Capítulo 11: El Momento Llegó

—¡Qué! Pero como puedes decir eso Presea, ¿acaso es que no ves todo lo que ha pasado? —Ráfaga la enfrentó.

—Sí, claro que lo he visto, por eso mismo es que necesito que Lucy busqué a las otras guerreras.

—Caíste en la trampa Presea — se adelantó Ascot.

La armera volteó a mirar al ojiverde y negó con la cabeza.

—¡Ella se va a quedar aquí te guste o no! — exclamó el comandante dándole la espalda.

—¿Pero es que acaso no ves que si esto continua todos vamos a morir? — intentó hacerlo razonar —, sin ellas estamos perdidos — indicó mirando a Caldina y Ascot quienes permanecían en una esquina de la habitación.

Ráfaga cerró los ojos y suspiró —, hasta qué grado pueden llegar a ser manipuladoras esas tres niñas. Además no comprendo ¿cómo es eso que fuiste a hablar con ella?

—Ráfaga yo… —Caldina habló con algo de temor y luego se calló.

El comandante la miró por un momento molesto —, los únicos que sobrevivimos a esto, sólo fuimos nosotros, yo estoy a cargo de todo, ¿qué es lo que querías decir Caldina?

—Pues… pues es que… a mí me cuesta creer todo esto y bueno yo… ayudé a Presea para que pudiera llegar hasta donde Lucy — desvió la mirada.

—Impudentes, eso es lo que ustedes dos son. Y ya lo he dicho, Lucy se va a quedar donde esta — Ráfaga se dirigió a la salida.

La armera apretó los puños desesperada mientras que Caldina bajó la mirada y Ascot negó con la cabeza bastante pensativo.

Nikona brincó a los brazos de Presea quien la abrazó con fuerza, las lágrimas se amontonaron en los ojos en sus ojos.

….

—Tengo miedo de todo esto — aseguró Lucy apretando los ojos.

—Tranquila todo esto va a salir bien — indicó regalándole una sonrisa.

—Gracias… — dijo limpiándose las lágrimas —por escucharme y por favor… confiar en mí.

—En un momento vengo por ti — la armera se dirigió a la salida.

….

Presea sollozó no sabía qué hacer ahora con todo.

En ese momento entró Geo y al verla no pudo evitar en sentirse preocupado.


Marina permanecía en una silla sumida en sus pensamientos, en algunas ocasiones levantaba su mirada y la fijaba en su compañera que permanecía con los ojos fijos en algún lugar de la ciudad de Tokio, esperaba que como siempre la volteara a mirar y con tranquilidad le hablara, siempre había sido así, cuando discutían o se peleaban, Anaís se toma su tiempo para pensar y luego como si nada se acercaba y le hablaba con calma, pero desde que todo entre ellas se había vuelto tan tenso ella había dejado de hacer eso. La rabia la invadía, se había esforzado tanto en no causarles molestias a sus amigas con sus problemas pero todo había salido mal y era debido a su egoísmo, Anaís había sufrido y estaba sufriendo por su culpa.

Tenía tantas ganas de disculparse pero no estaba segura, no sabía qué era lo que tenía que decirle, además ese sentimiento de culpabilidad la estaba matando, sobretodo porque empezaba a sentir como si le hubiera hecho algo muy pero muy malo a Anaís, eso la aterró.

Inevitablemente un sollozó escapó de su boca haciendo que la rubia la volteara a mirar.

Anaís la miró con asombro pero no se atrevió a decir nada, estaba cansada de todo eso, no quería seguir siendo la que que bajaba la cabeza, Marina no se merecía nada de eso, tenia que se dura y no permitir que la volviera a hacer sentir como antes, como cuando le había dicho que era una tonta al querer aferrarse a algo que jamás iba a conseguir.

—Sólo tienes que odiarla un poco más…

Los ojos de la guerrera del viento se abrieron y negó con la cabeza.

—Ella jamás va a cambiar Anaís, recuerda todo lo que paso.

—Basta… — murmuró colocando una mano en su cabeza.

—¿Eh? — la peliazul la volteó a mirar confundida.

—Sólo te estoy haciendo un favor…

—¡Noooo! — gritó apretando sus ojos sintiendo mareo.

….

—¿Es mi impresión o cambiaste algo con el tiempo? — le preguntó Paris al sentir como la rubia lo rodeaba con sus brazos y posaba sus labios sobre los de él.

—No puedes culparme ya no tengo 14 años — la "guerrera" lo atrajo más hacia ella —, sólo quiero recuperar todo el tiempo perdido.

El peliverde le correspondió el beso con más pasión e intensidad — te amo.

—Y yo te deseo — le susurró en el odio.

….

Anaís cerró los ojos sintiendo un dolor increíble en su pecho y en su corazón, sin darse cuenta todo a su alrededor se volvió oscuro.

—¡Anaís! —gritó la guerrera del agua al ver como se desvanecía — ¿Anaís que pasa?

—Este es el final mí querida Marina…

Los ojos azulados de Marina se agrandaron y una horrible sensación la invadió.

Alguien apareció enfrenté suyo.

La peliazul vaciló un poco pero levantó su mirada, lo que hizo que quedara en completo estado de shock.

Aoi le sonrió con algo de… "ternura" — bonito verte.

—¿Q-quien… quien eres… t-tú? — preguntó mientras sentía que iba a desvanecerse como su amiga.

Aoi colocó sus manos en su boca en señal de sorpresa — ¿n-no… no lo… sabes? — le preguntó imitándola.

Marina frunció el ceño sintiendo rabia, mucha rabia —muy bien, ¿qué es lo que quieres?

—De ti… pues veras — Aoi no pudo evitar sonreír con cinismo —ya acabé con lo que más quieres ¿si lo sabías?

El corazón de Marina comenzó a latir con fuerza, temiendo por lo que pudiera significar esas palabras.

—¿Cómo quieres que sea?

—¡Que! — el miedo se la estaba comiendo — ¿que… que es lo que quieres decir?

—Tú y yo somos la misma persona, yo soy la persona que más te conoce y por eso… — una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de Aoi — ¿Marina jamás te arrepentiste de no haberle confesado lo que sentías a Clef?

Apretó los ojos sintiendo como se formaba un vacío en todo su pecho — yo no… yo…

—¿Sabes? Él es tan guapo, tiene unos ojos que te hacen soñar, te hipnotizan… — suspiró —ese aroma de su piel es tan… — hizo una pausa al ver el rostro totalmente desencajado de Marina y sonrió — besa tan bien.

La ira y la impotencia la consumieron por completo.

—Lástima el final tan triste que tuvo —Aoi bajó la mirada fingiendo estar afligida —si sabias que Clef está…

—¡Bastaaaaaaaaaaaaaa! — gritó hasta quedar sin alientos, había perdido el control por completo.

—Muy bien, muy bien como tú quieras… ya me voy — dijo dando media vuelta —que gritona eres.

Marina no logró decir nada más, sus sollozos se lo impedían, su corazón latía muy fuerte y todo su cuerpo temblaba.

Bajó su mirada al sentir que las lágrimas comenzaban a salir —no… esto no… — al mirar hacia al piso notó que Anaís aún continuaba inconsciente —, perdóname por no creer nada — dijo en medio del llanto sintiendo que se ahoga —, soy una tonta porque traté de ignorarlo pero… yo las necesito a ustedes. Yo jamás las olvidé ni mucho menos las odié —la abrazó —, perdóname por todo Anaís yo te quiero mucho, por favor perdóname por todo lo dicho y hecho.

—Disculpe señorita — un señor se aproximó —, no sé bien que fue lo que pasó, yo soy médico y puedo revisar a su amiga.

La peliazul volteó a mirar a su alrededor, muchas personas estaban mirándolas unas con cara de sorpresa, otras comentaba lo sucedido.

—Según me comentaron su amiga se desvaneció y al parecer alcanzó a golpearse la cabeza, es mejor examinarla — habló una vez más el señor.

—Este… — afirmó con la cabeza.

—¿Usted se encuentra bien?

—¿Eh? Claro no se preocupe —indicó aparentando tranquilidad.


Zagato suspiró una vez más mientras miraba como una gran tormenta empezaba a cubrir a todo el planeta.

—Esto no pinta nada bueno. El planeta se va a acabar — el pelinegro cerró sus ojos —, mi hermano Latis no ha muerto y si no estoy mal está con… ¿Guru Clef?, no logró sentir sus presencia del todo.

—Ah… — susurró la persona en el piso haciendo que el hermano de Latis lo volteara a mirar.

—Lo único que puedo hacer en este momento es esperar a que reaccioné, comentarle la nueva situación y si es necesario dirigirme al lugar donde se encuentran mi hermano y Guru Clef.

—Por favor Zagato no me abandones…

—Esmeralda… jamás voy a abandonarte, si estoy haciendo todo esto es porque quiero estar junto a ti para siempre, pero para eso necesito probar que Céfiro me interesa, tengo que hacer algo por el planeta al que sin querer le hice tanto daño.

—¿Dónde estoy? — preguntó tratando de levantarse.


—¿Por qué puedo sentir la presencia de Zagato, Guru Clef? — le preguntó con algo de desespero.

—No lo sé, he intentado comunicarme con él pero no tengo la suficiente fuerza — indicó el mago.

—¿La Princesa Esmeralda no te comentó nada de esto?

—Lo siento Latis pero no, ella sólo me dijo lo de las guerreras mágicas, luego desapareció — dijo mientras lo miraba.

—¿Qué crees que signifique?

—No sé, ya de por si el que la Princesa apareciera es preocupante.

—¿Que tan lejos puede estar la nave de Autozam?

—Este algo retirada de aquí.

El espadachín apretó los puños — juro que voy a matar a todo aquel se haya atrevido a hacerle daño a Lucy.

—Tranquilízate por favor, sé que estas preocupado yo también lo estoy pero ¿que querías que hicieran? Ninguno de ellos conoce la verdad.

—¿Y las otras dos cuando es que piensan venir? ¿Acaso van a dejar a Lucy peleando sola? Como si ella fuera la culpable de todo esto — indicó negando con la cabeza.

—No digas eso Latis, no te llenes de odio, mira ya como esta Céfiro — le pidió mientras cerraba los ojos — ¿Marina cuando vas a volver? Yo necesito verte… te necesito…


—¿Yo… yo puedo hacer algo por ti? — se atrevió a preguntar Geo al ver como la armera caminaba sin rumbo fijo por los pasillos.

—Gracias, por no creo — contestó dándole la espalda.

Suspiró —de verdad déjame ayudarte.

Presea se limpió las lágrimas y lo volteó a mirar.

—Sólo necesito que me comentes lo que está pasando y yo con todo el gusto puedo colaborarte.

La armera lo pensó por un momento y enseguida se aproximó —es algo sobre Lucy.

—¡Que! Pero…

—Ella no hizo nada de esto — indicó negando con la cabeza.

El comandante abrió los ojos confundido.

—Ninguna de las guerreras mágicas es una traidora, esas niñas que dicen ser ellas no son más que unas impostoras — aseguró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Puu puu — dijo Nikona apoyando a la armera.

—¿De qué… de qué estás hablando?

—Las supuestas guerreras mágicas que le hicieron todo esto a Céfiro no son más que la parte oscura de ellas.

El autozamita frunció el ceño mientras la escuchaba, era difícil creer lo que le estaba diciendo, aunque tenía que ser consciente que en Céfiro todo podía pasar.

—Yo bueno este…

—¡Por favor! — suplicó mirándolo a los ojos.

No pudo decir nada, enserio que la armera de Céfiro se le estaba metiendo en lo más profundo de su corazón.

—Lucy necesita que la ayudemos.

—Muy bien va… vamos — señaló no muy convencido.

—Gracias — sonrió.


Lucy se tapó la boca con ambas manos intentando callar sus sollozos pero era imposible, estaba demasiado triste, desesperada y angustiada con todo.

—Latis… — susurró cerrando sus ojos, no podía creer lo que estaba pasando, todo era tan doloroso.

La mirada de espadachín, la voz, todos los recuerdos que tenia de él se amontonaban en su mente haciéndola ahogarse en medio de tanta tristeza.

—No puedo creer que ya no estés vivo.

….

—¿Que fue exactamente lo que se supone hicimos nosotras?

La armera suspiró — bueno veras… una vez Céfiro comenzó a destruirse, cada una por aparte decidió que era el momento de quitar del camino a las personas importantes — dijo mirándola —el primero en caer sino esto mal fue… Paris.

La pelirroja negó con la cabeza, temiendo lo peor, para ella Paris era un amigo muy especial, además no podía apartar de su mente a Anaís y como reaccionaria cuando se enterara de todo.

—No sé qué pasó, lo único que recuerdo es que "Anaís" estaba muy ansiosa de estar con Paris, quería que se comprometieran lo más pronto posible, vivía día y noche pegada a él. Ese día era supuestamente el día en que ustedes irían a buscar al culpable o a la culpable de todo esto así que ella le pidió que la acompañara a un lugar muy especial, Paris jamás regresó— indicó con tristeza.

—Esto es tan… horrible.

—Para Guru Clef todo fue tan sorpresivo, el truco de "Marina" fue algo parecido, sólo que ella lo llevó a la fuerza —dijo con algo de resentimiento.

—¿Ella se llevó a Guru Clef? — le preguntó completamente confundida —, esto me deja demasiado sorprendida, no logró comprender por qué Guru Clef estaba con la supuesta Marina, no logró encontrar alguna conexión entre ellos, lo de Anaís y Paris lo entiendo, pero esto…

Presea arqueó una ceja, al parecer Lucy no sabía que Marina estaba enamorada del gran mago, aunque no la culpaba ella tampoco lo sabía, de no haber sido por Caldina y sus comentarios.

….

—¿Que se supone que deba hacer ahora? — se preguntó con temor —¿Qué le voy a decir a ellas?

—¡Lucy! — gritó Zaz entrando.

—No puedo creerlo… ¡Zaz estás aquí!— exclamó mientras lo abrazaba.

—Este… — el mecánico se sonrojó.

—¿Pero cómo estás aquí?

—Vinimos por ti Lucy — indicó Geo apareciendo en compañía de Presea.

La guerrera sonrió como pudo y se aproximó a cada uno abrazándolos — gracias por todo — después de tantas cosas le alegraba un poco saber que todavía había personas que estaban con ella.

….

El sujeto no pudo evitar sentirse afligido ante el comentario —tú no estás sola Lucy… aquí y en otros lugares te puedo asegurar que tienes a personas que te quieren, que desean verte feliz y que nunca te van a abandonar… —le aseguró buscando entre sus cosas —. Eres fuerte, valiente y puedes con cualquier cosa que se te atraviese.

….

Los ojos del ex pilar se abrieron mientras miraba a cada autozamita — Águila… — susurró, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Todo va estar bien — la armera la abrazó.

—Lo sé.

—Bueno yo opino que es mejor que salgamos de aquí — sugirió Geo mientras miraba hacia la puerta.

Los tres asintieron con la cabeza y siguieron al comandante.

—Discúlpame por haberme demorado pero… se me presentaron algunos inconvenientes con Ráfaga.

—Me imagino, pero no lo culpo debe estar demasiado estresado y preocupado con todo — indicó bajando la mirada.

—Caldina quiso ayudar pero no pudo, pero no te preocupes ella cree en ti – aseguró sonriéndole —, el problema de Ascot es que… la falsa Marina trató de engañarlo y eso lo tiene muy molesto, además como bien sabes él está enamorado de ella.

—No te preocupes Presea yo los entiendo.

—No sabes cómo me tranquiliza el saber que no hiciste nada malo — comentó Geo.

—Geo… Zaz yo necesito comentarles algo.

Una vez afuera los dos autozamitas se detuvieron y la voltearon a mirar.

—¿Qué sucede?

Lucy cerró los ojos al sentir que sus ojos se llenaban de lágrimas — es que…

—¿Pero que se supone que hacer ustedes? — preguntó Caldina apareciendo de la nada en compañía de Nikona.

—Caldina, perdón por no…

La morena miró fijamente a la guerrera —¿ por qué nos traicionaste?

—Yo no… Caldina yo no los traicioné… yo no hice… yo nunca sería capaz de hacerles daño.

—Caldina, por favor deja que ella busque a las otras para poder aclarar todo esto — pidió la armera temiendo por lo que pudiera hacer su amiga, no era que desconfiara pero luego de las palabras de Ráfaga la pareja estaba algo disgustada y alejada.

La ilusionista caminó hasta la pelirroja y la rodeó con sus brazos — mi niña te quiero, por favor cuídate mucho.

Por la forma como la abrazó y por lo que le dijo se sintió más segura.

—Gracias… iré por ellas y luego salvaremos a Céfiro — afirmó en medio de lágrimas — esto lo hago por ustedes y por…Latis — dijo mientras sollozaba —¡Rayearth!

Muy bien mi niña es hora de regresar — el genio apareció por un segundo y Lucy fue envuelta por una luz.


—No fue nada grave — informó el doctor a la peliazul —, sólo fue algo debido a la conmoción.

—¿Eh? — preguntó confundida — g-gracias.

—No hay de que — dijo yéndose.

Marina esperó a que todo el mundo se alejara y luego se acercó a la rubia guerrera.

—Anaís…

—¿Qué pasa? — preguntó sin mirarla.

—Tú… — la guerrera del agua desvió la mirada un poco.

—¿Si? — preguntó mirándola — ¿qué sucede?

—¡Marina! ¡Anaís!

Ambas chicas voltearon a mirar.

—¡Lucy! — exclamó Marina con profunda emoción.

—Al fin — la pelirroja llegó hasta donde ellas y dejándose llevar por los sentimientos de alegría, emoción, tristeza y desesperó abrazó a cada una tan fuerte como puedo.

—Casi no llegas — comentó la peliazul al borde del llanto.

Lucy sollozó y dejó que algunas de sus lágrimas salieran — lo sé, lo sé pero es que…

Anaís le echo un vistazo rápido a la apariencia y vestimenta de la guerrera. Se notaba desgastada y sucia.

—¿Ocurre algo? — preguntó Marina al verla con la mirada fija en algún lado.

—¿Dónde estaba Lucy? — por fin habló la rubia.

—Yo estaba… escuchen yo tengo que decirles algo… algo importante — se encontraba tan nerviosa y conmocionada con todo que le era imposible poner todo en orden en su mente.

Marina y Anaís intercambiaron miradas, tenían una leve sospecha.

—Yo creo que es mejor que nos vayamos ya — para Lucy era muy difícil mantenerse calmada, la tristeza de saber que Latis estaba muerto la tenía al borde del llanto, pero no quería mostrarse débil o no por ahora, Céfiro las necesitaba más que nunca.

—¿A donde?

El ex pilar apretó sus puños de verdad que ya no podía controlarse más —vamos a… Céfiro.

—Lucy… — la llamó Anaís luego de ver el comportamiento de su "amiga" — porque no mejor nos dices que está pasando, es más que claro que tú no estás bien.

Un sollozo escapó de la pelirroja — y-yo… estaba en Céfiro h-hace un… un momento.

—¡Que! – exclamó Marina mientras sentía como la rabia la consumía — ¿cómo es eso que estaba en Céfiro? ¿Acaso tú no… no nos esperaste? — preguntó alzando la voz.

—No Marina espera… déjame hablar.

La rubia negó levemente con la cabeza, Marina lograba irritarla con tanta facilidad.

—Pero es que…

—¡Basta! Déjala hablar.

La peliazul frunció el ceño mientras le dirigía una mirada llena de odio.

—Por favor Lucy, siéntate y explícanos todo — dijo correspondiéndole la mirada a la guerrera de Ceres.

—Es que… no sé cómo decirles todo lo que ha pasado — indicó sentándose —, como habíamos quedado nos veríamos aquí pero en el momento en el que yo iba a dirigirme para acá Rayearth se comunicó conmigo y me llevó a Céfiro.

—¿Y por qué tú sola? ¿Qué es que nosotras no somos nada o qué? — preguntó cruzándose de brazos, de verdad que si antes todo era confuso y desesperante ahora era mucho más.

—No sé porque fui yo sola Marina — contestó mirándola.

—Bueno eso no interesa, por favor Lucy continua hablando — pidió Anaís colocando su mano en la cabeza.

—Ustedes no se han imaginado como me sentí al llegar a Céfiro y verlo en esas condiciones — dijo limpiándose las lágrimas —, todo era tan confuso, yo le pedía a Rayearth que no me dejara pero no lo conseguí, el planeta todo era tan horrible.

—¿Qué fue lo que paso esta vez?

—Nos suplantaron — señaló mirando a cada una, la guerrera del viento apretó los ojos mientras que la guerrera del agua sintió como todo su mundo comenzaba a girar. —Luz regresó pero esta vez no vino sola.

—No claro, mi alter ego y el de Marina están con ella — aseguró negando con la cabeza.

—¿Eh? ¿Y tú como sabes eso?

—Eso no interesa, dinos lo que importa, ¿cómo están todos? —preguntó mostrándose tranquila, aunque en el fondo estaba exasperada.

Lucy desvió la mirada, ¿qué podía decirles? ¿La tan horrible verdad?

—Esto es lo es tan injusto — dijo Marina cubriéndose los ojos —¿ por qué teníamos que ser nosotras? ¿Por qué no otras?

—¿De qué estás hablando? — le preguntó Anaís.

—Yo quiero una vida normal pero creo que eso es mucho pedir, todo es muy injusto porque ni siquiera podemos ir a Céfiro sin que tengamos que pelear, por favor Lucy contesta ya la pregunta de Anaïs.

—Este pues… ellos están bien… creo, yo no pude verlos… a todos — indicó sonriéndoles —, verán todo pasó tan rápido, Presea fue la encargada de ponerme al tanto de todo.

—¿Aja y entonces como pretender que vamos a ir? —preguntó, claro que Marina sabía que Lucy estaba diciéndole mentiras, al igual que Anaïs.

—Los genios ellos se encargaran de llevarnos — señaló levantándose.

Las tres guerreras se acercaron a los grandes ventanales de la Torre de Tokio y tomándose de las manos concentraron toda su fuerza de voluntad cerrando los ojos.

—¡Rayearth!

—¡Ceres!

—¡Windom!

—El deber de una guerrera mágica es velar por el bienestar del planeta de Céfiro — dijo Rayearth.

—La fuerza de tu corazón es la fuerza que necesitas para conseguir lo que quieres —dijo Ceres.

—Céfiro necesita de sus heroínas, las personas con más fuerza de voluntad, las únicas que pueden salvarlo —dijo Windom.

La luz que en anteriores ocasiones la había transportado volvió a aparecer, envolviéndolas y en unos segundos desaparecieron.


Guru Clef se detuvo y miró al cielo mientras aparecía una gran sonrisa en sus labios —Son… ellas.

Latis respiró profundo, a pesar de sentirse confundido al no entender como era que Lucy había escapado se sentía más tranquilo.


—Ellas ya están aquí — comunicó Zagato mirando al sujeto junto a él — las guerreras mágicas están de vuelta.

El peliverde abrió los ojos con sorpresa y luego sonrió.


—Pongo en sus manos el bienestar de mi planeta guerreras mágicas — dijo Esmeralda juntando sus manos y elevando una plegaria por ellas —, no es lo más justo, ustedes no merecen esto pero… sé que lo lograran, esta vez yo estaré junto a ustedes.


Hola queridas lectoras, bueno aquí les dejo este capitulo esperando como siempre que les haya gustado y que las que tengan alguna duda pues hayan podido aclararlas (Jessi, Nan y Oli ya ahora si entendieron lo de Zagato? XD)

Tenia presupuestado terminarlo antes de que llegara el fin de semana pero por cosas de la universidad y de una anime yaoi pues estuve un tantico desconcentrada, pero bueno que les puedo decir, encontré otro anime para la lista de favoritos jejejeje.

Como siempre mil gracias por todos sus review y mensajes, significa mucho para mi.

Muchos besos y saludos para mis amigas del MKR elite club, Antitos regresa pronto :( me haces mucha falta.

Suerte y saludos.

Lina A

P.D: pronto comenzaré a subir algunos oneshot de sailor moon por si a alguna le interesa XD