Este capitulo esta dedicado con mucho cariño a:

Aki159: La primera en adivinar, si son los niños héroes. No me he olvidado de tu México/Canadá.

SalyKon: ¡Estoy sorprendida con la cantidad de reviews que me dejaste!

Yolandachiku: La segunda en adivinar quienes eran los chamacos.

Disclaimer: Los personajes pertenecen al genialísimo Himaruya Hidekaz.

Los siguientes personajes los tomare prestados:

Argentina: Martín Hernández a Rowein.

Chile: José Manuel González Rodríguez a Rowein.

Brasil: Luciano da Silva a hinata-neko.

Colombia: Catalina Gómez a Guasiarti.

Ecuador: Francisco Burgos Torres a Nefis.

Perú: Miguel A. Prado a Kuradia.

Uruguay: Sebastián Artigas a Rowein.

Venezuela: María Miranda de la Coromoto Páez a hinaichigo15.

México: José María Canek Moctezuma Bocanegra/Chema es de mi creación.

Pareja principal: Rusia x México.

Otras parejas: Spanglish, Argentina x Chile, USA x Bielorrusia, Cuba x Canadá, Brasil x Uruguay, Suecia x Finlandia, Prusia x Austria x Hungría, Lituania x Polonia, Hong Kong x Islandia.

Aclaraciones:

En letra normal, los eventos en tiempo presente.

En letra cursiva, los eventos en tiempo pasado.

Advertencias: Comedia, romance, suspenso, vandalismo, violencia leve, matrimonios no deseados, lenguaje florido de los latinoamericanos, Yaoi.

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La Catrina y La Revolución.

11

Día de muertos II.

Arthur no hablo mucho durante el camino a la posada, dejo gran parte de la conversación al mexicano. Estaba algo confundido por lo sucedido hace unos minutos, era consiente que los aparentes niños eran almas, sin embargo su cuerpo no olvidaba las manos que lo tomaron preso se sentían tan reales. Lanzo una maldición en su mente al tiempo que intentaba olvidar que unos simples chiquillos lograron someter al gran imperio británico. El anglosajón bufo molesto, estaba seguro que sus hermanos sabrían como sacar provecho de tan jugosa información y cuando no fuera redituable lo divulgarían por todo el globo terráqueo, sin importarles su reputación.

─Quita esa cara, si te preocupa tanto lo que paso esta noche, prometo no decirle nada a nadie.

─Dudo que quieras ocultar valiosa información a Ryan, tu mejor amigo, a quien consideras tu hermano del alma ─dijo Arthur, sarcástico, intentando ocultar la pizca de celos de hermano. No era tonto, desde hace mucho se percato que entre México e Irlanda había una buena amistad, surgida de un momento de tragedia, sin embargo no imagino que seria tan profunda hasta el grado de existir una hermandad entre los dos.

A México no se le escapo el toque de reproche de la voz del rubio, producto de los celos. No dio indicio de haberse percatado de ese hecho, lo último que quería era amargarse la noche con una confrontación verbal con Inglaterra.

─Creo que puede vivir sin saberlo… ─Chema respondió serio─ con una condición.

¡Bloody wanker! ─exclamo, molesto. No había alternativa: era aceptar la propuesta de México o ser la burla del mundo─. Habla de una vez.

─Ryan no sabrá que unos niños te amarraron como cerdo para el matadero sin que pudieras evitarlo, a cambio tú no desataras tu venganza contra su persona, no nos hagamos tontos, ambos sabemos que el tuvo que ver con tu accidentado matrimonio con España.

─No hay trato.

─Subiré la apuesta: Si aceptas, Escocia no tiene porque enterarse de este vergonzoso encuentro.

─Acepto ─gruño Inglaterra, si Irlanda con esa información era mal panorama, no quería pensar lo que Escocia podía hacer con esa información, si por casualidades del universo, ambos unían fuerzas, su vida se convertiría en un infierno.

─Es un placer hacer negocios contigo, Inglaterra ─México cerro el trato con un apretón de manos.

El moreno sonrió, había cumplido su objetivo y sin mostrar su carta de la victoria: Argentina. Nadie era ajeno a la aversión que sentía su primo sudamericano por el anglosajón. Si Ryan tenía razón, Inglaterra buscaría la forma de vengarse del pelirrojo, eso si, el rubio tendría especial cuidado que Chema no se enterara hasta tener algo escabroso del moreno para evitar que revelara el secreto. Lo que no sabía Inglaterra era que todo esto fue planeado por Irlanda en complicidad con México. En cuanto Arthur hiciera el primer intento por vengarse de Ryan, sería tomado como el rompimiento del pacto entre los dos, William inmediatamente avisaría a Chema y este soltaría casualmente la información a Martín. Conociendo a su primo, este soltaría la bomba a toda la ONU en menos de lo que cantaba el gallo. En ese caso el anglosajón tendría tres dolores de cabeza de los que preocuparse.

Dos hombres rubios y un hombre castaño caminaban por las calles de México en busca de dos naciones escurridizas. Los mayores necesitaban ajustar cuentas con un desagradecido mocoso, el cual necesitaba una buena tunda por atreverse a usarlos como presas en una cacería espectral. El menor de ellos planeaba vengarse de Inglaterra y su entrometido vecino por meterse con una de sus más preciadas posesiones: sus hamburguesas. Además no permitiría que Arthur fuera coronado como el Rey de los sustos.

─¿Alguna idea de donde esta Mexique, Antoine?

─En estos días siempre va al cementerio y a los desfiles.

¡Spain, France, people!

─Buena idea, Alfred, preguntemos por el cementerio más cercano.

A unos metros de ellos se acercaba una procesión de gente vestida con sus mejores galas, entre sus manos sostenían una vela, convirtiendo la comitiva en un mar de luz. Los rubios corrieron al encuentro de la procesión, en cambio Antonio quedo atónito ante la visión, recordó la advertencia de Chema hace varias décadas, no aceptar nada de una persona desconocida después de la medianoche, especialmente el día de muertos.

─¡No acepten nada! ─España se adentro a la comitiva en busca de sus compañeros de viaje.

─Esta noche es especialmente oscura, esta vela alumbrara su camino de regreso a casa ─ofreció una bella dama, ataviada con un vestido y un velo blanco.

Thank you, Miss ─Alfred estaba a punto de tomar el obsequio, sin embargo Francis agarro la vela─. ¡France!

Merci, ma cherie ─Francis era consiente que el muchacho era descuidado con las cosas de los demás, se aseguraría que la luz de la vela no se apagara, ahora que las lámparas de mano no funcionaban, necesitaba cuidar de su única fuente de luz.

─¡Francis, Alfred…! ─Antonio quedo estático, ahora si tenían graves problemas, saliendo de su estupor tomo a cada rubio con una mano y los arrastro lejos de la procesión─. ¡Rápido, debemos encontrar a México lo antes posible!

─¡Espera, Antoine! ─grito, al tiempo que intentaba que la luz de la vela no se apagara─. ¡Todos queremos hacer pagar a Mexique por su osadía pero aun hay tiempo! ─Francia quería platicar con el grupo de hermosas señoritas que acompañaban a la bella dama, quienes se encontraban no muy lejos de donde estaban.

─¡Francis, observa tu mano y dime lo que ves! ─exclamo España, exasperado.

─¡La vela desapareció!

El grito de Alfred sobresalto al Francis, quien se soltó su brazo de la mano de Antonio, aun sentía el objeto en su extremidad derecha, lentamente dirigió sus ojos hacia su mano. Francis soltó un grito desgarrador al descubrir que efectivamente la vela desapareció y en su lugar había un huesudo antebrazo. El rubio lanzo el aterrador objeto lejos de si y corrió alejándose de la comitiva. Cayó exhausto al pie de un enorme árbol, este hecho trajo a su memoria los hechos ocurridos hace unas horas en casa de Estados Unidos, aterrado se alejo lo más rápido que le permitían sus cansadas piernas.

Entre tumbos llegó al pie de una calle solitaria, quedó inmovilizado al oír un gemido de agonía y ruido que arrastraban unas cadenas. El silencio reino, Francis sintió el escalofrió de la muerte recorrer su espalda al ver que entre las sombras, pasaba lenta y solemne, una doble fila de encapuchados, en sus manos se agitaban las llamas amarillas de los cirios que pasaban a lo largo de la calle.

─Un padre nuestro y un avemaría por el alma de Francis Bonnefoy.

Entre ese cortejo iba un ataúd con colgantes de tela negra de luto con rayas plateadas, que encerraban el cadáver del francés. El rubio se vio el mismo en el féretro, los cirios que alumbraban su rostro con una palidez amarilla, cayó de rodillas al asfalto, lleno de pavor, dando gritos de terror al verse y se dio cuenta que entre las manos apretaba un hueso humano, que en la punta ardía fosforescente: verde, azul, amarillo, esa luz calcárea le ponía la cara el color de los espectros.

Francis sintió que tendría un infarto en cualquier momento, se obligo a si mismo a rezar con voz balbuceante pidiendo a Dios que alejara a los espectros de su persona.

Diez minutos después Antonio lo encontró en esa misma posición.

Alfred buscaba frenéticamente a Francis, se lo debía, si el europeo hubiera tardado más de un minuto en agarrar la falsa vela, ahora sería el quien correría peligro. España dijo que necesitaban encontrar a Francia y llevarlo lo antes posible con México, era el único que sabia que hacer con el espeluznante regalo. Aunque ambos estaban reticentes de separarse, no había otra manera de encontrar a Francia si no buscaban por separado.

Estados Unidos camino por la carretera, intentando divisar alguna pista que ayudara a encontrar al europeo, cerró la cremallera de su chamarra, en los últimos minutos la temperatura bajo algunos grados. Cerca de una parada de autobús encontró un pañuelo rosa muy familiar, lo tomo entre sus manos, el olor que desprendía la prenda era la colonia del francés. Al lado encontró un coqueto zapato de niña, por un momento pensó agarrarlo no obstante recordó lo acontecido hace una hora y decidió dejarlo donde estaba. Una dulce voz lo sobresalto.

─¡Apresúrate, mamá nos espera! ─exclamo una niña de seis años, cabellos castaños, ojos del mismo color y piel muy blanca, con un tierno puchero.

─¡Espera, se me perdió el zapato derecho! ─grito una niña idéntica a la primera, llevaba puesto un vestido blanco al igual que su hermana.

─¡Vas a hacer que mamá nos regañe por llegar tarde a la fiesta! ─respondió la primera, ayudando a su hermana en la búsqueda del objeto perdido.

Estados unidos sonrió, esas niñas le recordaban a Canadá y el mismo cuando eran unas pequeñas colonias y esperaban la llegada de Inglaterra de sus largos viajes, siempre terminaban perdiendo alguna prenda, buscándola como locos y así los encontraba Arthur.

¿Hey, girl, this is your shoe? ─pregunto Alfred mostrándoles el calzado a las niñas.

─¡Si! ─grito alegre la pequeña dueña, agarro el zapato de las manos del rubio y lo coloco en su menudo pie derecho─. ¡Muchas gracias, señor güero!

─¡Los héroes estamos para salvar el día!

─Adiós, señor güero ─se despidieron las niñas─. Que encuentre lo que perdió muy pronto.

¡Good bay! ─grito el rubio agitando su mano en despedida.

Una luz ilumino la desierta carretera, Alfred vio a las chiquillas al pie de la carretera con claras intenciones de cruzar al otro lado, corrió para evitar que el camión las arrollara, la luz lo cegó y termino cayendo al otro lado de la carretera con ninguna niña en sus brazos. Asustado, abrió los ojos, aunque no quería hacerlo y ver los cuerpos ensangrentados de las chiquillas.

─¿Esta bien, señor güero? ─pregunto una de las hermanas.

─¡Oh, están bien, pensé por un momento que…! ─Alfred calló al ver a las sonrientes chicas sin un rasguño.

─¡Claro que estamos bien! ─dijo la otra niña─. No pensábamos cruzar, ya nos atropellaron una vez, no volverá a ocurrir.

Estados Unidos quedo paralizado al ver a las chiquillas esfumarse como el humo, un sonido seco se escucho en el lugar al caer desmayado.

Antonio manejaba por las deshabitadas calles en busca de Estados Unidos. En los asientos de atrás se encontraba Francis hecho un ovillo sin dejar de rezar por su alma, su cuerpo era cubierto por una manta. El castaño suspiro, pedía al cielo hallar a Alfred físicamente y mentalmente sano, sin embargo el cielo no lo escucho, encontró al joven rubio despatarrado a un lado de la carretera. Como pudo España cargo a Estados Unidos dentro del automóvil rentado, costo un tiempo hacerlo reaccionar. Alfred despertó gritando algo de unas gemelas, Antonio lo bofeteo un par de veces para hacerle recobrar el sentido.

─Ya paso, chaval ─dijo al tiempo que cubría con una manta al rubio─. En media hora llegaremos a la posada donde se hospeda Chema esta noche.

Alfred se encogió al escuchar el nombre del causante de sus desgracias, a su derecha sintió temblar a Francis ante la mención del mexicano.

Antonio subió al asiento del conductor, necesitaba encontrar a su descarriado hijo, no podía lidiar solo con dos naciones muertas del miedo, esto era culpa del mexicano y sería el quien se encargaría de regresar a esos dos a sus casas en el mejor estado posible. El solo se los entregaría.

Quince minutos después escucho ruidos en la parte de atrás del automóvil, miro por retrovisor pero no observo nada fuera de lo común. Sus compañeros de viaje habían caído en un sueño intranquilo, sus cuerpos temblaban y se arrebujan entre las mantas en busca de calor. El sonido se volvió a repetir, esta vez logro ver pequeñas piedras golpear el vidrio de las ventanas. Antonio detuvo el automóvil, asustado.

─¿Puede llevarme al cementerio más cercano? ─susurro una mujer.

El castaño sobresaltado fijo su vista en la ventana del copiloto, la dueña de la voz era una joven mujer vestida de blanco, se percato que tenía una soga en el cuello y podía ver claramente como dicho lazo estrujaba el cuello de la mujer. España quedo mudo durante un corto tiempo, cuando logro salir de su asombro, emprendió el viaje a toda velocidad.

Ambas naciones llegaron a la posada en busca de sus acompañantes en esta travesía. Entraron en un enorme jardín reencontrándose con tres nuevos invitados, dos de ellos lo observaban como si fuera la persona mas malvada del mundo y su autodenominado padre no estaba muy feliz que digamos.

─México ─España con semblante serio señalo una bolsa, al abrirla los presentes se dieron cuenta que eran los huesos de un antebrazo humano─. Tus muertos dejaron un regalito de tu parte, nadie lo quiere.

─No puedo aceptarlo ─dijo Chema antes que su ex tutor replicara─. La persona que recibió el hueso debe entregarlo personalmente a su dueño antes que los difuntos regresen al mundo de los muertos. De no lograrlo serás el próximo que la Catrina lleve a sus dominios.

¡Mexique! ─ Francis estaba a punto de arrancarse su antes cuidado cabello, ahora una maraña rubia, a jirones con sus manos─. ¡Exijo que me lleves en este momento con esos condenados fantasmas para darles su maldito hueso! ─grito al tiempo que agarraba de las solapas del abrigo negro de Chema.

Ryan e Iván intervinieron, logrando alejar a tiempo a Francis de Chema, antes que hiciera algo de lo que se arrepintiera. Rusia tenía intenciones de amarrar y amordazar a Francia para evitar que provocara problemas para México, no obstante Irlanda dijo que eso acarrearía más problemas.

─¿Cuándo será eso? ─pregunto el anglosajón mas feliz de lo que debería.

─Los difuntos regresan a su mundo el 2 de noviembre, es decir mañana antes del amanecer.

─¡Francis, amigo mío, es un placer haberte conocido! ─exclamo Arthur dándole unas palmaditas en la espalda.

Francis se desmayo al recordar el féretro con su cadáver en el interior.

─¿Alguien me puede decir que paso?

─No te hagas el tonto, sabes muy bien lo que paso, México ─gruño España─. Solo tú eres capaz de mandar a esos malditos fantasmas a perseguirnos para matarnos del susto.

─¡Rayos, olvidaba que en estos días, los muertos se ven tan vivos! ─exclamo Chema con fingida sorpresa─. El próximo año pondré tus churros con chocolate, paella y sangría en tu altar de muertos.

España grito exasperado, tenia unas ganas de darle unas nalgadas a su descarriado hijo, inhalo y exhalo, pedía a dios mucha paciencia. No quería terminar como su amigo francés.

─Enserio ¿Qué ocurrió? ─pregunto México con semblante serio.

Antonio explico su propia versión de los hechos y agrego lo dicho por sus compañeros de desgracias. El mexicano respondió que el no había ordenado a ningún espíritu a perseguirlos, solos ellos tenían la culpa de caminar a altas horas de la madrugada por parajes desiertos y para colmo en días donde las almas y seres sobrenaturales andaban sueltos. Chema recordó al español las advertencias que le dijo hace décadas sobre los peligros de caminar estos días sin el conocimiento para enfrentarse a eventos sobrenaturales. España tuvo la decencia de sonrojarse, había olvidado dar información valiosa a sus compañeros.

Chema quedo pensativo unos momentos, tomo entre sus manos el huesudo regalo, se alejo de sus invitados, necesitaba privacidad para el ritual de pertenencia. Dispuso todos los elementos en el orden correcto y en medio coloco el cadavérico antebrazo mientras susurraba un cantico en una lengua desconocida. A su mente llego la imagen de un hombre de cara vulgar y carirredonda, muy compuesto el bigote y la gorra militar muy derecha.

México sonrió, el General anduvo de travieso saqueando tumbas ajenas antes de regresar a su mundo, cuando el dueño se enterara de la falta de su extremidad, daría el grito en el cielo.

─¡Ay General, en que me lío me has metido! ─susurro para si.

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Notas mías.

1.-Francia no aprenderá nunca, rompió su promesa de no acercarse a ninguna mujer y fue victima de la Leyenda de la vela y el hueso que mezcle con la Leyenda de Juan Manuel Solórzano.

2.-Estados Unidos conoció a las hermanas de la Leyenda de las gemelas.

3.-España fue abordado por la mujer de la Leyenda de la novia. Esta joven era hermosa, su novio le pedía tener relaciones sexuales, ella se negaba, quería llegar virgen al matrimonio. El novio se obsesionó con la joven, la asesino ahorcándola y dejando su cadáver en un barranco. Cuando un automovilista pasa, ella le hace la parada.

4.-Las piedras cayendo sobre las ventanas de los automóviles son una forma de advertencia de las almas para los vivos sobre el peligro que se encuentra cerca.

5.-Irlanda por si no les quedo claro es el mejor amigo de México. Pobre Arthur, lo que estos pillos tienen preparado para su persona.