Hi, minna-san!!! Wow!! muchas gracias por sus leídas y reviews T-T!! Sehh... ahora salgo con lo mismo ¬¬... pero ¡perdonen el retraso y el infarto que a más de alguna le debió dar en el capítulo anterior xD! Umm... este capítulo es un poquito más corto que los anteriores u.u, pero me parece que los próximos son más largos xd

No sé si catalogarlo como advertencia, pero hay lemon u.u... ¬¬ digamos que no es como "OH! EL LEMONAZO del año!" ... ni tampoco muy explicito (lástima para las mentes pervers como yo T-T), ya que este fue como... el experimento xxx xD (sí, el primero que hago hetero xD... el de chicoxchico un coñazo xD). ¡Y por último! Cuando esté la separación de pensamientos para edward recuerden que es desde el principio del chap nñ... son... las dos versiones xD.

"Los personajes, por desgracia TT.TT, no me pertenecen, sino que son de Stephenie Meyer-sama º-ºU". Yo sólo los tomo prestaditos para fantasear pervertidamente xD, ¡lo aseguro por los bóxers de Edward xD!"


Capítulo 10: La Hora.

- Buenos días- me saludó con una arrebatadora sonrisa.

"Vamos, Bella. ¡Despabila mujer!" Me ordené mentalmente para volver a respirar con normalidad.

- B-buenos d-días, E-E-Edward- tiritaba por cada palabra sonrojada a más no poder.

Logré ver disimuladamente como Edward reía traviesamente por mi expresión...

"¡Cabrón!"

Me eché la sábana hasta lograr cubrir mi rostro casi fosforescente, era estúpido que me avergonzara... ¡¿Pero cómo no hacerlo si estaba como si nada con aquel dios divino acostada?!

La pregunta del millón era: ¿Lo había hecho de verdad o me había quedado dormida antes de completar la faena a causa del alcohol?

Por una parte... ¡Debía matarme! Era un pecado de que no recordara el momento más crucial de mi patética existencia y mucho más si lo era con Edward. Cualquiera hubiese pensado que era un sacrilegio. Pero por la otra, estaba la inmensurable vergüenza que sentía por estar desnuda y sin mayor explicación ni lógica alguna.

- ¿Te duele la cabeza, Bella?- su voz denotaba cierta preocupación y diversión. Levanté la sábana para verle, muerta de la vergüenza.

- A-algo... pero pasará con una buena d-ducha c-caliente- logré decir a pesar de la abrasadora mirada que me dirigía- Y la resaca también- admití apenada.

- En tal caso... ¿No quieres que te ayude?- dijo con aquel acento que me atontaba mientras se acercaba con destreza a mi rostro casi encapuchado por la sabanita. Negué con la cabeza casi llorando por dentro. ¿Por qué me pasaban estas cosas a mí?- Está bien. Pero si descubro que el dolor persiste en tu cabeza, te daré una pastilla... y creo perfectamente que conoces mis métodos de persuasión- besó mi frente con delicadeza. Esbocé una sonrisa pequeña.

"Un poco de resistencia no me afectará para nada, Edward" pensé embobada y totalmente ida. "Pero ahora debo darme una ducha"

Indecisa toqué su mejilla para llamarle la atención- Dime, Bella- sonrió de inmediato al comprender mi petición en los ojos. Sabía a la perfección que estaba nerviosa- En ese caso- murmuró aún de muy buen humor antes de darme la espalda y ponerse la almohada encima de la cabeza- Ya puedes ir- dijo riendo.

De inmediato me cubrí con una camisa holgada que encontré para escabullirme de la habitación de Edward e ir a la mía. Necesitaba ropa limpia y una buena ducha caliente para relajar mis músculos y mente. Y por sobretodo, necesitaba urgentemente recordar todo.

Ya estando en la bañera, todo lo acontecido entre ayer y hoy – en especial lo de la madrugada- mi mente lo reprodujo en diversas escenas con detalles y precisión, a pesar de lo ebria y dopada que me encontraba en aquel momento.

Abrí los ojos a más no poder.

Era un hecho de que había ido a Port Angeles y que un jodido chico me drogó para... sus propios fines. Edward me rescató de las sucias manos de ese asqueroso sujeto, me trajo hasta casa y... todo iba perfectamente bien hasta allí. Pero lo que venía a continuación... era lo que realmente había sucedido; no estaba tan mal encaminada con mi rápida conclusión mañanera...

Escenas perfectamente alineadas una tras otra... lograron descifrar lo que me marcaría de por vida...

"Su boca fusionada a la mía me embriagaba. Sus labios me apresaban con fuerza pero con sutileza. Sentía sus manos viajar por los contornos de mi cuerpo en un acompasado vaivén... me extasiaba por completo su tacto gélido contra mi piel. Mis dedos tocaban cada centímetro de su piel intentando memorizarla por siempre.

- Edward...- susurré de la nada al sentir sus labios en mi vientre. Era vergonzoso... pero a la vez tan placentero.

Esto era la realidad. Una realidad que jamás creí posible por la distancia imaginaria que yo misma había creado al sentirme menospreciada por un ser tan extremadamente maravilloso como Edward. Él era mi suplemento y complemento, era la pieza fundamental de mi vida.

Los besos torpes que le proporcionaba eran nimiedades comparados a los suyos. Nuestras respiraciones se agitaban con el transcurso de los segundos, la adrenalina subía a niveles estratosféricos con sus simples caricias en mi espalda y cintura. Excitada y cegada por tantas cosas, como la lujuria, el deseo, el amor e incluso... el alcohol en la sangre; me negaba rotundamente a dejarle ir así como así- Tal oportunidad no se encontraba ni en cincuenta años-, por lo que le rodeé con mis piernas en torno de su cintura para apresarlo como él lo estaba haciendo con mi pecho.

- Bella- murmuró roncamente. Mi corazón comenzó a latir con más fuerza a causa de tal excitación. Si su voz me excitaba... ¿Cómo resistiría para lo demás?

Sus ojos se encontraron con los míos, caramelo versus chocolate. Mis manos por inercia le rodearon su cuello majestuoso, su aroma era... embriagante, incluso más que el mismísimo alcohol que había ingerido hace tantas horas antes. Este olor dulce y helado era adictivo... y no me arrepentía de ser dependiente de éste.

Nuestros cuerpos se rozaban entre sí con fervor, pero llegados a este punto tan inquebrantable... pedíamos a gritos silenciosos el siguiente paso que nos uniría en cuerpo y alma.

Se acomodó entre mis caderas, acariciando mi rostro con el fin de no asustarme y prepararme para lo que venía a continuación. Su entrepierna me rozó y casi di un salto de no ser por las manos de mi ángel que me protegían cuidadosamente. Inhalé profundamente...

- Hazlo... Edward- al único hombre que quería en mi vida, al único hombre que me entregaba era... a él.

El dolor que producía sentirle dentro de mí comenzó lentamente a carcomerme, pero el hecho de que Edward lo estuviese haciendo no tenía precio alguno... Por él haría cualquier cosa. Hasta lo inevitable. Poco a poco, acostumbrándome al intruso que se colaba en mi interior, moví mis caderas como incitándole a ir a un nuevo ritmo...

- No sé que haré contigo, Bella- murmuró en mi oreja divertido por la insinuación.

Cada embestida que daba con precisión y placer, cada caricia en mi cuerpo proporcionada por él, cada beso cariñoso pero demandante a la vez... me hacían creer que estaba en el mismísimo cielo. Mi ángel... mi bello y sobreprotector ángel.

Sabía a la perfección que su cuerpo podía aguantar mucho más que el de una simple mortal y, trataba con todas mis fuerzas poder seguirle... pero ya no podía. Mi límite humano me había vencido en esos momentos, para mi gran fastidio.

- Edward... yo...- le murmuré cansada, intentando memorizar su expresión llena de afecto mientras daba la última estocada en mi interior- te... qui...

- Shh... No te preocupes, descansa... yo velaré tu sueño, por siempre- susurró agitado abrazándome entre sus brazos pétreos- Seré tu guardián, Bella- depositó un beso en mis mejillas.

- Es que... yo... te quie...- intentaba decirle a toda costa antes de desvanecerme por completo. Y a pesar de mi funesta lucha contra el cansancio... no lo logré"

Sólo una cosa...

¡Bendita sea mi memoria y miles de maldiciones por no poder seguir aquel maravilloso acto!

Incestuosa indirecta desde pequeña y caliente de grande... que combinación tan potente. Dije para mis adentros.

Me sonrojé de golpe por el cuerpo tan bien ejercitado de Edward. Los látidos de mi corazón aumentaron al sólo recordarlo. Vestido era chocante y delirante... pero desnudo...

¡Era excitante y embriagante! Ay, Bella... cálmate o sino te dará un ataque cardíaco por estar pensando...

Edward's anatomy, avivó más mi mentecilla. Vestido es machote, pero como Dios lo trajo al mundo, es un sexy y caliente machote.

"¡Ay, cállate!" me regañé a mí misma.

Mis delirios y yo... éramos un caso perdido, pero en ese minúsculo punto... estaba de acuerdo, para variar.

El dolor punzante que taladraba en la cabeza cesó, cosa que me alegró y entristeció un poco. Alegría por no tener que soportar una jaqueca de proporciones colosales por la droga y el alcohol y, tristeza, por no requerir las prácticas e inusuales persuasiones de Edward. Definitivamente, la tristeza iba ganando con motivos suficientes.

Supuse que ya era momento de salir del baño, ya que el vapor y las perturbadoras ideas de mi subconsciente incrementaban el bochorno. Además, había otro tema que debía tratar con mayor seriedad.

Como si perder tu virginidad con el ser más maravilloso del planeta no lo fuese, idiota. Me reprendió mi vocecita interna. Suspiré.

A pesar de lo borracha que estaba el día anterior y los graves inconvenientes que tuve en Port Angeles... existía otro tema mucho más profundo.

El griterío de Jacob en el Gateway Tavern... sobre mi familia.

"¡Arg! Malditas sanguijuelas que me persiguen... ¡Los odio! (...) ¡A la maldita familia de vampiros que tienes!"

Con esas palabras en la cabeza salí del cuarto de aseo vestida y arreglada. Abrí mis cortinas para observar el paisaje verdoso... y por sobretodo, para reflexionar.

Es cierto que podría tomar aquellas ofensivas palabras como algo normal de una persona ebria, pero estaba el pequeño detalle que sabía que mi familia eran seres sobrenaturales... y si Jacob había gruñido tales cosas- a pesar de lo borracho que estaba- ... ¿Por qué no creer si ya a estas alturas todo podía ser posible?

"Edward... y todos los demás son vampiros..." afirmé cerrando los ojos pesadamente "Pero no importa, jamás importó demasiado lo que fuesen... porque para mí... siempre han sido seres maravillosos. Mis ángeles..." murmuré sonriendo.

Un leve golpe en la puerta bastó para que saliese de mis pensamientos y resoluciones.

- Bella, ven a desayunar- llamó aquel ser que había capturado todo mi ser.

Sonreí divertida mientras iba caminando hacia la puerta para abrirle. ¿Habría descubierto ya... que él me gustaba hasta los talones? O... ¿Seguiría sin percatarse?

Le abrí sonriendo. Él me miró extrañado por mi reacción, pero luego me empujo levemente con una de sus manos en mi espalda para que le acompañase.

Después de todo... era Edward. Y si se trataba de él... cualquier cosa me podía esperar.


Magnífico, simplemente maravilloso. Me había acostado con Bella sabiendo que no estaba en sus cabales. Ahora podía recibir el título de pedófilo y asalta cunas sin problemas, pues ya todo estaba consumado.

¿Dónde se había metido mi estúpido autocontrol? ¡¿Dónde?!

Ya no se podía volver atrás – y de cierta forma, agradecía por ello a creces- Pero haber tomado su virginidad así como así... no era un simple juego; mi irresponsabilidad también estaba allí por no haberme detenido cuando pude. Tuve la oportunidad de hacerlo, y no lo hice. Al verla tan frágil, tan dolorosamente hermosa... provocaron que todos los sentimientos que recelosamente había guardado para no causarle daño, saliesen de una forma incontrolable.

Y viéndola mientras dormía a mi lado sin ninguna preocupación, acurrucada en mi pecho... recibiendo su calor... me hacía experimentar millones de sentimientos nuevos.

Estaba más que claro que yo la quería – como una hermana, era absolutamente imposible-. La deseaba a mi lado por siempre, anhelaba tener su contacto, y por sobretodo, se encontraba el ferviente deseo de ser el único de estar en sus pensamientos.

Era un ser egoísta, pero por ella, valía la pena serlo.

- Edward... di una frase en español- me separé un poco extrañado al escucharla hablar dormida. ¿Para qué quería que dijese algo así?, puse los ojos en blanco. Que raros sueños tenía- Yo también te quiero.- jadeó.

Sonreí a la vez que acariciaba sus cabellos con cuidado para no despertarla. Y pensar que la quería matar cuando era apenas una simple bebé. Ese vergonzoso hecho siempre permanecería latente, pues... si Alice y los demás no me hubiesen detenido, yo ya no tendría a mi lado a la chica endemoniada que tanto me sacaba de quicio con sus travesuras de pequeña.

Mi pequeña y endemoniada Bella. La amaba y ese insustancial punto no se podría cambiar jamás.

No dejaría que nadie la lastimara. Porque yo le haría sufrir cien veces más a los que osaran hacerlo.

Comenzó a bostezar y eso ya era un indicio que estaba despertando. Me separé de ella lentamente para observar su reacción. Sería algo muy divertido de ver.

Sus manos comenzaron a tantear el poco espacio que nos separaba. Abrió con pereza y molestia sus parpados y, con cierta confusión observó por debajo de la sábana. Me reí en silencio.

- Buenos días- le saludé para ver su expresión de atontamiento total. Era normal estar confundida, después de haber ingerido tanto alcohol, suponía que debía estarlo.

- B-buenos d-días, E-E-Edward- respondió sonrojada. Otro punto que me encantaba de ella.

¿Pero qué cosas no me gustaban de ella?

Le pregunté si le dolía la cabeza. Generalmente los humanos sufrían de intensos dolores después de haber bebido alcohol o alguna droga. Y ella había ingerido de las dos clases; una verdadera bomba para su organismo. Bella lo había negado diciendo que con una ducha estaría más repuesta.

- Si descubro que el dolor persiste, me obligarás a darte una pastilla- le amenacé- Y sabes perfectamente mis métodos de persuasión- dije divertido al comprobar un nuevo sonrojo y el alto golpeteo de sus latidos. Música para mí.

La dejé ir y yo también hice lo mismo pero en uno de los cuartos de abajo. El resto de la familia se había ido por la persistencia de Alice. Y cuando tenía una idea en la cabeza, era imposible que se la sacaran.

- "Enana macabra... sabías a la perfección que esto sucedería"- musité mientras dejaba caer el agua de la regadera sobre mí.

Lo más probable es que a estas alturas ya supiesen lo que pasó y, para mi gran desgracia, Emmett y Jasper comenzaran a molestar. Bueno, ese era más Emmett que Jasper. Jasper sabía hasta que punto podía tantear el terreno y Emmett no.

Terminé de ducharme y cogí una toalla para anudarla en torno a mi cintura, mientras que iba con otra secando mi cabello. Suponía que Bella seguiría en su cuarto terminando de vestirse. ¡Cómo me frustraba no poder saber que rondaba por su cabeza!

Ya estaba vestido, por lo que vi la hora de mi móvil, 11.03 AM. Bella ni siquiera había desayunado. Suspiré. De algo debían servir los intentos pasados para aprender a cocinar por esos canales del cable.

Fui a su cuarto y golpeé la puerta.

- Bella, ven a desayunar.

Esperé unos segundos y salió a recibirme con una radiante sonrisa. No entendía lo que sucedía, pero me alegraba de verla feliz.

- ¿Cocinarás tú?- preguntó escéptica y volvió a reír.

- Si es lo que quieres- respondí confundido. Sólo esperaba que no tuviesen el sabor de los extraños experimentos de Alice- A lo mejor sigue por ahí ese gato roñoso- murmuré pensativo.

- ¿Para qué necesitas un gato?- me interrogó extrañada.

- Para comprobar si la comida es comestible para ti- nos detuvimos en el umbral de la cocina- Si se va corriendo, pues ya no hay más remedio. Si le da intoxicación... lo mismo. Y si vive... entonces te seguiré preparando la comida ¿Qué te parece?- respondí divertido- Ese gato es el conejillo de indias de Alice... ahora ya sabes de donde vienen "sus delicias culinarias"

- Creo... creo que mejor yo solita me preparo el desayuno. El gato y yo te lo agradeceremos- puse los ojos en blanco.

- Que poca confianza me tienes- alegué suspirando a la vez que me apoyaba en uno de los tantos muebles que habían allí. En realidad, estaba más aliviado el no tener que cocinar.

- Ay, Edward- rodó sus ojos mientras buscaba en el refrigerador- Por supuesto que confío en ti, sino no hubiese...- se quedó callada. Pero por los fuertes latidos de su corazón, supe de inmediato que estaba nerviosa.

- Por supuesto- dije rápidamente. Esta situación me divertía muchísimo. Y estábamos sacando en colación lo de anoche y, quería saber exactamente lo que estaba pensando- ¿Y ya te confesaste al chico de quien estás enamorada?- pregunté de la nada.

- No me creo que tú...- cerró el refrigerador de inmediato y sacó una cajita de leche, con el que comenzaba a apuntar- Todavía tú no... – Dijo nerviosa mientras se sentaba en un piso para observarme con curiosidad- Por favor dime que estás bromeando- suplicó mientras bebía de su leche y yo la observaba imparcial.

Era evidente de que no estaba bromeando- No ¿Por qué lo haría?

- Ah. Entonces te responderé que no- le miré perplejo- Lo único que hace es irse por las ramas- explicó ofendida sin dejar de observarme- Es serio, pero a veces resulta ser tan... terco como una mula. Aunque no niego que tiene otras cualidades que le destacan, y mucho- enfatizó riendo.

- ¿Y cómo es?

- Pues... le conozco hace mucho tiempo. Siempre ha sido como mi ángel protector. Es amable, pero muy gruñón. Es educado y si lo cabrean demasiado, hay que alejarse por lo menos cien metros- suspiró divertida- Y... muy, muy, muy guapo.

- Pero que chico más... tonto- objeté.

- ¿Y a ti te gusta alguien, Edward?

- Te responderé franco, Bella, hay alguien que me gusta- respondí encogiéndome de hombros- Es una chica bastante problemática e incluso ingenua- puse los ojos en blanco al recordarla- Es bastante simple, no prefiere tanto lo ostentoso. Cuando se enfada, luce bastante graciosa, pero tampoco me gusta verla así. Me gusta mucho más cuando sonríe- hice una pausa- Aunque su mayor distinción es la de ser patosa.

- Debe ser bastante torpe entonces. Pobre de ella...- suspiró triste.

- No me importa de que sea torpe. Me encanta tal como es.

- Estoy de acuerdo contigo. A él no le cambiaría por nadie ni por nada.

- Le quieres mucho ¿no?

- Esa palabra no llega al punto en que estoy. Yo diría más bien, estúpidamente enamorada. ¿Y tú, Edward?

- Enamorado no es el término más adecuado, es más... extenso que esa simple definición. ¿Pero qué cosas te gustaría que él hiciese por ti?

- Tal vez... que me demostrara que en su mundo puedo estar, le amo tal como es. No me importa que clase de ser sea.

- Pues si que te tiene atada el estúpido. Tendría que ser muy ciego para no verte.

- Y a ti ella.

- Puede ser... Entonces este tonto te demostrará que le importas.

Frené la conversación y me acerqué hacia a ella. Estaba más que claro, no había duda alguna que el sentimiento era recíproco...


La conversación había dado un giro impresionante, desde mi pequeño y casi temible desayuno hasta llegar al punto en que ambos estábamos terminando de confesarnos, siguiendo la regla de hablar como si nos estuviésemos tratando de otras personas. Todo para llegar a este ansioso y anhelado momento. Sonrojada y temblorosa me fui acercando hacia a él, mientras que Edward acercaba su rostro al mío. Nuestras respiraciones comenzaban a chocar de manera lenta y acompasada. Sus labios fríos pero suaves ya hacían presión en mi boca. Una oleada de júbilo lleno mi interior. Estaba siendo besada por Edward, no como una forma de persuasión ni tampoco ebria y dopada.

Estaba de lo más conciente de este beso y, para mejorar más las cosas, era de mutuo acuerdo. Con los latidos a mil revoluciones, le rodeé su cuello para poder sentirle con mayor profundidad. Le quería con locura, le amaba con locura.

- Bella tonta- suspiró divertido deshaciendo el contacto de nuestros labios- No puedo creer que haya estado celoso de mí mismo por todo un espantoso mes.

- ¡Ah, no sé yo! – Protesté fingiendo enfadarme- Yo te hablaba pero tú ni siquiera me tomabas en cuenta. Era invisible para ti.

- Tú nunca has sido invisible para mí- refutó susurrando en mi oído con ese precioso sonido que me hacía estremecer- Además, es imposible si desde pequeña me has tirado el sonajero para que te prestará atención. Esas cosas no se olvidan jamás- sonrió con malicia.

Refunfuñé enfadada y completamente avergonzada. Me estaba sacando en cara las travesuras que le hacía cuando pequeña. Pero... él era mi todo en la niñez... y ahora, esos niveles se incrementaban con los segundos...

- Pedófilo... – le piqué.

- Asalta tumbas- contraatacó.

No pude evitarlo más y reí. Era feliz... era feliz por estar con él como tantas veces había soñado estar. Abrazarle con libertad, sin privaciones de fingida hermandad. Me sentía... bien.

Le miré a sus preciosos ojos dorados que me observaban expectantes. Toqué su rostro temiendo que desapareciera en una bola de humo... y el seguía estando allí. A mi lado.

De un momento a otro, Edward se alejó de mí murmurando cosas a una velocidad impresionante. No entendía su extraño comportamiento hasta que...

- ¡¡BELLA!!- hasta que escuché el grito de Emmett y de Alice a unos sesenta centímetros de mí.

...

"- Edward lucía muy enfadado. Bueno... más de lo que ha estado en todo este mes. ¿Me preguntó la razón?- susurró desviando los ojos hacia a mí- Tal vez esta noche suceda algo interesante- sus ojos dorados brillaron"

...

Miré a Alice con un tic en el ojo, que me observaba con cara de niña buena.

Ella... sabía que esto iba a suceder... Por eso no había nadie más en casa.

- "Alice eres una tramposa"- le murmuré sabiendo que por sus dotes podía perfectamente escucharme.

- "Pero te gustó... eso es lo que cuenta"- movió sus labios lentamente sin pronunciar palabra alguna.

La fulminé con la mirada. Ahora toda mi familia había llegado y nos miraban a Edward y a mí incrédulos. Rosalie nos miraba a ambos con asombro, Jasper se mantenía en su sitio observando con complicidad a Emmett.

"Se vienen serios problemas" dije para mis adentros.

- ¡Felicidades!- dijeron mis padres.

- Lo sabía, Edward se tuvo que aguantar las ganas hasta que Bella creció- Emmett codeaba el brazo de Jasper en plan cómplice- Me tienes que pagar cien dólares, Jasper. Fue una apuesta limpia.

- ¿Tú hablando de limpio? Emmett, ni tú mismo te puedes convencer- gruñó enfadado mientras sacaba un billete de su bolsillo.

Mis ojos estaban más que desorbitados. ¿Dónde estaba el clásico regaño paternal? ¿Las miradas reprobatorias?... ¡¿Dónde?!

Todos sonreían a más no poder y pude obtener mi respuesta: Esta era mi inusual familia después de todo, mi inusual familia de vampiros...

- ¡Edward, la cara de estreñido se te quitó! Ya sabía yo que echando un polvote se te quitaría. Supongo que habrá sido como un terremoto ¿No hermanita? - suspiré sonrojada.

Y... mi tonto hermano mayor llamado Emmett.