Capítulo 11: Encuentro
**Flash Back**
Mensajes, 8 de diciembre
-Vladya, soy Víctor. Ha pasado mucho tiempo, ¿no crees? Mi amigo, Smirnov, me facilitó tu contacto. ¿Cómo estás?
-Vitya… Sí, ha sido mucho tiempo. Creo que la última vez fue hac años. He estado bien. Hace unos días fui ascendido a Teniente General de la Fuerza Aérea. Todo ha marchado bien para mí. ¿Qué me dices de ti? ¿Ya dejaste eso?
-No empecemos de nuevo, Vlad. Y se llama patinaje artístico. Planeo hacerlo durante un tiempo más. En dos semanas participaré en la final del Grand Prix.
-Me es indiferente lo que hagas o dejes de hacer con eso, Víctor. Evítame el discurso ¿Qué quieres?
-Necesito verte. Hay algo de lo que quiero hablarte.
-Si lo que quieres es intentar volver a la casa de mis padres, ahórrate la molestia. Papá lo dejó muy claro, no te quería cerca de ahí, y yo tampoco.
-No es eso. Y ya ni siquiera importa. Es algo completamente distinto.
-Sí no es que vas a dejar ese "deporte" o que por fin sentarás cabeza, te casarás y le darás herederos a mis padres, no quiero escuchar nada de ti.
-Me casaré.
-Por fin, Vitya. Es un alivio escuchar que asumirás una responsabilidad. Muy bien, quiero conocer a tu mujer. En dos días, en el cuartel. Los espero para la cena.
-Vlad. Hay algo más.
-Ya lo discutiremos aquí, no tengo tiempo ahora. No vayas a fallar como siempre, Víctor.
-No. Mi pareja y yo estaremos ahí en dos días. До свидания, Vladya (*).
-До свидания, Víctor.
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**Historia principal**
-Sasha… No te puedo regañar si estás sollozando. Para ya.
-Es que… no quiero… no fue… papá Víctor… lo siento…
Víctor intentaba por todos los medios posibles mantenerse serio. Tenía que reñir a su hijo. Había desobedecido deliberadamente las órdenes de Yurio y de sus hermanas, y a consecuencia de eso, había conseguido una herida que lo dejaría sin practicar una semana.
Detrás de Víctor, Yuuri aguardaba pacientemente a que su esposo se rindiera y le pidiera su ayuda. No era bueno con el llanto de las personas, pero era magistralmente derrotado cuando veía a sus hijos llorar. Aunque ellos hubieran hecho alguna travesura, si lloraban por el regaño, era Víctor quien terminaba pidiendo perdón.
-Ok, Sasha, ya basta. No te voy a regañar. Por favor, no llores -Víctor se palmeó la frente, sabiendo que le estaba dando material a su esposo para futuros sermones.
-Papá… lo siento -Al otro lado de la pantalla, el niño limpiaba sus lágrimas, mientras que sus hermanas intentaban contener una risa, bajo la mirada seria de Yuri.
-Nene, tú tío Yurio ya nos explicó lo que sucedió- Yuuri se levantó de donde estaba y se acercó a la pantalla de la computadora para hablar con su hijo -Sasha, ese tema lo hemos conversado infinidad de veces. Todo lo que eres lo demuestras en la pista, siendo tú, no cayendo en provocaciones.
-Él me dijo que sólo porque soy hijo de ustedes me ascendieron más rápido que a los demás niños a la categoría Novel A -replicó el pequeño ruso.
-Es cierto que tienes más oportunidades porque Nikiforov y Katsuki son tus padres. Ustedes son privilegiados y…
- ¡Víctor! Eso no está ayudando…- el japonés le tapó la boca antes de que dijera otra cosa.
Al fondo de la habitación, la risa de las gemelas explotó, Serik se contagió de la diversión, a pesar de las serias miradas de sus padres, y Sasha, que había abierto los ojos como platos por las palabras de su padre ruso, comenzó a carcajearse.
Yuuri fulminó con la mirada a Víctor, quien solo atinó a levantar los hombros, como excusándose por decir, una vez más, cosas sin pensar.
-Creo que ya entendiste el punto de tu papá, ¿verdad, Sasha? -Víctor volvió a hablar con su hijo, que apenas pudo asentir, buscando calmarse.
-Yuuri, no te enojes. Es mejor que las cosas acaben así. Mi hermano es consciente de que lo que hizo estuvo mal, y creo que su mejor castigo va a ser quedarse sin patinar hasta que ustedes vuelvan -habló Victoria, que se controló cuando vio que su papá estaba enfadado con Víctor por las cosas que había dicho. Hizo caso omiso de lo que su hija le estaba diciendo -Papá… por favor, tranquilo. El bebé.
Yuuri relajó los brazos y suspiró. Su esposo lo miraba con ojos suplicantes. Además de que no quería que se fueran a dormir ofuscados en su primera noche en Los Cabos, también le preocupaba que su pequeño dentro de él sufriera los estragos de su enojo.
- ¿Aún no amanece en México? -preguntó Yukie, recorriendo con su mirada la habitación en la que se encontraban.
-No, de hecho, deberíamos estar durmiendo. Yuuri, a dormir.
-Víctor tiene razón, niños. Tenemos que descansar. El vuelo fue muy largo y estoy cansado. Nos vamos, descansen.
Víctor envío besos a sus hijos y cerró la computadora portátil. Aun sentado, observó cómo Yuuri desempacaba algunas cosas para buscar su ropa de dormir. Se veía tan concentrado, pero también seguía serio. El ruso llevó una mano a su barbilla, y se repasó el labio con el pulgar.
- ¿Qué estás viendo, Víctor?
-A mi sexy esposo.
-Sigo enfadado contigo.
Víctor rió. Pero Yuuri supo inmediatamente que no era cualquier risa. Esa una sensual y provocadora, una que buscaba bajar la guardia de Yuuri, una con las que, sabía de antemano, no podía luchar.
- ¿Estás tan enfadado que ni siquiera me darás un beso de buenas noches? -el ruso se sentó en la cama, frente a Yuuri, tomó su mano y acarició sus nudillos.
-Sí. Y estoy agotado -quiso fingir indignación. Cerró los ojos y giró su cabeza en otra dirección para no ver el puchero que contrastaba con la mirada lujuriosa del peliplata frente a él.
-Oh, Yuuri. Si estás cansado, deberías estar ya en la cama. Ven aquí.
Sin esperárselo, Víctor lo tomó del brazo y lo atrajo hacia sí. Yuuri cayó de rodillas sobre la cama, con las piernas del ruso entre las suyas.
-Víctor…
- ¿De verdad estás cansado? ¿Es el bebé? -preguntó, un poco más serio, acariciando sus mejillas.
-Víctor… yo… no. Te quiero en mí -Yuuri enterró el rostro en el hombro de Víctor. Este sonrió y dejó un rastro de besos desde el cuello hasta el hombro.
-Veinte años y aún no tengo suficiente de ti…
Antes de darse cuenta, Yuuri se encontraba de espaldas sobre el sofá, con las piernas abiertas y Víctor entre ellas. Sus bocas unidas, sus lenguas bailando a un ritmo que solo ellos conocían. Sus manos explorando los terrenos que reconocerían siempre, pero que seguían siendo igualmente fascinantes. El placer volviéndose sonido y carne.
La ropa pronto sobró y pudieron tocar su piel tersa, suave, con su característico aroma a deseo y entrega.
-Ahh… Víctor… ya, por favor… -Yuuri gemía ante los besos de su esposo, repartidos a lo largo y ancho de su cuerpo, en esos pequeños puntos que inducían a la locura.
-Tranquilo amor… un poco más…
-No… -Yuuri tomó el rostro de Víctor y lo atrajo a si para besarlo en los labios una vez más- Te necesito ya.
-Estás muy ansioso -le dijo al oído, lo que le provocó un jadeo en Yuuri. Arqueó su espalda y levantó sus caderas hasta que se encontró con las de su esposo- Me encanta cuando eres exigente.
-Ahh… sí… te lo exijo
-Lo que pidas, amor…
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**Flash Back**
Dentro del área militar, rodeada por abedules y abetos, resaltando del resto del paisaje, se alzaba la residencia del teniente general Vladya Nikiforov. Más que una simple casa, parecía una mansión, era enorme. Pintada de verde y con ventanas, puertas y marcos de negro. Constaba de tres pisos y de una altura que alcanzaba a los árboles medianos.
Víctor se dirigió hacia el lugar. Tomó una vereda de piedras que lo conducía justo a la entrada de la casa. Estando a unos metros, el ruso suspiró pesadamente y a Yuuri lo recorrió un escalofrío por la columna.
Delante de la puerta, había un hombre. El japonés no tuvo duda de que ese era Vladya. El escaso sol que se filtraba entre las ramas hacía relucir su largo cabello plateado, suelto sobre sus hombros y cayendo como cascada por su espalda.
Víctor se estacionó a una distancia que consideró respetable.
-Yuuri -tomó la mano de su novio, que descansaba sobre sus piernas -Espera aquí. Aún hay algo que tengo que aclarar con él.
-Pero Víctor…
-Lo sé, Yuuri. Pero hay que llevar esto con calma. Hazle caso a tu entrenador, ¿sí? -pidió. Sonrió cuando el japonés asintió levemente.
Victor bajó del auto. Hubiera querido que Yuuri lo besara, para sentir un poco más de fortaleza, pero, por primera vez sintió que debía ser prudente. De verdad quería eso. De verdad anhelaba que su hermano pudiera entender y aceptar que los gustos y el amor no se definen por géneros y nacionalidades.
-Vitya… -se detuvo. A unos centímetros, su hermano lo observaba hacia abajo. Pese a que solo eran dos años de diferencia, el mayor rebasaba a Víctor por algo más de diez centímetros.
-Vlad… -los ojos de color zafiro de ambos se encontraron y hubo un extraño sentimiento de añoranza, que ninguno de los dos quiso admitir.
-Llegan diez minutos tarde -Víctor rodó los ojos, pero se dio cuenta de que su hermano le tendía la mano. Dudoso, pero firme, se la estrechó. El contacto fue fuerte, y por un momento el menor sintió como si fueran niños otra vez, cuando Vladya se vanagloriaba de ser más fuerte que Víctor- ¿Por qué ella no ha bajado?
-Quiero que sepas algo. No me dejaste decirlo cuando te escribí, pero es import…
- ¿Te refieres a que es japonesa? -interrumpió Vladya. Víctor abrió mucho los ojos -Ya lo sé. Vi su nombre en la lista de visitas. No estoy del todo conforme, pero si considero que pensé que nunca te casarías y lo rumores que corrieron desde que empezaste a patinar, creo que puedo pasarlo por alto.
-Vladya, no es solo eso. Mi pareja es…
-Por Dios, hombre. Lo discutimos en la cena -una vez más no lo dejó acabar, y Víctor estaba teniendo la imperiosa necesidad de gritarle -Ve por ella y vamos adentro.
Vlad no los espero y entró a la casa, dejando atrás a su hermano, ofuscado y algo desesperado.
En cuanto Yuuri vio a Víctor solo, decidió bajar del auto y reunirse con él.
- ¿Se lo dijiste? -preguntó, tomando su fría mano.
-No. Apenas y me dejó hablar. Él está seguro de que Yuuri Katsuki es una japonesa. Y al parecer tampoco le agrada que sea de Japón - Víctor se pasó una mano por el cabello, frustrado, al ver la expresión de desconcierto y un poco de desesperanza en Yuuri -Oye, no quiero que esto te haga daño. No tienes que hacer esto. Podemos irnos, cenar en la Avenida…
-No -dijo Yuuri -No voy a dejar que te rindas. Si le parece o no, no es nuestro problema. Sólo quiero que lo sepa.
-Te estás volviendo un necio -rió Víctor, rindiéndose. Puso una mano en su barbilla para pensar, y pronto se le ocurrió una idea -Yuuri, dejemos que él mismo saque conclusiones. Eh… ¿te importaría ser un amigo cercano de mi novia por unas horas?
-Víctor… -Yuuri enrojeció, no porque no pudiera hacerlo - ¿Vamos a mentirle?
-Técnicamente, no. Le diremos todo, aunque, por lo menos hasta que acabemos de cenar. Te prometo que a la primera oportunidad que tenga, le diré que eres tú.
-Está bien. Vamos allá. Abstente de referirte a mi como "novia" -Yuuri caminó, pero escuchó una risita venida de Víctor - ¿Qué?
-Nada. Tengo una novia atractiva.
Víctor guió a Yuuri adentro de la casa antes de que replicara. Por dentro, y por increíble que pareciera, la casa era bastante acogedora. Todo estaba en tonos cremas y blancos muy suaves. Las muchas ventanas permitían el acceso de una enorme cantidad de luz natural, aunque para esa hora de la tarde, la iluminación del gigantesco candelabro de cristal sobre la mesa era necesaria. La cena estaba servida en una porcelana blanca y reluciente, y despedía un aroma llamativo.
- ¿Quién es él, Víctor? -Vladya salía de una de las habitaciones, y se detuvo cuando vio al japonés junto a su hermano.
Yuuri hubiera querido no verse asombrado, pero era imposible. Vladya era sencillamente impactante. Lo había imaginado con un semblante rudo, una mirada impenetrable. Un ser inaccesible, de esos que veían a todos los demás como inferiores. Pero no podía ser más diferente a eso. Los ojos del hermano mayor de Víctor eran idénticos a los de él, pero a diferencia de Víctor, los de Vladya eran perturbadoramente sensuales… y duros. No entendía cómo era posible eso. Víctor la había descrito como un hombre prácticamente intratable, pero la sonrisa casi irónica e inquisidora que salía de sus labios no decían eso. Era corpulento. Le llevaba a Víctor varios centímetros, tanto de alto, como de ancho. Vestido con camisa blanca, corbata, gabardina y pantalones negros, Vladya no podía ser descrito como alguien áspero o esquivo. Era más bien un hombre con una belleza tenaz y un atractivo intimidante.
-Es Yuuri Katsuki. No pongas esa cara, Vlad. Te dije que tenía que decirte algo sobre eso -respondió Víctor, con los brazos cruzados sobre su pecho.
- ¿Tu mujer no pudo venir?
-No, ella…
-Yo soy amigo de ambos -intervino Yuuri, con una sonrisa, que Víctor, que lo conocía bien, reconoció como forzada -Hajimemashite. Encantado de conocerlo, señor Nikiforov. Soy… amigo y aprendiz de Víctor.
Sí, las palabras le sabían amargas. Le hubiera encantado decir, con mucho orgullo, que era el prometido y novio del gran Víctor Nikiforov.
- ¿Otro patinador? Esto se está haciendo muy común. Aunque en Japón no tienen mucho problema con eso, ¿no es así? -inquirió Vladya, mirando a Yuuri de una forma que extraño a Víctor.
-No, en Japón la mayor parte de las personas entienden que el deporte que hagas no define tu personalidad.
Víctor respingó y lo vio de reojo, pero no pudo evitar su mirada llena de orgullo. Yuuri definitivamente no era el mismo, la avidez y confianza con la que se defendía... eran envidiables.
-Eso es cuestionable. ¿No se había dicho que en el patinaje era donde más se podían encontrar hombres homosexuales?
-Vladya, eso es ridículo. En todos los lugares puedes encontrar hombres que gustan de hombres -defendió Víctor.
-Lamentable en verdad. Pero basta ya de eso, no tenemos necesidad de amargarnos la noche con esa clase de temas. Vayamos a cenar, quisiera escuchar de mi futura hermana.
Vladya entró al comedor. Yuuri se disponía a seguirlo, cuando Víctor lo tomó discretamente de la mano. No dijo nada, solo se la acarició y le dirigió una tierna mirada en señal de agradecimiento. Yuuri le sonrió y apretó su mano. Sí, seguían juntos. Todo estaría bien.
Se sentaron y un grupo de cocineros militares sirvieron el primer plato, una sopa que, Víctor indicó, se llamaba solianka.
-Dime, Vitya, ¿Cómo se conocieron tú y la chica? -quiso saber Vladya. Víctor y Yuuri compartieron una rápida mirada cómplice.
-En Japón. Hace dos años tomé un receso de las competencias para entrenar a mi actual pareja, quien compite por su país.
- ¿Y se enamoraron ahí?
-Ella lo admiraba desde siempre. Me lo dijo. Pero supongo que no era amor en ese momento. Se dio mientras ambos crecían como competidor y entrenador -explicó Yuuri, determinado. Tanto, que casi no se reconocía.
-Suena demasiado fantasioso para mi gusto. ¿Por lo menos ella ganó?
-La medalla de plata -indicó Víctor -Y estuve muy orgulloso por ello.
- ¿Te conformaste con un segundo lugar, Víctor? A pesar de todo, eso no es muy propio de ti -replicó Vladya, haciendo a un lado el plato vacío de la sopa.
-Por supuesto que no -contestó su hermano, casi indignado -Este año ganó el oro, no solo en el Grand Prix, también en el Campeonato Mundial.
-Entonces debe ser muy buena. A propósito, ¿Por qué no está aquí?
-Tuvo… inconvenientes…
-Mujeres, después de todo -ironizó Vladya, llamando por el nuevo plato - ¿Cuándo y en dónde planean casarse?
-En Barcelona, el 28 de diciembre.
- ¿Y porque no aquí?
-Por las… facilidades que ofrece. Además, ahí le pedí que se casara conmigo. Es un lugar simbólico para ambos.
-Pues pueden hacerlo donde quieran, Víctor, lo único que te pido es que te apresures a tener hijos.
Yuuri se quedó paralizado y Víctor casi se ahoga con lo que estaba comiendo. Ese iba a ser un problema, uno muy grande.
-Vladya, yo… no creo… no tendremos hijos -dijo Víctor, en un hilo de voz.
- ¿Pero qué ridiculeces estás diciendo, Vitya? Claro que los tendrán. Alguien debe heredar todo lo que mis padres dijeron. Tú no, por obvias razones. Y yo me comprometí con el Ejército.
- ¿Y por qué debería hacerlo? Tal vez, simplemente, no quiero.
-Deja de decir estupideces. Le debes, por lo menos eso, a mi padre.
- ¡Claro que no! ¡El nunca hizo nada por mí! -Yuuri se sobresaltó al escuchar el grito de Víctor y su puño chocando contra la mesa.
-Cedió a tus caprichos, ¿no? Después de todo, eso es lo que siempre has sido, un niño caprichoso.
-Basta, Vladya. Eso no es cierto.
- ¿No? ¿Qué no fue eso tu escape de casa? Y hasta que papá accedió, decidiste hablarnos -Vlad cambió su expresión. Lo que hace unos minutos había sido solo seriedad, ahora se acercaba bastante a la indignación -Siempre hiciste lo que quisiste, sin que te importaran los demás.
-Eso no…
- ¿Nunca pensaste en mamá? ¿Tienes idea de lo mucho que lloro cuando te largaste?
Yuuri se había perdido en las muchas palabras hirientes que Vladya lanzaba a Víctor. Supuso que este sería fuerte, pero después de todo, lo vio como nunca pensó que lo haría. Vulnerable, abatido.
Víctor se levantó de la mesa, Yuuri se levantó con él y puso una mano en su hombro. Le importaba nada que Vladya estuviera ahí. Su novio, su prometido, estaba sufriendo, no lo iba a dejar solo.
-Sí, Vlad. Tú puedes decir que fui egoísta. Pero si algo sé, es que todo lo que soy y lo que tengo me hace feliz. No renuncié a nada por complacer a otros. ¿Tú puedes decir lo mismo?
- ¡Deja de ser insolente!
- ¡Y tú deja de ser un cretino!
Yuuri se alarmó cuando sus frentes estuvieron casi pegadas y sus manos cerradas en un puño.
-Víctor, Vladya… paren, por favor -pidió Yuuri, poniendo sus manos en el pecho de ambos y separándolos.
Para Víctor, el contacto de Yuuri fue como un bálsamo. Se alejó de su hermano, respiró y volvió a sentarse. Por otro lado, cuando Vladya sintió la cálida mano de Yuuri, se apartó de él con fuerza, y, por un momento, el japonés pudo haber jurado que las mejillas de Vladya se tornaban de un color distinto al de su pálida piel.
-Está anocheciendo y tenemos que volver a la ciudad. Si es todo lo que podemos hablar, Vladya, creo que es tiempo de que Yuuri y yo nos retiremos.
Víctor se dirigió hacia la sala, seguido de cerca por Yuuri. El pelinegro se aseguró de que Vladya no los seguía y, cuando se vio con un pequeño momento a solas, lo tomó de los hombros y lo atrajo hacia sí. Víctor se aferró con fuerza al cuerpo del japonés y este sintió la conmoción e impotencia recorriendo su cuerpo.
- ¿Estarás bien? -preguntó Yuuri, pasando su mano por el cabello plateado.
-Lo estaré cuando estemos en casa. Vayámonos ya. No quiero quedarme un momento más.
Yuuri asintió. Se separaron y caminaron hacia la puerta, pero se detuvieron al escuchar a Vladya detrás de ellos.
-Espera un momento, Vitya. No me creas estúpido. Hay algo que no me estás diciendo -Víctor iba a hablar, pero Vlad levantó la palma de su mano frente a él -Tal vez estaba distraído, pero creo no mencionaste el nombre de tu pareja.
Yuuri miró nervioso hacia Víctor. Pensó que tal vez dudaría, y no lo hubiera culpado por eso. Pero no. Víctor tomó su mano, entrelazó sus dedos y la apretó con fuerza y determinación.
-Yuuri Katsuki- dijo, con voz clara y concisa.
-Atrévete a repetirlo.
-Yuuri Katsuki.
-Vete de aquí, Víctor. En lo que a mí concierne, ya no tienes nada conmigo -Vladya abrió la puerta, exigiendo con su mirada que se marcharan.
-Nos estamos haciendo un favor. До свидания, Vladya.
Yuuri y Víctor salieron sin decir nada más. Detrás de ellos, la puerta se cerró. En el exterior el viento susurraba entre las ramas de los árboles. El frío calaba hasta los huesos, pero, por algún motivo, el menor de los Nikiforov se sentía con un curioso sentimiento de liviandad.
- ¿Qué tienes, Vitya? -preguntó Yuuri, curioso por el cambio de actitud.
-Es como si me hubiera quitado un peso de encima- le dedicó su habitual sonrisa, esa misma que le regalaba todas las mañanas, con la que le decía lo mucho que lo amaba -Gracias por conducirme a esto, Yuuri. Aunque no haya acabado bien, creo que, por lo menos, ya no hay asuntos que resolver en mi vida. Bien, sube al auto y vámonos.
-Eh… Víctor…
- ¿Pasa algo?
-Esto… dejé mi abrigo adentro.
-Yo iré por él -dijo, después de darle un beso en la frente.
-No… yo iré -Yuuri tomó la mano de Víctor para detenerlo. Este lo miró extrañado e hizo una mueca, como si no entendiera -Está en el perchero del recibidor, sólo tomaré. Entra al auto, estás helado.
Víctor dudó, pero antes de que dijera algo, Yuuri regresó a la casa de Vladya. Para su suerte, estaba abierta. Entró con sigilo, se detuvo en el abrigo colgado y sacó algo de uno de los bolsillos. Luego, caminó en silencio hacia la sala y se encontró con Vladya, recargado de del marco de una ventana, con la mirada ausente y perdida en el fulgor de la media luna y un vaso con una bebida ausente en su interior. Se había desecho de la gabardina y la corbata. Con los botones superiores de su camisa desabrochados, el militar se veía arrebatador.
- ¿Es posible? -preguntó Vladya, con un hilo de voz.
- ¿El qué?
-Su clase de amor. Son hombres, pero aun así…
-No hay clase de amor, Vladya. Es sólo uno -respondió Yuuri, caminando hacia dónde estaba él. Lo miró receloso, pero el japonés se sentía confiado -No puedes definirlo. Se trata de los sentimientos, algo que no puede expresarse con palabras. Víctor lo llama Ágape. Incondicional.
- ¿Entonces amas a mi hermano? ¿A pesar de todo lo que se dirá de ustedes?
-Sé que pase lo que pase, siempre estaré para él. Porque eso es lo que queremos. Estar al lado del otro. Prometimos nunca dejarnos.
-No logro entenderlo -los ojos de Vladya refulgían en la oscuridad, de verdad se estaba esforzando, pero las cosas no eran tan fáciles de asimilar.
-Víctor estaba ilusionado -dijo Yuuri, tendiéndole lo que había tomado de su abrigo- Ayer habló de lo mucho que le gustaría ver a toda su familia reunida para la boda.
- ¿Su familia?
-Eso eres, ¿no? Vladya, entiendo que hay cosas que no son sencillas de entender o aceptar. Para mí tampoco fue fácil aceptar que lo que sentía por Víctor iba más allá del cariño o la admiración. Pero, cuando eliminas los prejuicios y te concentras en lo que, en realidad pasa, es decir, dos seres amándose, no sólo lo entiendes, sino que te incluyes en la felicidad que acarrea.
-Yuuri, no es fácil -replicó Vladya, bebiendo de un sorbo el contenido de su vaso.
-Pues tienes 18 días para pensarlo. Víctor se debe estar impacientando. Debo irme -Yuuri se encaminó hacia la salida, estaba por tomar su abrigo, cuando sintió la presencia del mayor de los Nikiforov.
-Katsuki… -Yuuri giró para verlo, pero jamás espero lo que sucedió.
Fuera de la casa, Víctor comenzaba a inquietarse por la tardanza de Yuuri y ya estaba resuelto en ir a buscarlo, cuando lo vio salir de la casa a un paso rápido y con las mejillas teñidas de rojo.
-Yuuri, ¿Qué sucedió? Estás sonrojado -lo tomó por los hombros, pero al japonés apenas pudo verlo a los ojos sin que una tímida risa saliera de sus labios.
-Na… nada… Vámonos ya, Víctor. Estoy muy cansado.
- ¡Yuuri! ¡Dime!
-No. Es mi venganza por no avísame que vendríamos aquí. Así que hazme el favor de no insistir y regresemos a casa ahora.
-Pero Yuuri, yo…
Se quedó con las palabras en la boca. Un automóvil negro y con los cristales tintados se estacionó frente a la casa de Vladya. De su interior descendió un hombre de vestido con el uniforme de un oficial. Su cabello azulado brillaba y se detuvo a observar a la pareja. Sus ojos azules como el cielo nocturno y fríos como esa noche los miraron con algo parecido a la desconfianza. Reparó en Víctor y se sorprendió. Inclinó la cabeza, mostrando un saludo y respeto y se introdujo en la residencia.
-Eso fue extraño -dijo Víctor entrando a su auto.
-No tanto si lo piensas bien -respondió Yuuri, divertido. Vio hacer un puchero a Víctor y rió -Sólo olvídalo, Nikiforov. Vámonos ya.
- ¡Yuuri! ¡Yuuri!
-No. Y ya déjame en paz o será peor.
El auto de Víctor se alejó por donde había llegado, con su conductor insistiendo como un niño pequeño y el copiloto negándose a cada petición. Si en algo tenía razón Vladya, es que Víctor podía actuar muchas veces como un niño caprichoso. Pues bien, eso a Yuuri no le importaba. Amaría mucho a ese niño que se halló solo un día, y le concedería lo que pidiera si con eso lograba mantener la sonrisa tierna y atractiva por el resto de sus días.
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-General Vladya, vengo a dejar los informes del día -el soldado de misteriosos ojos azules saludaba militarmente a su superior.
-Gracias, Koslov. Déjelos en la mesa. Descanse.
El soldado dejó los papeles donde le fue indicado. Pero una hoja blanca con garigoleados en rosa y azul llamó su atención.
-Vladya… ¿qué es esto? -preguntó, enseñándole lo que había encontrado.
-La prueba de que alguien si está siendo feliz.
- ¿Tu hermano? -quiso saber. Vladya asintió y dejó el papel cerca de su general -Y decías que el valeroso eras tú.
-Gregori, no entiendes. Sabes que yo no puedo…
-Lo sé -interrumpió, haciendo un gesto con la mano -Ya me lo dijiste. Ojalá fueras como él. Si no necesita nada más, general, me retiró. Buenas noches.
Vladya escuchó como la puerta se cerró. Se dejó caer sobre uno de los sillones y tomó la invitación a la boda de su hermano y el japonés. Lo leyó varias veces más, y como la primera, le supo amargo. No por todo lo que le había dicho a Víctor, sino por lo que esa invitación en sí misma representaba.
"Barcelona, España. 28 de diciembre.
Stammi vicino, non te ne andare
Ho paura di perderti
Víctor A. Nikiforov & Yuuri Katsuki
Se congratulan en invitarlo a su unión matrimonial
en el hotel Sant Pere de Clará.
Llamamos amor a todo lo que se encuentra en el hielo"
Ok. Si pudieran verme ahora mismo, se darían cuenta de que no puedo creer que todo esto se me haya ocurrido. No tenía planeado que fuera así, iba a ser más… reconciliador (¿?) No sé. Pero no me esperé que fuera por este camino. Sin embargo, estoy encantada con el resultado y espero que a ustedes les haya gustado esta… confrontación entre hermanos, porque creo que a más de una le estaba dando prácticamente un ataque al saber que ya íbamos a ver a nuestro cuñado… ejem… el cuñado de Yuuri.
Antes de que me maten por cortar el lemmon, les quiero decir que no es el momento, porque quiero (aunque parezca cursi) que el primero que narre sea el de su noche de bodas. Además, ya está cerca, yo sé que aguantarán la espera. De nuevo, muchas gracias por tomarse el tiempo de leerme y comentar. Lo valoro mucho. Nos leemos en el siguiente capítulo con el cumpleaños de las gemelas y su preparación para el Cuatro Continentes y el Campeonato Europeo. ¡Saludos a tod s!
Zryvanierkic: Me pasó lo mismo mientras escribía esto. Mi perrita murió mientras todos dormíamos, por lo que tuve una culpa inmensa por algún tiempo. Pero bueno, ellos saben que los amamos. ¡Espero que tu perrito se cure pronto! Ya te di lo de Vladya, aunque no está el lemmon ¡Quiero saber la teoría! ¡ONEGAI! Ok, me calmo jeje. Pero espero que ahora me lo digas y que te haya satisfecho el capítulo de Vladya. ¡Saludos!
Yukime Hiwatari: Ya, el siguiente capítulo tenemos a las chicas de regreso. Sí, también a mí me puso sensible escribir sobre Maccachin. Pero espero que este capítulo no te haya entristecido, porque a mí me dejó emocionada. Mucho. Puedes dejarme un comentario, si gustas. Te lo agradecería bastante. ¡Saludos!
