Capitulo 11
La luna brillaba en lo alto esa fresca noche. El despejado cielo estaba tapizado de estrellas y el viento soplaba suave, meciendo sus cabellos sueltos y avivando las llameantes flamas de su fogata.
Su mirada estaba fija en el fuego, concentrada en el sonido de la leña al consumirse con lentitud. Era más sencillo meditar a la luz de esas llamas, ella lo sabía bien. Se inclinó un poco, colocándose en cuclillas, y usando una vara larga, movió ligeramente uno de los troncos, sintiendo el calor en su rostro.
Había tanta paz en ese momento; respiro hondo y clavo su vista en las llamas, recordando las últimas horas...
Flashback
-mira nada más como te dejaron esos salvajes – se quejó molesta la pelirosada mujer, al tiempo que colocaba un paño de tela blanca y un tazón con agua tibia, casi caliente en el suelo, cerca del amor de su vida. Con cuidado humedeció el trapo y lentamente limpio la espalda desnuda del hombre frente a ella, quien se mantenía en silencio.
-pero me las van a pagar, ya veras, esto no se quedará así, hablaré con los ancianos y les contaré cómo te han tratado – siguió hablando ella, enjugando de vez en cuando la tela manchada de sangre y fango - es que es injusto, mi cielo, quizá si tuviste un juicio público y todo eso, pero te liberaron de los cargos, ellos ya no tienen porque tratarte así...- continuó – en todo caso, después de nuestra boda, toda esta pesadilla quedará atrás, y tomaras el cargo como jefe que te corresponde – Ray se puso de pie con dificultad y se alejó de ella – pero mi amor, ¿a donde vas?- preguntó desconcertada la mujer, poniéndose de pie también ella, aún con el paño húmedo en sus manos.
-Mariah, discúlpame por favor – dijo él, con la voz rasposa y queda –yo no he cambiado de opinión. Sé que se esperan algunas cosas de mí, pero yo... –lentamente se giró hacia ella y le miro sin dudar directamente a los ojos –yo no me casaré contigo- sus intensos ojos dorados parecían brillar con determinación, esa era una mirada que ella conocía bien, pero tenía años sin presenciar.
-pero- intento decir ella
-lo siento mucho, en verdad, pero esa es mi decisión, yo acepté pagar el precio, y pienso pagarlo completo, después de eso, me marcharé y buscaré a Kai – informó sin un dejo de temor o duda en su voz –te agradezco lo que hiciste por mí, pero no quiero que te hagas más ilusiones de algo que no podrá ser... En verdad Mariah, yo te quiero muchísimo, y lamentó profundamente el daño que sé que esto te causará. – su mirada era tan fuerte y decidida, y su voz tan suave y tranquila, que parecían irreal, como si viese una fotografía, mientras alguien ajeno narrará una película. Era como ver al sol y la luna en un mismo cielo, tan opuestos y tan similares al mismo tiempo, justo como sus sentimientos en ese preciso instante.
Y fue entonces que lo sintió. Su corazón pareció romperse en ese instante, pero no sintió dolor, ni una sola lágrima rodó por su mejilla, ni una sola mueca se dibujó en sus rostro,tan solo le observó y se dio cuenta, lo odiaba. Odiaba todo ese amor que sentía por él el ruso aquel y que ya no sentía por ella, odiaba esa determinación que había renacido en él, todo por el bicolor ese de voz profunda y rojiza mirada, odiaba ese deseo que él sentía por alejarse de ella e ir en la búsqueda de aquel sujeto tan detestable, más aún odiaba que a él no le importará en lo más mínimo su propio bienestar, la humillación de la que sería víctima tanto él como ella y que pensara que ella se quedaría tan tranquila viéndolo correr en brazos del otro y finalmente, odiaba el hecho de que ella sabía perfectamente que él, Ray Kon, era el amor de su vida, y que eso jamás lo podría cambiar.
Lentamente agacho su mirada, no soportaba verlo más. De entre sus dedos, la tela mojada y sucia cayó al suelo, haciendo un ruido pesado al chocar contra la madera y una idea se gestó en su cabeza.
-no- dijo con voz calmada –tú no has entendido lo que ha pasado aquí – hablaba tranquilamente, más su cuerpo empezó a reaccionar ante sus sentimientos confusos y entremezclados –Kai te abandonó- sentenció levantando la mirada, causando un escalofrío en el chino frente a ella, que no pasó desapercibido –él hizo un trato, se alejaría de ti y tú podrías vivir, o ¿es que acaso no te diste cuenta que no podrías sobrevivir al castigo que se te fue impuesto?- aquella no era la misma Mariah de siempre, esa chica que Ray conocía desde la tierna infancia y era su mejor amiga, no, aquella mujer frente a él ya no era su Mariah. Esta nueva mujer parecía mayor, más dura y más fría. – el consejo fue muy claro sobre eso, tú debes casarte conmigo y cumplir tu palabra, de lo contrario morirás y el esfuerzo de Kai será en vano... –
El tenso ambiente de aquella habitación era tan solo interrumpido por el sonido de los pajaritos enjaulado que tenía la mujer en el patio de su casa. Sin embargo ni Ray ni Mariah les prestaban atención alguna. Sus miradas estaba fijas una contra la otra, en una batalla silenciosa que ninguno podría ganar.
-si así deben ser las cosas...- suspiro el pelinegro – entonces así serán – repentinamente se sintió cansado, como si hubiese envejecido en ese preciso instante más de 40 años
-¿es que acaso prefieres morir a estar a mi lado?- su voz sonó dolida, más de lo que ella deseo que se escuchara y un puchero se formó en su cara – ¿tanto me detestas que eliges morir lapidado que vivir casado conmigo? ¿que te hice yo para que desees ese cruel destino?- su fiera mirada se volvió acuosa y dos gruesas lágrimas bajaron por su rostro. Era difícil saber en ese momento si aquellas lagrimas eran de dolor por perder a su amado o de humillación al imaginar que él prefería cualquier cosa antes que estar con ella...
-no, claro que no prefiero morir a estar contigo, yo no deseo la muerte, ni mucho menos, y pese a lo que estás pensado, yo por ti no siento más que cariño – intento reconfortar a la mujer destrozada frente a él – pero es por eso mismo que no deseo arrastrarte a una vida miserable conmigo. Entiéndelo por favor Mariah, yo no te amo, yo amo a Kai, y si me casara contigo, esos sentimientos no cambiarían, yo lo seguiría amando y ni tú ni yo seríamos felices...
-...- la chica guardó silencio un instante y le dio la espalda, alejándose un poco de él, meditando – está bien, te entiendo, pero no lo acepto... – informó
-Mariah, por favor...-
- no me interrumpas – se giró nuevamente para quedar frente a frente y con gesto de su mano, acalló cualquier intento de protesta – no lo acepto y por lo mismo té propondré un trato...
Ray le miro expectante y asintiendo, le indicó que continuará.
-nuestra boda será dentro de un mes, según el consejo... Te daré hasta entonces para que puedas buscar a Kai... Si para el día anterior a nuestra boda, tú no regresas, yo hablaré con el consejo y disolveré nuestro compromiso, pero si regresas, nos casaremos tal y como está planeado... ¿te parece? – preguntó con un extraño tono de voz que le erizo los vellos de la nuca al pelinegro.
-¿qué pasará contigo si no regreso?- respondió el
-nunca te he mentido, tú eres el amor de mi vida, y no me imagino la vida sin ti... Aquí en la aldea, mi destino sería tortuoso, así que, después de disolver nuestro compromiso, me iré de aquí y no volverás a saber de mí, ni tú, ni nadie...- a Ray le pareció ver una lagrima en los ojos de la chica, y por un segundo, reconoció algo de su antigua mejor amiga en ella y sintió miedo de sus palabras, y del tono que utilizó para pronunciarlas.
-yo no deseo eso, no quiero que desaparezcas de mi vida, ni quiero alejarme de la tuya- suplico, temeroso de lo que eso pudiera significar.
-eso es lo que puedo ofrecerte, tómalo o déjalo, esa es tu decisión- dijo ella, extendiendo su mano, esperando estrechar la mano contraria para cerrar el trato.
Ray le miro preocupado, aquella dura mujer se parecía tanto a su amiga, pero de su amiga ya no reconocía casi nada, ahí, frente a él, con el rostro serio, sin expresión alguna, con la mirada fija en él, tan solo esperando, sin el brillo en sus ojos ambarinos, si su sonrisa en los labios o sentimiento alguno en sus facciones, casi como si usara un máscara muy parecida a ella misma sobre el rostro... Dudoso llevo su mano hasta alcanza los femeninos dedos y con el corazón latiendo a mil, apretó la mano ajena, aceptando aquella propuesta.
Fin flashback
Una sonrisa apareció en el rostro de la mujer frente al fuego. Y con cuidado tomó la ropa que tenía a su lado en una gran caja y la hecho a la fogata, cuidando de no apagar las llamas. Una a una las prendas se fueron consumiendo, primero las camisas de fino corte y costosos materiales, seguidos de los pantalones que tan perfectamente encontró colgados en el closet; la ropa interior, camisetas, algunas muy oscuras y otras blancas,y bóxers negros y de talle ajustado fueron los siguientes, y finalizó con unos zapatos de corte italiano. Casi sintió lastima de quemar aquellos zapatos, tan finos, tan costosos, tan hermosos... Pero de solo recordar a su dueño, hasta alegre se sintió al verlos achicharrarse entre las llamas.
El sonido del moderno celular le distrajo de su tarea. Ese aparato había estado sonando todo el día y ya la tenía cansada. Lo tomo con cuidado de la caja y leyó el nombre de su amado en la pantalla. Su mirada, antes alegre se transformó a una llena de fastidio y coraje y sin pensarlo dos veces, estrelló el dispositivo contra el suelo y con una piedra que estaba a su alcance, le golpeó hasta destruirlo por completo. Solo hasta ese momento, cuando la destrozada pantalla se hubo ennegrecido y el sonido hubo cesado,solo ahí, la sonrisa volvió a sus labios y sin cuidado alguno, tomó los pedazos del celular y lo arrojó al fuego también.
Finalmente, en el fondo de la caja encontró una fotografía. Ambos chicos sonreían y se abrazaba... Eran tan jóvenes entonces, tan llenos de ilusiones, tan ingenuos... El primero de ellos, con su entonces largo cabello atado en una simple coleta, algo despeinada, miraba fijamente a la cámara, con sus dorados y brillantes ojos, que casi semejaban dos pozos de oro líquido, su sonrisa, tan amplía, mostraba sus colmillos de forma adorable para ella, de su brazo, sonriendo también, estaba una chica de rosada cabellera y ambarinos ojos que en esa imagen parecían casi cerrados ante la enorme sonrisa que poseía. Esa chica ya no existía más.
Mariah observó una última vez la que fue su fotografía favorita, aquella que permaneció durante años justo a su cama y lanzando un suspiro, la dejo caer en el fuego, viendo cómo era devorada rápidamente, consumiéndose en su totalidad junto a las pertenencias del ruso que tanto odiaba.
Ray volvería pronto, ella lo sabía bien, un mes no era tiempo suficiente para encontrarlo y entonces, cuando regresara, se casaría con ella y su vida sería como siempre debió ser... Y para eso,debía eliminar cualquier recuerdo del paso y estadía del bicolor... El se había ido sin nada, tan solo con esa horrible y ridícula bufanda que llevaba puesta el día del juicio. Ahí, en casa de Ray, había dejado su maleta y sus cosas, su celular y ropa, pero Ray no tenía porque saberlo... Para el, el ruso se había marchado y ahora no quería responder a sus llamadas, ¿adónde podría ir a buscarlo?
Mariah sonrió al ver la fogata consumiendo la evidencia, Ray volvería pronto, triste y derrotado, y ella estaría ahí, sonriendo y con los brazos abiertos, esperándolo. Porque a pesar de todo, ella lo amaba... Quizá no con la inocencia y pureza de la chiquilla de la foto que ahora no era más que cenizas, pero lo seguía amando y eso jamás iba a cambiar.
TBC
