CAPÍTULO 10
-Bien, eso es, entonces se marchan- murmuró Hatchard viendo a los hombres partir. Peinó su corta barba roja con los dedos pensativamente. Estaba de pie con Kaley en los escalones delanteros de Caithness, observando los tres caballos desaparecer en los remolinos de polvo sobre el camino tortuoso.
-¿Por qué tenían que escoger Durrkesh?- preguntó Kaley irritada-. Si quisieran andar de conquista, podrían muy bien haber ido al pueblo aquí-. Ella señaló el pequeño pueblo arracimado protectoramente cerca de las paredes de Caithness, más allá del valle.
Hatchard le disparó una mirada cáustica.
-Aunque esto puede ser una grave sorpresa para ti… debemos decirte… por nuestra naturaleza servicial, que no todos pensamos en eso todo el tiempo, Señora Twillow.
-No soy la 'Señora Twillowing'1, Remmy- espetó ella-. No creeré que has vivido casi cuarenta años sin hacer unas cuantas conquistas tú mismo. Pero debo decir, encuentro espantoso que vayan a buscar conquistas cuando fueron traídos aquí para Serena.
-Si escucharas, para variar, Kaley, podrías oír lo que he estado diciéndote. Fueron a Durrkesh porque Ramsay sugirió, no que irían de conquista, sino para adquirir mercancías que sólo pueden comprarse en la ciudad. Me dijiste que hemos estado cortos de granos de pimienta y canela, y no encontrarás esas mercancías aquí-. Él gesticuló al pueblo y permitió pasar una pausa significativa antes de agregar-: También oí que uno podría encontrar azafrán en la ciudad justo este año.
-¡El azafrán! Santos Benditos, no hemos tenido azafrán desde la primavera pasada.
-Me has mantenido consciente perennemente del hecho- dijo Hatchard irónicamente.
-Uno hace lo que puede para ayudar la memoria de un anciano- resolló Kaley-. Y corrigeme si me equivoco, ¿pero no envías normalmente a tus hombres por las mercancías?
-Viendo que Quinn estaba tan ávido de comprar un regalo elegante para Serena, ciertamente no quise detenerlo. Endimion, creo, simplemente fue con ellos para evitar quedarse solo con la chica- agregó Hatchard secamente.
Los ojos de Kaley chispearon, y aplaudió.
-Un regalo para Serena. Para ayudarla a decidirse a ser Serena de Moncreiffe, ¿verdad? Un buen nombre para una buena chica, debo decir. Y ése la mantendría cerca de las Lowlands.
Hatchard devolvió su mirada pensativa a la cinta de camino que atravésaba el valle. Vio al último jinete desaparecer en una curva y chasqueó la lengua.
-Yo no estaría tan seguro, Kaley- murmuró.
-Cualquier cosa que ese críptico comentario quiera significar... habla- Kaley frunció el entrecejo.
-Sólo que según mis estimaciónes, la chica no ha tenido nunca ojos para nadie excepto Endimion.
-¡Endimion Roderick es el peor hombre para ella!- exclamó Kaley.
Hatchard se volvió para echar una mirada curiosa en dirección a la voluptuosa criada.
-Bien, ¿por qué crees eso?
La mano de Kaley voló a su garganta, y se abanicó.
-Hay hombres que las mujeres desean y hay hombres con que las mujeres se casan. Roderick no es el tipo de hombre con el que una mujer se casa.
-¿Por qué no?- Hatchard preguntó, desorientado.
-Él es peligroso- suspiró Kaley-. Seriamente peligroso para la muchacha.
-¿Piensas que él podría dañarla de alguna manera?- Hatchard se tensó, preparado a batallar si ese era el caso.
-Sin incluso darse cuenta, Remmy- suspiró Kaley.
-¿Que han ido dónde? ¿Y por cuánto tiempo dijiste?- la frente de Serena se arrugó con indignación.
-A la ciudad de Durrkesh, milady- contestó Hatchard-. Y supongo que se habrán ido apenas por una noche.
Serena alisó los pliegues de su vestido, irritada.
-Yo llevé un vestido esta mañana, Kaley, uno bonito- se quejó-. Iba a montar al pueblo llevando el plaid de pa incluso, y sabes cómo odio montar con vestido.
-Pareces encantadora, de hecho- Kaley le aseguró.
-¿Parezco encantadora para quién? Todos mis pretendientes me han abandonado.
Hatchard aclaró su garganta ásperamente.
-No habrá alguno que estabas esperando impresionar en particular, ¿verdad?
Serena lo miró acusadoramente.
-¿Te impuso mi pa que me espiaras, Hatchard? ¡Estás enviándole probablemente informes semanales! Bien, maldición, no te diré nada.
Hatchard tuvo la gracia de parecer desconcertado.
-No estoy enviándole informes. Simplemente estaba interesado en tu bienestar.
-Puedes preocuparte por alguien más. Soy lo bastante mayor y no me entrometo con ninguno de ustedes dos.
-Serena- reprendió Kaley-, no te vuelvas tan malhumorada. Hatchard está expresando su preocupación solamente.
-Me siento con ganas de estar malhumorada. ¿No puedo hacer un cambio?- la frente de Serena se arrugó cuando reflexionó un momento-. Espera un minuto- dijo pensativamente-. Durrkesh, ¿verdad? Tienen una feria espléndida una vez al año… la última vez que fui con mamá y pa, nos quedamos en una posada pequeña absolutamente encantadora... en "Black Boot", ¿verdad, Kaley?
Kaley asintió.
-Cuando tu hermano Edmund estaba vivo los dos iban a menudo a la ciudad.
Una sombra de deslizó por el rostro de Serena.
Kaley hizo una mueca de dolor.
-Lo siento, Serena. No quise plantear eso.
-Lo sé- Serena hizo una respiración profunda-. Kaley, empieza a empacar. Tengo un impulso súbito de ir de feria, ¿y qué momento mejor que ahora? Hatchard, ten los caballos preparados. Estoy cansada de estar sentada permitiendo que la vida pase a mi alrededor. Es tiempo de que haga que la vida me pase a mí.
-Esto no presagia nada bueno, Señora Twillow- le dijo Hatchard a Kaley cuando Serena se marchó enérgicamente.
-Una mujer tiene tanto derecho a la conquista como un hombre. Por lo menos ella estará detrás de un marido. Ahora nosotros simplemente tenemos que reunir nuestras cabezas y asegurarnos de que ella escoja al adecuado- lo informó Kaley altivamente antes de salir después de Serena, meneando bruscamente sus voluptuosas caderas de una manera que hizo a Hatchard pensar en algo largo tiempo olvidado.
Contuvo un suspiro borrascoso y se dirigió a los establos.
El "Black Boot" estaba combado alarmantemente en los aleros, pero afortunadamente los cuartos que Endimion había procurado estaban en el tercer piso, lo que significaba que debían estar bastante seguros del diluvio que había empezado a medio camino de su viaje.
Haciendo una pausa fuera de la puerta abierta a la posada, Endimion tomó con las dos manos los faldones de su camisa y los presionó. El agua chorreó de entre sus manos y roció ruidosamente la gran tabla de piedra fuera de la puerta.
Una niebla gruesa, revuelta, caía sobre el pueblo. En un cuarto de hora más, las nieblas densas serían imposibles de traspasar; habían llegado justo a tiempo para evitar lo peor. Endimion había dejado su caballo en el pequeño patio en forma de U detrás de la posada, donde precariamente oscilaba un malhumorado tejado. Occam encontraría resguardo suficiente, con tal de que el diluvio no cayera sobre él.
Endimion sacudió las gotas de agua que adornaban su plaid antes de entrar en la posada. Cualquier tejedora sabia hacía su trabajo con sal, tejiéndolo tan apretadamente que la tela era virtualmente repelente al agua, y los tejedores de Dalkeith eran considerados de los mejores. Desabrochó una parte del tejido de lana y cubrió su hombro. Quinn y Ramsay ya estaban ante el fuego, calentándose las manos y secando sus botas.
-Hace un clima condenado allí afuera, ¿verdad, muchachos?-. Un tabernero llamó alegremente a través de la puerta de la taberna inmediata-. Tengo un fuego muy cálido aquí, y unas buenas bebidas para apagar su frío que no se queda atrás. Me llamo Mac- agregó con una inclinación amistosa-. Vamos, ¿qué están esperando?
Endimion miró a Quinn, que se encogió de hombros. Su expresión simplemente decía que no había mucho más para hacer que beber en una tarde tan miserablemente húmeda como esa. Los tres hombres se agacharon a través de la puerta baja que dividía el comedor de lo que era propiamente la taberna y reclamaron algunos taburetes de madera en una mesa cerca del hogar.
-Viendo como está esto solitario aquí, también puedo tirar por una vez de un asiento después de traerles sus bebidas. No muchos se aventuran fuera con un aguacero como este-. El tabernero fue tras la barra, volvió a su mesa y trajo una botella de whisky y cuatro jarros con una floritura-. Es un condenado infierno afuera, ¿verdad? ¿Y de dónde vienen?- preguntó, sentándose pesadamente-. No me molesta pierna, si la dejo sobre la madera suave- agregó cuando agarró un segundo taburete, alzó su pierna de madera por el tobillo, y la dejó caer en las tablillas-. A veces me duele cuando el tiempo es húmedo. Y en este maldito país ocurre todo el tiempo, ¿verdad? Lugar oscuro, pero lo amo. ¿Alguna vez han salido fuera de Alba, muchachos?
Endimion observó a Quinn, que estaba mirando extáticamente al tabernero, su expresión mezcla de diversión e irritación. Endimion supo que los dos estaban preguntándose si los solitarios y pequeños taberneros se callaban alguna vez en la vida.
Iba a ser una larga noche.
Después unas horas, la lluvia no había amainado y Endimion usó la excusa de inspeccionar a Occam para escapar de la taberna ardiente y el parloteo incesante de Mac. Sitiado por la misma inquietud que lo había atenazado en Dalkeith, apenas podía sentarse por algo más de unas horas. Se deslizó hacia el pequeño patio al fondo de la posada y se preguntó qué estaría haciendo Serena en ese momento. Una sonrisa ligera encorvó sus labios cuando se la imaginó caminando con su melena gloriosa de cabello, ultrajada por haberse quedado atrás. Serena odiaba ser excluida de algo que los chicos hicieran. Pero eso era lo mejor, y ella lo comprendería cuando Quinn volviera con su regalo e hiciera su petición formal. Endimion apenas podía mirar a Quinn sin ser golpeado por la conciencia de qué pareja perfecta harían, dando nacimiento a perfectos, dorados niños con rasgos aristocráticos y no un toque de locura heredada. Quizás concibiendo a los dos juntos, él podría redimirse a sí mismo en alguna pequeña medida, meditó, aunque el pensamiento de Serena con Quinn hacía que su estómago se apretara dolorosamente.
-Sal fuera de mi cocina y no vuelvas, cachorro de rata- una puerta en el lado más lejano del patio estalló, abriéndose de repente. Un niño dio volteretas con la cabeza sobre los talones en la noche y aterrizó en el barro.
Endimion estudió al hombre cuya amplia constitución casi llenaba la puerta. Era un hombre grande, fornido, de más de seis pies de alto, con una corona de rizos castaños segados. Su rostro estaba jaspeado con manchones rojos, producto de la ira o el ejercicio, o más probablemente ambos, decidió Endimion. Asía un ancho cuchillo de carnicero que brilló embotadamente en la luz.
El muchacho se incorporó sobre sus rodillas y resbaló en la tierra mojada. Restregó una salpicadura de barro en su mejilla con dedos delgados y sucios.
-Pero Bannion siempre nos da los trozos. Por favor, señor, ¡nosotros necesitamos comer!
-¡Yo no soy Bannion, cachorro insolente! Bannion no trabaja aquí ya, y no es sorprendente, si está regalando cosas. Yo soy ahora el carnicero-. El hombre dio un puñetazo al niño con tal vigor que el muchacho se derrumbó sobre su espalda en el barro y agitó su cabeza como mareado-. ¿Piensas que nosotros salvamos pedazos de los cortes para gente como tú? Puedes pudrirte en un canal, Robbie MacAuley te lo dice. No espero que nadie me alimente. Así es como ratas como tú crecen para ser ladrones y asesinos de los honrados hombres que trabajan duro-. El carnicero salió en la lluvia, arrastró al niño desde el barro por su cuello desaliñado, y lo agitó. Cuando el muchacho empezó a aullar, el carnicero hizo sonar una mano carnosa por su rostro.
-Suéltalo- dijo Endimion quedamente.
-¿Eh?-. El hombre echó un vistazo alrededor, sobresaltado. Una sonrisa de desprecio cruzó su rostro rojo cuando su mirada encontró a Endimion, parcialmente disimulado por las sombras. El carnicero se enderezó amenazante, suspendiendo al muchacho con una mano-. ¿Y en qué te conciernen a ti mis asuntos? Quédate fuera de esto. No pregunté tu opinión y no la quiero. Encontré a este robándome las vísceras...
-¡No! ¡Yo no robo! Bannion nos da los trozos.
La mano del carnicero se estrelló contra la cara del muchacho, y la sangre manó de la nariz del niño.
En las sombras, Endimion miró fijamente, trasfigurado, al niño sangrante. Los recuerdos empezaron a apiñarse en torno a él con la llamarada de una hoja color de plata, una caída de rizos rubios y una bata corta ensangrentada... los pilares de humo que un viento sobrenatural empezaba a subir, y sentía su cuerpo retorcerse por dentro y reformarse hasta que se perdió desesperadamente en el frenesí dentro de sí. Lejos, más allá del pensamiento consciente, Endimion arremetió contra el carnicero y lo aplastó contra la pared de piedra.
-Hijo de puta-. Endimion cerró sus manos alrededor de la tráquea del hombre-. El niño necesita comida. Cuando te suelte, vas entrar a la cocina y llenar una cesta con la carne más fina que tengas, y entonces vas a...
-¡Mira bien lo que haré!- el carnicero consiguió jadear. Se retorció en el asimiento de Endimion y zambulló ciegamente hacia adelante su cuchillo. Cuando la hoja se deslizó, la mano de Endimion se relajó infinitesimalmente, y el carnicero aspiró en una respiración silbante de aire-. Ahí tienes, bastardo- gritó roncamente-. Nadie sacude a Robbie MacAuley. Ya te enseñaré-. Él empujó a Endimion con ambas manos y retorció el cuchillo mientras lo hacía.
Cuando Endimion osciló hacia atrás, el carnicero se adelantó, sólo para caer de nuevo contra su espalda; sus ojos se ensancharon incrédulamente, porque el loco que había apuñalado con una brutalidad y eficacia que debía haber causado una herida mortal estaba sonriendo.
-Sonríe. Eso es, sigue, sonríe mientras te mato- gritó-. Morirás sonriendo, eso es malditamente seguro.
La sonrisa de Endimion contenía tan siniestra promesa que el carnicero se aplastó contra la pared de la posada como un liquen que buscara una hendidura profunda, sombría entre las piedras.
-Hay un cuchillo en tu barriga, hombre- siseó el carnicero, observando la destacada empuñadura del cuchillo para tranquilizarse de que, de hecho, estaba alojado en el abdomen de su atacante.
Respirando uniformemente, Endimion asió la empuñadura con una mano y sacó la hoja, poniéndola serenamente bajo las temblorosas quijadas del carnicero.
-Vas a hacerle la comida por la que vino al muchacho. Después te disculparás- dijo Endimion levemente, sus ojos refulgentes.
-Al demonio contigo- el carnicero echó saliva al hablar-. En cualquier minuto estarás cayéndote sobre tu cara.
Endimion niveló la hoja debajo de la oreja del carnicero, paseándola por su yugular.
-No cuentes con ello.
-Deberías estar muerto, hombre. ¡Hay un agujero en tu barriga!
-Endimion- la voz de Quinn cortó a través del aire nocturno. Apretando suavemente, con el cuidado de un amante, Endimion agujereó la piel en el cuello del carnicero-. Endimion- Quinn repitió suavemente.
-¡Dioses, hombre! ¡Déjame ir!- el carnicero gritó frenéticamente-. ¡Él está endemoniado! ¡Sus malditos ojos son como...!
-Cállate, imbécil- Quinn dijo en un modulado tono conciliatorio. Sabía por experiencia que las palabras proferidas bruscamente podrían realizar una escalada al estado de Berserkergang. Quinn rodeó a los hombres cautamente. Endimion se había helado con la hoja en la garganta del hombre. El muchacho lastimado volvió a levantarse y los miró fijamente, con ojos muy abiertos.
-Él es un Berserker- el muchacho susurró reverentemente-. Por Odín, mira sus ojos.
-Él es un Berserker- lloriqueó el carnicero, mirando a Quinn-. ¡Haz algo!
-Estoy haciendo algo- dijo Quinn quedamente-. No hagas ningún ruido fuerte, y por Cristo, no te muevas-. Quinn caminó más cerca de Endimion, asegurándose de que su amigo pudiera verlo.
-El chico simplemente parece un vagabundo. No es cosa para estar matando a un hombre honrado- gimoteó el carnicero-. ¿Cómo se suponía que debía saber que él era un maldito Berserker?
-No debía haber representado ninguna diferencia si él lo es o no. Un hombre no debe comportarse honorablemente sólo cuando hay alguien más grande y más duro alrededor para forzarlo- dijo Quinn, hastiado-. Endimion, ¿quieres matar a este hombre o alimentar al muchacho?- argumentó suavemente, cerca de la oreja de su amigo. Los ojos de Endimion eran incandescentes en su luz, y Quinn supo que estaba hundiéndose profundamente en el ansia de sangre que acompañaba al Berserkergang-. Sólo quieres alimentar al muchacho, ¿verdad? Todo lo que quieres hacer es alimentar al muchacho y mantenerlo alejado del daño, ¿recuerdas? Endimion Darien, escucha. ¡Mírame!
-Odio esto, Quinn- dijo Endimion después, mientras desabotonaba su camisa con dedos insensibles.
Quinn le echó una mirada curiosa.
-¿Realmente? ¿Qué había allí para odiar? La única diferencia entre lo que hiciste y lo que yo habría hecho, es que no sabes lo que estás haciendo cuando estás haciéndolo. Incluso eres honorable cuando no estás totalmente consciente. Eres tan condenadamente honorable, que no puedes comportarte de ninguna otra manera.
-Lo habría matado.
-No me convencerás de eso. Te he visto hacer esto antes y te he visto arrancarte de ese estado. Mientras mayor te haces, más control pareces ganar. Y no sé si has comprendido esto, pero no estabas completamente indiferente esta vez. Me oíste cuando te hablé. Antes tomaba mucho más tiempo orientarte.
La frente de Endimion se arrugó.
-Eso es verdad- admitió-. Parece que puedo retener un atisbo de conciencia. No mucho, pero es más de la que tenía.
-Permíteme ver esa herida-. Quinn acercó una vela-. Y ten presente que el carnicero no habría tenido en cuenta pegar al muchacho y dejarlo morir en el barro. En esta ciudad se considera a los niños vagabundos no mucho mejor que las ratas callejeras, y el acuerdo general es que mientras más rápidamente mueran, mejor.
-Eso no está bien, Quinn- dijo Endimion-. Los niños son inocentes. No han tenido oportunidad de ser envenenados. Haríamos mejor en llevarnos a los niños a alguna otra parte para educarlos propiamente. Con alguien como Serena para enseñarles fábulas- agregó.
Quinn sonrió débilmente cuando se agachó hacia la herida arrugada.
-Ella será una madre maravillosa, ¿no es verdad? Como Elizabeth-. Pensativo, dibujó con sus dedos la cicatriz de la cortadura ya cerrada en el costado de Endimion-. Por la lanza de Odín, hombre, qué rápidamente sanas.
Endimion hizo una mueca ligera.
-Bastante. Parece hacerlo cada vez más rápido, mientras más adulto me hago.
Quinn se dejó caer en la cama y agitó su cabeza.
-Eso debe ser una bendición. No tienes nunca que preocuparte por una infección, ¿verdad? ¿Cómo se mata a un Berserker, entonces?
-Con gran dificultad- contestó Endimion secamente-. He intentado beber hasta la muerte, y eso no funcionó. Entonces intenté trabajar hasta la muerte. Fallando en eso, me zambullí en cada batalla que podía encontrar, y eso tampoco funcionó. La única cosa que no intenté fue jod...-. Él se interrumpió, avergonzado-. Bien, como puedes ver, nada de eso funcionó.
Quinn sonrió abiertamente.
-No haría ningún daño intentarlo, sin embargo, ¿verdad?
Endimion esbozó una curva débil de sus labios.
-Duerme un poco, hombre-. Quinn lo pinchó con ligereza en el hombro-. Todo parece mejor por la mañana. Bien, casi todo- agregó con una mueca tímida-, dependiendo de cuánto bebí la noche anterior. Entonces, a veces, la jovencita parece peor. Y así pienso yo de ese asunto.
Endimion apenas agitó su cabeza y se echó atrás en la cama. Plegando sus brazos detrás de su cabeza, se quedó dormido en segundos.
1 Juego de palabras: Twill es un saco de sarga en inglés, que se usa para guardar granos. Twillow es el verbo que significa el acto de empaquetar, liar. "Señora Twillowing" podría significar entonces: "Señora Liadora".
