Yuri! On Ice no me pertenece, uso sus personajes sin fines de lucro.


Solo uno


El aliento se mezclaba, no importaba el sabor de la boca; pues no tenía sabor a tabaco y más bien era de otras sustancias que podrías encontrar en los cigarrillos de cajetilla barata.

Una marca que suele comprar Otabek para calmar su ansiedad. Es algo que detesta Jean, pero que no lo dice de forma abierto por obvias razones, ya que significa ganarse una mirada de reproche del morocho y una ley de hielo que no podría lidiar.

Solo tenía que concentrarse en besarlo, de gustar el movimiento de sus labios y sentir las manos frías recorrer su espalda.

Otabek siempre está frío, no importa si usa su chaqueta de cuero o su bufanda dándole un aspecto de chico malo con sentido del gusto. Sabía que se moría de frío en fin de cuentas.

—Jean—tragó en grueso al escuchar su voz.

— ¿Sí?

Eran pocas las palabras, las miradas y las expresiones eran las que contaban todo.

Son la invitación de querer ser más, de fundirse entre ellos.

.

.

.

Jean despertó de ese sueño, ¿Por qué le pasa esto? ¿Es normal? Bueno, en teoría sí, no ha hecho mucho uso de su libido y desde que fue de vacaciones a su tierra natal, ha tenido sueños extraños referentes a Beka.

Pero es la primera vez en la que sueña de esa forma, de una manera más que "amistosa". Se siente avergonzado de eso y más por la carpa que está en sus calzoncillos.

¿En qué está pensando?

¿Era bueno pensar de esa manera?

Claro que no, había rechazado a Otabek antes que pudiera confesarse formalmente con él. Y ahora sufrir de ese cambio repentino de sentimientos lo hacían sentir de la mierda.

No tenía sus antidepresivos o un buen cigarro que lo alejara de esos pensamientos.

¿Por qué en ese momento?

¿Por qué no puede esperar?

Las cosas no salen como él quiere, ahora parecería que quiere sacarse la espina que le dejo Isabella con otra persona si lo exponía.

Respiró en hondo, debía de calmarse, si seguía viendo por ese mismo camino estaba seguro que al final caería y ya no sería el rey de su vida.

Solo son amigos...

El frío ha dejado de estar presente en la ciudad, la primavera se ha dado paso con un cálido sol, los arboles poco a poco vuelven a recuperar su color verde, JJ lo nota por sentir el calor primaveral en su rostro durante su camino en la escuela. El autobús lo deja en la parada y camina solo unas cuantas cuadras antes de llegar. Tenía tiempo suficiente para hacerse una imagen mental para reacomodar sus ideas antes de verlo en la puerta principal.

—Buen día—era una rutina.

Un ritual que los conectaba, aunque ese día solo vería como por una hora en la escuela y directo a la casa de Beka para el próximo proyecto de geografía. Debía de seguir con la farsa, ha sido muy bueno con eso, pero el morocho ha logrado descifrarlo.

¿No será eso?

Sin tener máscaras de por medio, sin sus múltiples capas y antifaces que lo cubran lo hacen sentir desnudo ante los ojos de Otabek; también eso lo intriga y apasiona.

— ¿Te pasa algo? —la voz gruesa de Altin lo despierta de sus pensamientos.

—Nada, me desvele nada más…

Otabek alzo la ceja y bajo la mirada calvándose en un lugar— ¿Seguro?

JJ se cubrió la muñeca con algo de vergüenza—Lo estoy, no ha sucedido nada malo—tenía las mejillas rojas.

Más que nada por la vergüenza, las cicatrices seguían ahí y aunque las cremas ya surtían efecto para desaparecer el rastro que hubo; seguí sintiendo el ardor de las heridas, de haber cometido una estupidez que por suerte, no llego con su objetivo.

Los pensamientos de Jean se disiparon cuando sintió una mano en su hombro, luego tenía la cara de Altin muy cerca de la suya…

—Eso espero, Leroy.

—Cla-claro.

Los cambios eran cosa común entre ellos, pero de igual forma suelen ser impredecible. Otabek sabía que si tenía que proteger a Jean de él mismo debía de estar lo más cerca posible; no importaba si se moría de vergüenza o tenía el rubor corriendo de oreja a oreja.

Lo tenía que salvar.

Se lo debía.

―Te veré en el almuerzo…

― ¿Qué? ¿No vas a estar con Yurio?

―Yura se fue, por lo general esté bimestre falta más, por lo del baile y el patinaje.

― ¡Ohh! ¿Y Seung?

Beka se acercó más, ignorando la incomodidad en los ojos de Jean― ¿Acaso te molesta que estemos solo nosotros?

― ¡No! No, como crees… Es solo que se me hace raro.

― ¿Raro?―alzó la ceja.

―Sí, aunque no debería de pensar eso, tú y Seung no son tan unidos…

Beka la medito un poco, la verdad es que durante esa temporada ambos pasaban más tiempo juntos ya que no tenían nada mejor que hacer, pero ahora Seung estaba un poco ocupado si eso se le podría decir que le "ayuda" al pasante de informática. Suspiro en bajo.

―Se encuentra algo… indispuesto.

― ¿Ligando con Phichit?―Otabek asintió― ¿Sabe que no le hará caso?

― ¿Cómo estás seguro?

―Solo supongo que se esperara hasta que se gradué para darle una respuesta.

El timbre sonó y ambos fueron a distintas clases, Otabek se acomodó en el pupitre y observó como el viento jugo con las ramas verdes de un árbol. Primavera era en fin de en cuentas, faltaba unos cuantos pasos para graduarse, el futuro se veía demasiado incierto desde que Jean arribo a su vida.

¿Qué pasaría con él?

¿Qué pasaría con ellos?

Bueno, no es que ambos estuvieran lejos el uno del otro, Jean ya le había confirmado que estudiaría en la ciudad, pero ¿cómo estaba seguro que nada cambiaría? ¿No serían como las esas personas que conoces durante la preparatoria y aunque vivan en la misma ciudad ya no sabes más de ellos?

¿Cómo sabría si las cosas terminarían así?

¿Enterarse en el rencuentro que Jean había muerto?

Era una duda que hacía darle vuelta a su cabeza, pero aun podía, quedaba algo de tiempo para cambiar algo las cosas, hacer recuerdos y tener un cacho más de Jean antes de dejarlo ir al olvido.

Un olvido que desea nunca llegar.

.

.

.

El tic-tac retumbó en sus oídos como si fuera un viejo motor, nunca estuvo tan atento a ese reloj colgado en el salón, y más por tener la presencia de cierta persona a su lado.

Está vez ambos se quedarían solos, completamente solos. Su mamá ha regresado al trabajo y le ha dicho que llegara de noche; su hermana le ha comentado que se quedará en la casa de una amiga.

Nadie interrumpiría, solo estarían los dos.

¿Cómo podría calmarse?

Se había sentido más centrado cuando Jean se comportaba de manera normal con él, pero la interacción que tenía con él parecía haberse desplomado, Jean ahora parece más nervioso al estar a su lado.

No es tonto como para no darse cuenta.

Se nota a lenguas durante las veces que se lo encontró en el receso y en el almuerzo improvisado que tuvieron en el jardín. Algo anda mal, ¿será que ahora lo pone incomodo? Eso sería demasiado absurdo, incluso pensó que habían tenido un lazo más fuerte con el hecho de ir a ese musical.

La campana sonó, despertó de sus pensamientos por un codazo de Jean indicándole que lo vería en la casa, apenas lo percibió y no pudo detenerlo para ofrecerle llevarlo. Leroy se había ido sin más.

Altin arranco su moto y cuando llego a su casa, el canadiense ya esperaba en la puerta principal de la casa; no se dirigieron ninguna palabra durante ese tiempo…

Silencio en la llegada.

Silencio en la casa.

Silencio en la habitación.

Era como volver a ese principio, sintió haber perdido todo lo que había rejuntado y volvieron a ser esos viejos conocidos desconocidos, pero cada vez que intento alegar para formar una conversación, apretaba los labios y nada salía ¿Y si era algo de Jean? ¿Algo que deseaba ocultarle? ¿Algo que aún no le podía contar?

― ¿Te ocurre algo?

―No, solo que…

― ¿Qué?―Jean le sonrió.

Beka le devolvió la sonrisa, ¿tal vez solo estaba nervioso?―Bueno, hay mucho silencio.

―Eso también pensé ¿no hay nadie más?

―No, ¿Te molesta si pongo música?

―Tu sabes que no―exclamó con algo de burla.

Beka estiró el brazo para prender el radio, quedo demasiado cerca del canadiense, más de lo que hubiera pensado ¿siempre tuvo unos hermosos ojos marinos detrás de esos espantosos lentes? Sabe que sí, siempre los tomo como algo importante, pero ahora se notan más que antes.

El aliento es muy cálido y sus narices se rozan tan solo un poco, ninguno se ha movido, ambos analizan sus facciones; empiezan por los ojos y terminan con los labios, es algo que se antoja a los dos por diferentes razones.

Uno por enamorado y otro para saber lo que ocurre en su cabeza.

Solo uno.

Un beso cambiaría la diferencia entre los dos.

Avanzaban despacio sin perder la vista de lo que querían hacer, no habría nada que los separaría de evitar besarse…

― ¡¿Beka, has visto mi… cepillo?!―Aiman se sonrojo.

Jean se ocultó detrás de su libro, se acomodó los lentes y guardó sus cosas con una velocidad increíble― ¡Adiós, Otabek!―se despidió de forma atropellada, salió de la casa con la cara roja y no miró atrás.

En cambio, Otabek estaba recostado en la cama con su rostro ocultó por sus manos ―Siento haberlos interrumpidos―se disculpó con cierta incomodidad.

Cerró la puerta, sabía que ahora su hermano entró en un conflicto y se fue a buscar el cepillo maldiciendo en kazajo haber abierto la puerta… Otabek bufó, gruñó y se sonrojo, tenía la mente un manojo de emociones que no podría digerir, estaba seguro que esa noche no dormiría.

Beso.

Besar.

¡Se besaron!

¡REALMENTE HUBO UN MALDITO BESO!

Si no fuera por su hermana, aseguraría que lo que acababa de ocurrir fue uno de sus tantos sueños, pero era tan real como el ardor que aun sentía por el contacto de los labios de Jean.

"¿Ahora qué pasará con nosotros?"

Volvió a pensar Otabek, por sentirse tan feliz como roto.


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