CAPÍTULO 11

EL ATAQUE A LA ACADEMIA

La cafetería estaba bastante animada, con alumnos de todos los cursos pasando el rato con sus amigos mientras tomaban un refresco o comían algo.

Ulrich y Odd también se encontraban allí cuando Max y Milly llegaron. Ocuparon una de las pocas mesas vacías que quedaban y le pidieron a Rossie, la cocinera, que les sirviera un par de refrescos.

- Y bueno, ¿a qué se dedican tus padres, Milly? – Le preguntó, por comenzar un tema de conversación de algo.

- Bueno… mi padre tiene una empresa de… investigación tecnológica creo, no lo sé. La verdad es que nunca me ha interesado mucho su trabajo. Mi madre es reportera.

- Ah, de ahí viene tu dedicación al negocio.

- Si – se ruborizó – La verdad es que me gustaría llegar a ser tan buena como ella.

- Seguro que lo consigues.

- No sé… mi padre no quiere que acabe como ella. Prefiere que me casé con un chico rico que herede su compañía.

- Principios anticuados, ¿eh?

- Si… es muy tradicional.

- Se nota.

La puerta de la cafetería se abrió de golpe. Era Yolande Perraduin, la enfermera de la academia.

- ¿Qué pasa, Yolande? – Le preguntó Rossie al darse cuenta que estaba pálida - ¿No te encuentras bien?

- ¡Algo está absorbiendo la academia! – Gritó.

Al oír esto, todos se dirigieron a las ventanas que daban al patio para ver que pasaba, incluidos Odd y Urlich que ya se temían lo peor.

Una especie de sustancia viscosa se movía por el suelo, por las paredes, por los tejados, por todas partes, envolviendo los edificios. Estaba comenzando a rodear la cafetería, impidiendo la salida y la entrada.

De la sustancia del suelo no hacían más que salir flotando varias burbujas, que se estaban empezando a juntar en el aire, creando poco a poco una cúpula que iba rodeando la academia.

Ulrich y Odd, al igual que Max, la reconocieron de inmediato, era la Marabunta.

Mientras que los dos guerreros de Lyoko se preguntaban como era posible que esa cosa hubiera llegado al mundo real, Max sonreía, ya que el plan se había puesto por fin en marcha.

- ¡Estar aquí no es seguro! – Gritó Ulrich a todos los que estaban allí - ¡Tenemos que salir de aquí!

Oyeron un crujido. Cuando miraron al techo, vieron como pequeñas grietas comenzaban a aparecer. Luego, de pronto, los cristales de las ventanas reventaron y la sustancia morada comenzó a entrar en la cafetería.

Todos los presentes fueron retrocediendo, apilándose cerca de la cocina.

- ¿Alguna idea, Ulrich? – Le preguntó su amigo.

- Pues…

Max le palpó el hombro. Cuando Ulrich se giró para mirarle este le señaló las mesas del comedor.

- Usemoslas como puente para salir por la ventana.

Sin una idea mejor, todos aprobaron su sugerencia. Entre todos los chicos cogieron la mesa más grande y la pusieron a modo de pasarela en la ventana por la que menos líquido entraba.

Poco a poco, fueron saliendo.

Jeremy corría hacía la fábrica desde el mismo momento en el que recibió el aviso de la torre activada, pero no era tan fácil.

La Marabunta había rodeado por completo la Academia y poco a poco ibra construyendo una cúpula para sellarla. Estaba claro cuál era su objetivo, impedirles llegar a la fábrica para ir a Lyoko y desactivar la torre.

No se explicaba como esa cosa podía haber llegado al mundo real, pero tenía que darse prisa para desactivarla.

Finalmente llegó a la alcantarilla para entrar en el pasadizo, pero cuando la abrió se llevó la sorpresa de que un chorro de la sustancia de la marabunta salió disparado hacía el cielo, como un géiser.

- ¡Maldición! – Protestó mientras veía, impotente y sin tener tiempo a reaccionar, como esa sustancia caía sobre él. A los pocos segundos quedó inconsciente.

La cafetería ya estaba casi vacía. Solo quedaban por salir Ulrich, Odd, Max y Milly.

Estaban esperando a que Rossie pasase por la mesa, temerosos de que esta no aguantase su peso, además de que la Marabunta cada vez los rodeaba más y más.

- ¡Rossie, date prisa por favor! – Le suplico Milly.

- ¡Eso intento cariño, pero ya no estoy para estos trotes!

Finalmente, y con torpeza, Rossie logró saltar al otro lado. Ahora solo quedaban ellos y tenían claro que lo harían de una sola vez.

Odd logró pasar sin problemas, pero cuando Milly y Ulrich estaban a punto de pasar, la mesa se rompió. Ulrich logró saltar al exterior pero Milly perdió el equilibrió y cayó de espaldas, directa a la Marabunta.

Cerró los ojos con fuerza, temerosa de lo que le pudiera pasar, pero cuando los abrió, se encontró de frente con el rostro de Max, estando en alto sostenida por sus fuertes brazos.

- Salvarte se esta convirtiendo en un trabajo, voy a tener que cobrarte – bromeó.

- L-Lo siento… - se disculpó ella ruborizada.

Max tanteó la situación. Estaba claro que el hecho de que él estuviera atrapado por la Marabunta no estaba planeado, ¿o si lo estaba por parte de X.A.N.A? Fuera como fuera, no lo tenían fácil para salir de allí.

La mitad de la mesa que cayó en la Marabunta desapareció, engullida por esta, y encima había comenzando a engullir también el cacho que aún estaba apoyado en el marco de la ventana.

- ¡Ulrich! ¡Tírame el trozo de mesa al suelo!

- ¡¿Te has vuelto loco? ¡Se lo tragará en nada!

- ¡Tú hazlo!

Obedeciendo, Ulrich le pegó una patada y el trozo de mesa cayó encima de la masa. Con la rapidez de un lince, Max tomó impulsó y saltó sobre el trozo de mesa y luego volvió a tomar otro impulso y se tiró en plancha hacía la ventana, atravesándola.

Antes de que cayesen a tierra, se giro para caer el debajo y que Milly quedase encima de él, para evitar daños.

- ¡Max, ¿estás bien? – Preguntó preocupada Milly al ver que Max se quejaba.

- Si, no te preocupes. Es solo el sobresalto.

Milly lo abrazó con fuerza, aún temblando, casi parecía que fuera a llorar.

- ¡Lo siento! ¡Por mi culpa siempre te acabas haciendo daño! – Se disculpó.

- Cálmate, que no me voy a morir por un par de rozaduras.

- ¡Pero…!

Max le impidió continuar tapándole la boca con su dedo.

- Luego podrás decirme lo que quieras. Ahora lo importante es salir de aquí.

Todos se dirigieron a la puerta principal, con la esperanza de que esa cosa no hubiera llegado hasta allí. Y, sobre todo, llegar antes de que la cúpula se cerrase.

Mientras todos estaban distraídos, Ulrich y Odd aprovecharon para escabullirse e ir en dirección al pasadizo que había en la sala de calderas, para llegar a la fábrica.

Max hizo lo propio, aprovechando cuando el grupo se reunió con otro que también iba en dirección a la puerta principal, se separó de Milly sin que se percatase y se puso en marcha, aprovechando que la Marabunta no le atacaría a él, o al menos eso esperaba.

Aelita y Yumi por fin lograron llegar al puente que daba a la fábrica. Habían salido corriendo lo más de prisa que habían podido cuando recibieron el mensaje de Jeremy, pero ya era demasiado tarde.

Toda la fábrica estaba envuelta por la marabunta.

- ¡N-No puede ser!

- X-X.A.N.A nos ha ganado la partida… - dijo, rendida, Aelita al ver como su única esperanza era envuelta y comenzaba a ser consumida por la creación de su amigo.