Hola, agradezco a todos por tomarse el tiempo de leer y dejarme sus comentarios y solo por ello decidí subir este capítulo un poco más rápido. Espero que lo disfruten.
Ustedes saben que YOI no es mío, solo me encanto lo suficiente como para inspirarme a escribir.
-Muy bien, muy bien. Mallie un poco más de delineador en esos ojos- la Omega caminaba por el lugar, revisando que cada detalle estuviera perfecto.
Veía a cada uno de los Omegas y los preparaba detenidamente, según ella debían verse perfectos para tener mejores oportunidades en la subasta.
Yuuri arrugó la nariz, preguntándose como otro Omega podría trabajar en esto, era humillante estar en aquel lugar. En el momento en el que piso aquel edificio se apoderó de él una sensación de desasosiego, el lugar estaba lleno de un aroma floral con un toque de canela, no le agradaba para nada y le eriza a la piel.
Su audiencia había sido peor de lo que esperaba, primero le hicieron preguntas de rutina y cuando ya se estaba sintiendo un poco más tranquilo, uno de los Alfas le preguntó sobre su vida sexual. Si había tenido relaciones íntimas con otros Alfas, que sí contaba con cualquier experiencia para después enumerar las prácticas sexuales para asentar si tenía alguna, a la segunda mencionada ya estaba rojo y a la décima sentía una terrible incomodidad.
Le preguntaron de su celo y como se las arreglaba durante este. Si el mismo se aliviada o si alguien más lo hacía por el, si tomaba supresores y como los conseguía.
Una vez terminado esto le preguntaron sobre Viktor, lo que había sucedido, como había sucedido, que sí llegaron a algo más íntimo ¿Qué cosa es más íntima que el amor?
Le hicieron quitarse la ropa hasta quedar completamente desnudo para que lo examinarán, lleno de vergüenza tuvo que soportar que le tocarán, que lo examinarán y que le tomarán fotografías. Cuando le pidieron que volviera a colocarse sus prendas sentía sus ojos arder y con la mandíbula apretada procedió a vestirse lo más rápido que podía.
El veredicto, sería llevado al salón Velvet en el cual sería debidamente preparado para la subasta de ese mismo día.
No tardaron nada en trasladarlo, le pidieron que se duchara y ahora estaba en una habitación con más Omegas como el. La mayoría tenía una triste mirada y la sensación en el lugar era de miedo. Todos los que estaban ahí tendrían su mismo destino.
-Yuuri- le llamó la mujer, se puso de pie por obligación – Tu saldrás detrás de Michele Crispino- dijo señalando a un hombre castaño.
Se colocó como le indicaron, pero con la vista en el suelo sintiendo un tenso nudo en su estómago. Esperando a que algo pasará, algo que cambiará la situación.
Lo poco que le habían dicho era que debido a que era un Omega no marcado era un peligro para el mismo y para los demás así que debían cambiar eso. Lo llevarían a un salón donde los Alfas lo verían y si les gustaba lo comprarían, después de ello el sería llevado a otra habitación donde el Alfa que le compró lo marcaría.
Dejaría de ser libre. Le pertenecería a otra persona… a alguien que no era Viktor.
- ¿Te encuentras bien? – el chico de enfrente le miraba con atención – No les demuestres miedo- le dijo.
Yuuri sintió las lágrimas resbalar por sus mejillas y con un rápido movimiento de mano se limpio el rostro – No es miedo- murmuró el japonés.
-Si no es miedo entonces es tristeza y ese sentimiento es aún peor-respondió el chico cruzándose de brazos – De nada sirve la tristeza. A esos bastardos les gusta ver a los Omegas con la cabeza abajo y la mirada en el piso-
Yuuri no entendiendo por qué aquel desconocido le daba tantos consejos si sin dudar también era la primera vez que estaba ahí. - No todos, Viktor no es así – murmuro.
-Si eso fuera cierto tu no estarías aquí- el chico soltó un suspiro – Los Alfas son bestias insaciables –
Unos fuertes gritos hicieron que su conversación cesará. Varios hombres traían a un chico. Dos le sostenían de los brazos y otros dos tenían apresadas las piernas – ¡Clara! ¡Clara! ¡Sédalo! ¡Sédalo! – grito uno de los hombres.
La Omega corrió y al llegar al lado del chico sacó un aplicador inyectándolo, enseguida dejó de luchar, se desvaneció en los brazos de los guardias. Yuuri pudo ver sus ojos, de un color obsidiana, pero estos parecían perdidos, seguramente por los medicamentos que acababan de inyectarle.
-Es el último-dijo uno de los guardias secándose el sudor de la frente.
-Gracias, yo me encargaré a partir de ahora – Clara hizo un gesto con la mano izquierda, indicándole a los sujetos que salieran del lugar. – Dando problemas desde el principio—murmuró entre dientes – Todos, terminen de prepararse en lo que yo le cambio de ropa a nuestro último invitado. No pierdan tiempo- ordenó, saliendo del lugar para ir por la ropa, dejando al chico en el suelo alfombrado del salón.
-Pobrecito- murmuró una chica de cabellos rubios que se acercaba con lentitud hasta hincarse a su lado.
- ¿Quién es? – preguntó otro, acercándose también.
-Otro Omega - dijo Michele – Con la misma mala suerte que todos aquí- murmuró en voz baja.
De nuevo se escucho la voz de Clara que ya traía un conjunto para el chico en el suelo, idéntico que el de todos los demás. Una playera blanca de manga larga y unos pantalones ajustados del mismo color. El cuello de la playera dejaba al de cubierto su cuello tanto del pecho como de la espalda para que todos vieran que no había marca alguna.
-Bien, quiero que se formen como les indique. Solo un cambio de planes. Señor Katsuki, intercalare entre usted y el señor Crispino al señor Altin – murmuró señalando al chico en el suelo. – Bien, deprisa, deprisa –
Los Omegas obedecieron, formándose todos como les indicaban. Yuuri vio como dos sujetos se pusieron al inicio de la fila y señalaban a alguien en la fila, les vio mover los labios, pero le fue imposible escuchar que decían. Les vio hablar con el primer Omega y este obediente extendió su brazo; uno de los sujetos sacó una jeringa inyectándole algo para después pasar al siguiente Omega y así sucesivamente.
Los hombres caminaban poco a poco, inyectando a todos hasta llegar a Michele Crispino.
-Su brazo por favor – le dijo el sujeto.
- ¿Qué es eso? – preguntó Michele desconfiado y aleja do su brazo para evitar que le agarrara.
-Es un medicamento que todos los Omegas de la subasta deben usar. - murmuró el otro hombre.
Crispino negó con la cabeza – No estoy enfermo, no lo necesito-
-Lamentablemente no es negociable, cariño – dijo Clara acercándose al ver la situación – Es necesario y recuerda que ahora debes hacer todo lo que la organización te indique—le tocó el hombro con suavidad – No dolerá, es bueno para ti-
Aun así, el castaño volvió a negarse, pero fue fuertemente agarrado de los hombros por uno de los hombres mientras que el otro sujetaba su brazo y en un rápido movimiento inyectó la sustancia.
Tan rápido como le atraparon le soltaron para hincarse e inyectar al chico que estaba inconsciente en el suelo - ¿Qué harás con este? No puedes sacarlo en este estado- pregunto uno de los hombres mirando a Clara y esta le dedico una enorme sonrisa y con un gesto de su mano dio a entender que poco importaba.
-Lo de él solo es un mero trámite- dijo la Omega y sin quitar esa torcida sonrisa tomo el brazo de Yuuri, acariciándolo levemente – Hay algunos Omegas que tienen mucha suerte-
Los otros se acercaron al japonés – Su brazo- supuso que era estúpido negarse o resistirse, no serviría de nada, así que extendió el brazo y aparto la mirada para no ver la aguja, sintió el piquete y como le soltaban el brazo. –Ya está hecho-
-Gracias chicos, pueden retirarse- los hombres salieron por orden de la Omega – Bien. Todo listo- Clara camino rápidamente hasta llegar al inicio de la fila, le acomodo un mechón de cabello rubio al primer Omega de la fila, queriendo que luciera perfecto. – Buena suerte a todos-
Las luces se atenuaron un poco y la melodía de un piano lleno la estancia. Un murmullo llego hasta los vestidores del salón haciendo notar que ya no estaban solos en aquel lugar. Una cortina blanca semitransparente y un telón de terciopelo rojo les escondía de la vista de los Alfas, Yuuri sabía que eran Alfas, podía olerlos y la mezcla de aromas le hiso saber que eran muchos, demasiados para su gusto.
Sus piernas comenzaron a temblar y sintió que se mareaba por la mezcla de tantas esencias dominantes, una parte de el, la que era puro instinto le pedía que corriera, que en ese lugar no estaba a salvo, pero aquello seria inútil. Estaba ahí para ser vendido como una cosa cualquiera y detrás del telón estaba su futuro comprador.
Se enfrentaba a su mayor miedo, ser tomado por alguien que le controlaría por el resto de su vida, alguien que no era Viktor. Su estomago se revolvió, quería vomitar y conforme se escuchaban mas voces esa sensación se hacía más y más intensa. Ya no escuchaba nada, los latidos de su asustado corazón le impedían escuchar otra cosa, así que no se percato cuando la música del piano se detuvo, ni del estruendo de los aplausos.
Solo quería que esto acabara. Quería estar cara a cara con su futuro dueño y poder salir de ese espantoso lugar.
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Llegaron lo más pronto posible, de hecho, aún no dejaban pasar al salón. Estaban en una pequeña recepción, los nervios estaban asaltando a los rusos y estos iban aumentando conforme la salita se comenzaba a llenar de gente.
-Asqueroso- murmuró Yuri con los brazos cruzados, le daban arqueadas solo de pensar que todos esos hombres y mujeres estaban ahí para comprar a un indefenso Omega, era repulsivo.
-Yuri- le llamó Viktor que aún mantenía la vista fija en sus manos, estaba inclinado con los codos en las rodillas, sentado al lado del rubio – Gracias por acompañarme, por hacerme reaccionar, sin no fuera por ti yo… -
- ¡Basta anciano! Sabes que odio los sentimentalismos—dijo el rubio con las mejillas coloradas – vamos a salvar a tu cerdo y salir de aquí-
Viktor soltó una risotada – No se por que le llamas cerdo- dijo
-Bfff… porque lo es. Tienes un pésimo gusto- Yuri quería seguir molestándolo, pero antes de poder decir cualquier cosa una mujer con traje se acerco para llamar la atención de todos los presentes.
-El salón está listo, acompañen me por favor – dijo educadamente, mostrándoles el camino que debían seguir para llegar al salón de la subasta.
Los dos patinadores se pusieron en pie y caminaron entre la gente, la mayoría de los demás Alfas eran personas más grandes que ellos, algunos incluso eran ancianos. Las miradas y las falsas sonrisas no se hicieron esperar, al parecer se estaban evaluando entre ellos en silencio, como una bestia salvaje midiendo a sus contrincantes.
El salón Velvet era más pequeño de lo que se había imaginado, quince mesas con cuatro sillas cada una situadas alrededor de un escenario. Un inmenso telón de terciopelo rojo, un piano que en ese momento estaba siendo tocado por un joven, un podio de acrílico con un micrófono.
Tomaron lugar en una de las mesas más cercanas al escenario y enseguida un hombre de barba y una hermosa chica se sentaron en los lugares vacíos - ¿Están libres estos lugares? – pregunto el hombre.
Viktor sonrió – Claro, adelante- mostró su amabilidad y el otro chico pareció feliz.
-Muchas gracias, estoy algo nervioso de estar aquí. Jamás había venido a estas cosas—murmuró el chico, - Soy Emil y mi compañera es Sala- extendió su mano al presentarse y señaló a la bella mujer a su lado la cual sonrió levemente.
-Mucho gusto—murmuró Viktor – Soy Viktor y el es Yuri. También es la primera vez que estamos aquí-dijo de manera cortes volteando a ver el escenario y sus alrededores.
- ¿En verdad es la primera vez? Estas demasiado tranquilo para que eso sea cierto – la voz de Sala y su tono de incredulidad les hizo volver a voltear – Pareces acostumbrado-
-No sabía que los adornos podían hablar—murmuró Yuri de una forma grosera y pedante haciendo que la mujer le dirigiera una fría mirada por su comentario tan ácido.
-Yo no sabía que permitieran la entrada a niños, esto no es una guardería – Sala se cruzo de piernas sonriendo con superioridad – Deberías estar en tu casa jugando o algo así-
-Tienes valor Omega, no creas que por que estas tapada de pies a cabeza no puedo notar tu aroma tan empalagoso—replicó el rubio.
- ¡Yuri! – le reprendió Viktor – lo lamento mucho-
-Es valiente el chiquillo para hablarme de esa manera como si fueran superiores, un par de Alfas dispuestos a comprar a sus parejas- dijo la chica apretando los dedos en sus antebrazos, dejando pequeñas marcas en forma de media luna. – Son asquerosos- Sala se puso en pie y se fue caminando hacia la salida del salón, dentro sentía que se ahogaba entre los intensos aromas de los Alfas.
Viktor y Yuri le miraron alejarse sin decir nada, jamás habían visto a una Omega con ese espíritu combativo, la chica parecía estar furiosa.
-Les pido que la perdonen, no es fácil para nosotros estar aquí – Emil sonrió tristemente, mirando sus manos con atención – Se siente culpable-
Yuri bufo enfadado y cruzándose de brazos y piernas fingió ignorar las palabras del rubio. Viktor por otro lado miro atentamente al joven – No tienes por qué disculparte, Yuri no quiso ser grosero. –
La sonrisa de Emil se volvió cada vez más pequeña hasta que desapareció de su rostro – Estamos muy nerviosos. Nunca hemos estado en una subasta—dijo siguiendo en su intento de explicar la actitud de la Omega.
- ¿Entonces que hacen aquí? —Viktor se giró para quedar cara a cara con el otro.
Emil soltó un largo suspiro y sus ojos brillaron con la misma tristeza que acabo con su leve sonrisa – Vine por el amor de mi vida. Michele, el hermano de Sala-
- ¿Qué? Espera… pensé que esa mujer era tu Omega – el ojiverde se acercó a los dos adultos para que nadie más que ellos escuchasen sus palabras.
Esperaron pacientemente a que el otro respondiera, pero antes de que aquello sucediera Sala volvió corriendo hasta su asiento, respirando entrecortadamente – Ya es hora—murmuró.
Todos los demás Alfas ocuparon sus lugares y la estancia se lleno por completo, el piano dejo de sonar y con una reverencia la persona que tocaba se despidió de los visitantes.
Un hombre pulcramente vestido con un traje en color blanco y con el cabello atado en una coleta en la espalda subió al podio –Buenas tardes. En nombre de la organización quiero darles la bienvenida, cualquier cosa que necesiten pueden pedírselo a los meseros que gustosos les atenderán, tenemos bocadillos y vinos listos para su degustación. Seré su anfitrión esta tarde así que les explicare brevemente. – el hombre acomodo unos papeles y ajusto el micrófono para que estuviera perfecto. – Esta tarde se llevará a acabo la subasta interina OMX74-B009. Se subastarán 12 Omegas que están en resguardo de nuestra Organización, todos los presentes pueden ofertar por el que gusten, si su oferta es la ganadora deberán ponerse de pie y dirigirse a la salida, mis compañeros están listos afuera del salón para darles más instrucciones, les quiero hacer hincapié en que en esta subasta solo pueden adquirir a uno de los Omegas disponibles. Así que les recomiendo que estén seguros de su decisión antes de ofertar. Las ofertas se harán en dólares americanos ¿Tienen alguna duda? –
El chico espero pacientemente a que alguno preguntara algo, pero al ver que nadie hablaba prosiguió – Perfecto. En este momento damos por iniciada la subasta-
El telón fue subiendo poco a poco y una cortina transparente quedó descubierta. Los latidos del corazón de Viktor aumentaron, se sentía más nervioso de lo que jamás había estado.
-El primer lote – de entre las cortinas emergió un chico, no pasaba de veinte años, el cabello rubio le cubría parte del rostro – Matías Callero. Omega de origen estadounidense, dieciocho años. Ojos cafés y cabello rubio natural. Virgen y sin ninguna experiencia. La pugna empieza en 3 mil dólares. –
Las ofertas comenzaron y para sorpresa de los rusos no tardaron más de siete minutos en que el estadounidense pasó a pertenecerle a un hombre de apellido francés.
-Segundo Lote- está vez fue el turno de una chica.
-Esa pude haber sido yo- murmuró Sala en voz baja y solo los de la mesa escucharon su tono cargado de melancolía.
Emil le tomó la mano por debajo de la mesa – No lo íbamos a permitir-
-Lo se y por eso mi hermano será vendido como una cosa. Que estúpido- la Omega resoplo haciendo un enorme esfuerzo para no ponerse a llorar en ese instante.
-Tercer Lote-
-El quería protegerte—Emil soltó un suspiro – Me suplico que te protegiera aun a costa de él-
Viktor seguía la conversación en silencio dándose una idea clara de lo que había sucedido y del porqué ellos dos se encontraban ahí.
-Debiste negarte, después de todo el es tu pareja – Sala le miro con desprecio – Debías protegerlo a el y ahora no estaría a punto de ser vendido-
-Sexto Lote-
-De haberlo hecho la que estaría a punto de ser vendida serias tu – el tono de Emil cambio a molesto – Sabes que no permitiría eso y yo no puedo negarle nada a Micky –
-Octavo lote-
Yuuri rozó el hombro de Viktor para llamar su atención – No eres el único que viene a rescatar a alguien—le dijo – Patético, ¿Cómo alguien podría comprar a su pareja en una de estas cosas? –
-Hay veces que solo te queda esa opción. – respondió Viktor – No todos tienen la suerte de encontrar el amor y por eso cuando llega a tu vida no debes dejarlo ir o te arrepentirás toda la vida-
El rubio se quedo pensativo, las palabras de su compañero de pista estaban cargadas de amarga verdad. Había muchas cosas que no comprendía debido a su juventud, había veces en que maldecía su edad y su inexperiencia. Quería crecer y sentir lo que los demás, esperar entusiasmado la idea de encontrar a la persona que con solo una mirada le quitara el aliento.
-Décimo Lote- las cortinas dejaron pasar a un joven de cabello castaño y ojos morados-Michele Crispino, Omega de origen italiano. 22 años, a pesar de que ya no es virgen cuenta con poca experiencia sexual. Solo a tenido un amante, no tiene marca. La pugna comienza en 8 mil dólares-
Emil levantó la mano enseguida.
-Tenemos ocho mil, ¿Alguien ofrece nueve mil? – preguntó el anfitrión. Un hombre de edad avanzada levantó la mano – Tenemos nueve mil ¿Alguien ofrece más? –
-Quince mil-grito Emil levantando su mano.
-Tenemos quince mil ¿Alguien ofrece más? – espero unos segundos – Bien Quince mil a la una… -
-Dieciocho mil- grito el mismo anciano. Parecía demasiado interesado como para dejar ir al italiano.
Viktor se estresaba al ver a Emil y a Sala cada vez más desesperados por conseguir al Omega, en verdad quería que el rubio ganara. Se notaba que amaba profundamente al chico que no desprendía su mirada de ellos.
- ¡Veinte mil! – gritaron Sala y Emil al mismo tiempo.
-Veinte mil ¿Alguien da más? - dijo el chico mirando al Alfa anciano –Uno, Dos, Tres. ¡Adjudicado!
El grito de júbilo de Sala y de Emil resonó en el lugar, los dos se levantaron y a toda prisa se dirigieron a la salida, Michele estaba llorando con una sonrisa agradecida, sabia que la pesadilla había terminado para el, ahora podría volver a casa, junto a su hermanita y junto a su terca pareja.
Igual que los anteriores Omegas, fue acompañado detrás de la cortina blanca, desapareciendo de la vista de todos los presentes del lugar, Viktor y Yuri sonrieron aliviados de que la situación resultara de aquella manera.
-Onceavo lote- con cada Omega Viktor sentía que su corazón saltaba de lo nervioso que se sentía, esperaba que el siguiente fuera Yuuri y a la vez temía ver a su pareja en esa situación. La cortina se abrió, tampoco era Yuuri.
Era un joven de tez tostada y ojos negros, pero a diferencia de los demás esta estaba siendo acompañado por dos hombres, uno a cada lado sosteniéndolo y haciendo presión en sus hombros lo pusieron de rodillas, humillándolo.
-Otabek Altin, originario de Kazajistán, 18 años. Un omega con experiencia y un carácter indomable. Les aseguro que será un reto poder dominar a un Omega. - Su comentario le saco varias risas a los compradores. –La pugna empieza en 12 mil dólares-
Viktor vio como iniciaban las ofertas. Si ese era el penúltimo lote significaba que el siguiente seria su pareja, se removió incomodo en su asiento y giro para decirle a Yuri que era hora, tenían que estar atentos en el siguiente lote, pero sus palabras murieron en sus labios.
Yuri tenía la mirada fija, sus pupilas dilatadas, los labios ligeramente abiertos y sus mejillas rojas.
- ¿Yuri? - le llamo, pero su compañero no le escuchaba, parecía perdido.
-…Tu…- murmuro el rubio con una hermosa sonrisa formándose en su rostro-…Te encontré-
CONTINUARA…
Si llegaste hasta aquí dime que te pareció. Saludos y nos leemos pronto.
