Bueno, lo cuelgo con unos dias de retraso, pero espero que os merezca la pena guapos.


La sala se encontraba inundada de un denso silencio mientras el pelirrojo arrodillado en medio de ella lloraba aun sorprendido por lo que acababa de pasar. El golpe había sido duro y demasiado repentino para su mente. No había tenido tiempo para prepararse y en consecuencia ahora estaba llorando como un niño pequeño en medio de la desierta sala.

Los gritos de los soldados se podían escuchar en el exterior a través de las enormes ventanas de piedra y el sol que entraba por ellas iluminaba las alfombras y escudos de su familia en un mudo recordatorio de que todo aquel momento no significaba absolutamente nada para el resto del mundo. Que aunque él se estuviese hundiendo en la agonía, el mundo seguiría con o sin él, así que era mejor que dejase el autodesprecio se levantase y siguiese hacia delante como si nada hubiese pasado.

Kidd de verdad que lo intentaba, quería olvidarse del dolor, de las palabras del otro y aceptarlo como siempre hacía, pero esta vez se encontró totalmente incapaz de completar semejante tarea y asumirlo como si no hubiese sido nada. Porque aquella vez definitivamente había sido diferente. Aquella vez se había abierto totalmente al chico, había confiado en él y había creído encontrar a la persona con la que podría compartir su vida hasta la muerte. Por mucho que lo había intentado evitar se había enamorado y como resultado había acabado demasiado hundido como para poder escapar del golpe.

De repente unos pasos se escucharon contra el suelo de piedra ennegrecida y Kidd sintió a alguien deteniéndose a su lado. El pelirrojo entonces apretó los puños y aun arrodillado intento aparentar que él, el gran comandante, no estaba llorando porque un adolescente le hubiese roto el corazón.

—¿No me digas que estas llorando?—pregunto aquella persona mandando a la mierda sus pretensiones como si nada.

Si, definitivamente no se le daba muy bien fingir.

—¿Y a ti que te importa?—respondió con rabia alzando por fin la cara para intentar intimidar al idiota que había decidido hablar con él en aquel momento.

Unos ojos violetas le devolvieron la mirada con la sorpresa y curiosidad en ellos. Kidd maldijo por lo bajo. Lo que faltaba ahora, el hermano psicópata ¿Que hacía ese idiota allí?. Sin embargo Corazón, ignorando sus pensamientos, se arrodilló a su lado en el suelo y le apoyó una mano en la espalda en un gesto de compasión y preocupación.

Kidd le miró con odio.

—¿Estás bien?—le pregunto el menor con aquel pelo revuelto y cara de inocencia y preocupación.

O aquella piedad que el pelirrojo tanto odiaba.

—¿Tu qué crees idiota?—respondió el mayor sarcásticamente poniéndose sin poderlo evitar a la defensiva.

Corazón rodó los ojos sin tragarse ni un segundo su actuación de "chico malo y asesino".

—Oye, no hace falta ser un gilipollas, solo te quiero ayudar—dijo el otro tranquilamente.

—¿Y por que querrías tu ayudarme?—dijo el de ojos dorados mirándole con desconfianza y hartazgo de a quién no dejan en paz.

—Porque soy un alma caritativa y generosa que se preocupa por cada ser vivo de este mundo—respondió el otro alabándose a sí mismo en una broma estúpida, y claramente no respondiendo directamente a la pregunta del comandante.

Kidd solo alzo una ceja y se quedó mirando al rubio de pelo revuelto fijamente hasta que este se puso nervioso. ¿En serio se pensaba que era el momento para hacer bromas?.

—Vale, deja de mirarme como si quisiera explotar mi cabeza, solo a sido una broma ¿vale? Relájate— pidió el otro de repente nervioso.

—Lárgate de aquí—dijo el otro sentándose en suelo y volviendo a ignorar al rubio para volver a sumirse en su agujero negro.

—Nah, no pienso largarme hasta que superes lo de que mi hermano te haya mandado a la mierda y te haya dicho que te odia y que no quiere verte más— dijo el rubio felizmente.

Y de nuevo Kidd volvió a sentir como si le volviesen a atravesar el cuerpo con mil dagas y como sus ojos volvían a llenarse irremediablemente de lágrimas. Frustrado y furioso se volvió a fulminar al rubio queriendo asesinarle por su falta de delicadeza. Aunque aún no tenía muy claro si lo había hecho aposta.

—Ya lo vuelves a hacer—dijo el rubio señalando sus ojos—en serio, no se puede matar a la gente con una mirada, deja de intentarlo—

Kidd gruñó frustrado pasándose las manos por cara intentando suprimir su mueca de dolor.

—¡Vete!—chilló esta vez, pero con su voz quebrándose al fin.

Y por un momento se sintió patético por demostrar debilidad, por un momento solo quiso desaparecer y marcharse del castillo y todos los problemas. Por un momento volvió a sumirse en el agujero negro. Pero entonces unos brazos le rodearon los hombros y su cabeza reposo en la curva de un cuello.

Corazón le estaba abrazando como hacía años que nadie le abrazaba.

La presión en su pecho disminuyó entonces dejándole respirar y Kidd se encontró abrazando en respuesta a aquel cuerpo cubierto de cálidas pieles negras. Sus lágrimas bajaban de nuevo por su cara pero esta vez curiosamente le daba igual ya que la calidez de aquel chico parecía capaz de llevárselo todo.

—Ya esta, ya esta—murmuraba Corazón acariciándole la cabeza y el pelo rojizo—todo saldrá bien—

Y por una vez Kidd se lo creyó de verdad.

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.

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Law se dejó guiar a través de los pasillos por el rubio aun sin entender del todo lo que acababa de pasar. Hacia un momento había estado peleando con Kidd a puñetazos y mordiscos y al siguiente Doflamingo le estaba abrazando y defendiendo del pelirrojo. A él, el que había jurado que no quería volver a ver. Así que, ahora que recorría el castillo del que hacía unos pocos minutos había sido su enemigo, Law no sabía muy bien cómo reaccionar aun a la situación y simplemente seguía al rubio que le llevaba de la mano como a un niño de tres años.

Al final el rubio se detuvo en frente de una enorme puerta de madera y abriéndola con una enorme llave, le guió al interior aun sin mirarle a la cara. Law al instante sintió su cuerpo relajarse y su mente volverse más clara al reconocer el antiguo aroma de los libros viejos y desgastados de aquella biblioteca en desuso. Las bibliotecas eran como su santuario, nunca pasaba nada malo en una biblioteca. Doflamingo le condujo entonces hasta una mesa apartada y rodeada de sillas y le pidió amablemente que se sentara en una de ellas.

El chico seguía mirándole de reojo aun con aquella mirada preocupada que despertaba de nuevo la sensación cálida en su pecho.

Law se golpeo mentalmente ahora no le dijo a la mitad inferior de su cuerpo.

—Voy a ir a por algunas vendas y a por agua, espera aquí un momento—dijo el chico aun sin mirarle a los ojos pero claramente con la ansiedad en cada fibra de su cuerpo.

—Estoy bien—respondió Law seriamente sin querer que se fuera.

Ahora que había conseguido tener de nuevo al chico delante suyo y ahora que por fin volvían a estar solos para poder mantener una conversación decente, no iba a dejar que se volviese a escapar tan fácilmente. Iba a soltar todo lo que tenía dentro, absolutamente todo y que luego pasase lo que tuviese que pasar.

Aun así el chico enfrente suyo seguía retorciéndose las manos claramente nervioso y preocupado por su persona.

—No, no lo estás, la herida de la frente te está sangrando, puede ser una contusión y puede ser grave, necesitamos...necesito llamar a un médico para que...—

Law siguió observando al chico hablar sin parar claramente asustado. Prácticamente parecía estar sufriendo un ataque de pánico por su culpa. Y lo peor de todo es que en realidad solo era un maldito rasguño.

¿Siempre había sido así? ¿Siempre se había preocupado tanto por él? ¿En cuántas cosas no se había fijado hasta ahora por idiota?.

—Todo esto es culpa mía, Kidd debió pensar que...y tu estabas...todo esto es mi culpa—-seguía imparable el rubio murmurando y retorciéndose las manos.

Pero el moreno ante esto ya sí que empezó a preocuparse. Nada de esto había sido su culpa, ¿porque siempre tenía que culparse él?. Tomando del chico, sentado en la mesa enfrente suyo, una de sus temblorosas manos, la apretó para que le prestaste atención.

—Doflamingo—le llamó mientras el chico seguía hablando incansable.

—No tenía que haber aceptado la herencia, nada de esto habría pasado, Kidd y tu no estaríais enfados, tengo que encontrar un medico, tengo que...—

Y Law perdió toda su diminuta paciencia.

Levantándose de la silla bruscamente, se inclinó a través de la mesa que les separaba y agarró al rubio de la nuca. Luego tiró fuertemente y por fin junto sus labios para hacerle callar.

Doflamingo dejo de hablar al instante y solo se le quedó mirando con sorpresa. Y Law entonces se dio cuenta de lo que había hecho y se maldijo por lo bajo por haber sido tan imprudente y no poder controlarse en lo más mínimo. Sin embargo ninguno de los dos se alejo del contacto y solamente siguieron contemplándose mutuamente en busca del motivo de todo esto.

En algún momento Law movió experimentalmente sus labios sobre los del otro en una suave caricia para observar con curiosidad cómo respondía. El menor se tensó durante un pequeño momento que aterrorizó a Law, pero luego, casi imperceptiblemente, comenzó a responderle al beso moviendo sus labios torpemente contra los del moreno.

Law le observó seriamente con aquellos ojos plateados absorbiendo cada mínimo gesto que provocaba: como las pupilas del menor se dilataban, como su cuerpo temblaba o como soltaba un imperceptible suspiro cada vez que sus dientes se rozaban accidentalmente contra su sensible labio inferior. Law incluso se observó a sí mismo comenzar a sentir de nuevo aquella inmensa posesividad por marcar al menor como suyo, se observó excitarse y como sus manos apretaban más al rubio contra su boca en un intento de juntarles más a pesar de la mesa que les separaba.

Pero a pesar de las ganas que tenía de seguir experimentando con el otro para ver hasta dónde podía llegar, aún tenían demasiadas cosas de las que hablar y aquello simplemente estaba mal. Así que Law, con un esfuerzo superior al que jamás había hecho, se separó de aquellos deliciosos labios relamiéndolos golosamente por última vez antes de separarse.

Law no pudo evitar excitarse aun más cuando vio al otro perseguirle, reclinándose también contra la mesa en busca de su famélica boca. Con aquella mirada confusa pero aun así hambrienta y aquellos labios entreabiertos invitándole a besarle profundamente. Law gimió gravemente ante el menor y Doflamingo al escucharle en el silencio de la habitación pego un salto sorprendido y, como dándose cuenta de lo que estaba haciendo, volvió a echarse hacia atrás mas rojo que un tomate.

—Tenemos que hablar—dijo Law por fin.

—...Pero el médico—siguió insistiendo Doflamingo.

—Estoy bien—volvió a responder el otro mandándole una mirada al rubio diciéndole que el tema estaba concluido y no siguiese insistiendo.

Doflamingo asintió aún con aquella mirada confusa y los labios rojos y desgastados del beso. Law tuvo que contenerse para no abalanzarse sobre el menor cuando este se dejó caer sobre la silla enfrente suyo y se pasó una mano por el pelo provocativamente. Contrólate, contrólate, contrólate...

—Doflamingo...—decidió empezar—se que te he tratado mal desde el primer momento que llegaste a mi casa. Sé que no tengo ningún derecho a hacer esto pero me gustaría explicarte el porqué de mi comportamiento para que puedas disculparme por ello—

Y con aquellas únicas palabras tuvo toda la atención del chico sobre su persona. Serio, centrado y sin la confusión y hambre de antes. Law tragó saliva nervioso.

—Verás, mi vida no ha sido...fácil. Desde que nací tuve que aprender a sobrevivir y a pelear ya que incluso mi propia familia me traicionaba e intentaba matarme por conseguir llegar al poder. Cuando me nombraron Conde, el título lo significaba todo para mí, la posición que tengo en la corte, el estatus social, y todo eso era lo más importante. Era lo único que me quedaba después de haber tenido que mancharme las manos de sangre intentando defender a mi familia. En aquel momento fue lo único que me mantenía cuerdo—

Law levantó la vista para mirar al chico seriamente y dejarle claro que hablaba en serio.

—Por eso me porte así contigo. Cuando llegaste a mi casa tu representabas todo lo que yo había rechazado: la vulnerabilidad, la pobreza, la inocencia... Y además, podías suponer un peligro para mi en lo relativo a la corte. Tu hacías peligrar todo por lo que había luchado. Así que decidí deshacerme de ti y hacerte la vida imposible para que te fueras y no me atormentases más, pero la cosa no salió bien y en algún momento supongo que me enamore de ti—dijo el moreno con una sonrisa triste.

Doflamingo enfrente suyo abrió los ojos como platos.

—¿Te enamoraste de mi?—pregunto incrédulo.

Law asintió sintiendo su cara enrojecer. Si, definitivamente aquello era penoso. Carraspeando un poco decidió seguir con su explicación. Tenía que soltarlo todo, era ahora o nunca.

—Sí, y supongo que eso solo empeoro aun más las cosas. Me frustró muchísimo enamorarme de lo que yo pensaba que era "el enemigo" , asique como siempre lo pague contigo y te lo seguí poniendo cada vez más difícil. Pero aun así tu no te rendías y cada día me gustas más y más— sintiendo ahora sí su cara ardiendo—Pero entonces llegó Kidd. Y de repente te llevabas genial con él, y erais los mejores amigos, de repente te rebelabas contra mí y me mirabas con rabia y odio. Nunca he sentido más celos en toda mi vida. De repente la corte no importaba y lo único que quería era tenerte a ti para mí solo—

Law suspiro cansado bajando la mirada. Ahora venia lo complicado.

— ...Aquel día... perdí los estribos y dije cosas que realmente ya no pensaba solamente por la rabia, por celos y por la cobardía que sentía. Kidd decía que me odiabas, que nunca podría tenerte... yo me lo creí sin dudar ya que, ¿por qué ibas a querer estar conmigo después de todo lo que había hecho? Asique me puse a la defensiva y comencé a criticarte. Lógicamente tu lo escuchaste y te enfadaste. Cuando me fui a disculpar a tu habitación realmente no sabía qué decir ¿Qué derecho tenía para pedirte perdón?¿De qué serviría si me ibas a odiar? En aquel entonces simplemente me rendí — finalmente Law.

Doflamingo seguía mirándole fijamente aun con una ligera desconfianza en su cara.

—¿Y si te rendiste que haces aquí?—preguntó inquisitivamente.

Law se recostó en el asiento incómodo y se miró las manos entrecruzadas sobre la mesa.

—Yo...tenía que decirte la verdad, lo que sentía, aunque acabase mal—volvió a responder con aquella sonrisa tensa y amarga.

Ya está, pensó Law, ya lo había dicho todo.

Doflamingo en cambio sólo le miró fijamente durante un momento.

Law pensó que la había cagado totalmente.

Ahora empezaría a chillarle, ahora le diría que no le creía y que se fuera a la mierda. Bepo había estado equivocado, no había manera de que el chico que le amase, todo aquello había sido una equivocación, simplemente se tenía que haber quedado en el castillo sumido en su depresión.

El menor de repente se levantó de la silla aun mirándole fijamente. Law no pudo evitar que su corazón latiese a toda velocidad. ¿Le iba pegar?¿Le iba a chillar?¿Le iba a ignorar?. El rubio se detuvo a su lado y el moreno se encontró conteniendo la respiración y cerrando los ojos para afrontar el golpe.

Un momento de silencio paso mientras Law se esperaba lo peor.

De repente unos suaves dedos le acariciaron la mandíbula tímidamente y Law por fin abrió los ojos encontrándose con la cara del menor a centímetros de la suya. Law saltó de la sorpresa pero aun así no tuvo demasiado tiempo para pensar antes de que el menor volviera a juntar sus labios en un delicado beso.

Esta vez fue Doflamingo el que manejó el besos ya que Law seguía demasiado aturdido como para tomar las riendas por su parte. El beso fue torpe debido a la inexperiencia del menor, también fue un beso superficial sin profundizar en los más mínimo, solo labios contra labios de nuevo frotándose confusos en busca de aceptación. Cuando por fin Law quiso responder, Doflamingo ya se había alejado de él y le miraba ligeramente nervioso.

—Yo también te quiero—le dijo el rubio aun a centímetros de su cara—desde el primer día, es cierto que me hiciste daño y que intente alejarme de ti...pero simplemente no podía, desde que te vi no podía dejar de pensar en ti—

Y Law de nuevo volvió a quedarse sin palabras mientras una oleada de alivio le inundaba. El otro era tan inocente y amable, que simplemente el aprecio que le tenía no cabía en su pecho. Nunca había sentido esto por nadie, pero por primera vez desde que su hermano había matado a sus padres delante suyo, Law sintió que algo dentro de su mente volvía a la normalidad. Levantando una mano y tomando la camisa del menor, tiró de ella hasta que volvió a juntar sus bocas en el necesario contacto.

Ambos gruñeron extasiados esta vez al sentir los labios del otro contra los suyos.

Law sin embargo siguió tirando de la camisa del chico hasta que este se tuvo que sentar sobre su regazo para no caerse y rodearle el cuello con las manos. Y entonces, y sólo entonces Law estuvo satisfecho. El moreno rodeó al instante siguiente las caderas del menor con posesividad sintiendo que el mundo volvía a estar donde debería estar simplemente con tener al otro protegido entre sus brazos. Famélicos los dos, esta vez se devoraron la boca en vez de besarse. El moreno consiguió por fin que el otro abriese la boca tras suplicantes lametazos y mordiscos de su parte, y una vez que tuvo acceso a aquella pequeña parte de su anatomía, el mayor prácticamente le follo obscenamente la boca con su lengua.

Doflamingo se apretó entonces aún más contra él cuerpo del conde mientras gemía necesitado por aire y piedad. Law sintió su cuerpo temblar ante aquel excitante sonido y sin poderlo evitar apretó las caderas del menor entre sus manos pegandole a su cuerpo hasta que prácticamente fue doloroso. Las uñas del menor se clavaron en su nuca y Law no pudo contener la sonrisa arrogante al notar la creciente erección del menor entre sus cuerpos.

Separándose ligeramente del otro y alejando las manos de su perfecto trasero, Law comenzó a desabrochar ansioso la camisa blanca que llevaba el menor, y a pasear sus manos por cada centímetro de piel que revelaba cada botón desabrochado. Su boca dejó entonces aquella perfecta boca y comenzó a descender por su cuello lamiéndolo y mordisqueando para marcarlo como de su propiedad para si mismo y para que lo viese todo el mundo. El menor solamente podía aferrarse a sus hombros sumiso, mientras inclinaba la cabeza a un lado para darle un mejor acceso a la tierna piel de su cuello, suspirando deliciosamente cada vez que sus dientes rozaban un punto demasiado sensible.

Las manos de Law en cambio continuaron su exploración del perfecto cuerpo enfrente suyo, sus dedos delinearon abdominales, caderas y curvas hasta llegar a la enorme cicatriz a su espalda. Con cariño, como si quisiese borrarla de aquella perfecta piel, la recorrió con delicadeza y gruñó cuando el menor tembló en respuesta contra su cuerpo soltando un gemido necesitado. Sus dientes volvieron a cerrarse impacientes sobre el pulso del menor saboreando cada escalofrío y sonido que conseguía sacarle.

Sin embargo su propia entrepierna comenzaba a doler y supo que necesitaba darse prisa o aquello terminaría rápido y sin ninguna satisfacción por parte de ambos, así que, esta vez, dirigió las manos hasta el cinturón que sujetaba tan perfectamente el pantalón a las caderas del menor.

—Law —le llamó el menor entre suspiros asustados dándose cuenta de lo que pretendía.

Y el moreno tembló de placer de lo bien que se sentía escuchar su nombre salir de los labios del menor. Lamiéndole de nuevo el cuello tranquilizándole y dándole ánimos, metió por fin sus manos en los pantalones del otro atrapando su miembro duro y perfecto. Doflamingo al instante se derritió entre sus brazos temblando ahora ya sin contenerse en lo más mínimo y Law tuvo que suprimir el gemido de necesidad que escapó de su boca al ver lo excitante mente sensible que era el otro.

Acaricio la erección del otro un par de veces, subiendo y bajando antes de cerrar su mano sobre la húmeda punta y apretar. El rubio se arqueo y echó la cabeza hacia atrás soltando un enorme grito con los ojos cerrados.

Y Law perdió todo el control.

Poniéndose de pie con el otro entre sus brazos le empujó sobre la mesa tumbándole por fin debajo suyo como debía haber estado desde hacía mucho tiempo. Doflamingo le miró confuso entonces pero Law no le dio mucho tiempo a pensar cuando de un fuerte tirón le bajó los pantalones revelándole totalmente al mundo.

Law observó como el otro se sonrojaba al instante y como abría los ojos sorprendido, pero aquello no era nada en comparación con lo que pensaba hacer. Inclinándose sobre el cuerpo del otro totalmente expuesto a su vista y a su merced, comenzó a descender repartiendo lamidas aquí y allí sacándole de nuevo jadeos ahogados al otro en respuesta, hasta que su boca por fin, se detuvo sobre la erección palpitante del otro.

Deteniéndose un momento miró al chico asegurándose de que entendía totalmente lo que iba a hacer. Doflamingo le devolvió una mirada totalmente alucinada y más roja que un tomate.

-Law no tienes que...—-empezó el menor con voz aguda claramente nervioso y excitado.

El moreno, por supuesto, solo le ignoro y descendió sobre su erección metiéndosela por completo en la boca y succionando fuertemente desde un primer momento. Esta vez lo que se escuchó en la habitación fue algo más que un grito de placer mientras las uñas del menor arañaban la madera de la mesa y su espalda se arqueaba con una flexibilidad imposible.

¿Que no hacía falta que lo hiciese? pensó momentáneamente Law, era un milagro que se hubiese podido contener hasta ahora para hacerle eso al chico. Desde que había sentido la erección del otro apretarse contra su estómago hacia momentos antes su mente había estado trazando planes para llegar al punto en que estaban ahora, con la dura polla del otro atravesada perfectamente en su garganta y los gritos del menor inundando la sala y deleitando sus oídos.

El moreno volvió a subir y a bajar la cabeza metiendo y sacándose el miembro del rubio de la boca y succionando mientras su lengua acariciaba juguetonamente la punta. Doflamingo solo gemía sin contenerse en lo más mínimo y se retorcía debajo suyo incapaz de formar una única palabra.

Law se arrodillo en el suelo sin dejar de lamerle ni un segundo, se frotó ligeramente su propia erección por encima del pantalón para calmar el dolor que comenzaba a surgir y finalmente se bajó también el pantalón. Sin perder ni un momento y sin dejar de chuparle ansioso, el moreno abrió las piernas del menor y comenzó a recorrer su entrada con los dedos con delicadeza avisándole de lo que iba a hacer, aun así Doflamingo pareció no darse ni cuenta de lo concentrado que estaba en lo que hacía su boca sobre su erección. Bueno, mejor para él pensó Law. Con delicadeza y cuidado comenzó a introducir un dodo dentro del otro sin preocuparse en lo más mínimo por usar más lubricante que su propia saliva. Doflamingo solamente gruño un momento antes de seguir gimiendo en cuando tu lengua volvió a enroscarse en la punta de su erección y a su boca volvió a succionarle hasta volver a hacerse arquearse sobre la mesa.

Law contuvo una carcajada, claramente era la primera vez que el rubio había recibido una mamada, y sinceramente, hacía mucho tiempo que Law no se lo pasaba tan bien.

El moreno sonrió satisfecho mientras lentamente iba dilatando al menor sin que este al parecer se diese la mas mínima cuenta. Cuando tuvo tres dedos enterrados hasta los nudillos dentro de aquel apretado calor, decidió que ya era hora de acabar con aquello y hacer lo que llevaba tanto tiempo deseando hacer: follar al otro hasta que no supiese ni su maldito nombre. Metiendo los dedos una vez más dentro del menor en una fingida embestida, atacó por fin aquel punto que llevaba un rato evitando. Solo tuvo que apretarlo un poco para que el menor temblase descontroladamente y una sustancia caliente llenase su boca.

Sus ojos recorrieron el cuerpo del menor viendo como este se arqueaba con una flexibilidad imposible, como sus piernas apretaban sus hombros posesivamente y como sus manos le tiraban del pelo intentando que el moreno se tragase aún más su erección. Law se regodeo durante un momento en el grito necesitado que había emitido el rubio con su nombre marcado en él y que seguía haciendo eco en las paredes. Con paciencia esperó a que el otro acabase de correrse en su boca antes de apartarse, tragar y volver a ponerse de pie relamiéndose los labios provocativamente.

Doflamingo solo le miro con la cara roja y ojos entrecerrados aún del placer.

—Lo siento...—empezó el menor—no se que ha...no quería...lo siento—-

Law le cortó antes de que dijese nada más. Inclinándose sobre el otro aún tumbado sobre la mesa, le tomó de detrás de las rodillas alzándole las piernas y descendió sobre su boca entreabierta al mismo momento en que su propia erección rozaba su entrada.

Law introdujo su lengua en la boca del otro relamiéndole lentamente al mismo tiempo que su miembro entraba lentamente en el cuerpo del otro marcándole por fin como suyo. Doflamingo gimoteo contra su boca en quejas que Law no dudo en tragarse mientras él mismo temblaba de placer sobre el menor en una deliciosa tortura.

Tenía que contenerse, no podía simplemente follarle duro y sin respeto, tenía que esperar, tenía que...de repente Doflamingo sonó un sonido estrangulado y sus caderas se movieron suavemente contra las suyas empalándose el mismo con el miembro de Law.

Al instante siguiente, sin poderlo evitar, Law salía de él rápidamente y volvía a envestirle fuertemente y sin consideración.

Ambos gimieron sonoramente al sentir el miembro del moreno completamente enterrado dentro de Doflamingo. El rubio de repente le abrazo por los hombros intentando acercarle más a su cuerpo y Law tuvo que apoyar las manos en la mesa a ambos lados de las caderas del menor para mantener el equilibrio.

Ambos se miraron a los ojos fijamente sin atreverse a perderse nada de todo aquello. Leyéndose los ojos seriamente y deleitándose en el placer que se reflejaba en los del contrario.

—Te quiero-susurro de repente Law mirándole seriamente.

Doflamingo le acarició la cara y le sonrió entre suspiros.

—Io tabrieen— respondió incomprensiblemente el menor.

Law rió cariñosamente ante la incapacidad del otro del hablar pero luego el rubio movió sus caderas en contestación a su sonrisa arrogante y Law perdió toda capacidad de razonamiento. Rápidamente respondió a la demanda del otro y comenzó a envestirle fuertemente deleitándose en cada lloriqueo necesitado que conseguía sacarle al menor cuando le golpeaba en el lugar preciso que le hacía arquearse contra la mesa y arañarle con las uñas.

En algún momento durante el frenesí que les inundaba, la mesa sobre la que estaban comenzó a chirriar contra el suelo de piedra con un sonido que indicaría a cualquiera que los escuchase lo que estaban haciendo sin lugar a dudas. Aunque en comparación con el sonido de sus cuerpos chocando o el del rubio gritando era un ruido menor al que la gente seguramente no prestaría ni la más mínima atención.

A Law le dio igual que les descubriesen, también le dio igual cuando la estúpida mesa se comenzó a balancearse peligrosamente amenazando con ceder, lo único que importaba era el cuerpo debajo suyo que gimoteaba incapaz de contenerse y que le arañaba los hombros tan perfectamente, lo único que importaba era volver a hundirse en aquel perfecto calor y volver a estar en casa.

Law había perdido ya la cuenta de las veces en que el rubio había llegado al orgasmo o de las veces que se había corrido entre ambos, solo o con ayuda de su parte. La verdad es que tampoco importaba, lo único en lo que Law podía pensar era en la mirada violeta que le miraba con más aprecio y cariño con el que nadie la había mirado. Lo único que importaba era mantenerla y no volver perderla nunca más. Lo único que importaba era el chico.

—aw...te quiwro...Law—-susurraba Doflamingo jadeando contra su boca entre los besos desesperados que el mayor le daba.

Y Law no pudo más y por fin se dejó llevar al orgasmo temblando contra el cuerpo caliente y húmedo del menor corriéndose al fin en su interior.

Sintiendo en aquel instante la mirada necesitada y cariñosa del otro marcarse fuego en su mente y los brazos del otro sujetándole y aferrándose a él en todo momento como si nunca quisiera que se marchase de su lado.