"LA CRUELDAD IMPONE RESPETO; LOS HOMBRES PODRAN ODIARNOS PERO NO QUEREMOS SU CARIÑO, SOLO QUEREMOS SU MIEDO" recitaban en dorado las palabras en el reverso de la tarjeta negra, justo abajo del nombre "Madara Uchiha". Deidara estaba parado sentado en el sofá contemplando la tarjeta, desde la pequeña y fascista oración de su reverso, hasta el frente donde destacaba una "U" mayúscula en tinte dorado, en el centro de un fondo negro y la cual era acentuada por un leve marco del mismo color.

Las letras cobraban vida por un instante, justo cuando la luz de la pequeña lámpara hacia brillar el tinte de impresión de la pequeña tarjeta de presentación. No estaba seguro de cuanto tiempo llevaba observándola, solo sabía que muy por el contrario de lo que el hubiera deseado, las palabras de su madre pusieron en marcha su cerebro, había tantas cosas que enlazar y muchos términos por definir que le fue simplemente imposible volver a dormir.

Estaba temblando, no solo era el frio que había logrado colarse entre la suave tela de la pijama. También temblaba por que tenía miedo. Y mucho. No sabia explicar bien la sensación, solo que cuando las palabras de su madre resurgían de entre sus recuerdos, los nervios le hacia tiritar la piel y hasta tenía ganas de llorar de simple impotencia.

"Creo que ya te gusta mucho, lo estas queriendo demasiado y estas a punto de amarlo"

—Pero que tontería u'n — susurro enojado, chasqueando la lengua y agazapando su cuerpo, abrazándose a si mismo buscando algo de calor.

Resultaba extraño después de todo lo que había vivido sentirse vencido por un sentimiento tan tonto como aquel. Pero era como había dicho la pelirroja, el que lo negara no lo haría mas débil y si lo pensaba bien lo empeoraba bastante.

Cuando era mas joven recordaba haberse prometido no entregar su corazón a nadie, no volver a confiar o amar. Porque él conocía el amor, alguna vez había amado; a su madre aunque jamás hubiera hecho nada por merecerlo, había amado a su vecina con el calor profundo de una hermandad y hasta podía jurar que amaba a la hija del dependiente que alguna vez le había ayudado. Y porque lo conocía sabia lo difícil y lo triste que era no recibirlo con la misma intensidad o perderle.

El rubio suspiro cansado, aun no creyendo lo que estaba a punto de hacer, apretó su propio abrazo, cerro los ojos fuertemente y respiro hondo aun con sus rodillas temblando y el estomago retorciéndose.

—M…me gusta Itachi— dijo al fin, dejando salir todo el aire contenido mientras escondía su rubia cabeza entre sus piernas, rojo hasta las orejas.

Quizá solo habían sido palabras al viento pero… en ese momento, sintió que ya no habría marcha atrás, que a final de cuentas Itachi estaba tan grabado en su mente, aunque él hubiese hecho hasta lo imposible por mantener aquella caja de pandora cerrada. Ahora el contenido salía en un borboteo explosivo…

Pero… ¿y Ahora?

Lo sabía. Entre Itachi y el, había un enorme abismo, una brecha tan profunda y oscura que el solo pensar caer a la inminente oscuridad de lo desconocido le hacía estremecer. El pequeño akatsuki sabía que en el corazón del pelinegro tenía dentro de si una penumbra impenetrable y aterradora, una que no se creía capaz de discernir, lo había escuchado con anterioridad diciendo que; el no se tenía permitido tener a alguien importante para él. ¿Entonces qué pintaba el en todo eso?

Su decisión anqué súbita e inverosímil había sido tomada, si bien estaba un tantito (cosa de nada) enamorado de Itachi o mejor dicho quizá solo un poco le atraía, nada le obligaba a decir abiertamente sus sentimientos. Lo mejor, para ambos era callarse no solo por él, sino también por azabache, porque tenía una tarea que cumplir, un futuro ya dictaminado por delante y el rubio no detendría un propósito que llevaba años de planeación por algo que quizá fuese pasajero.

La confusión sin embargo tenía dos caras, el miedo… y esa bochornosa sensación de abrazarlo hasta dejarlo sin aire. El ojiazul sostuvo su cabeza entre las manos, necesitaba ayuda y la necesitaba ya.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Itachi se hallaba acostado en su enorme cama, envuelto entre las finas sabanas de seda roja. No supo el porque pero una vez acostado el cansancio y el sueño se habían esfumado. No era la primera vez durante la noche que los recuerdos le atormentaban al punto de que el malestar mental se convertía en algo físico. El dolor de cabeza, el mareo e incluso la resequedad que le partía la garganta.

Ahí. En la oscuridad, entre las quimeras y dentro de su mente, los fantasmas de su familia, amigos, vecinos y conocidos le atormentaban. Con sus ropas manchadas de sangre y sus rostros en agonía que la muerte no se había llevado con ellos. Se sentía enfermo, tan enfermo que obligo a su mente a pensar, a divagar ente los miles de pensamientos que se alejaban de ese retorcido día. Y así, por más cliché que sonara era el rubio el que iluminaba el desolado panorama firme como la luz de un faro.

El pelinegro suspiro, cerro los ojos colocando sus brazos encima de su rostro como si así pudiera bloquear la poca luz que la luna daba detrás de la cortina concentrándose en la diversidad de facciones que el rubio regalaba, triste feliz y mas generalmente fastidiado. El ojinegro sonrió abiertamente – estando en los confines de su privacidad podía darse ese lujo- muy al contrario del rubio, el Uchiha era una persona de pensamiento simple y definido. No hizo falta mucho para darse cuenta de que estaba enamorado del revoltoso akatsuki.

El único problema representaba (independientemente del futuro incierto pero planeado) que hacía ya tanto tiempo de su última relación que no tenía idea de cómo conquistar a un bullicioso y explosivo muchacho.

La ultima vez…

En realidad su primera y única relación… aun lo recordaba bien, su nombre, sus ojos y cabello negro. Su linaje era tan selecto como su padre le había sugerido alguna vez. Si su memoria no fallaba se habían conocido durante una misión con Shisui como amigo en común. El jamás le había dirigido la palabra ni ella a el, pero simplemente un día la chica se presento ante el con una seguridad (solo comparada con la que el mostraba en batalla) tallada en esos posos oscuros…

"Me gustas, y si es posible me gustaría que correspondieras mis sentimientos"

Directa y con el gesto serio se declaró. Mentiría si dijera que no estaba impresionado, pero supuso que su leyenda y su nombre eran suficientes para mantener a alguien interesado en el. Itachi acepto teniendo en mente presenciar emociones nuevas como el amor de pareja.

Fue el año mas completo y feliz de su vida; si bien al principio sintió que sería un amor unilateral, la chica con su hermoso y largo cabello negro logro ganarse el amor del Uchiha. De cierta forma le recordaba mucho a su madre, comprensiva y gentil, tan buena ninja como lo era la élite y totalmente diferente a Deidara.

Quizá eso era una de las cosas que le gustaban del ojiazul, su carácter era simplemente lo contrario a lo que el era, a lo que representaba, a lo que su familia quería. Era escandaloso divertido e imprudente, el solo pensarlo le ponía de buen humor.

Decidió salir de la cama arrojar las sabanas y sentarse al borde de la cama, no se fijo si quiera si estaba a punto de amanecer o si todavía era de madruga, además resultaba curioso estar despierto y sentirse cansado de aquella manera; pues viviendo en el mundo shinobi la resistencia física que su cuerpo le brindaba era sin dudas superior a la de este momento.

Su baño de agua tibia duro lo mas posible, incluso se sintió como un niño de nuevo cuando las yemas de sus dedos se tornaron arrugadas como las de un anciano o de forma mas divertida, como pasitas. Posteriormente se vistió, realmente no importaba lo que escogiera, pues todo su guardarropa se dirigía a un solo estilo.

Para cuando Itachi bajo a desayunar esperaba encontrarse solo, sin embargo se dio cuenta de que, para su sorpresa su madre ya estaba ahí. Con la vista fija en el jardín de rosas igual que el en la noche anterior, con el humo del te que tenia en sus manos llenándole el rostro.

No fue hasta que se poso a un costado del asiento de la pelinegro, que esta se percato de que estaba ahí. —Oh! Itachi buenos días — exclamo la mujer sonriendo a su primogénito.

—Buenos días, es muy temprano para que estés despierta, sucede algo? — pregunto el azabache preocupado, ocupando el lugar mas cercano a su madre

—Podría hacerte la misma pregunta, no sueles madrugar este día…—el ojinegro solo la miro confundido— Me sé el horario de mis tres hombres de la casa a la perfección…— explico dando un sorbo a su te; manzanilla dedujo Itachi por el olor —…Hoy no tienes ninguna actividad que requiera de tu presencia en la universidad tan temprano— prosiguió mirando al chico con dulzura

—Me atrapaste— sonrió igualmente —Quería encontrarme con alguien previamente de las clases, por eso pensé en llegar antes.

Su madre rio, y de forma cómplice hablo en un susurro —Alguien especial? —

—Si, así es— respondió de la misma forma

—Me alegro— hablo sinceramente pero con cierta nostalgia — Se que… tu padre les ha inculcado que la mujer escojan debe estar a la altura del apellido Uchiha, pero a mi… yo solo quiero que los sepa hacer felices…

—Madre…—

—Sabes, estaba pensando en ti… antes de que llegaras— aclaró, interrumpiendo a su hijo— En ti y tu hermano, he estado preocupada por ustedes, por su salud, creía que todo se vendría abajo con su memoria… con su memoria perdida… pero ahora, creo que hasta me alegro un poco…— hubo un pequeño silencio, en el cual la mujer comprendió que sus palabras podrían malinterpretarse —… No lo veas mal, es solo que… por primera vez en mucho, mucho tiempo, veo a Sasuke y a ti relajados, sin presiones… felices…

Mas silencio. Itachi escuchaba atentamente a su madre, mientas ella fijaba su mirada en el humeante y amarillento liquido frente a ella, como si por medio de este pudiera ver el porvenir. —A veces… no se si ustedes esta bien… toda la presión de su padre, todo lo que esperamos de ustedes… me deja la sensación de que… están a punto de volverse locos…— la ojinegro soltó una pequeña y amarga carcajada ante su propia ocurrencia, apretó fuerte su taza de te, regañándose interiormente por no ser la clase de madre que siempre había soñado.

El akatsuki tomo su mano, acariciando los finos dedos que algunos años atrás se paseaban entre sus cabellos para saludarlo —Estamos bien — aseguro sin ninguna duda sorprendiendo a la pelinegro — Ni tu ni mi padre tienen mala intención, todo lo que han hecho me ha permitido ser lo que soy ahora y estoy agradecido… Sasuke aun necesita entender muchas cosas… pero para eso están ustedes y yo, para guiarlo — sonrió a su madre y esta le devolvió el gesto, ahora un poco mas confiada.

—Me gusta…esa mirada en tu rostro… no conozco a esa persona… pero incluso desde ahora se que adecuada para ti

El chico estaba a punto de responder cuando el sonido de pasos pausado, casi arrastrándose, se hicieron presentes ante ambos pelinegros. El hijo menor acaba de despertarse y era por demás evidente con el pijama aun puesto y la adorable cara somnolienta. Itachi reprimió la risa, hace tanto que no veía a Sasuke como su pequeño y tierno hermano menor que verlo de esa forma tan humana casi le arrebata una carcajada. Pensar que aquel mocoso; el que ahora tallaba su cara para quitarse el sueño era el mismo demente que juraba acecinarlo cada vez que le veía. Era sin dudas un espectáculo.

—Buenos días Sasuke, ¿Qué tal dormiste? — su madre fue la primera en darle la bienvenida, sin dudas acostumbrada a esa escena

—Buenos días — respondió bostezando y sentándose sin cuidado en la silla junto a Itachi—Demasiado bien, diría yo — finalizo con su tono aburrido e indiferente de siempre.

Dormir bien, debe aclararse, era algo de lo que no se había dado el lujo en mucho tiempo (ningún ninja renegado de hecho), pero con lo sucedido en el día previo había terminado tan exhausto física y mentalmente que al tocar la almohada simplemente se había dejado llevar.

—Que bueno querido, Uzuki está en la cocina, le diré que empiece a preparar el desayuno, si su padre despierta y aun no esta listo pondrá su cara de gruñón desde temprano — indico la mujer intentando imitar el semblante serio de su esposo, lo que resulto divertido para ambos chicos que soltaron una pequeña risa ante gesto.

Después de desayuno ligero pero sustancial, Sasuke termino de arreglarse para después salir ambos rumbo a limosina que los llevaría a sus destinos. Por cuestiones geográficas Itachi siempre era dejado primero y posteriormente Sasuke.

El pequeño pelinegro espero paciente el recorrido, se estaba volviendo rutinario pasar todos aquellos lugares hasta se sabía de memoria el numero de semáforos que había en el camino. Después de todo tenía mucho que hacer durante el viaje y eso de pensar en la situación lo ponía de mal humor. La ignorancia jamás había sido divertida para él.

Prefirió en cambio pensar en otra cosa. Sasuke tenia ya planeado su día, lo veía de forma clara en su mente:

Llegaría a la escuela y se encontraría con el rubio, lo más probable es que Suigetsu, Sai y la vida no lo dejarían ser feliz interrumpiéndolo seguramente en el momento preciso en el que las cosas con el rubio se pusieran "románticas". Después empezarían las clases y como se estaba volviendo costumbre, impresionaría a la bola de ineptos que llamaban compañeros con su brillante mente y naruto bueno el diría algo irreverente y el tendría que molestarlo por su tonta actitud (sin dudas picarlo era la parte más divertida), mas tarde vendría el almuerzo para su desgracia Ino había dejado bien en claro que ese día tendría que comer con ellos, aquí, venia un punto importante, estaba más que decidido a terminar en ese instante con la peli rosa, no es que estuviera desesperado por besar el rubio, pero era una de las condiciones y como hombre de palabra cumpliría su promesa. Y finalmente para culminar su día pasaría algo de tiempo con el ojiazul, probablemente sería cuando lo besara esta vez sin interrupciones de eso se encargaría aunque tuviese que cometer un genocidio.

A penas bajo del auto pudo distinguir la cabeza amarilla saludándole desde lejos energéticamente como siempre solía hacerlo, sonrió inconscientemente, ese pedazo de idiota nunca cambiaria.

—Buenos días teme— saludo entusiasmado corriendo hacia el y tomando entre sus manos la mano derecha del Uchiha, que sorprendido por el gesto lo miro interrogante —Lo…siento— se disculpo mientras soltaba las manos del Uchiha, estaban frías pero el calor del rubio estaba comenzando a templarlas —Es decir…ahora estamos…saliendo… o algo así... no?— se explico y el ojinegro creyó saber a dónde se dirigía la conversación.

—Dudo que una pareja se salude de esa manera usuratonkashi— opino el Uchiha entre avergonzado y enojado

—Entonces, que sugieres tu ttebayo? — pregunto ofendido, el rubio empezaba a incomodarse, o más bien a sentirse tímido, era una sensación curiosa y molesta para alguien que normalmente era extrovertido

—Un abrazo...quizá — a pesar de la madurez superficial que Sasuke mostrara, tenía la misma o menos experiencia en relaciones sentimentales que el blondo frente a el.

Naruto lo vacilo un momento pero extendió sus brazos a los lados para recibirlo, sin embargo, el Uchiha no se movió de su lugar, insultado por que el ojiazul creyera que el caería a sus brazos tan dramáticamente como una princesa (Aunque probablemente solo estaba exagerando). El otro pareció notar el gesto e hizo un puchero que a su acompañante se le antojo adorable.

Decidido, el rubio avanzo hacia el Uchiha para dar el primer paso, dudo una vez mas; esta vez por saber si estaría bien enredar sus brazos en el cuello del mayor o en su cintura. Algo burdo quizá y también inapropiado en ese momento pero realmente tenía sus reservas en como actuaria el pelinegro

—Muy mal chicos, eso no se ve nada natural — se escucho la voz e Sai, que hacia su aparición junto a Suigetsu cada uno con su respectiva y cínica sonrisa. Primer punto de la agenda Uchiha, cumplido.

Antes de que cualquiera de los dos jóvenes pudiera reclamar, Sai se abalanzo contra el rubio enredando sus brazos alrededor del cuello asfixiándolo en un inesperado abrazo. —Así bastardo, vez como no es tan difícil? — comento restregando sus mejillas contra un naruto que empezaba a volverse azul

—Oh! Déjame intentar— intervino el peliblanco arrebatándole el rubio al mas pálido y abrazándolo desde la espalda — No es así, mas erótico? — se burlo mientras una de su manos masajeaban sobre la tela el pecho del rubio y la otra se paseaba indiscretamente sobre su abdomen

—Hey! — se quejo el rubio sonrojado tratando e zafarse de esos dos.

—Suigetsu… Sai— de repente los aludidos se sintieron en peligro, Sasuke los miraba con una sonrisa sádica en su rostro, no estaba nada contento aunque su gesto digiera lo contrario — Voy a hacerlos trizas — dicho esto trono los dedos de sus manos y lanzo un golpe ante la propia palma de su mano en un claro gesto de amenaza. Tanto el peliblanco como el pelinegro entendieron perfectamente que era el momento de correr. Y lo hicieron con un azabache detrás de ellos y un rubio detrás de este que lo había seguido para no quedarse solo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Esa era una mañana contenida, la lluvia y el sol se disputaban por la totalidad del cielo. El aire que arrastraba lluvia era helado pero con los rayos del sol brillando entre las nubes las personas optaban por refugiarse en su calor. El rubio se estremeció de frio mientras atravesaba la entrada de la universidad con su padre pisándole los pies. Deidara odiaba las bajas temperaturas, siempre había pensado que el frio era un sinónimo físico de la soledad o al menos a él se lo recordaba. Se coloco bien su bufanda un pequeño trozo de tela tan azul como sus ojos mientras mirada discretamente hacia todos lados. Con la meta fija de escapar del Uchiha.

No obstante y para su desgracia ya estaba ahí, sentado en el borde de la fuente principal, seguramente esperándolo y alzando la mirada cuando el supuesto padre del rubio se despidió cariñosamente de el; estrangulándolo con un abrazo, avergonzándolo con un beso y mirando amenazadoramente al adolecente que ahora los veía. El ojinegro estaba vestido de forma casual igual que siempre, la camiseta de vestir blanca y los pantalones de mezclilla ajustados (solo lo necesario), sin su usual saco de vestir pero si con un chaleco negro abierto… casual pero elegante se dijo así mismo el ojiazul y aunque era el mismo de siempre lo percibió diferente mas apuesto quizá.

El rubio trato de controlar las ganas de azotar su cabeza contra una pared, esto empezaba a salirse de sus manos. Y pensar que hace unos días atrás estaba dispuesto a quebrarle los huesos a aquel supuesto enemigo.

Por un momento se quedaron mirándo mutuamente, realmente sin ser consientes de ello. El rubio noto que se le contraía el corazón cuando Itachi dio el primer paso hacia el y sintió nuevamente el pánico creciendo, estrujándole el estomago. Aparto la mirada y el pelinegro entonces entrecerró los ojos confundido ante la actitud del menor.

—Buenos días — fue lo primero que dijo el azabache parando a un distancia prudente para no espantar al rubio, no obstante este parecía igual de incomodo y asustado como si estuviese respirando aun lado de su mejilla.

—S…s…si… hola u'n — dijo calmadamente, adelantándose y acelerando el paso conforme se iba alejando. Itachi no lo siguió pensó claramente que si perturbaba mas al pequeño ojiazul solo conseguiría asustarlo mas.

El otro chico en cambio se apresuro, no volteo atrás hasta llegar a la academia de artes, casi ni se había fijado en las personas que casi arrolla en su improvisada carrera, ni siquiera se percato de que Sasori lo miraba atentamente desde la puerta del salón a la que se dirigió si pensar.

—Vas a contemplar la puerta todo el día? — pregunto el pelirrojo acercándose al rubio por la espalda, desde ahí podía olfatear el cabello del rubio, un olor fresco que debido a la falta de proximidad no podía identificar.

—Danna… buenos días— saludó, sin unas pisca de hastío ante la contacto del mayor, sencillamente era algo indiferente. Si bien sentía aprecio por él, no era nada que pudiera ponerlo nervioso, se lo había dicho a Itachi anteriormente, pero el de Suna parecía estar cambiando sus intereses con respecto al rubio aunque este no se diera por enterado.

—Que sucede? pareces algo perdido— comento separándose de el, un poco afligido por no ver ninguna reacción en el menor. Pasó de largo y abrió la puerta que el rubio miraba para ir dentro del cuarto, uno de los amplios salones; estilo auditorio con el podio enfrente donde eran impartidas las clases. Invito al rubio a pasar con un señal de su cabeza, este acepto y entro hasta sentarse en el escritorio.

—Mas bien confundido u'n …— confeso el pelilargo, supuso que siendo Sasori el que lo escuchaba todo estaría bien, lo orientaría como tantas otras veces, aunque no fuera la misma persona que conocía.

—Alguien tan escandaloso como tu puede estar confundido? — bromeo el mayor para quitar peso al ambiente tan lúgubre que rodeaba a l normalmente energético rubio. Para sorpresa del ojimiel su acompañante rió

—Hey! No soy escandaloso u'n…— se quejo con falso seño fruncido, un adorable gesto en el mocoso a pensamientos del maestro— Danna… usted que piensa del amor?— fue un cambio abrupto de conversación, tomo tan desprevenido al pelirrojo que se quedo sin palabras y se sonrojo al pensar un rumbo equivoco de esas palabras.

—No…no estoy seguro… pero a veces pienso que solo es una larga y bien montada farsa otras…. Pienso que es la forma más pura de inspiración… quédate con la que te guste mas…— Deidara ni siquiera lo miro, estaba concentrado en los colores del cielo matutino y las nubes que amenazaban con quitarle belleza—Por que el repentino interés?

—Creo que podría estar enamorado u'n — soltó un poco más seguro de lo que había sonado la noche anterior mientras estaba solo. El ojimiel se sorprendió ¿Habría escuchado bien?¿Sería esa una confección que indirectamente iba dirigida hacia él? El pelirrojo no pudo evitar sonrojarse, pensando en una relación ilícita maestro-estudiante, sin embargo, respiro hondo tratando de pensar de forma lógica.

—Y…eso es bueno?

—No lo se… parece que no…—

—Es algo prohibido? — preguntó tragando duro.

—Que cree que debería hacer…cuando todo indica que no puede funcionar u'n?

—Uno nunca sabe si algo funcionara al menos que se intente — comento como un pequeño regaño — Aunque.. si estas tan seguro no es mejor huir mientras se puede?

—Intentarlo…— la palabra sonaba mucho mas difícil de lo que realmente se apreciaba. Una parte de él, quizá su parte intrépida, le gritaba que no tenía nada que perder, que ansiaba poder recibir el cariño que le había sido negado desde pequeño. Aun así estar de esa manera con Itachi parecía lejano y hasta irreal

¿Qué es lo que el rubio quería realmente?

El sensei trago en seco y casi se paraliza cuando el rubio lo volteo a ver con seguridad — Si Danna tiene razón u'n!— se acerco a el y tomo sus manos, el profesor no pudo evitar ponerse nervioso— Gracias Danna u'n — grito saliendo por la puerta, era verdad decirle a Itachi como se sentía era la mejor solución pero aquel rubio revoltoso no quería ser herido.

Y ahora que realmente escuchaba lo que quería oír a palabras de su querido profesor, supo que era momento de salir corriendo. Regresaría a casa y obligaría a su mente a olvidar toda esta locura de sentimientos amor y temores.

Para su desgracia solo había hasta ahora, una forma de volver a casa. Madara Uchiha.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Simultáneamente los menores escuchaban la campaña de receso y ahora salían acompañados de sus respectivos grupos de amigos a buscar un lugar con buen ambiente para almorzar. Sasuke era el último en la pequeña fila india de chicos que salían del primer pasillo hacia las escaleras.

—Sasuke-kun? Te encuentras bien? — la peli rosa se había atrasado junto con él. Últimamente no pasaban tiempo juntos y esto empezaba a preocupar a la chica que, en su paranoia sentía que su relación se iba a pique.

—Sakura — la llamo mientras la miraba fijamente aun dudando. No por el mismo. Si no porque al final de cuentas no era su vida la que estaba alterando. —Necesitamos hablar — menciono al fin preocupando a la oji verde, aquellas palabras unidas en una oración no presagiaban nada bueno, nunca, en cualquier situación.

La chica asintió y se alejaron discretamente de sus compañeros. Caminaron hasta la parte mas desolada de las canchas de beisbol y entonces se detuvieron. — Quiero terminar contigo — fue directo y frio, supuso que amable o no igual terminaría rompiéndole el corazón a la chica.

La primera reacción de la chica fue sorprenderse seguido de una terrible tristeza. — Es por Naruto… verdad? — no hubo necesidad de responder era bastante obvio — Por que así? … tan de repente — le cuestiono su acompañante (después de todo tenía derecho a saber) mordiéndose el labio para no llorar

—Ni yo mismo lo sé — respondió sincero mientras veía a la chica asentir y luego echarse a correr con todas su fuerzas.

—Tenias que ser amable teme— la voz le sorprendió pero no dijo nada solo volteo a verlo fijamente, el rubio parecía un poco triste seguramente porque era mas empático que el Uchiha.

—Da lo mismo, se lo tomaría mal igual —rezongó acercándose al ojiazul. — Además es lo que tu querías no? Tenerme todo para ti— sonrió malicioso haciendo sonrojar al rubio

— No es tan de esa manera — peleó

—Ah no? Entonces por qué me seguiste? Estabas celoso dobe? —comento divertido al ver que el ojiazul tenía en toda la cara que había acertado. Ya no quería hablar de sakura y menso en esos monetos.

—Y que? Tu lo estabas también en la mañana ttebayo — reprocho y esta vez fue turno del Uchiha para ser atrapado.

—No lo estaba, esos dos me fastidian eso es todo — se defendió.

—Teme— el rubio ya no quiso seguir discutiendo en cambio tomo una de las manos del azabache para llamar su atención. Se miraron por unos momentos y casi por inercia empezaron a acercar sus rostros, era el momento… o eso creían

—Sasuke! — Grito su amigo peli plata abrazando al pelinegro por el cuello —Nos acabamos de enterar, así que aquí estamos tus amigos para apoyarte en este momento difícil— dramatizo el chico

—De qué demonios estás hablando?—

—De tu ruptura con sakura-chan por supuesto, no te preocupes estaremos contigo un largo rato — y sin mas se llevo al pelinegro dejando atrás un naruto exasperado

En si el resto del receso el ojiazul no pudo evitar poner mala cara, incluso sus amigos evitaron hacer preguntas. ¿A caso era demasiado pedir un momento de privacidad con el teme? Sin embargo, no fue hasta el final de las clases cuando pudieron reunirse de nuevo. Delante de la reja y junto a los escasos rayos de sol que se dejaban ver entre las nubes, después de todo un poco de calor no le caía mal a nadie.

Se despidieron de todos, quedando solo Sai y Gaara como últimos.

—Nos vemos mañana Naruto-kun, no hagas nada indebido — le bromeo el pelirrojo sonrojándolo para luego emprender su camino. Sai en cambio permaneció ahí mirándolos con esa sonrisa burlona que tanto odiaban ambos.

—Tu no tienes que irte ya? — hablo desdeñoso el azabache

—Que grosero Sasuke-kun hoy quiero ir a saludar a mi linda tía Mikoto así que, me iré contigo — sonrió. En ese momento el mas pálido podía jurar que la cara de sus compañeros no tenia precio. Quizá no saldría vivo de esta pero habría valido la pena.

—Estoy seguro de que ella te recibirá otro día, déjalos en paz— hablo el pelirrojo que había regresado sobre sus pasos para auxiliar a su pequeño amigo rubio.

—Gaara! — exclamo el blondo mirando al pelirrojo como si fuese un ángel recién bajado del cielo— Muchas gracias ttebayo! — exclamo el ojiazul conteniendo el impulso de abrazar a su amigo

—Me debes una Uchiha — hablo serio con la mira llena de malasia, Sasuke pensó incluso que era mejor tener ahí a Sai que deber un favor al Hokage de Suna. Y sin más se fueron el azabache obligado por el ojiverde aunque si uno pusiera la suficiente atención al otro no parecía molestarle.

—Oh entonces! Gaa-chan cuéntame como me matendras entretenido— pregunto el mas pálido colocando sus dedos entre la peligrosa parte entre la cadera y la espalda baja.

—Si no quitas esa mano de ahí te mandare de una patada la desierto — siseo molesto, el Uchiha falso obedeció, el pelirrojo realmente asustaba molesto, pero también sonaba prometedoramente divertido verlo así.

Se quedaron solos, disfrutando brevemente de la compañía del otro y del paisaje que se le presentaba, pero fue el rubio el primero en hablar.

—Oye teme, ya te hablo Itachi-san de lo que paso ayer? — pregunto curioso viendo la reacción del Uchiha.

—Si, eso sin duda es algo inusual, no me imaginaba que alguien como él terminaría aquí, pero es una buena pista por donde comenzar.

—Lo es, solo espero que Itachi-san pueda investigar mas al respecto…— su ánimo se apago y bajo la mirada triste al piso — Fue un tiempo corto no crees ttebayo? —preguntó nostálgico tratando de sonar alegre — Pero fue divertido.

Sasuke lo miro con pena, de repente su dolor era el de él también, tomo la mano del contrario y la sostuvo fuerte. El rubio volteo a mirarlo sorprendido por tan tierna acción. Se miraron era una sensación tan gratificante como nerviosa. Sus rostros se fueron acercando y por fin después de tanto tiempo de espera se besaron.

El Uchiha tomo ese lindo rostro entre sus manos y el rubio se aferro a sus caderas. Sus mentes se nublaron por completo ¿hace cuanto tiempo que soñaban con tener al otro a su merced?. La ternura quedo atrás, dejando a las solemnes hormonas de la pubertad manejar el asunto, solo la pasión podía ser comparada con la vivida en batalla.

Ambos podían sentir un creciente calor alzándose en sus estómagos, provocando esos agradables retortijones. Sasuke pensó por un momento que el tacto y el sabor de los labios del kitzune superaban con creces su imaginación, eran suaves con un saborcillo dulce y sin duda apasionados, se decía por la forma en que aprisionaban los suyos tan desesperados como el mismo.

Y no solo era la loca sensación de su labios o mejor aun su lengua acariciando e interior de su boca, también era el tacto de sus manos contra la tibia piel pues sus manos se habían entrometido entre las prendas que rodeaban el estomago del rubio y se hallaban ahora firmemente sujetas a la cadera del ojiazul.

La reja de la puerta del instituto sonó, con su característico ruido metálico cuando el mas grande recargo al rubio sobre esta. Incluso a esas alturas, el rubio se había dado el lujo de grabar en la yema de sus dedos la amplia espalda del Uchiha menor sintiendo como la temperatura de esta subía a través de la ropa, quizá lo sentía mas porque sus dedos estaban fríos e inconcinamente ansiaban anclarse a ese calor aunque claro, todo el deseaba entregarse a ese instinto.

Fue el sonido de la bocina de un carro que los hizo separarse, pero solo a penas. Solo fue el sonido insistente que los obligo a distanciar realmente sus labios, el trasporte había llegado por el pelinegro para desgracias de ambos… o quizá para desgracia del conductor, pues a penas vieron su presencia igual la ignoraron y continuaron besándose…

"Solo un poco mas"

Pensaron ambos, antes de continuar las caricias…

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Había tomado el teléfono, su pequeño celular de entre sus cosas haciendo a un lado los lápices y dulces que guardaba específicamente en esa bolsa de su mochila, sus ojos se lastimaron con el tenue brillo de la pantalla, probablemente hacer una llamada en un armario de escobas oscuro no era una buena idea, aun así, siguió con lo que tenía pensado hacer. Marco un número tras otro siendo solo el sonido de las teclas y su respiración lo que se escuchaba en la habitación.

El sonido de espera le enchino la piel, aun no sabía si lo que hacía era lo correcto o solo una tremenda locura.

—Si? — contestaron del otro lado de la línea la fría voz le puso nervioso y no se atrevo ni a respirar — Este es un numero privado le agradecería que no me hiciera perder mi tiempo — hablo gélidamente su receptor, dejo salir el aire contenido en sus pulmones entonces.

—B...bueno — no supo que mas decir, ¿Lo recordaría siquiera?

—Hmm, si no tiene nada inteligente que decir, mejor vaya a molestar a otra persona — dijo la persona y sin mas colgó.

El rubio se enojo ¿Quién se creía ese bastardo para hablarle de aquella manera? Era normal estar nervioso cuando uno hace un pacto suicida después de todo. Volvió a marcar con una rapidez propia de un ninja, esta vez el sonido de espera solo se le hizo molesto en vez de preocupante y en cuanto se escucho que contestaban de otro lado fue el rubio el primero en hablar

—Quien demonios te crees que eres bastardo u'n? Por que me cuelgas? Maldita sea ti y tu gente pueden irse a la reverenda…

—Ángel? — el de la voz gruesa interrumpió el griterío del menor, un poco sorprendido y divertido ante tal llamada

—Deja de llamarme así! Me llamo Deidara u'n —se quejo el ojiazul apretando los dientes malhumorado. Del otro lado pudo escuchar que rieron

—Así que, tomaste mi tarjeta… Deidara? —pregunto con ese todo entre sugestivo y engreído. El otro se crispo enojado, había olvidado que ese sujeto había arrojado al suelo la tarjeta de presentación de forma petulante y grosera — Tardaste solo un día, realmente te impresione no?

—No fue así u'n! —grito. Este sujeto realmente sabia sacarlo de sus casillas — No te hagas una idea equivocada…solo quiero que me digas que demonios está pasando aquí u'n.

—Oh, y dime que estas dispuesto hacer por esa información? — la voz sonó de nuevo petulante y cantaría eso solo enojo mas al rubio y lo dejo sin palabras — Tu silencio es gratificante… enviare a alguien por ti al terminar las clases

—No! — se escucho el silencio del otro lado de la línea supuso que el Uchiha no esperaba esa respuesta — Es decir… preferiría no llamar la atención de las personas con las que vivo u'n… podría ser antes?

La respuesta tardo en llegar y aunque no lo veía sabia que detrás del teléfono el desgraciado aquel estaba sonriendo — Que impaciente, mi chofer estará ahí en un momento… nos veremos pronto ángel

—Que no me digas…— había colgado, dejándolo con la palabra en la boca… ahora tenía menos ganas de ve,rlo que desde un principio. —Uchihas bastardos u'n! —rezongó para sí mismo estrujando el celular y la tarjeta entre sus manos

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Era apenas medio día cuando el coche arribo por el. Uno lujoso, el mismo que había llevado al imponente Uchiha el día anterior. Suspiro molesto ante tanta ostentosidad y subió al coche no muy seguro, primero; porque el sujeto con el que iba no le causaba confianza y segundo porque esas maquinas aun hacían estragos en su sistema nervioso.

EL camino fue mas corto de lo que hubiera creído, apenas atravesaron un pequeño distrito y llegaron al centro de la ciudad, y un poco más tarde a la zona cara y turística de la misma. Todo estaba lleno de hoteles grandes y glamorosos, pero al que se dirigían lo era aun mas.

Era un edificio gigante rodeado por una pequeña barda de piedra que daba a varias salidas enrejadas, su limosina por supuesto entro en una de ellas. Esta barda solo ocultaba el pequeño camino que guiaba a una glorieta cuyo centro estaba adornado por una fuente, a los lados enormes cantidades de aéreas verdes muy bien cuidadas incluidos arboles con formas de animales junto la zona infantil.

Apenas se detuvo el auto, bajo rápidamente, tratando de que sus pies sintieran la tierra. Ahora tenia un perspectiva mejor de lo realmente alto que resultaba aquel lugar. La entrada no era mas que ventanales enormes de cristal que daban una primera vista de la lujosa recepción y mas alals asomaba un restaurante, Deidara no tuvo que ser u genio para saber que incluso solo ver la comida podría costarle un ojo de la cara.

Entro a paso lento, con los botones dándole la bienvenida, ofreciéndole guía y asesoramiento que tuvo que rechazar. Además no era el único cliente ahí, muchas personas parecían tanto salir como llegar, señores todos de etiqueta y mujeres con abrigos de piel innecesarios peor dignos de lucir.

Se dirigió a la recepción siendo recibido por un sujeto mas pálido que el papel, se le hacía familiar mas no supo reconocerlo —Buenas tarde jovencito en que puedo ayudarle— pregunto de forma un poco grosera, aquel rubio no estaba precisamente bien vestido y a leguas se podía ver que no estaba a la altura de su hotel.

—Vine a ver a Madara Uchiha u'n — contesto de la misma forma en que el otro le hablo, odiaba que la gente le mirara así; como si fuese cualquier cosa menos otra persona, realmente lo detestaba.

El semblante del tipo cambio por completo y su actitud hacia el también. Pareció de repente mas amable y adulador, eso le repugno —Oh usted es la cita del seño Uchiha, que desconsiderado fui venga por aquí — le cedió el paso y lo guio hasta una de las recepcionistas el rubio lo siguió desconfiado — Debe ser el invitado del que nos hablo el señor Uchiha — hizo un par de movimientos y después le entrego una tarjeta. Una burda tarjeta blanca con unas elegantes letras negras y cursivas que marcaban el nombre del hotel y del otro lado marcada con unas líneas negras.

—Que es esto u'n? — pregunto desdeñoso el rubio

—Es una llave señor, el señor Uchiha pidió específicamente que se le entregara a usted cuando llegara— sonrió y extendiendo una mano elegantemente hacia el elevador — Pase usted uno de nuestros botones le guiara hasta la habitación.

Un hombre vestido de manera singular con cabello plateado se acerco hasta a él, su pequeña gorra de color rojo y su uniforme similar al soldadito del cascanueces (película que hubiera visto el día anterior) le causo cierta gracia. Además tenia unos enormes anteojos ocultando sus ojos color negro.

—Kankuro lleva al… joven…— se volteo a el rubio pidiendo terminar su oración para conocer su nombre

—Deidara u'n — respondió seco

—…Al joven Deidara a la suit presidencial — el recién llegado asintió y con una sonrisa indico el camino hacia el elevador para que el joven lo siguiera.

El rubio se fue de la recepción si decir nada mas, ese lugar tenía un aire similar a los castillos feudales de donde venia, toda esa gente snob regodeándose en sus logros insulsos.

El camino hacia al cuarto fue silencioso lo peor fue subir a aquel cuarto metálico cerrado, se llevo al pánico de su vida al sentir ese extraño malestar en el estomago al cambiar repentinamente la gravedad; vértigo se dijo así mismo antes de ponerse verde y casi caer en los brazos del acompañante.

—Señor se encuentra bien — pregunto el peli plata tratando de ser apoyo para el rubio. El chico asintió y en cuanto un tono de llegada se hizo presente el chico salió rápidamente del estrecho cuarto y abrazo la pared mas cerna que encontró. Sus rodillas aun le temblaban cual gelatina.

Tomo aire tratando de que su cuerpo se acostumbrara a esa peculiar sensación, estaba agarrado no a una pared si no a una puerta doble, grande, de madera y con unos acabados mas que preciosos. Cerca de la perilla había un dispositivo electrónico con un puntito rojo centelleante.

—Coloque ahí la tarjeta y se abrirá — indico el botones, el rubio aun con las piernas temblorosas así lo hizo. El punto se volvió verde y la perilla cedió dejándolo entrar.

Lo que vio dentro lo impresiono, el interior era sin duda tan grande como la casa donde el habitaba (quizá un poco mas), el recibidor consistía en un pequeño cuarto de paredes blancas acompañadas de un tapizado damasco sin muebles, pero cuya salida; un enrejado dorado con adornos florales, daba a una espaciosa sala.

La luz de la tarde se colaba por los enormes ventanales e iluminaban todo el living; estaba dividido en dos partes una enorme sala para 8 personas muebles sin duda costosos con tapicería en color hueso y cojines color kaki que daban vista a una televisión de plasma gigante colocado arriba de una chimenea decorativa, en medio de estos sillones una mesa de bordes de latón dorado y superficie de cristal adornado con un florero lleno de azucenas blancas.

La otra parte era igualmente una sala, más pequeña de dos asientos separadas por una mesa igualmente de vidrio y junto a ellos se acomodaba un enorme bar con miles de botellas en él; desde el mas fino vino hasta la mas simple cerveza.

Y mas allá de ese cuarto se podría apreciar un habitación y un pequeño cuarto en forma de triangulo, con el piso de mármol y paredes de cristal que daban vista a la enorme ciudad; en el cuarto, justo en medio, se presentaba una mesa con la vajilla, los cubiertos y las copas listas para servir la cena. La mesa de cristal desentonaba un poco de los sillones imperiales de madera y tapizado hueso, justo como los sillones de la sala. Pero en conjunto daban cierta armonía a la vista.

No podía ver desde su lugar las demás habitaciones pero suponía que deberían ser igual de radiantes y elegantes que esa. Eran sin lugar a dudas una obra de arte arquitectónica. Impulsivamente el rubio sintió las ganas de inspeccionar cada detalle, desde el piso de mármol hasta el techo adornado con candelabros de cristal. Todo gracias a su curiosidad nata de artista.

—Este lugar merece ser destruido por mi u'n — sonrió pasando directo al living y perdiéndose entre el brillo del candelabro.

—Te gusta no es así? — interrumpió una voz, grave y varonil tan aterciopelada… como odiaba recordarla — Sin embargo para alguien que esta rodeado de lujos continuamente a veces se vuelve algo mundano.

Era Madara el que ahora se presentaba a él con un indescifrable sonrisa. El chico trago saliva, comparado con la ultima vez que le había visto lucia bastante relajado, el pantalón de negro de lino cuya caída brindaba un perfecto ajuste a sus piernas y marcaba perfectamente su trasero, la camisa que usaba era de algodón justa, acentuaba justo los puntos más atractivos de aquel hombre dese los músculos de sus brazos, sus omóplatos y levente los pectorales, tenía el cabello amarrado en una coleta baja justo como la de Itachi solo que su cabello suelto que tapaba su ojo derecho y no dejaba apreciar su elegante rostro. Por último estaba descalzo. El rubio frunció el seño enojado por sus pensamientos de atracción y por la manera tan engreída que el sujeto tenía hasta para respirar.

—No hagas ese gesto, me gustaría al menos que sonrieras para mi, después de todo, de cómo tratas a las personas es cómo puedes obtener las cosas que quieres —explico ensanchando su sonrisa dando a entender que el ojiazul tendría que poner de su parte

—Es un lugar bastante grande para una sola persona no u'n?— aventó su mochila a uno de los sillones mas amplios y se sentó de mala gana. El pelinegro sin borrar la sonrisa se dirigió al bar sin decir una palabra mas se preparo una bebida.

—Por 45 000 dólares la noche es lo mínimo que puede ser, aun que he de reconocer que vale cada centavo.

El ojiazul no supo exactamente a que equivalía la moneda de aquel lugar, pero por si solo sonaba bastante. —A cuanta gente tuviste que matar para conseguir esto u'n? — pregunto elocuente el rubio con una sonrisa traviesa (era lo menos que podía hacer con los nervios agitándole el estomago)

—Es dinero limpio— sonrió cómplice dando un trago al whisky recién preparado — Al menos, la mayoría… en los negocios es difícil jugar siempre limpio, es necesario quitar los obstáculos del camino en algunas ocasiones

—Una gran lección de vida u'n — soltó sarcástico el menor, subiendo sus pies a la costosa mesa de cristal.

—Siempre abra a alguien a quien tengas que pisotear para llegar a la cima, es la ley del mas fuerte y esta se aplica aquí y en cualquier otro mundo — dio otro sorbo a su trago, acabándoselo esta vez y sonriendo internamente por que había logrado tener la total atención del rubio.

—A que te refieres, con otro mundo u'n? —pregunto curioso, el otro solo chasqueo la lengua meneando la cabeza en clara negación

— No podrás sacarme una sola palabra… hasta que te rindas ante mi al menos— el azabache sonrió coqueto, una sonrisa que hizo estremecer al rubio una aura de erotismo cubría a su acompañante cada uno de sus movimientos o mirada eran una sutil y excitante caricia, no sabía si era algún truco o el había nacido con esta cualidad. La que fuese le eriaza los bellos de la nuca de una forma aterradora.

—Solo acabemos con esto u'n —refunfuño el rubio cruzando los brazos evitando el contacto ocular con el mayor, aunque podía sentir su penetratante mirada sobre si.

—Estas ansioso, sin embargo si no te importa voy a tomarme mi tiempo—dijo tomando asiento a un lado de él — Porque si hay algo que me gusta mas que recibir placer pequeño… — cada palabra sonaba sensual en aquella grave voz, tersa como si tan solo la entonación acaricia su piel. Por un momento se pregunto si Itachi podría ocasionar esas reacciones si se lo propusiese—…Es darlo, porque eso significa que tienes el control total sobre la situación y la persona y yo adoro tener el poder en mis manos— se fue acercando al rubio y este por inercia se alejaba discretamente.

—Eso es totalmente sádico u'n — sermoneo el rubio mirándolo despectivamente aunque ni con toda esa soberbia podía quitarse los nervios que resalían a flotar en cada uno de sus gestos a final de cuentas el rubio siempre había sido expresivo.

El mayor extendió su sonrisa y se inclino hacia el menor, y lo tomo del mentón obligándolo a mirarlo — Es increíble la forma en la que me miras aun estando en tu posición — se acerco a sus labios sin besarlo, solo mirando atentamente hasta donde podía llegar aquella altanera actitud, y se sorprendió gratamente al ver que temblaba y aun así le sostenía duramente la mirada.

Se acerco de nuevo, poniendo peso el rubio, obligándole a tumbarse en el sofá, se miraron de nuevo; el mayor divertido sintiendo unas renovadas ganas de dominar al chico que tenia enfrente. El rubio por su parte se dejo caer en el sofá, su corazón bombeaba casi a mil por hora, maldijo mentalmente, por muy sugerente que la situación se estuviera tornando su mente empezaba a jugarle una mala pasada, la sensación de peligro se había activado y le suplicaba que corriese lo mas lejos que pudiese.

El ojiazul se concentro o al menos lo trato, vio al mayor acercarse con clara intención de poner sus labios sobre los de el, quizá fuese algo instintivo pero giro el rostro justo cuando el aliento del pelinegro se sintió mas cálido en su rostro, frustrando el beso pero no así el progreso del ojinegro que solo soltó una pequeña risita ante el inesperado movimiento, aprovecho entonces, para deslizar su nariz por el cuello del rubio y subir el camino hasta la oreja del pequeño aspirando su aroma.

El stress en la cabeza amarilla se acumulaba, no supo porque… o en realidad si pero no quería recordarlo. Las grandes manos colándose entre su ropa y la ávida lengua caliente del otro lamiendo su oreja accionaban palancas en su cabeza, recuerdos sensaciones que lo hacían temblar, sin embargo para equivocación del mayor los estremecimientos del cuerpo ajeno no eran precisamente de placer, peor como notarlo cuando el mismo se esmeraba por sentir la piel del rubio caliente como el mismo empezaba a estarlo.

Fue en un instante el rubio no puedo haberlo dicho, pero su mente se quedo en blanco, empezó a luchar por sacarse el peso del mayor de encima, quería irse ya, quería quitarse esas manos de encima, quería dejar de temblar, quería gritar o pedir ayuda, pero no podía, nadie vendría ayudarlo lo sabía, no lo habían hecho entonces no tendrían por que hacerlo ahora.

No obstante de forma tan improvista, sonó la puerta. Tan fuerte que por un momento ambos pensaron que lograrían tumbarla. Madara se detuvo, dejando ir de mala gana a su presa, de ser otro lugar quizá un lugar propio no se hubiera molestado en dejar a esa persona esperando fuera, peor no se sentía con ánimo de pagar la simple puerta de un hotel.

—Deidara! — gritaron del otro lado, el rubio miro sorprendido la puerta y casi de forma mecánica se paro dirigiéndose a ella— Abran la puerta! — se escucho un nuevo grito seguido de mas resonantes golpes.

Fue el rubio quien abrió, dejando ver a otro azabache, aparentemente enojado y por decir de mas; cansado. — Itachi? Que haces aquí? u'n