Disclaimer: todo lo que reconozcan pertenece a Jotaká Rowling.
~Chocolate~
«Si el corazón te late, ¡fuma chocolate!»
Si alguien le preguntara que es lo que más le gusta en el mundo, Remus Lupin respondería sin dejar pasar un solo segundo y con una convicción arrolladora: el chocolate. Claro, es una media verdad —o una media mentira, depende de cómo se mire—, porque incluso el chocolate tiene competencia. Y es que ese maldito arrogante de Sirius Black no es un rival fácil de vencer.
No cuando se acerca a él con ese andar aristocrático de nacimiento y ese cabello negro y esa sonrisa de perro que no augura nada, pero nada bueno y se sienta a su lado bajo ese gran árbol cerca del lago en el que ha ido a sentarse a disfrutar de la tranquilidad, un buen libro y chocolate.
Aunque claro, cuando Sirius está cerca no hay tranquilidad. Hay de todo. Pero de eso no hay. No, no. Hay miradas grises que traspasan. Hay risas que parecen ladridos y contagian. Hay comentarios jocosos que arrancan sonoras y sinceras carcajadas. Hay sonrisas perrunas que advierten.
Porque sobre aviso no hay engaño.
Pero eso no impide que Remus se sorprenda. Bueno, no es que se sorprenda exactamente porque después de seis años con esos tres merodeadores ya nada debería sorprenderle. Lo que le sorprende es que Sirius aún es capaz de hacer cosas que lo sorprenden.
Sorprendentemente.
—Lunático —y su nombre en su boca suena perverso.
—Dime Canuto.
—Tienes chocolate.
—No Canuto, me acabo de comer el último pedazo.
—No, Remus —insiste—. Tienes chocolate.
El licántropo lo mira confundido, no comprende.
—Aquí, mira.
Y sin previo aviso le lame, sí, con toda la lengua, la comisura de los labios. Ahí, en el patio, a la vista de cualquiera, como si no le importara que todo el jodido colegio se enterara. Porque Remus Lupin tiene chocolate en la comisura de los labios y si a Sirius Black le da la gana de quitárselo con la lengua lo hace y le sabe a mierda que todo el mundo se entere.
Y después le preguntan que porque le gusta tanto el chocolate.
