~Junjou Vampire~

Efímero

Parte II


Lo que Hiroki tenía era una inocencia egoísta. Porque aunque su alma ya estaba condenada y él estaba totalmente corrompido, sus sentimientos hacía Kusama N. aún eran puros.

—¿Sabes? —le había confesado el otro cuando ambos se encontraban recostados, desnudos y abrazados como si en ese momento no existiese nada sino ambos, como si en ese momento no fuesen un demonio y un humano— en realidad mis padres me abandonaron en las puertas de un orfanatorio… fue una fría madrugada en la que un tifón arrasaba con todo a su paso… por eso lo del nombre.

Mientras Nowaki trazaba con sus dedos círculos en su espalda, como si de pequeños tifones se tratase, Hiroki decidió no decir nada ante la repentina confesión. Primero porque intuía que el peli-azul no quería hablar de eso, segundo porque él no tendría una respuesta si el otro le preguntase por su familia y su pasado, y tercero porque realmente no supo que decirle en ese momento.

Ahora, tras reflexionar lo ocurrido y rememorar las dulces atenciones del médico, no podía sino pensar que de todas las personas en el mundo, Nowaki era quien menos merecía ser abandonado.

Porque no sólo su tacto era cálido, sino también su trato: a donde quiera que fuese Nowaki irradiaba calidez y amabilidad. Era, por eso y más, un ser realmente noble, y era también, por eso y más, que Hiroki deseaba muy dentro de sí protegerlo.

Es como si Nowaki estuviese destinado a ser feliz porque después de todo lo que pasó en su infancia ha mantenido su nobleza… —pensó y, sin embargo, sabía que no era cierto: porque aunque era jodidamente amable y se había enfrentado a la soledad de un modo admirable, era como si se le estuviesen colocado trabas en medio para evitar a toda costa su alegría y acercarlo al abismo de la perdición… después de todo ¿qué rayos hacía alguien como Nowaki metido en algo tan turbio como Rellik?

Fue por eso que Hiro decidió no decir nada sobre su descubrimiento, al menos por el momento. Ya vería posteriormente qué hacer al respecto. Después de todo, no podía simplemente entregarlo a merced de Miyagi y Akihiko, al menos no sin saber cuál era la verdad tras las acciones del médico. Tampoco podía amenazarlo y enfrentarlo directamente sin haber primero tanteado el terreno. Y, finalmente, lo vería como una pequeña oportunidad para sacar el mayor provecho del asunto. Porque, para ser sinceros, de todos en el mundo, Nowaki definitivamente no parecía tener nada en común con Rellik, la prueba más sincera de eso eran los sentimientos inocentes que el peli-azul mostraba hacia el castaño.

Esa tarde, después de haber hecho el amor con aquel hombre de ojos azules y mirada amable, Hiroki había salido simplemente de ahí, dejando una única nota y llevando guardados consigo los datos de Kusama.

Sabía lo importante que era que Nowaki perteneciese a Rellik y, sin embargo, decidió callárselo… porque era demasiado egoísta como para traicionarlo. Porque sí, era consciente de que pronto las cosas se tornarían difíciles para él y sus compañeros, y también de que muchos involucrados no lograrían llegar con vida hasta el final y que lo que les esperaba no era de ningún modo un panorama alentador. Sabía que si les contaba a sus compañeros que tenía a alguien de Rellik bajo la manga tal vez hubiese servido de algo, tal vez aún hubiesen estado a tiempo de aliviar algunos sufrimientos y algunas muertes… pero incluso sabiendo eso decidió ser egoísta, anteponiendo ese sentimiento tan frágil que se había formado entre el vampiro y el tifón a las vidas de muchos, anteponiéndolo incluso a su propia seguridad… incluso a la propia seguridad de Akihiko.

Hiroki miró por los cristales de su elegante recámara en la mansión y deseó, por un momento, volver a ser humano, perderse y olvidarse de todo, dormirse y refugiarse en los fuertes brazos del médico.

Afuera el frio aumentaba sobre el bosque y el clima hacia que su verdor resplandeciese. La lluvia comenzaba a aumentar y los ventanales comenzaban a empañarse, si seguía a ese ritmo, pronto se desataría un tifón sobre el cielo japonés, justo como aquella madrugada en que dejaron a Nowaki en el orfanatorio… pero, a diferencia de aquella vez, Hiroki no lo pensaba abandonar.


—Bienvenido a casa. — susurró Takahiro mientras abría la puerta con vitrales que daba a la nueva y cálida casita que compartiría con su hermano. A su lado, pudo percibir a aquellos enormes ojos esmeraldas que lo miraban con profundidad y con un gran cariño.

—Al fin. —respondió Misaki con simpleza, y era cierto. Al parecer, al fin después de tanto tiempo y tanto dolor, podrían tener un poco de estabilidad y podrían formar un verdadero hogar juntos, podrían recuperar la familia que les fue arrebatada.

Ocurrió tiempo atrás: el año en que sus padres murieron en un accidente, fue también el año en que Takahiro había sido aceptado en la Universidad Mitsuhashi. Todo había sucedido muy rápida e inesperadamente en una fría noche de otoño. En aquel momento, el mayor no pensó sino en proteger a su hermano, ¿es que acaso había otra en la cual pensar en ese fatídico día? Tuvo que renunciar a demasiadas cosas, entre ellas a sus años de juventud, a sus sueños pueriles y también a su educación universitaria, la cual tuvo que postergar hasta que Misaki fuese lo suficientemente grande para que no dependiese totalmente de él.

Sin embargo, Takahiro Takahashi no se arrepentía de nada. Si le pidiesen volverlo a hacer, volvería, sin duda, a dejar todo atrás por proteger a su hermano, por cuidar a ese pequeño y delgado niño de ojos verdes con todas sus fuerzas para evitar así que sufriese, para evitar así que la vida le arrebatase a Misaki algo de lo poco que le quedase.

Porque, después de todo, siempre había sido así: desde que Misaki era un bebé siempre se habían tenido el uno al otro. Nunca importó que la mayoría del tiempo sus padres estuviesen ocupados investigando no sé qué en los laboratorios, pues, sin importar qué, Takahiro siempre estuvo ahí para asegurar que el menor nunca estuviese solo, que a su enfermo hermano no le faltase nada y que nada ni nadie le dañase…

¿Y qué eran ahora, precisamente? sino dos hermanos que no tenían nada más en la vida que a ellos mismos, no contaban con ninguna otra familia ni con ningún otro refugio. Seguía siendo justo como en aquel crepúsculo de otoño donde sin saber qué hacer Takahiro se limitó a acoger en sus brazos a su pequeño hermano que no comprendía la muerte de sus padres, que no comprendía lo insignificante de la vida humana. En aquel momento ni él mismo supo cómo reaccionar ante la muerte dolorosa e inesperada… sin embargo, fue ahí, en ese instante en que se abrazó a su hermano tras recibir la dura noticia, que comprendió que quizá el mismo dependía de Misaki tanto como el pequeño de él.

Era por eso que ahora, años después, Takahiro se sentía plenamente feliz al mudarse de nuevo con su hermano. Dejarlo por un tiempo en el internado había sido una decisión difícil, sin embargo, sabía que para el castaño había sido mejor estar en un lugar estable, con sus medicamentos y cuidados adecuados y recibiendo una excelente instrucción, que haber andado por corriendo por la inestabilidad de la vida al lado de un joven Takahiro, sin duda había sido una suerte que su padrino le recomendase tan agradable lugar para la educación de Misaki.

Sin embargo, ahora las cosas eran diferentes, Takahiro estaba a punto de licenciarse y le esperaba un futuro prometedor en Rellik, incluso si se esforzaba lo suficiente las cosas con la enfermedad de Misaki podrían mejorar. Si todo salía como lo deseaba, a ambos les esperaría un futuro prometedor, pensó Takahashi mientras con su sonrisa amable retiraba los sellos de las cajas con las pertenencias de su hermano para así poder ayudarlo a desempacar en su nuevo hogar: al fin, después de tanto tiempo, un hogar para ambos.


Era de tarde y ante el aburrimiento y el frío que inundaba las habitaciones de su nueva casa, Misaki decidió preparar chocolate caliente y unas madalenas sencillas que ahora disfrutaba en la comodidad y calidez de su cama, mientras miraba cosas entretenidas en su portátil.

En los últimos días, su vida había dado giros impresionantes, a tal grado de que incluso él mismo no se creía todo lo que estaba ocurriendo. Era simplemente demasiado. Al fin, después de varios años, su hermano había vuelto a su lado y se estaba estabilizando, todo gracias a que la empresa en que trabajaban sus padres había reabierto por razones desconocidas que aún no le quedaban claras. También había dejado el internado y todo lo que ahí había construido, había pasado tan buenos momentos que le resultaba irreal pensar que sus días ahí ya habían terminado… Esa mañana al despertar, Misaki no dudó que Shinobu estaría en la habitación de al lado y Sumi e Ijuuin en sus respectivas clases, esperando por él. Sin embargo, ya no estaban, estaban lejos y en un ambiente tan distinto al suyo que por momentos le costaba creer que seguían ahí, sintiendo la imperiosa necesidad de salir de su casa corriendo e ir de vuelta a Marukawa, a verificar que estuviesen ahí, que todo fuese existente. En momentos así, no podía evitar pensar que su vida se trataba de eso, de una lucha entre lo real y lo fantástico.

Y como no pensar tales cosas, como no seguir asombrado aún de tantos cambios en su vida, si cuando el más grande de ellos representaba un atentado contra la realidad misma, contra la naturalidad misma e incluso contra su vida misma: Usami Akihiko.

Aquel vampiro quien con todo su mundo oscuro y fantástico había aparecido de la nada para cambiar totalmente la vida de Takahashi Misaki.

—Cielos… —no pudo evitar pasarse una mano por sus castaños cabellos mientras fruncía el ceño— al final… Shinobu siempre tuvo razón.

Y es que siempre fue claro, pese a que pudo haber parecido un juego infantil y el otro nunca le dijo más de lo debido, a Misaki siempre le pareció que Shinobu sabía cosas, que alguien tan inteligente como el rubio no podía afirmar y creer tan fervientemente en algo de lo que no tuviese alguna mínima prueba. Al final resultó que lo sabía todo, que no creía, sino que tenía la certeza de aquella realidad lóbrega que poco a poco los estaba invadiendo.

Sin embargo, no podía culpar a su amigo rubio, pues el mismo había estado a su lado estos últimos años, creyendo firmemente en la existencia de unos seres de los que nunca tuvo pruebas. ¿O sí…? No, seguramente no... Misaki se acurrucó entre su cama, apretando más contra sí su ordenador y rio ante lo patético del asunto: Shinobu había tenido esa certeza por años pues había conocido a Miyagi en su infancia, sin embargo, ¿a él que lo había motivado para creer tan firmemente en algo tan endeble como la existencia de vampiros? Nada, sus dogmas estaban sostenidos por algo tan ilusorio como simples situaciones inexistentes de su infancia, recuerdos borrosos y sueños vanos que en algún momento de su vida lo persiguieron entremezclándose con su realidad y sus fantasías, pero que ahora ya sólo le parecían simples memorias borrosas.

No obstante, dejando de lado los sueños pueriles esto ya era un hecho innegable: Los vampiros existían, Usagi existía. — Es real… y, sin embargo, no deja de ser maravilloso—susurró el niño en la soledad de su habitación mientras daba un sorbito a su chocolate, al mirar su bebida pudo ver que debido al calor los pequeños bombones de colores que flotaban en la superficie habían comenzado a derretirse, llenando su boca de un dulzor que lo hizo sonreír y relamerse los labios.

Era real y lo había escogido a él.


La luz blanquecina que iluminaba su cubículo con pesadez le estaba produciendo una terrible jaqueca. No le sorprendía, las pesadas jornadas de trabajo en los laboratorios solían ser de ese estilo; no sabía si era por el doble esfuerzo de llevar conjuntamente la licenciatura, pero después de largas horas de trabajo en Rellik siempre terminaba con algún malestar físico, generalmente nauseas o fuertes jaquecas.

La iluminación de su portátil lo fastidiaba y el sonido de sus dedos al teclear le estaba taladrando poco a poco la cabeza. Con pesadez, Takahiro suspiró y aventó el bolígrafo, que rodó por el escritorio con libertad, provocando un ruido al deslizarse que al químico le pareció por demás insoportable. No le hizo falta más para saber que era el momento de tomar un nuevo analgésico, de preferencia uno más potente. Sintiendo que su cabeza colapsaría de un momento a otro, se retiró con fuerza los anteojos y revolvió los cajones de su escritorio hasta que dio con la cajita de sumatriptán. Se limitó a cerrar los ojos mientras el agua y el par de píldoras se deslizaban por su garganta.

Ni modo, así era la vida. Qué más quisiera él que estar en casa con su hermano, preparándole alguna tarta de bienvenida y mimándolo… en cambio, tenía que permanecer en Rellik toda la noche, revisando el inventario de las nuevas sustancias que acababan de llegar y verificando que todo estuviese en orden. No importaba, se esforzaría y pondría su mejor cara; era su deber y en cierto modo le alegraba contribuir a la empresa de sus padres, gracias a la cual ahora podía vislumbrar un futuro más prometedor para él y para Misaki, especialmente para el menor. Las cosas no eran tan malas, después de todo, porque aunque tuviera una carga enorme de trabajo en el laboratorio y en la universidad, al llegar a casa ya no la encontraría sola y vacía, sino con la calidez y el cariño de Misaki. Con esto en mente, Takahiro sonrió estoicamente y esperó un poco para que la pastilla hiciese efecto, posteriormente le bajó todo el brillo a la pantalla del ordenador y siguió trabajando, la noche era larga y había mucho que hacer.

Mientras el químico iba tecleando en su ordenador todos los pedidos que habían llegado en la semana, no pudo evitar pensar en lo rápido que los laboratorios se estaban levantando. Era demasiado increíble, no sólo habían surgido de sus propias cenizas, sino que ahora, en muy poco tiempo y gracias a numerosas inversiones de distintos magnates, se estaban perfilando para ser una de las instituciones bioquímicas con más trascendencia a nivel mundial.

—Cuesta creerlo… —susurró para sí mismo mientras frotaba sus sienes. No es como si en tiempos de sus padres los laboratorios no hubiesen sido importantes, sino que más bien, la grandeza que estaban adquiriendo en la actualidad hacía que nada, ni su mismo pasado, se les comparase.

Era tan solo un muchachito cuando sus padres aun vivían y los laboratorios estaban en pie, así que en realidad no recordaba mucho, pero lo que nunca olvidó fue la molestia que su madre mostró cuando le contó sus intereses científicos y su anhelo infantil de trabajar junto a sus padres. Mirando al suelo, se preguntó si a su difunta madre le molestaría que actualmente él se encontrase trabajando precisamente en Rellik… esperaba que no. De cualquier modo, sus anhelos de investigar al lado de sus padres no se habían cumplido, primero porque ellos habían muerto y segundo porque los laboratorios habían sido clausurados, ambos sucesos igual de lamentables. Y aunque en el pasado había estado sin cabeza para otra cosa que no fuese el dolor ante la pérdida de sus progenitores y la preocupación por su precioso hermano menor, tal vez ahora era un buen momento para preguntarse por qué habían cerrado Rellik tan inesperadamente, tan clandestinamente… Habían desaparecido del mapa en un suspiro, y curiosamente también habían reaparecido de la nada misma. En momentos así el pasado se le tornaba borroso, y ante esto, Takahiro pensó que quizá sería una buena idea acudir con su padrino Kiryuu para que le aclarase el panorama.

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—Toc, toc, lamento interrumpir… —el sonido de una puerta y una voz masculina interrumpieron de pronto el trabajo nocturno de Takahiro.

—Adelante —respondió con su cálida voz el químico.

—No quise interrumpir tu trabajo, sólo vine a traerte un poco de café, supuse que lo necesitarías. —Takahiro vio como por la puerta de su cubículo entraba un médico bastante alto y con una sonrisa amigable, al verlo su rostro con detenimiento se le hizo bastante familiar.

—Soy Kusama Nowaki. —le dijo el médico como leyendo sus pensamientos mientras depositaba en su escritorio un vaso desechable de café y una cajita que contenía unos panes al vapor— Nos conocimos en la recepción por la inauguración de Rellik

¡Es cierto, te recuerdo! —respondió Takahiro con una amplia sonrisa— gracias por el café, no sabes cuanta falta me hacía —le dijo mientras daba un pequeño sorbito a su bebida humeante— está buenísimo.

—¿Verdad que sí? No quise traer del que preparan en el comedor de los laboratorios, preferí caminar un par de cuadras a una cafetería francesa que conozco, el dueño es un amigo mío.

—Es una maravilla, en verdad gracias. —respondió el químico y no pudo evitar pensar en lo amable que era el médico. Porque claro, si alguien podía rivalizar perfectamente en nobleza y amabilidad con Takahiro Takahashi era precisamente Kusama Nowaki— No tenías que molestarte.

—No te preocupes, la noche recién comienza y nos espera una larga jornada.

—Lo malo de las farmacéuticas, nunca paran. —afirmó Takahiro con un mohín.

—Ni que lo digas.

Sintiéndose en confianza con Takahashi, Nowaki terminó sentado frente a su escritorio mientras bebía su propio café. A ambos les sorprendió tener varias cosas en común y pertenecer al mismo programa de becarios. Al menos ahora tenían a alguien dentro de Rellik con quien compartir sus alegrías y momentos de crisis profesional.

—¿De verdad estás en el área de pediatría?

Nowaki le respondió afirmativamente, contándole que sin duda era una gran oportunidad ya que era en lo que se quería especializar. Sin embargo, pudo ver que el otro no le estaba prestando tanta atención, sino que pareció por un momento perdido en sus pensamientos.

—Sabes… —le confesó de pronto Takahashi— mi hermanito va a ser, precisamente, ingresado en el área de pediatría para que lo evalúen y se le pueda asignar lo más pronto posible un procedimiento. Sería genial si te pudieras ocupar de él… él es-es lo que más amo.

El médico lo miró con comprensión y le dedicó una profunda sonrisa que llenó a Takahiro de calidez y confianza— No te preocupes —le dijo con su voz franca— Daré lo mejor de mí y protegeré a tu hermano. Lo prometo.

—Gracias, en verdad. —respondió el otro con total sinceridad. Takahiro estaba preocupado por Misaki, en realidad mucho, pero saber que alguien amable y confiable con Nowaki estaría del otro lado ocupándose de su hermano le dio al menos un poco de serenidad.

Ambos se miraron y se dedicaron una de sus sonrisas amables, sintiendo una profunda empatía y estima por el otro.

Eran momentos de crisis y cada uno tenía sus propias y grandes complicaciones, sin embargo nunca estaba de más un pequeño momento de descanso en medio de tanta tempestad.

Esa noche no sólo habían tenido una larga jornada de trabajo, sino que habían encontrado a un amigo con quien hacer frente a las dificultades que se avecinaban.


La lluvia comenzaba a caer lentamente mientras la temperatura bajaba cada vez más. Frente a él la figura de su niño recostado en su cama, con su respiración acompasada y un poco adormilado lo hizo estremecerse súbitamente y afligirse como no lo había hecho en años. Para ser exactos, estaba sintiendo por primera vez una preocupación genuina por otro ser que no fuese él mismo. Antes había creído sentir cierta afinidad hacia otros, incluso había creído sentir a Hiroki bajo su cuidado… pero no fue hasta conocerlo a él que conoció el verdadero y gran amor que se podría sentir hacia otro individuo. Y no fue, precisamente hasta este momento en que vio al menor más pálido, delgado y débil que entendió lo que era el verdadero temor y los indicios de una desesperación desbordante de saber que la persona que amas podría estar en peligro.

Porque si se trataba de Misaki Takahashi, todo antes de él era pura y llana ficción. Todos los sentimientos y momentos vividos con anterioridad palidecían al compararse con la vida que ahora se le ofrecía junto al niño de ojos verdes. Ya nada de lo vivido anteriormente tenía sentido pues Misaki no formaba parte de ese pasado, antes de él no había nada. Su única preocupación ahora sería, precisamente, cuidar del menor y de su futuro juntos, porque si lo perdía, entonces tampoco nada volvería a tener sentido.

Con cautela, Akihiko sostuvo el pomo de la puerta y la cerró tras de sí, no pudiendo dejar de mirar a la frágil figura frente a sí— Misaki… —le dijo en un susurro y se sorprendió al escuchar su propia voz quebrada, con una preocupación que no pudo ocultar.

—Usagi. —respondió después de un rato el menor con seguridad y un fastidio fingido, no sabiendo desde cuando el otro había estado observándolo. Supo que si tuviese un sentido común debería haber sentido miedo, pero en realidad no lo tenía, pues conocía muy bien a su visitante nocturno y si se trataba de él no había modo de sentir sino un natural afecto que en ocasiones creía acarrear consigo desde su niñez.

— No quise asustarte —le dijo el mayor con suavidad mientras encendía la luz de la habitación, ante la cual su piel de mármol resplandecía y contrastaba de un modo atrayente con sus cabellos plateados, delineando cada trazo de su perfecto rostro.

Misaki lo miró embobado ante su belleza, y aunque quiso preguntarle cómo rayos entró, supo que no tendría sentido… pues al igual que la mayoría de las cosas relacionadas con Akihiko y su mundo, no tenía caso tratar de comprenderlo. Muy probablemente hubiese entrado por alguna ventana de la planta inferior o incluso hasta por la mismísima puerta del frente. Qué más daba. — Debería haber cerrado mejor las ventanas —le dijo el menor con resignación mientras rodaba los ojos— no pensé que fueses a venir aquí…

El vampiro se encogió de hombros—… No es como si fuesen un obstáculo. Además, te dije que vendría y que no te dejaría solo. Nunca. —respondió automáticamente mientras cerraba los ojos con dureza y se acercaba para rodear a Misaki con sus brazos.

Un poco cansado, el menor se dejó sujetar por el otro.

Akihiko lo abrazó posesivamente, estremeciéndose ante su delgadez.

Misaki se acurrucó en el pecho del otro. Nunca habría admitido que sin su hermano, y ante la falta de Shinobu en la habitación de al lado, había tenido miedo de pasar la noche solo, mismo que había desaparecido al sentirse entre el helado abrazo de su Usagi.

—Tengo sueño…

—Entonces duerme. —le susurró Akihiko dándole un suave beso en la frente, para después inclinarse frente a él y comenzar a arroparlo.

Misaki lo miró con profundidad. — ¿Seguirás aquí?

—Toda la noche. —afirmó el mayor con una sonrisa de lado.

Mientras Misaki se iba adormeciendo, sentía que la voz de Akihiko lo acariciaba más y más, como un suave terciopelo que lo empujaba a la inconsciencia.

El vampiro le robó un beso al semidormido niño y después permaneció a su lado.

No sabía si ante el ojo humano era tan notable, pero ante su visión vampírica estaba bastante claro que Misaki cada día se iba poniendo más frágil. Ante esto, su semblante se endureció mientras con mucho cuidado acariciaba sus delgadas manos, escuchando como poco a poco su respiración y sus latidos se iban acompasando, como ignorando que se encontraba durmiendo ante la mirada insistente de un ser innatural.

Al contemplar la débil y enferma figura que se encontraba en paz a su merced y entendiendo sus propios sentimientos e intenciones, Akihiko comprendió el verdadero significado de la entrega incondicional que se puede dar hacia otro ser y cayó en cuenta, también, de que ya no había vuelta atrás, así le costase su propia existencia no permitiría que nada dañase a Misaki.

Esa noche el niño durmió con tranquilidad, sintiendo la grandeza de la protección del otro.

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A la mañana siguiente, despertó sintiéndose descansado y seguro. Mientras se desperezaba, no pudo evitar notar la inmensa calidez y comodidad de su cama, ante esto el niño se enrolló más entre las cobijas para así luchar contra el helado clima del exterior de su pequeño universo.

Porque claro, Akihiko podría ser alguien sumamente descuidado y pudo haber tardado más de lo normal, pero al final terminó entendiendo que si Misaki temblaba era debido a que tenía mucho frio, así que sin más, había repasado en su mente las costumbres de las personas normales, decidiendo como mejor opción ir a buscar algunas frazadas y arropar con estas al menor. Su primera opción había sido una chimenea, pero a diferencia de su elegante mansión, la modesta casa de los Takahashi no contaba con una y aunque la hubiese tenido seguro el calor no habría llegado hasta la habitación del menor… Por supuesto que era una lástima que nadie le hubiese informado al vampiro de la existencia de los sistemas eléctricos de calefacción automática.

Una vez que estuvo más o menos despierto, el menor al fin se decidió a asomar su cabeza por las cobijas. —Sigues aquí… —susurró escondiendo una sonrisita entre las mantas y mirando con una dulzura mañanera a su Usagi, quien estaba sentado frente a su pequeño escritorio de estudiante haciendo algunas anotaciones en un librillo, mismo que cerró y se guardó en el bolsillo superior de su elegante gabardina negra ante la mirada del menor.

—Al fin despertaste. —Le dijo con una sonrisa mientras se acercaba a la cama, acurrucándose a un lado y abrazando a la pequeña creatura envuelta en cobijas— Buenos días, Misaki.

—Uhm… sí… buenos días.

Akihiko rodó los ojos ante el mohín del menor y lo aferró más contra sí. Venga, ¿quién era el que anoche le pedía que se quedase a su lado? No pudo evitar sonreír mientras se acercaba al castaño para capturar sus suaves labios en un rico, frío y húmedo beso madrugador, al que por supuesto el menor rehuyó.

Mientras luchaba contra los brazos del mayor y contra la idea de que eso debía ser el deseo mañanero, Misaki no pudo evitar pensar que tal vez no estaba tan mal despertar así siempre, vivir así siempre…

—¿¡Pero qué manera de iniciar el día!? —dijo una vez que se vio libre de las garras del otro, mostrando un enojo que hasta él mismo sabía que era fingido.

El vampiro simplemente se encogió de hombros y decidió hacerlo rabiar más tarde, al menos un poco más tarde. — Ni hablar, tendré que esperar. Oh, Misaki. Tu hermano te dejó un mensaje en el buzón de voz, tiene trabajo acumulado y probablemente llegue al anochecer.

Ante la inesperada noticia, sus ojos verdes se posaron un momento en Usagi y después bajaron a sus pálidas manos que se removían incómodas. Disfrutando de sus últimos momentos en la cama se volvió a hundir escondiendo su cabeza entre las mantas. Sin duda, la carga de trabajo de su hermano era excesiva, y aunque Takahiro siempre mostrase su actitud compasiva y su sonrisa amable, Misaki sabía que las cosas no debían serle fáciles. En realidad para nadie lo eran.

Vaya, quién iba a pensar que incluso teniendo un hogar junto a su hermano se podría sentir tan solo, tan abandonado y sin poder evitar ser consciente de la carga que representaba para Takahiro. El menor se mordió el labio inferior y con un suspiro se liberó de su prisión de cobijas, respirando con fuerza el aire del exterior. Sentado sobre su cama, Akihiko lo estudiaba con curiosidad, cómo no pudiendo comprender las sutilezas de los mundanos. Mirándolo con sus ojos violetas, se acercó como un gato hacia él y comenzó a acariciarle sus cabellos castaños con suavidad, sin decir nada, sin entender nada, tan solo mirándolo…

Misaki se lanzó a sus labios sorprendiendo a ambos.

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—Sé que no comes. Pero al menos tendrás que ayudar a cocinar. —dijo al separarse de él, ignorando por completo su arrebato de cariño anterior y saliendo disparado por la puerta de su dormitorio, llevando a cuestas una manta que le colgaba como una capa. Con sus bellos ojos violetas abiertos y una sonrisa de oreja a oreja, Akihiko lo siguió escaleras abajo, sintiendo una profunda ternura hacia su pequeño humano castaño.

Claro que Akihiko no ayudó en absoluto al menor, y de verdad que lo intentó, pero fue inútil. Misaki pensó que, vampiro o no, Usagi era simplemente un desastre para las tareas domésticas. Al final el menor terminó cocinándose solo unos pequeños panqués que acompañó con algo de leche caliente. Al haber pasado tanto tiempo en el internado había olvidado lo mucho que le gustaba cocinar para sí mismo y para Takahiro, era como un modo de hacer su amor visible, de mostrar todo su cariño por medio de un rico postre bien decorado. Era, sin duda, una lástima que jamás iba a tener la oportunidad de cocinarle a Usagi, porque pues… el menor prefirió evitar pensar, al menos durante su desayuno, en las peculiaridades culinarias del plateado.

Durante el desayuno, Akihiko miró con genuina curiosidad a Misaki: el modo en que untaba la jalea de fresa en sus panqués, la tranquilidad con la que soplaba a su bebida y la bebía a sorbitos, como revisaba que la tetera estuviese en orden y que no comiese más dulce del necesario. Todo le resultaba de un natural interés. Después de un rato, pudo notar la mirada incómoda del humano ante su fisgoneo.

—Sabes… —le confesó ante su inquietud— no puedo evitar mirarte… y no sólo porque seas precioso —rio ante el ceño fruncido y el sonrojo del otro— sino porque, en cierto modo, me parece fascinante todo lo que tú eres, todo lo que tú haces. Sabes —le dijo casualmente mientras sostenía la pequeña taza de osito de Misaki entre sus manos y la admiraba con detenimiento— cuando fui humano siempre quise formar parte de una familia de clase media, ser uno más del montón… e incluso ahora, a veces deseo aparentar ser lo más normal del mundo, llevar una vida lo más humanamente posible, a pesar de mi… condición. Mudarme a mi mansión con Miyagi y Hiro, pasar tardes tranquilas, encender la chimenea pese a la negativa de los otros ante lo absurdo del asunto y leer un buen libro mientras los segundos de mi eternidad transcurren como granos de arena de un tiempo infinito.

Misaki lo miró con atención, sus ojos se enternecían ante la grave voz del mayor que se suavizaba para él. Y ante la inmortal y extraordinariamente irreal vida del otro no pudo sino entender lo humilde de su existencia, lo insignificante de su vida humana que se veía minimizada al toparse con este tipo de seres increíbles.

Usagi lo miró con ternura— Sin embargo, no ha sido hasta ahora, al admirarte a ti y a tu vida mundana que he comprendido, al fin, lo separado que estoy de la realidad, lo terriblemente lejano que estoy de una vida común y de la humanidad. Por más que quiero, Misaki, la mayoría de las veces no puedo entenderte, no puedo entender lo que sucede a tu alrededor… Y trato… en verdad que trato —susurró molesto apretando sus puños con una fuerza artificial— pero al contemplarte a ti y a tu bondad no puedo sino ver lo poco que en realidad conozco de esta vida que tanto deseo.

El menor agachó la cabeza entrelazando sus manos y jugando con sus dedos.

—Y no tienes idea de lo mucho que todo esto me hace quererte. —las miradas de ambos se encontraron, unos ojos verdes sorprendidos y otros violetas que los miraban con amabilidad— ver tu bondad me hace quererte más, Misaki. Esforzarme inútilmente por tratar de comprenderte a ti y a tu mundo no hace sino hacerme entender lo maravilloso que es el humano al que tanto quiero.

El cariño profundo en los orbes de ambos era inmenso.

Sintiendo que el corazón se le oprimía ante tanto afecto, Misaki se lanzó al otro, aferrándolo entre sus delgados brazos. ¿Así que así se sentía el ser tan querido por otra persona?

Usagi sonrió ante el segundo impulso del día de cariño de Misaki. Esperaba poder obtener muchas más de esas muestras. Con cuidado ante su fuerza sobrenatural y la fragilidad del otro, lo separó un poco para poder admirar sus ojos húmedos ante la ternura y su sonrojo ante su afecto. Escuchando su pequeño y frágil corazón latir a mil, lo besó con mucha ternura. Lo necesitaba mucho.

Misaki lo miró con sus ojos verdes y mientras correspondía su beso se acercó más a Akihiko, quedando a horcajadas sobre él.

Ambos se necesitaban mucho, demasiado. Más de lo que ellos mismos eran capaces de concebir, pues ni ellos mismos creían ser capaces de poder querer tanto a alguien.

Oh, si tan solo su bondad hubiese podido ser recompensada del modo que ambos merecían.

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Ese día lo pasaron juntos. Aprendiendo el uno del otro.

Akihiko descubrió que Misaki no era precisamente una lumbrera si se trataba de asuntos escolares, los suyos no eran errores menores ni descuidos sino un verdadero desconocimiento de todos los procesos, y una pereza y capacidad de distracción infinitas.

Misaki descubrió que Akihiko era mucho más holgazán de lo que se podría esperar en un vampiro… pero era también un genio, con una inteligencia quizá superior a la del joven Shinobu… eso sí, un cabrón egoísta que era, indiscutiblemente, todo un ególatra… pero un buen maestro, a fin de cuentas y para buena (o mala) suerte del menor.

El resto de la tarde, Akihiko ayudó a Misaki a preparar su examen para su nuevo instituto al que sería transferido para poder vivir al lado de su hermano. El menor sufrió las lecciones pero también aprendió mucho, y al final hasta disfrutó la compañía del mayor, la hermosa compañía del mayor.

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Casi al caer la noche, tuvieron una dulce y húmeda despedida, pero no lo suficientemente efusiva, pues tenían la promesa de verse lo más seguido que pudiesen. Ahora más que nunca Akihiko estaría al pendiente de Misaki, no sólo por tener una casa sola y un hermano con mucho trabajo, sino porque, pese a todo, le había preocupado realmente encontrarse con un Misaki más débil. No estaba muy familiarizado con enfermedades humanas, pero sin duda investigaría al respecto para poder cuidar de Misaki.

Mientras caminaba por los estrechos pasillos de la pequeña, pero cálida casa de los Takahashi, con rumbo a la salida, algunas fotografías colgadas en bonitos marcos en la pared tapizada llamaron la atención del vampiro… miró una quizá de hace pocos años donde se veía a Misaki con un muchachito un poco mayor a él, ese debía ser el hermano y Akihiko no pudo evitar pensar que no se parecía en lo absoluto a Misaki; tenía una sonrisa amable y una mirada noble y cálida, pero era muy diferente al menor. En varias fotografías aparecían juntos y al mirar con detenimiento al mayor de los Takahashi algo se le hizo ligeramente familiar, pero no supo decir qué. Al fondo, habían también algunas imágenes que mostraban a otros dos seres, dedujo que eran sus padres y aunque por un momento llamaron demasiado su atención, no tuvo tiempo suficiente para mirarlos, pues escuchó con claridad el aparcamiento de una bicicleta en el jardín del frente. Era, sin duda, Takahiro, y era también el aviso de que era hora de irse.

Sin embargo, las fotografías quedarían por varios días en su mente antes de que diera con la razón del extrañamiento.

Era una lástima, pues si tan solo hubiese esperado tan solo un poco más y hubiese conocido a Takahiro Takahashi en persona, tal vez las cosas hubiesen podido cambiar…


El sonido que avisaba la llegada de un nuevo mensaje instantáneo lo sacó de su adormecimiento. Era de madrugada y Shinobu no pudo evitar preguntarse qué rayos había estado haciendo el holgazán de Misaki como para no haber contestado sus mensajes hasta ahora. Con pereza pero con el ceño fruncido y toda la actitud, Shinobu caminó hacía su portátil, dispuesto a hacer una video-llamada con su amigo para pedirle explicaciones y dejar todo arreglado.

Misaki le explicó que había estado ocupado con lo de su mudanza y su próxima entrada a un nuevo instituto, lo cual fue inútil porque Shinobu era todo menos tonto y era más que obvio que el castaño había estado pasando tiempo con Akihiko. El rubio rodó los ojos y decidió no extorsionar a su mejor amigo, pero sí ir directo al grano, pues esta vez necesitaba de su ayuda.

—Me fugaré. —habló con decisión, pero al ver la mirada de terror del otro en su computadora rodó los ojos y le dijo que no era cierto (al menos no por ahora) pero que había sonado muy guay el decirlo, que en realidad sólo pasaría unos días junto al viejo de su vampiro en Kioto y que, por lo tanto, necesitaba que Misaki le cubriera la espalda, que ya tenía todo planeado y que sólo necesitaba que se atuviera al plan, ya hasta tenía la firma falsa de Takahiro preparada.

Con una expresión mezcla del más puro terror y la más desabrida resignación, Misaki no pudo evitar sorprenderse ante la siempre filosa inteligencia de Shinobu… era peor que un terrorista.

Después de instruir a Misaki en el detallado e infalible plan y de verificar que ya todo estuviese listo para su próxima partida de fin de semana, Shinobu se puso su pijama de seda favorito y en la actitud más fancy del mundo se sentó en su cómodo sillón de cuero, pensando en lo genial que era y bebiendo su rico té verde doble.

Después de un rato sacó de una pequeña cajita dorada el lujoso móvil que su vampiro le había dado anteriormente, para que se comunicase sólo con él ante cualquier situación.

Iba a ser, sin duda, el mejor fin de semana del mundo, y lo mejor: todo había sido propuesta del viejo.


Observó con repulsión el líquido rojizo y viscoso que se mecía en la copa que sostenía en su blanquecina y esquelética mano. Inhaló el olor a óxido y a fétido con simpleza, hasta que después de un rato terminó por bebérselo de golpe, sintiendo como inundaba su interior y calmaba el ardor, pero sin terminar de saciarlo. Era una lástima, no había como la comida fresca.

Contemplando otro detestable amanecer tras su gran ventana polarizada, Kiryuu eliminó con fastidio el correo electrónico de Takahiro de su bandeja de entrada. Muchacho impertinente, más le valdría estar agradeciendo por la oportunidad que le brindó en lugar de estar haciendo preguntas cuyas respuestas más le valdría no conocer.

No era lo que esperaba, había resultado ser un muchachito metiche y demasiado bueno como para ser verdadero, lo que más le repugnaba de él era su sonrisa de idiota y la amabilidad con que trataba a los demás, lo hacían quedar como un retrasado. Aunque siempre podía tomar los puntos débiles de Takahashi como un elemento a su favor, y si el joven químico tenía una debilidad era, precisamente, el incondicional y gran afecto que le tenía a su hermano. Eso, y ser el más grande e idiota ingenuo del planeta. Después de todo, no le había costado nada convencerlo de enviar a Misaki al internado, ni de sacarlo ahora para que iniciase sus tratamientos en los laboratorios a cambio de que él también laborase ahí. Era como una marioneta, una dulce y detestable marioneta.

Kiryuu sonrió. No por nada, lo mejor de todo esto era poder tener a Misaki, al fin y al cabo, tenerlo consigo era prácticamente como tener a un elemento de la old school de Rellik dentro de los nuevos laboratorios.

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Continuará...


20/Octubre/2015

¡He vuelto!

Como les prometí, no pienso volver a dejar botados los fics por tanto tiempo. En realidad este capítulo iba a salir mucho antes, pero como mencioné por ahí, tuve horribles y largos problemas de internet, estuve prácticamente dos meses sin conexión alguna. Yo sé que no es el gran pretexto, pero en lo personal no me gusta escribir sin satisfacer mis necesidades más básicas (y qué cosa más básica en la vida de una fangirl que la conexión inalámbrica xD). En verdad fue horrible, no tienen idea. Tengo la conexión de la universidad, pero la aprovechaba para bajar lo necesario para mis tareas, aunque hasta en eso me fui atrasando poquito.

En fin, ahora me encuentro con una conexión estable en casa y estoy tratando de ponerme al corriente poco a poco. No es tan fácil pues estar en clases me quita mucho tiempo, pero siempre saco un poco para poder escribir.

Por cierto, este capítulo debió haber incluido muchas cosas más xD pero se fue alargando tanto que decidí volver a partirlo, además quería subirlo lo antes posible, sino seguro que estaban otras tres semanas sin capítulo, y no es de dios. xD

En fin, espero que les haya gustado, lamento la tardanza, sepan que pese a las dificultades, siempre trato de dar mi mejor esfuerzo por ustedes y por lo mucho que me gusta Junjou.

En el próximo capítulo al fin tendremos momentos estelares de nuestro querido Terrorist. Y también sabremos un poco de qué rayos piensa Nowaki.

Por cierto:

Like si son Team Takahiro x Nowaki xD por esos compañeros del trabajo que fingen tener duras jornadas pero están muy cuqui tomando el cafecito.

También like si quieren tener un mejor amigo como Shinobu ¿acaso no es adorable?

Pues bien, yo paso a retirarme, pero antes respondo sus reviews. (De haber sabido que iba a tardar tanto, hubiera respondido por DM)

Kanae Michahive: Siempre es un gusto leer tus reviews *sonrisa enorme* y obvio siempre debe haber alguna conexión entre el destino y lo mágico de todos y cada uno de los fics y fans de terrorist. Por cierto, creo que te tendré con la espera un poco más, pero en el próximo si que habrá mucho de Miyagi y Shinobu, que compensará a tu corazón; también pronto se verá la verdad de los otros. Que bueno que te haya gustado la parte de egoist, Hiro, pese a todo fue sensato, sensato y terriblemente egoista, pero equis es Hiroki xD. Espero obtener inspiración para escribir lemons buenos en algún momento y espero que ese momento sea pronto porque será necesario ;) Como siempre gracias por leer y comentar, yo te envío muchos corazones de todos los colores disponibles en los emoticonos y un abrazo enorme. Que te vaya muy bien y espero nos leamos pronto. Cuídate mucho, hermosa. :)

Izanami Kuro: Linda, muchas gracias por leer y por haber esperado por la actualización. Que bueno que te haya gustado y más sobre Hiro, puede parecer gruñón, pero en verdad que la ha tenido difícil y es pese a todo es muy bueno y lindo. Muchas gracias por tus buenos deseos, espero también te encuentres muy bien. Yei, que bueno que hayas elegido letras, verás que no te arrepentirás, aprendes muchísimo y aunque a veces tienes más lecturas pendientes que propósitos en la vida no lo querrás cambiar. Vale, sé que es una experiencia personal, pero en verdad que te deseo lo mejor. Y si necesitas algo sabes que por aquí anda tu querida Apailana. Un abrazo enorme, nos leemos pronto.

lovemikey23: Gracias a ti por esperar, y aquí tienes de nuevo la continuación (espero la próxima no tarde tanto). Yo también quiero que Ijuuin haga enojar a Usagi xD no lo merece, pero sería cool. Verás que pasará, aquí o en otro fic. Yo también te mando besos y abrazos, cuídate mucho. Nos leemos pronto. :)

NUMENEESSE: Siempre me hace feliz verte por aquí. Gracias. Y es cierto, Hiroki es como un imán de la mala suerte xD pero esperemos todo le salga bien al lado del Tifoncito. ;) Un abrazo enorme, nos leemos.

SatsukiYuy: Bienvenida, que bueno que te haya gustado. Tengo muchas ganas de escribir lo que sigue de Terrorist, no me ha dado tiempo de incluirlos en este capítulo pero verás que en el próximo compensaré su falta. Gracias a ti por leer. Un abrazo gigante, bonita, nos leemos por aquí :)

Karen734: Al fin he subido la continuación, de haber sabido que iba a tardar tanto te hubiese respondido por DM, pero con la esperanza de que se solucionarían los problemas de conexión pronto siempre me confié de que actualizaría antes. Lamento la espera, y espero no volver a tardar tanto. Un abrazo.

Gracias a todos por leer y por esperar con paciencia. Tengo por ahí unos fics pendientes que espero escribir cuando tenga el tiempo que se merecen.

Los quiero mucho.

Nos leemos en el siguiente. Cualquier cosa, mis redes sociales están en mi perfil (las arreglaré que ha descompuesto todo xD).

Apailana*