Hola a todos. Aquí estoy nuevamente. Siento que me estoy tardando demasiado en actualizar. Pero la verdad es que aunque estoy de vacaciones me cuesta trabajo encontrar la inspiración, y ahora que regrese a la escuela no sé que voy a hacer. Pero bueno, mientras tanto disfrutemos lo que podamos.
11. El expreso de Hogwarts
—Es una desgracia que papá ni siquiera pueda acompañarnos al tren —dijo James visiblemente desilusionado.
Ginny Potter y sus tres hijos caminaban por la abarrotada estación de King Cross, empujando los carritos que contenían el equipaje y lechuzas de los dos varones.
—El trabajo en el Ministerio es demasiado, y no pueden prescindir de él ni un momento —dijo Ginny.
—¿Pero no ayer papá y tú estaban diciendo que lo han mandado a un montón de lugares? —inquirió la pequeña Lily—. Así no puedes decir que se trate de trabajo en el Ministerio.
—Es trabajo del Ministerio mientras se lo ordene el ministerio cariño —le respondió Ginny.
A la pelirroja no debería haberle sorprendido aquella habilidad de su hija para enterarse de todo. No tenía idea de cómo lo hacía, pero parecía siempre estar enterada de todo lo que sucedía alrededor.
La familia llegó a la barrera que separaba el andén 9 ¾ del resto de la estación, y la atravesó disimuladamente. Una vez en el andén no pudieron evitar voltear la cabeza de un lado a otro, buscando a sus amigos y compañeros.
—¡Hola Albus! —le saludó Annie Sanderson, una de sus compañeras de curso.
—¡Hola Annie! —le regresó el saludo el chico.
—No veo al tío Ron ni a la tía Hermione —comentó James.
—Deben de estar por aquí, supongo; a menos que Ron haya retomado su hábito de llegar tarde —dijo Ginny—. Pero no creo que Hermione permitiera una cosa así. ¿Por qué no van subiendo sus cosas al tren?
—¿No puedo yo hacer lo mismo? —inquirió la pequeña Lily de forma suplicante.
—Solo te falta un año cielo —le respondió su madre.
—¡Es mucho tiempo!
Los dos varones Potter entraron al tren con sus baúles, mientras que su madre y hermana se quedaban en el andén. James rápidamente dejó a Albus, al encontrarse con algunos de sus compañeros del equipo de quidditch de Gryffindor, con los cuales decidió sentarse.
Albus decidió dirigirse hacia el final del tren, ya que aunque había varios compartimentos vacíos cuando sus amigos llegaran necesitarían una buena cantidad de espacio, y los compartimentos delanteros eran los que se llenaban típicamente primero. Y al final resultó ser una buena idea, ya que en el último vagón encontró un compartimento ocupado por Harry Dursley, amigo y primo que asistía a su mismo curso pero pertenecía a la casa de Hufflepuff.
—¡Ah, hola Albus! —exclamó muy feliz Harry.
—Hola Harry —le regresó el saludó Al—. ¿Qué haces aquí solo?
—Mi padre me vino a dejar, pero tenía que ir a otro lado, por lo que se tuvo que ir rápidamente —explicó el chico Dursley—. Estaba seguro que ninguno de ustedes había llegado, así que decidí venirme hasta acá atrás, porque de lo contrario no creo que nos sea posible conseguir dos compartimentos seguidos, ¿no?
—Lo mismo pensé al dirigirme hacia acá —comentó Albus—. ¿Qué te parece si salimos con mi madre y esperamos a que lleguen los demás? Todavía es temprano, ¿no?
—Las once menos cuarto —dijo Harry consultando su reloj—. Supongo que sí, que podemos considerarlo temprano.
En cuanto salieron del tren se dieron cuenta que la señora Potter ya no se hallaba sola, sino que se encontraba en compañía de una mujer muy guapa con el cabello negro corto y brillante, además de dos chicos delgados y altos bastante similares.
—¡Chicos! —exclamó el chico que poseía un porte más seguro de los dos—. ¡Me alegro de volverlos a ver. En especial a ti, Harry.
—¿Y por qué a mí? —inquirió el chico Dursley.
—Porque ya habíamos visto a Albus en el callejón Diagon —explicó el segundo chico—. Miren quien está por allá.
Los otros tres voltearon la cabeza, e inmediatamente el primer chico gritó:
—¡Scorpius!
El chico Malfoy volteó la cabeza, y sonrió al ver a sus amigos. Se volteó levemente hacia sus padres, seguramente pidiéndoles permiso para ir. Su madre asintió levemente después de haber visto el grupo que saludaba a su hijo, mientras que Draco Malfoy lanzaba una mirada despectiva hacia las madres de los chicos.
—¿No puedes ser un poco discreto Justin? —preguntó el segundo de los chicos.
—¿Qué tiene de malo gritarle a un amigo William? —inquirió Justin Jacot.
—Olvídalo —respondió el segundo de los Jacot.
En aquel momento Scorpius llegó hasta ellos.
—¡Hola chicos! —exclamó muy emocionado.
—¡Hola!
—¿Qué hay?
—¿Cómo te fue en tus vacaciones?
—Aburridas —contestó el chico Malfoy—, pero en general bien. ¿Y las suyas?
—Me la pasé en mi casa con mis padres —respondió Harry.
—Yo también, exceptuando cuando fui a casa de Harry —dijo Albus.
—Lo mismo digo de las mías —comentó William.
—Yo me la pasé de aquí para allá con mi papá —dijo con una gran sonrisa Justin—. Algunas veces nos acompañaba Jason, pero eso es otra historia.
—¿Pero de qué demonios hablas? ¡Yo no recuerdo nada de esa tarea! —exclamó una voz harto conocida a sus espaldas.
Los chicos voltearon la cabeza, y vieron que Peter Thomson estaba llegando en compañía de Rose Weasley. A pesar de que ambos chicos eran como agua y aceite en el estudio eran grandes amigos, y eso había quedado patente a finales del año pasado.
—¡Chicos! —exclamó muy emocionada Rose al verlos a todos. Sus padres venían detrás de ella, acompañados por el que seguramente era el padre de Peter.
Rose se dirigió directamente a abrazar a William, lo cual extrañó a Albus, ya que William era el que se encontraba más lejos de por donde había llegado la chica. Sin embargo, sospechó algo cuando vio que los labios de Rose se abrían cerca del oído del chico Jacot. Después la chica se dirigió a abrazar a los demás.
—¿Verdad que el profesor Sinclair nunca dejó una tarea acerca de las principales revueltas de duendes en la historia William? —inquirió el chico Thomson.
—Por supuesto que sí —contestó William—. Todo un metro de pergamino lleno, ¿no Rose?
—Mínimo —respondió la chica con una sonrisa—. Como le venía diciendo a Peter hice la mía de dos metros.
—¡No puede ser! —exclamó Peter mientras se ponía las manos sobre el rostro, adquiriendo una expresión bastante similar a la popular pintura El Grito.
—¿En serio dejaron esa tarea? —preguntó preocupado Harry Dursley.
—Por supuesto —le dijo Justin mientras le guiñaba el ojo a Harry. Obviamente el chico Jacot ya había comprendido que se trataba de una broma que Rose le había preparado a Peter—. Yo no sé como lo pudiste olvidar Peter, si era el trabajo más sencillo de todos los que nos dejaron.
—No estaría totalmente de acuerdo —dijo Scorpius poniendo un delicado énfasis en la palabra "estaría"—. Creo que el trabajo de Encantamientos no era gran cosa.
—¿Cuál? —preguntó Rose—. ¿Aquel sobre hechizos para hacer bailar las cosas o sobre el hechizo levitador?
—Obviamente el hechizo levitador, ¿no? —dijo William—. No hay gran ciencia en un encantamiento levitador.
—¡Oye! —exclamó Peter—. ¿Qué estás intentando decirme?
—Lo siento —se disculpó William.
Y es que el año pasado, Peter había tenido grandes problemas para aprender el encantamiento levitatorio. Incluso había estado a punto de sacarle un ojo a Rose al practicar aquel encantamiento.
—¡Lo pasado ya es pasado! —exclamó Justin—. Oye William, ¿ya viste quien está por ahí?
William miró hacia donde señalaba su hermano, e inmediatamente se puso de color rojo al tiempo que retiraba la mirada y agachaba la cabeza. Los demás intentaron ver también de quien hablaba Justin, pero había ya tanta gente que se encontraba en el andén que era imposible saber a quien se refería Justin.
—¡Justin! —exclamó molesta Rose—. No me gusta que menciones a ese… baboso cuando estamos todos juntos y contentos.
—Y yo voy a estar más contento ahora —dijo Justin cuando vio quien se acercaba a ellos—. ¡Hola Alice!
Hacia ellos se dirigía una hermosa chica con el cabello largo y castaño que portaba ya el uniforme del colegio.
—¿Ya ocupaste un compartimento en el tren? —inquirió Scorpius perspicazmente.
—Este… sí —respondió la chica Ravenclaw—. Tommy me guardó un lugar.
—Bueno, pero nos irás a visitar —supuso Justin.
—Creo que sí —respondió la chica—. No creo que Tommy espere que me la pase todo el día con él.
Lo dijo con un tono de hastío con el que parecía querer dar a entender que el chico Foster había esperado eso todas las vacaciones.
—Ahora solo falta Sandy —comentó Harry Dursley.
—No tendremos que esperar mucho tiempo —dijo Rose algo extrañada, ya que en aquel momento la chica Smith estaba saliendo del tren vestida ya con la túnica del colegio.
—¡Hola chicos! —exclamó emocionada la chica.
—¿Hace cuánto llegaste? —inquirió el chico Dursley.
—No tiene mucho —dijo la chica—. Cuando llegué la mamá de Albus se encontraba solo con su hermanita.
—Entonces ya cogiste compartimento —supuso Justin Jacot.
—Eh… sí. Estoy con los demás chicos Hufflepuff de nuestro curso —dijo la chica Smith—. Lo siento. Debí de haberlos buscado primero a ustedes.
—No tienes que disculparte Sandy —dijo Alice—. Cualquiera comete un error.
—Te lo dice la que quedó con su novio sin avisarnos —dijo Justin poniendo los ojos en blanco.
—¿Quieres dejarlas en paz Justin? —inquirió su hermano gemelo—. Alice tiene razón, ninguna de las dos debe preocuparse. Yo creo que más bien debemos preocuparnos por como nos dividiremos los demás. Los compartimentos son de seis, y nosotros somos siete.
—Yo tengo la solución —dijo al parecer muy satisfecho de sí mismo Justin.
Hacía más de media hora que el tren había iniciado su recorrido, y los siete amigos se hallaban en el mismo compartimento.
—¿No les dije que yo tenía la solución? —inquirió Justin con suficiencia.
—¿Y por qué debo ser yo y no tú quien se siente sobre el baúl? —inquirió Peter.
La solución de Justin había sido sencilla: habían colocado uno de los baúles debajo de la ventana, de tal manera que uno de ellos se podía sentar sobre él. Aquello tenía el inconveniente de que les quitaba espacio para las piernas a los demás, pero de esa manera podían ir los siete juntos.
—Porque es tu baúl —le respondió el chico Jacot como se le explica a alguien que uno más uno son dos.
—Podemos ir rolándonos —sugirió Albus.
—Pues sería una maravilla, o de lo contrario acabaré sin trasero —dijo Peter.
Rose no pudo evitar soltar una carcajada desde su asiento.
—¿Qué es tan gracioso Rose? —inquirió el chico Thomson.
—Nada —respondió la chica—, absolutamente nada.
Sin embargo, Albus, quien iba sentado a su lado, la escuchó murmurar "Solo me preguntaba si alguna vez habías tenido".
—No otra vez William —dijo Justin.
Todos voltearon la cabeza hacia los gemelos.
—¿Qué tienen de malo? —preguntó William mientras se ponía sus espectrogafas.
—Te hacen ver ridículo William —le dijo Justin—. Así nunca lograrás atraer la atención de…
—¡No menciones a ese individuo en mi presencia! —le interrumpió bruscamente Rose.
—¿Por qué te cae tan mal Rose? —le preguntó Justin.
—¿No te basta que sea un maldito petulante "sangre limpia"? —preguntó Rose—. Además, se la pasa insultando a mi familia y la casa de Gryffindor cada vez que tiene la oportunidad.
—¿De quién está hablando? —le preguntó Harry a Albus en voz baja.
—Ni idea —le contestó igualmente Albus.
En aquel momento la puerta del compartimento se abrió, y por ella asomó un chico del cuarto curso de aspecto imponente, con el corto cabello de color negro. Detrás de él se encontraba un chico de piel bronceada y ojos rasgados, el cual fingía estar concentrado en la ventana y no en las personas que ocupaban el compartimento.
William se sonrojó debajo de sus espectrogafas y enfocó la vista en el suelo.
—Justin, necesito que vengas conmigo —dijo el chico de aspecto imponente.
—Claro Jason —respondió el chico Jacot—. Regreso en un momento chicos.
Y salió del compartimento siguiendo a ambos personajes.
—¿Para qué querrá tu hermano a Justin? —inquirió Scorpius a William.
—Medio hermano, no se te olvide que Jason es solo mi medio hermano —respondió William recuperando un poco la compostura y quitándose sus espectrogafas—. Y la verdad es que no sé. Puede ser para cualquier cosa: tal vez quiere presentarle a alguien o mostrarle algo que ha comprado durante las vacaciones.
—Towers nunca se separa de tu her… medio hermano, ¿cierto? —inquirió Peter mientras se levantaba del baúl para ocupar el lugar que había desocupado Justin.
—No —respondió William clavando la vista en el suelo—. La verdad es que creo que no.
—Pues por lo que me ha contado James estas vacaciones la díada Jacot-Towers solo significa problemas —comentó Albus.
—¿En serio? —cuestionó interesada Rose.
—Sí. Durante las vacaciones me contó un poco de sus experiencias en los tres años que lleva en Hogwarts, y era imposible que no saliera a relucir el tema —respondió Al—. Al parecer se ha creado una fuerte rivalidad entre esos dos y la tríada Potter-Simons-Zafron.
—¿Quiénes son Simons y Zafron? —inquirió Rose.
—¿No sabes quién es Isaac Zafron? —inquirió incrédulo Peter.
—Discúlpame por no saberme los nombres de todos los miembros de la casa Gryffindor —dijo Rose visiblemente molesta.
—Pero Isaac Zafron no es un miembro cualquiera de Gryffindor —replicó Peter aún incrédulo—. Es uno de nuestros cazadores en el quidditch.
—Eso explica porque no lo conozco —concluyó Rose—. Sabes muy bien que no soy una apasionada del quidditch como tú Peter. Prefiero hacer mis tareas.
Peter no tuvo como rebatir ese argumento.
—¿Y quién es Simons? —preguntó Harry.
—El otro de los mejores amigos de mi hermano —respondió Albus—. John Simons. Los tres van en el mismo curso, y rara vez se separan.
—Pues si yo fuera tu hermano me preocuparía —dijo de pronto Scorpius.
—¿Eso por qué? —inquirió curioso Peter.
—¿Se acuerdan de Bush y McFly? —preguntó el chico Malfoy.
—Por supuesto —dijo Rose cansinamente.
Andrew Bush y Henry McFly eran también alumnos de segundo curso, pertenecientes a la casa de Slytherin al igual que Justin y Scorpius. Sin embargo, a diferencia de nuestros amigos, estos eran en extremo petulantes y enemigos declarados de los Gryffindor.
—No creo que sea posible olvidar a gente tan desagradable —opinó Albus—. ¿Por qué la pregunta?
—A finales del curso pasado se empezaron a juntar demasiado con Jacot y Towers —comentó Scorpius—. Al parecer están pensando en hacer su propia pandilla.
—En la que después todos resultarán mortífagos —dijo William.
Todos los demás lo voltearon a ver extrañados.
—Creo que has leído demasiada historia William —opinó Rose—. Te leíste completo el nuevo libro, ¿cierto?
—No podía evitarlo —respondió el chico Jacot con una sonrisa—. El profesor Sinclair me dejó una adicción horrible a los libros de historia.
—Lo suponía —dijo Rose.
—¿Qué son los mortífagos? —inquirió Harry Dursley.
—Son como se llamaban a sí mismos los seguidores de Lord Voldemort —explicó Rose—, el mago oscuro más poderoso del siglo pasado.
—¡Vaya! —exclamó sorprendido Peter—. Con ustedes dos siempre se aprende algo nuevo.
—Fue mucha la histeria que provocó el tal Voldemort —comentó William—. Tanta, que a la gente le costaba pronunciar su nombre. No lo podían decir en voz alta o sentían que se les aparecería.
—¡Qué estupidez! —comentó Peter—. ¿Entonces cómo lo llamaban? ¿Su gran señoría oscura?
—Sus seguidores lo llamaban El Señor Tenebroso, y todo el pueblo mágico El-que-no-debe-ser-nombrado —dijo Rose.
—¿En serio daba tanto miedo? —preguntó Harry.
—Mi padre afirma que imponía y de una gran manera —comentó Scorpius.
—¿Asustaba más que el Señor de las Tinieblas? —preguntó nuevamente Harry.
—Eso yo no te lo sé decir —contestó Peter—. A mí en lo personal el Señor de las Tinieblas me pareció poca cosa, aunque nunca estuve enfrente del tal Voldemort.
—¿Poca cosa? —inquirió Rose incrédula—. Pues si no mal recuerdo, estabas temblando y con la mirada aterrorizada cuando se nos presentó.
—Te equivocaste —le dijo Peter—. Era un gesto de excitación. Sabes lo mucho que me gustan las peleas.
—¡Sí, claro! —exclamó sarcásticamente Rose.
—Ahora que lo pienso Justin y yo somos los únicos que no nos enfrentamos frente a frente al Señor de las Tinieblas —comentó William.
—No sé si estaría totalmente de acuerdo contigo —opinó Harry—. Es cierto que Rose, Peter y yo nos enfrentamos a él en el mundo de los sueños; pero por lo mismo no nos podía causar un mal verdadero a menos que nosotros quisiéramos. Teníamos una enorme ventaja. Mientras tanto, tú y Justin se enfrentaban a un montón de asquerosos cadáveres vivientes. No sé si yo hubiera aguantado eso.
—Eso no fue nada —dijo William—. Los cadáveres eran incapaces de pensar, así que no constituían una gran amenaza. El único problema era que se volvían a levantar. Creo que el verdadero problema lo enfrentaron Scorpius, Albus, Alice y Sandy.
—Pero nosotros contamos con la ventaja de nuestros poderes especiales —dijo Albus.
—Aún así —dijo Rose—. Yo no voy a alardear: a mí sí me aterrorizó el Señor de las Tinieblas, y creo que si me hubiera encontrado con él fuera del mundo de los sueños, incapaz de protegerme con algo que no fuera mis habilidades, no hubiera sabido qué hacer.
—Rose tiene razón —opinó Harry—. Debieron haber necesitado una gran dosis de valor para lograr enfrentarse a él.
—No creo que haya sido precisamente valor, o no como lo solemos entender —opinó Scorpius—. Creo que fue más fuerte el deseo de proteger a todas las personas que queremos.
En aquel momento se abrió la puerta del compartimento, y por ella entró un Justin bastante molesto.
—¡No puedo creerlo! —exclamó el chico mientras tomaba asiento sobre el baúl.
—Pensé que nos íbamos a rolar, y no iba a desaprovechar la oportunidad de ocupar un asiento vacío —se disculpó Peter.
Justin lo miró extrañado por un momento, como si estuviera haciendo intentos por averiguar de qué le estaba hablando el chico Thomson.
—No me refiero a eso —dijo Justin con el amago de una sonrisa en los labios, al parecer con el enojo ya disminuido.
—¿Qué ha sucedido con Jason? —preguntó William.
—Se enojó porque creo que le rompí la nariz a Bush —respondió Justin.
—¿Le rompiste la nariz a Bush? —inquirió sorprendido Scorpius.
—¡Caray! —exclamó Peter.
—¿Cómo sucedió eso? —inquirió Rose.
—Pues simplemente que Jason al parecer me quería presentar a sus nuevos amigos —respondió Justin—, entre los cuales se encontraban Bush y McFly. Supongo que Jason no podía saber que Bush y yo no nos llevábamos muy bien.
—¿Había alguien más? —preguntó Albus interesado.
—Un chico Slytherin de tercer año llamado Serge Timber —contestó Justin—. La verdad es que no creía que un chico como él podría llegar a ser amigo de Jason.
—¿Por qué no? —cuestionó Scorpius.
—Porque es la clase de chico que suele pasar desapercibido —comentó el chico Jacot—. La verdad es que no sé nada de él.
—Fue el segundo lugar en calificaciones del segundo curso el año pasado, ¿no William? —inquirió Rose.
—Ahora que lo dices es cierto —dijo William.
—Tal vez su her… medio hermano lo quiere porque es muy inteligente —opinó Peter.
—¡Tonterías! —exclamó Justin—. Si quisiera alguien inteligente debería fijarse primero en William.
—Sabes perfectamente que para Jason yo soy un bueno para nada —dijo amargamente William—, independientemente de lo que digan las calificaciones.
—Pues entonces tu hermano es más idiota de lo que parece —expresó Rose—. Si no fuéramos tan buenos amigos William, te consideraría un poderoso rival.
—Pero Alice no se queda atrás —dijo Justin.
—¡La tríada de la sabiduría! —exclamó Peter como si estuviera maravillado—. Me alegro de ser su amigo.
—¡Ya cállate! —le dijo Rose, aunque la verdad es que la chica estaba sonriendo, como si la hubiera halagado el que Peter la considerara lo bastante buena para llamarla integrante de una tríada de la sabiduría.
—Creo que James se las va a ver negras este curso —comentó Albus—. Ahora ya no solo se tendrá que enfrentar a Jacot y a Towers.
—¡Ni que Bush y McFly fueran una gran amenaza! —exclamó Peter quitándole importancia al asunto—. Ya ves que el año pasado amenazaron a Justin con lanzarle un maleficio, y nunca lo hicieron. Y por como habla Justin, no creo que el tal Timber pueda hacer mucho.
—No estoy del todo de acuerdo contigo —dijo Scorpius—. Creo que si no le hicieron nada a Justin es porque realmente le tenían miedo a Jason.
—¿Pues qué tiene Jason? —inquirió Rose.
—Ustedes nunca lo han visto en la sala común de Slytherin, pero lo cierto es que él y Towers se comportan de tal manera que hasta los de séptimo los respetan.
—¿En serio? —inquirió William sorprendido.
—Perfectos miembros de la casa Slytherin, como solía llamarlos el profesor Baster —comentó Justin—. No hay mucha gente que se atreva a retar a Jason (ni siquiera yo), y Towers tiene una fama estupenda como duelista.
—Eso explica porque ambos son tan populares entre las chicas —comentó Harry.
—¿En serio? —inquirió Rose levantando una ceja, como si no pudiera creer que alguien se fijara en ese par.
—Rara vez he oído que alguna chica Slytherin mencione a otro chico que le guste, e incluso varias Hufflepuff de cursos más avanzados los creen muy atractivos —dijo el chico Dursley.
—¡Pero no pongas esa cara William! —exclamó Justin de repente.
Todos voltearon la vista hacia el chico Jacot.
—No importa —dijo con voz ahogada—. De verdad será mejor que lo olvide.
—Es lo que yo siempre he dicho —dijo Rose mientras volteaba a ver por la ventanilla.
Albus, Harry y Peter se interrogaron unos a otros con la mirada. Era obvio que ninguno de ellos había entendido a qué se referían los demás. Mientras tanto, Justin observaba a su hermano mientras se mordía el labio, y Scorpius miraba al igual que Rose por la ventanilla.
El viaje continuó hacia el norte, sin que los chicos hicieran gran cosa que no fuera hablar. Cuando estaban a punto de llegar decidieron cambiarse de ropa. Rose tuvo que salir un momento mientras los chicos se cambiaban, y después viceversa.
—Ni que fuéramos a ver algo que valga la pena —dijo Justin mientras se pegaba contra la pared del pasillo para que pasara un chico de quinto curso por él.
—¡Escuché eso! —exclamó la voz de Rose desde dentro del compartimento.
—Esto sucede cuando no vienen ni Alice ni Sandy con nosotros —comentó Peter—. Si vinieran ellas hubiéramos tomado dos compartimentos y uno lo podrían usar las chicas y el otro nosotros.
—¿Y por qué no se van a dar una vuelta por ahí? —les preguntó la voz de Rose.
—Ella tiene razón —dijo de repente Justin—. Voy a ver porque demonios Alice no vino a visitarnos después que dijera que sí lo haría.
Y dicho eso el chico se retiró por el pasillo.
—¿Alguno de ustedes piensa irse a otro lugar? —preguntó Peter.
—Creo que yo iré a dar una vuelta donde se encuentran Sandy y los demás Hufflepuff —dijo Harry antes de irse también por el pasillo.
—Por cierto, ¿alguno de ustedes sabe quien se encargará de las clases de Pociones ahora que el profesor Baster no está? —inquirió Peter.
—Mi padre me lo dijo, pero no recuerdo el nombre del profesor —comentó Albus—. Y ahora que lo pienso Scorpius, también me dijo que el jefe de Slytherin será la profesora Tanya Jonas.
—¿La profesora de Astronomía? —inquirió visiblemente desilusionado.
—¿Esperabas a alguien más? —preguntó Peter.
—Pues no, pero…
—El cargo de jefes de casa solo se le puede dar a los profesores más antiguos de la planta docente, y normalmente a profesores de asignaturas que llevamos desde el primer año —dijo William—. Considerando esto, creo que era obvio que la profesora Jonas fuera la elegida.
—Este año ya no tenemos vuelo, ¿cierto? —preguntó Peter.
—No, ya no tenemos esa asignatura —respondió William—. Vuelo solo se imparte durante el primer año. Si después quieres seguir practicando será cosa tuya.
—No sé porque te preocupa —dijo Rose Weasley mientras abría la puerta del compartimiento para que los chicos entraran—. Era la materia que mejor se te daba.
—Pero a partir de ahora podríamos entrar al equipo de quidditch —dijo Peter en un tono ilusionado.
—¿Ya tienes escoba? —le preguntó Scorpius.
—Ahí el detalle —dijo Peter ahora con desilusión—. Me encantaría formar parte del equipo de quidditch de Gryffindor, pero no tengo escoba. Además, considerando que no soy muy responsable con las tareas no creo que sea muy buena idea perder una noche o más a la semana para ir a entrenar.
El chico Thomson se hundió en su asiento, con un desencanto que prácticamente se palpaba en el aire.
—Yo creo que podrías hacerlo muy bien —dijo Rose—. No dudo que te sería difícil, pero si es algo que realmente quieres y disfrutas…
—No Rose —contestó Peter—. La prueba es la tarea sobre las revueltas de los duendes. Si no pude hacer eso teniendo todas las vacaciones menos voy a poder cumplir con tareas que nos dejan a diario. Y siempre sería el mismo pretexto: "se me olvidó".
Todos voltearon a ver significativamente a la chica Weasley.
—No se te olvidó nada Peter. Yo me inventé eso para jugarte una broma —confesó finalmente la chica—. La única tarea que dejó el profesor Sinclair fue la redacción sobre la magia durante la época antigua.
—¿Cómo? —inquirió Peter.
—Que fue una broma —repitió Rose.
Peter parecía demasiado sorprendido, pero también feliz.
—O sea que no se me olvidó ninguna tarea. ¡Genial!
