Capítulo X
Moscow
Habían pasado cinco días más, en los cuales se dedicaron a descansar plenamente. No recordaba haberse sentido tan incomoda. Su ángel estaba inquieto, ansioso en su interior. Se desvivía cuidando a la rubia. Todos habían logrado sanar satisfactoriamente a diferencia de ella y Haruka. Su brazo derecho seguía inmóvil y su pareja mantenía algunas bandas curativas y la mirada perdida.
Si no se hubiera sentido tan mal, probablemente no le habrían temblado tanto las rodillas. Habían estado todo el día tratando de recuperar el camino recorrido antes el incidente. Makoto la vio estresada y preocupada, por lo que ella, camuflando sus propias preocupaciones con respecto a la rubia, se ofreció a realizar la misión de ese día acompañando a su mejor amiga.
Caminó a grandes zancadas por la acera; estaba tan frustrada que eso la molestaba. Efron no había aparecido desde hace mucho. Maldijo mentalmente, todos sus contactos se habían ido al carajo. O eso creyó.
-¡Señorita Michiru!-
Efron caminaba hacía ella, sonriendo. Una mujer adornada con un vestido ridículo hizo un gesto de desprecio cuando pasó junto a Michiru y echó una mirada al jovencito delgado, intentando hacerle entender que su tiempo era muy valioso para perderlo en esa basura. Pero Efron no le prestó atención. Tenía los ojos fijos sobre la peli aqua.
-¿Está disfrutando sus vacaciones acá en Rusia? Oh, vaya, lamento lo de su accidente – Su voz era amable mientras señalaba su brazo derecho. Michiru parpadeó un par de veces. No estaba de humor pero lo mejor ahora era seguirle el juego. Tenía que sujetarlo; al parecer era el único avance que le quedaba.
-Si. – Le sonrió con desgana. – Pero está llevando más tiempo del que tenía previsto para estar aquí. Desde nuestro accidente en aquella fiesta el tiempo de estancia se ha alargado.-
-No me molesta eso ¿sabe? Me agrada saber que compartiremos más tiempo juntos en este país. –
Michiru mordió su labio inferior, quería quebrarle el cuello. Dios, su ángel estaba tan hambriento.
-Si, pero tengo cosas importantes que hacer en Londres. –
-Ya veo. – Su expresión se entristeció. Michiru trató de sonreír pero la verdad era que estaba tan agotada que no pudo ni siquiera intentarlo. – Hace unos días pase mi postulación a ejercito Custodio. – Efron se acercó a ella a paso lento.
Un brillo peculiar se apoderó de la mirada de la líder. El jovencito la rodeó de la cintura.
-Debería usted ser buena conmigo. Yo podré cuidarla cuando me acepten. ¿No le gustaría eso? –
-Yo puedo cuidarme sola, gracias. A mí y a otros, le informo. –
-Tal vez esté equivocada. –
-Lo pensaré. – Se liberó del agarre con facilidad. Efron prosiguió.
-La están vigilando, Señorita Michiru. A usted y a sus amigos – Una sonrisa se poso en sus labios secos. – Usted decide quien quiere que la vigile, si ellos…o yo. –
Con un gesto que el juraba que era coqueto, le pasó un dedo por el cuello. Michiru le perforó las entrañas con los ojos, luchando por mantener la cordura y calmar a su ser celestial. Él se separo y caminó por la calles, tarareando una melodía desconocida.
"Si no necesitara de ti ahora ya no tendrías piernas para caminar."
¿Qué habrá querido decir ese estúpido muchacho? No tardó mucho en darse cuenta que Efron le había dado información que le ayudaría a seguir la investigación. Parece ser que la suerte le estaba cambiando. Pero ¿De quiénes estaba hablando cuando dijo "ellos"? ¿Los Custodios? ¿Los Oscuros? ¿El mismo Papa o el Salvador? ¿El Lord?
Siguió pensando hasta detenerse. No era solamente a ella la que estaban vigilando. Su mente viajó hasta Makoto, Hotaru, Usagi y finalmente hasta Haruka. No, no le iban a poner un dedo encima, ella estaba decidida a proteger a su escuadrón y más que nada al amor de su vida.
"Esto es demasiado. ¿Cómo se supone que voy a seguir adelante?"
Suspiró profundamente. Si tan solo Haruka estuviera bien la habría alegrado con algún pensamiento en su cabeza, destruiría sus miedos. Sintió la culpa.
"Maldita sea el momento que iniciamos esta misión."
Tarareó con suavidad, buscando la melodía mágica de la voz de la rubia. Siguió caminando hasta que percibió una energía negativa. Se concentró y la localizó a unos pasos suyos. Era una mujer regordeta. Su energía, pese a ser negativa, no correspondía a la de un demonio. Seguramente aquella mujer era un fantasma. Cuando vio a Michiru sonrió de oreja a oreja.
-Buenas tardes. – Le dijo. - ¿Cómo ha estado? –
La chica se quedó en silencio unos momentos. Luego le respondió.
-Bien, ¿Y usted? –
-¿Sabe? Estoy muy perdida. Creo que usted me entiende. –
-Tal vez.-
-Estoy agotada de vagar en este mundo. – Soltó sin más.
-¿Por qué no ha encontrado la luz? – La mujer roznó de risa.
-Ni si quiera yo lo sé. –
Se acercó a Michiru en un gesto confidencial; era obvio que aquel espectro necesitaba comunicarle a alguien como se sentía.
-Mi novio me había llamado. Bueno, mi ex novio, debería decir. Yo no me imaginé que el iba a asesinarme. Eso fue antes de que estos tiempos se tornaran tan difíciles. –
-¿Y su novio? –
-Estoy aquí para atormentarlo pero la verdad con todos esos Custodios y sus armas no he podido darme a la tarea de buscarlo. Tal vez es eso lo que no me deja descansar. –
La líder la estudió a detalle, aquel espectro de señora de alta alcurnia, con piel pálida y ojos blancos, parecía más una especie de cerdo. Suspiro profundamente mientras su ángel acariciaba la superficie de su piel, no era un manjar como destrozar un demonio pero al menos alimentaría a su espíritu celestial. La mujer seguía hablando como si Michiru le hubiera hecho alguna pregunta.
-Yo siempre quise casarme con él y hasta tener hijos. Usted me entiende. –
El ángel empezó a calentarle los poros en una sensación que produce el agua caliente. Michiru analizó la situación; ella era un espirítu que nadie recordaba, no había causado estragos por el temor a los Custodios y sus armas. No había nada de atractivo en su energía negativa pero no podía hacer esperar más a su ángel.
-Espero no le moleste que pueda acompañarme un rato. No quiero estar sola. – Ronroneó la peli aqua, asegurándose de que sus palabras endulzaran el oído de aquel fantasma perdido. La mujer asintió, después de todo, ella también estaba sola.
La guió hasta una calle solitaria y allí el ángel se apoderó de ella. Sus ojos adquirieron ese tono violeta que lo carácterizaba y por primera vez materializó su arma; Un tridente plateado que brillaba con magnificencia. La energía de Michiru provocó que el cabestrillo que cubría su brazo derecho se desprendiera y volará hacía un rincón de la calle. Sujetó el tridente con la diestra y con la izquierda agarró el cuello del fantasma. Sin perder más tiempo las afiladas puntas del tridente a travesó el espectral cuerpo Su ángel se alimentó de esa energía tan rápido como pudo. La joven aqua apretó con más fuerza su cuello hasta que no quedó nada más que absorber y el cuerpo se evaporo como una nube de polvo. Por primera vez desde aquel incidente se sintió más cerca de sí misma.
Se sentía renovada, lista para enfrentar cualquier otro obstáculo. Recogió su cabestrillo y se lo puso nuevamente. Su brazo ya no le dolía tanto pero era mejor prevenir, posteriormente salió de la callejuela y se encaminó al bar-café. De seguro su escuadra le estaba esperando ya.
Toda la fuerza que había adquirido con ese rápido alimento para su ángel, se le fue a los pies cuando vio a dos hombres frente a la puerta del bar-café. Al oír los tacones golpeando el pavimento ellos voltearon y le dedicaron una sonrisa. El más grande de los hombres dio un paso hasta ella y extendió su mano.
-Buenas tardes, Señorita. Soy el doctor Lebouf. Espero no haberla incomodado. Alguien nos llamó y nos informó que necesitaban ayuda médica en este lado de la ciudad. Pero no me imaginé que se tratara de un bar-café abandonado. –
La sonrisa del médico era agradable pero había algo que no terminaba de encajarle. Tal vez era el hecho de que el segundo hombre que lo acompañaba era claramente un soldado Custodio.
-¿Quién le dio la llamada? –
-La recibimos del Londres. –
¿Londres? ¿Era posible que Setsuna, como buena legendaria que era, se haya enterado de lo que pasó y envió un doctor de su confianza para que examinará a Haruka? Michiru parpadeo varias veces. Entonces, si era de confianza ¿por qué llevaba a un Custodio con él?
-¿Señorita? – Llamó.
Michiru sacudió la cabeza con lentitud y se acercó a la puerta de la estructura.
-Efectivamente hay alguien en muy mal estado pero no estoy segura que ustedes puedan ayudarla. –
-Nosotros lo decidiremos. – Sonrió de nuevo. – Por cierto, perdone mi falta de educación. Él es Montie, un amigo muy cercano. –
El hombre hizo un saludo con la mano.
"Espero que no me vaya a arrepentir de dejarlos entrar."
-¿Cuál es su nombre, Señorita? –
-Kaioh. Michiru Kaioh. –
-Es un placer, Señorita Kaioh. –
La líder abrió la puerta del bar-café y dejó ingresar a los hombres. Ella los seguía casi sin desprender la mirada de sus espaldas, vigilándolos. Allí estaban las chicas, Usagi, que estaba escribiendo algo se detuvo y levantó la vista hacía los recién llegados.
-Vaya, fueron rápidos. – Dijo.
Michiru la miró extrañada.
-El asunto, Señorita Kaioh, es que nosotros no somos humanos. – Explicó el doctor a medida que se acercaba a una Haruka dormida en el regazo de Makoto. – Pero tampoco somos ángeles como ustedes. –
Michiru se puso alerta al ver que el hombre se dirigía a su pareja.
-Kunz llamó a Hotaru antes del medio día para informarle que había un médico, aquí en Moscow, que trabajaba de la mano del consejo al que pertenece Setsuna y la Elite. Aún así no nos dijo como fue que se enteró del estado de Haruka. – Explicó la castaña mientras despertaba a la rubia y la acomodaba sobre la silla. – Pero nos aseguró que Setsuna no sabe nada de esto. –
La líder soltó el aire contenido en sus pulmones y caminó hasta estar lo suficientemente cerca de la rubia y el doctor.
- Nosotros somos infiltrados en el ejercito el Papa. – Soltó el médico. – Montie pertenece al área de las fuerzas armadas y como verá yo estoy en las áreas médicas. –
Parece que la suerte de verdad empezaba a sonreírle.
-¿Por qué no estaba enterada de eso? – Preguntó con seriedad.
-Porque es usted líder de Liquid Blue y nosotros no somos miembros de la Elite. – Aclaró con sorna.
El doctor toco el rostro de Haruka y Michiru se sobresaltó. Lebouf sonrió.
-No se preocupe, estamos aquí para ayudar a la dueña de Uriel. –
El hombre la inspeccionó, toco sus heridas, acarició su mejilla. Tras un análisis desplegó el maletín metálico que llevaba y de ahí preparó una especie de infusión en plasma azulado. Posteriormente lo introdujo en una jeringa y descubrió el brazo derecho de la rubia.
-¿Qué es eso? – Michiru se sentía nerviosa.
-Esto, Señorita Kaioh, alimentará el ángel de Haruka. –Explicó. – Esto esta hecho de la energía que ustedes absorben de los demonios pero como ve, sin rastros de negatividad; y la negatividad es precisamente lo que causa la locura de su compañera. –
Cuando la aguja de la jeringa penetró la piel del brazo de la rubia, Michiru tembló, la sentía, sentía de nuevo como la vitalidad característica de Haruka se despertaba. Una vitalidad y energía que le transmitía, en palabras mudas, una disculpa por haberle complicado la misión. Esa era la energía que ella necesitaba desesperadamente.
El contenido de la jeringa se vació y el doctor la retiro. Sonrió y dio una amigable palmada en el hombro de la rubia. Haruka parpadeó repetidas veces.
-¿Qué está pasando? – Su voz era ronca y le aruñó la garganta. Supuso que se debía a que no la había usado en varios días. Las palabras que venían de Haruka le erizaron la piel a la chica aqua. ¡Dios, como la había extrañado!
Makoto la abrazó con efusividad y Haruka expulsó el aire de sus pulmones.
-¡Me da tanta alegría que estés mejor! –
-Señorita Makoto, estoy seguro que ella también se encuentra feliz, pero si no la suelta puede hacerla desmayar. – La muchacha, avergonzada, libero el abrazo y Haruka respiró tratando de llenar sus pulmones.
La castaña se levantó y permitió que Michiru tomara su lugar. La peliaqua le plantó un beso en la mejilla a la rubia y sujetó con firmeza su mano. Como si fuera a volar y nunca más regresar.
-Lebouf. – Llamó el soldado. –Será mejor que les diga ya. –
-Es cierto. – El médico miró fijamente a la rubia. – Haruka, es preciso y necesario que aprenda a controlar a su ángel. – Michiru se tensó, Makoto se mordió el labio inferior, Hotaru dio un brinquito en su asiento y Usagi se mantuvo helada. – De lo contrario solamente volverás a caer en este estado caótico y atrasaras la misión. La próxima vez incluso puede ser peor. – Hubo un momento de silencio.
-¿Cómo? – La chica de cabellos rubios se limitó a preguntar, con un ligero temblor en la voz.
-Estoy seguro que la Señorita Kaioh, la Señorita Makoto, la Señorita Hotaru y la Señorita Usagi le pueden ayudar. – Sonrió.
Michiru apretó la mano de la rubia con fuerza. Analizó una y otra vez la situación; Lebouf tenía razón. No podía poner en riesgo la vida de Haruka y el trayecto de la misión. Odiaba ese mal tan necesario.
- Estoy dispuesta a correr el riesgo. – Sentenció la rubia.
Y una sonrisa misteriosa se instaló en sus labios.
