Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto.
Capitulo XI
Las horas pasaban y la joven esposa del rey de Suna aún seguía inconsciente. De acuerdo al diagnóstico del doctor solo era un resfrío leve del que no era necesario preocuparse y le hizo saber que en los próximos días ella mejoraría.
Hinata despertó de repente, parpadeando varias veces y tratando de recordar lo que había pasado. Estaba muy mareada como para pensar, por lo que solo atinó a frotarse los ojos. Movió la cabeza hacia un lado, encontrándose a Gaara dormitando en uno de los sofás cercanos a la cama. Aunque estaba oscuro, sabía que era él.
Se reincorporó con mucho cuidado y lentamente se acercó.
El fuego de la chimenea había menguado casi en su totalidad pero por la ventana pudo observar que estaba próximo a despuntar el día. Se inclinó con cuidado, tratando de no perturbar al Kage de su sueño y posteriormente con la mano le acarició el rostro.
-Gracias por cuidar de mí…- Susurró y plasmó un beso en la mejilla del pelirrojo. Sabía que él había permanecido varias noches en vela a su lado, cuidándole y hablándole tan dulcemente que conmovía su corazón cada vez que lo hacía. Él era tan compasivo y nunca acepto apartarse de su sitio, aun después de los regaños que su hermano mayor le profiriera.
El abrió entonces sus ojos verdes y se levantó de golpe, tomando a Hinata del brazo para que no cayera debido a su arrebatado movimiento.
-No deberías estar fuera de la cama, tienes que descansar.- Suplicó alarmado.
-E-estoy bien, n-no te preocupes, pero tú no has dormido…- Tartamudeó tratando de restarle importancia al asunto y en la penumbra no se dio cuenta de que el Kazekage estaba ruborizado.
-Eres mi esposa… ¿Sabes? Mi deber es estar contigo…- Al escucharle decir eso, lo abrazó con ternura y se recostó en su pecho, haciendo que el joven temblara de emoción.
-Gracias Gaara, gracias por ser tan bueno conmigo.- El correspondió a su abrazo con ligera torpeza, acariciando con suavidad sus largos cabellos azulinos.
-Ven, tienes que dormir un rato más- Le dijo guiándola de nueva cuenta al lecho. A lo que Hinata aceptó sin oponerse.
-¿Qué es lo que ocurrió, Matsuri?- Cuestionó su interlocutor. -¿Por qué Lady Hinata habría querido huir? Me parece un poco extraño y estoy seguro de que debes saber algo….-
-Oh, sí que lo sé…- Dijo al fin de un rato de silencio.
-¿Por qué no me lo dices entonces?-
-A riesgo de que crea que soy una mujer celosa, solo diré que la cónyuge del Kazekage cínicamente me confesó que no lo amaba, que por mero antojo lo desposó y al parecer, tiene a alguien más en el País del Rayo…-
-¿Qué dices?- Preguntó sorprendido.
-Lo que oye, nunca debió permitir que se casaran… ¿Por qué simplemente no se rehúso a aceptarla después de que ella lo rechazo? Siento que mi soberano sufrirá mucho al descubrirlo- Dijo llevándose las manos a la cara en un intento por causar lastima.
- ¿Tu amas a mi hermano, no es así?- Le preguntó aquel castaño acercándose a la chiquilla.
-¡Siempre lo he amado! Y el saber que se iba a casar me desgarró el corazón… ¿Por qué tuvo que hacerlo? ¿Qué acaso no se daba cuenta de mi amor?- Reclamó como si aquel varón también hubiera tenido parte en su desdicha.
-Se enamoró de la princesa desde que era una pequeña niña, no debes culparlo a él o a ella…- Le explicó el consejero dándole unas ligeras palmadas en el hombro. Matsuri no quería aceptarlo, había hecho de todo para asustar a aquella mujer, pero simplemente no había funcionado ninguna de sus artimañas y consideraba que tal vez el destino le era adverso.
-¿Sabes de quien se trata?- Inquirió con curiosidad, la muchacha volteo a verlo confundida.
-No…- Respondió inmediatamente, dándose cuenta de que había mentido respecto a eso, ni siquiera tenía constancia de que Hinata tuviera a otro hombre. La persona delante de ella se llevó una mano a la barbilla y cerró los ojos.
El ministro se quedó meditando un poco en quien podría ser el individuo del que su ahora cuñada estaba enamorada, mientras que aquella mujer lo miraba fijamente preguntándose el porqué de ese silencio tan repentino. Al cabo de unos minutos habló.
-Bien Matsuri, retírate, ni una palabra de esto al rey… ¿De acuerdo?- Iba a protestar pero decidió que lo mejor era dejar las cosas así por lo que solo asintió, hizo una pequeña reverencia y se fue de allí.
-Sasuke… Es Sasuke, Gaara tenía razón…- Murmuró desconcertado para sí.
Los últimos rayos de sol se filtraban por las ventanas del comedor, a la cabeza de la mesa estaba Gaara y a su lado Hinata. Matsuri y Kankuro se encontraban al otro extremo. Había un ambiente tan tenso que casi podía sentirse. De vez en cuando la chica de cabellos color chocolate le lanzaba una mirada asesina a la princesa, a lo que ella solo correspondía bajando la cabeza.
-Quisiera hablar un momento contigo, Matsuri…-
-No es necesario que lo hagas hermano, ya lo he hecho yo…- Intervino el consejero real, dejando a un lado los cubiertos.
-Bien, necesito estar al tanto de lo sucedido.- Dijo dando por terminada la conversación. La joven de ojos perlados se preguntaba que tenían que hablar, pero asumía que se trataba de su frustrada huida. Gaara al verla tan nerviosa, apretó su mano con delicadeza. Ella lo volteó a ver y su marido le dedico una hermosa sonrisa, dándole a entender que no había nada de qué preocuparse, que todo estaría bien.
Terminada la merienda cada quien se alejó a realizar los quehaceres finales de la rutina diaria. Hinata quedó sola, muy alarmada por lo que fueran a platicar el rey y su hermano.
-¿Has conversado ya con tu esposa?- Le cuestionó momentos después de que ambos abandonaran el comedor.
-No, no se ha dado la oportunidad…- Confesó el pelirrojo.
-Deberías hacerlo…-
-¿Te dijo algo Matsuri?-Le preguntó intrigado.
-Sí, lo hizo…- El calló súbitamente y continuo caminando, mientras Gaara se detenía.
-¿Qué es lo que te dijo?- Kankuro quería y apreciaba mucho a su hermano, lo conocía demasiado como para darse cuenta que algo así lo destrozaría.
-Al parecer ella desea ir a Kumogakure…-Respondió.
-¿En realidad fue por eso? Creí que…- Aquel se le quedó mirando impaciente, esperando que continuara.- Olvídalo, no tiene importancia- Dijo al fin de unos segundos.
-El Raikage te pidió protegerla pero es seguro que no se refería a que le prohibieras salir de la ciudad. No se ha sabido nada de esos Hyuugas, lo cual es un alivio, pero no debes ser tan posesivo… Nada le pasara a tu mujer…- Le comentó golpeándole suavemente la espalda.
-Déjame meditarlo para saber que haré entonces…- Kankuro solo atinó a asentir complacido a las palabras del Kazekage. Luego continuaron en completo silencio y llegados al final del pasillo, donde se dividía el camino, cada uno de ellos tomo una ruta diferente.
Ya eran pasadas las diez de la noche y ella se encontraba en la biblioteca del castillo, no quería volver a la alcoba por temor a que Gaara la confrontara con relación a lo ocurrido días atrás. Sostenía en la mano uno de los libros que cogiera del estante y suspiró cansinamente, ya que los nervios no le permitían concentrarse.
De pronto la puerta se abrió y por esta apareció el consejero del rey.
-Milord…- Murmuró.
-Princesa, que bueno que la encuentro, necesitaba hablar con usted.- Dijo el recién llegado cerrando la puerta detrás de él. Hinata se puso de pie y el joven se acercó a ella con formalidad.
-¿De qué?- Cuestionó con nerviosismo fingiendo no saber nada, aunque sin lograrlo del todo.
-Matsuri me dijo lo que sucedió hace una semana. Para ser sincero, no esperaba, miladi, que de repente usted amara al soberano, era lógico suponer que llevaría algo de tiempo para que lo lograra. Pero lo que hizo, al querer huir de aquí, fue complicar las cosas. Gaara, no es tan dulce ni tonto, pronto el rey se dará cuenta de que usted ama a Sasuke Uchiha y que se casó solo por, digámosle, despecho.-Ella abrió los ojos con sorpresa, al parecer la protegida del Kage de la arena había divulgado su más íntimo secreto.
-Yo…- No podía decir nada en su defensa, él lo sabía. Desvió la mirada, se sentía tan avergonzada de que la hubieran descubierto.
Aquel hombre continuo impasible. Cierto era que la damisela despertaba cierta empatía, pero no lo hacía por ella, si no por su hermano. Continuó hablándole.
-Ahora lo está cegando ese amor que siente por usted, pero le aconsejo, no, mejor le advierto que se vaya con mucho cuidado. El Kazekage tiene una forma distinta de ser, no se engañe. Intentare ayudarle esta vez, pero todo dependerá de que medite en lo que le estoy diciendo- Con voz grave trataba de explicar a la joven la realidad.
-Lamento mucho que se haya enterado de la verdad, no tengo nada más que decir… No sé si lograre amarlo algún día y no puedo ni siquiera intentarlo…- Suspiró contrariada, volviéndolo a ver de nueva cuenta.
-No comprende aun la situación, le pido que no cometa una imprudencia, este asunto nos afectara a todos, en especial a usted.-
-Discúlpeme, Lord Kankuro… Tomaré en serio sus palabras…- Mencionó conciliadoramente.
-Discutí este asunto con él en la tarde y por lo que le dije, piensa que su pequeño arrebato se debió a que extrañaba a su familia…- Le expresó con seriedad.
-Gracias-
-No me lo agradezca, recuerde mis palabras, Gaara no es lo que aparenta- La ojiperla se preguntaba desde el fondo del corazón si lo que decía su cuñado era verdad. El Gaara que le pintara no tenía nada que ver con el que hasta ese día había conocido.
Él se alejó por la puerta, quedando en soledad una vez más. Pronto llegó a su mente aquel rumor extraño.
"Un demonio sediento de sangre"
Tragó saliva y se sostuvo de la mesa, eso le inquietaba y no era para menos, estar a merced de una persona así era algo difícil de digerir. Volvió a su lectura, pero no pudo tranquilizarse, y había empeorado su ánimo después de escuchar las palabras de Kankuro, por lo que decidió volver a las habitaciones que compartía con el rey.
Con algo de suerte, él ya estaría durmiendo plácidamente.
Recorrió los largos pasajes del castillo hasta llegar a la recamara.
Se detuvo un breve momento ante las puertas y aspiró profundamente. Con nerviosismo giró el picaporte para adentrarse a la alcoba.
Pronto descubrió que en la cama estaba el Kazekage concentrado leyendo algunos pergaminos que ocupaban toda la superficie del colchón, eso la calmó en principios, hasta que reparo en que estaba sin camisa. A pesar de ser delgado, tenía una musculatura media y no podía negar que era muy apuesto. Su nívea piel hacia juego con aquellos ojos verdes delineados, con aquel cabello rojo como el fuego. Carecía de cejas y en el lado izquierdo tenía un tatuaje con el kanji del amor, pero eso no menguaba su gallardía.
Ella se le quedo mirando embelesada, hasta que éste la saco de sus pensamientos.
-¡Princesa!- Él se levantó con un rápido movimiento y se acercó hacia donde estaba. Por su parte, Hinata no podía ni siquiera sostenerle la mirada, tenía tanta pena de verlo así. Sus mejillas se volvieron de un color rosa brillante debido a que ahora estaba a escasos centímetros de ella, inclinó la cabeza a un lado y retrocedió espantada.
-Disculpa, me pondré algo…- Se alejó al ver que la joven estaba hecha un mar de nervios y buscó una prenda con que cubrirse. -¿Así está mejor?- Cuestionó con amabilidad mientras se ponía una de sus túnicas de seda. Ella solo se limitó a asentir con suavidad.
Duraron unos largos minutos en silencio y por un momento pensó ser la primera en hablar pero espero pacientemente a que él lo hiciera.
-Te estaba esperando para charlar contigo.- Comenzó mientras ella lo veía con sorpresa fingida, ya que sabía lo que él y su hermano habían hablado.
-Sí, dígame milord…-
-¿Por qué querías irte de mí?-
-No, no era eso, simplemente que extrañaba a mis padres y a mis hermanos, a Kurenai y al General Sarutobi, también al pequeño Mamoru. Sé que mentí al decir que solo era un paseo pero me sentía aprisionada, debido a que la primera vez que fue a Konoha, yo deseaba ver a Lady Sakura y no me permitió acompañarle. Luego cuando visito a su hermana, se negó igual. Y después que le dije que quería ir al País del Rayo, se molestó y no quiso hablar más del asunto.- Explicó sus razones, aunque temía no poder convencerlo de su supuesta inocencia. Le estaba engañando y se sentía peor que una basura, ella no era así, estaba manipulando a su antojo a ese hombre que la amaba sin reservas.
-Háblame de tu, Hinata, ¿me harías ese pequeño favor?- Le suplicó a lo que ella tímidamente accedió.
-Si como usted… Como tú quieras…- La respuesta de ella le dio cierta paz.
-Quiero que me perdones, tengo varias razones por las cuales no debo darte tanta libertad y que no puedo explicarte ahora. Será a su debido tiempo. Aun así, te tengo una sorpresa. Mañana temprano prepara tus cosas, iremos a visitar a tus padres ¿estás de acuerdo?- Dicho esto el semblante de Hinata se ilumino. Con emoción abrazó a Gaara para apartarse enseguida y plasmar un dulce beso en sus manos. El pelirrojo no esperaba tal respuesta de ella y la miro sorprendido.
-¡Muchas gracias! No sabes que feliz me has hecho…-
-Solo podremos estar de dos a tres días, pero es tiempo suficiente para que disfrutes tu estadía allá.- Le hizo saber.
-No importa, muchísimas gracias…- Soltó al fin de unos minutos, tratando de controlar su agitación.
- Bueno, es hora de dormir, aun estas convaleciente de tu resfrío. Permíteme levantar la cama, ve a ponerte cómoda, aquí te estaré esperando.- Dicho esto le besó la punta de la nariz con mucho cariño y Hinata solo sonrió nerviosa.
El carruaje se movía con velocidad media y esto ayudo a que el viaje fuera agradable y sereno. Después de unas cuantas horas, ya estaban a escasos kilómetros de la ciudad principal de Kumogakure.
Gaara la observaba tan fijamente que ella reía con marcada timidez cada vez que lo hacía. Aunque casi pasaba desapercibido debido a la pálida luz de la pequeña linterna que estaba dentro del coche.
Al lado de Hinata iba Matsuri, la castaña fue invitada por el Kage para que los acompañara, a lo cual no se pudo negar.
Y ahí estaba en medio de esos dos, verlos tan felices le causaba rabia.
Por más que le daba vueltas al asunto no podía encontrar la forma de destruir a esa mujer. Por principio de cuentas no tenía el famoso diario en sus manos y a pesar de que la seguía mortificando y chantajeando parecía que sus tretas poco a poco iban perdiendo dominio sobre ella. No podía delatarla ya que Kankuro se lo prohibió dándole entender que negaría todo y que podía ponerse en su contra de ser necesario. Suspiró, apartando la mirada de la pareja y se dedicó a contemplar el extraño paisaje, solo iluminado por la luna.
"Tal vez sea la oportunidad para conquistarla" Pensaba por su parte el joven rey al ver tan hermosa criatura sonriéndole y percibía que de alguna forma ella gustaba de él y eso le agradaba en gran manera, nada más lejos de la verdad.
Hinata a pesar de estar atenta a la mirada del señor de Suna, no dejaba de pensar en la plática que sostuviera con Kankuro. Temía lastimar aún más a su esposo por lo que decidió que trataría de evitar a Sasuke y no mostrar interés en él, al menos delante de Gaara.
La idea fue salir al atardecer para llegar temprano en la mañana, siendo una travesía grata y sin complicaciones. Iban rodeados por los mejores soldados para protegerlos, así que la comitiva se movió con prudencia por el vasto desierto.
Arribaron al País del Rayo cuando el sol apenas se había alzado por el horizonte.
Dentro del palacio la familia real estaba desayunando con tranquilidad, ni siquiera sabían de la visita de ella pues debido a la decisión tan precipitada del Kage de Suna, no hubo tiempo de avisarles por lo que su llegada sorprendió en demasía a Mikoto y Fugaku.
-¡Madre, Padre!- Exclamó mucho antes de llegar al comedor. Todos los que estaban ahí presentes se levantaron sorprendidos al escuchar la voz de Hinata.
-¡Mi niña!- Gritó entusiasmada la mujer al ver a aquella chica entrar y abrazarles con todo el amor que les profesaba.
-¡Los extrañe muchísimo!- Gruesas lágrimas de felicidad brotaron de sus blancos orbes.
-¿Pero cómo es que estas aquí?- Cuestionó el Raikage.
-Gaara, él me trajo para estar con ustedes unos días…- Giró sonriendo hacia el joven que estaba en el umbral de la puerta viendo tan conmovedora escena.
-Nada podría estar mejor, nuestro nieto recién nacido y ustedes en casa. ¡Itachi y Hana están aquí también!- Mencionó con júbilo la reina.
-¿De verdad?- En serio que no podía creerlo, vería a su hermano y a su linda cuñada.
-Hijo mío, ven, estamos felices de volver a verte, espero que puedas disculparnos por no haber ido a visitarlos en estos meses…- Dijo Fugaku acercándose al pelirrojo y dándole un fuerte abrazo, seguido de Mikoto. Por su parte Ino permaneció en silencio, observaba con irritación todo lo que estaba pasando pero no tuvo tiempo de escabullirse, porque otras personas habían ingresado al escuchar el alboroto en aquel lugar.
-¡Hinata! ¡Muñequita!- Le habló su cuñada que ahora presumía una gran panza.
-Hana, ¿Cómo estás? ¿Cómo sigues con tu embarazo? Enojada estoy porque no me has escrito ni dado detalles de tu progreso como madre.- Le reclamó para inmediatamente después rodearla con sus brazos y acariciar con delicadeza su abultado vientre. -¿Huh? ¿Hermano, porque me estas mirando así?- Preguntó al darse cuenta de que Itachi le dirigía una mirada por demás extraña.
-Hermanita… Creo que estás demasiado gorda…- Le dijo picándole la barriga inexistente a la chica de cabellos azulinos mientras le daba un cálido abrazo. Ella se ruborizó, ya que sabía que había perdido peso en vez de ganarlo.
El joven Uchiha se acercó entonces a Gaara muy serio, para después saludarlo.
-Cuñado, no perdieron tiempo… ¿Cuánto tiene?- El Kazekage no comprendía sus palabras y lo miraba un poco perturbado.
-¿A qué se refiere, milord?- Cuestionó con formalidad.
-No te hagas el inocente…-
-No sé a qué se refiere, ciertamente- Soltó.
Ella se dio cuenta casi al instante lo que su hermano mayor quería decir, pero al parecer Gaara no había comprendido.
-De eso, Hinata está embarazada…- Todos se sorprendieron al escuchar las noticias que diera el moreno. Él ya se consideraba un experto, aunque solo estaba a la espera de su primer hijo.
-¡No hermano! Aún es muy temprano para pensar en eso…- Negó con una sonrisa nerviosa, mientras que todos los demás se desilusionaron con la negativa de ella.
-Bueno, ¿pero de donde sacaste eso?- Hana le había dado un codazo a su marido y volteó a ver a la pareja de recién casados, que estaban más rojos que una manzana. Todos rieron a excepción de Ino y del pelirrojo, que de por si era tan reservado.
-Lady Ino ¿Cómo ha estado?- Saludó formalmente Hinata acompañada del joven de ojos color turquesa.
-Muy bien, Hinata, pasando los estragos de tener al hijo de tu hermano…- Ella no se midió en sus palabras, pero lo hacía para apagar el espíritu de su ahora interlocutora. Aunque la joven princesa se sintió triste, trato de fingir.
-Deseo conocerlo…-
-Sí, por ahora duerme pero le pediré a la nana que lo lleve a tus habitaciones más tarde. Bueno, debo retirarme, con permiso…- Dicho esto, hizo una pequeña inclinación a modo de disculpa y salió de ahí presurosa.
-¿Quién es esa linda niña?- Pregunto Mikoto dándose cuenta de la presencia de la joven que venía con ellos y que hasta el momento había permanecido en silencio.
-Permítame presentárselas…- Tomando la mano de aquella, la acerco a sus suegros.-Ella es Matsuri, es mí protegida y muchas veces me ayuda en asuntos del reino…- Explicó el joven monarca.
-Tanto gusto pequeña…-Dijo el Raikage.
-El gusto es mío, milord, miladi…- Expresó haciendo una reverencia.
-Seguro han de estar cansados, les llevaré a las habitaciones de los huéspedes y ordenaré un pequeño refrigerio para que disfruten en privado.- Ellos agradecieron y siguieron en silencio a la bella mujer de ojos negros, después de despedirse apropiadamente de todos los allí presentes.
La habitación que les ofreciera Mikoto era extensa, de ventanales muy grandes que daban hacia el mar y que a esa hora del día lucía un poco agitado.
-Bueno hija, los dejo solos, luego hablaremos, tengo tantas cosas que preguntarte, con permiso milord…-Dicho esto se alejó por el corredor.
-Hinata-
-Dime Gaara- Al escucharle decir su nombre su corazón latió enamorado.
-¿Estas feliz de ver a tu familia?- Preguntó.
-¡Muchísimo! Gracias por permitirme venir a verlos, no sé cómo pagarte- La vio tan contenta que deseó ponerla a prueba.
-Sasuke no estaba con tu familia, pero no preguntaste por él- Ella recordó las palabras del hermano mayor del Kage por lo que de inmediato contestó.
-Me di cuenta, pero estaba tan feliz de ver a mis padres que lo olvide, ¿Soy una boba, no es verdad?- Sonrió.
-No, de ninguna manera podría pensar así de ti- De pronto se sintió aliviado por la respuesta de su esposa, mientras le ayudaba a subir el equipaje de ambos sobre la cama. De estos saco un vestido para ella y un traje para el rey, para que después de comer se dieran un baño y se pusieran más cómodos.
Sasuke llegó de cazar muy adentrada la noche, por lo que directamente se dirigió a la habitación que compartiera con Ino. Ella estaba batallando para dormir al pequeño Inojin por lo que al ver a su esposo entrar por la puerta lo dejo en sus brazos. Él lo aceptó dándole un tierno beso en la frente.
-No ha parado de llorar en toda la tarde- Le dijo y cayó rendida en la cama.
-¿Por qué no has llamado a la niñera?- Cuestionó arrullando al niño entre sus brazos hasta que se había quedado completamente dormido.
-La pobre, se le miraba cansada y pues quisiera pasar más tiempo con nuestro bebé…- Le dijo sonriéndole con amabilidad. Después recordó a aquellas visitas indeseables y se quedó callada, adoptando un aspecto sombrío. Para Sasuke no pasó desapercibido su cambio de ánimo pero supuso que era por el cansancio.
-Dejaré a nuestro hijo en la cuna, puedes dormir si lo deseas, voy a darme un baño- Murmuró en voz baja para no despertar al infante.
-Amor… ¿Cuándo podremos estar juntos?- Sabía a lo que se refería, pero el solo se limitó a sonreír.
-Espera hasta que estés un poco mejor. Acabas de dar a luz hace apenas unas cuantas semanas, descansa.- Dicho esto cerró la puerta.
La rubia quedó en silencio, había intentado por todos los medios que ese hombre estuviera con ella aunque fuera solo una vez, pero el rehuía siempre que se le ofrecía.
Vio con cierto enfado al bebé que dormía en la cuna, había nacido rubio y con ojos de color azul, aunque si hubiera sido de otra forma, tampoco era motivo de alarma, Sai tenía las mismas características que los Uchiha.
No había llevado al niño para que lo viera Hinata, pero sería mejor para sus planes que lo llevara Sasuke personalmente. Eso devastaría totalmente a su rival y quebrantaría su corazón. Pensando así, se durmió con sobrada tranquilidad.
A la mañana siguiente, Hinata despertó temprano, se arregló y corrió a la cocina a preparar un postre para el Kazekage en gratitud por haberla llevado a casa con sus familiares. El seguía dormido y veía con alegría que tendría tiempo para ir y volver con el desayuno.
Las cocineras le dieron lugar y procuraban ofrecerse a ayudarle pero ella declinaba sus ofertas con amabilidad. Después de terminado el pastel, vio con satisfacción que se veía muy bien, esperaba que su esposo tuviera apetito.
-¡Hinata! No me lo podía creer cuando la reina Mikoto me lo dijo… ¡Me da tanto gusto verte!- Kurenai había entrado la puerta y le abrazó con tal fuerza que casi le impedía respirar.
-¡Gracias madrina!-
-Veo que estas muy ocupada…- Le dijo al verla con un mandil que le cubría el vestido cerca de una hermosa tarta que descansaba sobre la superficie de la mesa.
-¡Sí! Es para Gaara, ¿Qué le parece?- Ella le sonrió mostrando orgullosa el trabajo de sus manos.
-Te quedo excelente, siempre fuiste muy diestra en la cocina… Pero solo con los postres…- Rio de buena gana la mujer de ojos escarlata, a lo que Hinata solo esbozo una sonrisa.
-¿A dónde está Mamoru y el General Sarutobi?- Preguntó acerca de la familia de aquella mujer, mientras se quitaba el delantal.
-Mi esposo esta en reconocimiento de tropas y mi pequeño se fue con él. Así que me siento un poco sola, bueno, no tanto, estoy contigo. ¿Almorzaras con la familia?- Le preguntó mientras ayudaba a la joven de blancos orbes a preparar la charola para llevar el tentempié al Kage.
-No, deseo comer esta mañana con él…- Dijo con nostalgia.
-Lo amas muchísimo ¿no es verdad? Espero que si sea bueno contigo, me molestaría mucho si fuera al contrario…- La joven guardó silencio y se abochornó, solo en una cosa se equivocó, ella no lo amaba.
-Bien, te dejo para que le lleves ese bizcocho a tu marido. Después nos reuniremos a tomar el té- Comentó mientras le ayudaba a cargar la bandeja en sus brazos.
-Sí, ahí estaré…- Dicho esto se alejó por la puerta mientras Kurenai sonreía, Hinata se veía tan diferente y tan feliz.
El joven de cabellos rojizos se había despertado hacía rato pero su esposa no estaba en la cama, cosa que le alarmó pero al verla entrar por la puerta, fue de gran alivio para él.
-Buenos días, milord…- Saludó dejando la bandeja en la mesa y prosiguiendo a abrir las ventanas. La brisa marina se coló refrescando un poco el ambiente.
-Buen día, Hinata…- Él se acercó a ella y posó un cálido beso en sus labios. Esta vez ella no se apartó y se creyó por un momento, triunfador.
-Te traje el desayuno, podremos pasar juntos el resto de la mañana, si tú… Si tú quieres…- Dijo juntando las manos a la altura del pecho.
-Me harías muy feliz, casi no hemos estado solos desde que nos casamos…-
-Entiendo que es el deber del soberano cumplir con los asuntos de su reino… ¿No es así?- Preguntó mientras el muchacho le acomodaba la silla para que se sentara.
-Pero si tú me lo pidieras podría dejar mis proyectos de lado, solo para estar contigo.-
-No te pediría que hicieras eso, es más importante el país que yo…-Aseguró, mientras levantaba la cubierta de la bandeja. Los ojos de Gaara se posaron en aquel postre que le trajera su querida Hinata.
-¿Y esto?- Ella pareció sonrojarse, al ver que aquel observaba con deleite el pastel adornado con fresas y frambuesas.
-Lo preparé para ti…- Respondió un poco nerviosa.
-Nunca lo imagine, casi todas las princesas no son capaces ni de freír un huevo. Mi hermana Temari es un desastre en la cocina pero no desiste en aprender, recuerdo que Shikamaru enfermó varios días del estómago cuando preparo un extraño cocido…- La joven que tenía enfrente se llevó la mano a la boca ahogando una risilla al imaginarse aquella situación.
Con cuidado cortó una rebanada del pastel y se la ofreció, pero el joven solo se limitó a cerrar los ojos y abrir la boca, esperando que ella le diera a probar un trozo. Esto la hizo ponerse más nerviosa pero acepto a hacerlo. El degustó por unos momentos el sabor de las bayas frescas, el azúcar y el pan. Y le pareció lo más exquisito que hubiera probado antes. El dulce se derretía en su paladar y la mantequilla le daba un gustillo muy especial.
-Delicioso… Muchas gracias…- Con la punta de la servilleta limpió la comisura de los labios. A ella se le antojo curioso su proceder, pero no le tomo importancia. Siguieron charlando hasta que las horas pasaron.
Sasuke no podía creerlo, Hinata estaba allí y ni siquiera había tenido la oportunidad de saludarla. Pero por lo que le dijera su madre, ella estaba con su marido en la habitación de huéspedes desde temprano en la mañana.
No había querido ir a buscarla porque tenía la esperanza de verla a la hora de la comida. Pero debido a unos asuntos que tenía que atender, llegó tarde y ya no había nadie en la mesa cuando regresó. Entonces se dirigió de pronto hacia aquella habitación, teniendo el anhelo de poder abrazarla y charlar con ella, pero cuál fue su desencanto al no encontrarla, solo al Kage del País del Viento.
-¿Buscaba a alguien, Lord Uchiha?- Se miraron con cierto rencor, negro y turquesa se encontraron en un momento.
-A Hinata…- Soltó con seguridad.
-¿Hinata?- Cruzado de brazos se acercó al pelinegro. -¿Y qué negocios tiene con mi mujer?- Cuestionó con frialdad.
-Ninguno que le importe, seguro sabrá que somos hermanos…- El joven no espero que aquel varón de cabellos rojos le replicara nada y lo dejo con la palabra en la boca.
-Hinata, toma una taza de té y cuéntanos ¿Cómo es tu vida de casada?- Preguntó Hana ofreciéndole la bebida humeante, pero ella le rechazo con amabilidad.
Estaban ahí reunidas Hana, Kurenai, Mikoto e Ino, además de la chica que ahora era víctima de varias preguntas que no paraban de salir de labios de sus parientes. A lo que ella respondía lo básico, si y no, o frases pequeñas como no sé, muy bien y aún no. Sostenía en los brazos al pequeño bebé de Sasuke e Ino y descubrió que en contra de sus tontos pensamientos, se había enamorado del pequeño. Por lo que no deseaba soltarlo de ninguna manera y el niño se acostumbró de inmediato a ella, tanto fue así que ahora dormía plácidamente en el regazo de aquella.
Ino veía con amargura que el plan que había trazado la noche anterior no había podido cumplirse, por lo que a regañadientes fue ella la que le presento al infante, y para mayor frustración, Hinata se veía feliz de verlo. Pensó para sus adentros que probablemente ella había olvidado a Sasuke y realmente se había enamorado del Kazekage, como les estaba haciendo creer.
-¿Cómo fue tu noche de bodas?- La joven de blancos orbes se quedó petrificada y todos los colores se le vinieron al rostro.
-Hana, esa pregunta fue un poco atrevida…- Hizo notar Mikoto.
-Lo siento madre, es solo que una es muy curiosa y de todo se quiere enterar, pero no necesitas contestar Hinata.- Continuo con amabilidad. Todas rieron y Kurenai les recordó que la cena pronto estaría lista, por lo que decidieron salir de ahí a toda prisa.
La merienda fue por demás alegre, estaban todos presentes a excepción de Matsuri, que decidió estar en su habitación. Gaara apartó a Hinata, evitando a toda costa que Sasuke se le acercara y ella parecía no querer ni siquiera verlo.
Necesitaba hablarle, ya que al día siguiente sabía que regresarían a Sunagakure. Cuando al fin la joven posó sus ojos en él, este le hizo un gesto para que lo siguiera pero ella esperó un poco más.
Terminada la cena los caballeros se retiraron a beber una copa de brandy mientras charlaban animadamente. Gaara estaba presto a negarse pero Mikoto le sugirió hacerlo porque las mujeres se retirarían a platicar antes de que fueran a la cama, por lo que no le quedó más remedio que aceptar.
Llegaron todas a su destino, y Hinata, recordando la mirada que le echara Sasuke, se disculpó y les dijo que necesitaba ir al cuarto de baño, saliendo de ahí con prisa. Ino comenzó a sospechar y después de unos minutos se excusó de igual manera. Caminó siempre detrás de ella, siguiéndole a una distancia prudente. Al dar la vuelta en el pasillo se detuvo sin aliento al ver que Sasuke la esperaba y juntos entraron a una de las habitaciones aledañas.
Continuara…
