Disclaimer: Los personajes no son míos... pero la trama si es mía, aunque esta historia esta hecha sin fines de lucro

Lamento tardarme tanto T-T, La inspiración me dio de golpe -de hecho, fue la culpa de mi perra, me mordió(no pude hacer tareas XD), pero si pude escribir en mi laptop- y lamento decirles que está a uno capítulos del final (no más, ya me reclamaron mucho mi tardanza en Fb) y por fin les traje el capítulo 11 así que... Gócenlo mientras puedan... MUAJAJAJAJAJAJAJA... naaaaa... es una broma :3


La princesa del castillo de oro


Cap. 11

– Mi reina, disculpe que lleve la contraria, pero no puede confiar en un sueño como ese, quién sabe, quizá el rey esté bien y usted preocupándose por las puras…

– Sango, si está bien o mal, quiero verificarlo con mis propios ojos – respondió ella.

Ya era de mañana y todos los sirvientes se movían de un lado a otro preparando uno de los tantos barcos que, desde que Inuyasha había empezado a ser rey, había mandado a construir.

No pudiendo estar tranquila, ayudaba en lo que podía, por lo que dejó su vestido en el dormitorio y cogió un par de pantalones negros de su esposo que en unos minutos dejó de ser holgado y pasó a ser entallado, demostrando sus desarrolladas piernas, el mismo proceso lo pasó una camisa blanca, a excepción de una capa que creyó conveniente no modificar y mantenerlo en estado original.

Lucía como toda una marinera, solo le faltaba un sombrero negro en su cabeza y parecería pirata.

– Sango, tú vendrás conmigo – gritó mientras subía a uno de los barcos a confirmar que todo estuviera correcto.

– Pero, Reina Kagome, si voy con usted, quién se encargará de la isla – trató de excusarse – además, no se olvide de que yo no tengo la ropa adecuada para una larga travesía como la tiene usted y…

– Tonterías – gritó, y bajó del barco, caminando en dirección a la fuente de la luna – Irasue… ¡Irasue! Necesito que me mandes a alguien que se pueda hacer cargo de la isla – dijo autoritariamente gritándole a una fuente inanimada.

Todos la veían y pensaban que estaba loca, pero luego de un minuto, un resplandor iluminó el suelo a un lado de Kagome y de ella apareció una joven de cabello largo, negro y lacio, de ojos marrones oscuros y mirada vacía, delgada y de unos centímetros más alta que ella.

Inmediatamente apareció Irasue con una inusual sonrisa en su rostro, lo que produjo un escalofrío para todos aquellos que presenciaban la escena, menos en Kagome.

– Reina Kagome, eh aquí tu reemplazo… Kikyo Tama Valderrama – dijo ella, mientras la nombrada se inclinaba.

– ¿Por qué la trajiste aquí?, ¿Por qué a ella? – preguntó molesta. Toda esa situación le estaba hartando, el embarazo hacía efecto en ella y encima esto.

– Eso no es asunto tuyo, confórmate con la ayuda que te brindo, de otra manera deja a tu isla desprotegida.

– Bien – observó a Irasue desaparecer y fijó su mirada en la mujer a su lado – Tú… Kikyo – vaya que le resultaba difícil pronunciar el nombre del antiguo amor no correspondido de su esposo – Te harás cargo de todo aquí, te haré una lista de lo que deberás hacer desde hoy hasta que yo venga.

– Está bien – contestó la "mujer" de forma autómata.

-.-

– Señor Inuyasha.

– ¿Sí?

– Disculpe, pero en este mapa, el terreno de los Higurashi de Aragón no está fijado.

– ¿Qué? – fue hasta donde uno de los de su tripulación lo llamó y observó el trozo de papel marrón y observó, el lugar fijado era el territorio de su hermano Sesshomaru, mas no el de los padres de Kagome, entonces cambiarán de ruta, Mioga irá a por sus suegros y él convencerá a su hermano – la ruta no cambiará, iremos a por mi hermano.

– Señor, disculpe que vaya en su contra, pero aquí dice que debemos pasar por Mermaid Island – dijo aterrorizado el joven.

– ¿Qué con eso?

– ¿No ha oído los rumores acerca de aquella isla?

– No – dijo mientras se dirigía hasta el timón con el joven detrás de él, y observaba su brújula para verificar que iban en la dirección correcta.

– Señor, ahí hay sirenas, pero no de las buenas que las madres cuentan a sus hijos en los cuentos de hadas, ellas son malas, pocos han salido de sus embrujos más que encantos y nadie sabe cómo es que aquellos vivos lograron sobrevivir a ellas, es un total misterio, ya que cada vez que iban a hablar sobre eso se quedaban sin voz – relató el joven, pero al percatarse de que su rey no le hacía el más mínimo caso, decidió ir a esparcir el rumor.

-.-

– Señor Mioga, un barco se ha visto a la lejanía.

– ¿Un barco?, ¿El barco del rey?

– No se sabe señor.

– Bien, continuaremos con la ruta y nos dirigiremos hasta ellos – caminó a babor pensando en Inuyasha, en que debía llevarlo a salvo hasta su destino – ¡A toda vela!, el viento está a nuestro favor y lo aprovecharemos.

Con rapidez, se acercaron a un barco de color negro sin bandera que parecía desolado

– Taro, Blass, Xen, acompáñenme – dijo Mioga acercándose a la orilla del barco y tomando una cuerda, alistándose para saltar, volteó y miró a los demás – Todos ustedes se quedarán aquí nosotros iremos a inspeccionar el navío.

Cuando sus pies tocaron el suelo de madera, se dispusieron a recorrer el lugar, separándose para abarcar más terreno.

A Mioga le tocó revisar la cabina del capitán.

Se acercó silencioso a la puerta con una daga en mano, rogando porque todo aquello no sea una emboscada.

La abrió temeroso y suspiró aliviado al observar que en el recinto solo se podía oír el sonido del mar golpeando, y sus zapatos golpeteando en el piso, haciendo rechinar la madera. Caminó entre todos los muebles y una extraña luz rosada le llamó la atención. Provenía de una caja, la cual, apresuradamente tomó y abrió dándose cuenta del valioso tesoro.

– Santo Dios, No… no puede ser…

– Si se puede Mioga – Se escuchó una voz suave y delicada como la suave brisa marina, que a la vez, era tan dulce y cálida como oír a una madre cantarle con amor a su recién nacido.

Volteó y se encontró con una niña de cabellos blancos y mirada negra iluminada por un resplandor entre azul y rosado.

– ¿Kanna?

– Veo que aún me recuerdas Mioga – dijo la pequeña sin mostrar emoción o movimiento alguno.

– Kanna, tú… tú deberías estar aquí… – señaló el contenido de la caja – deberías estar dentro de la Shikon… ¿Cómo…? – la pregunta quedó suspendida al observar un leve movimiento en sus labios, luciendo una pequeña sonrisa que más que alegría, parecía de compasión y comprensión.

– Soy libre Mioga.

– Tú no puedes estar libre… – como un loco, movió su cabeza en señal de negación – Si estás libre quiere decir…

– ¿Que alguien debe tomar mi lugar?... Sí – la sonrisa se desvaneció – ¿Esto no era lo que querías Mioga? ¿No querías verme libre?... ¿No querías que yo… tu hija e hija de Irasue quedara libre luego de haber hecho lo que hicieron?


¿Qué pasará después?

¿Por qué Mioga encontró la Shikon?

¿Mioga tiene una hija?

¿Qué pasará con Inuyasha?

¿Qué pasará con Kagome?

Averiguenlo después aquí en el fic:

"La princesa del castillo de oro"

Gracias por los reviews... dejen más please...

Las veo luego! ^_^

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