Disclaimer: Esta es una adaptación. La novela original le pertenece a Sarah Mayberry. Y los personajes a Hiro Mashima.
Capítulo 11
Lucy no abrió su correo hasta la tarde del día siguiente. Había perdido el contacto con muchos de sus amigos, de modo que los correos no se amontonaban en su cuenta precisamente. Había días en los que olvidaba entrar por completo.
Aquel día, sin embargo, estaba deseando encender el ordenador. Pero se contuvo hasta que sus padres se fueron al cine para ver la película que se habían perdido por su culpa el día anterior. Y entonces, sin nada que la distrajera, se sentó frente al ordenador y se dejó llevar por la curiosidad.
Seguramente Nasu Dragneel no habría respondido a su mensaje. Al fin y al cabo, no tenían nada más que decirse. Una vez que hubiera leído el artículo del enlace que le había enviado lo entendería todo y su deseo de saludarla se iría por la ventana.
Los hombres habían hecho cola para salir con Lucy Heatfilia, la modelo, pero ella nunca se había engañado a sí misma sobre la razón por la que estaban tan interesados. Querían demostrarse algo a sí mismos o a sus amigos… "mira qué pedazo de chica tengo". Había sido un trofeo, una muesca en el cinturón de los hombres. Pero todo eso había cambiado. Como máximo, sería tratada con compasión. Como peor escenario, sería una novedad. Pero ella no quería la compasión de nadie; ni curiosidad ni amabilidad ni consideración. Sencillamente, quería que la dejasen en paz.
"¿Pero si no estás interesada por qué miras el correo?". Lucy no se molestó en responder a esa pregunta porque estaba demasiado ocupada mirando el correo de entrada. Natsu le había devuelto el mensaje.
No encuentro palabras, pero voy a intentarlo de todas formas. En mi opinión, te sobran pelotas para salir de casa después de lo que te pasó. Sigue luchando cada día.
Natsu.
Lucy volvió a leer el mensaje un par de veces. Había recibido muchos mensajes de consuelo durante los últimos dos años, desde gente que se ofrecía a rezar por ella a expresiones de simpatía. Pero nadie le había dicho nunca que le sobraban pelotas y tampoco que siguiera luchando. Se preguntó cómo lo sabría Natsu.
Cómo podía entender que cada hora, cada minuto del día era una batalla contra los recuerdos, la rabia y el miedo. Y que encontrar valor para librar esa batalla era algo que debía hacer cada día. Pero enseguida sacudió la cabeza.
Natsu no sabía nada; sencillamente había escrito una simpática nota de ánimo que le había tocado el corazón. Él no podía entender por lo que estaba pasando. No la conocía.
Y, sin embargo, casi sin darse cuenta colocó los dedos sobre el teclado y empezó a escribir una respuesta. Seguramente Natsu no la esperaba y tal vez no le gustaría, pero estaba escribiéndola de todas formas, le gustase a él o no.
