Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

RECUPERANDO LA VIDA



POV Bella

Capítulo 10: No todo es de color rosa.

Debía detenerle si no quería ponerme más difíciles a mi misma las cosas, pero estaba tan bien entre sus brazos… Necesitaba tanto sus caricias y besos, más de lo que jamás me podría haber imaginado alguna vez, pero no por eso iba a flaquear.

Acaricié su rostro mientras sus manos me sujetaban la cintura con suavidad, pero sin la mínima intención de apartarse. Sus labios succionaron el mío inferior y me fue inevitable corresponder aquel gesto con un bajo gemido. Lo necesitaba tanto… Se separó unos centímetros de mí y me miró a los ojos con esas esmeraldas a las cuales no sé muy bien como algún día consentí ver sufrir. Eso no podía perdonármelo.

-Bella… - Su voz, cálida y llena de adoración, me hizo perder por un momento los estribos y me lancé a sus brazos rodeándole por el cuello, presionándolo más contra mí como si no fuera nunca suficiente, y en cierto modo así era… jamás podría tener suficiente de aquel hombre.

Sus manos volvieron a contornear mis pechos, pero de una manera más ansiosa que la anterior, por encima de la toalla que llevaba aún puesta. Entonces la puerta de abajo dio un portazo.

-¡Ya estoy en casa! - Gritó Charlie…

Como si de la comunicación de una bomba se tratase, Edward se apartó de mí, sentándose en la cama y llevándose una mano al cabello. No pude evitar sonreír y me apoyé con los dos codos observándole. No era que no me avergonzara que Charlie nos pillara en una situación así, era embarazoso, pero bueno después de todo estábamos casados...

-¿Hay alguien en casa?- Preguntó mi padre subiendo las escaleras.

Edward me miró con el terror escrito en sus ojos verdes y no pude evitar sonreír. Agradecía a Charlie que evitara lo que estaba a punto de ocurrir, no sabía si me encontraba bien para irme a vivir con Edward de nuevo y tenía la certeza de que si hacíamos el amor, él no dudaría en pedírmelo ni yo en aceptar.

Pero aún no sabía si sería capaz de volver a convivir como en un principio con él.

-Sí papá, me acabo de duchar.- Grité desde la puerta.

-Muy bien voy a entrar al baño, cariño.

Escuché la puerta del baño cerrarse y suspiré girándome para encararle.

-Supongo que tengo que dejar que te vistas. - Yo sonreí antes de acercarme a él.

-Bajaré enseguida. - Él asintió antes de acariciar suavemente mi mejilla y desatar todo el poder de su mirada sobre la mía.

Sabía que mi recuperación cada vez era más presente, pensaba en mi pequeña como un angelito en el cielo que nos cuidaba a ambos, a su padre y a mi, y quizá, Carlie si quería que fuera feliz con Edward, con su padre. Sonreí y negué con la cabeza mientras me abrochaba la blusa. ¿Cómo no iba a querer que fuéramos felices? Mi niña seguro que iba a ser una bella persona, con buenos sentimientos, ¿por qué me había cegado todo este tiempo pensando que ella no sería feliz si yo lo era? ¿Por qué sentía que traicionaba su memoria si intentaba ser feliz con su padre?

Coloqué el oso que había traído Edward para el bebé en un estante al lado del armario sin dejar de sonreír por aquel gesto tan tierno y me miré al espejo ya lista con las manos en la cadera. De verdad había sido la más tonta de todas. Me acerqué algo más al espejo y miré de cerca mis ojeras, parecían estar mínimamente mejor que el día anterior, sí, era un hecho de que me sentía bien conmigo misma. Bajé la mirada y caí en la cuenta de mi esperado bebé. Un nuevo ser estaba creciendo en mis entrañas y había sido el detonante, después de todo, para cambiar mi conducta. Me había salvado. Acaricié mi vientre esperando que se notara un poquito, pero aún era imperceptible. Claro a penas tenía 2 meses, con Carlie se me empezó a notar a eso de los tres meses… no era algo de la noche a la mañana, sabía que me lo iría notando con la ropa. Sonreí frente al espejo y decidí bajar.

-¿He tardado mucho?- Pregunté cuando vi a Edward en el sofá sosteniendo una revista de sucesos.

-Lo bastante como para casi desesperarme.

Me senté a su lado y nos quedamos mirando, sonriéndonos. Parecía mentira que ya hubiesen pasado 7 años junto a él. Nada en su belleza había cambiado, excepto su madurez, pero eso simplemente hacía que fuera más atractivo. Había tenido que lidiar siempre con las miradas que le otorgaban las mujeres, pero todo desaparecía cuando volvía a descubrir que para la única que él tenía ojos era para mí.

-Ah, tengo algo que decirte.- Dijo.

-Sí, lo que quieras. - Cogió una de mis manos.

-¿Mañana vendrás a la comida que hay en casa de mis padres? Vuelve Tania. Sé que no la conoces mucho, cuando nos conocimos ella se fue, pero me gustaría que asistieras.

-Tania… - Intenté hacer memoria. - Ah sí, creo que la vi un par de veces en casa de tus padres.

Y sí la recordaba, ¿Cómo olvidarla? Parecía la princesa de un cuento de hadas. Tan hermosa que dolía, más bella, si podía ser, que Rosalie y eso era bastante difícil.

-¿Entonces vendrás? Tengo que ir a recogerla al aeropuerto.- Frunció sus labios y arqueó las dos cejas.

-Me estás pidiendo que también vaya contigo, ¿no?- Sonreí. Él me sostuvo la barbilla.

-Siempre quiero que vengas conmigo Bella, a donde sea.

-¿Te parece bien que te siga hasta el fin del mundo?- Murmuré.

-Me parece perfecto.- Contestó inclinándose para besarme.

Demasiado dulce y placentero. Como siempre las caricias de sus labios sobre los míos provocaban que me sintiese como la persona más querida e importante del mundo por un instante. Delineé su labio inferior con la punta de mi lengua y me deleité con su textura y sabor, jamás me cansaría de él. Edward presionó una vez más sus labios con los míos y se apartó unos centímetros.

-¿Te apetece que vayamos a nuestro prado? - Me murmuró con una sonrisa cómplice.

-¿A aquel que me llevaste cuando me pediste matrimonio?

-A ese mismo.- Dijo deslizando lentamente la punta de uno de sus dedos por mi nariz. Yo sonreí.

-Me apetece.

Hacía mucho tiempo que no iba a aquel prado que había sido testigo de tantos momentos de amor, demasiado tiernos y sobrecogedores, demasiado irreales para ser verdad. La primera vez que me llevó fue para pedirme que me casara con él. A cualquier mujer le encantaría que su novio, al cual ama con locura, decidiera pedirle matrimonio en un lugar tan mágico, precioso y especial. Yo era la afortunada de tenerlo a él. Avisé a Charlie y salimos juntos Ens. Volvo.

El sol comenzaba a dejar tonos rosas en el cielo cuando llegamos al lugar, no brillaba la luz del sol, ni siquiera se escuchaban a las aves que piaban a plena luz del día, pero había algo mucho más importante a mi lado y que le otorgaba a aquel prado su belleza culminante: Edward. Apoyé una mano en el tronco de uno de los árboles antes de adentrarme a aquel claro y me lo quedé observando.

-No ha cambiado mucho, ¿no? - Murmuró Edward muy bajito en mi cuello, provocando que un estremecimiento se apoderara de mi cuerpo. Sus brazos rodearon mi cintura.

-No ha cambiado nada, sigue siendo tan bello como siempre.- Dije. Nos quedamos unos minutos en silencio, solo mirando la naturaleza, sintiendo su cercanía y contemplando el espectáculo que nos ofrecía el cielo. -¿Crees que Carlie está ahí arriba?

-No lo creo, estoy seguro amor.- Casi podía percibir una pequeña sonrisa acompañando a sus palabras. Me besó en la mejilla. - Creo que nos protege de alguna manera.

-Yo también.

La tristeza comenzó a acogerme y no pude evitar dejar salir una lágrima. Me mantuve quieta, para que Edward no sospechara nada, no quería preocuparle, pero su mano viajó a mi mejilla y se inmovilizó cuando se encontró con los restos delatores. Me giró con cuidado, sosteniendo mi rostro entre sus dos grandes manos y mirándome a los ojos con un deje de preocupación que no podía ocultar a pesar de la sonrisa que dibujaban sus labios carnosos.

-Ella está bien.- Me dijo con voz comprensiva.

-Lo… sé… pero era tan pequeña Edward, era tan nuestra. Fue muy injusto. - Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas pero reprimí que se desbordaran, él me miró mucho más serio.

-¿Quieres que volvamos?

-No. - Tomé sus manos y las dirigí alrededor de mi cuerpo para rodear con mis brazos el suyo. - No te preocupes, estoy bien. Abrázame.

Lo sentía tan cerca, deseaba que su perfume me quedara impregnado en mi piel para siempre, para de alguna manera no echarlo de menos. Después de unos minutos se apartó solo lo suficiente para mirarme.

-Siempre estaré aquí contigo.- Deslizó una de sus manos hasta mi vientre.- Con los dos.

No pude evitar sonreír y esconder mi cabeza en su pecho, suspirando sobre él. Era de aquellos suspiros que tanto echaba de menos. Volvía a ser feliz, solo habían pasado 3 días desde el cumpleaños de Esme, pero después de contarle a Edward sobre mi embarazo y el hecho de que él estuviese conmigo, me habían servido mucho. Habían pasado tres días y parecía que mi evolución era de muchos más, porque cuando estaba con él me sentía yo misma, solo tenía algunas recaídas cuando estaba sola, pero ya no me costaba tanto pensar en positivo.

Me llevó a casa de mis padres y se quedó a cenar con nosotros. A mis padres se les notaba felices porque veían mi evidente cambio. Más tarde Edward comunicó que tenía que marcharse así que quedó conmigo en que pasaría a recogerme al día siguiente por la mañana para ir a buscar a Tania al aeropuerto.

Antes de ir a dormir cogí el tierno osito que Edward le había regalado a nuestro bebé y me lo llevé a la cama. Me llevé una mano al vientre.

-¿Te ha gustado verdad mi amor?- Dije acariciándolo. - ¿Crees que tu padre podrá esperar solo un poquito más? Pronto estaremos juntos mi bebé. Él, tú y yo, y tu hermanita Carlie nos cuidará en donde quiera que esté.

Carlie. El dolor en mi pecho no disminuía mucho más. Es normal, pensé. La madre que olvide la muerte de su hijo no es madre. Y claro que no podía olvidar a mi pequeña, la tenía todo el tiempo presente, pero de manera diferente. Sonreí y me acomodé en la cama dejando el osito al pie de la misma.

Casi me recordaba al estrés que hacía 2 años era capaz de llevar, no iba a estar lista para cuando Edward pasara a recogerme. Me cepillé el pelo rápidamente y me lo recogí en una coleta alta, me froté las mejillas, notando un mejor color en mi rostro, sonreí, porque aquel color podía identificarlo. Un claxon me sacó de mi nube de espíritu de superación que llevaba más que nunca estos últimos 4 días. Edward debía estar abajo.

-¡Mamá, volveré por la tarde! - Grité mientras bajaba las escaleras.

-Sí, pequeña.

Abrí la puerta y algo azotó a mi corazón cuando lo vi dentro de su Volvo y con las gafas de sol, sonriéndome. Jamás podría llegar a acostumbrarme a su belleza.

-Hola amor.- Saludó cuando me senté a su lado.

-Hola.- Se levantó las gafas con una mano y se acercó hasta besarme.

Cada vez sentía más la necesidad por tenerlo de nuevo como antes, aquel fuego que alguna vez hubo entre nosotros y que sin duda era algo mágico y demasiado fuerte, había vuelto de manera abrasadora. Él se retiró un poco cuando llevé mis manos a su cabello y me miró con aquel brillo en los ojos lleno de felicidad.

-Llegaremos tarde.- Me susurró riendo.

-Lo siento señor puntual. - Me besó levemente en los labios y arrancó.

La media hora en coche hasta Port Ángeles realmente se me pasó muy lenta, aunque mi marido tuviese una conducción algo peligrosa siempre me había fiado de él. Normalmente te tardaba en llegar una hora, pero con Edward era imposible, si no pisaba el acelerador más de la cuenta parecía no ir en coche. Casi estuve mirándole todo el trayecto, ¿cómo podía ser tan perfecto hasta de perfil? Sus ojos grandes y verdes, la línea recta de su nariz, la curva suave de sus labios rojos, su cuello…

-¿Crees que hemos llegado pronto? El vuelo llegaba a las 12. - En seguida me di cuenta de que habíamos llegado al aeropuerto y estaba intentando aparcar.

-Podemos hacer tiempo, o si no sentarnos a esperar.

-Creo que no debería haberte traído, no esta bien que viajes durante mucho tiempo.

-Ya te dije que iría contigo a donde hiciese falta, además tienes que presentarme a tu amiga.- Dije mientras él ponía el freno de mano, se giró.

-Claro.- Sonrió. - Anda salgamos.

Paseamos por algunas tiendas del aeropuerto, ya que llegamos con media hora de más, pero cuando me encontré con el escaparate de una tienda de chocolate me paré de repente, ¡Cómo me apetecía algo de chocolate blanco! ¿No era demasiado pronto para tener antojos?

-¿Qué pasa Bella? - Sentí la voz de Edward sacarme de mis pensamientos y lo miré fijamente aún perdida en mis ganas de chocolate. -¿Quieres? - Preguntó con una sonrisa complaciente. Me mordí el labio y volví a mirar la vitrina llena de chocolate. - Sí, sí quieres.- Dijo riendo y me hizo entrar a la tienda.

Compramos algunas figuras de chocolate blanco y nos sentamos a esperar a Tania, destapé mi chocolate y comencé a comer.

-¿Quieres?- Le pregunté.

-No.- Dijo con una sonrisa sin parar de mirarme. - Me recuerda al … embarazo de Carlie, también se te antojaba chocolate. - Hice una mueca intentando sonreír. - Lo siento… no quería…- Dijo poniendo una mano en mi mejilla.

-No, Edward, me alegra que te acuerdes de ella. Estoy bien amor. - Nos quedamos mirando por algunos segundos.

-¡Edward! - Exclamó con emoción una voz que no identificaba.

Mi vista en seguida se apartó de su rostro para observar a una figura femenina que venía caminando en dirección a nosotros. Rubía con un tono extraño rojizo en el cabello, alta y estilizada, sus piernas largas se movían con tal gracia que al andar otorgaban suaves movimientos a su cadera. La mandíbula se me desencajó cuando por fin pude ver su rostro sin imperfecciones, ojos azules, pómulos elevados y sonrojados y labios carnosos y lisos. Perfecta.

-Esta es mi esposa Tania.- Se ve que me había perdido un poco el hilo de la conversación, pero estaba consciente del brazo de ella rodeando el cuello de Edward. No debería sentirme celosa, pues sabía con certeza que él solo podía quererme a mí, pero no podía evitar sentirme algo inferior a aquella ninfa de cabellos rubios.

-Hola Bella.- Dijo con su mejor sonrisa, mostrando sus blancos y perfectos dientes. Me miró las manos.

-Oh, es un antojo, ¿sabes? Bella está embarazada.- Intervino Edward.

Su rostro perfecto dejó escapar una imperceptible expresión de disgusto. Perceptible para mí porque no podía dejar de mirar al suyo junto con el de Edward. Una sensación extraña recorrió todo mi cuerpo, sabía que algo no iba muy bien, después de su actual mirada hacia mi nada podía ir bien. Desprecio y especulación.


Capítulo 10 chicaas! He intentado tenerlo para hoyy, he estado liadaa, todo el día fueraa y en clasee jaja, hoy hago 21 añitoos! :) Espero que os haya gustadoo.

Lynn, kkikkaCullen, arissita, BlackCullen, katlin, Jos Weasley,Paolastef, GRACIAS! :)

gioviss, sii jaja son preciosas y también he visto las fotos de los BAFTA, soy una friki en todo este mundillo de robsten, aunque más con rob jajaja. Que te parece tania? jajaja

E. Cullen Vigo, despacio que nos estrellanos! jajaja

angie cullen li, no te preocupes no voy a hacer sufrir mucho más a bella, yo también creo que perder a un bebe ya es suficiente, si no se nos va a volver loca!

JaliceJalice, ya falta pocoo jajaja

MUUUUÁ!