximo capítulo!
¡Hasta la vista! ¡Y gracias por leer!
