Crónica 9.
La sala del Honor. El rostro de tus miedos.
Hyoga abrió las puertas y Zoe se dejó llevar por la belleza de aquel lugar, aunque ella esperaba ver una sala y no un pasillo. Igualmente admiró los pilares de piedra blancos, todos flanqueados por altas velas del mismo color, las únicas que iluminaban la estancia. En los pilares había imágenes de hombres que ella no reconoció. Vio a Hannabi y Selene unirse al resto de los Ángeles que la esperaban apostados en dos filas paralelas, dejando el centro del pasillo vacío para que ella y Misha entraran. La rubia la animó suavemente y Zoe la siguió, aun viendo las imágenes de aquellos hermosos hombres y mujeres.
-La llamamos la sala del honor- dijo Misha.
-Es hermosa-dijo Zoe caminando a su lado-¿Quiénes son ellos?
-Son los más grandes guardianes de la humanidad. Para nosotros son un ejemplo de honor.
De pronto, Zoe bajó la mirada y vio como cada Ángel la animaba a su manera a que siguiera caminando. No tenía idea de adónde iba, aunque se sentía más tranquila sabiendo que Shun estaba con ella y se volteó para verlo, pero no lo encontró. Sintió un vacío en su corazón al buscarlo entre aquellos rostros y no verlo por ninguna parte.
-¿Dónde está Shun?-preguntó ella, alarmada.
-Shun…no entra a esta habitación.
Zoe se volteó, pero sólo se encontró a Hyoga, quien le extendía una katana negra.
-Tómala, que te acompañe en tu viaje-dijo Hyoga.
-Pero, él dijo que no estaría sola-dijo ella.
-No creo que se refiera a este momento-dijo Hyoga- Tómala, es de él, vas a necesitarla.
Ella bajó la mirada y tomó la katana entre sus manos. Era mucho más hermosa de cerca y toda el arma brillaba de un color negro plomo impresionante.
-¿Para qué voy a necesitarla? ¿A qué voy a enfrentarme?
-A tu más grande temor.
Ella volvió a mirar la Katana. Él no estaba ahí, pero algo suyo sí y eso, al menos por ahora, le era suficiente. Apretó la espada contra su pecho y se giró hacia Misha, quien asintió y abrió la puerta por donde Zoe entró.
Al principio todo estaba obscuro. Ella apretaba la katana aun más fuerte, cuando las velas se encendieron solas. La sala parecía la continuación del pasillo, sólo faltaban los pilares. Al final de la estancia había una pared de piedra blanca con una rueda enorme, del mismo material. Frente a ella había una figura en cuclillas, sobre la mesa que estaba delante de la pared.
La imagen la dejó petrificada: parecía una persona, tenía cuerpo de humano, pero unas enormes y hermosas alas negras lo cubrían parcialmente. Estaba sentado en cuclillas sobre la mesa y apoyaba una mano sobre ésta, mientras que con la otra sostenía una enorme guadaña, muy parecida a la de Shun. No habían corrientes de aire en la estancia, pero el largo cabello negro de aquel ser se movía como impulsado por una suave brisa. Zoe se obligó a caminar hacia él y vio que su piel era muy blanca y que sus ojos estaban cubiertos por una venda negra. Su ropa era parecida a la de los Ángeles aunque cambiaba ligeramente, pero Zoe no podía pararse por esos detalles, estaba muy asustada por aquella presencia. Recordó que Hyoga le dijo que aquí enfrentaría su más grande temor, pero ella aún no entendía cual era el objetivo de aquel ser.
-Toma su alma, Tamashiigarii.
Ella escuchó dos voces, una oscura y profunda, la otra un poco más suave y cargada de tristeza. Aunque ambas venían del Ángel, se escuchaba como dos personas hablando al mismo tiempo. Su voz hizo eco en las paredes de la sala. De pronto la guadaña se encendió y brilló furiosa y tomándola desprevenida, el Ángel se lanzó hacia ella, atacándola con el arma. Apenas pudo esquivar el ataque de la guadaña que volvió a alzarse en el aire, pero Zoe ya se había alejado lo suficiente para desenfundar la katana.
-¿Cuál es tu mayor temor?
-¿Qué?
El Ángel no esperó por una respuesta, volvió a atacarla y ella volvió a esquivar el golpe. Repitieron la misma acción tres veces más. Zoe sabía que tenía que poner en práctica todo lo que había aprendido de su hermano en la prisión, pero no se sentí a capaz, el poder de su rival era demasiado grande. Aun así no sentía que él quisiera atacarla realmente.
-¿Cuánto tiempo más vas a huir? Eso no servirá de nada, puedo pasar siglos persiguiéndote. Enfréntame, enfrenta tu mayor temor.
El Ángel volvió a atacar, esta vez con mucha más fuerza, ella lo esquivó y la cuchilla de la guadaña quedó clavada en el suelo casi completamente. Ella volvió a mirar la katana y recordar a Shun
-Miras esa arma como si fuera tu más grande tesoro.
-Lo…lo es. Alguien me la confió.
-Pues la conservarás cuando te lleve conmigo.
El Ángel volvió a atacar, esta vez logrando rozar el muslo izquierdo de la chica, haciéndole un corte, leve pero largo, que pronto empezó a sangrar.
-Tengo que atacarlo…tengo que…
De pronto, una esfera de energía negra salió disparada hacia ella y Zoe sólo atinó a usar la espada como escudo, logrando desviar un poco el ataque que la impactó en el hombro izquierdo. La katana comenzó a vibrar suavemente y a emitir un brillo débil.
-¿Ya te estás preparando?
El Ángel volvió a lanzar la esfera de energía y ella repitió la acción de usar la katana como escudo. Esta vez la esfera se desvió completamente, impactando en el techo de la sala. El Ángel volvió a tacar y la katana picó en dos la esfera de energía. Ambos partes impactaron sobre la puerta, destruyéndola por completo. El Ángel atacó de nuevo y Zoe lo esquivó. Ambos salieron como una exhalación de la sala. La pelinegra se encontró en el pasillo, donde vio al resto de los Ángeles en la misma posición y a Ariel formando sellos con las manos para levantar dos barreras que los protegieran de la pelea.
Zoe sonrió.
-Ahora entiendo cómo funciona la katana. No es nada sin la determinación de aquel que tiene la oportunidad de blandirla. Tú invocaste el poder de tu guadaña así que supongo que debe funcionar de la misma manera. Aun así no me estas tomando en serio-dijo Zoe, sonriendo con malicia.
-Te sorprendería saber lo poco que llamas mi atención.
-No lo creo. Creo que sólo estas esperándome-dijo Zoe.-No estás atacando con toda tu fuerza. No creo que la muerte sea algo tan fácil de vencer.
-Así que ya sabes a qué le temes tanto. Tienes miedo de morir. Ese miedo no se pierde jamás. Ya has perdido, Zoe.
-¿Qué dices?
-¿Cómo piensas proteger a alguien si tienes miedo de recibir alguna herida, de morir? No puedes. Si no puedes perder ese miedo, no sirves para ser un Ángel. Yo no doy el permiso para que lo seas, así que ahora sólo me queda llevarme tu alma, porque de esta sala sólo se sale siendo un Ángel o muerto.
De pronto, un aura muy poderosa rodeó al Ángel. Las barreras de Ariel se resquebrajaron y Zoe volvió a temblar de miedo. Vio como el Ángel sonreía con malicia.
- Cuán fácil es romper tu determinación. Casi me resultas aburrida.
El Ángel volvió a atacar con las esferas de energía, esta vez impactándola de lleno. Zoe cayó pesadamente sobre el suelo, aturdida por el golpe.
Luego los recuerdos volvieron a su mente. La muerte de todos sus amigos, su hermano, su sacrificio y su amor por ella. La imagen de Shun, atrapado entre los brazos de Hyoga, ciego de furia e instándola a luchar.
-Ella no estará sola-recordó Zoe, las palabras del peliverde, la determinación en sus ojos.
Zoe volvió a levantarse y sonrió. Estaba lastimada y cansada, su actuación hasta era realmente patética, pensaba ella, pero la katana brillaba, hambrienta por pelear. Ella estaba apoyada en su pierna derecha, rodeada por un aura blanca
-Esta katana me la prestaron, él me la dejó para que peleara contigo. Es el arma que usa para pelear, así que eso significa que espera que se la devuelva. No pienso llevármela porque no iré contigo a ninguna parte.
Poco a poco, la katana comenzó a brillar aun mas, igual que el cosmos de Zoe.
-No le tendré miedo a la muerte… ¡voy a rechazarla!
Zoe cargó fieramente contra el Ángel que detuvo el golpe usando la Katana como escudo.
-¡No esperaré una herida, me niego a recibirlas!
Cada golpe de Zoe se hizo más y más fuerte, obligando al Ángel a retroceder.
-¡Y no dejaré de pelear jamás, mientras haya gente en este mundo a quien defender!
Una última estocada vino acompañada de una explosión de energía que los cegó a todos. La guadaña salió volando por el aire y quedó clavada en la barrera de Ariel, haciendo que todos retrocedieran al ver la enorme ruptura de la pared de energía. Zoe yacía blandiendo la espada hacia el suelo, jadeando de rabia y cansancio. Cuando levantó la vista, el ángel la tomó rápidamente del cuello, alzándola sobre el suelo y quitándole la espada que salió volando por los aires.
-Te hace falta mucho más que eso para matarme…pero por hoy, lo has hecho bien.
El Ángel la bajó al suelo, la guadaña desapareció y Ariel quitó las barreras.
-Vaya, eso estuvo emocionante-dijo Gabriel
Zoe los miró atónita. Todos le sonreían, pero aun no se acercaban a ella. El Ángel volvió a tomarla, esta vez la giró para que quedara de espaldas a él y la acercó a su pecho.
-Recuérdame pedirte disculpas por esto.
-¿Qué?
De pronto, las mejillas de la chica se encendieron al sentir la mano del Ángel rozar suavemente su cadera derecha. Luego, levantó un poco su camisa y Zoe sintió que el lugar donde estaba posada la mano del Ángel comenzó a arder como si algo la estuviese quemando. Gimió de dolor, pero él sólo la apretó más a su cuerpo. El ardor se hizo insoportable y la chica se desmayó.
Despertó una hora después en su habitación, encontrándose con el rostro sonriente de Hannabi. Hyoga, Selene y Misha estaban cerca de la cama y mas allá, apoyado en la pared, de brazos cruzados estaba Shun. Se levantó rápidamente, sin importarle en qué condiciones estuviera y corrió hacia él, quien la miraba confundido, pero ella lo pasó por alto y se lanzó a sus brazos. Shun correspondió al abrazo torpemente.
-¡Eres un idiota!-exclamó ella, llorando-¡Me dejaste sola!
Shun sonrió muy levemente.
-Lo sé. Lo siento.
-Creo que le gané.
-Sí, lo hiciste, me dijeron que lo hiciste muy bien.
Ella finalmente lo soltó y recordó lo último que paso antes de que se desmayara. Seguía con el uniforme así que bajó un poco su falda, haciendo que Shun y Hyoga voltearan la mirada. Vio el tatuaje, pequeño y negro brillando en su piel blanca y suave.
-Ya eres un Ángel, Felicitaciones-dijo Misha, sonriendo.
Hannabi la abrazó fuertemente. Hyoga y Selene le sonrieron. Ella volteó hacia Shun, lo miró con más determinación que nunca.
-Estoy feliz y dispuesta a lo que sea con tal de cumplir con mi objetivo y proteger a todo aquel que lo necesite.
Shun asintió.
-Es exactamente lo que quería escuchar. Por eso, éste es mi compromiso contigo. Ahora soy tu compañero y nadie cambiará eso. A donde te lleve tu causa, yo iré contigo. Ese sujeto que vimos, el moreno, si en él recae la culpa de que tus amigos hayan muerto, entonces él es el objetivo. Yo no tengo derecho a vengar seres que no amo, pero sí tengo un asunto pendiente con él y pienso resolverlo.
Hyoga arrugó el semblante, Misha y Selene lo miraron, pero él no dijo nada. Zoe seguía perdida en la mirada del peliverde.
-¿Pelearemos juntos entonces?
-Sí.
-¿Entonces ya no hay nada que tenga que comprobar, leer o responder para que me digas que por fin soy tu compañera?
Misha soltó una tímida risa al ver las mejillas sonrojadas de Shun.
-Su sinceridad me abruma-dijo Selene.
-N-no…ya es oficial-dijo Shun
Zoe sintió como su corazón se llenó de alegría y le regaló a Shun una amplia sonrisa y otro abrazo. Él no podía sentirse más incómodo y sólo pudo responderle con una suaves palmaditas en la espalda.
-Espera, Misha-dijo ella soltándolo-Si soy un Ángel ahora ¿Cuál es mi poder?
Misha abandonó la sonrisa divertida para adoptar una expresión seria y de concentración.
-Parece que ya tenías algún poder escondido dentro de ti. El ritual sólo sirvió para incluirte en la orden y utilizar tu poder para la protección de Mithrandir. Te convertiste en el Ángel de la vida. Eres un guardián de almas, Zoe. Un ser muy poderoso que tiene le misión de proteger y sanar las almas, no los cuerpos. Tiene la capacidad de inyectar vida a un alma moribunda y de regresar el alma al cuerpo en caso de que aún no sea su momento. Tu principal misión es la sanar las "alas rotas": almas que han sido afectadas por un dolor tan grande que se quiebran.
Zoe no dijo nada, pero eso le respondió muchas de las preguntas que tenía para Misha. Sólo decidió guardar silencio y esperó el momento en que estuviesen solas para confirmar sus sospechas.
-El Guardián de Alma posee dos estados: El defensivo es su estado natural, el guardián, pero al ofensivo se le llama Vengador de Almas. No sé mucho de él, sólo se despierta cuando el guardián posee un terrible deseo de venganza. Suponemos que es el estado en el que estás ahora. A partir de mañana Shun te entrenará para que descubras todo el poder que tienes.
-¿Y cómo sabes todo eso?
-Porque yo soy la fuente de todos los poderes de los Ángeles, pero estos se desarrollan dependiendo de la persona que los usa.
-¿Tú…eres la fuente?-preguntó Zoe
-Sí. Cómo ahora eres parte de los Ángeles, puedes saberlo. El tatuaje que tienes funciona también como un sello que impide que reveles esta información. Soy un Avatar, un espíritu de la naturaleza que está aquí para defender a la humanidad. Yo busqué a los hombres y mujeres que me ayudarían con esa misión. Ellos son los Ángeles. No sé exactamente cuales poderes recibe cada uno, ellos los adquieren según su personalidad, fuerza o condición especial. Cada uno de los Ángeles está emparejado con alguien cuya alma está en armonía con la suya, una que complementa a la otra. Cada poder que se desarrolla es perfecto para su compañero, por lo que uno es de tipo defensivo mientras que el otro es ofensivo.
-Pero acabas de decir que yo tengo dos estados.
-Exacto porque tu caso es especial, igual que el de Shun. Debe haber, siempre un equilibrio. Shun también tiene dos estados, por lo que se cumple el balance de fuerzas en los Ángeles.
-Entiendo.
-Como te dije, no sé exactamente cuales poderes tienes, pero Shun te ayudará con eso. Ahora deberán estar juntos todo el tiempo posible, viajarán juntos y confiarán ciegamente en el otro. Ahora bien, la confianza es algo que se gana y se desarrolla así que mientras más tiempo pasen juntos, más fuerte será su conexión y cuando eso ocurra y les toque pelear, nadie podrá con ustedes. Puesto que tu caso es especial y es muy posible que el loto venga a buscarte es necesario que entrenen arduamente para despertar definitivamente todos tus poderes.
-Entiendo.
-Muy bien. Selene, revisas sus almas, por favor.
-Ya lo hice. No están realmente sincronizados, pero hay una especie de aceptación del uno al otro. Supongo que se le puede llamar un éxito.
Shun se cruzó de brazos y bufó incómodo, no le gustaba que lo revisaran así. Zoe lo miró y sonrió.
-Bueno, supongo que es todo lo que yo tengo que decir por hoy-dijo Misha acercándose hasta la pelinegra-De nuevo, bienvenida, Zoe, me alegra muchísimo que seas parte de nosotros y que tengas un poder tan hermoso. Cuentas con todo nuestro apoyo, cualquier cosa que quieras saber, sólo tienes que preguntar.
-Gracias-dijo Zoe, entendiendo perfectamente el mensaje.
-Si me disculpan, me retiro.
-Te acompaño. Buenas noches, Zoe-dijo Selene.
-Ya las alcanzo-dijo Hyoga.
Las chicas salieron dejando a los tres en la habitación. La mirada de Hyoga se volvió dura, gélida y afilada, como la primera vez que lo Zoe lo vio.
-Lo que tienes contigo no es otra cosa que un tesoro. Recuerda lo que te dije la primera vez que te vi. No he cambiado de parecer, y no pienso hacerlo. Mi confianza no te la has ganado y si algo llega a pasarle te las verás conmigo, es una promesa, Zoe. Mientras no pase nada malo, no tendremos ningún problema tú y yo.
-Entiendo perfectamente.
-Bueno, que pasen buenas noches.
Luego Hyoga se retiró, dejando a los nuevos compañeros solos. Volvieron a mirarse y Zoe respiró de alivio. Luego, ella vio al lado de la cama la katana negra de Shun y fue hasta ella para tomarla y girarse hacia él.
-¿Por qué no las has tomado?
-Tengo entendido que dijiste que me la regresarías. No quise tomarla yo.
Ella sonrió y se acercó hasta Shun. Puso la katana sobre sus palmas y la miró detalladamente.
-Es bellísima-dijo ella, extendiéndosela.
Shun puso la mano sobre la espada, ésta se encendió de energía y Zoe volvió a sentir ese extraño temor que a veces él le causaba. Él lo notó y tomó la katana y ésta inmediatamente se convirtió en energía y regresó a su tatuaje, sumiéndolos en un silencio incómodo.
Ella levantó el rostro y sus miradas se encontraron, enviándolos directo a las profundidades doradas y verdes de sus ojos. Ella se acercó hasta él, puso la mano y la frente sobre su pecho, sintiendo de nuevo ese dolor que no le pertenecía, viendo otra vez el alma rota dentro de su cuerpo. Sin embargo se sentía demasiado bien, no quería apartarse de él, aun cuando sabia que él estaba incómodo. Aspiró su aroma y le pareció embriagante. Él sentía de nuevo la brisa fresca acariciando su alma, reconfortándola. Aún cuando una parte de él luchaba por repeler agresivamente el contacto, se obligó a mantenerlo, más por el deber y su objetivo de hacer lo necesario por darle un poco de tranquilidad a Hyoga, que por el hecho de disfrutar la cercanía de la chica. Después de unos minutos, Shun no soportó más y se alejó un paso.
-Yo… debería irme. No está bien que esté solo aquí contigo.
-¿Por qué no?
-Porque…debes estar muy cansada.
-Pero, no quiero que te vayas.
-¿Qué?-preguntó Shun, sintiendo sus mejillas sonrojarse por decima vez en el día.
-No quiero que te vayas, Shun, quédate conmigo.
-No,no,no, nada que ver. Estaré justo al lado, sólo tienes que tocar la puerta.
-Shun, por favor-suplicó ella, tomándolo de la mano.
-No, Zoe de verdad, yo…
Ella estaba decidida a que Shun se quedara con ella por lo que optó por una técnica que recordaba funcionaba con su hermano. Sus ojos comenzaron a ponerse brillantes y acuosos y Shun quedó petrificado.
-N-no llores, por favor, yo no…
-Por favor.
-Aghh, ¡Está bien pero no llores, por favor!
-¿Lo prometes?
-¡Sí, sí pero deja de llorar!
De pronto, la pelinegra sonrió con picardía.
-Eres débil, no puedes ver a una dama llorar-dijo ella.
-¡Eres una tramposa!- gruñó el peliverde, indignado.
-¡Ahora no puedes retractarte, lo prometiste y tú eres un caballero!
-¡No lo soy!
-Sí lo eres, abriste todas las puertas, trataste bien a los niños y prometiste algo que no quieres hacer sólo para no verme llorar, eres un caballero y los caballeros cumplen su palabra- dijo ella, cruzando los brazos y sonriendo complacida.
Shun no tuvo manera de rebatir aquel argumento. Suspiró derrotado y volvió a cerrar la puerta, quedándose dentro de la habitación.
-Bueno ¿Qué quieres que hagamos? ¡No, espera no respondas eso!-dijo Shun alarmado y rojo como un tomate cuando vio las claras intenciones de la chica de responder con toda la sinceridad posible.
-Iba a decir que quiero conocerte mejor-dijo ella, sonriendo-¿En qué estabas pensando?-preguntó con franca curiosidad.
-No, nada, no he dicho nada.
-Bueno, voy a cambiarme-dijo ella, quitándose el uniforme.
-¡¿Qué haces? ¡Ve al baño!
Shun se llevó la mano a la frente, aquejado por un repentino dolor de cabeza. Vio a la chica obedecer y meterse en el baño y suspiró de alivio.
-Esta chica es un peligro, me va a matar de un infarto, lo sé. Será una larga noche.
