(A/N): Este capítulo está sin revisar y son las 4 de la madrugada donde vivo así que si ven algún fallo o incoherencia estaré encantada de corregirlo después de dormir xD
Joder, esto es nuevo. Y no me refiero a lo obvio: a la ausencia de lápiz de labios, de perfume dulzón, de piel suave… de hecho, tiene un poco de barba incipiente que me está raspando alrededor de mi boca. No, no me refiero a nada de eso.
Me refiero a lo que me hace sentir.
No siempre disfruto besando a alguien, a veces hay demasiado intercambio de saliva y se vuelve como una obligación, no sé si me explico. Supongo que depende de quien te bese y de lo mucho que te guste la persona. Alguna vez he tenido que fingir cierto entusiasmo, todo para poder llegar a la mejor parte, que viene después de tanto beso. Sin embargo, en estos momentos solo estoy concentrado en el ahora, en el presente. En los labios de este chico y en lo bien que se acoplan nuestras bocas.
Mi cabeza se inclina ligeramente, todo lo que me permite este ángulo tan incómodo. Quizás hayas empezado tú todo esto, Eren Jaeger, pero te aseguro que yo lo voy a terminar.
Retiro la mano que sujeta mi barbilla para tener más libertad en mis movimientos. Mi cuerpo se acerca hacia el suyo, a pesar de estar clavándome la palanca de cambios en el muslo, mientras que continúo succionado su labio inferior. Eren intenta profundizar el beso, paseando su lengua por mis labios, pero lo único que recibe es un suave mordisco en los suyos.
Suelta un jadeo, sorprendido ante mi actitud y se separa ligeramente de mi rostro.
—Esa por ladrón —mi voz suena algo más ronca de lo habitual y no puedo evitar mirarlo divertido mientras succiona su propio labio.
—Llevaba toda la tarde queriendo hacer eso —se defiende—. Si te pregunto seguro que me lo ibas a negar.
Su sonrisa ilumina su rostro y sus brillantes pupilas me miran como si acabara de desenterrar un tesoro. Mi mano continúa acariciando su pelo, dejándolo hecho un auténtico desastre, que se peine después, ahora mismo estoy demasiado ocupado.
—Quizás —mi respuesta viene acompañada de un nuevo beso, uno que no se espera en absoluto.
Eren se sorprende debido a la agresividad con la que he juntado de nuevo nuestros labios y de lo firme que mantengo mi agarre en su pelo. Realmente estoy disfrutando con esto, sin más, solo con besarlo. Decido profundizar un poco más, siempre llevando el control, introduciendo mi lengua en su cálida boca y buscando la suya para jugar con ella.
Ahí es cuando empieza la lucha, Eren no se muestra tan sumiso como esperaba y yo no pienso ceder tampoco. Nuestras lenguas se enredan, mezclando nuestra saliva, explorando la cavidad del otro, peleando por dominancia…
Eren besa muy bien, al menos en ese aspecto no tiene nada que envidiar a las chicas con las que he hecho esto mismo. Detesto comparar, pero es inevitable, más aún en un caso como este, en el que me estoy cuestionando si me excita lo mismo que una mujer o si existe algo nuevo, diferente.
Por ahora solo puedo definirlo como intenso, muy intenso. ¿Cuánto tiempo llevo sin besar a alguien?. Mejor, ¿cuánto hace que no disfruto de esta forma al besar a alguien?.
No lo sé y ahora mismo tampoco me importa, solo quiero beber de sus labios. Es como si los míos, tan sedientos, hubieran descubierto el manantial con el sabor más adictivo del mundo. El calor sube hacia mis mejillas tiñéndolas de rojo, no sé si me estoy sonrojando por el súbito calor que hace en el coche o por mis pensamientos.
La necesidad de oxígeno hace que separe mi rostro del suyo. Mi respiración suena entrecortada y empiezo a ser consciente de que la sangre ha dejado de circular por la pierna donde tengo incrustado el freno de mano del auto. Aún no comprendo muy bien por qué he sentido el impulso de besarlo con tanto entusiasmo, pero me tranquiliza ver la expresión de Eren. Tiene una mirada de atontado que me resulta cómica y tierna a la vez.
Esta a punto de abrir la boca cuando un estruendo hace que nos quedemos paralizados en el sitio. Giro mi cabeza hacia el cristal. ¿En qué momento a empezado a llover de forma torrencial?.
Un relámpago ilumina fugazmente nuestras facciones y los regueros de agua caen a lo largo del parabrisas, ocultando la visibilidad hacia el exterior.
—Debería volver antes de que empeore la carretera —murmura con fastidio sin quitarme los ojos de encima.
A pesar de sus palabras, la cercanía de sus labios me indica que desea todo lo contrario.
—Si, deberías —contesto sin dejar de acariciar su pelo.
No puedo evitarlo, no sé que me pasa. Me vuelvo a inclinar para enlazar nuestras bocas de nuevo, no quiero acabar esto, todavía no.
Durante unos minutos nuestros labios no dejan descanso a los del otro. Besando, succionando e incluso mordisqueando esa carnosa piel. Nuestras lenguas continúan con su caótica danza. A veces frenética y otras veces más pausada, como una seductora invitación a fusionarse entre sí. Nuestras manos acarician la piel de nuestros rostros, dibujando el contorno y perdiéndose entre una mata de pelo negro y castaño.
No sé muy bien como funciona con las mujeres, pero cuando un hombre besa así, la sangre acaba descendiendo inevitablemente a una zona específica de su cuerpo. Justo cuando empiezo a notar ese efecto en mi entrepierna, antes de que sea demasiado incómodo y evidente, me separo de Eren y coloco cierta distancia entre nuestros cuerpos.
Suficiente por hoy.
Eren se muerde el labio pero imita mis movimientos y vuelve a acomodarse en su asiento con el rostro ligeramente girado hacia el mio. Un rubor tiñe sus mejillas pero se ve eclipsado por la ancha sonrisa que dibujan sus labios, esos labios que tanto me tientan…
Definitivamente tengo que irme a casa, cuanto antes.
Le devuelvo una intensa mirada y veo que está a punto de decir algo de nuevo. Alzo mi mano para interrumpir lo que está a punto de decir.
—No hagas preguntas obvias —digo antes de que él pueda empezar—. No digas nada.
Eren se echa a reír, de esas risas sinceras, relajadas y ligeras. Esas que contagiarían a cualquier persona normal menos a mi, claro, que estoy empezando a procesar todo lo que ha sucedido en los últimos veinte minutos. Demasiado que analizar, empezando por mí mismo y esta comodidad que siento con este chico.
En su día me quedé con la curiosidad al no besar a Farlan y hoy he roto esa barrera. Con creces, porque no ha sido un casto beso lo que hemos protagonizado aquí, para nada. Nos hemos bebido los morros del otro durante un buen rato, de hecho, empiezo a notar que mis labios se están hinchando.
Su risa confirma lo que sospechaba que iba a preguntar. Resulta obvio después de que un hetero te meta la lengua casi hasta la campanilla.
¿Que qué me ha parecido?, es evidente.
¿Si sigo siendo heterosexual?, es evidente que algo de esa heterosexualidad se ha perdido en el camino.
¿Si quiero repetir?, joder, si.
¿Si sigo teniendo dudas?, demasiadas.
Antes de contestarle a él, necesito resolver en mi propia mente todas esas incógnitas. Algunas son indiscutibles, pero lo que ha sucedido entre nosotros ha generado nuevas preguntas que no estoy seguro de ser capaz de contestar por el momento. Por ejemplo: ¿A dónde mierda me lleva todo esto?.
Eren no me quita ojo de encima. Está pendiente de la más mínima reacción en mi rostro, algo que le dé una pista acerca de lo que pasa por mi cabeza en estos momentos. Mala suerte, muchacho, soy un experto en ocultar lo que siento.
Al cabo de unos minutos suspira y enciende el motor del coche, el cual tarda un poco en reaccionar debido al gélido ambiente que se ha instalado en el exterior. Si, enfatizo en el exterior, porque aquí dentro…
—Será mejor que te acerque a casa —dice con voz pausada.
—Si, no sé que hora es pero… ¡Joder! —Eren se sobresalta dando un ligero respingo en su asiento, me mira confuso después de detenerse en un semáforo en rojo.
—¿Qué sucede? —pregunta con inquietud.
Sostengo mi móvil en la mano. Son las dos de la madrugada, ¡las dos!. Llevo todo el día con este chico y ni siquiera me he dado cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo. Para ser una primera cita, me asombra lo cómodo que me he sentido con él. No pensé que regresaría tan tarde a casa.
Giro la pantalla en su dirección y sus expresivos ojos se abren como platos.
—Espero que no me hayan cerrado el acceso a la residencia —murmura pasmado.
Y yo espero que no haya soltado ese comentario con segundas intenciones.
Eren conduce con precaución hasta la zona del parque donde hemos quedado por la tarde. Con sumo cuidado, arrima el coche a la acera y acciona el freno de mano dejando el motor en funcionamiento.
—¿Me vas a decir dónde vives? —pregunta socarrón.
Lo miro de reojo y después alzo la vista hacia el cielo. Las densas nubes parecen haberse acomodado sobre nuestras cabezas, como si nos retaran a que nos atreviéramos a correr bajo el manto de agua que nos están echando encima. Irónicamente, pienso en mi moto y en lo mucho que echo de menos dar una vuelta con ella para poder ordenar a solas mis pensamientos. Eren es una constante distracción, además de ser el objeto de discordia entre lo que creía saber de mí y lo que estoy descubriendo en su compañía.
Su cálida mano busca la mia y, aunque ahora no está sonriendo, es capaz de transmitir esa afectuosidad a través de sus ojos. Ese par saben hablar por sí mismos. Me pregunto hasta qué punto es Eren consciente de ello.
Empiezo a sospechar que este chico tiene una especie de pacto con este clima de mierda, porque al final siempre acaba consiguiendo lo que se propone: conocerme, tener mi número, saber mi dirección…
Puta lluvia.
—Tampoco es para tanto —murmuro encogiéndome de hombros—. Solo es agua.
No he terminado de pronunciar mis palabras, cuando el centelleo de un rayo cae cerca de uno de los edificios colindantes. La escena se baña de un fantasmagórico efecto que provocaría envidia a la mitad del repertorio de películas de terror que guardo en mi portátil. El trueno retumba casi al momento, debido a la cercanía, haciendo que las ventanillas del coche vibren de forma notable.
Mis palabras caen tan pesadamente como las gotas que se estrellan contra el cristal.
Que mierda.
Finalmente, llego a la conclusión de que si Eren fuera una especie de asesino en serie ya habría podido acabar conmigo al menos unas diez veces a lo largo de la tarde.
De modo que, en contra de lo que me grita mi yo más desconfiado, decido indicarle como llegar hasta mi calle. Hay dos portales en esa acera y varios pisos en mi edificio, así que tampoco es como si le estuviera entregando en mano las llaves de mi casa.
Eren sonríe complacido y da un suave apretón a mi mano antes de ponerse en marcha de nuevo. Me parece que alguien ha olvidado mi comentario acerca del contacto físico. Ese alguien soy yo mismo, porque ya debería haber apartado esa mano de la mía.
Cuando aparca, sobreviene un incómodo silencio hasta que Eren decide trepar con su mano hasta mi antebrazo.
—Levi, me gustaría disculparme por mi comportamiento de antes —su mirada está clavada en mi brazo y su voz expresa lo avergonzado que se siente en estos momentos—. Reaccioné de forma demasiado exagerada, no es la primera vez que juegan conmigo. Aún así, no es excusa, así que lo siento.
—Pensé que te ibas a disculpar por besarme sin permiso —digo para quitarle importancia al asunto.
Eren sonríe, elevando sus ojos hacia los míos.
—Ah, no. De eso no me arrepiento —sus ojos brillan con picardía conforme pronuncian esas palabras.
Nuestros ojos quedan prendados de los del otro y yo no sé que contestar. A pesar de que su compañía me agrada, estoy deseando subir al piso. Y no, no es por una razón tan profunda como la de meditar acerca de mis sentimientos. Sencillamente, tengo que ir al baño. Las necesidades fisiológicas están por encima de las románticas en estos momentos, uno no puede pretender pasar el día fuera de casa y estar como si nada.
Ante mi silencio, Eren decide continuar hablando.
—Me encantas, Levi —se muerde ligeramente el labio—. Eres impredecible.
Debo serlo, porque he estado todo el día dejando claro que no soporto que me pongan una mano encima para después abalanzarme encima suya y besarlo como si no hubiera un mañana. Fantástico.
—Iremos poco a poco, ¿vale? —sugiere de improviso—. Si aún tienes curiosidad, claro.
¿Por qué?. ¿Por qué me tengo que estar cagando en un momento tan importante?.
Sonrío de la misma forma que he estado haciendo todos estos días mientras chateaba con él, es una manera de disimular mi dilema.
—¿Tú que crees? —pregunto elevando una de mis cejas—. Gracias por traerme.
La vibración de mi móvil evita que Eren atrape mis labios de nuevo, ya que hace el amago de inclinarse para retomar el contacto.
Eren mira hacia mi pantalla entre una mezcla de fastidio y curiosidad aunque intenta no ser demasiado evidente.
—Es mi amor platónico —explico antes de descolgar.
—¡Enano!, ¿Interrumpo algo importante? —por su tono de voz, sé que sabe que si.
—¿Qué quieres gafotas? —escucho como Eren intenta sofocar una risa.
—Saber cuántos vamos a ser en casa esta noche, ¿dos?, ¿tres? —pregunta con un tono sugerente.
—Eres tan absurda —contesto—. Ya estoy aquí, subo en seguida.
Cuelgo dejándola con la palabra en la boca porque no quiero que Eren escuche las tonterías que está insinuando mi compañera de piso. Seguro que lleva un buen rato mirando el coche desde la ventana del salón, mañana me tocará limpiar a fondo esos cristales.
Eren aprovecha para llevar su mano hacia mi nuca, provocándome un escalofrío al acariciar la zona rapada de mi pelo.
—Gracias por la cita —dice con sinceridad.
Asiento levemente con la cabeza y abro la puerta provocando que Eren retire su mano de manera reticente.
La lluvia empapa mi pelo en los pocos segundos que tardo en sacar mi muleta del asiento trasero. Eren baja la ventanilla de mi asiento y se inclina hacia el lateral para dedicarme una última sonrisa.
—Oye, avísame cuando llegues a la residencia —apoyo mi brazo en la ventanilla, las gotas de lluvia se deslizan por los oscuros mechones que ahora están pegados a mi frente, nublándome la vista—. Ve con cuidado.
Él asiente sin perder esa jovialidad que tanto lo caracteriza.
—Te escribo cuando esté en la habitación.
—Bien. Ahora que tienes mi número por fin podré borrar esa aplicación de mierda —refiriéndome a Tinder.
Eren ensancha su sonrisa. De alguna manera espero a que él suelte un comentario similar, porque aún me siento inseguro con este asunto. Me jodería que a partir de ahora siguiera hablando con otros tíos, se supone que vamos a darnos una oportunidad, o eso he entendido con eso de ir poco a poco.
Resulta tremendamente irónico que mis intenciones iniciales fueran las de buscar una amistad con derecho a roce y al final esté iniciando una especie de relación de futuro incierto con la que me estoy cuestionando la que creía una inclinación sexual bien definida.
Cuando Eren desaparece tras la curva de mi calle, me apresuro a entrar en el portal. Si no fuera por la lesión de mi pie, subiría los escalones de dos en dos.
Finalmente, abro la puerta de mi piso dispuesto a ignorar a mi compañera para correr hacia el baño. Sin embargo, la escena que me encuentro hace que me paralice en el sitio totalmente boquiabierto.
—¡Por fin estás en casa! —grita entusiasmada sentada en el sofá.
En un sofá cubierto de plumas y papel higiénico.
—Qué…mierda…ha pasado…aquí —las palabras se atascan en mi garganta y siento que tengo un tic en el ojo.
—No te preocupes, luego lo limpio, en cuanto acabe la película —dice encogiéndose de hombros.
Noto que algo tira de uno de mis pies, la perrita está mordisqueando mis botas mientras mueve el rabo entusiasmada. Todavía tiene restos de papel higiénico enganchados en uno de los afilados colmillos, culpable.
—Hange —pellizco el puente de mi nariz en un intento de serenarme—. ¿Qué cojones entiendes tú por vigilar al perro?.
—Levi, han sido solo cinco minutos —responde a la defensiva—. Mientras preparaba la cena.
Cinco minutos mis huevos.
Decido cerrar los ojos y lanzarle la muleta cuando paso a su lado en dirección al baño. Solo espero que haya quedado algo de papel.
Cuando contemplo mi reflejo en el espejo, me doy cuenta de lo mucho que evidencian mis labios lo que he estado haciendo con Eren. Están ligeramente hinchados y más enrojecidos de lo normal. No va a haber forma de ocultarle a la gafotas lo que ha sucedido en ese coche.
Me enjuago la cara con agua fría. Todavía tengo que procesar todo lo que ha pasado. Ha sido la cita más extraña de mi vida, nos hemos divertido, nos hemos cabreado y nos hemos comido la boca después.
He besado a otro hombre y no ha sido el típico beso de amigo borracho. No, ha sido el tipo de beso que le das a una chica cuando quieres llevártela a la cama.
Mis dedos acarician mis labios mientras sostengo mi mirada en el espejo. ¿En qué me convierte esto?. ¿Hasta dónde puedo llegar?. ¿Hasta dónde quiero llegar?.
Necesito hablar con un experto, pero es demasiado tarde para llamar a Farlan.
Al menos me tranquiliza saber que he puesto todas las cartas sobre la mesa. Eren sabe perfectamente lo que sucede conmigo, solo espero que tenga paciencia y no se enfade si las cosas no salen como él desea.
Tras compartir una charla con las culpables del desastre del salón, me dirijo hacia mi habitación con la intención de escribirle un mensaje a mi amigo. No obstante, en el rato que llevo en el piso, han entrado algunos mensajes que no he leído por tener el teléfono apagado durante la tarde. Uno de ellos es de Erwin, recordándome que mañana es el anuncio oficial de su compromiso en su casa.
Joder, no me apetece nada pasar el domingo rodeado de tanta gente.
—Hange —salgo de mi habitación con la ropa que uso normalmente para dormir en invierno, un pantalón de chándal—. ¿Vas a ir a lo de Erwin?.
—Claro, ya le dije a Moblit que nos pasara a buscar media hora antes —se estira perezosamente en el sofá y comienza a agrupar las plumas que pertenecen a un roído cojín.
—Bien —doy media vuelta, pero me detengo en el umbral de mi puerta—. No le digas nada acerca de mi accidente.
Ella sonríe y me guiña un ojo, aunque eso no significa que no vaya a hacer lo que le venga en gana mañana.
—¿Y cual es el motivo de tu lesión? —pregunta con burla—. ¿Vas a ser original, o vas a decir que te tropezaste por las escaleras?.
Le lanzo una mirada afilada, porque si, esa era la excusa de mierda que tenía preparada.
—Espero que todo eso quede como estaba —señalo con la mano las plumas que flotan a su alrededor y cierro la puerta a mis espaldas, quedándome a solas en la habitación.
Bueno, con cierta fiera castigada en su mantita.
Me recuesto en la cama y leo el mensaje que acabo de recibir.
Eren: Ya estoy en la habitación, por suerte el vigilante conoce mi coche y ha subido la barrera :B
Que sitio tan sofisticado, pienso.
Eren: Me ha encantado estar contigo hoy (corazón). ¿Cuándo volveremos a vernos?.
Su entusiasmo hace que sonría sin poder evitarlo. No sabía si había malinterpretado sus palabras, pero Eren se está tomando todo esto muy en serio, lo cual me agrada. Aunque sigo teniendo cierta desconfianza. Si algo me sale mal con una mujer, lo supero sin darle demasiadas vueltas. Pero si esto me sale mal, todo lo que yo haga con Eren va a trascender en mis futuras relaciones. Es una experiencia que te cambia, aunque no pase de unos besos.
Levi: Ya lo hablaremos. Descansa, Eren.
Eren: Buenas noches, Levi (beso)
(EREN)
Coloco el móvil en mi mesita de noche y suelto un profundo suspiro. Me resulta difícil intentar conciliar el sueño cuando aun estoy vibrando de la emoción. Armin está dormido en su cama, tan solo reaccionó ligeramente al verme entrar a la habitación, pero sé que mañana me interrogará acerca de mi cita de hoy. Estoy deseando contarle todos y cada uno de los detalles de lo que ha sucedido con Levi. Todavía estoy sonriendo, aún puedo notar su sabor en mis labios…
A pesar de estar cansado, no puedo evitar dar vueltas en la cama. Hoy me he sentido como en una montaña rusa. Sentí que podía tocar el cielo con mis manos cuando, de repente, todo se precipitó hacia el vacío en el momento menos pensado. Todo para volver a remontar y subir aún más alto de lo que estaba antes.
Su confesión me dejó echo polvo. No esperaba que esto se desarrollara con rapidez, puesto que yo mismo quiero hacer las cosas bien y no apresurarme para evitar decepciones. Por supuesto que tenía pensado tomarme las cosas con calma —quizás no con tanta, después de tenerlo delante—, pero Levi es hetero… o lo era… no estoy seguro. Ni siquiera creo que él mismo lo sepa en estos momentos.
Una cosa tengo clara, más aun después de haber compartido esos besos con él. No va a ser fácil, pero quiero estar con Levi. Quiero conocerlo, quiero seguir quedando con él para averiguar a donde nos lleva esto, hasta donde llegan sus límites…
Me arrepiento de no haber sido más preciso con mis palabras, aunque creo que ha entendido lo que quería decir. Voy a darle una oportunidad, a ver que pasa. Ojalá no me equivoque, porque Levi me gusta mucho y temo que esto vaya a más y que al final no se vea capaz de estar con un chico. Sin embargo, todos hemos pasado por ese momento, algunos antes y otros después. No puedo darle la espalda porque esté descubriendo su sexualidad a los veintiocho años. No puedo renunciar a algo que puede convertirse en lo que llevo buscando tanto tiempo, simplemente por miedo a ser rechazado.
Mi lengua recorre los labios que han sido abusados esta tarde. Realmente besa bien, incluso cuando se ha puesto más agresivo. He tenido que agradecer que se detuviera, porque empezaba a incomodarme la tirantez de mis pantalones debido a lo mucho que me estaba excitando. Por suerte creo que no se ha dado cuenta, no pretendía que mi cuerpo reaccionara así en mi primera cita con él.
Levi tira por tierra mi autocontrol, justo cuando es la persona con la que más debo controlarme.
Pienso en nuestras conversaciones. En lo interesante que ha sido todo lo que me ha contado acerca de su negocio. En sus fugaces sonrisas, las cuales quiero provocar con mayor frecuencia. En esos ojos grises que me traen loco. En esos labios que besan con tanta pericia.
No va a ser fácil y creo que voy a tener que adaptarme yo también a las circunstancias, he visto lo dominante que es besando.
Definitivamente, vale la pena intentarlo.
(A/N): ¡Muchas gracias por los Favs y Follows!. Espero que les haya gustado este capítulo.
KNL: ¡Gracias por comentar los últimos capítulos!
Kaizen Heichou: ¡Gracias por dejar review!. La verdad es que fue un capítulo largo en compensación por lo que les hice esperar, me alegra saber que te gustó.
Shionnezu: ¡Gracias por leer y comentar!, me animan mucho tus palabras.
Yo: ¡Gracias!. La verdad es que actualizo cuando puedo, suelo tardar una semana, pero algunas veces tardo dos... Depende de como esté de trabajo.
Noa: ¡Muchas gracias por comentar!. Me alegra que te guste mi manera de narrar, a veces creo que me explayo demasiado...
No one: Levi debería adaptar esa canción jajaja. ¡Gracias por leer y animarme a continuar!.
