Continúa la Transmisión…
—¡CREE!
Cree, parada en la puerta de entrada, aventó su maletín en un sillón y caminó rápidamente hasta la mesa de la cocina, dónde Abby todavía estaba tosiendo y Número 1 tenía la boca abierta.
—¡Abby! Sabes que no debes tomar chocolate, ¡ya van dos veces que te veo cometer esta barbaridad! —exclamó Cree quitándole la taza—. ¿Qué es lo que te está pasando, hermanita?
—No es para tanto —dijo Número 5 una vez que dejó de toser. Se miró la blusa, en dónde se le había derramado un poco de chocolate—. ¡Cree! Hiciste que me ensuciara.
En ese momento, Cree desvió la vista hacia Número 1 y torció una sonrisa.
—¡Oh, no! ¿Por qué no vas a cambiarte, hermanita? Mientras, yo me encargaré de atender a tu invitado.
Número 5 arqueó las cejas y no se levantó. Sin embargo, Cree la tomó de los hombros y la encaminó a la escalera.
—¡Anda! Ve, no te preocupes —y sin que Número 1 se diera cuenta, le guiñó un ojo. Número 5 dudó un poco, pero terminó por encogerse de hombros y obedecer.
Cree regresó a la mesa.
—¡Que gusto verte de nuevo, Nigel! —exclamó—. ¡Mírate! ¡Cómo has crecido! ¡Ya eres casi un hombre!
—¡A mí no vengas a insultarme, adolescente! —gritó Número 1 levantándose de la mesa.
—¿Yo? ¿Adolescente? ¡Oh, no! —Cree soltó una risita—. Ya soy una adulta, Nigel, ¿ves? —señaló su uniforme de enfermera—. Tengo un trabajo, pago impuestos. Pero, tú…
—Ni siquiera te atrevas a decirlo —la amenazó él—. ¡Con que por eso 5 se volvió una adolescente y el resto de mi equipo terminó por separarse! ¡Fuiste tú! ¿Verdad? ¡Apuesto a que también tuviste algo que ver con su destitución!
—¿Qué? ¿Yo? ¡Jamás haría algo como eso! —exclamó Cree ofendida—. Esas cosas quedaron atrás, Nigel. Ya no soy más una ninjadolescente que obedecía órdenes de un hombre dañado que solo quería destruir niños por diversión. Ya maduré.
—¡No te creo nada!
—¡Shhhh! —Cree se llevó un dedo a la boca—. No hables tan alto, Nigel. Abby no sabe nada sobre los Chicos del Barrio, ni sobre su lucha contra los adolescentes y adultos. No recuerda nada… Después de su destitución, todo fue tan triste. Tanto, que… Que yo… —se sacó un pañuelo del bolsillo y lo pasó por sus ojos llorosos—. ¡Yo renuncie a ser la líder de los ninjadolescentes! ¡Todo por ella! ¡Por mi hermanita!
—¡Mentira! —exclamó Número 1—. ¡Seguramente quisiste reclutarla en cuanto fue destituida!
—¿Qué? ¡Yo jamás sería capaz de hacer algo como eso! —Cree se sonó la nariz—. Después de que tus estúpidos Chicos del Barrio la destituyeran, ella quedó tan triste… ¡No podía soportarlo! ¿Y ellos estuvieron ahí? ¡Nooo! ¡Yo me quedé con ella! ¡Renuncie a ser una villana por ella! Y desde entonces, las dos nos hemos mantenido alejadas de todas esas niñerías. Así que hazme el favor de controlar el tono de tu voz.
Número 1 se cruzó de brazos y no dejó de mirarla con sospecha. No pudo decir nada más porque en ese momento, Número 5 bajó de nuevo usando otra blusa.
—Es tarde —señaló la oscura calle que se veía desde la ventana—. Será mejor que te vayas.
—Claro… —dijo Número 1 mirando a Cree con los ojos entrecerrados.
—Puedes llevarte las galletas.
—¡Oh, gracias! —exclamó Número 1 cambiando repentinamente su actitud y recogiendo las galletas que se habían quedado en la mesa—. Me voy.
—Entonces… —dijo Número 5 acompañándolo a la puerta—. Nos vemos mañana en el armario, supongo.
—Ah, sí… El armario —suspiró Número 1 y después de llevarse una galleta a la boca, salió de la casa de su compañera—. Hasta mañana.
—¿Y bien? —preguntó Número 5 luego de asegurarse que Número 1 ya se había ido. Se volvió hacia Cree y arqueó las cejas—. ¿Qué fue todo eso?
—Solo estaba asegurándome de que él no sospechara nada sobre ti, hermanita —explicó Cree—. Si él llegase a descubrir que eres la líder de los ninjadolescentes… ¡Oh, no quiero ni imaginar las barbaridades que haría en contra tuya!
—Pero, ¿por qué dijo que en cuanto me destituyeron, tu seguramente trataste de…?
—Abby, escúchame —Cree la tomó de los hombros—. Él diría cualquier cosa para confundirnos. Cuadro esos Chicos del Barrio te destituyeron, yo lo único que hice fue protegerte, enseñarte todo lo que sé.
—Pero, Cree…
—¡Oh, no digas nada más! —la abrazó y le dio unas palmaditas en la cabeza—. ¡Mi pobre y sensible hermanita! Cuando te sientas confundida, solo debes recordar de qué lado estás, ¿de acuerdo?
Número 5 asintió, pero en sus ojos brilló una mirada preocupada.
Al día siguiente, en la cafetería de la preparatoria, Nigel y Memo estaban formados en la fila para la comida. El primero hablaba en voz baja, mientras el segundo se servía varios platos de carne, pollo y papas fritas.
—… te lo digo, Cree era malvada. No le creo ni por un segundo que ya se haya reformado. Apuesto a que ella tuvo algo que ver en su destitución y que intentó llevar a 5 al lado oscuro.
—Pues, si pudiera recordar por qué nos destituyeron, te diría la verdadera razón, pero no puedo… ¿Sabes por qué? ¡Porque me lavaron el cerebro y no lo recuerdo! —dijo Número 2—. ¿Estará buena la pechuga de pavo?
—Lo bueno de todo esto, es que Rachel prometió que los Chicos del Barrio se han encargado de cuidarlos todo este tiempo y ninguno de esos estúpidos ninjadolescentes los ha reclutado —dijo Número 1 mientras se dirigían a la mesa en la que se habían estado sentando durante los últimos días. De reojo, observó a Kuki con las porristas y al Güero y Abby, sentandos solos en lados opuestos del comedor.
Antes de que pudieran sentarse, el sonido de un micrófono llamó su atención. Los de la Otra Cuadra estaban parados sobre una tarima cerca de la puerta.
—Buenos días, queridos compañeros —dijeron a la vez—. Lamentamos mucho interrumpir su hora del almuerzo, pero tenemos un aviso importante para ustedes.
—No te creo que sean malos, son tan adorables —comentó Número 2 en voz baja. Número 1 gruñó.
—Como todos ustedes saben, pronto celebraremos el baile de nuestra querida preparatoria —continuaron ellos.
—¡Oh, sí! ¡El baile! —exclamó Lizzie sentada a unos pasos de Número 1. Lo volteó a ver y sonrió—. ¿No es romántico?
El muchacho fingió que tosía.
—Como presidentes de la clase, le hemos pedido permiso al director de esta institución para presentar formalmente nuestra solicitud ante el consejo escolar. Esta noche nos reuniremos con esos amables adultos, para asegurarnos de tener un baile divertido.
Algunos aplaudieron y otros silbaron, entusiasmados. Número 1 captó entonces la mirada de 2, luego la de 3, la de 4 y por último la de 5. Y supo que todos estaban pensando lo mismo.
Pasaban de las nueve de la noche cuando 1, 3, 4 y 5 se reunieron cerca de los arbustos que había en la mansión de los de la Otra Cuadra. El primero llevaba una enorme mochila colgada en la espalda.
—¿Dónde demonios está Número 2?
En eso, el silencio de la noche fue interrumpido por unas fuertes pisadas y por el sonido metálico de lo que parecían ser unas latas.
—¡Lo siento! Se me hizo un poco…
—¡Silencio! —gruñó Número 1 y lo jaló hasta el piso, dónde estaban los demás, ocultos por los arbustos—. ¿Qué parte de reunirnos en la mansión de los de la Otra Cuadra sin hacer ruido, no entendiste?
—¡Ay, que genio! —se quejó 2—. Es que cuando dijiste el plan, se me ocurrió una gran idea y pasé toda la tarde con Tommy haciendo esto… —señaló las latas que tenía en las manos. Número 1 se dio cuenta de que tenían unos botones y un par de antenitas—. Yo las llamo…
S.O.P.I.T.A. de los Chicos del Barrio…
Simple
Objeto
Para
Inhabilitar
Toda
Activa energía
—Genial, inventaste las latas de sopa —dijo Número 4 rodando los ojos—. ¿Ya podemos entrar?
—Dijiste que tal vez nos toparíamos con viejas trampas en la mansión, ¿no? —preguntó Número 2 entusiasmado—. Estas bellezas sirven para apagar cualquier energía eléctrica de alrededor.
—Si es que funcionan… —dijo Número 5.
—Bueno, si no sirven, podrás guardarla de recuerdo —le dijo Número 2 pasándole una lata a cada uno.
—¡Genial, 2! Me da gusto que estés volviendo a esto de los inventos, pero… —Número 1 arqueó las cejas—. ¿S.O.P.I.T.A.? ¿Enserio? Tienes que trabajar en tus acrónimos…
—No, no tiene nada que ver con matemáticas, ¡dah! —dijo Número 4—. Sólo tiene que mejorar los nombres que le pone a esas cosas.
—¡Ay, por el amor de…! —Número 5 se pegó con una mano en la frente—. ¿Podemos solo entrar y ya?
—Pero, ¿por qué? ¡Si la noche está hermosa! —exclamó Número 3 y todos la miraron con el ceño fruncido—. Oh, cierto.
—Muy bien, aquí tienen —dijo Número 1 sacando de su mochila cinco armas y dos radios—. Entraremos por detrás, como lo sugirieron y nos separaremos en dos equipos. 2, 3 y 4 estarán en la planta baja. Número 5 y yo iremos a las habitaciones de arriba.
—¿Y estas seguro de que ya no están ahí? —preguntó Número 2.
—No, su limosina no está —dijo Número 1 señalando la parte delantera de la enorme casa. Luego, suspiró—. Chicos… ¿Están seguros de que quieren hacer esto? Es decir, entrenamos pocos días y…
—Creo que deberías de callarte y mejor empezar a decir tu frase —comentó Número 5 torciendo una sonrisa.
—Muy bien —Número 1 se aclaró la garganta—. ¡Chicos del Barrio, a sus posiciones!
Todos empuñaron sus armas y cruzaron los arbustos en dirección a la mansión. Número 3 alcanzó a 1 antes de entrar.
—Por cierto, ¡lindas gafas! Hacen que tu cabeza se vea menos enorme de lo usual.
Fue fácil entrar por detrás. Una de las ventanas estaba abierta y ellos no tuvieron más que atravesarla. La casa estaba oscura y silenciosa. Algunas de las armas que Número 1 les había dado, tenían una lámpara incluida, así que ellos pudieron ver el camino sin problemas.
Comenzaron a caminar por los pasillos de la mansión, observando su alrededor sin hacer ningún ruido. Al llegar al vestíbulo, Número 1 les hizo una seña con la cabeza y se separaron según sus órdenes.
2, 3 y 4 ingresaron a un largo pasillo con ventanas enormes, alumbrando cada rincón.
—Haber… si yo fuera una pista, ¿dónde me escondería? —preguntó en voz baja Número 3, poniéndose un dedo en la barbilla.
—¿Por qué yo voy en la retaguardia? —preguntó Número 2 aferrando su arma con fuerza.
—Miedoso —gruñó Número 4, pero entonces soltó un ligero gritito al toparse con una gran pintura de los de la Otra Cuadra colgada en la pared.
Número 2 soltó una ligera risita, pero 4 lo ignoró.
—¿Y qué se supone que estamos buscando?
—Cualquier cosa que tenga que ver con la dulcirificación —respondió él—. Aunque todavía no entiendo bien qué significa… Oye, Güero —Memo se mordió el labio—. ¿Enserio fuiste tú el que me pegó el letrero de "Patéame" el otro día?
Número 4 desvió la mirada y se rascó la nuca.
—Bueno, pues sí… Pero, no te fijes tanto en eso, ¿de acuerdo? Te he hecho cosas peores —dijo él haciendo un gesto despreocupado—. Así que…
—¡Wow! ¡Wow! ¿Qué clase de cosas?
—Ah, ya sabes… —Número 4 carraspeó—. Cosas. Pero, ya me arrepentí. No sabía que los tontos como tú también tienen sentimientos y eso.
—Sí, yo también lamento la vez en la que las chicas y yo cambiamos tu soda por salsa —se lamentó Número 3.
—¿Qué? ¿Fuiste tú? —preguntó Memo.
—¡Ay, no te fijes! —exclamó ella—. Eras el looser de la escuela y antes no éramos…
Se quedó callada y los otros dos la miraron con las cejas arqueadas.
—Ya saben —Kuki hizo sonar la garganta—. Antes no éramos…
Pero, en ese momento, su pie se hundió en el suelo. Había pisado un ladrillo falso y al instante, se activó una escandalosa alarma de color rojo. Los tres se taparon los oídos y el suelo empezó a retumbar.
—¿Qué es eso? —preguntó Kuki mirando hacia ambos lados.
—Fuiste tú —gruñó Número 4 observando el ladrillo falso con el ceño fruncido.
—¿Yo?
—¡Sí! ¿Por qué no te fijaste por dónde ibas?
—Eh… ¿Chicos? —los llamó Número 2 volteando hacia atrás.
—Tal vez sólo es su despertador —sugirió Kuki—. A mí también me cuesta levantarme en las mañanas.
—¡Pero, es de noche!
—Bueno, tal vez es su alarma para ir por un vaso de leche.
—¡Chicos!
—¡Nadie se levanta así por un vaso de leche!
—Es que tal vez se les reseca la garganta, son unos chicos muy delicados.
—¡CHICOS!
—¡¿QUÉ?!
Número 2 señaló con una mano temblorosa el inicio del pasillo. Una enorme roca, redonda y gris, rodaba hasta ellos con rapidez.
—¿Por qué no nos dijiste? —preguntó Número 3 y Número 4 la jaló del brazo para que comenzara a correr. 2 los siguió y gritó.
Mientras tanto, Número 1 y Número 5 caminaban por la segunda planta, que estaba igual de oscura y solitaria. No se oía nada más que sus pasos conforme avanzaban por un pasillo lleno de armaduras. Número 5 lo miró de reojo y recordó todo lo que le había dicho su hermana el día anterior.
—Entonces… ¿Tú ya conocías a mi hermana?
Número 1 volteó a verla y suspiró.
—Quisiera que recordaras para no ser yo el que tuviera que contarte la horrible verdad —dijo él agachando la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
—Los Chicos del Barrio también combaten adolescentes y cuando tú formabas parte de ellos, Cree era una de nuestras peores enemigas… Era la líder de todos, era malvada y peleamos muchísimas veces contra ella.
—¿Cree? ¿Mi hermana? —Número 5 levantó una ceja—. ¿La misma Cree que desde hace años trabaja como enfermera en un hospital para niños huérfanos? ¿Esa Cree?
—¡¿Qué?! ¿Trabaja con niños? —Número 1 ahogó un grito—. Seguramente les lava el cerebro para convertirlos en adolescentes o sustraerles información fundamental para…
—¡Wow! —Número 5 le tapó la boca—. Creí que estábamos en una misión secreta.
—Cierto —dijo él intentando calmarse.
—Mi hermana no hacía eso, es imposible —dijo Número 5 negando con la cabeza.
—No voy a contarte nada si no quieres, pero es la verdad —dijo Número 1 y se detuvo. Le puso una mano en el hombro a su compañera—. Abby… Dime la verdad. ¿Alguna vez esos estúpidos adolescentes o Cree intentaron reclutarte para que te unieras a ellos?
Número 5 abrió mucho los ojos. Luego de unos segundos, apartó su mano y ocultó su vista debajo de la gorra.
—¿Qué? ¡Claro que no! Yo no sabía nada de todas estas locuras hasta que tú llegaste y comenzaste a gritarme en ese armario.
—Oh, bueno —dijo Número 1 suspirando aliviado y retomando su camino—. No sé qué hubiera hecho si tú te hubieras convertido en una de esas tontas ninjadolescentes. Son tan estúpidos, todos ellos. Me enferman el sólo mirarlos. Es decir, con sus estúpidos teléfonos y armaduras pasadas de moda y esa varita que no sirve para nada…
—Ya entendí, gracias —dijo ella frunciendo el ceño.
—No, enserio. No los soporto, ¡son tan altos! Y presumidos. Van por ahí gritando "¡Oh, mírenme! ¡Soy un adolescente, ya tengo licencia para conducir!" Son patéticos. Y luego con su "¡Oh, papá quiero ir a una fiesta! ¡No tengo que ponerme! ¡Tengo que comprarme un BRA!" Los odio.
—No sé si lo has notado —dijo Número 5 cruzándose de brazos—. Pero, tú eres un adoles…
—¡Ni siquiera lo digas! —exclamó él mirándola con la boca abierta—. ¡Claro que no! Lo que importa es lo que tienes en tu corazón.
—Eso suena a una mala frase sacada de las galletas de la fortuna.
—Bueno, ¿y qué? ¡Son deliciosas! —Número 1 también se cruzó de brazos—. A mí jamás me verás actuando como un adolescente.
—¿Por qué? ¡No son tan malos! —dijo ella pegándole en el hombro—. Hay fiestas y teléfonos celulares con mejor calidad. Puedes llegar tarde a tu casa, tus padres no te molestan tanto como cuando eres un niño, las citas, los besos…
Se quedó callada porque Número 1 ya no estaba siguiéndola. Se había quedado parado a la mitad del pasillo con una mueca algo extraña en la cara.
—¿Qué?
—Nada —dijo él, reaccionando.
—Espera —dijo ella parpadeando—. ¿No será…? ¿Qué tú…? —lo señaló, incrédula—. ¿Ya has besado a alguien, verdad?
—Haber, chamaca, ¡soy tu superior y no te permito que me hagas ese tipo de preguntas tan personales! —exclamó él con voz dramática.
—¡Nunca has besado a nadie! —exclamó ella apuntándolo con el dedo. Se mordió el labio por unos segundos, para no reírse, pero luego no aguantó y estalló a carcajadas.
—¡Bueno, ya! ¡Ya estuvo, Número 5! —ordenaba Número 1, sin éxito—. ¡5 te dije que ya! No es… Yo, le digo… Le dice… ¡Mi público nunca se ríe de mí! ¡Número 5!
Pero en ese momento, la chica (que seguía riéndose y caminando a la vez), no se dio cuenta de que un delgado rayo color rojo atravesaba el pasillo a unos centímetros del suelo. Número 5 lo cruzó y al instante, se prendieron las luces de la segunda planta.
Se calló y ambos miraron al frente, dónde todas las armaduras que hasta hace un momento estaban quietas, comenzaron a moverse con las lanzas alzadas hacia ellos.
—Te dije que te callaras —murmuró Número 1.
En la planta baja, 2, 3 y 4 seguían gritando y corriendo por el largo pasillo, mientras la roca seguía acercándose cada vez más.
—¡¿Por qué este pasillo es tan largo?! —exclamó Número 2 agitando las manos.
—¡Una puerta! —exclamó 3 señalando el final del pasillo.
—¡Jamás llegaremos! —gritó el Güero.
Número 2 miró hacia atrás y se detuvo.
—Claro que si —dijo y uso su voz heroica. Alzó su arma y le apuntó a la roca—. ¡Voy a salvarlos!
Le disparó, pero en vez de que la roca estallara en pedacitos, ésta se prendió en llamas.
—¡Mala idea! —exclamó Número 2 y continuo su carrera. Rápidamente, rebasó a Número 3 y 4. Llegó hasta la puerta, pero al intentar abrirla se dio cuenta de que estaba cerrada con llave—. ¡Es el fin, es el fin!
—¡Quítate de mi camino! —dijo el Güero cuando él y Kuki lo alcanzaron. Apuntó su arma hacia la cerradura de la puerta y ésta si estalló en pedazos.
Corrieron hacia el interior de la habitación y cerraron la puerta. Oyeron el ruido de la roca acercándose y se alejaron lo más posible de ahí. La roca se estrelló contra la puerta y la destrozó, pero el golpe fue suficiente para que se detuviera. Número 3 tomó un extintor que estaba en la esquina de esa habitación, lo apuntó hacia la roca y consiguió apagarla.
Los tres jadeaban.
—Creí que no salíamos de esa —dijo Memo con una mano en el pecho y se dejó caer en el piso.
—¿Dónde estamos? —preguntó Número 4 observando el cuarto. Tenía las paredes tapizadas de papeles llenos de palabras y números.
—En la mansión de los de la Otra Cuadra, tontito —dijo Número 3 rodando los ojos.
—No, hablo de que… —comenzó a explicarse Número 4, pero se quedó callado cuando observó un papel, pegado a la mitad de una pared. Lo tomó—. Wow.
—¡Órale! —exclamó Número 3 acercándose y observando también el papel.
—Oigan, no es que quiera interrumpirlos otra vez, pero… Probablemente querrán ver esto —dijo Número 2. Se había levantado del suelo y estaba mirando la única ventana de la habitación que daba hacia el jardín.
Número 4 se guardó el papel en el bolsillo y luego, Kuki y él se acercaron y observaron que la limosina de los de la Otra Cuadra estaba estacionándose frente a la casa.
—Bueno, tenemos problemas.
Las armaduras apuntaron sus lanzas y de todas salió un líquido espeso y de color rosa. Ellos trataron de esquivarlos, pero uno de los disparos logró alcanzar a Nigel, tirándolo al suelo.
—¡Ahhhh! ¡Me dieron, me dieron! ¡Número 5, sigue sin mí! ¡Dile a mi mamá que se cambie ese peinado! ¡Ahhh! —gritaba Número 1, pero entonces, probó un poco del líquido rosa que le había caído en la cara y frunció el ceño—. Esto es… ¿Helado? ¡Uh, genial! ¡Fresita!
—¡Muévete! —gritó Número 5 y lo tomó del brazo para que no siguieran cayéndole más disparos. Luego, retrocedieron y comenzaron a utilizar sus armas contra las armaduras—. ¿Por qué nunca has besado a nadie?
—¡No es el momento, 5!
—¡Tienes dieciséis años!
—¡Estaba ocupado en el espacio salvando tu trasero y el de todos los niños de la galaxia! —Número 1 esquivó una carga de helado y logró destruir a tres armaduras de un solo disparo.
—¿Qué hay de esa chica? ¿Lizzie? ¡Dijiste que salías con ella! —exclamó Número 5 pegándole a una armadura.
—¡Yo jamás dije eso!
—¡Oh, por Dios! ¡Es obvio que le gustas!
—¡Tenía diez años, enferma!
En ese momento, una de las bolas de helado le dio al arma de Número 1. Desarmado, cayó al suelo con otro disparo.
—¡Número 1! —exclamó 5 y entonces, saltó y dio un par de marometas en el aire. Cuando llegó hasta él, le disparó a las armaduras que quedaban. Éstas, quedaron reducidas a cenizas.
—Ah… ¿dónde aprendiste a hacer eso? —preguntó Número 1 confundido.
—Yo… eh… Internet —contestó ella encogiéndose de hombros. Escucharon el ruido de varias pisadas metálicas y por el pasillo, observaron que más armaduras salían de las habitaciones—. ¡Corre!
Lograron llegar hasta una habitación y cerraron la puerta, pero las armaduras comenzaron a empujar. Ellos se recargaron, tratando de evitar su paso. En ese momento Número 1 desvió su mirada al rincón del cuarto donde había un enorme escritorio de madera.
—¡Oye! —exclamó Número 5 cuando él se apartó de la puerta y la dejó sola tratando de detener a las armaduras—. ¿A dónde vas?
Él no respondió, pero caminó hasta el escritorio. Tomó uno de los papeles que estaban ahí y lo observó detenidamente. El radio que Número 5 tenía en el bolsillo, comenzó a sonar.
—¡Ay, este no es el momento! —gritó y las armaduras empujaron más fuerte cuando ella pudo alcanzar su comunicador—. ¡¿Qué quieren?!
—¡Hola! ¿Cómo la están pasando? —preguntó la voz de Número 3 desde el radio.
—¡Dame eso! —exclamó la voz de 4 y se escuchó un leve forcejeo—. ¡Oigan! ¡Tenemos que salir de aquí rápido! ¡Los de la Otra Cuadra están afuera, a punto de entrar!
—¡Ah, genial! Salgan ustedes, enseguida vamos —dijo ella y volvió a ponerse el radio en el bolsillo—. ¡Oye! ¿Quieres ayudarme un poco? ¡Tenemos que salir de aquí!
Número 1 pareció reaccionar y tomó varios papeles del escritorio, pero al hacerlo, el piso comenzó a temblar. Una placa de metal cubrió una ventana, luego otra y otra.
—¡5, la puerta! —exclamó él y entonces, ella se apartó. Las armaduras cayeron en el interior de la habitación, impulsadas por la fuerza que habían hecho para abrir. Estaban levantándose, cuando Número 5 sacó la S.O.P.I.T.A. y apuntó hacia ellas.
—Espero que funcione…—apretó uno de los botones y las armaduras comenzaron a echar chispas y a desplomarse en el suelo. Número 1 se guardó los papeles en la mochila que le colgaba en la espalda y ambos salieron de la habitación antes de que otra placa de metal los dejara encerrados.
Corrieron por el pasillo, mientras más placas de metal trataban de impedirles el paso.
Mientras tanto, en los arbustos de afuera, 2, 3 y 4 miraban nerviosos hacia la ventana por la que habían entrado. Al frente de la casa, los de la Otra Cuadra estaban por abrir la puerta de entrada.
—Vamos… Vamos… —murmuraba Número 4—. ¿Dónde están?
—¡Ahí! —exclamó Número 2 apuntando hacia la ventana.
Observaron a Nigel y a Abby correr a toda velocidad, intentando no ser aplastados por las placas metálicas. Finalmente, cuando solo faltaban unos segundos para que la placa de la ventana cayera, lograron deslizarse hacia afuera.
—¡Sí! —exclamaron todos a la vez y luego de que los alcanzaran en los arbustos, todos se fueron corriendo y se alejaron de la mansión lo más rápido posible, mientras los de la Otra Cuadra entraban.
Transmisión Interrumpida…
¡Hola! ¡Feliz Navidad! Aquí les dejo mi regalo atrasado. Este capítulo me gustó mucho escribirlo, y también a mi hermana. Ahora que son vacaciones vamos a tratar de escribir más seguido.
Por cierto, sé que en un capítulo de KND Lizzie medio besa a Nigel cuando él está convertido en una especie de... ¿Chango? Pero, él no se acuerda. Así que no vale. También tengo que mencionar que no estamos tomando en cuenta nada de lo de los Chicos del Barrio Galácticos, pero como me gustaría que lo hicieran... Algún día. Pero, la historia es después de la serie y solo de la serie. Lizzie no es una alien y 1 no ha destruido la Tierra... Aún. Es broma.
PD. Odio a Cree.
¡Nos vemos! ¡Feliz Navidad!
