...

Sakura podría volver loco a un macho. Avanzó. Tenía que ser puesta en libertad. Se mantuvo atrás, evitando tocarla directamente mientras agarraba uno de los cinturones. Él tiró, pero la banda de cuero estaba realmente metida entre la puerta. Frunció el ceño, tirando más fuerte.

"Eso no va a funcionar."

Miró hacia abajo. Ella estaba demasiado cerca. Podía oler el champú que había utilizado en su pelo, supo que se había cepillado los dientes con algo de menta, y debajo de eso, su aroma femenino le llamó. Siempre lo había hecho.

"¿Por qué no?"

La travesura hizo chispear esos hermosos ojos jade suyos.

"Podría haber escogido los dos cinturones con las más gruesas y más fuertes hebillas, que les impide deslizarse a través de la puerta. En realidad, vas a tener que moverme y luego abrir la puerta para deslizarlos de la parte superior. ¿Por qué tienes tantos cinturones? ¿No es suficiente uno?"

"Apenas te dejé sola durante cinco minutos."

"Tengo una mente rápida."

Recordó eso en ella también. Ella siempre fue la mente maestra cuando jugaban bromas. Él había sido el que tenía la fuerza y la altura para ponerlas en marcha. Había sido por aquella época cuando habían usado hilos sueltos de la ropa para trenzar una delgada cuerda. Habían atado un pedazo de carne en ella y luego le tuvo levantándola en brazos para colgarlo encima de la puerta con un viejo clavo. El Doctor Khabía entrado para su revisión diaria, y ella había mencionado casualmente que una araña estaba sobre su cabeza. El médico había mirado hacia arriba y gritó como una hembra. Luego notó lo que era y les fulminó con la mirada a ambos. Había sido divertido. Ella sabía que el Doctor K temía a aquellas criaturas de ocho patas.

Había un montón de buenos recuerdos. El calor se extendió a través de él mientras siguió mirando hacia ella, destellos de su tiempo juntos regresando. Algunos fármacos que Mercile había probado en su sistema le habían hecho daño por lo que le había hecho acostarse con la cabeza en su regazo mientras ella cantaba en voz baja y jugueteaba con su cabello. Le contaba historias que lo distraían de su sufrimiento.

Examinó sus rasgos. Ella era su Sakura. Podía ver algunos cambios. Unas pocas líneas estropeaban su piel cerca de los ojos y la boca. Su atención bajó y su polla se puso rígida. Su pecho se había llenado. Los montículos de aspecto suave de sus pechos estaban claramente definidos a través de la fina tela de su camiseta.

"Vas a tener que tocarme."

Su voz salió un poco ronca y él gruñó. Quería sentirla. Abrió la mano sin pensar, casi tocando la piel que se revelaba sobre sus costillas. Estaba demasiado pálida y parecía muy suave. Ella arqueó la espalda, como para animarlo. Eso le inquietaba. Levantó la mirada para mirar profundamente a sus ojos.

"¿Quieres mi toque?"

"Más que nada."

"Estoy cabreado."

"Lo sé."

"Podría hacerte daño."

Se relajó, manteniendo su mirada cerrada con la suya.

"Prefiero sentir tu carácter que nada en absoluto."

Él curvó sus manos en puños, los aplanó con los nudillos contra la puerta junto a su pecho y cerró los ojos. Sería fácil moverse poco a poco más cerca hasta presionarse ligeramente contra su cuerpo. Ella empujó su cara hacia delante para descansar su frente contra su pecho.

Él se quedó allí, sintiendo su cálido aliento a través de la fina tela de su camisa. Se sentía pequeña, pero eso no era nada nuevo. Su Sakura siempre había sido pequeña pero feroz. Eso también la hizo real. Estaba viva.

"¿Te acuerdas de lo que hiciste cuando te despertaste después de la primera vez que te trajeron a mi celda, Sakura?"

"Lloré." Murmuró. "Sabía que mi madre había muerto y Kizashi la había alejado de mí. Él me abandonó en una habitación fría, y sabía que nunca me dejaría salir. Ni siquiera pensé que lo vería de nuevo."

Bajó la barbilla, descansando en la parte superior de su cabeza. Ella encajaba allí, como siempre lo había hecho.

"Heriste mis oídos con todo ese llanto." La apretó un poco más cerca. "Tú alzaste la mirada y me viste agazapado en un rincón." Él sonrió ante el recuerdo. "Yo creía que empezarías a gritar o hacer sonidos más fuertes pero no lo hiciste. Solo te arrastraste fuera de mi colchoneta y viniste directa hacia mí. Pensé que podrías atacarme y me tensé, preparado para derribarte alejándote ya me habían advertido que no te podía hacer daño. En cambio, lanzaste tus brazos alrededor de mí. Me abrazaste cerca, muy apretado."

Ella volvió la cara un poco, presionando su mejilla contra su pecho, acariciándole.

"Me lo permitiste. Incluso me llevaste de nuevo a la colchoneta y te acurrucaste conmigo. Tenía frío y tú estabas caliente."

"Me necesitabas."

"Siempre te he necesitado, y siempre lo haré."

Se detuvo empujando los puños contra la puerta y los echó hacia atrás, abriendo sus manos. Titubeante, las colocó en su cintura. Su piel, donde estaba descubierta, se sentía fresca al tacto.

"Tú eras mi única debilidad." Admitió.

"Nunca quise serlo. Siempre fuiste mi mayor fortaleza."

Él apretó su agarre sobre ella justo por encima de las caderas y retrocedió un poco para que sus cuerpos ya no se presionaran entre sí.

Abrió los ojos, mirándola.

"Voy a levantarte para soltar la presión de los cinturones. Deslízate fuera de ellos. No hagas esto de nuevo. ¿Alguna vez me escuchas? Nadie quiere ser restringido a una pared."

"Lo haré una y otra vez hasta que dejes de evitar tocarme."

"¿Qué voy a hacer contigo?"

Ella le hacía sentir mucho a la vez. Frustración, irritación, dolor, pero también cosas buenas. Diversión, calor, y la necesidad de estar cerca de ella y mantenerla allí.

"Cualquier cosa que quieras." Ella parpadeó para contener las lágrimas. "Siempre he sido tuya y nada puede cambiar eso."

La levantó y su ira aumentó. Él gruñó. Ella no se inmutó ante su repentino arrebato. Seguía mirándole como si no tuviera nada que temer.

"Deberías pesar más."

Esto le enfurecía. Se sentía demasiado frágil. La levantó más alto y ajustó su agarre, envolviendo un brazo completamente alrededor de su cintura para anclarla en su lugar. Liberó su otra mano para arrancar el cinturón apretado y aflojar su apretón. Las marcas rojas en las muñecas, donde el cuero había mellado, probablemente dejarían moratones.

"Tonta hembra." Gruñó.

Consiguió soltarla y retrocedió, llevándola a su cama.

"Te has hecho daño a ti misma."

Ella libró sus muñecas de su agarre antes de que pudiera fijarla abajo encima del colchón. Esto le sobresaltó cuando sus piernas se acercaron y se envolvieron alrededor de su cintura mientras ella le echaba los brazos al cuello. Se aferró a él con fuerza. Bajó la cara, enterrándola contra su garganta. Él la olfateó. El olor no era exactamente el mismo, pero era lo suficientemente familiar como para que no pudiera negar que era su Sakura. Él se quedó allí, abrazándola y permitiendo que ella le abrazara. Recordó la primera vez que afirmó que ella era suya...

La puerta de la celda se abrió y uno de los técnicos empujó a Sakura en su espacio. Cuando casi se tropezó y cayó, 927 se puso de pie y gruñó al macho humano. Las lágrimas rayaban la cara de Sakura y pudo recoger el olor ácido de su dolor. También recogió el olor de la sangre fresca. La suya.

Él gruñó más fuerte y fulminó con la mirada llena de rabia al técnico. El macho resopló, sacando su arma para evitar que le atacara.

"Yo no la lastimé. El Doctor K tiene la culpa si quieres matar a alguien." Cerró la puerta. 927 fue hasta Sakura y la agarró por la cintura. Él la levantó del suelo y se la llevó a su colchoneta. Se sentó, poniéndola en su regazo. Husmeó para encontrar la fuente de su dolor. No pasó mucho tiempo. Agarró la camisa que llevaba y empujó el material por su brazo. Un vendaje se había colocado justo debajo de la muñeca y la gasa blanca estaba empapada de sangre de color rojo brillante.

"¿Qué te hizo el Doctor K?"

Ella levantó la mirada llena de lágrimas.

"Sacó sangre porque piensa que podría no ser su hija. Va a comprobarla contra la suya propia para ver si lo soy. Él dijo cosas horribles sobre mi mami."

Vio moretones que se estaban formando en la muñeca y el brazo.

"¿Luchaste?"

"Fue muy malo, y la aguja duele." Resopló. "Él dijo que podría ser una bastarda. Eso significaría que no tengo padres, ya que mató a mi mamá."

Ella era tan pequeña e inofensiva. Le enfurecía que el Doctor K fuera tan cruel con ella, pero por otra parte, la había encerrado en una celda con él.

"No importa si eres de su sangre o no. Yo tampoco tengo padres. Me llaman bastardo."

Alzó la mano y suavemente secó sus lágrimas.

"Y eso no me hace llorar."

"Tu nunca lloras."

Ella volvió la cara en su pecho y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, abrazándolo con fuerza.

"¿Y si yo soy bastarda? No pertenezco a nadie."

Él apoyó la barbilla en la parte superior de su cabeza y la abrazó con más fuerza contra su cuerpo.

"Me perteneces a mí. Él nos puso juntos. Yo lloraría si te llevaran lejos y nunca te trajeran de vuelta. Eso me haría daño."

Ella dejó de llorar y echó la cabeza hacia atrás, mirándolo fijamente.

"¿En serio?"

Él asintió con la cabeza.

"Sí. No más lágrimas, Sakura. Me preocupo por ti."

"Él me dijo la fecha. Es mi cumpleaños hoy."

Las lágrimas brotaron de sus ojos de nuevo y se derramaron por sus mejillas.

"Mi mamá invitaba a todos mis amigos a mi fiesta. ¿Crees que están buscándome?"

"No lo sé."

Le enjugó la cara de nuevo, odiando verla con tanto dolor. El concepto de tener amigos o una fiesta era extraño para él, pero a ella le importaba.

"No estás sola. Estoy aquí."

"No tenemos pastel y mi mamá me prometió que me había comprado el muñeco que quiero."

No sabía lo que eran cualquiera de esas cosas.

"Ellos nos alimentarán pronto y puedes comértelo todo."

"No puedo comer tanto. Me pongo enferma. Y no quiero que tú tengas hambre más tarde."

"Yo te dejaría, si tú quisieras."

Él apartó el pelo de su cara, estudiando sus rasgos. Ella había crecido con él, desde que ellos la habían llevado a su celda. A él le importaba y le dolería si se la llevaran.

"Vamos a tener diversión." Tuvo una idea. "Es tu cumpleaños. Cántame. Te gusta hacer eso. Voy a tratar de aprender las palabras y cantar contigo. Eso te hará feliz."

Su sonrisa le calentaba por dentro.

"¿Harías eso por mí?" Ella giró la cabeza para mirar a la cámara, y luego de nuevo a él. "Nos están mirando. No quieres que vean eso."

"No me importa si saben que quiero que seas feliz."

"Tú no eres un bastardo, 927. Tú me perteneces a mí."

Él sonrió.

"Eso es cierto, Sakura. Somos solo nosotros. Eso hace que sea perfecto. No dejes que te hagan daño o te hagan llorar de nuevo."

"No lo haré."

...