Chop Suey

Érase una vez que se era un sábado en el Gran Comedor. Pero no un sábado normal, no. ¡Ese sábado había salida a Hogsmeade! Pero eso no era lo anormal del sábado. Lo anormal de ese sábado de salida a Hogsmeade era que en el Gran Comedor, lejos de respirarse la alegría y jovialidad propias de un sábado de Hogsmeade, reinaba un silencio casi sepulcral. ¾ partes del Gran Comedor esperaban expectantes el espectáculo que venía repitiéndose día tras día desde hacía ya… días, nadie sabía bien cómo o cuándo había empezado. La cuarta parte restante también esperaba, atemorizada. Solo sabían que el silencio no duraría mucho.

En la mesa de Gryffindor (que formaba parte de la cuarta parte atemorizada), Lily y Sam, ambas con ojeras, desayunaban disfrutando de los pocos segundos de silencio que les quedaban cuando llegó Cath, también con un sombreado de lo más antiestético bajo los ojos.

-Hola –saludó con amargura –. ¿Ya han llegado? –Lily negó con la cabeza y Sam, casi llorando, le hizo un gesto de "¿no es evidente?".

Cath miró a ambos lados y se sentó en la mesa, dispuesta a coger un bol de cereales. El cansancio les estaba haciendo mella a todas. Y a todos, cabía decir. A punto estaba de meterse la primera cucharada de cereales en la boca cuando de las puertas del Gran Comedor aparecieron la mayoría de los fantasmas del castillo en tropel.

-¡Ya vienen! –Gritó la Dama Gris. -¡Ya están aquí!

Peeves entró también en la estancia al grito de "¡Aún queda un poltergeist vivo en Hogwarts!". Fuera se oían golpes y gruñidos y lo que ¾ partes del Gran Comedor esperaba expectante hizo acto de presencia en el salón.

Las puertas se abrieron dejando paso a Valerian Canggle y Rosalie Steward, que se gritaban la una a la otra de forma escandalosa, no, lo siguiente, con el puño alzado. Cath maldijo por lo bajo.

-Joder, hoy ya no desayuno. –Y dejó la cuchara en la mesa.

-¡Tú se supone que eras mi amiga! –Bramaba Rose – ¡Que yo lo era todo para ti! ¡Que no podías vivir sin mí! –La profesora Sprout, desde su silla, se puso sus envidiadas por todos orejeras anti-mandrágoras – ¡Sin mi cuerpo! –Lily, sentada, empezó a hacer una muy exacta imitación de Rose en modo playback.

-¡No pienses que mi mundo gira a tu alrededor! –Vociferó Val alzando los brazos y gesticulando, lo mismo hacía Sam sentada enfrente de Lily, moviendo los labios al tiempo que la morena – ¡Ahora tengo a otra vida que defender, y voy a hacerlo, te guste o no! –Val y Sam chasquearon los dedos al mismo tiempo y Lily rió por lo bajo – ¡Y si no te lo quería decir era por esto mismo!

La saliva volaba de las bocas de ambas como proyectiles viscosos y Val tenía hinchada la vena de la frente.

Las chicas y casi el Gran Comedor, se sabían el discurso de las chicas a la perfección de tanto que lo llevaban repitiendo durante días de gritos y peleas constantes. Ahora le tocaba a Rose replicar y la sala entera hizo la cuenta atrás con los dedos. Tres… dos… uno…

-¡BRUJA, BRUJA, BRUJA! –Corearon todos uniéndose a los gritos de Rose, que por un momento pareció darse cuenta de que algo raro pasaba.

Y así todas las mañanas. Y mediodías, tardes, noches… La pelea que se había desatado era épica y sería largamente recordada. Los de Ravenclaw y Hufflepuff esperaban esos momentos con ganas, los consideraban harto entretenidos; incluso los de Slytherin, aunque no todos, encontraban aquello… bueno, más que entretenido, morboso. Pero los de Gryffindor… horas y horas de incesables gritos habían hecho mella en muchos alumnos de esa casa y algunos de ellos (entre los que se encontraba Frank Longbottom) habían hecho intentos en vano de poner paz durante al menos unas horas. Pero era inútil. Era el momento de que interviniera algún profesor.

Todos esperaban que fuera McGonagall, siendo jefa de la casa perjudicada por la trifulca, debía imponer orden, pero fue Flitwick quien, harto de tanto grito, se levantó de su silla y se fue dando pasos largos (pasos largos para él, se entiende) hacia donde estaban las dos chicas.

-Perdonad –Rose y Val, como si nada, saliva, venas… –. Perdonad… -Nada – ¡EO! –Ambas gritonas miraron a los lados y, al no ver nada siguieron gritándose -¡Abajo! –Al fin las chicas repararon en la presencia del profesor y bajaron la voz paulatinamente. –Bien, es la enésima vez que ustedes dos perturban mi tranquilo desayuno. Y eso que como poco. No necesito comer mucho. En fin, a lo que me vengo a referir es que o se callan u hoy se quedan sin Hogmseade y me limpian el campo de Quidditch con la lengua, piedra por piedra, aro por aro, bolas incluidas.

Era una apuesta arriesgada. Si se callaban, bien, el castillo conseguiría unas horas de paz, que bien le hacían falta; pero si no, condenaban al que se quedase en el castillo al martirio de seguir escuchando el mismo cassette de griterío una y otra vez hasta la saciedad. Además de quedarse sin campo de quidditch, cabía la posibilidad.

-Disculpe, profesor, pero… ¿eso no debería decidirlo Dumbledore? –Inquirió Rose con el puño aún cerrado.

Los tres miraron a Dumbledore entonces, que tenía gesto afable y un pelín ausente. Llevaba puestas unas orejeras parecidas a las de Sprout y se balanceaba ligeramente sobre su silla. McGonagall le dio un codazo disimulado en las costillas y el director se quitó las orejeras, de las que se oía un lejano Vivaldi la mar de animado. El anciano había estado contemplando, feliz, la escena entera con Las Cuatro estaciones de Vivaldi a todo volumen. Ventajas de saber encantar orejeras. Flitwick entró en pánico.

-¡Habéis perturbado al señor director! ¡Dumbledore está loco ahora! ¡Ahora manda el pájaro! ¡Someteos o morid! ¡Obedeced, por los huevos de Wilow! ¡Aaaaaagh! –El diminuto profesor salió del Gran Comedor al trote.

Val y Rose se miraron y bajaron la cabeza avergonzadas. Habían causado la locura a dos profesores de la escuela, uno de ellos el mismísimo director. Y a saber cuántos locos no manifiestos habría sueltos por el castillo, que la falta de sueño es mala. Es muy mala. Ambas decidieron salir de comedor sin dirigirse una palabra.

En la mesa de Gryffindor, Sam estaba maravillada.

-Fijaos… silencio… oigo a los pajaritos, el viento y las voces de mi cabeza…

-¿Eh? –Preguntó Cath con la boca llena, se había afanado a comer ahora que había paz en el castillo.

Lejos, en la sala común de Gryffindor, los merodeadores aguzaron el oído al comprobar que no se oían gritos y decidieron bajar a desayunar.

-Parece que alguien ha impuesto paz. –Comentó Remus.

-Eso parece –coincidió Sirius –, ¿quién?

-McGonagallm seguro. –Dijo James.

-Sí, ¿quién si no? ¿Os imagináis a Flitwick imponiendo orden? –Los demás rieron la ocurrencia de Peter, que siguió imitando al menudo profesor –Si no calláis os concederé el honor de un castigo indoloro y…

-Corto. –Acabaron James y Sirius.

-Bajemos a desayunar, hace días que no digiero en silencio y se agradecerá. –Propuso Remus.

Los cuatro se pusieron en marcha, pero no llegaron muy lejos. De camino al Gran Comedor fueron abordados por alguien peor que las gritonas de turno si eso era posible. Regulus Black y el resto del equipo de Slytherin les barraron el paso.

-Vaya, vaya, pero mira quién tenemos aquí. –Murmuró Regulus. –Mi querido hermano mayor y su panda de borregos. – Los demás rieron.

-Aparta, Regulus. –Siseó Sirius.

-¿O qué? ¿Se lo dirás a mamá?

James cogió a Sirius del codo viendo que se le tensaban los músculos del cuello.

-No tengo nada que decirle a esa arpía. En cuanto a ti… -Sirius sacó la varita –Ya me tienes harto. –Regulus sacó la suya con actitud desafiante.

-Cuánta vulgaridad –bufó el menor de los Black –. Deja que sea tu varita la que hable.

-¡Dalo por hecho, y te aseguro que la encontraras locuaz!

James se apresuró a apretarle el brazo a Sirius, no era conveniente que esos dos se batieran en duelo estando las cosas como estaban.

-Sirius, basta. –Murmuró Remus desde detrás, con la mano metida en el bolsillo interior de la túnica, por si acaso.

-Sí, baja la varita, hermano, en verdad solo queríamos hablar con vosotros, de equipo a equipo. –Dijo Regulus, aún con la varita en alto. Sirius no se movió.

-¿Qué? –Escupió James – Hablad.

-Únicamente deciros que hagáis el favor de mantener a vuestras mujeres calladitas. Que ya nos tienen a todos hasta las narices. Al final van a hacer que me arrepienta de haberos ganado… no, eso no. –El equipo de Slytherin soltó una risotada –Haced que vuestras novias se callen. Un hombre que no controla a su mujer, por muy embarazada que la haya dejado, no se puede llamar hombre.

Remus avanzó un paso, había sacado la varita y miraba a Regulus con odio.

-Haya paz –intervino Peter viendo que la situación se calentaba –. Bajad las varitas, vamos. James, ayúdame. –Pero James tenía la mano en su varita también, aunque mantenía a Sirius cogido del brazo.

-Haha, esto es divertido. En fin, se hace tarde y tengo que acabar de escribirle a madre contándole cómo te pisoteé en el partido. Descuida, le daré recuerdos tuyos, le encantará saber que te has vuelto un gallina; aunque, bueno, eso siempre lo fuiste. –Regulus bajó la varita y el equipo verde pasó entre los chicos, dándoles empujones al pasar.

Sirius temblaba.

-¿Por qué me has parado? –Le espetó a James soltándose el brazo de un tirón –Podría haberle callado la boca a ese malcriado.

-James ha obrado bien, Sirius. No era conveniente una escaramuza justo ahora. –Alegó Remus guardando la varita.

-Pues tú bien que has sacado la varita, eh Lunático, no me jodas. Y como si nunca nos hubiéramos enfrentado a ellos.

-Sí, pero ahora queremos entrar en la orden, ¿recuerdas? Necesitamos ganar puntos. –Dijo James de mal humor.

-Pues eso hacíamos. Un puñado de futuros mortífagos menos, Dumbledore tendría que estarnos agradecido. Además no lo veo por aquí.

-Y yo he sacado la varita porque no me ha gustado el comentario de tu hermano referente a controlar a una mujer. –Se justificó Remus.

-Qué galán –Bufó Sirius –. Que no se metan con su morenita preñada.

-¡Sirius! –Exclamó Peter. Sirius resopló.

-Está bien, lo siento, ese comentario ha estado fuera de lugar.

-Totalmente. –Coincidió Remus con el gesto duro.

-Bajemos a desayunar, si es que queda algo, vamos. –Dijo Peter.

-Sí… y maldita la hora en la que nos dejamos ganar por Slytherin –añadió James.

-¡Mierda! –Exclamaron los cuatro dando un puñetazo a la pared.

Pero tampoco llegaron lejos. De camino se encontraron con Lily y las demás (en las que se encontraban Rose y Val, muy calladas y sin mirarse a la cara) y los arrastraron a Hogsmeade con ellas. Sin desayunar.

Nyigo-nyigo-nyigo.

De camino a (NdA: Que sepáis, que no podíamos escribir Hogsmeade. No. Todo el rato nos salía Moria, o Mordor, o ¡ISENGARD! –gard ga gagard…-) Hogsmeade (NdA: Bieenn…), Rose y Val iban maldiciéndose la una a la otra con pullas como "te vas a poner gorda/pues a ti te va a salir cola de gato como sigas escupiendo pelo, etc."

Cuando ya habían pasado la casa de los gritos y se adentraban en el camino principal hacia el pueblo, las pullas en voz baja volvieron a ser gritos sonoros. Solo que esta vez no gritaron solas. Todos, repetimos, todos, gritaron.

-(...) ¡Y también está el día que me dijiste que no me podías dejar los deberes porque no los tenías! ¡Y luego miré en tu mochila y sí que los tenias! –Gritó Val.

-¡Maldita sea! ¡Te he dicho mil veces que no rebusques entre mis cosas! ¡Son mías!

-¡Sí! ¡Entiendo que no quieres que rebusque para que no encuentre el silbato con forma de pene que tienes en el baúl! –Grito ahogado general. Mirada fulminante de Rose hacia Val.

-Esto ya es algo personal. ¡Tú tienes…. Túuuu tienes…! –Rose miró alrededor.

-¡¿Qué?! ¿Qué tengo?

-¡UN FETO! –Vociferó la castaña señalando el útero de Val. Silencio general.

-¡Bueno, ya está bien! ¡Rose tiene un silbato con forma de pene, Val tiene un feto! ¡Lo sabemos todos! –Exclamó James al borde de un ataque de nervios. Rose hizo cara de "¿en serio? ¿Lo del silbato también?" –Necesito… necesitamos… silencio. Por favor. Estáis induciendo a Lily al suicidio. (Lily de fondo: "Sirius, mátame, mátame ahora…")

-¡No es mi culpa! –Protestó Val señalando a Rose con un tembloroso dedo índice - ¡Es ella! ¡Ella es…, ella es…!

-¡Rosita Maria Chiquita Chihuahua! –Exclamó una voz harto desconocida, cantarina, que hizo que todos se volvieran hacia dicha voz. Todos menos Rose, cuya tez facial podía confundirse con la nieve del entorno.

Describamos a la individua poseedora de la voz. Mujer, entre diez-y-muchos y veinte-pocos (NdA: Ambiguo, eh…). Bonita de cara, pelo castaño, piel clara, ojos verdes, mediana altura y refinada. Muy refinada. Con un ligero parecido a Rose, muy ligero.

-¿Hola? Disculpa, es una discusión privada, gracias. –Dijo Val.

-¿Privada? –Repuso Sirius –Se ha enterado todo el colegio…

-¡Por fin te encuentro! –Exclamó la desconocida, ignorando a Val -¡Mi preciosa y querida hermanita! –Rose tragó saliva – ¿Cómo no iba a encontrarte si se te oye desde la otra punta del pueblo?

-Disculpa –dijo tímidamente Lily –, ¿has dicho hermana?

Val dejo de señalar a Rose y se llevó la mano a la boca, con los ojos como platos.

-¡Tienes una hermana! ¡Tienes una hermana y no nos lo habías dicho! –No eran preguntas, eran acusaciones.

-Nunca me lo habíais preguntado. –Repuso Rose con cara de abatimiento.

-¿Y me acusas A MÍ de ser una mala amiga por no contarte lo mío? ¡Tampoco me lo preguntaste!

-¡Tú estás embarazada! –Protestó Rose.

-¡Sí, de tres semanas! Tú, en cambio, tienes una hermana… ¡de toda la vida! ¡Y no me lo habías ni mencionado! ¡En siete años que hace que nos conocemos! ¡AGH! –Val se llevó las manos a la cabeza, exasperada.

-Bueno, al menos han cambiado el discurso… -Les dijo Cath a Lily y Sam por lo bajo.

Rose permaneció callada con la mirada clavada al suelo y la mano de su aparente hermana en el hombro. Val bajó las manos y respiró hondo un par de veces.

-¿Estamos en paz? –Dijo; los demás la miraron confusos, la que más Rose, que levantó la mirada en silencio. Se apartó la mano de su hermana del hombro y cogió aire antes de sonreír, un poquito.

-Vale.

Los demás respiraron, aliviados. Remus hasta medio sonrió.

-¡Oh, pero qué bonito! ¡Volvemos a ser todas súper amigas! –Exclamó Sam cogiendo a Val y Rose de la mano y dándoles un abrazo.

-Vaya, Rosalie, querida, veo que has logrado controlar tu mal genio… un poquito.

-Vale, vale. Ahora soy yo el que necesita explicación. Bueno, más bien todos. –Dijo Sirius dando un paso hacia Rose y su hermana.

-Sí, sí, vale… Queridos amigos… esta es mi hermana mayor, Blair. Blair, estos son mis amigos, al menos en teoría. –Rose fulminó a Sirius con la mirada mientras éste le sonreía a su hermana.

Con los ánimos más calmados era más sencillo ver los parecidos físicos de las dos chicas, como también las diferencias. Mismos ojos, mismo color de pelo, misma tez. Y ya. En cuanto a personalidades no había dos más distantes que las de Blair y Rosalie Steward, y eso saltaba a la vista. Rose, con sus mitones, pelo asilvestrado y suelto bajo un gorro de lana demasiado grande para su cabeza, un abrigo normalucho, tejanos y zapatillas desgastadas humedecidas por la nieve. Blair, con un elegante moño recogido a la altura de la nuca, americana rosa palo, guantes blancos, botas altas de tacón y maquillaje suave. Incluso sus expresiones corporales las diferenciaban. Si Rose era un lince salvaje, Blair era un cisne. Y eso, se veía, ponía a la menor de las hermanas de muy mal humor.

-Así que Blair, ¿eh? –continuó Sirius, acercándose más a las dos hermanas con una actitud digna de Danny Succo - ¿Y cómo va eso, guapa? –Blair se lo miró de arriba abajo.

-Rum rum, nene, este coche es demasiado rápido para ti, ya no te veo ni por el retrovisor. –Le espetó.

James soltó una sonora carcajada, acompañada por algunas risitas por parte de Peter y Remus. Por el contrario, Rose bufó y a Sirius le subió un ligero rubor al rostro.

-¿Qué estás haciendo tú aquí, Blair? Se supone que estabas estudiando en Canadá. –Le reprochó Rose a su hermana.

-He venido a ver a Rosmerta –contestó Blair sonriendo satisfecha –. Mamá me dijo que se había puesto a trabajar de camarera, así que me he dispuesto a comprobar si dicha calumnia es cierta. Y lo he hecho solita. –Añadió.

-Pues es cierto –Dijo Cath –. Si la Rosmerta amiga tuya es la misma que nosotros conocemos, está sirviendo en Las tres escobas. –Blair puso los ojos en blanco.

-Vaya por Dios, pobre chica. Con el futuro tan prometedor que tenía… no me explico por qué renunciaría a… Bueno, da igual. ¿Qué os trae a vosotros por aquí con mi querida hermana? Ay, Rosalie bonita, no te enfades, tonta, que hace mucho que no te veo y me gustan tus amigos, son guapos… -Blair reparó en Peter –en general.

-Pues hemos venido a acompañar a Sam, la rubia de aquí, a comprarse unas cosas para su traslado a Estados Unidos. –Explicó Lily, le gustaba la presencia de Blair y le divertía el contraste que hacía con su hermana, no se explicaba cómo dos chicas habiendo nacido en la misma familia podían ser tan diferentes.

A Blair se le iluminaron los ojos.

-¡Compras! ¡Genial! Sam, ¿no? –Preguntó Blair tendiéndole una mano a Sam, que encajó encantada. –Permíteme decirte, Sam, que tienes un tipo y un cutis estupendo. ¡Y ese pelo! Precioso. ¿Me permites que te acompañe en tu búsqueda de moda estadounidense? ¡Soy una experta en el tema!

-Has estado en Canadá, no en Estados Unidos. –Le contradijo Rose.

-¿Qué más da? Visten igual.

Sam miró a las demás, indecisa. Ellas eran sus amigas y las quería, pero era evidente que Blair sabía de moda muchísimo más que Val, Cath, Lily y Rose juntas.

-¿Os importa si…? –Tanteó.

-Para nada –contestaron las chicas al unísono. Blair y Sam sonrieron. Incluso Rose sonrió ante la perspectiva de librarse de su hermana.

Así pues Sam y Blair partieron deseosas de recorrerse todas las tiendas posibles antes del ocaso. Blair les dio un beso a cada uno, y llenó de besos a Rose, que se la quitó de encima de mala gana.

Habiendo desaparecido las dos fashion victims los demás se miraron entre sí.

-Así que Blair, ¿eh? –Dijo finalmente Cath rompiendo el silencio. –Pues menuda una te tenías calladita tú. Y luego te enfadas con Val por…

-No empecemos, calla Cath. –Interrumpió Lily. –Lo que ha hecho Rose está feo pero sus motivos tendría para no decirnos nada –la pelirroja miró con aire acusador a Rose, pero siguió hablando –, al igual que Val, supongo que esperaba el momento oportuno.

Rose no levantaba la vista del suelo. Tenía las manos en los bolsillos y mantenía los labios apretados en una fina línea. Val le puso una mano en el hombro.

-No hace falta que nos des explicaciones si no quieres, pero…

-No, no quiero. –Dijo Rose dejando a Val con la palabra en la boca. –Así que sugiero que cambiemos de tema. Si mal no recuerdo, otro asunto nos traía aquí a parte de las compras de Sam. –Rose enarcó ambas cejas a modo de "ya tu sabeh".

-Vale, sí… eh… nostras íbamos… -masculló Val – íbamos… a…

-¡Madamme Pudipié! –Gritó Lily de golpe – ¿Queréis venir con nosotras a tomar té y pastas en forma de corazón? ¡Son muy cucas! –Añadió entusiasmada. Los chicos se miraron entre ellos.

-Eh… es que… bueno… -Titubeó James.

-Yo no voy. Me voy. –Dijo Cath empezando a irse, así, sin más. James no dejó escapar la oportunidad.

-No podemos permitir que una señorita deambule sola por estos lares… está en nuestro deber de Gryffindors acompañarla. Nos quedaríamos pero… El deber nos llama. –Añadió James.

-Permítame fermosa dama que este gallardo caballero la acompañe en la travesía que vuestra merced se dispone a emprender –Dijo Sirius cogiendo a Cath del brazo –habida cuenta de que su virtud llegue a buen puerto intacta y honrosa.

-¿Virtud? ¿Caballero? –Preguntó Cath, zafándose del brazo de Sirius –Yo soy más caballero que tú, ¡maricona! ¡Quita, bicho!

-Vuestras zafias palabras hieren mi humilde corazoncito –dijo Sirius llevándose la mano al pecho y provocando que Peter empezara a canrar:

-Dentro del pecho, hay algo que hace bum bum bumbumbum bum. Si se te para, ya puedes decir adiós, adiós adiós…

-Vamos, Sirius, Cath, discutiremos esto por el camino –Dijo Remus cogiendo a ambos (Sirius y Cath) y encaminándolos hacia el castillo, mientras gritaba – ¡Venga James, que no llegamos! ¡Peter! ¡Calla, coño!

El paticorto les siguió arduo y veloz mientras que James se giraba hacia las damas y hacía una exagerada reverencia quitándose un sombrero imaginario.

-Zeñoritaz… Les aseguro que vuestra amable compañera estará a salvo con nosotros. –Susurró, haciendo florituras con las manos.

-Cath ya ha llegado al castillo, no sé cómo lo veis. –Dijo Lily señalando la pequeña motita que era Cath en la lejanía.

-… Hehe… Ta' luego. –Los chicos se esfumaron en pos de Cath.

-Bien, se han ido. Busquemos lo que hemos venido a buscar –Dijo Rose.

Las chicas buscaron durante unos minutos antes de encontrar lo que habían ido a buscar.

Las tres se encontraron delante de una puerta de madera.

-Calle Morgana número 4515. Es aquí. ¿Quién pica? –Preguntó Val.

-Tú –Respondieron Rose y Lily.

-…vale… -Val picó a la puerta.

Segundos después se oyó un "¿Quién es?" y se entreabrió la puerta. Una anciana de unos 356 años, año arriba, año abajo, les miraba encorvada mientras temblaba apoyada en su bastón. La cara arrugada como una pasa.

-Eh… esto... sí, hola… venimos, si, venimos… ah… ah… - tartamudeó Val. Rose y Lily se miraron con gesto escéptico.

-Ella. Ella venía. –Apuntó Lily señalando a Val –Está embarazada. Queremos saber.

-¿Saber? –Preguntó la anciana.

-Cosas. Semanas, sexo, cómo ocurrió…

-Permíteme que te explique cómo ocurrió –Contestó Rose, que sacó dos calcetines. –. Ésta es Val y éste Remus y cuando los dos se quieren mucho, mucho, mucho, pasa esto: "¡oh, Remus, te quiero!" "¡Oh, yo también a ti, Val!" "¡Tómame soy tuya!" "¡Vale!" –Rose juntó los calcetines y empezó a gemir –"oh, sí, Remus, me gusta, así, así…"

-Bueno, ya vale. –Cortó Lily dándole un manotazo –Guarda eso, por Dios. En definitiva, que venimos a ver al Dr. Krum. Bueno, ella viene a verle a él. Nosotras no.

La anciana gruñó y se rascó la oreja como si fuera un bulldog (se le movía todo).

-Ese hombre me tiene negra. ¡Que un día te vienen embarazadas, otro día canarios, y al día siguiente canarios embarazados! ¡Esto es jauja! –Abrió la puerta del todo -¡Cris! ¡Te suben tres chicas! ¡Las tres embarazadas aunque dos digan que no!

-¡Eh! –protestó Rose mientras pasaban y subían.

A medio tramo Lily se detuvo.

-¿Ha dicho canarios embarazados?

-¿Qué más da? La vieja chochea –Contestó Rose abriendo la puerta de la consulta.

En la recepción encontraron a un joven y atractivo secretario al que se le marcaban los abdominales de los abdominales de los anteriores. Vaya que se podía rallar queso a través del jersey.

-¿Qué puedo hacer por ustedes? –Preguntó con un marcado acento rumano.

-Es que, hola, sí, verá, estoy embarazada y venía a saber qué es lo que tengo que hacer en el proceso de gestación. –Dijo Val ruborizada.

-Pasen a la cabina 4. –Dijo el secretario. –El Dr. Krum llegará enseguida.

Las tres obedecieron y se dirigieron hacia donde les había indicado el secretario macizo. A medida que iban pasando se fijaron en que las demás cabinas estaban separadas por cortinas.

-Esto es… ¿una herrería? –Preguntó Lily deteniéndose delante de la primera.

-A juzgar por el caballo y las herraduras… sí. –Concluyó Rose echándole un vistazo a la pequeña estancia donde, efectivamente, había un caballo atado con una pata trasera levantada y una herradura a medio colocar.

-¿Qué coño? –Val se apresuró a abrir la siguiente cortina. –A ver qué hay.

Fueron abriendo las demás cortinas y se encontraron: En la puerta número tres un espléndido salón de belleza canina con un chihuahua incorporado. En la número dos una cabina de masajes con velas aromáticas y luz de ambiente. Antes de entrar en la número cuatro, que era la suya, por curiosidad acabaron de abrir las demás cortinas. Una cocina, un campo de patatas y un gallinero.

-Val, ¿estás segura de que es aquí? –Preguntó Rose mirando las gallinas con malicia mientras se relamía.

-Sí… Stan me dijo…

-¡Stan! ¿Quién se fía de Stan? ¿Quién en su sano juicio se fía de Stan? – Exclamó Lily.

-Yo me fío de Stan –Contestó el secretario macizo, que ahora llevaba una bata de médico. –Tranquilo, calcetín, luego te coloco la herradura. –Dijo mientras llegaba a la cabina. –Stan me trae a su mono para que le corte el pelo. Es majo. El mono. Ya pueden pasar. –Dijo abriendo la cortina de la cabina número cuatro.

Dentro había una preciosa y pulcra sala de ginecología, con sus aparatos y todo. Las chicas flipaban.

-Yo no pienso entrar ahí. –Dijo Val.

-Yo tampoco –Dijo Lily.

-Yo quiero una gallina. –Dijo Rose.

-¿Es usted el Dr. Krum? –Preguntó Val con desconfianza.

-¡Sí! –Contestó el hombre con energía y su marcado acento rumano.

-Y también es secretario, peluquero de monos, herrero…

-¡Sí! Y granjero, masajista, cocinero y ginecólogo. En estos tiempos uno tiene que buscarse la vida, y más si tiene novia lejos. Muy lejos. Yo hago todo esto pensando en chica. Yo recojo patatas pensando en chica, coloco herraduras pensando en chica, doy masajes pensando en chica… miro vaginas pensando en chica. Yo comprendo que tú no quieras entrar, mas te diré que siguiente ginecólogo no estar titulado y trabajar en Hogwarts.

-¿En serio? –Preguntó Rose -¿Quién?

-¡Stan! –Todas dieron un paso para atrás. –Es mi aprendiz. En fin, tú misma.

Val cogió aire y entró.

-Me fío de usted, doctor, me fío.

Val se sentó en la camilla del ginecólogo esperando.

-Deberá quitarse lo de abajo y tumbarse, le haré un tacto, una eco y unos análisis. –Dijo el Dr. Krum. –Sus amigas pueden esperar fuera. Pelirroja échale un ojo a ésta, que se me come las gallinas, que lo veo.

Lily y Rose salieron y en lo que tardó Lily en quitarle de la cabeza la idea de comerse las gallinas, Val salió de la consulta.

-¿Ya está? –Preguntó Rose.

-Sí, ha ido muy rápido, Cris es muy majo.

-¿Cris? ¿y esas confianzas? –Inquirió Lily.

-Me acaba de ver… to'l pepe… -Lily asintió. Cris salió de la consulta.

-Vuelve la semana que viene y dar resultados. Toma folleto. –El susodicho folleto rezaba "cómo no volver a quedarse embarazada" y parecía contener instrucciones para hacerse una ligadura de trompas casera.

Mientras tanto, en otro rincón del pueblo, los chicos perseguían a Cath.

-Me canso. –Dijo Peter. El grupo se detuvo. -¿Y si la dejamos a su merced?

-¿Qué clase de caballero eres tú? –Preguntó James.

-El tipo de caballero que se da cuenta de que la chica huye de nosotros. –En la lejanía se oyó un "¡Me dais miedoooooo!" que corroboraba la afirmación de Peter.

-Pues… parece que algo sí que ha pillado este… Dejémosla, su virtud tampoco es gran cosa. No tiene. Igual que Remus. Hehehehehehe –Risa tipo Peter Griffin.

-Bueno, pues… ¿Merlin's? –Sugirió Remus ignorando el comentario de Sirius.

-Merlin's. –Aceptaron los demás.

Los chicos se dirigieron a Merlin's y James abrió la puerta.

-Me encanta este olor a bar por la mañana –Dijo James aspirando fuertemente por la nariz – ¡Entremos, chicos! ¡Que corra el ron!

-Yohou… -Dijo Remus.

Merlin's era un lugar encantador: Hermosas paredes verde botella, asientos y mesas de madera, forrados en cuero rojo vino, un amable camarero al que llamaban Thor, por su habilidad divina en el arte de servir copas y una camarera, dicharachera y respetuosa que respondía al nombre de Betsie. En su totalidad el Merlin's era un lugar donde los chicos se divertían sanamente y bebían con moderación…

¡Hasta que a moderación le dio un coma etílico! ¡Y murió! ¿Murió? ¡NO! ¡La mataron!

¿Quién eres, intrusa?

¡Lily!

¿Y qué haces aquí, te hemos dejado con las demás, no puedes estar aquí, no debes estar aquí, ¿por qué estás aquí?

Porque no puedo permitir que un antro como el Merlin's sea considerado un antro para humanos, ¡es una pocilga! ¡Hasta los cerdos renunciaron a entrar un día de tormenta, tornados y nieve!

Perdona, Lily, guapa, pero ésta es NUESTRA historia, no la tuya, así que esfúmate, vuelve con tus amigas.

No, perdonad vosotras, Grandes Creadoras, pero vosotras no habéis estado allí, yo sí, yo lo he visto, lo he visto todo. Muy fuerte… muy loco…

Pero qué dices, los chicos dicen que el bar es así…

Y, ¿os los creéis? ¿En serio? Os hacía más listas…Ese bar, por llamarlo de algún modo, es horrendo, las sillas no están forradas de cuero rojo, ¡son manchas de sangre!, Thor no es conocido por su habilidad con las copas, ¡es conocido por su habilidad con el martillo, un poco de cultura mitológica! ¡Y no porque sea herrero, lo utiliza en las cabezas de la gente! Betsie no es encantadora, Betsie es una prostituta, ramera, fulana, meretriz, furcia, mujer de esquina, puta, elige, tengo más.

Entonces… ¿hay algo de verdad en lo que nos dijeron los chicos?

Sí. Las paredes son verdes. ¡Verde moco! No puedes andar, ni saltar, ni respirar, ni parpadear. Si miras mal, te pegan; si sonríes, te pegan; si abres la boca, te pegan; si pegas… te pegan.

Entonces, ¿qué tienes que hacer en ese bar?

No entrar. Simple. Si entras, también te pegan. Y yo me voy. La verdad ya está dicha. Y no preguntéis cómo lo sé, porque nunca lo sabréis.

… Eh… sí. Pues eso, que ahí estaban los chicos, y James había dicho lo del olor a bar por la mañana y tal. Sirius entró detrás de James.

-Papi is in da house. Betsie, mami, ya tu sabeh, la cosa está dura, ¡dale! (NdA: Tenemos que acabar con estas idas de olla, lo sabemos).

-¿Hay algún sitio libre? –Preguntó Peter asomándose.

-No, pero espera –contestó Remus –, es cuestión de maña y paciencia. Observa.

Remus le puso la zancadilla a uno que pasaba por ahí. Ese uno cayó encima de otro uno, dicho uno se levantó y le propinó un puñetazo al primer uno zancado. Ambos unos rodaron por la taberna y fueron a parar a los pies de un tercer uno, quien cogió su silla y la rompió sobre las cabezas del uno primero y el uno segundo. Y así se fueron uniendo unos, para acabar siendo unos contra otros ante la mirada impotente de Thor, que detrás de la barra, cogió su martillo y empezó a aporrear copas y partir botellas.

-Y así se consigue asiento en este sitio. –Añadió Remus y fueron a sentarse al fondo en un rincón observando el final del barullo.

Al final Thor se puso serio.

-¡A callar todo el mundo! ¡Dejad de pelearos… u os convertiré en vaca!

Todos pararon. ¿Todos? No. Un último rezagado dio un último puñetazo.

-¡Te he visto! ¡Vacamantízate! –Exclamó el posadero apuntando con su martillo al amotinado.

El amotinado en cuestión, se convirtió, efectivamente en vaca.

-¡Y ahora bebed, coño! ¡Y pagadme las botellas que habéis roto!

-Es que me han convertido en vaca… ¿puedo irme a casa? –Preguntó el vacunizado.

-Tienes permiso –Respondió Thor. – ¿Alguien más?

-No, estamos bien –Corearon los demás.

Mientras Thor servía cervezas y martillazos a diestro y siniestro, Val, Lily y Rose se encontraban en la barra de Las Tres Escobas buscando ser atendidas. Finalmente a Val se le hincharon las narices y declamó:

-¡Soy una mujer embarazada! ¡Exijo ser atendida ahora mismo! ¡Y quiero una silla! ¡Que sea bonita! –Val se giró hacia la barra y allí estaban, muy bien colocadas, las tetas de Rosmerta, con ella detrás. –Coño, qué susto.

-El susto es mío –contestó Rosmerta –, ¿qué es eso de que estás embarazada?

-Una trola para ser atendidas –se evadió Val –. Queremos tres cervezas de mantequilla.

-Tú no, Val, que estás embarazada. –Dijo Lily. Rosmerta se dispuso a servirles las bebidas sin saber si la tomaban por tonta o le decían la verdad.

Una vez Rosmerta se hubo esfumado, Val se apresuró a coger su vaso.

-En serio, no deberías beber alcohol. –Protestó Lily.

-Es de mantequilla, no lleva alcohol. –Se defendió Val. –Además, tengo antojo.

-Estás de un mes, no puedes tener antojos…

-Puedo, si quiero. No se discute con las embarazadas.

-Déjala, está en modo preservativo imperfecto "no debería haber pasado" y, como tal, mañana seguirá estando igual de embarazada, de hecho, más. –Dijo Rose relamiéndose la espuma de los labios.

-Bien, pues si esa es vuestra postura… yo me desentiendo. Me marcho. –Dijo Lily levantándose. Val la miró con suspicacia.

-¿A dónde vas?

-A escribirle una carta a mi hermana –Respondió Lily evasiva.

-Odias a tu hermana… -Señaló Rose.

-Pues eso le voy a decir –Explicó Lily.

-Pero no te has tomado la cerveza… -musitó Val

-¿No tienes antojos? ¡Pues bébetela!

-Chachi. Nos vemos en el castillo.

Lily se fue refunfuñando.

Cuando la pelirroja las dejó solas, Val miró con deseo el vaso que sujetaba Rose entre sus mitones.

-¿Te vas a acabar eso? –Inquirió.

-¿Tengo opción?

-No. Trae.

-Toma… -Dijo Rose tendiéndole la copa. -¿Va a ser así todo el rato? ¿Tú pedirás por esa boquita y los demás tendremos que dártelo todo?

-Básicamente, sí. –Val se acabó la copa de Rose de un trago.

-Pues no le veo ventajas en volver a ser tu amiga… -masculló Rose mirando para otro lado.

Silencio incómodo. Val se termina su copa. Le queda la de Lily.

-Mira, Rose, siento que esto haya sucedido. Te aseguro que no estaba en mis planes hasta los próximos… quince años. Pero ha pasado. Y hay que apechugar.

-No estoy enfadada por tu embarazo. Estoy enfadada porque no me lo contaste.

-No te lo conté porque sabía que te ibas a enfadar.

-Volvemos a lo mismo de antes, estoy enfadada porque NO me lo contaste… Tú.

-¡Vamos, guapa, perdónala! –Ambas chicas se giraron hacia Rosmerta, que sujetaba la bandeja en la mano y las miraba con candor.

-Hay mesas que servir –Dijo Rose.

-Eso. –Corroboró Val. Una vez Rosmerta se hubo marchado Val prosiguió: -Tienes razón, tendría que habértelo contado, pero primero quería hablarlo con Remus. Pero luego se enteró Lily, y luego se enteró Cath, y antes de darme cuenta ¡Sam estaba embarazada! Y yo no sabía cómo había ocurrido. Y de pronto me vi en el Gran Comedor gritando a los cuatro vientos que estaba embarazada, tú entre ellos. No era así como te lo iba a contar. Te iba a hacer una cena, lasaña de carne, y lambrusco, con velas y todo. –Dijo con voz lastimera.

-Una cena. Lasaña. Sabes que soy alérgica a la lactosa. ¿Y qué ibas a decirme, que estábamos embarazadas de camino al hospital? ¿Por qué me ibas a hacer una cena a mí en primer lugar? Remus es tu novio…

-Bueno, es que él es un grandísimo gilipollas que me ha metido en este lío.

-También es verdad. –Rose miró a Val pensativa –Bueno… Vale… te perdono… con una condición.

-¿Cuál?

-Dame la copa de Lily. –Dijo Rose clavando sus ojos en los marrones de Val. Val miró a la copa y a Rose repetidas veces. Finalmente se tapó los ojos con una mano y con la otra le cedió la copa a su recuperada amiga.

-Lo que hago por amistad…

*Cortinilla de estrellas*

-¡Porque va a ser padre, me cago en la puta! –Se oyó en todo el Merlin's donde un Sirius furioso, sudoroso, descamisado, grrrr… Vale, ya. Em… Sirius gritaba horrorizado la terrible realidad de su amigo lobuno. -¡Tendrá que dejar los estudios! ¡Y ponerse a trabajar en la obra! ¡Perderán la casa! ¡Y el cochecito del niño!

-¿Qué obra? ¿Qué casa? … ¿Qué cochecito? ¿Qué dice? –Preguntó Peter.

-Se le va la olla. –Contestó James. –No es tan grave…

-¿¡Qué no!? ¡Mira! ¡En la cláusula número 4583760 del contrato merodeador lo dice muy claro! –Sirius puso su voz más solemne:

Escuchad mis palabras,
sed testigos de mi juramento...
La noche se avecina, ahora empieza mi merodeo.
No terminará hasta el día de mi muerte.
No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos.
No llevaré corona, ¡alcanzaré la gloria!
Viviré y moriré en mi puesto.
Soy la varita en la oscuridad.
Soy el vigilante del Castillo.
Soy el fuego que arde contra el frío,
la luz que trae el amanecer,
el cuerno que despierta a los durmientes,
el escudo que defiende los reinos de los magos.
Entrego mi vida y mi honor a los Merodeadores,
durante esta noche y todas las que estén por venir.

En Merlin's reinó el silencio. Silencio que fue roto instantes después por el aplauso de un Thor conmovido.

-¡Bravo! ¡Poesía, pura poesía!

-… Canuto… juraría que te has equivocado de best seller… -Dijo Remus.

-Tú no hablas aquí –Dijeron James y Sirius al unísono (pronúnciese como un Navy).

-Pero es mi futuro…

-¡Chitón! –Rugieron Sirius y James.

-Lo que yo digo es que no lo tendrá tan difícil… Le queda medio curso, no tiene que dejar los estudios… -Decía James.

-¡La obra, James, la obra!

-¡¿Pero de qué obra hablas?! –Preguntó Peter exasperado.

-¡El Muro! –Exclamó Sirius alzando su copa.

-¿Qué puto muro? –Preguntó James ya harto de las desvariaciones de su amigo.

-¡Que esto no puede ser! ¡María Teresa! –Gritó Sirius, bajándose unas gafas invisibles.

-¡Bueno, ya está bien! ¡No quiero oír nada más de la boca de este borracho! –James se levantó de la silla de un salto.

-¡Eso! ¡Vete del Muro! –Exclamó Sirius.

-Pero qué muro… qué muro… -Iba diciendo James mientras se iba.

Hogwarts, La Lechucería.

Querida Petunia;

Te Odio.

P.D: Besos para mamá y papá.

Lily, contenta con el resultado de su carta, enrolló el pergamino y lo ató a la lechuza más agresiva a la que pudo acercarse sin temer perder los dedos en el intento. Cuando por fin la lechuza asesina se hubo marchado y Lily contemplaba el horizonte desde la ventana, se abrió la puerta de la lechucería y apareció James tras ella.

-Oh. No sabía que estabas aquí. –Dijo el merodeador al verla. -¿Es un mal momento? –Lily negó con la cabeza.

-Le estaba escribiendo una carta de amor a mi hermana.

-Tenía entendido que la odiabas. –Comentó James.

-Y lo hago.

-Ah. Hermanos, hermanas, que es peor. Yo no tengo. Ni tendré, de hecho…

-Ah, ya, por lo de tus padres y eso… -murmuró Lily sin saber dónde meterse. "Momento incómodo" Pensó. "Muy, muy incómodo. Cambia de tema, Lily" –Y dime… ¿sales con alguien? –"¡No, Lily, no! ¡Ese tema no!"

-Eh… no… ¿Por? –Preguntó un James sorprendido.

-No… es que pensaba que ibas a enviarle una carta a… bueno, "ella". –Masculló la pelirroja. James alzó una ceja y se echó a reír.

-No es necesario tener una novia para enviar lechuzas de amor.-consiguió decir mientras enviaba su carta vía una lechuza parda. Se giró en modo seductor hacia Lily. –Pero, si quieres, yo puedo escribirte todas las cartas de amor que quieras –le guiñó un ojo a Lily. (NdA: Vamos chicas, las bragas en los tobillos!)

Lily se pegó a la columna más cercana deseando ser un camaleón mientras James se acercaba a ella. Su corazón redobló su ritmo hasta alcanzar niveles extraordinarios, para sorpresa de la pelirroja.

-E-eso no va a ser necesario –Respondió. "Grrrrrrrrrrrr…", la diosa que llevaba dentro se relamió con gusto "No, es James Potter, llevas evitándolo desde hace 6 años, contrólate…" protestó su subconsciente, "Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr…" continuó su diosa, "¡Que no, que pares!" su subconsciente se sacó las gafas de pasta, con expresión indignada, "Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrr".

James se acercó más a ella, poniendo una mano en la columna.

-Bueno, como quieras. –El merodeador la besó muy cerca de la comisura de los labios y se fue dejándola con un único pensamiento: "No le mires el culo, no le mires el culo, no le mires el… oh, Dios, (NdA: Vamos, chicas, ¡todas a una!): ¡Qué culoooooooo! –Y su diosa interior rugió deseosa.

Mientras, al otro lado de la puerta, un James Potter taquicárdico perdido intentaba regular su respiración y se autofelicitaba por su atrevimiento. A Lily no parecía haberle desagradado el gesto, era un paso, se dijo, y se encaminó escaleras abajo silbando, más alegre de lo que había estado en mucho tiempo.

*Cortinilla de estrellas*

-Sirius, hay que irse –murmuraba Peter con esfuerzo mientras intentaba levantar a Sirius cogiéndolo del brazo. –Levanta, gordo…

-Tú sí que estás gordo, tío… -consiguió mascullar Sirius, a partir de ahí todo fueron gruñidos.

-¿Cuánto ha bebido? –Quiso saber Remus.

-Pues, a juzgar por lo que se ve, una copa, Remus, como todos. –Contestó Peter dando un vistazo a la mesa. Remus negó con la cabeza.

-Que nuestro merodeador más malote no tolere bien el alcohol… -Suspiró el hombre-lobo, cuando Sirius se sacó una petaca del bolsillo de los vaqueros e intentó dar un trago de ella.

-Jo, no queda. Maldito Hagrid, me dijo que ghhhgjjjhhtg… -Sirius Black cayó babeando sobre la mesa.

-Ahí tienes su tolerancia al alcohol –Dijo Peter levantándole la cabeza a su amigo por el pelo. Un hilillo de baba llegó al suelo.

-Desde luego… y dice que yo soy el irresponsable.

-Bueno, Remus, es que lo eres…

-Cierra el pico y ayúdame a levantarlo, ya iré yo a hablar con Hagrid luego.

No habían dado dos pasos fuera del local cuando Sirius empezó a balbucear intentando abrir los ojos.

-Gñññññghhhñññjjjjgghhhmmmmmmm… -gruño.

-…¿Qué? –Preguntó Remus, Sirius volvió a gruñir intentando levantar la cabeza -¿Qué diablos quiere?

-Chist, déjame oír –dijo Peter acercando el oído a Sirius, que seguía gruñendo –. Creo que dice que quiere mear, allí, en el muro.

Remus puso cara de no entender.

-¿Cómo lo sabes? Colagusano, luego te quejas de que te llaman rarito, coño, no me extraña.

-Ghhrttyhhjjgññññññññ!

-Pero ¿qué dice ahora?

-No sé si dice que en la pared está su coño de puta…, o que lo llevemos a la puta pared, coño. Me inclino por lo segundo, aunque su acento es un poquito cerrado y cuesta…

-Venga, va, llévalo a la pared y que mee con su coño de puta. –Dijo Remus.

-¿Y por qué yo? Yo soy el traductor, te toca a ti mojarte las manos… literalmente. –Remus lo miró con suspicacia mientras mascullaba improperios sobre la amistad y conducía a Sirius hacia el muro.

Mientras Remus intentaba bajarle a Sirius la bragueta telepáticamente y se lamentaba por lo que iba a venir después (al fin y al cabo, agarrar el miembro viril de tu mejor amigo nunca es plato de buen gusto), una figura sospechosa se abalanzó sobre ellos al grito de:

-¡Mi ROCA! ¡Salid de aquí! ¡Yo soy el rey! –Exclamaba la figura – ¡El rey de la roca!

Remus cayó encima de Sirius y éste finalmente se dejó llevar por sus necesidades fisiológicas, para desgracia de Remus, quien tenía la mano justo ahí.

-¡Mi mano! ¡MI MANOOO! ¡Mi preciosa y hermosa mano! ¡PETER! ¡AYÚDAME!

Peter se sacó la varita y apuntó con ella la mano de su amigo.

-¿Sectusempra? –Preguntó.

-¡ANIMAL! ¡Necesito la mano! –Vociferó Remus.

-¿Seguro? –Preguntó Peter mirando la mano de Remus.

-¡Sí! ¡Dame un puto pañuelo, joder! ¡Y mata al que nos ha empujado! –Remus levantó la mirada y vio a Dedalus Diggle subido al muro en cuestión, con los pantalones bajados y haciendo lo comúnmente llamado "el helicóptero" (NdA: No vamos a explicar en qué consiste, buscadlo en Google, sale, y si no sale… nuestros amigos son unos enfermos). –Estoy… rodeado… de tarados. ¿Por qué? Merlín, ¿por qué? –Lloriqueaba Remus. Él y Peter consiguieron levantar a Sirius y al irse volvieron una última vez la vista atrás y vieron a Dedalus Diggle recorriendo el muro al son de: "¡EEeeeeeehh Sexy lady wop wop wop wop wop Opa gangnam style!"

*Cortinilla de estrellas*

Más o menos a eso de la una y media de la mañana, Sirius se despertó con un sonoro ronquido de sí mismo, y levantó la cabeza mirando alrededor desconcertado.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó a nadie en particular –Mierda… apesto… ¿por qué apesto? –Se incorporó en la cama. –Oh, hola Lunático. ¿Qué me ha pasado?

-¿No te acuerdas de lo que ha pasado? ¿De nada? ¿En serio? –Inquirió Lunático con mala hostia. –Estás muerto para mí. –Sirius lo miraba con cara de no entender, asombrado –Muerto… y enterrado.

Acto seguido Remus se metió en su cama, cerró las cortinillas y solo sacó un brazo para hacer la señal universal de "a la mierda" que todos conocemos.

-Peter, ¿qué ha pasado? –Preguntó Sirius ya más asustado que intrigado.

-No me hables… Pues tampoco te responderé –Sentenció Peter al más puro estilo Shakespeariano y acto seguido también cerró sus cortinillas.

-James… Amigo mío, hermano mío, consuélame. ¿Qué pecado tan grande he cometido contra mis hermanos de la guardia?

-No empieces, Sirius, y tira para la ducha –Contestó James –Yo no sé nada. Sólo sé que llegasteis hace un rato, que Remus te lanzó sin piedad a la cama y se metió al baño murmurando algo sobre ti, una roca, Dedalus Diggle y Gangnam Style. –Sirius seguía sin entender ni recordar nada. –Dúchate, anda y te acompaño a por algo de las cocinas.

Minutos más tarde, ambos merodeadores bajaban las escaleras que conducían a la sala común. Cuando llegaban al final, unas voces les hicieron detenerse. En la sala se encontraban Val, Cath y Rose sentadas en sendos butacones y hablaban en voz baja, así que los merodeadores aguzaron el oído.

-Así que Chris, ¿eh? –Decía Cath. Val asintió. –Chris el herrero, Chris el payés, Chris el peluquero canino, veterinario… Chris el ginecólogo rumano. –Concluyó Cath, y Val volvió a asentir con la cabeza. Mientras en las escaleras, James y Sirius intercambiaron una mirada de duda.

-Exacto. –Dijo Val. –Me ha estado toqueteando y dice que tendré los resultados dentro de una semana, es decir el sábado que viene.

-Ohm… ¿y ya sabemos qué…? –Empezó a preguntar Cath.

-¡Silencio! –Exclamó Rose de pronto –Huelo algo que no debería oler…

-¿El qué? –Preguntó Val.

-Huele a… perro… perro mojado. Con restos de orín. –Rose puso cara de no entender nada. –Con un ligero toque de… cerveza de malta y tequila.

En las escaleras Sirius hizo un claro gesto de "What the fuck" y James tenía la mandíbula colgando.

-Cómo diablos… -inquirió Cath.

-¡Están ahí! –Rose señaló con el dedo hacia las escaleras de las cuales salieron esprintando James y Sirius y se esfumaron por el hueco del retrato.

-Estaban escuchando, malditos perros marujas –masculló Rose.

-Aún no entiendo por qué huelen a perro mojado con orín y tequila… -Dijo Val.

-Tranquila, cielo, nadie entenderá nunca el por qué de nada de lo que ellos hagan –Dijo Cath. –Entonces, ¿ya se sabe qué va a ser?

-No, lo sabremos el sábado, supongo. –Contestó Val.

-Pues nada, a esperar… -Murmuró Rose arrullándose en su butaca.

A la mañana siguiente, James, Peter y Sirius se encontraban desayunando apaciblemente en el Gran Comedor. James y Sirius miraban a Val, en la otra punta de la mesa, se miraban entre ellos y murmuraban abstraídos mientras Peter intentaba en vano entablar conversación con ellos.

-Porque si Sam se va, ¿qué voy a hacer yo, quién será la dueña de mi corazón? Nadie me entiende, ni me comprende, ni me… escucha, al parecer… -Peter suspiró al ver James y Sirius se dedicaban a hablar por lo bajo entre ellos. – ¿Es posible que estemos teniendo dos conversaciones, chicos? –Les preguntó, molesto.

-Pues no lo sé –Respondió Sirius –. No te estábamos escuchando… -Peter bajó la cabeza agarrando con fuerza la cuchara con la que se estaba comiendo los cereales.

-Con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos, eh, Pettigrew? –Murmuró una voz a sus espaldas haciendo que los tres chicos se giraran.

Detrás de ellos se hallaba Mary Beth Bárbara Madonna Atena Curie Sue (NdA: Ya podéis coger aire), con las puntas del cabello marcadas con secador hacia fuera y pasadores negros aguantándole el flequillo castaño hacia detrás; iba vestida con la túnica del colegio, falda plisada, leotardos blancos y zapatos de charol. Sirius enarcó una ceja y resopló.

-¿Otra vez tú? Empezaré a pensar que te gusto o algo… ¿Vas a ir al partido de la semana que viene? Por Dios, ven, ansío tus consejos acerca del quidditch moderno. Déjame preguntarte algo, ¿alguna vez has volado en escoba? Supongo que sí, al fin y al cabo eres una bruja… ¿lo pillas? Bruja. Esfúmate. –Le espetó el merodeador.

-No estaba hablando contigo, Black, sino con Pettigrew, a quien, al parecer, tenéis muy abandonado y menospreciado últimamente. ¿No te cansas, Pettigrew, de soportar semejantes desplantes? Me da pena verte por ahí revoloteando a su alrededor y ver cómo te hinchas de satisfacción de poder llamarlos "amigos" –James iba adquiriendo tonalidades rojizas al tiempo que Peter iba perdiendo el color de la cara –. ¿Amigos? Creo que se pueden contar con los dedos de las manos las veces que te han elogiado, o consolado, o animado en algún momento, ¿me equivoco? No, por tu expresión ya veo que no. Ahora mismo no te estaban ni escuchando, ¿verdad? Y tú te empeñas en seguir llamándoles amigos. Deberías plantearte qué clase de amigos tienes, Pettigrew, y qué clase de amigos mereces tener. No te subestimes, esta chusma acabará dándote la espalda en cuanto tengan oportunidad. Acuérdate de mis palabras, Peter Pettigrew, y piensa en ellas, porque llevan más razón que un santo. Y lo peor es que tú lo sabes. Mírate, babeando por unos chicos que, a la vista está, están deseando librarse de ti para que dejes de arruinar su reputación de tíos guapos, atléticos y encantadores. Despierta, Peter antes de que te veas forzado a despertar a golpes, tú vales más que eso. – Mary Beth Bárbara Madonna Atena Curie Sue se dio la vuelta e hizo mutis por la puerta del Gran comedor.

Para entonces Peter ya había perdido todo el color que le quedaba y James tenía un tic en el ojo izquierdo. Sirius simplemente se limitó a pasar el brazo por los hombros de Peter.

-¿Pero qué se ha creído la niñata esta? –Bufó James levantándose de la mesa –Voy ahora mismo a decirle cuatro cosas a la muy gilipollas…

James hizo ademán de dirigirse a la puerta cuando lo agarraron del brazo.

-Déjalo, James, no pasa nada, es… pura palabrería, no te preocupes… -Murmuró Peter mientras mantenía la vista baja y sostenía el brazo de James. –Siéntate, anda, y acábate el desayuno, no te molestes por lo que diga esa idiota, yo… -Iba bajando el tono de voz.

-Peter –lo interrumpió Sirius –, ¿sabes que te queremos, verdad? Y que no pensamos para nada que arruines nuestra reputación, ni nada por el estilo. Y por encima de todo sabes perfectamente que te consideramos tan merodeador y amigo como el que más, ¿verdad? –Peter le dedicó una risita nerviosa y soltó el brazo de James, quien se relajó y volvió a sentarse.

-No se te ocurra pensar otra cosa. Maldita sea, me ha puesto de mala hostia la muy bastarda.

-Cálmate, James, no te preocupes, de verdad, que no me importa lo que pueda decir esa chica. –Dijo Peter intentando parecer jovial.

-Por supuesto que no –añadió Sirius –. Aquí los únicos que te manipulamos somos nosotros, ¿verdad Cornamenta? Es broma. Será mejor que nos vayamos, que tenemos entreno en 20 minutos –James asintió y se levantó de la mesa –. Nos vemos luego, Peter, y no te comas la cabeza.

Peter les sonrió y les despidió con la mano mientras se iban, para luego volverse hacia su comida y tirar su bol de cereales de un manotazo.

Y sin prisa pero sin pausa dio comienzo una nueva semana en el castillo. Una semana la mar de normal para muchos, pero especial (pues iba a ser la última) para nuestra querida rubia. Sam se dedicó durante la semana a despedirse de todo y todos en general: El lunes (a parte de aparecer con un sinfín de bolsas con ropa y con saludos afectuosos de Blair para Rose), se despidió del castillo; el martes se recorrió todos los pasadizos de los que era consciente despidiéndose de todos y cada uno de los cuadros del castillo (la despedida con la Señora Gorda fue de lo más emotiva, con serenata incluida), armaduras y estatuas; el miércoles se dedicó a revolotear por los jardines y alrededores despidiéndose de cada ser vivo animal que se encontraba por su camino; jueves del profesorado, del cual McGonagall se estuvo pensando incluir a Sam en su lista de órdenes de alejamiento en la que Rose ocupaba el número uno; ocupó el viernes en despedirse de sus compañeros de otras casas, con la consiguiente llorera por parte de Alice Sanders quien agarrada del brazo de Frnak Longbottom lamentaba la marcha de la rubia y sollozaba, y Marlenne, quien exageró un sonoro llanto en cuanto Sam le dijo que se iba para no volver.

Ése sábado tenía pensado despedirse ya de los compañeros de Gryffindor y, muy especialmente, de los de su curso, pero tendría que ser después del partido Gryffindor-Hufflepuff.

Esa mañana amaneció soleada y tranquila con muy poco viento, un tiempo perfecto para dicho partido. Ambos equipos estaban ya en el terreno de juego cambiados y preparados para la prometedora victoria que cada uno pensaba conseguir. No tenía por qué ser un partido dificultoso, pues, a pesar de que Hufflepuff tenía a Troy, Moran y Mullet de cazadoras y que Dorcas y Kylie Meadows repetían como golpeadoras, su guardián estaba de baja y había tenido que ser substituido por Dedalus Diggle y, además, era la primera vez que Alice Sanders se estrenaba como buscadora y, siendo sinceros, no parecía gran cosa. Sin embargo James, como capitán del equipo, estaba preocupado ya que todo le parecía demasiado fácil. Es por eso por lo que, minutos antes, cogió a Sirius por banda.

-Si en algún momento la cosa se pone chunga, voy a necesitar que me ayudes. –Dijo James.

-Claro, tío. ¡Para eso somos amigos, somos hermanos, hicimos un juramento de escupitajo!

-No hace falta recordar eso, pero sí. Y si se da el caso, necesitamos una palabra en clave que signifique que te necesito. Y que tú tienes que acudir presto a mi servicio.

-Vale –Contestó Sirius. -¿Qué te parece Ginecólogo Rumano? –Preguntó haciendo alusión a lo que habían oído cuando escucharon a las chicas a hurtadillas.

-Chachi. Vamos a machacar. ¡Venid aquí zorras mías! –Exclamó James llamando a su equipo. –Éste es nuestro día, ¡es nuestro momento! ¡Tenemos que demostrar que Gryffindor se levantará de sus cenizas como el ave Fénix, al que ahora rendimos pleitesía!

-¿No dice eso en cada maldito partido? –Preguntó Cath.

-Bueno, lo del Fénix es nuevo… -Comentó Roger Noir.

-¡Cerrad la boca! ¿No os dais cuenta de que lo que suceda hoy, quedará marcado en los libros de historia? Tenemos que borrar la huella que dejó nuestra anterior derrota, sí, ésa que tanto nos duele a todos… ¡Sí! ¡Me estoy refiriendo a Gryffindor vs. Slytherin! ¡MIERDA! –Todos los demás corearon ese "mierda" golpeando el suelo con los pies. – Tenemos que demostrar que nunca más en la vida nos volverán a ganar! ¡Quiero oír un SÍ, JODER! –Gritó el capitán.

-¡SÍ, JODER! –Gritaron los demás.

James siguió con su discurso épico durante un rato más, rato que Sirius aprovechó para acercarse a Emily, Roger y Frank.

-No os preocupéis –les dijo con una sonrisa pícara –. Antes le he ofrecido un porrete mu cargaete a Dedalus, evidentemente no lo ha rechazado, así que… va más fumao que la madre que lo parió –explicó –. No tendréis ningún problema con él. De nada. –Y se fue a cortarle el rollo al capitán.

-Eh, capi, que empieza el partido. Sin nosotros. Hehe. –Señaló Sirius.

-¡Vamos mis valientes! ¡Y al amanecer del quinto día…!

-Te estás pasando… -Le avisó Sirius. –Sosiega.

En esos momentos aparecía la que de ahora en adelante iba a ser profesora de vuelo y árbitro en general: Rolanda Hooch, vistiendo una túnica negra y luciendo unos escalofriantes ojos amarillos de halcón.

-¡Equipos a mí! –Exclamó desde el centro del campo –Vamos a empezar. Quiero juego limpio, ¡sin trampas, zorras! Capitanes, daos la mano.

James le estrechó la mano a Troy y los dos equipos se elevaron en el aire. Hooch liberó la snitch y dio comienzo el partido.

La quaffle fue a parar a manos de Emily Kennet, que, esquivando a las cazadoras del equipo contrario, se la iba pasando en zig-zag a Roger Noir y ambos llegaron en un visto y no visto a los aros del equipo contrario. Suspendido delante de ellos se encontraba Dedalus quien, efectivamente, iba más fumao que la madre que lo parió. Emily sonrió para sí misma y, haciendo una filigrana le lanzó la pelota de espaldas. La pelota iba a entrar, todos lo sabían. Ludo ya anunciaba el primer tanto para Gryffindor, cuando Dedalus gritó:

-¡Mira, mama! –Exclamaba señalando a Sprout – ¡Sin manos!

Acto seguido se descolgó de su escoba, sujetándose sólo con las piernas y quedando boca abajo, y atrapó la quaffle lanzándola hacia Moran, dejando a los demás con la mandíbula colgando.

-¡Bien hecho, Ded! –Gritó Alice, celebrando la parada con ambos puños en alto.

-¡Alice! ¡Las dos manos en el palo! –Exclamó Frank, mirando preocupada a su reciente novia. Sirius pasó por su lado sonriendo.

-Eso díselo luego, en privado, don Juan. Que aquí te oímos todos… Machote. –Le guiñó el ojo.

-¡Tarado! –Le gritó Frank, pero siguió con los ojos pendientes de su amada.

Moran, por su parte, ya había cruzado medio campo ella solita. Le pasó la quaffle a Troy, que esquivó fácilmente a Rose y se plantó delante de Cath. Debemos añadir que ésta se encontraba chillando y pidiendo la atención de los demás jugadores.

-¡Atended, pedazo de merluzos! ¡Rose! ¡Que se te escapa! ¡Dale con el bate! ¡Capitáaaaan! –La pelota pasó limpiamente por su lado colándose por el aro de gol.

-¿Me llamabas? –Preguntó James apareciendo de la nada al lado de la guardiana.

-¡No hacen caso! ¡Se quedan allí como pasmarotes! ¡Mirando la jugada de Diggle! ¿Qué diablos hacen Sirius y Rose? ¡¿Bailar?!

-No sé lo que ellos hacen, pero sí que tú deberías parar la pelota. Y no lo has hecho. –James miró mal a Cath. - Preocúpate de ti, ya me preocupo yo de los demás.

James se elevó y echó un vistazo a su alrededor, los Hufflepuff celebraban el tanto, mientras Frank seguía a Alice gritándole advertencias y Sirius y Rose… en fin, no hacían ni el huevo. Se dedicaban a dejarse pasar el uno al otro y agradecerse cosas. Porque sí.

-Esto no va bien… -murmuró.

El partido se volvió más frenético y ambos equipos anotaban con demasiada facilidad. Contrariamente a lo que pensaban los Gryffindor, los Hufflepuff les estaban igualando el partido. Inexplicablemente Dedalus hacía una parada tras otra y cada una más espectacular que la anterior. Cath no se quedaba atrás. En ese momento, una voz femenina gritó por encima de James.

-¡SNITCH!

Alice se tiró en picado hacia el suelo con su escoba y James, saliendo de su estupor, se lanzó tras ella pisándole los talones. Ludo gritaba explicando la jugada del Amago de Wronski que estaba realizando Sanders cuando ésta se elevó maldiciendo y James, según palabras del propio Ludo "casi afeita el suelo".

-Se me ha escapado, la muy puta. –Decía Alice elevándose y mordiéndose el labio.

James, sudando frío, la fulminó con la mirada. Era una puta máquina. Si las cosas seguían así, iban a perder.

-¡Frank! –Exclamó. – ¡Tu deber como jugador del equipo era informarme de que Alice era un maldito problema!

-No lo sabía, nunca puedo ir a sus entrenamientos, coinciden con mis partidas de ajedrez… -respondió el aludido.

-Maldito friki! ¡Escucha! Hay que hacer algo… El partido tiene que acabar cuanto antes y yo no lo puedo acabar si me tengo que preocupar por todos. Es tarea de Sirius y Rose impedir jugadas, ¡y no lo están haciendo! ¿Por qué no lo hacen? –Gritaba con la respiración agitada. Mientras, Mullet anotaba otro tanto. -¡Aaaaaaggh!

-Si me permites, capitán, te diré que Black y Steward cuando se odian son felices, y si son felices, juegan mejor.

-¡Entonces hay que cabrearlos! –Exclamó James, dirigiendo la escoba hacia Rose. -¡Y te sugiero que cabrees rápido a Sirius porque Steward va a ir muy cabreada en cero coma! –Y, sin más puso rumbo a la posición de Rose.

-¡Eh, Steward! ¡Sirius va diciendo por ahí que tu hermana ha heredado toda la pechonalidad de la familia, además de la feminidad y el encanto! –Declamó James al lado de Rose. –Corre y mátale. ¡Vamos!

Rose levantó la mirada hacia su capitán, levantó su bate, lo besó, y arrancó a toda velocidad echando chispas y al grito de "¡Hijo de putaaaaaaaaaaaa!".

Por otro lado, Frank se había puesto disimuladamente al lado de Sirius y le soltó lo primero que se le ocurrió para cabrearle rápido (tenía que volver a cuidar de Alice…).

-Sirius, me he enterado de que Rosalie va diciendo que tu hermano Regulus es mejor que tú en todos los sentidos, y que está más bueno. Taluego. –Y Frank se elevó hacia Alice, dejando que un aura oscura rodease a Sirius.

Segundos después Sirius Black y Rosalie Steward se batían en duelo con sus respectivos bates mientras el juego continuaba a su alrededor.

-¡Maldito hijo de puta, cómo te atreves a decir eso de mí! –El bate de Rose chocó con fuerza contra el de Sirius. – ¡Eres un desgraciado! –Con el bate le bloqueó el paso a Troy haciéndole dejar caer la qaffle.

-¿¡Desgraciado yo!? ¡Desgraciada tú! ¡Me podía esperar esto de cualquiera, menos de ti! –Sirius golpeó una bludger que fue a parar a la cara de Mullet. –Mi hermano es escoria, ¡escoria! ¡Y tú dices que es mejor que yo! ¿Cómo te atreves?

-¡Pero, qué dices chalao! –Bramó Rose chocando de nuevo su bate con el de Sirius.

En ese momento se oyó el pitido de Hooch señalando falta y ambos miraron al suelo, donde Mullet sangraba copiosamente por la nariz.

-¡Eso es culpa tuya, mameluco! –Chilló Rose aporreando a Sirius.

-Déjame en paz y baja, maldita bruja! –Respondió el golpeado.

Hooch declaró falta a favor de Hufflepuff y pidió 3 minutos de descanso para la recuperación de Mullet.

Una vez tocaron todos el suelo, Sirius y Rose saltaron de sus escobas para encararse el uno al otro físicamente. Más.

-¡Qué! ¡Que te meto! ¡Que te hostio! –Bufaba Rose saltando para darle a Sirius en la cabeza mientras Cath la cogía por la cintura.

-¿Tú a mí? ¡Mosquita muerta! ¡Ven aquí que te parto la cara! –Gritaba Sirius mientras James le sujetaba los brazos.

-¡¿Qué ha pasado?! –Gritaba Cath -¿Por qué se quieren matar ahora? ¡Se estaban llevando bien!

-¡Tú calla y sujeta a Steward! –Chilló James aguantando el forcejeo de Sirius.

-¡NO! ¡Suéltame Cath, que lo mato! –Cath levantó a Rose en el aire y la giró, mientras ésta daba patadas y se debatía bufando -¡Espérame ahí, Black, que te voy a dar lo tuyo!

-¡Sé dónde vives! ¡Me he quedado con tu cara! –Exclamó Sirius.

James le dio una colleja en la cabeza y lo arrastró de la oreja.

-Eso no tenía puto sentido. ¡Sirius, necesito que me ayudes! ¡No podemos deshonrar al equipo! –Le chilló a la oreja que tenía sujeta.

-¡A la mierda la deshonra! –Contestó Sirius liberándose del tirón de orejas.

- ¡Pues vale! ¡Deshonra sobre ti, deshonra sobre tu familia, deshonra sobre tu equipo, deshonra sobre tu vaca, deshonra sobre el ginecólogo rumano!

Sirius cambió la expresión de golpe y bajó la cabeza y los brazos.

-¿Ginecólo rumano? –Murmuró abatido.

-Sí. Ginecólogo rumano. –Dijo James con determinación.

Ambos chicos volvieron al centro del campo donde se encontraron que Rose también estaba más calmada, canturreando algo en chino que sonaba como "namu dami tofu dáaaa…" (NdA: ¿No habéis visto Mulán? Pues a qué esperáis!). Mullet llegó también con la nariz violeta pero con ganas de guerra.

-A sus escobas. –Dijo Hooch. – Un tiro libre para Mullet.

Ambos equipos se elevaron de nuevo. Desde las gradas se hizo el silencio. Lily y Val miraban a Cath mordiéndose las uñas mientras que Remus y Peter miraban a Sirius y a James, que parecía que iban murmurando algo en voz baja, como un conjuro.

-No quiero mirar, no quiero mirar, no quiero mirar… Lily, ¿ha marcado? ¿Hemos perdido? ¿Cómo con Slytherin? ¡MIERDA! –Val picó con los pies al suelo, igual que media grada de Gryffindor, coreando el "¡Mierda!" de Val.

-No han llegado siquiera a los aros de gol. Tranquila… -Respondió Lily –No te alteres, no es bueno para tu estado.

-¿Qué diablos murmuran esos dos? –Se preguntó Remus.

-Pues mi lectura de labios a distancia me dice que, o bien dicen "mierda, no veo el palo" o… "ginecólogo rumano"… -conjeturó Peter. –Me inclino por lo primero.

-Eso no tiene sentido, Peter… -dijo Remus.

-Lo sé, ¡fuck logic!

Mas no sabía Peter cuán cerca estaba de la verdad, pues tanto capitán como golpeador se elevaban entonando por lo bajo la melodía de "ginecólogo rumano" (NdA: Abajo, junto con nuestro amor y buenos deseos para vosotros/as, os dejamos el enlace de dicha melodía que, sí, existe.) y acercándose a Mullet con la mirada fija en ella y murmurándole al oído, con amor…

-Ginecólogo rumano, ginecólogo rumano…

-¿Qué demonios os pasa? Me han pegado a mí con un bate, no a vosotros, tarados… -Protestó la cazadora.

-Ginecólogo rumano, ginecólogo rumano… -seguían murmurando.

-¡Mullet, lance! ¡No tenemos todo el día! –Gritó Hooch desde el centro del campo. –¡Vosotros dos, alejaos de ella!

Mullet se apresuró a lanzar la quaffle, pero era demasiado tarde, la melodía había calado hondo en ella, se puso nerviosa… y falló. El estadio gritó. Sirius y James se alzaron triunfales ahora sí cantando a voz en grito:

-¡GINECÓLOGO RUMANO, GINECÓLOGO RUMANO, GINECÓLOGO RUMANO, GINECÓLOGO RUMANO!

Los compañeros del equipo de Gryffindor empezaron a cantar con ellos, elevando la voz al cielo en un cántico de… ¿libertad… rumana? Rose miró a Cath con los ojos como platos y exclamó:

-¡Pero qué coño! ¿Qué mierda están cantando? –Cath negó con la cabeza y miró hacia las gradas donde Val se llevaba las manos a la cabeza y Lily tenía la mandíbula colgando. Remus y Peter se habían quitado las camisetas y las movían cual hélice por encima de sus cabezas mientras entonaban la canción a pleno pulmón.

-¡Ataca! –Gritó Cath a Rose - ¡Aprovecha el momento, va! ¡Los de Hufflepuff están igual de flipados que tú! ¡Venga merluzos, moveos!

Rose se dejó llevar por la emoción y su duende interior y empezó a golpear todo lo que se puso a su abasto. Los cazadores, Frank, Emily y Roger marcaban tantos como churros. En definitiva, el equipo de Gryffindor se vino arriba y estaba pletórico.

James estaba pletórico, pero era consciente de que tenían que acabar pronto con el partido, pues el momento "ginecólogo" no iba a durar mucho más (aunque Ludo Bagman lo cantaba de corazón por el megáfono de comentarista mientras McGonagall lo amenazaba con expulsiones varias). Se elevó observando críticamente el campo de juego, entre bludgers y jugadores, escobas y bates. Y de repente la vio, al otro lado del campo, esa bendita pelotita dorada, y la escena que tenía lugar ante sus ojos se ralentizó. A cámara lenta vio cómo volaban las bludgers entre los jugadores y cómo estos las intentaban esquivar soltando saliva y sudor con cada movimiento. Vio cómo Frank le pasaba la quaffle a Emily por debajo de su escoba. Vio pelos volando y oyó muy lejanamente el ensordecedor cántico rumano. Buscó a Alice con la mirada, levantó la vista y, tras la fugaz imagen de Dedalus pasando por delante del sol, sin escoba, la encontró a unos metros por encima de él. No le dio tiempo a preguntarse qué hacía Dedalus sin escoba, pues Alice ya exclamaba:

-¡SNITCH!

En ese momento todo volvió a tomar la velocidad vertiginosa propia de un partido de quidditch y ambos buscadores se lanzaron a por la bendita pelota dorada. Mientras James volaba, vio de reojo cómo Sirius cazaba a Dedalus al vuelo, pero no podía centrarse en eso. Tenía que atrapar la snitch. Se percató de que tenía a Alice justo encima de él y de que volaban a la misma velocidad. Alice estiró la mano derecha para intentar coger la pelota y, viendo la cercanía, James interpuso su mano apartando la de Alice del objetivo. Pero Alice no era tonta: le cogió la mano a James con fuerza impidiendo que se soltara. James se vio entonces obligado a soltarse de la escoba por completo y con la otra mano atrapó la snitch un milisegundo antes de caer al suelo arrastrando consigo a Alice.

Ambos rodaban por el campo, escobas incluidas, cuando una tercera figura se les unió al grito de:

-¡Cariiiiiiii! ¿Estás bien? ¡James, apártate de mi cari! –Frank levantó a James por el cuello de la camiseta y lo catapultó lejos de su amada.

En ese momento Sirius descendía con Dedalus a su espalda y el resto de ambos equipos tomaron tierra.

-¡James, tío! ¡Lo has conseguido! ¡Estamos en la final!

-Sirius… quiero saber una cosa… -Dijo James poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo -¿Qué diablos hacía Diggle volando sin escoba? En serio, ¿qué? ¡Por poco me desconcentro!

-Es que vi la quaffle tan cerca… y en verdad estaba tan lejos… cuando me di cuenta… no tenía ni quaffle… ni escoba. –Contestó el aludido. –Volaba, sin escoba… Qué flipe.

James negó con la cabeza mientras los gritos de Frank se oían por todo el estadio.

-¡Un médico! ¡Van Der Sex! ¡¿Dónde esta Van Der Sex?! –Frank sacudía a Alice por los hombros.

-Frank, para ya, me mareas. Estoy bien, no me he hecho nada… -Decía Alice.

-¿Cómo que no? ¡Tienes una brecha en la cabeza!

-¿Ah, sí? –Alice se llevo la mano a la sien y se notó el pelo pastoso. Al mirarse la mano, la vio llena de sangre. –Oh… -murmuró antes de desmayarse.

-¡ALICEEEEE!

-¡Y Gryffindor gana el partido! –La señora Hooch tocó el silbato.

*Cortinilla de estrellas*

Por la noche en la sala común se encontraban los chicos apoltronados en sendos sofás. James lucía un amoratado corte en la mejilla cortesía de Alice y su amoroso revolcón en pos de la snitch que Lily no dejaba de mirar con el ceño fruncido.

-Deberías ir a la enfermería y curarte eso. –Dijo.

-Bah, no es nada.

-En serio, deberías ir –Insistió la pelirroja –. Desentonas con los colores de la sala. –James hizo un espaviento pasota. -… Voy a por crema.

-Que no hace falta… -Protestó el chico.

-Que te calles. –Y Lily subió escaleras arriba.

Cuanto estuvo abajo se dedicó a aplicarle pomada anti-morados en el pómulo.

-Bueno, al menos hemos ganado. –Suspiró James dejándose mimar. –No como aquel partido…

La cabeza de Nick Casi-Decapitado apareció atravesando la mesilla que tenían delante.

-¿Te refieres al partido contra Slytherin que perdimos por un despiste de castigo? –Preguntó el fantasma.

-Eh, despiste y dos caídos. Y sí, hablamos de ese partido. –Respondió Lily.

-¡MIERDA! –Exclamó el fantasma intentando dar un puñetazo a la mesa y traspasándola en el intento. –Que alguien le dé un puñetazo a la mesa, que yo no puedo.

-¡MIERDA! –Exclamó la sala común al completo, dando puñetazos en toda superficie que estuviera a mano.

En ese momento apareció Rose por las escaleras, venía de ducharse y toda la sala se la quedó mirando.

-Mierda, mierda. –Se apresuró a decir golpeando la pared más cercana y se dejó caer en el sofá al lado de Cath. -¿Y la rubia?

-Acabando de despedirse, supongo, de los geranios, tal vez. –Respondió Cath. –Al fin y al cabo, mañana se va.

-Sí… mañana se va. –Suspiró Lily acabando de aplicarle la pomada a James. –No pensaba que fuese a llegar el día.

Lily se vio interrumpida por el repiqueteo de una lechuza en la ventana. Roger fue a abrir y la lechuza cruzó volando hasta posarse en la rodilla de Val, extendiéndole una carta con el pico en la que se podía leer "De Chrrris". La morena se levantó de un salto y, alejándose de la multitud, abrió la carta.

"Señorrita Canggle, nesesitio hablarr con usted urrentemiente, estoy en puertas castillo, venga inmediatamente.

Chrrris."

Val se quedó blanca y se fue de la sala común corriendo y sin despedirse de nadie, bajo la mirada preocupada de sus amigos. Minutos después cruzaba los terrenos del castillo hasta llegar a las verjas donde se encontró con el ginecólogo/peluquero de periquitos rumano, Chris.

-¿Qué pasa? ¡¿QUÉ PASA?! ¿Algo va mal? –Preguntó ésta angustiada agarrándose a la verja.

-Primero de todo: hola –Dijo el dr. Krum con un marcado, marcadísimo, acento rumano.

-Hola, hola, ahora dígame qué coño pasa.

-Usted es lo que pasa. ¡Usted no ha sido sincera conmigo! ¡Y a Chris no le gustan la falta de información! ¡A Chris le da igual su orientación sexual! ¡Le da igual si hombres, mujeres, peces, loros, caballos o ranas! ¡Pero necesita saber con qué se acuesta usted para saber qué es lo que se está gestando en su vientre! ¡Si usted no dice, Chris no sabe! ¡Y luego Chris se lleva sustos de muerte, como es el caso!

-Eh, pare el carro, que a parte de que me cuesta seguir lo que dice con su acento, no entiendo qué me está queriendo decir.

-Quiero decir –dijo Chris serenándose. –que si usted practica la zoofilia, ¡yo no lo voy a juzgar! Pero necesito ser informado de ello.

-¿Whaaat? –Preguntó Val – ¿Insinúa que yo practico la zoofilia con peces, loros, caballos o ranas? ¡De qué va!

-Lobos, para ser exactos. Y era su deber informarme de ello, porque uno no sabe y uno se asusta, y tiene que repetir pruebas, por cierto aquí tiene factura. –Val cogió el sobre que Chris le extendía y lo miró a él y al sobre repetidas veces sin saber qué decir.

-Oiga, le juro y le perjuro que yo solo he mantenido relaciones sexuales con mi novio. –

Explico la chica –Una vez. Sin protección porque él me dijo que controlaba y que la primera vez nunca pasaba nada –Val empezó a lloriquear.

-Oh, honey… -Dijo Chris poniendo cara de comprensión. – ¿Me dices entonces que nunca, nunca, nunca, has tenido relaciones sexuales con un lobo? –Val asintió.

-Ni siquiera he visto uno en la vida…

-Entonces, señorita, tiene usted un problema. Peludo. Porque si usted no me ha ocultado información, significa que a usted su pareja sí. Las pruebas detectan que lo que usted lleva dentro no es del todo humano –Val ahogó un grito –, y que comparte genética con los lobos. Y esto solo se puede dar por dos causas: o bien usted se ha trincado a un lobo, o bien uno de los dos, padre o madre, es un hombre-lobo. Como imagino que, si lo fuera usted, me lo habría dicho, deduzco que quien tiene el gen es el padre, es decir, su novio. ¿Me he explicado bien? –Val asintió con la cabeza y se dejó caer al suelo apoyando la frente en la verja.

-Usted comparte clínica con un huerto y una peluquería canina. Se le han contaminado las pruebas. –Afirmó la chica.

-Chris es un profesional, en todo lo que hace. Y dieciocho pruebas más tarde, le aseguro que no se ha contaminado nada. Los resultados hablan por sí solos. Es lo que hay.

-En el supuesto caso de que usted tenga razón, ¿qué es lo que viene ahora? –preguntó Val con un hilo de voz.

-Ahora viene discusión acalorada con pareja. Gritos y jarrones rotos. Y depende de cómo vaya, quizás un poco de sexo de reconciliación que puede tener sin protección, pues ya no hay nada que proteger. –Val fulminó al ginecólogo con la mirada. –Si se refiere a qué viene medicamente hablando, tengo que recomendarle encarecidamente que detenga el embarazo. –Val se llevó las manos al vientre –Tenga en cuenta de que su "hijo" no ha sido mordido, sino que ha sido engendrado, por lo que lleva el gen latente en su organismo, con la cual no sabemos cuándo puede manifestarse su "enfermedad". No hay casos documentados, al menos no que yo haya visto. Entiéndame, es un misterio. Es algo que usted puede evitar ahora, porque yo no tengo idea de qué puede pasar, ni cuándo se puede manifestar su naturaleza lico.

-¿Y podría llegar a averiguarlo? –Preguntó Val levantándose del suelo.

-Como he dicho, Chris es un profesional.

-Pues hágalo. –Dijo la morena con determinación. -E infórmeme. Ya hablaremos.

Val se dio la vuelta y enfiló hacia el castillo, dejando a Chris Krum con la capa hondeando al viendo dramáticamente.

Una vez hubo cruzado las puertas del castillo, respiró hondo un par de veces y, entre sollozos, decidió que era mejor hablar con Remus cara a cara y de una vez por todas, antes de involucrar a nadie más (y por nadie léase sus compañeras de habitación).

Así pues, a la mañana siguiente, y con la marcha de Sam, todas se levantaron mustias, por lo que no detectaron el mal humor de la morena.

Ya en el Gran Comedor, una vez estuvieron todos sentados, chicos y chicas incluidos, Sam llamó la atención de sus compañeros picando con su tenedor en la copa de zumo de calabaza.

-Atención, voy a hablar –Sam se aclaró la garganta –. Hermanos, hermanas, estamos aquí reunidos…

-¿Quién le ha conseguido un permiso para casar gente? –Preguntó Cath, Lily se encogió de hombros.

-¡Eh, eh! Rubia, que Val esté embarazada, no significa que vaya a casarme con ella. Aquí nadie ha hablado nada de nada, y menos de bodas, con nadie. –Sentenció Remus mirando a Sam.

-¿Hablar? ¿Quién ha hablado de hablar nada con nadie? –Siseó Val lanzándole una mirada envenenada a Remus

-¡Que os calléis! ¡Solo quería despedirme! ¡Jo! –Protestó Sam –De la mejor manera que sé…

-Oh, no, va a cantar –dijo Cath –. No cantes, por favor no cantes. –Suplicó la chica.

-¡Iros a la mierda! ¡Yo solo quería deciros que os quiero a todos, a los que os conozco os echaré de menos, y a los que no, desearía haberos conocido mejor… -Sam empezó a sollozar sonoramente –James… Tú… tú eres… tú eres… -James la miraba embelesado – el mejor capitán que hemos tenido nunca de quidditch, siempre nos has conducido a victorias, salvo en aquél fatídico partido contra Slytherin en el que… perdimos. ¡MIERDA! –La mesa de Gryffindor entera fue golpeada por todos los miembros de la casa en ella sentados. –Además… Llevas gafas… y te quedan bien –Se le rompió la voz al pronunciar el "bien" –. Es muy difícil que a alguien le queden bien las gafas… -James sonrió –Sirius… Tú… a ti… a ti te echaría 10 polvos diarios. Uno tras otro, tras otro, tras otro…

-Eso me ha llegado al alma… -contestó Sirius llevándose la mano al pecho. Rose y Peter bufaban.

-Peter… Peter… Peter… tú… tú –Sam parecía estar buscando las palabras adecuadas –Tú…

-Miradla, está tan emocionada que no puede hablar –Dijo Peter emocionado.

-Eso. –Concluyó Sam. –Remus, tío, nadie nos ha encubierto como tú, eres un prefecto guay, cuida de mi morena… ahora es tu morena… -Sam se sorbió los mocos. –Val… mi morena… -Val a esas alturas ya iba por su quinto kleenex –Yo a ti, todo, tía, todo. O sea… grande, joder, eres la puta ama joder, esos gestos de negrata chunga… -Sam chasqueó los dedos en forma de Z –Son la hostia, joder. –Val ahogó un sollozo y se sonó los mocos like a boss. –Rosalie, querida amiga, te quiero. Simple y llanamente, te quiero. –Rose se erizó –Sé que no te gustan las muestras de afecto, borde. Y Cath, mi boller… mi dulce y cremosa boller… bollito mío…

-Para el carro. –Dijo la aludida.

-Y solo me queda mi estimada, mi amada, mi gran, gran, gran…

-No. Calla. No lo digas, no quiero oírlo, no puedo. Me voy. No puedo. –Dijo Lily levantándose de la mesa. –No y no. No. –Lily puso rumbo a la puerta.

-Pero, Lily… -hipó Val entre bambalinas de kleenex –Sam se va… y solo quiere… despedirse… porque –Val iba agudizando la voz – no la veremos más… ah… -su voz se transformó en un sonido ininteligible y Rose le dio unas palmaditas en la espalda.

-Lo sé, lo sé. Ya lo sé. Y te prometo que me despediré de ti, Sam, estaré en la estación contigo, pero ahora no puedo. No puedo. –Y Lily cruzó la puerta.

Los chicos la vieron alejándose en silencio, Sam, estaba conmocionada.

En vista de que nadie de sus amigas íntimas seguía a la pelirroja, James pregunto:

-¿Nadie va a ir a consolarla?

Sirius le miro fijamente y luego repaso la mesa: Val, envuelta en kleenex mojados, Remus cabizbajo, Peter dándose un atracón de pato relleno de pollo, todo eso, dentro de un pavo. Era como ver a alguien comerse un corral. Rose y Sam hablando de los últimos detalles del viaje, vigiladas por una malhumorada Cath. El guapo moreno, cogió un bocadillo relleno de chopped y mientras le daba un bocado respondió a su capitán.

-No. ¿Por? – James suspiro ante la respuesta y se levanto a todo correr para buscar a Lily.

Cuando James se hubo ido, Rose fulminó con la mirada a Sirius, sentado casualmente delante suyo, y le espetó:

-¡Eres un insensible! – Gritó la castaña - ¡Estás viendo que todas estamos sufriendo amargamente por la marcha de Sam, y tú no haces nada por ayudarnos! ¡Pobre, pobre Lily! ¡Mírate, aquí, sentado, comiendo chopped, como un gordo seboso!

-¿Me llamas gordo a mi cuando Peter se esta comiendo un corral? – preguntó el merodeador alzando una ceja.

-¡Pero Peter es Peter! – exclamó Rose - ¡Deja ya ese puto bocadillo!

-¿Quieres chopped? – Preguntó Sirius - ¡Pues toma chopped! – exclamó alargando el brazo y restregándole el bocadillo por la boca a Rose.

-¡ ¿Pero que coño haces?! – escupió Rose, mientras escupía literalmente trozos de chopped - ¡Ojala tuviera granadas a mano para matarte, Black- decía mientras se limpiaba con la manga, mientras Sirius se reía – MATARTE! – En ese momento, en el centro de la mesa, apareció un plato de alcachofas hervidas, todavía humeantes.

-¿Alcachofas para desayunar? –Preguntó Cath –Qué humor más raro tienen los elfos…

Val daba arcadas entre montañas de kleenex y no vio el momento en el que Rose se lanzaba a por las alcachofas como si no hubiese mañana y le lanzaba una primera hortaliza a Sirius, a quien le dio en toda la cara, resbalándole lentamente hasta caer en su regazo.

-…Quema. –Pronunció el merodeador serenamente. –Mi cara… mi preciosa y hermosa cara… -Sirius alcanzó una alcachofa de otro plato y se la lanzó a Rose, quien la esquivó, dándole así a Cath en el pelo.

-¡A mí no me metáis en vuestras mierdas! ¡Maldita sea! –Gritó Cath cogiéndose la alcachofa del pelo y lanzándola al azar hacia atrás, dándole a Marlene que pasaba por ahí.

Remus se levantó, viendo la cara de la rubia alcachofada y su ira creciendo en ella.

-Haya paz, por favor, haya paz en la puñetera viña del Señor… Calmémonos y…

Y una alcachofa (seguramente lanzada por Marlene) le dio en el ojo derecho.

-Vale, se acabó. ¡GUERRAAAAAAAAA! –Exclamó limpiándose el ojo y cogiendo cuantas alcachofas le cabían en la mano. Lo propio hicieron los demás alumnos.

Y así fue cómo empezó la Guerra de las Alcachofas de Hogwarts, conocida posteriormente como GAH1*.

Mientras tanto, James había llegado a la biblioteca en pos de Lily. Pero no había rastro de la pelirroja en ninguna estantería, así que decidió preguntarle a la chica que estaba de encargada si por casualidad la había visto. La encontró sentada en la mesa de Pince, enterrada detrás de un libro de cine.

-Oye, disculpa, esto… buenos días. –James la premió con su más mejor sonrisa de galán, pero se llevó un chasco a ver que la chica (que llevaba el pelo teñido de lila) no dio signos de atracción algunos. –Sí, eh… ¿por casualidad no habrás visto a una pelirroja…?

-Lily no ha venido hoy. –Respondió la chica.

-Vale… esto… no tengo ni idea de cómo has sabido a quién buscaba, pero… -Decía James subiéndose las gafas.

-Si mi opinión buscas, en el castillo no la encontrarás. A Hogsemade ir debes. –Dijo Lory en tono sabio.

-¿Tú eres fan de George Lucas, no? –Preguntó el merodeador. – ¿Cómo sabes dónde está Lily?

-Un mago nunca revela sus trucos. –Declamó Lory escondiéndose detrás de su libro.

James dio la conversación (si es que podía llamarse así) por zanjada y, confuso, puso rumbo Hogsmeade.

*Cortinilla de estrellas*

Después de patearse todo el maldito y nevado pueblo, James encontró a Lily a las afueras, apoyada en una cerca observando la Casa de los Gritos en la lejanía con aire soñador. James se le acercó por detrás sigilosamente y se colocó a su lado.

-Hola –dijo él -¿Cómo lo llevas?

La pelirroja le miró pero no le vio, hasta que James alzó una ceja y, al volver la vista hacia la casa, exclamó:

-¡Tu puta madre, James! –Lily se llevó las manos al pecho inspirando fuertemente.

-Ya empezamos. Deja a mi madre en paz. –Dijo James cansinamente.

-Sí –contestó Lily recuperando el aliento –, ha sido el momento, lo siento. ¿Qué haces aquí?

-Buscarte. Siempre te estoy buscando. –Respondió James haciendo que Lily se sonrojara. – ¿Estás bien?

-Sí, ¿por qué no iba a estarlo?

-Ah, no sé, te has ido de un modo tan dramático que he pensado que no estabas bien. De ahí mi presencia aquí.

-Pues no me pasa nada, gracias por tu preocupación, pero ya te puedes volver. –Mordió la pelirroja.

-Déjate de historias, Lily, que nos conocemos de hace años. Al menos yo te conozco a ti lo suficiente como para saber que estás deprimida por la marcha de Sam. ¿A que no me equivoco? –Preguntó el merodeador guiñándole un ojo y acercándose más a la chica.

-Maldita sea, no hace falta que sigas recordándomelo –refunfuñó Lily alejándose de la cerca dándole la espalda a James con gesto digno.

-Eh, Lily –llamó James con tono conciliador. Lily se giró.

-¡Y ahora que qui…! –Una bola de nieve impactó contra la frente de la pelirroja tirándola unos pasos hacia atrás y mojándole la cara. James reía.

-¡Alegra esa cara, mujer! ¡Que no es pa tanto! –Dijo él jovialmente.

-Eres… un… ¡INFANTIL! –Bramó la bruja apretando los puños y roja de rabia.

-Oh, ¡soy un ser humano despreciable! –Exclamó el merodeador llevándose el dorso de la mano a la frente teatralmente.

-¡Y encima te burlas de mí! ¡Pues no lo paso! –Lily, mientras se acercaba a él, fue recogiendo pedacitos de nieve del suelo con ambas manos hasta crear una gran bola. -¡Siete años! ¡Siete años llevo aguantando tus memeces! ¡Quién te crees que eres! ¡Ya me tienes frita! ¡FRITA! –Exclamó finalmente Lily al llegar delante del merodeador, que se reía a mandíbula batiente.

Ni corta ni perezosa, Lily Evans le estampó la GRAN bola de nieve en la cara/boca. Se hizo el silencio. Lily se retiró un poco, furiosa. El resto de la bola de nieve que no se encontraba en la garganta del merodeador, se desprendió cayendo al suelo y dejando tras de sí la imagen de James Potter con expresión sorprendida, la boca abierta llena de agua-nieve y las gafas torcidas.

-… Jáh! –Exclamó Lily señalando al gafudo - ¡Pero qué cara más ridícula! ¡Ja! ¡Me muero! –Lily empezó a partirse el culo delante de James, quien seguía mirándola con expresión estupefacta.

-Me has pegado –No era una pregunta. –Has pegado a un chico con gafas –decía mientras iba escupiendo restos de nieve sucia y se colocaba las gafas –. No se le pega a un chico con gafas.

-No te he pegado, te he estampado, que es distinto. –Decía Lily mientras se aguantaba la risa.

-¡Semántica! –Exclamó el joven mientras Lily iba yéndose hacia atrás haciendo el moonwalk.

-¡Tú no te has visto la cara, ¿no?! Si la hubieras visto también te reirías…

-¡Pues yo me río de la tuya! –Bramó James.

-¿De la mía?

-¡SÍ! –Exclamó James cogiendo más nieve. -¡PUPETE! ¡PARA TÚ! –La bola estampóse en la cara de la pelirroja, tumbándola del golpe.

Lily se levantó directamente cargando con un montón de nieve que lanzó sin miramientos ni piedad. Pero el merodeador ya estaba prevenido y lo esquivó con facilidad al grito de:

-¡No tienes honor! –Grito que le arrancó una nueva carcajada a Lily.

Y a partir de ahí dio comienzo una amistosa guerra de bolas de nieve en la que ambos contrincantes acabaron empapados, rojos, jadeantes, exhaustos y, aunque ninguno de los dos lo admitiría, liberados. Tras tomarse unos cuantos minutos para recuperar el aire, James se dejó caer de culo.

-Se acabó. Tú ganas. –Jadeó.

Lily lanzó una exclamación de victoria y acto seguido se derrumbó y se arrastró hacia el merodeador.

-Gracias a Merlín, si no te hubieras rendido, creo que me hubiera desmayado. –Comentó la pelirroja riendo por lo bajo.

-¿No te hubieras rendido? –preguntó James alzando una ceja hacia ella.

-Jamás. Antes la muerte. Tengo hambre. Has perdido. Invítame a comer. –Dijo Lily incorporándose.

-Vale –canturreó el moreno –. Vamos a Merlin's –dijo levantándose.

-Ni hablar… Antes muerta que ir a ese antro mugriento e insalubre. –Replicó la pelirroja volviendo a tumbarse en la nieve.

-Sabes que podría arrastrarte. Y tal y como estás no me costaría…

-Pero yo he ganado. Vamos a Madamme Pudipié.

-Si hombre y qué más –Protestó James volviéndose a dejar caer en la nieve. –Ahí huele raro.

-Huele a limpio.

-Bobadas.

-Bueno, pues a dónde quieres que vayamos, que no sea Merlin's.

-¿Vamos al Cabeza de Cerdo? –Preguntó James volviendo a levantarse. Lily entornó los ojos, suspicaz. –Es eso, o cazar. Puedo cazar. Tú te encargas del fuego. ¿Qué te gusta más, ardillita mona o patito cuco?

-…Déjalo. Vamos a la cabeza esta.

-No te arrepentirás, te lo prometo –dijo James tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.

Mientras tanto, no muy lejos de ahí, el resto de la tropa iba camino Hogsmeade en silencio sepulcral salpicado por los quejidos de Remus.

-Tengo alcachofas hasta en los calzoncillos… -Los demás le ignoraron. –No, en serio, tengo el pene lleno de alcachofas. –Se lamentó el chico.

-Mejor, así no lo meterás donde no debes. –Rose miró mal al licántropo –Haberte duchado, cerdo.

-Lo he hecho, Steward, dos veces.

-A mí no me cuentes tu vida… La única vida que me preocupa ahora es la del profesor Fulgencio Trolldad, que se ha ido muy indignado del comedor… y muy cubierto de alcachofas… ¿Creéis que estará bien? –Preguntó en general.

-Por la forma en la que se ha ido… No. –Dijo Sirius alentador.

-Pues qué bien… y otra cosa, ¿alguien me explica por qué todos llevamos una maleta de Sam… menos Sam? –Preguntó Cath. La aludida soltó una risita.

-Es mi último día, qué os cuesta llevarme las cosas… -Los demás suspiraron.

Hay que mencionar que durante el trayecto, Peter había estado revoloteando alrededor de los chicos tocando cosas con un palo.

-¡Eh, chicos, mirad! ¡He encontrado una serpiente muerta! –Exclamó a un lado del camino.

-Muy bien, Peter… -farfulló Remus –Steward, ¿qué diablos te pasa conmigo? –Exigió saber.

-A parte de que has preñado a mi mejor amiga… y que has preñado a mi mejor amiga… a ver, déjame pensar… ¡has preñado a mi mejor amiga! –Exclamó la chica - ¡caraculo!

Val suspiró mirando al suelo y Remus iba a decir algo cuando…

-¡NO ESTÁ MUERTA, NO ESTÁ MUERTA! –Bramó Peter corriendo camino abajo hasta perderse.

-… Nunca lo había visto correr tan deprisa… -Comentó Sam.

-Yo sí –afirmó Sirius –. Llegaba tarde una mañana y se iba a quedar sin desayunar.

-Vamos a ver Steward, ya estoy un poco harto –masculló Remus retomando la conversación –. Sí yo tengo parte de culpa, pero ella también. Fuimos dos. Si no, se llamaría violación, y no es el caso. No es la ilusión de mi vida, pero me considero una persona responsable así que no me queda otra que hacerme cargo del "churumbel". Porque Val lo quiere así, y si el niño está en la vida de Val, yo también, así que o me toleras… o me toleras. Basta ya de tanto ataque, que el que le va a cambiar la caca, soy yo.

Rose bufó por lo bajo, pero no replicó y avanzó para reunirse con Sirius y Sam, dejando solos a Remus y Val.

-Bonito discurso –dijo ésta.

-Le he dicho la verdad, lo que le tenía que decir.

-¿La verdad? ¿Toda la verdad?

-¿Qué quieres decir? Oh, no. ¿Son gemelos? –Preguntó Remus haciendo broma. Val no se rió. –Vale, no te ríes. Qué pasa.

-Ahora no es el momento ni el lugar, pero tú y yo hablaremos cuando Sam se haya ido. –Dijo Val mientras se apresuraba para alcanzar al grupo. Remus se estremeció.

*Cortinilla de estrellas*

Lily y James estaban sentados en un sofá de Cabeza de Puerco, digiriendo la copiosa comilona que se habían metido entre pecho y espalda, mientras se tomaban un chocolate para rematar.

-James… has cambiado. Llevo días pensándolo y creo que mereces que te lo diga.

-¿En qué sentido? –Preguntó el chico.

-Pues… no sé… no te ofendas, ¿vale? Pero creo que esto de la muerte de tus padres… -James hizo un mohín –te ha hecho madurar.

-Bueno, supongo que el hecho de que un día tengas padres, y al día siguiente no, pues le cambia a uno el mundo… Y ves las cosas de otro modo, ojala no tengas que experimentarlo nunca. Además de que si dicha muerte pasa en las circunstancias en las que ésta ha pasado… pues… peor. –James le dio un sorbito a su chocolate.

-¿Y cómo lo llevas? –Quiso saber la pelirroja.

-Pues bien… a ver, no… Pero recientemente me he puesto en contacto con el representante del ministerio de asuntos extranjeros italiano, el Sr. Lippi… Ya que Dumbledore no quiere decirme nada al respecto de la muerte de mi padre, y desaparición del cuerpo de mi madre… por algún sitio tendré que sacar la información… De momento no tiene nada concluyente, pero me ha prometido que en cuanto sepa algo, me lo hará saber, cosa que es mucho más de lo que me ha dicho y me dirá Dumbledore.

-No se lo digas a nadie, pero yo en tu lugar, habría hecho lo mismo. –James la miró sorprendido. –Incluso por mi hermana. Todo el mundo tiene derecho a saber el por qué de las cosas y más si se trata de tu familia. Así que, en cierta manera, te comprendo. Te apoyo en esto, James.

James, que se vio sorprendido por la respuesta sincera de Lily, dejó su chocolate en la mesita, le cogió el suyo a Lily de entre las manos y lo dejó también en la mesita. Con un rápido movimiento se acercó a ella, le pasó el brazo por la espalda y la atrajo hacia él, besándola repentinamente. Lily, sorprendida, abrió mucho los ojos, cerró la boca y alzó una mano amenazadora, como gesto reflejo. Tras un par de segundos, pero, relajó la mano y la apoyó en la nuca de James, cogiéndolo del pelo, y correspondiéndole el beso. James, envalentonado por la reacción de Lily, hizo el intento de recostarla para quedar encima de ella en el sofá. Pero la pelirroja tenía otros planes y, dejándose llevar, se sentó a horcajadas encima de un entusiasmado James.

Podrían haber pasado minutos, horas o incluso días. Pero lo que sí pasó fue el tabernero (NdA: que todo el mundo sabe quién es… y si no lo sabe… es un mal fan... ¡Desprecio… desdén…!). Con unos ligeros golpecillos en la cocorota de James desde detrás del sofá consiguió que la pareja se separase el tiempo suficiente para reclamar su atención.

-Ejem… -carraspeó –Arriba tengo habitaciones. Lo que también tengo es una política estricta acerca del exhibicionismo en mi local. –El hombre se dio la vuelta y se encaminó hacia la barra.

Lily, avergonzada, se apresuró a bajarse del regazo de James y, sonrojada, cogió su chocolate como movimiento reflejo para mantenerse ocupada y le dio un sorbo.

-Vaya, este chocolate está frío… -Dijo abstraída. –Este chocolate está muy frío. ¡¿Qué hora es?! –Se sobresaltó de pronto cayendo en la cuenta de lo que eso significaba.

-Pues eh… las 17.48 según el reloj de la pared… -dijo James sin comprender, apenado por la reacción evasiva de la chica.

-¡MIERDA! –Bramó la pelirroja -¡El tren de Sam sale a las 6 en punto! ¡Y está en la otra punta del puñetero pueblo! –Lily se levantó de un revuelo, cogió su abrigo, su bolso y a James de una oreja y salió corriendo del local.

Ya en la estación, Remus y Sirius acababan de subir las innumerables maletas de Sam mientras ésta picaba con un pié impaciente en el suelo.

-¡¿Dónde está?! ¡¿POR QUÉ no está aquí?! –Gritaba.

-Tranquila, llegará… -La tranquilizaba Val. –Te lo ha prometido, es Lily.

-¡Black! ¡Código rojo, código rojo! –exclamó Rose. –Pettigrew está intentando sabotear la marcha de Sam, ¡otra vez! ¡Está encadenándose a las vías!

-¡Ya está bien, Peter, táte quieto! ¡No quiero tener que repetírtelo más! –Gritó Sirius desde el vagón -¡No me gusta que mi voz suene así!

Peter empezó a desencadenarse lloriqueando.

-Que no llegan, Val, que no llegan. –Farfullaba Sam.

-Preocúpate de Peter, está intentando matarse para que no te vayas… -repuso Val.

-¡Me da igual! ¡Que se mate! ¿Dónde está Lily? –Lagrimeó la rubia –Por cierto, Cath, ¿tú no me piensas decir nada? Rose y Val ya me han prometido que me escribirán y tal… -Cath la miró con ojos fríos y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. -Bueno, da igual… yo te quiero. –Declamó Sam firmemente.

El tren dio un pitido de última llamada, momento en el que Sam empezó a subir las escaleritas de su vagón.

-Bueno… pues… adiós… deseadme suerte.

-No, un adiós nunca… -lloriqueó Val –un hasta luego, solo un hasta luego… -Empezaron a caerle lágrimas por las mejillas.

-¿Quieres que le digamos algo a Lily de tu parte? –Preguntó Rose viendo que Lily no llegaba.

-Sí, que sea puntual y que es una zorra. –Siseó Sam.

Peter lloraba agarrado al brazo de Sirius. Éste y Remus se despidieron con dos besos de la rubia deseándole toda la suerte del mundo y haciéndole prometer que serían los primeros en recibir sus autógrafos.

El tren comenzó a moverse poco a poco y Sam, ya en su vagón, se asomó por la ventana, con un pañuelo anudado a la cabeza y haciendo gestos de despedida con la mano.

-Ya se va –Le dijo Val a Cath mientras el tren se alejaba lentamente. –. Te vas a arrepentir… -Rose asintió con la cabeza varias veces.

-Se va… -Dijo al fin Cath. –Se va. Se va… -Cath empezó a andar por el andén, siguiendo el tren con paso apresurado –Se va… ¡que se va! ¡QUE SE VA! –La chica echó a correr siguiendo la ventana de Sam -¡SE VAAAA!

Sam se soltó el pañuelo y, dramáticamente y con lágrimas en los ojos, lo soltó al viento, haciendo que éste fuera a parar… a la cara de Cath, quien tuvo que detener su persecución. Quitándose el pañuelo de la cara y con semblante apenado, dijo:

-Se fue.

En el momento en el que la rubia puso la vista al frente, vio una mata de pelo roja bajando por la ladera de la montaña, que iba en paralelo a las vías del tren, esquivando árboles y ramas y gritando cosas ininteligibles.

Sam, en señal de despedida, le levantó los dedos corazón de ambas manos mientras el tren se perdía en la lejanía.

-¡RUBIAAAAAAAA! –Bramó la mata, dejándose caer al suelo entre hojas y matojos. James llegó a su lado sorteando los mismos árboles y le acaricio el pelo a Lily. -Esto es culpa tuya… -Sollozó.

-Está bien –dijo James levantándola del suelo –. Vamos con los demás, anda.

Cuando se reunieron con los chicos en el andén, Lily se abrazó a Cath que aún sostenía el pañuelo de la rubia.

-¿Ha dicho algo de mí? –Preguntó Lily mientras se sorbía los mocos.

-Eh… sí… que seas más puntual y que eres una zorra –Respondió Rose lacónicamente.

-Ya… me lo merezco… -Sollozó de nuevo.

-Eah, eah, se le pasará… -La consoló Val. –Volvamos al castillo, que parece que va a nevar.

Durante la marcha hacia el castillo, efectivamente, empezaron a caer copos de nieve que, de momento, no llegaban a cuajar. Los chicos, dándose prisa, echaron a correr por el camino, pero Val, debido a su estado, se iba parando. Y Remus con ella. De esta forma y poco a poco, se fueron alejando de los demás hasta que, por fin, los perdieron de vista. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Parecía que ninguno de los dos estaba dispuesto a hablar con el otro. Hasta que, finalmente, Remus rompió el hielo.

-Bueno… querías hablar. Habla. –Dijo –Tu silencio me está matando.

-Yo no soy la que debería hablar. Creo que tú deberías contarme esa verdad de la que tanto hablas. Y creo que tienes para mucho rato.

-No comprendo.

-No te hagas el tonto, Remus. Yo ya sé la verdad. –Dijo Val deteniéndose.

-¿Te has vuelto loca? ¿Pero de qué verdad estás hablando? ¿Te encuentras bien?

-¡BASTA YA! –Exclamó Val.

-No, basta ya tú, que no tengo ni idea de lo que me estás hablando. Si no quieres hablar, sigamos caminando.

-Sí, no vaya a ser que nos pille la luna. Oh, espera, hoy eso no sería un problema, no hay luna llena. –Dijo Val sarcásticamente. Remus perdió el color de la cara.

-¿Qué has dicho?

-Lo que has oído. –Contestó Val cruzándose de brazos.

-… ¿desde cuándo lo sabes? –Se rindió finalmente Remus.

-Desde ayer noche. –Contestó Val – Resulta que las pruebas han dado un resultado muy alarmante al igual que inesperado. Según el Dr. Krum, lo que llevo en el vientre no es humano del todo, puesto que lleva un gen lupino. Como ya sabrás, el gen lupino se transmite de dos formas: Una, mordedura y dos, genética parental. Dado que dudo mucho que alguien haya mordido al feto sin que yo me diera cuenta y de que yo no soy una mujer-lobo… La única respuesta lógica posible es que…

-Lo sea yo –concluyó Remus mirándola a los ojos. –No sé por qué no se me pasó por la cabeza esta posibilidad…

-¿Eso es lo único que me tienes que decir?

-¿Qué más quieres que te diga? Si ya lo sabes. ¿Qué esperas que te diga? ¿Cariño, soy un hombre lobo y le aúllo a la luna llena?

-Eres un hijo de puta, Remus. –Éste se quedó parado.

-¿Por qué? ¿Por ser un hombre lobo? –Preguntó Remus con tono dolido.

-No, por que eres tan cobarde como ser humano, que no has tenido valor ni confianza para decirme que te afectaba algo tan grave y que, a parte, es congénito. Sabes que el bebé va a ser medio lobo, sabías que había esa posibilidad y que eso puede acabar con mi vida, y aun así no fuiste capaz de decirme nada. Por eso eres un hijo de puta.

-Bueno, pues ahí lo tienes –dijo el chico exasperado –. ¿No tenías ningún motivo para abortar? Pues ya lo tienes. Yo no lo quería, y ahora tú, tampoco.

Val le dio una bofetada. Remus, trastabilló y se llevó una mano a la mejilla.

-¿Sabes qué es lo mejor, Remus? Que aun así no lo voy a hacer. Voy a seguir adelante.

-No puedes hacerlo, simplemente, no puedes. Es peligroso, tú misma lo has dicho, ¿y si eso acaba con tu vida?

-Y si eso acaba con mi vida… bueno, pues tendrás que vivir con ello.

-No. Puedes hacerme responsable de muchas cosas, pero no de eso. Puede que sea un monstruo, pero no soy un asesino. No voy a formar parte de esto si decides seguir adelante. No voy a apoyar una decisión que pueda conducirte a la muerte.

-Lo hiciste en el momento en el que decidiste no confiar en mí.

-Entonces, vas a seguir adelante.

-Sí.

-Pues será sin mí. –Remus puso marcha de nuevo hacia el castillo sin mirar atrás.

NdA: ¡Al fin! ¡Se hizo el final! ¡Al fin! Madre… tardamos la vida en escribir… Ya estamos embarcadas en el próximo capítulo pero no aseguramos que podamos subirlo antes de que nuestros hijos (que aún no existen) sepan caminar… En serio, intentamos escribir siempre que podemos, pero ya no vamos a clase juntas y nos es difícil encontrar el momento y coordinar horarios. Esperamos que os haya gustado.

Lamentablemente la PD2 del anterior capítulo queda pospuesta hasta el siguiente… Ejque una se pone a escribí… y se olvida y escribe y… T_T

Con respecto al título… al ir a subir el capítulo, nos dimos cuenta de que no tenía título… no se nos ocurría nada y… Chop Suey. WAKE UP.

Próximamente, y ahora en serio, veremos cómo es Remus a la luz de la luna y presentaremos a nuevos personajes. Dos. Ya no decimos más *Nina y Anastassia huyen haciendo la croqueta*.

Besitos y arco iris para todos!

1 Del evento GAH hablaremos más adelante, puede que hagamos un capítulo especial.