¡Hola a todo el mundo! ¿Qué tal estáis? Os traigo otro capítulo muy intenso, esta vez un poco más largo que los anteriores. ;) ¡Espero que os guste!
Gintama no me pertenece, es obra de Hideaki Sorachi.
—¡Kagura! —exclamaron todos los presentes en la sala.
Gritaban y reían, emocionados. La pelirroja estaba siendo asfixiada por los brazos de sus seres queridos, y aunque a cualquiera le hubiera parecido sofocante, ella estaba más que conmovida por el feliz reencuentro.
—¡Oigan, que van a matarla! —gritó Shinpachi, quien era, posiblemente, el más cuerdo de ahí.
La ojiazul tosía desesperadamente, mientras que Gintoki le daba suaves palmadas en la espalda.
—Ahora tendrás que explicarnos muchas cosas, mocosa. —dijo el mayor.
—Ah, sí. —recordó, volviendo la tensión en la sala. —Antes que nada, deberíamos hablar esto en un lugar más... privado. —habló mientras bajaba la voz.
El tutor asintió, comprendiendo lo que quería decir y salieron de la comisaría. Todos fueron al bar de Otose, la directora, que además de dedicarse a la enseñanza, servía en su local.
—¿Y bien? —Otose observó a la chica, encendiendo un cigarro.
Kagura cogió una bocanada de aire, intentando ser seria.
—Sé quién me secuestró. —todos los presentes se alertaron. —Fue mi hermano, Kamui.
Gintoki abrió los ojos como platos, apretando los puños.
—¿Por qué haría eso tu propio hermano? —preguntó una curiosa Otae.
La pelirroja dudó un momento en hablar, pero prosiguió.
—No he contado mi situación familiar, —dirigió su mirada a Gintoki— ni por qué vivo con Gin-chan, porque no quería que nadie supiera de dónde provengo.
—Puedes confiar en nosotros. —aseguró Shinpachi. —Aunque nos conozcamos desde hace poco, tienes todo mi ánimo.
—Lo sé. —sonrió. —Mi madre murió por una enfermedad cuando yo tenía siete años. Papi y Kamui tenían sus diferencias, lo que ocasionaba discusiones muy graves. —empezó a relatar, recordando esos días lejanos clavados en su memoria. —Una pelea se volvió violenta y cuando me di cuenta, Kamui intentó matarle, pero le detuve a tiempo. Al final, Papi se rindió dejándome con Kamui sola, pero no duramos mucho tiempo. —bajó la mirada. —Mi hermano ganaba dinero matando a gente, y cuando cumplí once años me ordenó a hacer lo mismo.
Kagura calló unos segundos y observó a Sougo, que no parecía asimilar toda la información, o más bien no quería creerlo. Decidió ignorarle, siguiendo con la explicación.
—Yo me opuse completamente, pero al final fui obligada. Cuando estaba a punto de... hacer eso, conocí a Gin-chan. Afortunadamente, me salvó. —le sonrió al hombre. —Él me comprendió y me dio un hogar, pero Kamui al ver que había desaparecido, me siguió como un desquiciado. —su rostro se volvió aún más serio. —Creo que en ese momento mi hermano perdió la poca cordura que le quedaba.
—No justifica lo que hizo, pero... cualquiera habría perdido la cabeza con una vida así. —dijo Gintoki.
La pelirroja asintió, apoyando la opinión del peliplata.
—Ha soportado tanto sufrimiento que hasta siento admiración por él. —opinó Soyo. —Y tú también, Kagura-chan. Que estés aquí sana y salva es increíble. —sonrió, apretando la mano de su amiga.
De repente, Sougo se puso de pie y todos centraron su atención en el chico. Kagura quería decir algo, pero no sabía cómo hablar con él.
—¿Y puedes explicar por qué estabas en ese garaje? —dijo Sougo. —Según tú, el jefe te salvó cuando tenías once. —musita, enfadado.
La ojiazul se puso de pie y frente a él, confesó.
—Sí, maté a esos dos hombres y el que escapó se suicidó por depresión. —se sinceró. —Como dices tú, soy una asesina.
Todos los presentes gritaron sorprendidos, menos Gintoki, que sabía acerca de la historia.
—Eres la basura de la sociedad. —insultó, cogiendo su chaqueta para intentar huir.
Gintoki abrió la boca para protestar, pero la pelirroja le calló, dejando que se fuera. La chica permaneció seria, aguantando las ganas de llorar.
—El día veintiocho de diciembre iba a salir con Gin-chan, pero Kamui me contactó prometiendo que había cambiado. No estaba segura de ir, pero al final le di una oportunidad. Tonta fui. —suspiró. —Me llevó allí y me drogó. Cuando me di cuenta, aparentemente yo había matado a dos hombres y el que huyó se suicidó por trauma. No recuerdo nada de ese día.
—Entonces puede que no seas la asesina. —dijo Shinpachi, intentando ser positivo.
—Eso creía yo hasta que me secuestró Kamui. ¿Y si... de verdad soy la asesina y estoy pagando por lo que hice? —dudó la chica, empañando sus ojos.
Soyo, decidida, le propinó una bofetada a su amiga que dejó boquiabiertos a todos.
—¡No puedes decir eso! —gritó, lloriqueando. —¡Kagura-chan no es una asesina! ¡Yo confío en mi mejor amiga!
Esas palabras impactaron a la pelirroja, que no pudo hacer más que bajar la mirada, avergonzada.
—Alza la cabeza y enorgullécete, mocosa. —ordenó Gintoki. —Debes estar orgullosa de quien eres. —sonrió.
Lágrimas descendían por las mejillas de la ojiazul, con el corazón lleno de emociones inexplicables. Todos creyeron en Kagura, brindándole el apoyo que necesitaba, y eso le hacía muy feliz. De repente, todos se animaron dejando la tristeza atrás.
—Hey, Kagura-chan. —llamó Soyo, llevándola a una esquina alejada del grupo que celebraba. —Ve a por Okita-kun, ¿sí? —le guiñó el ojo.
La chica sonrió, feliz de tener amigas tan amables, pero antes de ir debía decirle algo importante.
—Soyo, antes de irme... —la pelirroja intentaba encontrar las palabras adecuadas para decirlo. —Tu hermano...
—Kagura-chan. —interrumpió la chica, manteniendo su sonrisa. —Sé que mi hermano ha sido muy odiado por ser el shogun, y que tarde o temprano esto pasaría. Sea quien sea el que le mató, la venganza no soluciona nada. Eso aprendí de él. —finalizó, satisfecha.
—No sé qué decir... Muchas gracias. —se abrazaron con cariño.
—¡No hay tiempo que perder! ¡Ve y cumple el sueño de esta shipper[1]! —animó la chica.
Asintió sonriente, dejando el local para correr hacia su búsqueda.
Un capítulo lleno de emociones, síp. Desde mi punto de vista, Kamui es un villano y no se puede justificar lo que hizo, pero... Es el que ha sufrido más, y todo por proteger a Kagura. Ella no le ha odiado nunca porque sabía que su hermano era el que más la quería. En fin, si os preguntáis que quién es el asesino, eso es algo que se sabrá más adelante. :D ¡Si algo no quedó claro, preguntadme y os explico! Y aunque esto tenga pinta de desenlace, no os preocupéis, porque a esta historia le queda mucho por dar.
[1]: Los shippers son aquellos fans que juntan como pareja a unos personajes en cualquier historia. Ejemplo: yo. :)
Reviews:
Guest: Me alegro de que te haya gustado. ¡Un beso enoorme!
mitsuki: Arigato! ^^
Anonymous D: ¡Gracias a ti! :)
lu89: ¡Gracias por la espera y por el apoyo! :D
i love okikagu: Si el anterior te gustó, no me imagino este. xDDD ¡Gracias!
mi-chan: ¡Muchas gracias! Aquí tienes tu continuación. :)
Jugem Jugem: Seh, nuestra Kagura es la mejor. ¡Un abrazo!
Leche de fresa: ¡Ay, qué alegría me das! Besis.
okita kagura: Uf, me alegro. xDDD Sobre eso, Sougo estaba en una esquina muy preocupado por su mujer(?).
