Capítulo 11: SOBRE ASESINOS Y EXTRATERRESTES

"He kissed my lips, I taste your mouth…"

(Katy Perry-Thinking of you)

***

La cena con mis sobrinas y David fue genial. Hicimos un par de pizzas y nos reímos muchísimo al comprobar mis pocas dotes culinarias. Menos mal que estaba David allí porque de no ser así, habríamos comido masa de pizza carbonizada.

Dave era un chico genial y empezaba a sentirme bastante cómoda y feliz junto a él. Sentía que podía hablar de cualquier cosa, sabía que él no me iba a juzgar. Era encantador con las niñas, correteaban juntos y tenía mil juegos para ellas, cocinaba de fábula, era amable, dulce y guapo. ¿Dónde estaba la cámara oculta?

Después de cenar, Ellen y Sharon estaban tan cansadas que decidimos posponer la película para otro día. Los cuatro estábamos contentos de repetir aquella maravillosa velada. Mientras esperábamos a que mis amigos volvieran de su cena de aniversario, nos relajamos en el sofá. Sin pensarlo, me apoyé en su hombro y cerré los ojos.

-Entonces…-empezó él- ¿Me vas a contar la historia con ese tal Edward? Ahora tenemos tiempo de sobra…Si quieres, claro.

Me removí en el sofá. No quería hablar de aquello, pero si quería empezar algo con él debía ser sincera y contarle toda la historia de mi patética vida. Así que lo hice, intentando ser objetiva y demorándome en todos los detalles que consideraba importantes. Le hablé de nuestra relación, de aquella fatídica noche en la discoteca con mi amigo de la infancia, de la huida a Nueva York e incluso mencioné a Tanya. Cuando acabé, David me miró comprensivo.

-Ese gilipollas no sabe lo que se ha perdido. Estás mejor sin él, Bella. Tus amigas tienen razón, es mejor olvidar y pasar página aunque sea doloroso.

-Ahora lo pienso fríamente y creo que no era el hombre para mí, ¿sabes? Es cierto que fuimos bastante felices y hubo mucho amor, por lo menos por mi parte, pero no entiendo como pudo tirar a la basura todo el tiempo que estuvimos juntos sin ni siquiera luchar.

-Y sin dejarte hablar, no lo olvides.

-Lo sé, lo sé, pero hace tiempo que decidí olvidarle y creo que voy por un buen camino –le sonreí. Decidí cambiar de tema, no quería deprimirle con mi historia- ¿Y tu qué? ¿No tienes nada que contarme? ¿Ninguna arpía en tu pasado?

David se rió y me revolvió el pelo.

-Sí, hay varias arpías y unas cuantas historias dolorosas. Lo peor del tema es que siempre hacían que yo quedara como el malo de la película, ¿sabes? Una vez salí con una mujer que me puso los cuernos durante los 9 meses que salimos con mi mejor amigo. Según ella, no le había dado suficiente placer, lo cual se traduce como que tenía una extraña adicción al sexo…-puso los ojos en blanco. No pude disimular una sonrisa.

-Debía tenerte exhausto…

-Ni te lo imaginas. Perdí unos 10 kilos durante toda la relación…

-Vaya.

-Ya ves que bien… También tuve una novia gótica en el instituto. Duramos un mes, y casi me convenció para suicidarme. –Solté una carcajada- Te lo digo en serio, tenía un rollo muy raro con la muerte. Menos mal que se cambió de instituto, si no seguramente no estaríamos hablando ahora mismo y le habría dado un gran disgusto a mi madre.

Estuvimos un rato más charlando hasta que llegaron Rosalie y Emmet con una sonrisa de oreja a oreja. Antes de terminar la noche me acompañó a casa, como el caballero que era. Quedamos para el próximo sábado y ya estaba deseosa verle otra vez.

Tenía algo irresistible, algo que me volvía loca. Jamás había conocido a ningún hombre así. Era muy fácil estar con él, me hacía sentir muy bien y no paraba de hacerme reír.

Me dormí con una agradable sensación que no había sentido en mucho tiempo.

Días más tarde me encontraba con mis amigas en mi habitación con miles de vestidos encima de la cama. Rose estaba en buscando en los cajones donde guardaba la lencería y Alice rebuscaba entre mi armario y sacaba ropa sin parar. Yo me limitaba a estar sentada en la cama mientras me retorcía el pelo, haciéndome la desentendida y mirando por la ventana

-¡Bella, no tienes nada que ponerte! –dijo Alice, cabreada y poniendo sus manos sobre sus caderas- ¿Es que no te he enseñado nada en estos años?

-Alice por favor, no me hagas esto. Me gusta mi ropa y no tengo porqué cambiarla.

-¡Pero esto no es ropa para pedir guerra, Isabella!

-Es no voy pidiendo guerra. Sólo voy a cenar con un amigo.

-¡Y un cuerno! –Alice se volvió y sacó un vestido azul del armario, el mismo que había llevado en la fiesta de fin de año anterior -Muy bien, esto servirá. Póntelo. Ahora.

-¡Mira esto! ¡Sí que lo tenías escondido, picarona!– dijo Rosalie, sacando uno de mis conjuntos de lencería más provocativos. Era negro y de encaje que dejaba muy poco a la imaginación. Me lo había comprado mi madre, con la esperanza de que me lo pusiera en breve. ¡Ja! Lo guardaba por no hacerle el feo, no porque realmente tuviera intención de ponérmelo. Rosalie me lo tiró a la cara. Suspiré, de nada me servía llevarles la contraria.

En un abrir y cerrar de ojos me encontraba vestida, maquillada y peinada. Mi vestido azul eléctrico de manga por el codo me llegaba hasta la rodilla y llevaba unas botas altas negras de tacón muy cómodas. Mi pelo estaba peinado cuidadosamente con dos mechones atados en la coronilla.

David me esperaba en el restaurante italiano al que habíamos decidido acudir aquel día. Llevaba un chaleco de color verde y unos pantalones negros. Cuando me vio se le iluminó el rostro y yo le devolví la sonrisa. Me acerqué a la mesa y me senté, no sin antes darle un beso en la mejilla como saludo.

-Estás preciosa, Bella. –me sonrojé.

-Tú también estás muy bien. ¿Llevas mucho tiempo esperando?

-Acabo de llegar, no te preocupes.

El camarero se acercó y nos tendió la carta. Yo le eché una ojeada al menú, y enseguida supe qué elegir.

-Buenas noches, ¿desean hacer su pedido ya o desean esperar?

David me miró interrogante y yo asentí. Él sonrió.

-Yo tomaré lasaña de atún, por favor. De beber agua mineral. -dije

-Y yo risotto con queso. De beber lo mismo que la señorita –dijo mirándome con una sonrisa.

-Muy bien.

El camarero se marchó, y al cabo de unos minutos nos trajo nuestros platos. Sin duda, la eficiencia era el sello personal de este restaurante. Comimos en silencio hasta que David lo rompió.

-¿Sabes? Me gustan las mujeres que comen.

-¿Es que nunca has salido con una mujer que come?-dije- ¿Dónde sueles ir a pedir citas? ¿A una reunión de chicas con anorexia?

-No, claro que no- se rió- Solo me estaba acordando de una mujer con la que tuve una cita. Esa noche sólo comió una ensalada con un par de hojas de lechuga y una rebanada de tomate. Decía que no tenía hambre pero justo en ese momento oí el crujido de sus tripas. –me reí

-Bueno, puede que estuviera nerviosa.

-¿Nerviosa? ¿Por qué?

-Seguramente estaría intimidada y le daba vergüenza comer delante de ti.

-¿Vergüenza? No lo entiendo. Comer es una de las necesidades básicas del ser humano, no hay nada de malo en ello. –se rió.

-Algunas hacemos eso.-Me encogí de hombros.

-¿Tú también?

-Yo no. Soy bastante distinta a las demás, ya lo irás descubriendo. No sé si eso es bueno o malo…

David no contestó, sino que se limitó a sonreírme con ternura.

Terminamos de cenar y después de que pagásemos, mejor dicho, él pagara, salimos a dar una vuelta por el paseo marítimo.

El paseo estaba lleno de parejas felices sentadas en los bancos de la orilla. Unos se besaban, otros se limitaban a mirar la luna y otros simplemente se abrazan y reían juntos. También había muchas familias con niños.

Me fijé especialmente en una familia formada por la pareja y dos niños pequeños, un niño de unos cinco años y un bebé. La mamá acariciaba tiernamente la cabeza a su bebé mientras tomaba su biberón. El padre, de mientras, tenía en brazos a su hijo mayor señalaba con el dedo al cielo, debía estar enseñándole algo sobre la luna o las estrellas. A continuación, el niño se bajó, se acercó a su mamá, y fascinado con su hermanito, le dio un beso en la mejilla. La madre sonrió con ternura, mientras que el papá le despeinaba el pelo.

Era una estampa bastante bonita y esperanzadora. Veía tantos tipos de amor que casi estaba abrumada: amor de hijo, de madre, de padre, de pareja, de hermanos… Debía ser bonito formar una familia con alguien por quien darías la vida. Debía ser bonito confiar en alguien tan ciegamente y saber que todo iba a ir bien pasara lo que pasara. Que siempre iban a estar juntos. Que por muy mal que fuera el mundo, ellos estaban juntos y no importaba nada más.

-Estás muy callada, ¿en qué piensas?

-Bueno, tonterías en su mayoría.

No me había dado cuenta pero habíamos llegado a una barandilla. Me apoyé y me dediqué a mirar el mar, sintiendo como el aire acariciaba mi rostro y me daba serenidad. David me imitó.

-Esta es mi parte favorita de la ciudad. El mar me da mucha calma. –dije

-A mi también.

-El mar y los columpios –me reí. Él acompañó mis risas. Ya le había hablado de mi extraña obsesión con los columpios y sabía de lo que hablaba.- Debo de estar totalmente loca.

David me cogió de la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos. A continuación me dio un beso suave en los labios, casi un roce, pero lo suficiente para que me temblaran las piernas y me recorriera un escalofrío por la espalda. Me volvió a mirar, esperando mi reacción.

Sonreímos y en ese momento, actué impulsivamente: le volví a besar. Pero no era un beso tímido como el de antes, sino uno apasionado, de esos que te dejan sin aliento. Al principio era lento, sin prisas, dulce y suave, pero la necesidad de sus labios era tan fuerte que no tardé en aumentar la velocidad e introducir mi lengua en su boca. Él hizo lo mismo, de modo que el beso se convirtió en un baile de lenguas lleno de pasión y deseo.

Empecé a sentirme abrumada y noté un calor en mi cuerpo que casi me hizo empujarle hacia los matorrales y quitarle toda la ropa. No podía pensar con claridad y me estaba quedando sin oxígeno. Debía parar antes de desmayarme, y así lo hice. Nuestras frentes se tocaron e intentamos recuperar el aliento.

-Guau. –fue lo único que pude decir.

-Eso es quedarse corto…-dijo él.

-Dime una cosa.

-¿Qué ocurre?

-¿Eres asesino en serie? ¿Violador? ¿Tienes algún problema mental o de salud? ¿Tienes trastornos de personalidad? ¿Eres violento?

Él se rió.

-Que yo sepa, no.

-¿Entonces cual es la pega? ¿Tienes algún defecto?

-Tengo muchos, te puedo decir varios. Soy desordenado, me suelo despertar de mala leche la mayoría de los días, tengo graves problemas para dormir y serios problemas con la lavadora.

-No me parecen muy graves.

-Eso es porque no me has visto haciendo la colada. Tengo varias camisetas de color rosa por culpa de meterlas en la ropa de color. Ya ni me acuerdo del color originario.

-Me temo que mis defectos te pueden asustar.

David me miró con ternura y me dio un dulce beso en los labios.

-Bella, aunque me dijeras que en realidad eres una extraterrestre que ha venido a la Tierra para invadirla, no me asustaría.

Esperaba que fuera cierto. Sólo pedía que si aquello era un sueño, no despertarme nunca.

***

HELLO EVERYBODY!! Espero que os haya gustado!! Que tal si me decís vuestra opinión?? Bueno, no me mateis por favor! David es un personaje que no va a dar mucho juego, sobre todo a Edward…

Os invito a que paséis por mi otro recién estrenado one-shot "Odiando la navidad", para el concurso de Cullen Christmas Contest y es bonito, lo prometo!!!

Muchísimas gracias a todas esas personas que se toman la molestia de dejar un review y de agregadme a favoritos!!! Teneis un lugar especial en mi corazón, que lo sepais!!

Besos ;-)

En el próximo capítulo…

-¿Qué pretendes con esa actitud? ¿Qué quieres de mí, Edward?

-Quiero que dejes a ese imbécil y vuelvas conmigo. Quiero que me beses con la misma pasión que lo hacías antes. Quiero te olvides de ese cretino y que pases el resto de tu vida junto a mí. Eso es lo que quiero.