Los personajes son creación de Stephenie Meyer y son de su total dominio. Nada es mío, tan sólo la trama es propiedad de mi imaginación.
SUMMARY: El engaño conlleva una reacción. Vengaza, tal vez. ¿Y qué si ese engaño se cobra la vida de tu madre? Harías lo que fuera. ¿Y si las cosas fueran peor de lo que parecieran?
GET AWAY TO A BETTER PLACE
CAPÍTULO X
La Villa Borghese
Roma, Italia
25 de diciembre, 06:35 pm
Llevaba un día en Italia y su actividad no había disminuido desde el momento en que salió del aeropuerto. Hacía alrededor de un día que había estado conversando con Edward Cullen.
Hoy, Julia había tenido tres reuniones de negocios con cuatro de las empresas más prometedoras del mercado italiano y de las que esperaba conseguir un acuerdo favorecedor. Y había seguido investigando sobre el joven de pelo broncíneo que tanto la había impresionado y sorprendido.
Ahora, se preparaba para una pequeña fiesta en una residencia a las afueras de Roma.
Mientras preparaba su pálido conjunto, compuesto de un vestido beis con una cinta negra en la cintura y acompañado de unos altos tacones y un pequeño bolso de mano, Bella pensaba en la conversación que había tenido hacía algo más de un día y en el chico con quien la había tenido.
Bella estaba confusa, sus expectativas en cuanto a él fueron erróneas. Bella esperaba un tipo duro, frío, arrogante y, sobre todo, peligroso. El techo de suposiciones se le cayó encima. Edward podía ser descrito de muchas formas, pero esos cuatro adjetivos no formaban parte de la personalidad de Cullen.
Bella no sintió miedo, aprensión ni desconfiaza. Tampoco apreció la menor malicia en él, tampoco crueldad. Bella estaba confusa.
Dos preguntas rondaban por su cabeza: ¿Qué pinta Cullen en todo esto?, y ¿por qué demonios utiliza dos nombres?
Las informaciones que recogió sobre él en un principio le decían que trabajaba en Vulturi's & Co, lo cual significaba que Edward estaba metido en todo eso. Sin embargo, después de su charla en el avión, sus sospechas decayeron. Nuevas suposiciones se formaron en la cabeza de Swan. Quizás él no sepa dónde está metido. Estaba claro que Cullen se encontraba bastante perdido y era visible que este no era su terreno. ¡Ni de broma!
Vestida y calzada, Julia Stevenson se perfumó, encadenó la pulsera a su muñeca derecha, recogió el anillo y antes de salir tomó su bolso.
[...]
― No, estas Navidades no pude estar con ustedes, lo siento. Mamá, no te preocupes, estaré ahí para Fin de Año. Mis regalos deben haberles llegado ya... De acuerdo, espero que les hayan gustado... No, no. No me pases a Alice, por favor... Tengo que colgar, voy a ir a correr... Felices fiestas... Adiós... Les quiero.
Mi padre se llama Aro Vulturi, No sé nada del incendio, Yo sé tanto como usted sobre Aro Vulturi... ¿Qué conclusión debo sacar de todo eso?¿Es todo verdad?
Edward Cullen tenía miles de preguntas para una sola persona que no le daba ninguna respuesta. Su propósito se estaba haciendo cada vez más difícil. La joven del avión, cuyo nombre desconocía, lo ponía nervioso. No podía intuír ninguno de sus movimientos, de sus palabras. Sus gestos lo desconcertaban.
Sabía que ella era la clave. Yo sé que tú sabes más de lo que dices, dímelo.
[...]
Roma, Italia
29 de diciembre, 09:02 am
Después de atravesar la Viale dell'Uccelliera, Isabella Swan, vestida con ropa deportiva, se adentró en la Villa Borghese.
Viale dei Pupazzi, Viale Antonino e Faustino, Viale Museo Borghese, Viale Goethe. Bella corría por los verdosos jardines de la Villa Borghese escuchando la reproducción de su iPod. Wrecking ball.
― And I'm always swinging on this wrecking ball while you're building up and breaking down my wall. You push and pull, you give and take and through it all, I gravitate to you― susurraba Bella al ritmo del estribillo de la música.
Una sombra se sumó a la suya, la cual corría. Era una sombra larga, con cabello corto y vestía pantalones cortos con zapatillas de deporte. Bella dudó entre volver la cabeza o aumentar el ritmo de su marcha sin mucho descaro, pero antes de que se diera cuenta, ya había reconocido el perfume de su acompañante.
La joven levantó la mirada y lo que vio sorprendentemente no le desagradó. En ese momento se dio cuenta de que había deseado volverlo a ver, volver a conversar con él.
[...]
La vida de los Vulturi en Italia era un misterio. Nadie sabía nada.
Era cuanto menos curioso el hecho de que cuando se hablaba con la población de Volterra y le nombrabas el apellido Vulturi, muchos abrían los ojos sorprendido, otros tragaban asustados. Si bien es cierto que Volterra no es un lugar muy grande, sino más bien un pueblo pequeño, sería de suponer que sus habitantes conociesen a sus personajes representativos: los hermanos Vulturi que habían hecho famoso el lugar y había traído más turistas al municipio de la provincia de Pisa.
Al parecer, el linaje transmitía desconfianza y, en algunos casos, miedo.
Edward Cullen llevaba estos días inmerso en dos investigaciones, las cuales se unían en un punto lejano que, por ahora, le era desconocido.
La joven del avión había estado en su mente en todo momento. Sus ojos, los cuales le confirmaban que ella había estado en aquel incendio; sus mejillas, las cuales se sonrojaban sin razón aparente; sus labios, los cuales le decían tantas cosas que no comprendía.
La casta Vulturi. Todo un misterio. Lo cual le parecía totalmente irónico, pues llevaba más de dos años trabajando con ellos. Aro, Cayo y Marco Vulturi, tres hermanos con tres vidas que nadie conocía, que la gente rehuía. Odiaba el hecho de sentirse perdido en su propia mente, sentía que algo se le escapaba.
Las horas de trabajo e investigación le trajeron más cansancio del que esperaba. Estaba agotado mentalmente, todo era un laberinto. Decidido a desconectar, Cullen recogió sus deportivas, sus pantalones cortos y una camiseta y salió a la calle a correr y hacer algo de deporte.
Su hermano Emmet era el culpable de que cuatro veces a la semana dedicase tres horas de su tiempo en el gimnasio. Lo cierto era que ese tipo de actividad en un local cerrado no le agradaba, lo cual no le iba a decir a su hermano. Por ello, cada vez que podía y, en este caso, lo necesitaba, Edward Cullen se calzaba sus zapatillas y se iba a correr a un espacio abierto.
Ahora estaba en Roma y había reemplazado Central Park por la Villa Borghese.
Lo que allí le sucedió le asustó, le sorprendió y, sobre todo, le agradó. La joven del avión. Sarah Jekyll. Julia Stevenson. ¿Qué más daba? Ella estaba allí y ésta era otra oportunidad. Por favor, que alguien conserve mi suerte, pensó satisfecho con su propia dicha.
Pudo oírla cantar antes de situarse a su lado, aún corriendo.
― Hola― le dijeron sus labios mientras sus ojos le miraban y sus mejillas se sonrojaban.
Hola,
Ante que nada, ¡gracias! Ciertamente, nunca pensé que un cambio de decisiones me daría tanta alegría. Lo cierto es que en un principio no aceptaba reviews anónimos, pero pensé: "¡Hala! Ya que estamos..." Y bueno, así llegaron los primeros reviews de esta historia, y ante eso, repito: ¡GRACIAS!
Gracias bea por tus apasionantes comentarios, porque me aportaron ganas y trajeron felicidad. Y a tus preguntas, respondo: La sensación de estar perdida en la historia era lo que intentaba conseguir porque quería mucho suspense, pero poco a poco se irá aclarando la situación (no te pierdas el siguiente capítulo). A mi me agrada que te guste esta Bella que he intentado crear y adoro que dejes un review por capítulo, me hace saber lo que piensan los lectores y, aclaro, no eres nada pesada. Y sin poder yo contestar las demás preguntas porque eso lo harán Bella y compañía en la historia, sólo decir gracias y gracias.
Y si de agradecimientos estamos hablando, debo decir: ¡Gracias, lili!Porque tus comentarios han sido geniales y además aportaron un poco de claridad en tu mente, quizá. Casi has tocado la verdad de todo esto, pero nadie ha involucrado a Edward (;
Gracias por leer y hasta pronto,
A. Ameretat
P.D. Al ser anónimos no puedo contestar de otra forma los reviews.
