Otra semana pasó, Rachel sobretodo tuvo días bastante pesados, por un lado, en Estrella Roja EC haciéndose cargo de toda la parte musical de la obra, con el agregado de Schuester que encomendó a la joven velar por que continuara el buen ambiente en el lugar de trabajo y con Sugar en plan de diva no era tarea fácil.

Además, la situación en el departamento tampoco era de lo más relajada, se sumaban las obligaciones contraídas con Quinn, quien últimamente debía asistir a importantes cenas y reuniones con sus patrocinantes y no sería bien visto que hiciera apariciones públicas sin su "novia", dichas reuniones se extendían hasta entrada la noche.

También las labores del hogar parecían haberse multiplicado, debía hacer la limpieza del departamento, llevar la ropa de Quinn a la tintorería, pagar las cuentas, cocinar, tocar el piano e incluso cuidar a la mascota de Sugar. Si, la chica le había encargado a Quinn el cuidado de una akita blanca llamada Juliet, a quién cangrejos se le ocurriría llamar así a una perra se preguntaba la castaña. Según dijo la pelirroja, su "bebé" (refiriéndose a la perra) no la dejaba concentrarse a la hora de estudiar su papel. Últimamente, la rubia delegaba demasiadas actividades que dejaban a la chica de Ohio realmente agotada.

Ese día, Rachel había adelantado las labores hogareñas para poder dedicarse con total libertad a su trabajo, el cual llevaba algo atrasado. Tenía todo dispuesto para iniciar cuando apareció en el salón Quinn a medio vestir.

Q-Rachel, ¿dónde está mi traje azul marino? –preguntó la rubia.

R-Me hiciste llevarlo a la tintorería, estará listo dentro de tres días. –respondía tranquilamente.

Q-Ya veo -Quinn dio media vuelta y volvió a su habitación.

Luego de la distracción, la morena tomó asiento y retornó a lo que estaba haciendo.

Q-Rachel, necesito ese traje para hoy ¿podrías llamar a la tintorería y apresurarlos? –hablaba la chica asomada por la puerta de su habitación.

R-No, es la mejor tintorería de NY, tienen muchos clientes… y no, ni siquiera por ser la gran Quinn Fabray harán una excepción, así que busca alguna otra cosa linda que usar. –Habló la morena sin perder la calma, finalizando la frase con una sonrisa cordial. –Ahora si me lo permites, tengo que trabajar.

Q-Está bien. –la rubia volvía a la habitación.

Pasaron 5 minutos exactos en los que Rachel, con lápiz y papel en mano, meditaba sobre la nueva pieza que estaba componiendo…

Q-Rachel, es que no consigo qué ponerme, segura de que no…

R-¡NO! Quinn, no puedo ir por tu traje –interrumpió, respirando hondo y recuperando inmediatamente la compostura.

Q-E-entiendo. –con expresión de cachorrito regañado.

R-¿Quieres que te ayude a buscar? –suspiraba resignada.

Q-Oh no no, tranquila no hace falta, tu sigue trabajando no te quiero interrumpir. –Quinn volvió a entrar a su habitación, tarareando una canción.

R-Menos mal, empezaba a creer que si. –susurraba Rachel mientras volvía a sus hojas.

10 minutos después…

Q-Rachel...

R-¡¿QUE?! –la morena acababa de romper el lápiz que sostenía entre sus dedos. –No se diga más, te ayudaré a buscar qué ponerte, vamos. –Rachel entró a la habitación, Quinn algo impresionada la siguió sin decir palabra.

Una vez ahí, la morocha abrió el closet y encontró un traje prácticamente idéntico al azul, sólo que este era negro.

Q-Con ese no me sentiré cómoda –renegaba la motociclista cual niña pequeña, el tic en el ojo derecho de Rachel comenzaba a notarse.

Luego de hora y media de búsqueda infructuosa, la rubia miró detrás de la puerta y estaba colgado otro traje, lo tomó y se lo puso.

Q-Vaya, creo que lo encontré, llevaré este. –dijo sonriendo.

R-Bien por ti. –respondía, con un tono sombrío y lanzándole una mirada que por un instante le heló la sangre.

Rachel se desplomó exhausta sobre la cama mirando al techo y rogándoles a todos los dioses le concedieran serenidad, paciencia, calma,… porque en ese momento se sentía capaz de asesinar a la sonriente chica de ojos verdes que tenía en frente.

Q-Perfecto, he quedado muy bien, ¿no te parece Rachel?... ¿Rachel? –la aludida se había quedado dormida en la cama de la rubia, quien la miraba con una expresión algo apesadumbrada. –Perdóname por hacerte esto –susurró, mientras tomaba una cobija y arropaba a la belleza de Ohio.

Quinn salió del departamento rumbo a casa de Sugar, pasaría unos minutos con ella antes de irse a una firma de autógrafos.


No muy lejos de ahí en un lujoso bar, Will conversaba con una vieja amiga…

W-Así que hoy es el gran día. –comentaba el hombre mientras se tomaba de la barbilla, en un gesto pensativo.

J-Si mi estimado amigo, hoy conoceré a mi nueva hija o mi nueva enemiga. Todo depende de qué tipo de persona resulte ser. –La mirada de la mujer estaba cubierta por un extraño brillo que no era extraño para Will.

Sabía perfectamente que Judy era una mujer muy íntegra y educada a la hora de afrontar cualquier situación, salvo en lo que se refería a su hija. La Fabray mayor era como una fiera salvaje a la hora de proteger a su cachorro, no tenía escrúpulos ni se tocaba el corazón cuando del bienestar de Quinn se trataba; el hombre temía por el futuro de Rachel (y de su obra) si no resultaba ser la nuera perfecta.

W-Te repito, Rachel es una chica extraordinaria, Quinn está en buenas manos.

J-Eso lo veré con mis propios ojos Will. –el hombre tragó grueso, luego cambiaron el tema y la charla se extendió unos minutos más.


En casa de Sugar...

S-¿Cómo es que estás tan segura de que Berry no seguirá metiéndose conmigo, eh? –la pelirroja miraba fijamente a Quinn que bajó la mirada para así ocultar la tristeza y vergüenza que sentía.

Q-Te dije que lo dejaras en mis manos, confía en mí, Rachel no será molestia para ti. –su voz se quebró un poco.

S-Muy bien Quinn, confiaré en ti, mi carrera artística está en tus manos. Pero cambiemos de tema, ahora, ¿qué te gustaría hacer? –La pelirroja se acercó peligrosamente a sus labios pero quedó fría cuando la chica giró el rostro y se puso de pie.

Q-Es tarde Sugar, me voy a mi firma de autógrafos, hablamos luego y quédate tranquila. Ya no te preocupes por Rachel.

La ojiverde salió de casa de Sugar dejándola completamente anonadada. Por un lado, la pelirroja estaba feliz de que su plan estuviese rindiendo frutos y la morena dejara de ser una amenaza. Sin embargo, conforme pasaban los días, Quinn estaba cada vez más distante con ella.

Q-Esto no es lo que yo quería que sucediera. No quiero dañar a Rachel, pero le hice esa estúpida promesa a Sugar. Cada día me siento peor con todo esto, no puedo creer que me encuentre en esta situación. –pensaba Quinn mientras iba camino a la firma de autógrafos.


Pasaron cuatro horas desde que Quinn salió de su departamento, Rachel durmió profundamente todo ese tiempo. De pronto, sintió la calidez de otro cuerpo dentro de la cama, el aliento tibio en su rostro y una lengua húmeda en su mejilla.

R-Pensaba que a Quinnie no le gustaban este tipo de cosas –soltaba la morena, algo sonrojada entre sueños.

En ese instante, Quinn llegó al departamento y al entrar en la habitación se encontró con Rachel aún en su cama y hablando entre sueños.

R-Ah, Quinnie es una traviesa. –reía la chica de Ohio que seguía sin despertar del todo, hasta que Quinn se aclaró la garganta de forma sonora.

Al abrir los ojos Rachel se encontró con la escena más insólita que pudiera imaginar, tenía a Juliet sobre ella lamiendo su rostro animadamente mientras Quinn yacía en el piso tomándose del estómago y llorando de risa.

R-Juliet es muy apasionada, recibo más cariño de ella que de mi novia –fingiendo desolación, gesto que detuvo en seco el ataque de risa de la rubia.

Q-Pe-pero ¿qué dices? No tengo por qué ser cariñosa contigo, no es parte de nuestro trato.

R-Deberías, porque ella no es mi tipo, sin ofender Juliet –la akita que reposaba en su regazo bajó las orejas entristecida, Rachel le acarició el lomo. –lo siento, no eres tu, soy yo, lo nuestro no funcionaría. –aún dirigiéndose a la perra que gimió con tristeza.

Q-No se, yo las vi muy acarameladas hace un momento. –decía Quinn bastante divertida con la escena que presenciaba.

R-Verás Juliet, a mí me gusta otro tipo de cachorrita –lanzándole una mirada muy sexy a la chica de ojos verde y logrando en ésta una espectacular subida de colores.

Quinn no tuvo tiempo (ni lucidez mental) para replicar pues Rachel cayó en cuenta mirando horrorizada su reloj.

R-¡No no no! –se levantó de la cama rápidamente –es tardísimo y no adelanté nada del trabajo tendré que hacerlo ahora aunque me tenga que quedar toda la noche.

Q-Vale, pero primero prepara la cena que muero de hambre.

R-Sabes Quinn, por una vez que la prepares no se acabará el mundo. –contestaba la morena algo exasperada. Juliet, bajó de la cama junto con Rachel y se acercó gruñendo a la rubia.

Q–Y encierra a esa bola peluda, no le caigo bien. –habló la chica señalando al animal.

R-Por qué será –ironizó la morena -Vamos Juliet –La perra obedeció, Quinn juraría que le lanzó una mirada despectiva antes de salir tras la morocha.

Poco después sonó el timbre. Mientras Rachel encerraba a Juliet en el cuarto de lavado, la rubia fue a abrir y para su gran sorpresa…

Q-¡Madre! ¡¿Qué haces aquí?! –a Quinn casi se le descuelga la mandíbula de la impresión.

J-Cierra la boca hija mía, es que acaso no puede una madre visitar a su única hija, su razón de ser, la que trajo al mundo con dolor después de 9 meses de espera y…

Q-Ya entendí madre… -emitiendo un hondo suspiro -me refiero a qué haces aquí en NY, pensé que estabas en Japón y hasta donde recuerdo no hablamos desde hace mucho…

J-Eso no importa, lo que importa es que tienes novia y no llamas a tu madre para hacérselo saber y se tiene que enterar por una revista de chismes.

Q-E…este….bueno, es que… -la chica comenzaba a sudar y no encontraba la forma de explicarle a su inquisitiva madre la situación en la que estaba.

R-Quinn, voy a empezar a trabajar por favor pide algo de cenar. –Rachel entró al salón sin fijarse en la madre de Quinn, quien apartó a su hija para poder examinar detenidamente a la morena.

J-Rachel Berry supongo. –la morocha sentía como que aquella mujer tenía rayos X, prácticamente la escaneaba con la mirada.

R-Eh… si, soy yo y usted es…

Q-Rachel ella es Judy Fabray, mi madre. –Habló por fin Quinn.

Podría pensarse que las cosas iban a ir tensas, sin embargo, la velada transcurrió mucho mejor de lo que se esperaba. Judy y Rachel congeniaron bastante bien ante la mirada nerviosa y sorprendida de Quinn. Pasada una hora, ya hablaban como conocidas, aunque Judy no bajaba la guardia Rachel mostraba su lado más seguro y cordial. Al parecer todas las madres orgullosas hacen lo mismo, buscar la mejor forma de avergonzar a sus hijos. La pesadilla dio inicio para la rubia cuando su madre extrajo del bolso un álbum con fotos suyas.

Q-Nooooooo ¡no puedes mostrar esas fotos en público! –la expresión de Quinn era de terror mezclada con vergüenza.

Después de perder toda una tarde-noche de trabajo, verla así era recompensa más que suficiente para la morena, que trataba de controlarse y no morir de ternura mientras veía a una pequeña Quinn mostrando su sonrisa sin incisivos a los 8 años, su cara llena de pintura imitando a un indígena americano a los 9, su disfraz de vaquera a los 10 y a los 11 con un kimono todo lleno de lodo junto a un perrito jugueton.

J-Ese día le dije a Quinn que no se ensuciara para poder tomarle una foto pero se puso a jugar con Duran y terminó así. –suspiraba Judy mientras se quitaba los lentes para darle un descanso a su vista mientras Rachel reía disimuladamente. Quinn se encontraba recostada en un mueble en posición fetal y con un cojín sobre su cabeza.

Luego de ese episodio, Quinn pidió comida y la cena fue más tranquila. Pasada la una de la madrugada Judy se levantó y anunció que se retiraba. Aunque la avergonzara frente a Rachel, para Quinn fue una sorpresa agradable el volver a estar con su madre. Además, la charla fue cómoda entre ellas y debía admitirlo Rachel sabía moverse muy bien en cualquier tipo de situación, le transmitió mucha confianza y dejó a Judy encantada.

J-Muy bien chicas, me retiro, espero tengamos más momentos como este mientras me encuentro en la ciudad.

Q-Estaremos encantadas de repetirlo madre. –decía Quinn no muy convencida.

R-Así es Sra. Fabray. –secundaba la de los ojos marrones.

J-Oh no, Judy para ti linda.

R-Está bien Judy.

J-Que chica más linda y atenta has encontrado Quinn. –este comentario provocó un ligero rubor en la princesa de hielo.

R-Muchas gracias por el cumplido Judy –sonreía sincera la morena, que abrazó a Quinn por la espalda y depositó un suave beso en la mejilla de esta.

Quizá el vino que acompañó la cena o un inconsciente deseo por dejar convencida a su madre de aquella actuación, Quinn se giró y depositó un beso en los labios de la morena. Aunque fuese tan repentino Rachel se dejó llevar por el movimiento de sus labios, no era para nada como aquel torpe beso de la fiesta lleno de miedo y rabia; nada que ver, este beso era cálido y dulce… Cuando se separaron, se percataron que estaban solas en el salón, Judy había preferido marcharse silenciosamente antes que interrumpir ese momento. La mujer subió a su taxi satisfecha y feliz por ver el cambio que había dado su hija gracias a esa chica. En parte era verdad, en esas pocas semanas de conocerse, Quinn había cambiado.

Aún en el departamento…

Q-Rachel yo… -fue silenciada, con un dedo de la morocha en sus labios.

R-Shhh no digas nada que lo arruine, me voy a dormir Quinn.

Q-E-está bien… que descanses.

La morena entró a su improvisada habitación con una sensación acogedora inundándole el pecho, no quería caer en cuenta de lo que acababa de suceder, pero de algo estaba segura, no se arrepentía en lo más mínimo.

R-Rachel, ¿será que te estás enamorando? –se dijo a si misma, para luego abrazar la almohada y caer rendida.


Gracias por los reviews, me alegraron el día :)