Hola a todas!

Sí, ya estoy aquí otra vez con otro capi más. Exigencia de la musa.

En fin, Kath, hija mía, acuérdate de tomar apuntes que es un capi largo con diferentes momentos y no sé si tu memoria podrá con ello. Gracias a todas las que os entretenéis en comentar y un saludo especial a todas las chicas del grupo de whasap y a nuestro complejo árbol geneálogico que hizo que me dejara review hasta mi tía abuela política xD gracias a todas. Y un gran beso para mi musa favorita ;)

Espero que os guste.

CAPÍTULO 11

Temo, al despertar y pensar en volver a verte cada día, que hoy será el día en el que descubras la pieza sobre mí que te hará huir. Porque sé que algún día huirás, escaparás asustada de mi oscuridad, cuyas garras son voraces y su inmensidad es inabarcable. Lo que no sé con certeza es qué será lo que te hará correr. Debería callar, pues, debería dejar de darte pistas sobre un pasado que no quiero que conozcas, pero no sé qué extraña magia posees, pues mis labios te hablan con el corazón, antes de que mi mente pueda reaccionar. Y, cuando ya está hecho, solo puedo rezar para que no te marches. Y tú, extrañamente, no lo haces.

SQ

Pareció casi un milagro cuando a la mañana siguiente, madre me dijo que podía volver al instituto. Supongo que el hecho de que una adolescente se alegre ante la perspectiva de volver a clase no es algo corriente, pero cuando la alternativa era estar encerrada entre cuatro paredes resultaba un cambio agradable.

Sobre todo, si podría ver a Emma.

Quise pegarme cuando aquel pensamiento cruzó por mi mente mientras guardaba los libros en la mochila, pero ¿con qué potestad? Si ni siquiera podía negarlo. Así que acepté que mi nueva…relación, a falta de una palabra que terminase de definirlo, era uno de los motivos por los que me hubiera pasado los últimos días sonriendo como una idiota y sonrojándome con meros recuerdos.

Qué mala suerte, ya no podría reírme de las protagonistas de esas novelas en las que las chicas hacen locuras por amor y sus corazones rebosan de alegría y parecen vivir en un mundo de arco iris constante…solo esperaba no llegar a parecerme nunca a Mary Margaret.

Así que, cuando las primeras clases terminaron y llegó la hora del descanso, busqué a Emma por los pasillos. Fue, de nuevo, el olor a tabaco lo que me dio la pista de dónde encontrarla. Tendría que hablar seriamente con ella sobre los efectos perjudiciales del tabaco, iba pensando mientras me acercaba al origen del agrio aroma. Solo que Emma no estaba sola.

— Vamos, Em, —dijo una voz que me era un tanto familiar. —Por los viejos tiempos.

— Ruby, tú y yo ya no estamos juntas. Y, además, tú estás con Bella. —Respondió Emma.

Permanecí oculta tras una pared, mientras las escuchaba hablar, demasiado sorprendida por aquellas palabras como para atreverme a mostrarme.

— Venga, Em, ¿qué te cuesta? Sé que lo estás deseando, ¿o es que no lo pasabas bien conmigo? —La voz seductora que me era ligeramente familiar sonaba demasiado tentadora para ser normal.

— Sí. —Dijo Emma haciendo una pausa que imaginé que sería para quitar las manos de la otra de su cuerpo, o eso esperaba. — Lo pasábamos bien. Pero tú cortaste conmigo y ahora estás con Bella, así que no entiendo qué quieres ahora.

— Pues lo que quiero siempre de ti, Em, lo que quieren todas.

Al escuchar la urgencia de su voz, decidí asomarme para encontrarme con la tal Ruby, que resultaba ser una chica castaña de extrañas mechas rojas y faldas demasiado cortas que había visto durmiendo en alguna clase, y que estaba intentado desabrocharle el pantalón.

— Vamos, Em—Seguía la chica. —Sé que lo estás deseando.

— Rubes, no, te lo digo en serio. —Dijo mientras trataba en vano de detenerla tomándola de las muñecas— Me gusta otra persona, no puedo estar contigo.

— Ni para uno rapidito.

— No, Ruby, en serio. Para.

Pero ella no paraba. Me fijé entonces en Emma, considerando si debería hacer notar mi presencia o marcharme corriendo. Ella parecía tener los ojos desorbitados, cómo si no supiera qué era lo siguiente que debía hacer para detenerla. Y, en fin, yo no era demasiado popular con Ruby así que…

Carraspeé entrando en el baño completamente y haciendo que las dos se separasen saltando.

— Ho…hola. —Viva mi gran dialéctica.

— Re…Regina. —Emma, otra con mi gran dialéctica. — Esto no era… no estábamos. Ella me ha dicho que…pero yo no.

— ¿No será esta la chica de la que me has hablado? ¿En serio? ¿La empollona del colegio? Hasta tú puedes hacer algo mejor, Emma Swan. — No me gustaron las palabras de Ruby, pero tampoco podía decir que me sorprendiesen.

— Cállate, Ruby. Tú no eras así, éramos amigas, fuimos amantes, porque tú quisiste. Luego quisiste romper. Vale, bien. ¿Qué más quieres de mí? No puedo estar a tu disposición cada vez que quieras un polvo y Bella esté ocupada. —La voz de Emma sonó realmente firme por primera vez.

— Tú te lo pierdes. —Repuso Ruby. —Espero que la frígida sepa darte lo que yo te daba.

¿Frígida? Encima me llevaba los insultos yo. Eso me pasaba por ayudar.

Ruby se fue sin decir más del baño dejándonos a Emma y a mí en silencio.

— No sé qué te ha parecido —Me dijo ella de pronto —Pero no estaba pasando nada.

— No tienes por qué darme explicaciones. —No sé de dónde salió aquel tono ligeramente más amargo de lo necesario.

— Pero quiero dártelas. Yo te soy totalmente fiel. —Me dijo. —Hasta en mis fantasías.

— ¿Qué? —Pregunté sin comprender nada.

— Pues que te soy fiel hasta en mis fantasías.

— Pero, Emma, tú y yo no estamos saliendo. —Y no estaba segura de si afirmaba o preguntaba porque, de ser así, tenía graves lagunas mentales.

— Bueno, aún no pero… —Emma se rascó la cabeza como si instara a su mente a darle alguna palabra o pensamiento.

Yo, por mi parte, me hallaba completamente perdida. Aquella era la clase de cosas para que la disciplinada educación de mi madre en fiestas de té y otros eventos sociales no me había preparado.

— Ajá.

— No quiero sonar como una loca —Siguió Emma sin ni siquiera darme tiempo a recuperarme del shock — pero me gustas mucho, eso ya lo sabes, y me gustaría…

Sus palabras se perdieron en el estruendo de la alarma que avisaba a los estudiantes de que debían regresar a clase. Oh, así que de ahí venía la expresión "salvada por la campana"

— Mejor me voy, no me gusta llegar tarde.

Y salí corriendo. Porque así era yo. Y las palabras de Emma me habían dejado como unos fuertes focos pueden dejar a un pobre cervatillo. Deslumbrada, asustada, sin palabras. Toda una posible retahíla de adjetivos que se convertían en la marabunta de sentimientos que me atacaron mientras estaba en clase.

No sabía qué pensar ni cómo sentirme. Imagino que cualquier persona en otra situación se hubiera sentido, como mínimo halagada, pero yo me veía al borde de un precipicio demasiado alto como para atreverme a mirar el fondo. Una parte de mí quería creerlo, pero otra se negaba a aceptar que pudiera ser real, que alguien pudiera interesarse por mí y no buscara a cambio algún beneficio, como siempre había dicho madre.

Podría correr, podría huir, como las fibras más cobardes de mi cuerpo me pedían que hicieran, pero ¿y si estaba dejando escapar realmente una oportunidad para ser feliz? ¿Oh, pero qué felicidad, si en unos meses mi madre me enviaría a una alejada universidad y era imposible que Emma siguiera interesada en mí tanto tiempo? ¿Y si abría las puertas, le permitía llegar a mi corazón y solo servía para que ella viera la verdadera persona que se esconde en mi interior y saliera corriendo?¿Y si terminaba hundida, sola de nuevo? O, pero todavía, ¿y si terminaba atrapada de nuevo? Cambiando una prisión por otra, la de mi madre por la del amor.

Me estaba poniendo de los nervios, lo confieso, y no encontraba energías para calmarme, porque, al parecer, todas las energías disponibles estaban siendo empleadas en producirme un ataque de ansiedad.

Y no entendía qué era lo que me estaba me estaba pasando. De dónde venían de pronto tantos sentimientos, de dónde venían tantas emociones. No recordaba haberme sentido nunca así, ni siquiera con Daniel.

SQ

Mi vida siempre había sido compleja en su simplicidad. Porque era simple, incluso, monótona, yo no tenía que pensar, no tenía que tomar decisiones, meramente debía limitarme a cumplir las directrices que mi madre había dejado marcadas.

En ocasiones, tenía la sensación de estar atrapada en aquel mar de normas y horarios que controlaban mi tiempo y, por ende, mi vida misma. Pero, con el paso de tiempo y habiéndome acostumbrado a la comodidad de obedecer en vez de pensar, me parecía simple, fácil, incluso segura. Sabía que no habría espacio por el error, que nadie podría culparme por una decisión errónea, puesto que no sería mía.

Y así, me limitaba a existir y a cumplir el horario del día teniendo, como mayor alegría, el lograr robar unos minutos de mi agenda para escaparme a los establos. Ver a Rocinante era la mayor dicha que tenía y Daniel se había convertido en un agradable cambio en mi insulsa existencia. Hablábamos, él me besaba, yo sonreía con sus bromas. Y el mundo no dejaba de ser un lugar fuera de mi alcance, ni sus besos cambiaban mi vida ni enfurecían mi interior, pero me sentía querida por un rato. Volvía a casa sonriendo y, cuando mis días se volvían eternos entre montañas de tareas, pensaba en los tiernos momentos que Daniel me reglaba y el tiempo parecía pasar más rápido.

Mary Margaret, a pesar de lo que había creído al principio, no fue una molestia. Al contrario, resultaba ser una buena chica que podría casi considerar como mi mejor amiga en aquel momento. Una que tan solo sabía hablar de amor y su novio David. Pero una amiga, al fin y al cabo. Era una buena novedad.

Empezamos a vernos, los cuatro juntos: David, Mary Margaret, Daniel y yo. Con largos paseos juntos cuando deberíamos estar practicando equitación, con interminables horas de picnics en los bosques. Los veía a ellos y miraba a Daniel y me preguntaba si seríamos iguales, si nuestro amor parecía igual al mundo. Si yo estaba enamorada como Mary Margaret parecía. Si Daniel era tan cursi como David cuando estábamos juntos.

Y aunque había miles de preguntas en mi cabeza, no quería darle respuesta a ninguna de ellas. Era mejor así.

Oh, esto es tan divertido. —A Mary Margaret todo le parecía divertido. —Y estos sándwiches están divinos, Regina.

Gracias, Mary Margaret.

Oh, hace un día tan bonito, ¿verdad David? Con tantos pájaros a nuestro alrededor. Ha sido una idea magnífica venir aquí. Oh, ya sé, hagámonos una foto para el recuerdo. Papi me regaló una cámara el otro día.

Poco podía yo saber en aquel momento que aquel sería el principio del fin de aquella pequeña burbuja de felicidad que había encontrado.

SQ-

Las clases y los recuerdos difusos lograron calmarme por fin. Al menos, mi corazón había dejado de latir acaloradamente y el único resquicio de miedo que permanecía era el firme agarre que los nervios tenían sobre mi estómago.

Aunque aquello fue hasta beneficioso, ya que madre se alegró de que cenara menos.

Era una noche tranquila y tenía la esperanza de que mirar las estrellas apartara de mi mente cualquier inquieto pensamiento que se interpusiese entre mi sueño y yo. Tampoco era para tanto, intenté razonar, gustarle a alguien era bueno, no era ese el problema. Ojalá aquel hubiera sido mi único problema. ¿Me gustaba a mí? ¿Pero era suficiente con "gustar"? ¿Y si aceptaba sus sentimientos por mí, empezaba una relación con ella y al final me veía atrapada?

No quería dejar la cárcel de mi madre para verme atrapada en otra. No podía. Era irónico que, habiendo estado encerrada toda mi vida fuera capaz de sentir claustrofobia ante una situación hipotética, pero no encontraba otra manera de definir lo que sentía.

O ¿y si mi madre tenía razón y todo era un complot para engañarme y romper mi corazón de alguna manera? Porque cómo iba a gustarle yo a Emma Swan, era imposible.

Era…

— ¡Princesa! — Era una loca temeraria que quería matarme del susto.

— Emma, ¿qué haces subida a mi balcón, de nuevo? —Pregunté mientras me lanzaba a sujetarla.

— Quería verte y pedirte perdón por asustarte antes. Creo que he sido muy brusca.

— ¿Oh, tú crees? —Dije. E iba a seguir con mi retahíla de respuestas sarcásticas, pero me detuve al ver sus ojos de cachorrillo herido. —No pasa nada. Tampoco ha sido para tanto. No creas que tienes tanto poder sobre mí.

— ¿Ah no? —Emma sonrió socarrona— Pues, si no recuerdo mal, ya te he hecho salir corriendo en al menos dos ocasiones. —Y puso sus dedos contando dos frente a mi cara.

— No sé si eso es algo de lo que debas presumir.

— Contigo, lo cuento como un éxito. Porque a pesar de todo, sigues volviendo a mí. —Me dijo sonriendo.

— ¿Yo? ¿Volviendo a ti? ¿Quién está escalando el balcón de quién?

— Detalles, detalles…Mira lo que te he traído— Miré lo que Emma llevaba entre las manos y que no había notado hasta aquel momento.

— ¿Pensamientos? —Pregunté al verlos.

Ella me miró y luego miró entre sus manos.

— No, son flores. —Me dijo entrecerrando los ojos.

— Sí, ya. Pero esas flores se llaman "pensamientos" y deduzco que se las has quitado a la vecina de enfrente. —Me reí y ella se encogió de hombros.

— Las floristerías están cerradas a estas horas.

— ¿Sabes que las flores son un lenguaje en sí mismo? —Le dije.

— ¿Sí? ¿Y qué significan estas? A mí me gustan las flores blancas, pero no sabía qué color te gustaba a ti, así que he cogido de varios.

— Pues el naranja significa "deseo físico intenso" —Emma se sonrojó— el rojo significa "te amor ardientemente" y el amarillo, "deseo lleno de poesía". —Debía admitir que reírme de ella era muy divertido. —Vaya, vaya Emma Swan, quién lo hubiera dicho. Parece que ya sabemos lo que tu subconsciente me quería decir.

— Ey no, eso no lo sabía ni mi subconsciente ni mi consciente. Yo solo quería tener un detalle romántico con flores.

Me apiadé de su cara de tristeza y cogí las flores de sus manos.

— Ha sido un detalle muy bonito por tu parte.

Y sonrió.

— ¿Vienes conmigo? —Me preguntó, imitando de nuevo a un cachorrillo desamparado.

— ¿A dónde? — Le dije sin saber si fiarme o no.

— Es una sorpresa. —Ella me tendió la mano. —¿Confías en mí?

Buena pregunta, ¿confiaba en ella? Mi cuerpo contestó por mí cuando vi mi mano sobre la suya.

— Supongo que sí. —Aunque no sonaba muy segura.

— Vamos princesa, salta conmigo.

— Hay que ver qué afición le tienes a esto de saltar, ¿verdad?

Nuestros pasos nos volvieron a llevar de nuevo a aquella playa a la que, no sé bien por qué, ya había empezado a considerar como nuestra playa. La arena devolviendo el radiante brillo de la luna que refulgía en el cielo sobre nuestras cabezas y el mar bailando con el rítmico devenir de las olas.

— Es bonito. —Comenté, al cabo de un rato.

— Me gusta el mar, siempre vengo aquí a relajarme.

El ambiente era idílico, sí, pero mi mente bullía con preguntas que no me atrevía a enunciar. Me mordía el labio, esforzándome por encontrar las palabras que no querían venir a mi rescate.

— Venga, suéltalo. —Me dijo.

— Es sobre Ruby, lo de esta mañana… Um, ¿erais novias?

— Bueno, algo parecido. —Y calló.

— Pero, sigue.

— Yo era nueva en el instituto y en el pueblo, estaba bastante sola y Ruby se acercó a mí. Ella quería alguien que la quisiera, que calentara su cuerpo y su cama. Y a mí me venía bien tener otro lugar en el que dormir, más amplio que mi coche.

— Oh…—Permanecí en silencio por un momento. — ¿Y estabas con ella por su cama?

— Me he acostado con gente por menos cosas. Hay que buscar maneras de entretenerse.

— Oh…—Bajé la mirada, retirándola de Emma, para concentrarme en la, aparentemente, interesante visión de mis dedos.

— Soy huérfana, eso ya lo sabes. —Emma siguió hablando, con la voz algo más alterada. — Durante los tres primeros años de mi vida tuve una familia, los que me dieron el apellido Swan. Fueron buenos tiempos, creo, no recuerdo demasiado, pero tengo la sensación de que fui querida, al menos ese tiempo. Pero luego, la madre se quedó embarazada, de su propio bebé, imagínate, para qué iban a querer mantener a una niña que no era de su sangre. Y me devolvieron.

— Oh, eso es horrible. ¿Quién puede abandonar así a una pobre niña? —Emma se rió, con una risa seca y amarga que no tenía nada que ver con la diversión.

— Mucha más gente de la que crees. Los siguientes años me los pasé de hogar en hogar. Nunca permanecí a ninguna familia, ni encontré un lugar al que llamar mío. Ni siquiera era capaz de confiar en los que me rodeaban. Y solo empeoré, mal comportamiento, actitud temeraria, me decían. Empecé a estar harta de aquellos lugares, que parecían mis prisiones particulares. De vez en cuando me escapaba y vivía donde podía, en la calle, en casas abandonadas. Muchas veces, iba con otros niños huérfanos. Los Niños Perdidos nos llamábamos. Era divertido, a veces.

Personalmente, mientras Emma me contaba su historia, me debatía entre la pena por las injusticias que había vivido y la envidia por la imagen de gran aventura que se pintaba en mi mente.

— Los chicos mayores me enseñaron a sobrevivir. Robábamos lo que necesitábamos, comida y cosas en general. Era una auténtica pieza.

— ¿Y qué te hizo cambiar? — Pregunté viendo que callaba.

— Lo que nos cambia a todos, ¿no? El amor. Conocí a Lily en una de mis escapadas, tendríamos unos quince años. Ella me cambió por completo. Y es curioso, porque ella era igual o peor que yo. De hecho, nos conocimos robando en un supermercado. Fue como verme reflejada en un espejo. Solo que ella era más temeraria que yo, estaba dispuesta a correr mayores riesgos. Pero cuando me enamoré de ella, estuve dispuesta a hacer cualquier cosa por protegerla, incluso cambiar. Ser más sensata y pensar en las consecuencias para evitar que se metiera en líos. Así dejé de robar y… otras cosas.

— Oh, me alegro. ¿Qué pasó entonces? —Emma volvió a reír. No sabía que era tan graciosa.

— Eres muy curiosa. —Me dijo.

— Tienes una historia interesante. —Le contesté. —¿Qué pasó?

— Resulta irónico, pero ella me dejó porque me había vuelto demasiado aburrida.

— Vaya…¿Alguna historia más de tu truculenta vida amorosa que deba saber? —Le pregunté.

— Oh, hay tantas princesita. Realmente, he sido una auténtica hija de puta. —Me contestó con una sonrisa cínica en los labios.

— ¿No me digas? ¿Qué hiciste?

— Después de que Lily me rompiera el corazón, hubieron muchas otras. Antes también. Ya no recuerdo bien el orden. Me acuerdo de Tina Bell, una chica apodada Campanilla por sus amigas, era novicia cuando la conocí. Pero yo le ofrecí mejores noches que Dios. Y cómo olvidar a la última razón por la que tuve que cambiar de colegio: la profesora Midas. Kathryn se llamaba. Aunque en ese caso fue ella la que se lanzó en mi conquista, yo apenas le había lanzado algunas miradas insinuantes, ni siquiera esperaba que se las tomara en serio, al fin y al cabo, estaba casada.

— Oh vaya…—Exclamé con los ojos abiertos.

— ¿Ya te has dado cuenta de que soy un verdadero monstruo, princesita? ¿Vas a salir huyendo con tu mamá?

— ¿Eh? No me he enterado bien de la última parte, estoy concentrada en no decirte que soy virgen para no parecerte una completa aburrida.

Oh vaya, fingir no era mi fuerte al parecer. Emma estalló en carcajadas y yo me reí por hacer algo mientras se le pasaba el ataque de risa.

— Así que eres virgen. —Me dijo.

— Así que eres una Casanova. —Le contesté.

— Algo así, supongo.

— ¿No vas a reírte de mí por ser virgen? — Le pregunté tras unos segundos de espera.

— No. ¿No vas a asustarte tú porque sea una pervertidora de jovencitas? —Me reí.

— No. Además, no creo que pudieras hacerlo conmigo. No tengo qué temer.

— Oh, ¿es acaso un reto, princesa? Porque nunca digo que no a un reto.

— No es un reto, Casanova, es una realidad. Si quieres pervertirme, como dices, tendrás que trabajar duro.

— Nah, no quiero pervertirte. Eres demasiado perfecta para eso. Por ahora, solo quiero conquistarte.

— Eso también lo tendrás difícil, Emma Swan.

— No me asustan los retos, Regina Mills.

No me había dado de que nos habíamos acercado tanto hasta que sentí como nuestros pechos se rozaban. Emma debió de darse cuenta también porque su rostro enrojeció de golpe y sus ojos azules oscurecieron.

— ¿Y qué reto ves aquí, Emma?

— Me he propuesto enamorarte y que seas mía, Regina.

Chachis? Mujeres Casanovas del mundo, necesitáis una Regina en vuestra vida, lo sé. Gracias por leer