-Yo soy tu Guardián.


Por supuesto la fiesta del Ministro de Magia es impresionante. El Salón de los Victoriosos (por muy arrogante que suene el nombre) siempre ha sido la sede para las fiestas tras la guerra, aunque nunca a este nivel. Un gran león de hielo está colocado en el fondo, sobre la mesa del gigantesco buffet encargado en los mejores restaurantes del Reino Unido y Francia.

Dignatarios de todos los países posibles están reunidos en un mismo espacio. Grandes celebridades del quidditch, del teatro, de la ópera y multitud de representantes de las familias de sangre pura más antiguas. (Incluso yo tengo que reconocer que no conozco a la mayoría.)

Cojo una copa de champagne de la bandeja de un camarero que pasa cerca. Bebo un pequeño sorbo y miro a mi alrededor. Al instante me siento atraído hacia el hombre de pelo negro peinado en dos mitades enmarcando unos ojos verdes tras unas gafas metálicas. Viste con un traje muggle negro de tres piezas junto a unos zapatos brillantes, una camisa rojo sangre y una corbata negra. Sobre todo el conjunto lleva una túnica de terciopelo negra abierta por delante. Se mueve con confianza entre el mar de personas, como si hubiera nacido para estar en este ambiente.

En algún momento dos hombres con la misma confianza se acercan a él. Harry sonríe (esta vez de verdad, no como la sonrisa falsa que ha mantenido hasta ahora) y les estrecha la mano.

Habla por unos instantes con ellos y el pelirrojo me mira durante un segundo. Weasley y Granger también se acercan para hablar con ellos. (Ella incluso les abraza.)

Me distraigo un momento para intercambiar unas palabras con una jugadora de las Arpías de Holyhead. Cuando ella se aleja un ligero golpe en mi hombro me hace girar para encontrarme cara a cara con Harry. Él me sonríe como saludo y yo le respondo.

-Feliz Navidad, Draco.

-Feliz Navidad, Harry. ¿Cómo te va con el libro?

-Bastante bien, he adelantado bastante. Pero ahora ven, quiero presentarte a alguien.

Me lleva junto a los hombres, Weasley y Granger. Mientras caminamos aprovecho para observarles bien. (No había podido hacerlo antes.)

Uno de los hombres tiene el pelo castaño claro corto y la piel naturalmente morena. Sus ojos son color avellana, pero puedo distinguir un brillo dorado en ellos, como los de un águila. Viste con un traje negro similar al de Harry, pero con la camisa blanca y la corbata roja. Su túnica es gris carbón.

El otro es pelirrojo y con ojos verdes, varios tonos más claros que los de Harry. Viste con un traje gris intermedio con una camisa blanca y corbata gris. La túnica es verde oscuro.

Weasley también lleva un traje muggle, pero en azul oscuro junto a una corbata negra y camisa blanca. Su túnica es rojo escarlata.

Granger, por su parte, lleva un precioso traje azul claro de lo que creo que es gasa y el pelo recogido en un moño suelto en la nuca. Lleva poco maquillaje, el suficiente para hacer destacar sus rasgos.

-Ellos son Desmond Miles-el de pelo castaño inclina la cabeza como saludo-y Shaun Hastings-el pelirrojo me sonríe ligeramente-. Él es Draco Malfoy.

-¿Ese Draco Malfoy?

-No empecemos, Des, que vuelves al sofá.

-¿Otra vez al sofá? ¡Si acabo de regresar!-una mirada ácida paraliza a Desmond, que se cruza de brazos y suspira-. Como usted quiera, señor Hastings.

Harry arquea una ceja, sonríe ligeramente y suelta una risa contenida. Granger esconde su propia sonrisa tras la copa de champagne. Weasley mira a los cuatro sin entender nada. (Igual que yo.)

-Bueno, volviendo al tema. Me alegra conocerle, señor Malfoy. Harry nos ha hablado mucho de usted. Aunque nunca pensé que nuestro querido Guardián se interesara tanto en un mortal.

(¿Nuestro querido Guardián?)

-¿Sois Dioses?

-Yo soy el Dios de la Historia y Desmond es el Dios del Alcohol.

-Pero pensé...

-Es natural que el Guardián se acerque a los Dioses, aunque sea de forma inconsciente. Al fin y al cabo, fue él quien ayudó a crearlos.

(Siempre olvido eso. Harry fue el primer ser, el ser de oscuridad, en ser creado por el Señor de los Cielos. Él ha vivido más que ningún otro.)

Una sombra oscura cruza los ojos verdes de Harry y su sonrisa se tambalea durante un segundo.

-¿Podemos dejar de hablar de esto? Es Navidad, los negocios se pueden dejar para más tarde.

El propio Ministro de Magia se acerca a nosotros sonriente, con una copa en la mano y las mejillas algo sonrojadas. (Está borracho o a punto de llegar ahí.)

-¡Harry, amigo mío!-se cuelga de sus hombros-. Es genial que estés aquí, tengo que presentarte a muchas personas. Y las mujeres son preciosas, quizás encuentres compañía para esta noche entre ellas...

Harry consigue sonreír encantadoramente (aunque veo que es muy forzada) y se aparta ligeramente.

-Lamento informarle, señor Ministro, que, aunque todas las mujeres son hermosas en su propio derecho, ninguna me llama la atención a tal nivel.

Su voz, a pesar de las palabras amables, es fría y distante. El Ministro hace un gesto con la copa y está a punto de derramar el champagne sobre su túnica.

-Bobadas, alguna llamará tu atención, Harry. Fíjate, he escuchado que la del vestido verde es muy atrevida en la cama.

Sus ojos se estrechan con odio y repulsión. Da un deliberado paso hacia atrás y el Ministro pierde su apoyo.

-Mis disculpas, Ministro, mañana tengo una reunión con un viejo conocido y no me gustaría llegar tarde. Me retiraré por hoy.

Se gira sobre sus talones y la túnica ondea tras él de una forma que habría hecho orgulloso al profesor Snape. Justo cuando solo ha dado dos pasos las puertas del Salón se abren de golpe y entra un grupo de encapuchados con las varitas listas para atacar. Sin una sola palabra empiezan a lanzar hechizos a diestro y siniestro.

Uno de ellos, el que está justo en el centro, mira a su alrededor como si buscara a alguien. Por último, a través de todo el alboroto, fija sus ojos oscuros en mí. Su sonrisa siniestra me provoca escalofríos y me impide moverme.

-Te encontré, Señor.

Lanza un hechizo aturdidor hacia mí y reacciono justo a tiempo para apartarme a un lado. Saco mi varita y empiezo un duelo contra el hombre. (Hace tiempo que no luchaba, estoy un poco oxidado y mis reflejos no son como antes.)

De repente un hechizo de corte atraviesa mis escudos, pero un brazo musculoso se interpone en su camino. La sangre caliente salpica el suelo. El tiempo parece que se ralentiza mientras veo a Harry interponerse entre mi atacante y yo. La sangre gotea de los dedos de su mano izquierda, pero la derecha mantiene con fuerza la varita. Da un paso adelante y hace un elegante giro de varita, preparado para pelear.

Todos a nuestro alrededor se detienen cuando Harry empieza a hablar.

-¿Nunca te han enseñado a no enfrentarte al lobo negro? Porque estás cabreando a uno y más rápido de lo que piensas. Ya estaba enfadado de antes, no me obligues a hacer algo de lo que después tendré que pagar.

-¿Sabes qué? No me importa, mi señor me ha enviado aquí a por el Señor de los Cielos y no voy a regresar sin él.

-¿Quién ha dicho que ibas a regresar?

En un movimiento más rápido que el pensamiento, el hombre encapuchado está en el suelo y sus compañeros están atrapados con cuerdas mágicas. Harry sacude su mano izquierda y gotitas de sangre salpican en todas las direcciones. Estas gotas se convierten en pequeños rubíes que resuenan contra el suelo.

Me quedo mirándolos sin comprender del todo lo que ha pasado. (En un momento estoy luchando contra alguien, en el momento siguiente Harry me salva y lanza un hechizo extraño a ese alguien. Y ahora estoy mirando unos pequeños rubíes en los que se han transformado las gotas de sangre de Harry.)

-¿Estás bien?

Me distraigo por la voz de Granger a mi lado. Asiento, siguiendo con la mirada a Harry, que se acerca con pasos medidos al hombre en el suelo. (La túnica ondea tras él como un par de alas negras.)

Weasley y Desmond ya están allí. Los tres discuten por un momento y el castaño se arrodilla junto al hombre, eliminando su capucha y rasgando la parte delantera de la túnica. Una gran mancha morada aparece en su pecho.

-Eso es una hemorragia interna.

La voz de Shaun también me sorprende.

-¿Cómo ha podido crearla?

-Hay muchas formas. Desmond es el experto en eso.

-¿Des? ¿El Dios del Alcohol?

-Han sido unos años interesantes. Ya sabes que yo sí hice el juramento y él me ha estado protegiendo. Aprendió todo lo necesario. Pero esa magnitud...

El grito de Weasley nos sorprende a todos.

-¡¿CÓMO HAS PODIDO HACERLO CON UN SIMPLE DIFFINDO?!

(¿Un hechizo de corte? Es lo que intentó lanzarme a mí...)

-He estudiado anatomía, Ron. Ya sabes, he tenido tiempo más que suficiente. Solo he enfocado el hechizo en una de las paredes internas del corazón.

-Entonces no se habría producido la hemorragia.

-Es posible que se me haya ido la mano un poco y haya cortado la aorta en su lugar. Suele pasar cuando mis instintos interfieren.

Una mirada temerosa aparece en todos los Dioses y mortales. Algo en mí se estremece. (Una parte que hasta ahora no sabía que existía.)

-¿Por qué? Podrías haberle capturado como al resto.

-Él era diferente. No se habría dejado capturar tan fácilmente. Y habrían muerto muchos inocentes. Solo he elegido el menor de dos males para proteger al Señor de los Cielos.

-¿Está en esta sala?

-En serio, Miles. Se nota que te pasas el día borracho.

-¡Hey! Tampoco son todos los días...

-Pero sí la mayoría. Ahora usa las pocas neuronas que le quedan a tu cerebro. ¿A quién ha protegido Harry? ¿Por quién ha ignorado sus instintos de conservación para arriesgarse? ¿Quién es el único mortal que no está en trance ahora mismo?

(¿Trance? Ahora que lo pienso el resto de invitados a la fiesta debería haber estado haciendo preguntas sin parar.) Miro a mi alrededor para verles con la mirada perdida en el infinito y una expresión estúpida en la cara.

(Un momento. Todos... menos yo.)

-¿Yo soy... el Señor de los Cielos?

Harry se cruza de brazos y me envía una mirada divertida.

-Pensé que lo de ser lento le iba más a Desmond.

-En serio, me estoy enfadando.

-Pero... ¿Cómo? ¿Cómo puedo ser yo el Señor de los Cielos? Soy un mortífago... No puedo ser la encarnación de la luz del mundo, del Primer Ser.

Hay un silencio tenso en toda la sala.

-Draco, hay algo que he aprendido con el tiempo. Toda luz tiene su propia sombra para brillar con más intensidad. Pero no es solo una, son dos. No es solo la sombra que produce, sino la que la propia luz tiene. Tú, siendo la Luz, tienes la marca de un mortífago, pero fue por sentimientos nobles, para proteger a tu familia. Pero todavía puedes brillar mucho más. Ahí es donde entra en acción la segunda sombra, la sombra que produce. Y yo, como la Oscuridad, haré que brilles mucho más que el Predecesor, porque lo entregué todo para ello.

(¿Entregué? ¿No fue creado?)

Parece que Granger también se da cuenta del error.

-¿No deberías decir que fuiste creado para ello?

-No, lo he dicho bien. Este es el mayor secreto del universo. Tú deberías saberlo, Hermione. Eres la Diosa de la Inteligencia.

-Realmente, no tengo ni idea de qué hablas.

-¿Cómo era la frase...? ¿Hace muchos milenios la oscuridad lo invadía todo? Sí, creo que era esa.

Shaun ahoga un grito de sorpresa. (Al menos hay alguien que lo entiende.)

-No es posible. Lo que dices es imposible. La Luz...

-¡¿Alguien puede explicarnos qué significa todo esto?!

Harry me mira directamente a mí a pesar de que ha sido Weasley quien ha gritado la pregunta. (En sus ojos hay soledad, desesperación y muchas más emociones ocultas tras un velo de oscuridad.)

De algún modo el significado de todo llega a mi mente en un instante. Soy yo quien habla.

-La Luz no fue el origen, lo fue la Oscuridad.


Tan-Tan-Tan (o como quiera que se escriba.) ¿Sorprendidos? Espero que sí, he reescrito la última parte como trece veces. Por favor, dejadme saber lo que pensáis.

Espero leeros pronto,

Naraya