Karkat caminaba por el suelo morado de Derse, dando patadas a una piedrecita mientras lo hacía. A los lados había banderines y alfombras rojas. No se veía ninguna persona, humana ni troll, cerca de aquel lugar. Lo más parecido a otra vida por allí eran estatuas de Derses.

Karkat había pedido a los del meteoro que le durmieran en una especie de coma para tener tiempo suficiente como para dormir hasta que encontrara a su ancestro. La próxima vez que se vieran en sueños les pediría que le despertaran. Esperaba que esta búsqueda durara un mes como mucho, pero se equivocaba.

Llevaba varias semanas andando por la burbuja, visitando diversos parajes, y no había encontrado a ninguno de los ancestros, con que mucho menos haber visto al Sufridor original.

Había despertado dónde siempre, en el planeta de Eridan. Había tenido que huir como una rata de los ángeles, que sin Eridan actuando como distracción estaban furiosos. Tras unos cuatro días huyendo de ángeles y descansando en iglesias abandonadas, salió de LoWaA y empezó a caminar por un planeta que parecía ser exactamente igual al de Vriska, aunque por alguna razón, parecía diferente. Efectivamente, allí se encontró con la Mindfang joven, o como quiera que se llamara, con la cual estuvo conversando un rato de si sabía dónde estaba Kankri.

Aranea le dijo que hacía un tiempo le había visto, pero se había separado y no sabía más de él. Le señaló la dirección en la cual se había producido aquel encuentro, pero debido a la caprichosa geografía de las burbujas, posiblemente no tendría ninguna utilidad. Aranea después empezó a hablar sobre los ancestros y cosas así durante horas, hasta que a Karkat le dolió tanto la cabeza que tuvo que librarse de ella saltando por un puente cuando no le veía.

Nadó hasta una isla cercana y continuó caminando. Al principio pensaba que no iba a llegar muy lejos, pues cuando había llegado a la isla había visto que no era muy grande, y había podido ver su perfil entero desde lejos. Sin embargo, a medida que avanzaba parecía que la isla se iba ensanchando, y cuando fueron pasando los días Karkat se dio cuenta de que ya no estaba en la misma isla, sino que esta parecía haber cambiado.

Siguió caminando durante varios días, descansando a veces (había descubierto que incluso en las burbujas uno tenía que descansar), y comiendo cocos o frutos que encontraba en las palmeras o arbustos (si, había comprobado que también tenía que comer. No sabía si esos nutrientes se transportaban a su cuerpo físico, pero esperaba que fuera así por alguna cosa mágica de Skaia o a este paso, cuando despertara estaría en los huesos.

Cuando se cumplía la segunda semana de estar dormido, al menos según el tiempo en la burbuja, llegó a lo que parecía ser un planeta oscuro, con ríos de un líquido extraño y desconocido para él, roca azul, y cielos cubiertos de nubes permanentemente grises. Recordaba haberlo visto. Era el planeta de John.

Evidentemente, no su planeta natal. Su planeta del juego. Una tierra, la verdad, algo deprimente para tratarse de él, pero bueno. A Karkat le hizo recordar sus conversaciones con él, y sus múltiples e inútiles peleas. Menudo estúpido estaba hecho – pensó, sin saber si su cerebro se refería a él mismo o a John.

Entonces oyó una voz que le llamaba.

- Kaaaaaaaarkaaaaaaaat – Karkat, ensimismado, esperaba que la voz fuera de John, pero el timbre y el tono pertenecían sin duda alguna a Vriska.

Se giró y vio a Vriska al lado de John. Debió haber imaginado que si este planeta estaba por aquí, el propietario de esos recuerdos tenía que ser John. Tras una rápida mirada a la pareja, vio que estaban cogidos de la mano. Hilariante. Karkat había intentado por todos los medios que Dave no acabara saliendo con Terezi y que John no terminara con Vriska. Todo había acabado al revés de como Karkat lo había planeado. Soltó una risa amarga por lo bajo, pero fue muy evidente a esa distancia. Vriska y John se miraron el uno al otro, como preguntándose el porqué de esa reacción.

- ¿Qué pasa, Karkat? Ni que fuéramos monos de feria. – dijo Vriska frunciendo ligeramente el ceño.

- Nada, no pasa nada – paró de reírse, aunque siguió sonriendo, lo cual no reflejaba mucho su estado de ánimo, pero aun así se alegraba de ver a John – Hola John. Cuánto tiempo.

- Eeeh… Sí, supongo. – ahora parecía más extrañado que antes - ¿Te pasa algo, Karkat? No me has insultado, ni nada así.

- Bueno, si quieres que te llame imbécil no tienes más que decirlo. Pero que yo sepa, después de las últimas conversaciones, te dejé claro que íbamos a dejar de insultarnos sin motivo. Así que a partir de ahora esperaré a que me des alguna razón antes de insultarte. – hizo una corta pausa – imbécil.

- No recuerdo nada de… ¡Ah, claro! – soltó una carcajada – lo siento, Karkat, no soy el John que piensas.

- ¿Qué cojones dices? Creo que es evidente que eres John-Humano-Estúpido-Egbert. Tienes los mismos dientes de paleto y la misma risa ingenua que siempre.

- Sí, soy John, eso es cierto. Pero soy de otra línea temporal. Una en la que Terezi me engañó para que la palmara.

- Ah… - se quedó pensativo un buen rato – vale. Menuda gilipollez. Ahora hay dos Johns. Justo lo que necesitaba. Cambiando de tema, vosotros dos… -miró expresivamente a sus manos, agarradas todavía - ¿Estáis saliendo? O sea… ¿Ahora sois matesprites?

- Sí. Desde hace bastante poco, pero sí – intervino Vriska, que estaba harta de estar al margen de la conversación – Lo siento, gran líder, por haber desobedecido sus estúpidas órdenes. – se acordó de que Karkat estaba algo afectado por algo relacionado con ser líder, aunque no acabara de entenderlo – sin ánimo de ofender.

- Tranquilos, hace mucho que ya nadie respeta mis órdenes, y dudo que nadie lo haya hecho nunca. Y… Y por la poca experiencia que tenéis… ¿Qué tal funciona, la relación humano – troll?

Evidentemente, su principal razón para formular esa pregunta era poder predecir un poco, o por lo menos tener más información, sobre cómo podría desarrollarse la relación de Dave y Terezi, aunque él nunca lo habría reconocido.

- ¿Qué clase de pregunta es esa, Karkat? El graaaaaaaan maestro de los cuadrantes debería saber la respuesta, o por lo menos suponer que esa no es una pregunta confortable para una pareja que ha comenzado hace poco. – se giró ligeramente y miró hacia John – Pero, de todas maneras… Si, por ahora va bastante bien –sonrió- no nos podemos quejar, para estar muertos.

- Me alegro. –empezó a sentirse incómodo, y era evidente que estaba robándoles tiempo juntos. No quiso seguir molestando y molestándose a sí mismo. – Creo que voy a tener que irme. Os dejo a solas.

Se dio la vuelta y se alejó hasta quedar oculto en la oscuridad, mientras Vriska y John se sentaban al borde de un risco y se quedaban observando las luciérnagas en el cielo, cogidos de la mano y felices por el momento.