Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Parece mentira pero ya llegamos al anteúltimo capítulo de esta historia. La verdad es que debo agradecer desde ahora por el cariño y el apoyo que ha recibido el fic a pesar de mi trayectoria shikatemista, narusakista y orochimarista XD

Como de costumbre, aprovecho este espacio para agradecer los reviews anónimos de: Lady Sakura Lee: gracias por tus palabras aquí y en mis otras historias n.n Hyuga Princess: me alegro que te haya gustado n.n Blondie: he aquí un nuevo capi para que puedas enterarte de cómo sigue la historia n.n fangirlx.x: he aquí las respuestas para tus preguntas jajaja! Emita: gracias por tus palabras n.n Creo que los rr deberían servir para eso, pero sé que es imposible. unafans sasuhina: me alegra que te guste n.n Ideas hay, pero por ahora no he escrito nada y no sé qué haré en el futuro. Fabiola-chan: ajajaja! Ya veremos cómo se resolverá todo n.n akemihyuga: gracias, me alegra que te haya gustado n.n Guest: he aquí la continuación, gracias n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


XI

Reencuentros y sentimientos


Durante un lapso de tiempo indeterminado, las distintas facciones allí reunidas intercambiaron miradas hostiles, cada una analizando su propia situación y la del oponente. Se percibía la tensión en el ambiente, pero nadie pareció dispuesto a reiniciar la contienda, sobre todo Naruto.

Ubicado en el centro de aquella infausta reunión, el joven Hokage de la aldea observaba tanto a Danzo como a Sasuke, ceñudo y receloso. Formados a uno y a otro lado de su persona, los shinobis más fuertes de Konoha se disponían a cumplir con cualquier tipo de indicación que emanara de él. Sin embargo, esa instrucción se demoraba.

Naruto pretendía enfrentarse a Danzo a solas, estaba muy poco dispuesto a continuar la batalla y, menos que menos, a recrudecerla con su propia gente. La repentina presencia de Sasuke se volvía toda una contrariedad y presintió que eso era lo que Danzo quería.

-Sasuke –murmuró, intercambiando una larga e intensa mirada con él.

Por su parte, Hinata se hallaba aturdida debido a la insólita situación. Comprendía que Danzo era el enemigo, el que lo había tramado todo y a quien debían capturar, pero su corazón latía de forma acelerada al ver a Sasuke allí, con todo lo que su presencia significaba. Haciendo acopio de valor, atenta a su lugar en la formación y pendiente de la palabra de Naruto, se obligó a sacudirse esas inoportunas emociones.

Para Sasuke, en cambio, resultó mucho más fácil dominarse.

-Tiempo sin vernos, Naruto –replicó.

-No deberías estar aquí, pero tampoco me asombra.

-Tenía ciertos asuntos que atender.

-Asuntos de la aldea a la que todavía no piensas regresar, ¿verdad?

Sasuke sonrió sin ganas, despectivo.

-¿Acaso debería?

Físicamente agotado, el ninja aprovechó esa bienaventurada pausa en el combate para reunir energía y reacomodar las ideas: Hinata estaba a salvo, Danzo acorralado y Naruto tal y como lo recordaba. Los observó atentamente, pensando en muchas y diferentes cosas al mismo tiempo. Los demás no importaban, Konoha jamás volvería a ser su hogar.

-Los Uchiha están condenados a desaparecer de la historia –señaló Danzo-, me temo que no se puede remediar. El destino de Konoha no es un juego de niños, y yo sólo veo chiquillos por aquí.

-No deberías subestimarnos, Danzo –repuso Naruto sin dejarse chicanear-. Ya todos sabemos de tus planes y estamos dispuestos a detenerte.

Danzo bajó la vista y pareció sonreír.

-Lo siento, me temo que eso no será posible.

Naruto sospechó algo e intercambió una breve mirada con Sasuke. Sólo eso necesitó Danzo para esfumarse de la escena, sorprendiéndolos sin más.

-Maldito –gruñó Sasuke, que de inmediato se impulsó hacia el nivel superior para perseguirlo.

-¡Sasuke, tú…! -intentó Naruto, que se lanzó tras él.

-¡Sasuke-kun!, ¡Naruto-kun! –los llamó Hinata, en vano.

Después de que los tres desaparecieran de la escena, los ninjas de Konoha reiniciaron la batalla para reducir a los aliados de Danzo. En medio del caos que comenzó a generarse ya no pudieron pensar más en Naruto ni en aquellos a quienes perseguía, sino que simplemente se limitaron a confiar en él.

Juugo y Suigetsu, desconcertados, siguieron peleando, porque de todas formas ya no podrían alcanzar a su líder y todavía tenían que cumplir con su propia misión. Hinata, en cambio, se trabó en combate por pura inercia, vacilante acerca de lo que en verdad tendría que hacer.

Afuera se cernía un amanecer gris y tormentoso. Cual estelas apenas perceptibles, Danzo avanzó hacia el bosque que rodeaba la aldea seguido de cerca de sus dos perseguidores. No tenía ninguna intención de seguir luchando, había agotado ya la mayoría de sus recursos, pero tampoco estaba dispuesto a dejarse atrapar.

Impulsándose primero con los edificios y luego con las ramas de los árboles, se movían con tal sigilo que sólo ellos podían percibir los movimientos del que los precedía o del que venía rezagado. Firmes en su resolución, nada ni nadie hubiera podido desviarlos de sus respectivos objetivos.

Así, al poco rato Danzo analizó mejor sus posibilidades y optó por esgrimir la única arma que le quedaba. Al llegar a un pequeño claro del bosque se detuvo y esperó de frente la llegada de Sasuke. Segundos después arribó él, que lo encaró con determinación y furia, seguido de Naruto, que se colocó a su lado.

Durante unos instantes se midieron mutuamente. De pie frente al hombre que le deparara tanta desdicha a su familia, Sasuke tuvo que apretar los puños para controlarse. Naruto, en cambio, observó a Danzo con detenimiento tratando de dilucidar qué demonios se proponía hacer.

-He aquí dos generaciones fundamentales de Konoha –comentó el anciano con absoluta calma-. Tal vez debería decir que me siento orgulloso, pero creo que los tres tenemos sobrados motivos para no estarlo.

-Maldito cínico –masculló Sasuke, dando un paso en su dirección.

-¿Cínico? –se extrañó él, como si no entendiera el significado de la palabra-. Un Uchiha se atreve a juzgarme… delante de la persona que simboliza la autoridad y el deber principal de un shinobi.

-¿Qué mierda estás diciendo? ¿Vas a hablar en lugar de pelear?

-Sería una buena oportunidad para decidir quién es el enemigo –repuso Danzo.

Naruto lo miró con mayor atención, aunque se mantuvo en silencio.

-¡No me jodas! –escupió Sasuke.

-Piensa, muchacho –le dijo el otro sin alterarse-. ¿Acaso no fue la autoridad la que en el pasado obligó a tu clan a exiliarse? ¿No fueron Konoha y sus sucesivos líderes quienes le dieron la espalda a tu desgraciada familia?

Al oír hablar tan livianamente de los suyos Sasuke resollaba, dejándose invadir por la ira.

-El clan Uchiha, tan poderoso, tan leal… -prosiguió Danzo, siniestro-. Fue una verdadera pérdida para Konoha. Apenas si logro imaginar la deshonra, la ignominia y lo que habrás sufrido mientras los veías morir a causa de la humillación y la desesperación.

-Maldito –terció Naruto, que empezó a comprender lo que Danzo se proponía.

-Fue una injusticia, una verdadera injusticia la que se cometió con los tuyos –agregó él.

-Tú estabas allí, ¡tú podrías haberlos ayudado! –siseó Sasuke, echando chispas por los ojos.

-¿Qué podía hacer yo? Ya en ese momento mi voz no era escuchada –dijo Danzo mirando con intención a Naruto-. ¿Y qué deberíamos decir del manto de silencio que se echó sobre la causa? ¿Qué deberíamos decir de los líderes posteriores, que continuaron callando aquella injusticia? El nombre de los Uchiha apenas si resuena como un lejano eco entre las nuevas generaciones. Para gente como nosotros, el olvido es la afrenta definitiva.

-No lo escuches, Sasuke –pidió Naruto.

Sasuke le dirigió una rencorosa mirada.

-¿Acaso he dicho algo que no sea verdad? –indagó Danzo.

-La verdad nunca suena como tal en tus labios, anciano –replicó Naruto.

-Joven Hokage, tienes la oportunidad de acabar para siempre con esa estirpe de conspiradores –dijo ahora Danzo-, esa estirpe maldita que sólo actúa movida por su propio interés.

Al oírlo, Sasuke profirió una indignada exclamación. A Naruto, en cambio, no le sorprendió nada ese repentino viraje de sus argumentos, pues ya había vislumbrado sus intenciones.

-¿Y cuál es el tuyo? –le preguntó adrede.

Danzo lo miró como si no comprendiera la pregunta.

-Me obligas a decir lo obvio –respondió-. Mi interés ha sido, es y será siempre el bienestar de Konoha. Konoha está primero, Konoha lo es todo.

Naruto meneó la cabeza con resignación, sonriendo tristemente. Comprendía lo que Danzo se traía entre manos, lo retorcido de su carácter, la malevolencia que disfrazaba con fidelidad. No hay peor villano que aquel que comete acciones nefastas en nombre de la justicia, aquel que lo destruye todo porque piensa que de ese modo protege a alguien.

Observó a Sasuke, visiblemente afectado y confundido por las palabras del viejo shinobi. Eso era lo que Danzo quería, lo que siempre había hecho con las personas: manipularlas, volver a unos contra otros distorsionando la verdad según su conveniencia. Siempre lo había sospechado, por eso siempre rehuía sus consejos, por más que estuviera obligado a escucharlos. Ese hombre, oculto en las sombras, se había pasado la vida conspirando contra su propia aldea, convencido de que hacía lo mejor para ella.

Sus peores recelos se confirmaban, ahí los tenía a ellos dos juntos para sacar a relucir sus dotes de titiritero avieso y maquiavélico. Sus dichos habían penetrado a través del odio ciego de Sasuke hasta minar su determinación, podía verlo en sus ojos. Sasuke, al que había querido como a un hermano… ¿Podría hacerle entrar en razones sin tener que pelear?

-Oye, Sasuke –le dijo, para atraer su atención.

-¿Tienes algo que decir? –masculló él, mirándolo con irritación. La verdad era que a esas alturas Sasuke no decidía aún con cuál de los dos debería comenzar a desquitarse-. ¿Acaso esa basura dijo algo que no fuese cierto?

Su odio era palpable, no obstante Naruto también pudo ver el dolor, el rencor y la soledad que oscurecían su alma. Vio la lucha que se libraba en su interior, las ominosas fuerzas que pugnaban por devorarlo. Aun así, a través de esas espesas y obstructivas capas, intentó hallar los ojos de aquel niño afectuoso, entusiasta, aquel niño cuya voluntad fuese tan drásticamente cercenada.

-Tengo mucho para decir, ya me conoces –dijo, sonriente a pesar de todo-. Pero a menos que me hagas las preguntas adecuadas no sabré por dónde comenzar a explicarte, ¡si supieras la cantidad de información que debe manejar un Hokage! –exclamó con tono infantil-. Shikamaru no deja de molestarme con rollos y más rollos de pergaminos que…

-¿Por qué? -lo interrumpió Sasuke, circunspecto-. ¿Por qué se cometió semejante injusticia con mi familia? ¿Por qué Konoha permitió que sucediera una cosa así? ¿Por qué no hiciste nada para remediarlo? Tú, que siempre te ufanas de ser mi amigo…

Naruto suavizó su semblante, aunque un poco se entristeció.

-No tuvieron un juicio justo, lo sé. Hubo muchos intereses de por medio, intereses con los que el Tercero no pudo lidiar, ni la Quinta cuando lo sustituyó. Aunque supongo que, en el fondo de tu corazón, sabes que tu familia… bueno, sabes que en verdad… tenían sus planes contra la aldea… -Naruto había bajado la voz, apesadumbrado. Pero estaba haciendo lo que debía, lo que le debía a Sasuke, porque a veces decir la verdad es la única forma de obrar como un amigo-. Hay pocas pero fidedignas pruebas que lo demuestran.

El joven líder del grupo Taka apretó los puños.

-Tú… cómo te atreves...

-Me atrevo porque es la verdad.

-Maldito...

-Piénsalo, Sasuke, sólo piénsalo. Sé que lo sabes.

La cabeza a Sasuke comenzó a darle vueltas. Nunca como entonces hubiera querido matarlo, matarlos a ambos, borrarlos para que ya no quede nada de ellos en el mundo.

¿Dónde estaba la verdad? ¿Por qué sentía lo que sentía? ¿Lo sabía, realmente lo sabía? Rostros, voces, miradas, acuerdos… Sólo era un niño, un simple niño ingenuo que prefirió no saber. ¿Cómo hubiera sobrevivido si no? Aun así le pareció injusto, terriblemente injusto.

Sí, en el fondo de su corazón lo sabía. Si no hubiera existido algún hecho concreto ni siquiera se hubiera podido armar una causa como aquélla. ¿Entonces Danzo llevaba razón cuando afirmó que los Uchiha están condenados a desaparecer? Condenados por sus métodos, condenados por su ambición. Un niño no debería crecer con semejante carga sobre los hombros, y por eso, inconcientemente, se había negado a asumir esa parte de la verdad.

El pasado podía ser realmente aterrador. Perdóname, Hinata, en mi historia faltaron algunos detalles, pensó con tristeza. Pero ser conciente de esos detalles no aminoraba su dolor.

-La causa contra tu familia derivó en implicaciones desmedidas, la proscripción fue una sentencia demasiado extremista, pero nadie contaba con las pruebas necesarias para evitarlo o detenerlo –prosiguió Naruto, recordando los documentos que recientemente había repasado, pues supuso que se vería en esta situación.

-Querían deshacerse de nosotros, de quienes ya sospechaban, y lo hicieron sin vacilar ni medir las consecuencias –concluyó Sasuke, cansado. Los endebles cimientos de su existencia se habían derrumbado-. Hasta sus supuestos amigos les dieron la espalda y ayudaron a acelerar el proceso, ¿verdad, Danzo?

Naruto concedió con su silencio. Danzo, viendo que su plan se venía abajo, ensayó una nueva tentativa.

-Sea como fuere eso no borra la afrenta.

-¿Y lo dices tú? –ironizó Naruto, que también vio su oportunidad-. Sabes, anciano, a pesar de que a veces me aburre y me cuesta entender las cosas, se pueden encontrar datos muy interesantes cuando lees.

Danzo alzó una ceja.

-Y lo que descubrí es que, aunque no había pruebas, siempre se sospechó de tu intervención en la conspiración de los Uchiha –prosiguió él con tranquilidad. Al oírlo, Sasuke volvió a enfocarse en su anterior oponente-. En lo personal, tengo la certeza de que fue así.

-Entonces cooperó activamente para ayudar a derribar a mi familia –dedujo Sasuke. Y luego, pensando en ello por primera vez, como si recién lo recordara, agregó-: Sí, tú también conspiraste con ellos, sólo que cuando los descubrieron te desentendiste para poder salvar tu trasero.

-Lo cual me lleva a pensar -añadió Naruto componiendo un gesto falsamente meditabundo- que en definitiva has estado detrás de cada una de las conspiraciones que han sacudido a nuestra aldea. Aquella con los Uchiha y la actual contra los herederos son apenas una muestra de tu extenso y artero accionar.

Aquí Danzo, entendiendo la inutilidad de su estratagema, comenzó a maniobrar con las manos.

-Suficiente –dictaminó.

Ambos jóvenes, al verlo, se ubicaron en posición de ataque.

-Maldita escoria –masculló Sasuke, enfocando por fin todo su odio en la raíz de su desgracia.

Por primera vez en su vida veía con claridad. Tendría que empezar de cero, rearmarse, pero por primera vez en mucho tiempo alcanzaba a verse los pies en el camino. Seguía dudando de muchas cosas, pero ya no dudaba de lo que debía hacer de allí en adelante.

Danzo se equivocaba, los Uchiha no estaban condenados a desaparecer. Sin ir más lejos, él vivía para probarlo. Hinata se lo había dicho aquella vez: ninguna familia podía arrogarse el mérito de ser la más sacrificada o la más victoriosa. Su clan fue lo que fue e hizo lo que hizo. Él, en cambio, todavía podía reconstruirse a sí mismo.

De pronto, en medio de aquella avalancha de revelaciones, fue asaltado por un súbito rayo de lucidez. Si ellos habían estado viviendo tantos años en el exilio, ¿cómo pudo Danzo…?

-Tú, infeliz, ¡los asesinaste!

Al oír esas palabras, Naruto al principio se desorientó. Luego, siguiendo la dirección de los ojos de Sasuke, comprendió a qué se refería: el fraguado uso del Sharingan, cada uno de los orbes que Danzo llevaba insertos en la piel siempre cubierta de sus brazos y rostro.

-Maldito –gruñó Naruto, de verdad enfadado con ese hombre que no parecía conocer límites para el horror.

Pero hacía rato que Danzo les impedía avanzar sobre él. En su cuerpo se materializaron varios sellos de los que emanaba una ominosa fuerza que, poco a poco, adquirió las dimensiones de una esfera opaca en proceso de expansión. Sasuke y Naruto, irritados por ese súbito revés, no tuvieron más remedio que alejarse, sabedores del peligro.

Danzo, mientras todavía pudo hablar, dijo algunas frases que los jóvenes ninjas jamás llegaron a escuchar. Frustrado, habiendo agotado el poder de los ojos acumulados a lo largo de los años y carente del chakra necesario para manipular madera, tomó la última decisión de su vida. Si su destino era ser destruido, al menos se llevaría consigo a aquellos jóvenes tercos e ingratos. En los últimos minutos de su mente retorcida, todavía pensó que ése sería su último legado.

La esfera creció hasta adquirir proporciones gigantescas. Natuto y Sasuke, al verla, echaron a correr en diferentes direcciones, aunque este último con cierta dificultad debido al agotamiento. El joven Hokage rogaba que no hubiese nadie más alrededor y se lamentó de antemano por la terrible destrucción que ese jutsu ocasionaría.

Lo demás es historia. Durante un lapso de tiempo que ninguno de los dos pudo medir, esa infame acumulación de energía creció y creció hasta tragárselo todo, y todo desapareció.

Naruto ni siquiera se dio cuenta en qué momento terminó tumbado sobre la hierba. Tal vez la impresión generada por la insólita acción de sellado de la esfera lo dejase inconciente, por lo que tampoco podía asegurar cuánto tiempo había transcurrido.

Todavía confuso, se incorporó dificultosamente restregándose los ojos. Miró en derredor para buscar a Sasuke y tuvo que detenerse unos instantes a contemplar la inmensa depresión que se formó en donde antes había vida, bosque y animales. Suspiró con resignación. Luego prosiguió la búsqueda hasta que al fin alcanzó a visualizar a varios metros de distancia dos figuras, una tendida en el suelo y la otra inclinada a su lado. Cuando agudizó la vista, pudo reconocerlas.

Corrió en su dirección, preocupado por el que todavía yacía inconciente. Al llegar junto a ellos, unió sus esfuerzos a los de Hinata para hacer que Sasuke reaccionara.

-¡Sasuke! –llamó.

-¡Sasuke-kun! –gimió Hinata.

Fue entonces cuando Naruto tomó conciencia de lo que significaba tenerlo allí. Una antigua emoción le atravesó el pecho, una mezcla de tristeza, alegría y satisfacción que, si Sasuke no se apresuraba a despertar, se convertiría rápidamente en bronca y desesperación.

-Está muy débil –musitó Hinata.

-Sasuke no se dejará vencer por esto –dijo Naruto, intentando convencerse a sí mismo también.

De pronto observó a Hinata con más detenimiento. ¿En qué momento había llegado hasta allí? ¿Y por qué aparecían esas extrañas secuelas en su piel?

-Hinata, tú…

Ella no le prestó atención, interesada como estaba en hacer que el chico se despierte. Pero para Naruto la cuestión quedó clara como el agua. Sasuke se había exigido demasiado, por lo que su creciente debilidad le habría generado ese desvanecimiento antes incluso de que actuara el sello. Hinata había llegado justo a tiempo para salvarlo, y seguramente lo había acarreado consigo.

Admirado del interés que ella demostraba por la persona que la tuvo tanto tiempo en cautiverio, le agradeció en silencio su generosidad. Pero todavía pudo ver más. Algunas lágrimas asomaban en sus ojos, restañaba las heridas del joven con indisimulado afecto, no paraba de proferir su nombre con la esperanza de que volviera en sí. Naruto se rascó la cabeza, confuso.

-Oye, Hinata, ¿tú también quieres a Sasuke como a un hermano?

Hinata se distrajo por unos segundos de sus atenciones para mirarlo con dulzura. Aunque Sasuke seguía inconciente pudo corroborar que respiraba con normalidad y que su pulso era firme, lo que indicaba que sólo se había desmayado. Aliviada con eso, pudo responderle a su viejo amigo de la infancia con toda la sinceridad de su corazón.

-Lo quiero, aunque no como a un hermano, Naruto-kun.

El joven Hokage se le quedó mirando, desorientado. Hinata le sostuvo la mirada, acompañándolo a través de los términos del intrincado cálculo mental que trazaron esas palabras hasta llegar al único resultado posible. Por suerte Naruto no estaba tan agotado como Sasuke y sólo tardó algunos segundos en entender.

Su reacción fue muy graciosa, propia de él. Hinata, colorada hasta las orejas, soportó lo mejor que pudo la interminable retahíla de expresiones de sorpresa, observaciones jocosas y buenos deseos que el chico le lanzó sin mucha consideración por sus inquietudes actuales.

-Naruto-kun, tal vez sería mejor q-que fueras por ayuda.

El susodicho, al notar su preocupación, por fin recuperó una parte de su atolondrado juicio.

-Tienes razón, Hinata, ¡iré por Sakura-chan! –Pero antes de marcharse, de pronto se dio cuenta de algo-. Ah, y por cierto, ¿cómo les fue con Raíz?

-¡Naruto-kun! –lo reprendió Hinata, quien no estaba de humor para explicar una batalla que, supuso, se había resuelto con éxito.

Sin agregar nada más, Naruto echó a correr. Una vez sola, Hinata pudo concentrarse mejor en los primeros auxilios. Cuando se volvió para examinar las heridas, se sobresaltó al encontrarse con los ojos de Sasuke fijos en ella.

-¡Sasuke-kun!

El joven se irguió dificultosamente hasta quedar sentado, asistido por la joven.

-Por fin se fue, el muy escandaloso –gruñó.

Hinata sonrió, enjugándose las lágrimas. Y al instante siguiente enrojeció con intensidad, pues comprendió que el chico se había despertado hacía rato y que los había escuchado.

-¿D-Desde cuándo estás de-despierto? ¿A-Acaso tú has o-oído to-todo lo que di-di...? –Era tal el grado de bochorno que casi no respiraba ni había palabras que pudiese articular.

-Qué, ¿dijiste algo que no supiera? –la cortó él, rescatándola de su zozobra.

La pobre muchacha deseó que la tierra se la trague, aunque, para su sorpresa, esa arrogancia que otrora le disgustase tanto supo extender un manto de piedad sobre su turbación. Mientras la mayoría de las mujeres soñaba con una pareja romántica y sensible, en ese tipo de momentos Hinata le agradecía al cielo aquel carácter desaprensivo tan propio del sujeto.

Después Sasuke le pidió que lo ayude a levantarse, lo cual terminó por abolir el mal rato. Sólo entonces, cuando depositó un brazo suyo sobre sus hombros mientras lo sujetaba rodeándole la cintura, Hinata comprendió cuán débil se encontraba.

-Parece que los roles se han invertido –comentó el chico, adivinando sus pensamientos.

-Sasuke-kun –musitó Hinata con pesar, pues no se le ocurría nada para decir. Examinó con más detalle sus ojos, visiblemente afectados por el gran esfuerzo que le insumió la pelea contra Danzo y de cuyas comisuras todavía podía verse un tiznado vestigio de sangre.

Al notar esa mirada Sasuke vaciló sobre sus pies. Hinata tuvo que sujetarlo con fuerza para que no resbalara de su abrazo e incluso le costó bastante recuperar el equilibrio.

-Maldita sea –masculló él. Se sentía cada vez más débil y terriblemente expuesto.

Cuando por fin lograba liberarse de las cadenas que lo habían mantenido sujeto al odio, cuando su alma se sentía más liviana y fuerte que nunca, su cuerpo se resentía. Parecía una maldita burla del destino.

-¿P-Puedes andar? –indagó Hinata.

Le dolían cada uno de sus malditos músculos. Por supuesto que no podía, pero de ninguna manera se lo diría, sería demasiado humillante. Ya bastante tenía con haberse enamorado de ella y con soportar su evidente preocupación por él como para además admitir en voz alta que realmente la necesitaba. Para eso precisaba más tiempo todavía.

De todos modos Hinata evaluó su debilidad en la forma como depositaba su peso. De no ser por ella, ni siquiera podría mantenerse en pie. Aun así ensayaron un paso, luego otro y luego otro, avanzaron un trecho hasta que, finalmente, Sasuke ya no pudo soportarlo. La joven lo ayudó a sentarse al pie de un árbol para descansar un poco.

-Este árbol tiene suerte de seguir con vida –comentó él, jadeante, y luego señaló con la cabeza el desolado paisaje que se abría más allá de ellos-. Los que vivían allí ya no pueden decir lo mismo.

La kunoichi lo miró con asombro. Era un comentario demasiado normal, espontáneo y humano para tratarse de él.

Antes, en el subsuelo del edificio de Raíz, tenía tanta ansiedad por ir tras sus pasos que apenas si prestó atención a sus propias batallas. Shino, el único que se percató de su distracción –la cual casi le cuesta un brazo-, y que sospechó los motivos, la persuadió de seguir al Hokage "para asegurarse de que estuviera a salvo." Agradecida por esa excusa, Hinata se marchó sin vacilar.

Sospechaba que Sasuke distaba mucho de hallarse en condiciones físicas óptimas para enfrentar a Danzo en una segunda contienda, así como sabía que su odio le jugaría en contra y lo pondría en peligro sin que a él le importase. Pero a ella sí le importaba, la angustiaba, y ninguna de sus maliciosas ironías o de sus despectivos comentarios la desalentaría para ir en su ayuda. Él era lo que ella quería cuidar, lo que quería tener, por lo que decidió que, si todo iba bien, nunca más dudaría ni lo negaría delante de nadie.

Sea como sea ella intervendría, soportaría cada una de sus agraviantes reacciones sin inmutarse, porque ya sabía cómo lidiar con eso. Ella estaba dispuesta a llevar la carga con él, a compartirla, y en la medida de lo posible, a alivianarla. Pero hete aquí que ahora, mirándolo con atención, el Sasuke que conocía, sin haber cambiado mucho, parecía modificado. ¿Qué habría sucedido en el bosque antes de sustraerlo del peligro de aquel sello?

La única explicación posible tenía nombre y apellido y en ese momento corría hacia Konoha en busca de ayuda. Hinata, por centésima vez en la vida, se sintió agradecida con él. No podía dejar de percibir que las cosas adquirían un nuevo rumbo, uno muy favorable, uno que dejaría atrás las desdichas y los enconos. Un comentario casual sobre los árboles y una esquiva mirada fueron suficientes para demostrarlo.

Después su mente se iluminó con una súbita idea, sintiéndose culpable por tener que dejar a sus queridos amigos atrás.

-Debemos irnos –determinó, agachándose para cargarlo otra vez.

El ninja se dejó hacer, asombrado por ese inusual rapto de iniciativa que la acometió. A los pocos segundos estuvo de pie, mirándola con interrogación.

Si fuera por él se la llevaría lejos, al otro lado del maldito mundo, sin importarle nada. Así como le adivinaba los pensamientos advirtió también su nueva resolución para con él, y aunque se sintió ansioso, de todas formas no podía soslayar el hecho de que tal vez, a causa de la lesión en sus ojos, ya nunca volvería a ser el shinobi de antes. ¿Cómo podría proteger esa relación de todos los "contras" que se les echarían encima?

Ella también, dentro de su templanza de siempre, parecía modificada. Le agradaba el hecho de que no hiciesen falta muchas palabras, que pudieran seguir siendo los mismos aun habiendo cambiado algunos términos de su mutuo entendimiento. No podía sonreírle ni confesar sus sentimientos abiertamente, pero encontraría otras formas de hacérselo saber.

-¿A dónde crees que me llevas, Hyuuga?

Hinata lo sostenía de la cintura y avanzaba conforme a su endeble paso.

-Iremos a ver a Tsunade-sama p-para que te cure la vista –respondió con naturalidad.

Sasuke se detuvo en seco, obligándola a hacer lo mismo. Que tuviera que acarrearlo de un lado a otro del bosque vaya y pase, pero que además le saliera con semejante desatino, pasmosamente coincidente con sus recientes inquietudes, lo contrarió como nunca antes. Y eso que desde que la conocía vivía contrariándolo.

-¿En qué demonios estás pensando?

La otra lo miró sin comprender del todo la carga de irritación que venía con el planteo.

-En curarte –contestó con simpleza.

El joven guardó silencio, inmóvil, mirándola fijamente. De nuevo se mostró huraño, inescrutable, pero Hinata ya sabía que lo único que tenía que hacer en esos casos era esperar.

La demoledora sinceridad con que la chica le reveló sus propósitos lo dejó sin aliento. Todavía le costaba adaptarse a esa personalidad tan íntegra, leal, compasiva, ese temperamento tan dulce como decidido, tan generoso e inquebrantable. Además, aunque lo callase, se había dado perfecta cuenta de que lo había protegido, de que si no fuera por ella habría quedado sellado con aquella técnica espeluznante.

Después de todo lo que habían atravesado y lo que habían discutido, después de las veces que se habían herido y de las veces que se dejaron atrás, todavía podían interactuar como si nada, con la naturalidad de la pareja más normal del mundo. Mientras él se daba por vencido allí estaba Hinata otra vez, más fuerte que él, mucho más fuerte de lo que ella misma imaginaba.

Sasuke acercó la cara hasta la suya, que de inmediato reaccionó con un intenso rubor ante tal proximidad, para hablarle al oído.

-Yo tampoco, jamás, te pedí que me salves –susurró y luego se apartó para mirarla a los ojos.

Hinata, dominando el pudor, le sostuvo la mirada. Se sentía feliz de haber llegado a tiempo, y así se lo transmitió. Haciendo caso omiso de su orgullo masculino, sonriendo al escucharle decir sus propias palabras de tiempo atrás, se animó a responder:

-Entonces d-déjame que te cuide, Sasuke-kun, déjame… d-déjame que te q-quie...

Sasuke arrugó la frente, anticipándose a sus palabras.

-Eso es aún más difícil, Hyuuga –masculló casi con desasosiego.

Ella volvió a esbozar una tímida semisonrisa.

-Sabes que nunca m-me rindo.

Sasuke pestañeó. Maldito sea si no lo sabía. Eso era lo que a él más le gustaba, lo que admiraba, además de que tartamudeara en los momentos claves. Su frente se distendió aunque desvió la vista, esquivo.

-Lo sé –murmuró.