Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3
Las características especificadas son las siguientes:
Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)
Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.
Género: Romance/Hurt/confort
.
Capítulo 11:
«Malas decisiones»
.
Si había algo que odiaba Takeru Takaishi era estar en medio de una discusión. Gran parte de sus memorias pueriles las vivió y siempre terminaba en medio de ellas; primero sus padres, Yamato y Taichi tampoco se lo pusieron fácil de niños y por más que el tiempo transcurra, había cosas que prefería seguir evitando.
Ver a su hermano a la puerta de Mimi esa noche le dejó en claro muchas cosas, como que ellos necesitaban tiempo a solas, tiempo para aclarar lo que sucede entre ellos y si había gritos y llanto de por medio, Takeru sabía que su lugar no era ese departamento.
Una gota fresca tocó la punta de su nariz, invitándolo a levantar la mirada al cielo. El cielo oscuro con las nubes grises amenazan a soltar todo lo que tenían en ellas habían pasado en segundo plano cuando él dejó el departamento de Mimi. El deseo de huir fue más fuerte que su atención al exterior y seguía siéndolo a medida que reducía la intensidad de sus pasos.
Miró a su alrededor y se dio cuenta que no estaba en la calle de su departamento, de hecho, estaba muy lejos de casa. Dio una vuelta sobre sus pies, observando lo que tenía a su alrededor y sólo cuando reconoció el departamento de Meiko Mochizuki delante de él, comprendió que él quizá no necesitaba a su hogar en esos momentos. Metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones, ocultando en ellos la incertidumbre que creía dentro suyo para no echarse para atrás, y con pasos dudosos, se acercó hasta el panel electrónico que contaba el exterior. Observó los números y las letras de los distintos departamentos que contaba el bloque, él no sabía el de Meiko y aún así estaba allí de pie como si pudiese pedirle algo distinto a esa noche.
─No seas tonto, Takeru… ─Se susurró a sí mismo. Una mano acarició sus cabellos rubios y sus pies retrocedieron con intención de marcharse hasta que el panel comenzó a sonar.
─¿Takaishi-san?
Takeru se volvió a sus espaldas con el corazón palpitante y el rostro sonrojado al saberse descubierto, mirando al panel como si éste tuviese la culpa, como si lo haya delatado.
─Eh… ¡Meiko! ─Saludó con vergüenza, acercándose al panel para hablar mejor─. Así que estás en casa… ─Se abofeteó mentalmente por semejante conclusión reveladora, escucharla reír por lo bajo tras la otra línea no lo hizo sentir mejor tampoco─. Perdona, yo no…
─¿Quieres pasar?
─¿Sí?
─Está comenzando a llover, no me perdonaría que te resfríes por mi inhospitalidad. Bajaré en seguida.
Takeru se acomodó el cabello con el agua que comenzaba a caer con mayor intensidad, sin preocuparse mucho por eso, lo único que tenía en mente era la excusa que podría decirle a la editora que le abriría la puerta en unos momentos. ¿Qué podría sonar poco sospechoso además de la tonta idea de que sólo caminó hasta llegar allí? No tenía muchas opciones.
La puerta se abrió y Takeru puso su mejor sonrisa a una Meiko en pijamas.
─¿Estabas acostada? Lo siento.
─No soy de dormir temprano, no te preocupes. Adelante. ─Así lo hizo él, permitiéndose sentir un poco más de calor dentro del departamento de Meiko─. El trabajo me tiene hasta tarde, sólo me gusta vestir cómoda cuando estoy en casa.
─Te entiendo. ─Ella lo miró un momento, quizá esperando a que él le dijera el motivo por el cual estaba allí─. Te preguntarás por qué vine, ¿no? Pues… Sólo quería saber cómo estabas, ya sabes, después del choque y todo eso.
─Qué gentil. Estoy bien, no sufrí ningún daño. ─A Takeru, las ideas, comenzaban a acabársele. No podía sino retirarse con la poca dignidad que tenía─. ¿Te gustaría tomar algo? ─Él la miró con curiosidad así que las mejillas de la mujer comenzaron a encenderse─. Venir hasta aquí sólo para saber cómo me encuentro… Quisiera agradecerte la preocupación de alguna manera.
─Estás en tu día de suerte, tampoco duermo temprano y soy buena compañía. ─Meiko sonrió y él sólo la siguió hasta el interior de su habitación.
Mimi contuvo el aliento un momento.
Pocas veces llegó a quedarse sin palabras, pocas veces llegó a sentir que su pecho se hacía pequeño y que su simple respiración terminaría por romperla en fragmentos. Si, pocas veces se sintió de esa manera, él lo sabía a la perfección. Darse cuenta de ello, lo hizo enderezarse del suelo, quería acercarse a ella, intentar remediar ese semblante de sorpresa, una sorpresa no del todo grata.
Pero antes de que pudiese acortar la distancia, una pequeña sonrisa se formó en sus labios de Mimi, retomando su semblante habitual.
─No más alcohol para ti, Yama. ─Formuló la castaña con gracia, quitándole la copa de su diestra.
─Mimi. ─Mimi quiso salir de la habitación, pero Yamato sólo necesitó un movimiento para cerrar la puerta, siempre fue alto, no necesitaba moverse demasiado para alcanzar las cosas. En esos momentos que la distancia entre ambos terminaba siendo apenas un suspiro, se dio cuenta que él no necesitaría emplear mucho esfuerzo para acortarla totalmente.
─¿Qué haces? ─Preguntó ella sin borrar su sonrisa, intentando minimizar la intensidad que los ojos de Yamato despertaban al mirarla.
─Lo digo enserio. ─Reafirmó. Sí, sólo un suspiro los separaba. Él podía sentir cómo ella luchaba contra su propia respiración, cómo intentaba lucir tranquila y hasta podría jurar que oía sus pensamientos en esos momentos─. Siempre te tuvimos, Mimi.
La sonrisa en su amiga comenzó a flaquear, ella se cansó de sostenerla sin fuerzas mientras tenía la mirada azulina encima. Los ojos castaños bajaron al suelo, buscando algo que a Yamato le sabía insignificante en esos momentos, porque teniéndola tan cerca podía apreciar detalles que muchas veces pasaba desapercibido para él, como que las algunas pecas saludaban con timidez en la piel de sus hombros, o lo largas que resultaban sus pestañas o lo carnosos que eran sus labios. Esos pensamientos no ayudaban a la cercanía; mientras más pensaba, más estrecho se volvía el aire entre ambos.
─Yama, Hotaru necesita una madre. ─Los ojos de Mimi volvieron a encontrarse con los propios, éstos rezaban angustia y temor, un temor que él no encontraba fundamento─. Tú te mereces a alguien más a tu lado.
─¿Es porque somos amigos? ─Preguntó Yamato y sin meditarlo, su mano terminó acomodando un mechón castaño tras la oreja de Mimi. Una corriente eléctrica los recorrió.
─¿No te parecería extraño? ─Preguntó ella enseguida, sonriendo con gracia. Yamato la imitó, sonriendo ladinamente y dando un paso más, ella retrocediendo.
─¿Qué? ¿Tú y yo? ─Preguntó siguiendo con el hilo de gracia que ella empleaba─. Bastante extraño.
─Sí… Es decir, te adoro, lo sabes, pero tienes un carácter horrible. ─Yamato rio, contagiándola─. Tienes un pésimo gusto para vestir y gracias al cielo por tus genes caucásicos, porque si depende de moda, amigo mío…
─¿Ah, de verdad? ─Ella asintió sin borrar su sonrisa─. Tú no eres muy buena con el asunto del ahorro. Ya de por sí eres una pésima influencia para mi hija.
─Cariño, sólo compro lo mejor. Soy culpable, tú eres un tacaño. ─A cada palabra, el aliento del otro chocaba con mayor impacto, el espacio comenzaba a faltarles, pero ninguno pretendía retroceder o hacerse a un lado. Mimi tenía la puerta contra la espalda, pero parecía muy cómoda, más aún con sus manos rozando las de Yamato.
Sus miradas dejaron de estar cargada de la amistosa complicidad de siempre, había algo distinto que no podían comprender y no tenían tiempo, estaban más ocupados en dejarse arrastrar por el magnetismo que los atraía entre ellos.
El punto de quiebre lo ocasionó Yamato al quitarle la copa que Mimi le había quitado momentos atrás. Ésta la miró con curiosidad, él sólo sonrió.
─Creo que tenías razón sobre el alcohol. ─Sus palabras acariciaron dulcemente el rostro de Mimi─. Ya tuve suficiente de él.
Un sencillo amago de alejarse provocó en Mimi una reacción inmediata: las manos de la castaña tomaron la playera de Yamato, estrujándola con fuerza, impidiéndole crear distancia entre ambos y con la decisión de la ebriedad y el deseo despertado, acabó encontrando camino hasta los labios de su mejor amigo. Él recibió el cuerpo de Mimi con presura, con la misma que buscó colocar el vidrio en un lugar seguro lejos de ellos. Al conseguirlo, sus manos se ciñeron a la pequeña cintura de Mimi.
Conocía de esos besos arrebatadores, esos que estaban cargados de fuego, de los que dejaban seca la garganta, sedienta de más y más. Conocía de besos de ese tipo, en donde sentir, explorar era lo único que importaba. Esos besos estaban conectados con la piel, con las manos, con el calor de ambos volviéndose uno sólo.
Nunca había besado a Mimi antes, ella tampoco pensó en besarlo a él, sin embargo, allí estaban en mitad de su cuarto, comiéndose a besos como si la experiencia los precediera, como si lo hubiesen hecho siempre, como si sucumbir a los labios del otro fuese el deporte favorito para ambos.
Mimi dejó de ser arrinconada contra la puerta para ser quien guiase los pasos de aquel baile sin música, haciendo que Yamato retrocediera poco a poco hasta que sus pantorrillas encontraron la cama y terminó cayendo sobre ésta. Ante aquella caída, sus labios terminaron separándose y les dio un momento para respirar y asimilar los hechos. Yamato tumbado en su cama, Mimi con una rodilla entre las piernas de su amigo. Ella sólo necesitaba hacer un movimiento para que todo sucediera, un solo movimiento y todo cambiaría para ambos.
Resultaba irónico pensarlo, pero nunca se sintió más poderosa.
─Ésta es tu última oportunidad, Ishida. ─Su voz sonaba distinta. Era el deseo hablando por ella, el empoderamiento de tenerlo casi a su merced.
─¿Es aquí donde ruego que pares? ─Yamato se sentó en la cama y su mano acarició la rodilla que tenía entre sus piernas, sin apartar su mirada de la de Mimi.
─Es aquí donde ruegas que siga. ─Empujó el pecho de Yamato, tumbándolo nuevamente y bajo su atenta mirada, ella se quitó la blusa dejando ver su brasier─. ¿Aún recuerdas cómo desprenderlo o quieres que lo haga por ti?
─Eres odiosa, ¿lo sabías? ─La tomó por la cintura y la tumbó sobre él. La risa de ambos cubrió cada rincón de la habitación, echando cualquier duda fuera.
Si era una mala idea, ya esperarían la mañana para lamentarse. Esa noche quebrarían las cláusulas de su amistad por primera vez.
Los dedos de Yamato se dirigieron a los botones del short de Mimi pero las manos de ésta lo detuvieron un momento. Él la miró con duda encontrando sólo un semblante preocupado en su amiga.
─¿Mimi?
─Yo… ─Ella sonrió con pena de sí misma y sólo cuando Yamato bajó la mirada al vientre de Mimi recordó su historia, entonces comprendió su preocupación─. Sólo trata de no asustarte, ¿de acuerdo?
Yamato desabotonó el jean, bajándolo un poco, pudiendo ver el comienzo de la cicatriz que marcó una parte importante para Mimi. Bajó un poco la tela de su ropa interior y pudo verla con mayor claridad, su pulgar recorrió el tejido nuevo que la cicatriz generó con el mismo cuidado que emplearía al tocar un cristal. Bajó los jeans de su amiga, ella los hizo recorrer hasta sus tobillos deshaciéndose de éstos.
─Eres hermosa. ─Dijo Yamato sin dejar de mirarla, sin dejar de acariciar su cicatriz.
Mimi sonrió y volvió a besarlo, ésta vez sin la pasión abrumadora de hace un momento, ésta vez lo besó con cariño, con ternura, con todo lo que generaba en ella su mejor amigo. Él la acariciaba como si estuviese hecha de seda, la miraba cómo si fuese arte. Hacía tanto que no se sentía así por nadie en la intimidad. Los besos eran roces al alma, dos almas que se conocían casi a la perfección, entregándose por completo al otro.
No eran perfectos, ambos tenían una historia complicada, historia que el otro conocía, ambos poseían cicatrices, algunas más visibles que otras, pero eran amigos y se adoraban. Nunca creyeron que las cosas entre ambos terminarían involucrándolos en una misma cama, a un ritmo que nublaría sus mentes y sonrojase hasta el último tramo de piel. No, nunca creyeron llegar a encontrarse de ese modo, pero estaban desnudos, sudados de pasión y el tiempo era injusto muchas veces. Esa noche los vaivenes se dictaron en más de una ocasión, los nombres subían escalas tonales y las caricias encontraron puntos sensibles casi pecaminosos.
Él la mordía, la besaba, la estrujaba como si necesitara una prueba más de que era real, de que no era una fantasía solamente. Ella repetía una y otra vez su nombre, acomodándose debajo o encima suyo, la veía despeinada, sudada y sonrojada y podría jurar que nunca la había visto más hermosa.
Y cuando el cansancio los atrapó, él la abrazó y acunó su rostro perlado entre su cuello y hombro, respirando su aroma, respirando el orgasmo que aún perfumaba su piel. Ella lo recibió como siempre, con los brazos abiertos y caricias en su pelo, susurrándole cariño al oído, haciéndole bromas que él terminaba cediendo siempre.
Nunca se imaginó terminar de ese modo con Mimi, pero todo se sentía tan natural.
─¿Fue tan extraño como pensabas? ─Preguntó Yamato contra su piel. Ella cerró los ojos y dejó que la electricidad causada por su voz, le devolviera un poco de energía.
─Extrañamente, no me resultó algo raro.
─¿Nos conocemos tanto que esto terminó siendo algo natural? ─Ella sonrió─. Ojalá me haya dado cuenta un par de años antes.
─No estás tan oxidado como creí que estarías, Yama. ─Ella rio cuando él mordió juguetonamente su hombro. El silencio comenzó a abrazarlos, invitándolos a dormir en su seno mientras sus pensamientos seguían maquinándose, especialmente en Mimi─. ¿Crees que fue una buena idea?
Yamato se separó un poco de Mimi para mirarla e intentar leerla. Había preocupación en ella, la entendía. Ya no eran unos adolescentes hormonales que podían follarse al mundo si quisieran. Él tenía una hija, ella era su tía favorita, ambos eran mejores amigos. Ella intentó separarse un poco, quizá por el silencio que él prolongó más de la cuenta.
─Buena o mala, está hecho y no me arrepiento. ─Mimi sonrió.
─Es gracioso que aquí la preocupada sea yo y tú te lo tomes tan bien. ─Una mirada ceñuda vislumbró el semblante de Mimi, haciendo dudar a Yamato─. No me digas que siempre tuviste éstas intenciones, Ishida-san.
Yamato rio.
─Tú has sido la del vino ─Acusó él─. Yo creyendo que todo tenía un tinte inocente. ─Mimi lo golpeó en el pecho hasta que él volvió a abrazarla, impidiéndole moverla─. Si te sirve de consuelo, creo que Hikari estaría tranquila.
Mimi lo miró sorprendida, no lo había pensado de ese modo y tampoco esperó que Yamato la nombrara con tanta tranquilidad en esos momentos, sin martirizarse por haber intimado con otra mujer que no sea su esposa. Sonrió y besó con dulzura los labios de Yamato, se acurrucó en su pecho y ambos guardaron silencio hasta que el sueño los atrapó.
Toda acción posee consecuencias, pero estaban agotados como para pensar en eso.
Takeru comenzó a desperezarse en el sillón de Meiko cuando ésta llegó a él con dos tazas más de café negro. Él lo tomó con una sonrisa, agradeciéndoselo. La pantalla de la laptop de Meiko brillaba frente a ellos, una suerte de fogata quiso pensar él y si las cosas pudiesen ser distintas, aquella hubiese sido una velada distinta.
─No caí en cuenta que eran las siete de la mañana. ─Aseguró Meiko con pena─. Perdóname, no tenías que quedarte toda la noche conmigo.
─¿Bromeas? Fue una de las mejores veladas que tuve en años. ─Respondió Takeru─. Pasar en vela es lo que más hice a lo largo de mi vida. A pesar de mi estado de quietud con la escritura, no concilio el sueño con facilidad.
─Es comprensible. Tu cuerpo está acostumbrado a un estilo de vida. ─Meiko sonrió, llevándose a sus labios su taza humeante─. Después de la muerte de Daigo, me costó dormir por las noches. Iba a terapia y solía medicarme para conciliar el sueño. Malo para el cuerpo, pero bueno para mi trabajo, supongo.
─Deberías de dormir.
─Estoy bien, de verdad. ─Insistió ella─. Además, me has ayudado bastante con mi trabajo, no sé cómo agradecértelo.
─No es nada. Somos dos caminantes nocturnos, debíamos hacer algo productivo. ─Meiko asintió─. Será mejor que me vaya.
─¿Ya? ─Takeru la miró con una sonrisa─. E…Es decir… Yo…
─Debes descansar. Además, me comprometí con Mimi en ayudarla a seguir empacando. ─Takeru se puso de pie, siendo imitada por Meiko.
─Mimi-san parece ser una buena amiga.
─Lo es. Una de mis mejores amigas, al igual que para mi hermano. ─Se rascó el cabello con parsimonia─. Sólo espero que hayan hecho las paces, no quisiera lidiar con su drama luego.
─Nuevamente, gracias por la ayuda, Takaishi-san.
─Hey, pasamos la noche juntos, creo que ya puedes tutearme, Meiko.
Meiko se sonrojó, asintiendo con timidez y lo acompañó hasta la salida. Antes de marcharse, Takeru se volvió a ella, quiso decir algo más, ella esperaba que lo hiciera, pero no salió nada más de él. En cambio, se acercó a su rostro y depositó un beso en la pálida mejilla de la azabache, encendiéndola con intensidad, mirándolo como si acabara de hacer algo indescriptible y en parte, para ella, fue así.
─Si necesitas compañía para otra velada, tienes mi número.
Sin otra cosa qué decir, se marchó. Meiko esperó a que la silueta de Takeru desapareciera por el pasillo para cerrar la puerta y recostarse por la madera de ésta, liberando el aliento que contuvo cuando los labios del rubio encontraron su mejilla. Se sentía como una adolescente, hacía tanto de eso que no sabía qué más esperar.
¿Qué puede desear una viuda además de compañía para un café…?
Notas finales:
Lo que muchos esperábamos que sucediese, finalmente se dio.
No quise implementar un lemon descriptivo, le tengo mucha ternura a esta historia que me pareció más apropiado describir con esa misma ternura su primera vez juntos. Espero que les haya gustado :3
