Wuujuuuuu! Dos días seguidos de actualizaciones en mis historias…Mi musa regreso! Estoy tan feliz. Lamento muchísimo no haber estado actualizando con la periodicidad de antes, pero espero que aún estén por allí escondidas y me sigan brindando apoyo.

¡Las quiero! Muchas gracias por seguir leyendo


Shigeru estaba algo molesta, pero sólo un poco. Después de todo, le había enviado un mensaje a Tsukasa esperando verlo a él y a Tsukushi en su casa la noche anterior para celebrar que estuvieran juntos otra vez, pero nunca recibió respuesta; sin embargo, entendía que debían estar tan acaramelados que se olvidaron del mundo entero, ciertamente esos dos podían ser insoportables cuando querían.

Por tal motivo, Shigeru se saltó la última clase y fue hacia la Eitoku para visitar a los tórtolos y molestarlos un poco. Al llegar, se dirigió directamente hacia ese pedazo de jardín en el que sabía que se reunía el F4 y encontró a Akira y a Soujiro.

—Hola chicos.

—¿Qué hay Shigeru? —preguntó Akira.

—¿Cómo estás? —preguntó Soujiro.

—Yo bien. Estoy buscando a Tsukasa y a Tsukushi.

—Pues a Tsukushi la vi por los pasillos, pero de Tsukasa ni rastro.

—La llamaré—dijo emocionada, pero se dio con la sorpresa que el celular estaba apagado—Qué raro, no contesta. ¿Alguno de ustedes puede llamar a Tsukasa?

Soujiro lo intentó, pero por más que timbraba, nadie contestaba al otro lado de la línea.

—¿Y ahora qué? No me quiero quedar con las ganas de saber qué pasó tanto tiempo.

—¿Qué pasó?

—Si se quieren enterar me tienen que acompañar a la casa de Tsukasa, lo más probable es que estén allí. ¿No vienen?

—Yo no puedo Shigeru, mi madre me obligó a presentar otra ceremonia del té para sus insulsas amigas y no me puedo zafar, pero tal vez Akira sí pueda.

—Yo sí, tengo toda la tarde libre, ya me picó la curiosidad de saber qué está pasando.

—Te darás con una gran sorpresa…

Ambos chicos se despidieron y Akira, después de 10 minutos en carro, logró sacarle la información a Shigeru. Le sorprendió saber de su plan y no estaba muy seguro de si funcionaría, después de todo, no había pasado mucho tiempo desde el incidente del Café à la Carte y le preocupaba saber cómo reaccionaría Tsukushi ante todo eso.

Ciertamente Akira se pintaba como Suiza, completamente neutral, como ya lo había dicho antes. Rui había notado algo sutilmente, pero la verdad era que no le había mentido cuando le habló de lo que sentía. Tsukushi era tan diferente de todas las chicas y mujeres que había conocido a lo largo de su vida, él y todo el F4 para ser sincero, por lo que era inevitable que se sintiera atraído de alguna u otra manera a ella, aunque la suya era una forma muy distinta. Tsukushi parecía tener su propia órbita cuando pasaba a su lado y él no podía hacer menos que gravitar hacia ella. Con el tiempo, había llegado a confiarle muchas cosas, algunas que incluso le había contado sólo a Soujiro, pero él tenía la seguridad que jamás saldrían de su boca, esa era ella, fiel y leal hasta el final. No podía decir que la quería como una hermana, pero si algo le llegase a suceder, aunque fuese de la mano de uno de sus propios amigos, él la defendería si era necesario.

Por eso era que estaba tan preocupado por este "plan perfecto" que Shigeru le contó. En fin, mientras Tsukushi estuviera feliz y protegida, él se daría por bien servido.

Llegaron a casa de Tsukasa y al recibirlos el mayordomo, les dijo que "el joven Doumyouji" no se hallaba en buenas condiciones.

—Pero ¿qué le pasa? Déjennos ir…

—No creo que sea buena idea, joven amo.

—Déjelos entrar

—Señora…

La madre de Tsukasa, Doumyouji Kaede, hizo su entrada bajando elegantemente por las escaleras centrales de su mansión.

—Pueden pasar si así lo desean, es necesario que alguien haga reaccionar a ese muchacho y es mejor que sea pronto, tenemos muchas cosas que hacer.

Akira y Shigeru se miraron confundidos, pero pronto se dirigieron hacia la habitación de Tsukasa. Primero tocaron, pero no recibieron respuesta. Shigeru fue la que abrió la puerta para darse con la sorpresa de que un aparente huracán había pasado por ese espacio: todo estaba destruido, roto o botado en el suelo, incluyendo a Tsukasa, que estaba sentado bajo una de las ventanas

—¡Tsukasa! ¿Pero qué pasó aquí? —Akira se acercó a él tan rápido como los obstáculos en sus pies se lo permitían, pero Tsukasa no parecía haberse dado cuenta que alguien más estaba en la habitación, no daba señal alguna de reconocer a ninguno de sus dos amigos.

—¿Tsukasa? ¿Estás bien? ¿Te hizo algo tu madre? ¿Se enteró que ayer estuviste con Tsukushi?

Y parecía como si ese nombre hubiese sido el catalizador para devolver la vida al chico de cabellos rizados. Levantó la mirada que hasta hacía unos segundos atrás había estado perdida y observó a las dos personas agachadas frente a él.

—¿Qué están haciendo aquí?

—¡Vine a buscarte porque esperaba verte ayer con Tsukushi en mi casa! Y jamás contestaste mi mensaje…Pero Tsukasa, si tu madre ha vuelto a interponerse entre ustedes, sólo tienes que decírnoslo para que nosotros-

—La vieja bruja no hizo nada, yo fui el que hizo todo…

Y ante la gran sorpresa de ambos, Tsukasa empezó a llorar. Y no era que estuviera sollozando o lamentándose, sus ojos parecieran haber dejado abierto el flujo de lágrimas y éstas salían sin control alguno, deslizándose por los surcos ya marcados durante horas previas de lamentaciones.

Por más que intentaron hacerlo hablar o consolarlo, parecía no existir algo que calmara al líder de los F4 que ahora se hallaba tan triste como un niño pequeño. Akira se ofreció a ayudarle a darse un baño y Shigeru fue a hablar con la servidumbre para que limpiara ese cuarto y le dijo al mayordomo que tomarían el mejor cuarto de huéspedes para que Tsukasa tuviese un lugar donde descansar, después de todo, el colchón del suyo había sido rasgado hasta dejar los resortes visibles.

Shigeru esperó por una hora hasta que vio de nuevo a Akira, ahora vistiendo otra ropa y a Tsukasa, envuelto en una bata de baño.

—Intenté que se pusiera ropa, pero parece que no quiere. Tiene las manos lastimadas por la porcelana y vidrios rotos, al igual que la planta de los pies y las rodillas. Lo mejor será llamar a un médico para que revise sus heridas—le dijo al mayordomo, quien rápidamente fue a ubicar al doctor de la familia.

Shigeru condujo a Tsukasa hasta la cama y lo hizo sentarse allí, no estaba segura de qué decir, jamás lo había visto así. Se había comportado engreído, molesto, iracundo, desinteresado y, en algún punto, lo había visto triste. Pero ¿esto? Esto iba más allá, literalmente Tsukasa estaba proyectando su dolor y cualquiera que lo viese podría sentirlo.

—Tsukasa…¿qué pasó ayer con Makino? —le preguntó Akira.

—Ayer…paso nada…

—¿Cómo que nada? Mira cómo estás, por favor dinos qué te sucede

—Si quieres saber qué me sucede, Shigeru, no sabría qué decirte porque jamás me sucedió algo así, jamás sentí algo así. Es como si estuviera…vacío. Toda mi vida he estado acostumbrado a obtener y hacer lo que quisiera, a obligar a cualquiera a hacer lo que se me viniera en gana y si no quería hacerlo, le pagaba, total…todos tenían un precio…Pero tuvo que venir ella a cambiarlo todo ¿sabes? Vino a romper todos los esquemas con los que crecí, todo lo que fue impuesto en el mismo núcleo de mi ser desde el día en que nací. En este momento no me importaría despojarme de absolutamente todo, incluyendo mi apellido si eso significase que me eligiese a mí.

Akira y Shigeru se quedaron mudos…al decir algo así sólo había un significado.

—Imposible…Tsukushi no haría algo así, ella no elegiría-

—¿A Rui? ¿Por qué no? Después de todo él la trató mucho mejor de lo que yo la pude tratar en algún momento, y no tienes idea de lo cliché que suena esto, pero ahora sé muy bien a lo que se refieren con que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pues ahora… la he perdido para siempre. Ella hizo su elección y no puedo hacer nada por cambiar esa decisión y eso me mata por dentro.

Nuevas lágrimas empezaron a salir de sus ojos y Tsukasa sólo pudo reír avergonzado de mostrar tal debilidad, pero ya estaba cansado de ser fuerte, de ser el líder, el heredero de Japón…Todo el mundo se podía ir a la mierda en ese instante. Él mismo había alejado a la persona más importante de su vida.

A Akira no se le ocurrió algo para decir, así que decidió quedarse a su lado puesto que no podía imaginar por lo que uno de sus mejores amigos estaba pasando. Por otro lado, Shigeru estaba dividida entre sentir una profunda tristeza por Tsukasa y sentir ira por todo lo que Tsukushi lo estaba haciendo pasar. ¿Acaso no se daba cuenta cuánto él la amaba?

Si fuera yo…si fuera yo, jamás dejaría que él sufriera así…

Sin decir más nada, dejó intempestivamente la habitación y llamó a su chofer.

—A casa de Tsukushi ¡Ahora!

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Rui se hallaba acostado en un futón conversando amenamente con Tsukushi.

—¿En serio no puedes decirme por qué? —preguntó ella.

—No, porque realmente yo tampoco sé. Para serte franco te encontraba increíblemente molesta, pero me sentía atraído hacia tu forma de vivir. Todos te odiaban, te maltrataban y aun así tú no dejabas de pelear, no estoy seguro de qué fue lo que me llamó la atención, pero hubo algo y estoy feliz de que así haya sido.

Él y Tsukushi habían terminado tendidos en el futón de ella luego de compartir besos y promesas, normalmente el silencio era su habitual y cómodo compañero, pero ahora parecía un buen momento para conversar largo y tendido de lo que sentían y de lo que habían pensado y pasado para llegar a ese punto en sus vidas.

—Creo que lo primero que me llamó la atención fueron tus ojos. Siempre me parecieron muy hermosos.

Rui se ruborizó un poco pero sonrió ampliamente. Lo cierto era que no recordaba la última vez que se había sentido tan feliz, tan lleno de dicha. Ni estando con Shizuka había sido así.

—Para serte franco, cuando me dijiste en ese aeropuerto que no querías volver a la realidad, pensé que aquella era mi oportunidad, tenía que demostrarte de alguna manera que estaba yendo en serio y, tal vez, con un poco de suerte, lograría que voltearas a mirarme una vez más.

—Pero aunque sólo fuéramos amigos, tú siempre estabas allí Rui, jamás estuviste lejos…

—No, y de ahora en adelante tampoco lo estaré, es más, estaré tan cerca que te aburrirás, así que ahora tengo que pensar en maneras en que sigas interesada… ¿Te gustan los diamantes, Tsukushi?

Ambos sabían que lo había dicho de broma y rompieron a reír. Rui sabía que ella jamás se interesaría en esa clase de cosas como las demás chicas de su clase social, ella siempre tendría un espíritu libre y sencillo, y eso lo hacía sentirse más enamorado de ella.

Sin pensarlo mucho, volteó a besarla por Dios sabe qué vez, ya había perdido la cuenta, y ella lo recibió con los brazos abiertos. El beso se extendió un poco más de lo planeado, pero a ninguno parecía importarle, excepto tal vez, porque la mano de Rui había terminado, de alguna manera, peligrosamente cerca del pecho de Tsukushi.

Él se separó unos segundos, era necesario que ella supiera que la deseaba más que a nada, pero que estaba dispuesto a esperar lo que ella quisiera. Ella por su parte, sentía su corazón latir tan rápido como lo hizo aquella cálida tarde en Hawaii, la única diferencia era que en ese momento había sido con nerviosismo y expectación, pero ahora era más por saber las caricias que aquellas manos podrían brindarle y por desear volver a experimentarlo.

Nada de esto había sido dicho, pero ambos comprendían de alguna manera que estaban frente a una línea que rogaba ser cruzada. Rui la miró todo el tiempo que le llevó posar su mano sobre uno de sus senos y ella no pudo hacer lo mismo al cerrar los suyos mientras dejaba escapar un tembloroso suspiro.

La primera vez había sido experimental, más tal vez para ella que para él, sin embargo ahora los movimientos eran más fluidos, los besos eran lentos y profundos. Las manos de Tsukushi hallaron el temple necesario para ayudar a Rui a deshacerse de sus ropas y ni por un momento pensó en que estaba apresurándose a esto…al contrario, alguna pequeña parte de su cerebro le estaba recriminando el no haberlo hecho antes.

Obviamente, no todo podía ser perfecto, ella aún se sentía cohibida al mostrarse desnuda, pero Rui calmó cada duda con sus labios, con sus dedos, con su respiración y con sus palabras.

—Eres tan hermosa.

Y parecía que se lo repetía una y otra vez, le relataba qué pensaba exactamente de cada porción de su anatomía y eso servía para que se sonrojara aún más, pero también era un gran alimento a su autoestima y a su instinto femenino a sentirse hermosa y deseada por el hombre frente a ella.

Cuando él volvió a tocarla en lo más íntimo de su cuerpo, espasmos placenteros se esparcieron por cada terminación nerviosa. Recuerdos se dispararon en su mente de algo duro y cálido que sus manos ya habían sentido y tocado.

—Rui…¿P-Puedo to-tocarte también?

El muchacho de cabellos castaños no pudo evitar que una seductora sonrisa se dibujara en sus labios. Separó un momento sus dedos de la humedad en la que se hallaban y guió una de las manos de Tsukushi hacia donde quería ir.

—Puedes tocar todo lo que desees, todo mi ser es tuyo y lo rindo ante ti a voluntad. Soy tuyo para que hagas conmigo lo que quieras.

Pudo sentir sus temblorosos dedos volviendo a tocar la dureza de su cuerpo y se estremeció. No había comparación a lo que había sentido en Hawaii, mientras regresaba a suministrar caricias al interior de Tsukushi, ella murmuraba en su oído cómo se sentía, pidiéndole más según lo que realizaba y llegó el punto en el que su propia erección se volvió dolorosa por no obtener la liberación que necesitaba.

Cuando por fin se posicionó entre sus piernas, notó que ambos estaban cubiertos de una fina capa de sudor y completamente desnudos frente al otro, después de todo, era sencillo quitarse la ropa y tener relaciones, eso la gente lo hacía todo el tiempo. Pero, abrirle tu alma a alguien, dejarlo entrar en tu espíritu, compartir todos tus pensamientos y sentimientos…eso era estar realmente desnudo y él sentía que ambos lo habían estado desde el primer momento en el que se besaron en esa playa hacía años atrás. Pero era este instante en el que él sintió la presión, él sería el primero y esperaba que él único y no era miedo lo que lo detenía si no la admiración de saber lo que estaba a punto de hacer.

Ella notó que la mirada de Rui había cambiado, que su cuerpo temblaba ligeramente y se hallaba tan agitado como ella. ¿Estaría él preguntándose si tendría miedo? Puesto que eso era lo último que ella sentía en ese momento. Tsukushi llevó una de sus manos a su mejilla…

—愛してる (Ai shiteru)

Rui podría haber perdido el control en ese instante al escucharla decir las palabras que él tanto había soñado. Rui había amado a Tsukushi durante mucho tiempo, tal vez más de lo que él mismo pensaba y la confirmación de sus sentimientos en ese exacto segundo lo llenaron de una paz absoluta e increíble. Ahora su deseo de hacerla experimentar todo lo que sentía por ella se incrementó y se obligó a retener sus propios impulsos la mayor cantidad de tiempo posible...por ella, por su hierba.

Luego de contestarle con la misma frase y sonreírle, Rui inició la difícil tarea de entrar en Tsukushi sin hacerle daño, pero sabía que esto le dolería al menos un poco. Le indició que llevara sus manos a su cuello y que mordiera sus labios tan fuerte como quisiera antes de besarla y llevar toda su longitud al interior de su cuerpo. Ella sintió el agudo dolor que esperaba durante unos segundos e intentó relajarse, él se mantuvo quieto y le repetía que la amaba, que era hermosa y que sentía hacerla sentir mal de alguna manera.

Pasionales besos fueron intercambiados y un armonioso ritmo empezó a formarse entre dos cuerpos que se añoraban. El instinto le indicaba a Tsukushi a qué debía hacer y ella misma se sorprendía de sus acciones tan abiertas y desenfadadas, pero sabía que sólo frente a la persona que amaba sería capaz de mostrarse de esa manera.

Rui había dejado de pensar hacía mucho y tan sólo podía estar consciente de las sensaciones de su cuerpo, de la estrechez, humedad y calor que lo envolvían, de las marcas que las uñas de Tsukushi de seguro estaba dejando en su espalda, de su boca, sus ojos, sus gemidos, su piel, su cuerpo…ella, era ella, en todas partes, dentro y fuera de él. Agradeció a los cielos que el orgasmo de Tsukushi llegara porque no sabía cuánto tiempo más hubiera sido capaz de aguantar. Dos, tres, cuatro vaivenes más y su cuerpo se desmadejó en impulsos que liberaban todo el deseo que había mantenido reprimido durante tanto tiempo.

—No confíes en mi equilibrio, creo que todas mis fuerzas me abandonaron—le dijo él al indicarle que le ayudase a acostarse a su lado.

—Creo que estamos igual ¿sabes?

Tsukushi había visto alguna que otra película o serie, y normalmente luego de "hacerlo" la mayoría de las parejas parecían quedarse abrazadas, o ella acostando su cabeza sobre él, pero lo cierto era que todo el asunto era algo incómodo, sucio y cansado, lo cual le provocó reír.

—¿Te sientes bien? —le preguntó él al calmarse un poco.

—Tengo hambre

—Eso es lo más romántico que me has dicho en toda la noche—ambos rieron y se abrazaron, sólo para darse cuenta que necesitaban limpiarse inmediatamente, sin embargo, las piernas de Tsukushi parecían no querer hacer más que un par de días de huelga. A Rui no le importó en lo más mínimo al cargarla desnudos como estaban y llevándola al baño para que pudiera refrescarse. Le hizo cerrar la cortina de su ducha y descartó la protección que había utilizado rápidamente.

—¿Qué te gustaría comer?

—¿Puedo pedir algo un poco extravagante sólo por hoy?

—Pídeme lo que quieras tontita.

—¡Pizza!

¿Y eso le parecía extravagante? Rui tuvo que reír un poco al salir del baño, llamó a una pizzería cercana y pidió lo más caro que había sólo para complacerla. Eso no era nada para su bolsillo, pero le gustaba saber que Tsukushi se olvidara de detalles como esos, para ella, él era una persona más, completamente normal, no una billetera humana y un buen partido. Ella se había enamorado de él antes que de su apellido.

Tsukushi salió luego de unos minutos envuelta en una toalla y fue turno de Rui para lavarse. Cuando entró de nuevo en la habitación, encontró a Tsukushi sentada en el futón, vestida con su polo.

—¿Te gusta?

—Me encanta, pero a menos que quieras darle descanso a tus piernas por el resto de la semana será mejor que no lo hagas de nuevo.

—¡Rui! —le contestó ella con un leve manotazo.

—¿Qué? Sólo digo la verdad…—Y era cierto, hacía dos minutos se había sentido satisfecho y extenuado, pero verla vestida con su ropa había hecho que su libido volviera a despertar ¿qué podía decir? Era un chico sano y enamorado, no podía pedir mucho.

Se puso sus pantalones y la acompañó en el futón recostando su cabeza en sus piernas, compartiendo el silencio mientras llegaba la pizza.

Ding dong

—¡Comida! —exclamó ella levantándose sin ninguna ceremonia y dejando la cabeza de su novio caer.

—¿Piensas salir así?

—Tengo ropa interior

—¿Y a mí qué? Ponte algo debajo.

—Será sólo un segundo, me duele todo Rui, ten consideración y toma responsabilidad al respecto.

—Respon…yo…tú…¡Cúbrete! —le dijo él corriendo a cargarla y hacerle cosquillas completamente sonrojado. El timbre volvió a sonar y ambos recordaron la comida. Rui se dio por vencido y dejó que Tsukushi saliera a la puerta mientras él iba por el dinero.

—¡Hola! ¿Cuánto te deb…? Shigeru…

Rui salió inmediatamente a la puerta al observar a Shigeru palidecer ante lo que veía. De pronto Tsukushi pensó que hubiera sido mejor usar pantalones también.

—¿Cómo es que hiciste algo así, Tsukushi? ¡No ha pasado ni un día desde que rompiste el corazón de Tsukasa y vas y te revuelcas con otro!

—Okawahara-san, suficiente—Rui se puso frente a Tsukushi para protegerla de la ira de su amiga.

—¡Tú cállate! ¡Eres un maldito traidor! ¿¡Cómo pudiste hacerle algo así a tu mejor amigo!? ¿Y te haces llamar su hermano?

Shigeru había empezado a llorar de la cólera que sentía por dentro. No era justo para ella, no era justo que ellos dos se hubiesen olvidado del dolor que le estaban haciendo pasar a una persona importante en su vida.

—Dime lo que desees, pero no te atrevas a molestar a Tsukushi. Esto es algo entre ella, Tsukasa y yo. Terceros no deben meterse.

—¡Yo soy su amiga!

—Y yo también. No dejes que tus sentimientos por Tsukasa nublen tu juicio.

—¿Mis sentimientos?

—No pienso decir más, Okawahara-san, te pido que por favor te retires.

—¿¡Y tú no piensas decirme nada, Tsukushi!?

—Prometo que en algún momento te lo explicaré, Shigeru, pero no ahora, no así…debes calmarte. Rui tiene razón, esto es entre Tsukasa, él y yo…te dije hace unos días que ahora yo quería tomar mis propias decisiones. Escogí a Rui y estoy completamente segura de ello.

Rui la abrazó y ambos se mantuvieron firmes ante la mirada de incredulidad de Shigeru, que sólo atinó a irse completamente herida y sintiéndose traicionada por quien creía una gran amiga.

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—¿Estás seguro, Akira?

Él mismo lo dijo, Soujiro. Sería bueno que vinieras porque realmente nunca lo había visto tan mal. Estoy preocupado.

—Esta vez Rui se pasó de la raya, esto es demasiado.

Soujiro, deja las cosas como están, todos sabíamos que alguien terminaría destrozado de alguna u otra manera. Si Makino ama a Rui, déjalo así.

—¿Cómo puedes decir eso?

Porque yo al contrario de ti, no he olvidado que ella también sufrió. Ahora termina de refutar todo lo que digo que lo que importa es Tsukasa. Ven pronto.

Soujiro escuchó la línea cortarse y cerró el celular con furia. Se vistió, dijo a su madre que saldría y subió a su auto para ir a casa de Tsukasa.

¿Pero es que el mundo se volvió loco? Esto no se supone que fuera así, hay un orden, existe una manera en la que van las cosas y punto…

Realmente no estaba completamente seguro de por qué estaba tan enojado con toda la situación, pero lo estaba. Al llegar a un semáforo en rojo, cerró los ojos y suspiró, algo raro en él, pero se sentía cansado con cómo había ido su tarde y el prospecto de lo que sería su noche. Volteó la cabeza y al mirar a la calle observó a una chica que le parecía conocida. ¿Acaso era Yuuki?

Lo era, pero no estaba sola, un chico de espaldas a él estaba hablando con ella más cerca de lo le hubiera gustado ver. Yuuki parecía estar muy concentrada en escuchar lo que este chico dijera, sin embargo, segundos después desvió su mirada al suelo y Soujiro tuvo que contenerse dentro de su auto al ver cómo una mano se posaba en la barbilla de la muchacha, la obligaba a levantar la mirada y pronto, Yuuki estaba besando a quién demonios fuera el que estuviese frente a ella.

Soujiro hizo crujir la caja de cambios, volteó bruscamente el automóvil y lo estacionó lo más cerca que pudo a la pareja. Bajó rápidamente y se dispuso a terminar con eso de una buena vez.

—¡Oye tú! ¡Suéltala! —Ambas personas se separaron y Soujiro se halló con dos pares de ojos, unos cafés y unos azul profundo.

—¿Nishikado-san? —Yuuki se sonrojó al saber que alguien la había visto besando a alguien en plena calle.

—Está bien, Yuuki, no te preocupes.

—¿Preocuparse de qué? ¿Qué se supone que estás haciendo, Nishikado? —Preguntó Ryounosuke. A Soujiro no se le escapó que no utilizó ningún honorífico al mencionar su nombre.

—Estoy evitando que le hagas algo.

—¿Algo como qué? ¿Besarla? Te puedo asegurar que eso no es algo de tu incumbencia

—La obligaste, yo te vi.

—Pues te debes haber quedado ciego.

—Nishikado-san, Ryou-kun no me obligó a nada. —dijo Yuuki poniéndose aún más roja.

—Pero él…yo vi que él…

—En serio, Nishikado-san, debes haber visto mal, te agradezco que vinieras al creer que él me estaba haciendo algo malo, pero yo le…respondí el beso…

Soujiro estaba enojado, Yuuki estaba en plena calle, besándose con otro chico que no era él ¿y le parecía bien?

Espera un segundo…¿qué estoy pensando?

—Bueno, ahí lo tienes Nishikado. Puedes seguir tu camino.

—Tú cállate que esto ya no te incumbe. Yuuki, tengo que hablar contigo.

—Ah, pues yo…

—Ella está en una cita conmigo, así que no puede ir.

—¿Y tú respondes por ella imbécil? Te dije que esto ya no te incumbía así que te puedes ir largando a otro lado.

—Sueña niño rico.

Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos, Yuuki tuvo que ser testigo de cómo dos chicos frente a ella se agarraron a trompadas y ella no terminaba de comprender el por qué.

—¡Basta! ¡Ya basta! ¿Qué les pasa? ¡Por favor, deténganse!

Ambos se detuvieron en medio golpe al escuchar sus súplicas, se levantaron del suelo lentamente guardando sus instancias de pelea por si las dudas. Ambos habían dado buenos golpes y algunos habían conectado en uno y otro. Soujiro tenía un labio partido y Ryounosuke podía sentir que algo caliente se deslizaba desde la ceja.

—Mira cómo estás…Será mejor que vengas conmigo a casa para tratar esa herida…Nishikado-san, me imagino que tienes quién pueda atenderte, así que me despido por el momento.

—¿¡A mí me dices que me vaya y a él lo vas a atender!?

—Primero que nada, baja la voz—Yuuki se había enojado—Estoy molesta con ambos, pero Ryounosuke y yo debemos hablar. Así que, hasta otro día, Nishikado-san.

Soujiro pudo ver la sonrisa de autosuficiencia que mostraba el pelinegro y se le retorcieron las entrañas. Tuvo que ver alejarse a ambos y no podía decir nada porque no había tomado consciencia de lo que pasaba hasta que había visto a Yuuki cohibida y sonrojada frente a otro chico.

A Nishikado Soujiro le gustaba Matsuoka Yuuki.