Una disculpa por el retraso, pero aquí el siguiente capítulo, espero que lo disfruten.
"Masquerade"
Durante toda la noche mi mente no dejo de pensar en el cuerpo de la joven que encontramos, en cada uno de mis sueños me veía corriendo en las profundidades de la noche sin ninguna luz o sonido que me alertase del lugar en donde me encontraba; gritaba una y otra vez pero nadie acudía a mi llamado, sólo percibía mi respiración acelerada así como el pisar de las hojas secas. Me detuve al sentir que mis piernas iban a colapsar en cualquier momento, observe a mí alrededor como un pequeño faro iluminaba el cuerpo inerte de una joven. Me acerqué sujetando con fuerza el arma hasta quedar frente al cadáver, sentí que mis latidos se detenían observando que el cuerpo pertenecía a Maura. Solté el arma al percatarme que su espalda se encontraba completamente desgarrada, la sangre emanaba de diversos cortes a tal punto de hacer casi imposible de distinguir cuál herida era peor que la otra; sus ojos oscurecidos no mostraban aquella mirada cálida y rebosante de amor, sus labios una vez rosados y seductores ahora sólo eran una delgada línea azul. Deje caer mi cuerpo sobre mis rodillas al no poder soportar lo que mis ojos estaban presenciando; tomé con cuidado el cuerpo sin vida de la forense llevándolo hasta mi pecho, lo acuné como si de una niña pequeña se tratase, susurraba su nombre una y otra vez pero aquel llamado era inútil pues jamás volvería haber una respuesta de su parte. Desperté gritando y transpirando al sentir como Maura me llamaba y me acunaba en su pecho tras escuchar como de mi garganta salía su nombre en un desgarrador grito. La abracé con tanta fuerza que temí haberle quebrado alguna costilla, pero sentirla no era suficiente para calmar el miedo de perderla, de saber que el homicida había logrado llegar hasta Maura y que todos mis esfuerzos de protegerla habían sido en vano. Gritaba con desespero su nombre, la impotencia no abandonaba mi cuerpo y en cada segundo el miedo iba en ascenso hasta mezclar mis recuerdos con Hyot, sabía que él ya estaba muerto que no había ningún aprendiz a suelto pero era fácil decir que creerlo.
-Tranquila cariño aquí estoy, aquí estoy. Mírame Jane- Me pedía apartando mis manos de mi rostro.- Aquí estoy- Susurró llenando mi rostro de cálidos besos.
-Maura, Maura- Repetía una y otra vez- Tú no…
-Sólo fue una pesadilla, cariño concéntrate en mi voz, aquí estoy, jamás te dejaré- Susurró acariciando mi espalda de arriba abajo hasta sentir como mi respiración volvía a tranquilizarse.- Sólo fue una pesadilla, nadie me ha hecho daño.- Habló retirando el cabello que se adhería a mi rostro debido a las lágrimas que sin darme cuenta habían brotado.
Permanecimos abrazadas hasta que los rayos del sol asomaron tras las cortinas, sentía como sus brazos cubrían mi cuerpo intentando alejar cualquier rastro de miedo. Su respiración chocaba contra mi rostro provocándome una agradable sensación de tranquilidad deseando jamás apartarme de su lado. Cerré mis ojos al percibir que su abrazo se iba aflojando hasta retirar un brazo para guiarlo a la mesa de noche y tomar el celular, contestó respondiendo con monosílabos hasta terminar la conversación la cual no duro ni siquiera un minuto. Al dejar el celular en su lugar dirigió su brazo a mi cadera atrayéndome más a su cuerpo; sentí como sus labios descendía por mi mejillas hasta mi cuello, quizás estaba teniendo un agradable sueño después de todo, pero la sensación que causaba en mi cuerpo me decía todo lo contrario; su mano se movió por debajo de mi playera acariciando mi abdomen provocando que un gemido ronco escapara de mis labios, al escucharlo Maura detuvo sus movimientos y se quedó petrificada, imité su acción hasta sentir como retiraba los brazos de mi cuerpo para después desaparecer tras la puerta del baño. Deje escapar un suspiro de frustración, ¿Acaso jamás íbamos a poder terminar lo que ambas estábamos deseando?
El día transcurrió sin ningún contratiempo, Maura no me cuestionó acerca de mi sueño lo cual me alegro pues no me encontraba de humor para hablar de lo ocurrido. Durante la mañana Korsak nos envió algunos documentos que logró obtener de los tribunales los cuales tenían relación con algún delito menor como manejar en estado de ebriedad a las afueras de la ciudad y uno que otro destrozo a la propiedad, pero ninguno podía decirnos algo respecto a nuestro homicida. Maura se mantuvo alejada de mi excusándose que debía realizar algunas anotaciones y clasificación de cadáveres los cuales Susie había enviado desde temprano, yo no le dije nada sino que simplemente me limite a ver televisión y dormir de vez en cuando pues durante la noche me había sido casi imposible conciliar el sueño.
Al llegar la noche tanto Maura como yo nos encontrábamos arreglándonos para la fiesta que Diane había organizado en nuestro honor; por el aspecto de Maura podía apostar que ella aún tenía sus dudas para asistir al evento, pero las normas de etiqueta dictaban que no se podía rechazar alguna celebración en tu honor. Pasaron al menos 2 horas cuando yo ya me encontraba lista; portaba un vestido negro largo; en la parte de arriba tenía un corte en V decorado por dos tiras con incrustaciones de pequeños diamantes hasta la parte de la espalda las cuales se unían hasta llegar a la espalda baja. La forense había insistido en alisar un poco mi cabello para dejar algunas ondas, ayudando así a realzar la belleza de mi rostro tras aplicar una ligera capa de maquillaje. Bajé hacia al salón principal dirigiéndome directo al pequeño bar para sacar una botella de whisky; me serví una copa y esperé paciente hasta que Maura bajara. El tiempo corría lento, observaba una y otra vez las manecillas del reloj percatándome que no había rastro de la forense, cuando terminé mi bebida me disponía a ir a la habitación pero mi cuerpo se detuvo al verla bajar por las escaleras. Vestía un hermoso vestido blanco largo sin tirantes; en la parte del pecho era decorada por una incrustación de piedras doradas haciendo un perfecto contraste con la blancura de la tela; la espalda estaba descubierta, permitiendo ver su bien torneada espalda. Recorrí todo su cuerpo, deleitándome y asombrándome del perfecto trabajo que había realizado, pues su maquillaje había sido aplicado de tal forma que su intensa mirada esmeralda resaltara con mayor énfasis. Sus labios pintados de un fuerte rojo, incitaban hasta al más casto de los hombres a besarlos. Su cabello caía en una cascada de rizos rubios dejando en el aire su inconfundible fragancia a cítricos. Había olvidado cuál era mi nombre y dónde me encontraba pues en lo único que podía pensar era en Maura, dios, ¿acaso podía soportar una noche más sin conocer cada rincón de su cuerpo? De escuchar su voz gemir y pedir que la lleve hasta el más puro e intenso orgasmo. Agité varias veces mi cabeza hasta sentir que era capaz de hablar, pero en mi acción un sonido ronco escapo de mi garganta provocando una risa por parte de Maura.
-Veo que últimamente te has dejado impresionar muy fácilmente por mi forma de vestir.- Dijo acerándose y acomodando mí vestido.- Luces hermosa Jane- Susurró cerca de mi oído.
-Sin duda todas las miradas se posarán en ti en el minuto en que lleguemos- Respondí con un deje de celos con el simple hecho de imaginar nuestra llegada.- No te dejaré ni un solo minuto, amor.- Susurré besando su mejilla.
-Oh Jane, en verdad me asombra tu facilidad para actuar como mi pareja.- Me elogió tomando mi brazo y guiándome hasta la salida.
-No sabes hasta que punto, Maur.- Respondí abriéndole la puerta del carro y sosteniendo su mano para ayudarla a subirse. Cerré la puerta y me dirigí a mi asiento, nos colocamos el cinturón y conduje directo a la dirección en donde sería la fiesta.
A nuestra llegada, el camino que conducía hasta la entrada principal estaba decorado por faros blancos los cuales aluzaban mostrando a nuestro alrededor inmensos árboles y pinos. Rosas blancas y negras serpenteaban los arbustos confiriendo un aspecto elegante pero al mismo tiempo místico; pues no recordaba nunca haber estado en alguna fiesta en donde las rosas de ese tono se mostrasen juntas. En la entrada principal la luz de los candiles se filtraban por las ventanas permitiendo que pequeños faros alumbraran las escaleras donde nos esperaba un valet parking quien se dispuso a abrir la puerta de Maura ayudándola a bajar, me apresuré a llegar a su lado y retiré de la forma más amable su mano pues no deseaba que nadie más pudiera tocarla. La forense agradeció el gesto y nos dirigimos directo a la entrada principal. Las puertas de cristal se abrieron al mismo tiempo permitiendo ver que en el interior las mujeres caminaban de un lado a otro charlando y sonriendo; otras optaban por quedarse al margen y únicamente se limitaban a observar. Sentía que a cada paso que dábamos las voces se mitigaban poco a poco quedando en un silencio total; las miradas eran dirigidas de igual medida tanto a Maura como a mí provocando que mi andar se volviera más lento. Los nervios me estaban matando por no hablar de los celos, pues sabía que la mayoría de las mujeres no dejaban de ver el aspecto de Maura pero sobre todo imaginarla sin aquel hermoso vestido blanco.
El salón se encontraba decorados por 6 altas columnas de donde colgaban tiras de seda negra y blanca adorando el techo. Los candiles ayudaban a resaltar la elegancia del lugar pues su brillo contrastaba con el suelo negro de mármol. De las paredes colgaban algunos retratos modernos de ciudades como New York, Londres, Francia, Japón entre otros. En una de las esquinas se ubicaba un inmenso piano negro el cual era tocado por una mujer de al menos unos 28 años, acompañada por dos mujeres más las cuales manejaban el violín y el arpa. La música que interpretaban me hacia recordar las antiguas fiestas londinenses, en donde las jóvenes se presentaban por primera vez en sociedad en la espera de encontrar su futuro marido.
Nos dirigimos hacia el centro en donde Diane y Emily nos esperaban con una amplia sonrisa. Percibí que la mirada de Diane era intensa, sus manos jugaban con nerviosismo entre los pliegues de su vestido, observando de vez en cuando el rostro de su novia quien no apartaba la mirada de Maura. Coloqué mi mano en la espalda baja de la forense atrayéndola hacia mi cuerpo, quería que todos vieran que ella únicamente me pertenecía a mí y que cualquier intento sería en vano.
-Temía que no llegaran.- Expresó Diane saludándonos de beso en las mejillas. – Es extraño que Maura no haya llegado temprano, conociendo sus modales.- Agregó sin dejar de observarla.
-Tranquila Diane, quizás alguien la entretuvo.- Respondió Emily sonriéndome con picardía.
-Me limitaré a no responder a tu curiosidad, lo importante es que estamos aquí. Debo decir que decoraste muy bien el salón Diane.- Elogió en un tono condescendiente.
-Gracias, espero que disfruten la velada, pues la noche traerá muchas sorpresas para ambas.- Habló tras dirigirse hacia un grupo de mujeres quienes solicitaban de su presencia.
-¿Ahora entiendes lo que te digo Jane?- Me cuestionó al caminar hacia el pequeño bar y pedir dos copas de vino. La bartender al escuchar la voz de Maura quedó congelada olvidándose del vaso que su mano sujetaba, escuchándose en todo el lugar el estridente sonido del cristal contra el duro suelo.- ¿Te encuentras bien?- Cuestionó preocupada.
-Lo siento, yo.- Pero su frase fue cortada por Sasha la joven la cual habíamos visto en el bar hace dos noches atrás.
-Eres una fuerte distracción para mis compañeras.- Río al colocar sobre la barra dos copas con vino.
-No era mi intensión.- Se disculpo provocándole una fuerte risa a Sasha, pues la expresión de Maura no había sido para nada inocente sino todo lo contrario.
-Espero no tener que pelear por ti durante la noche amor- Hablé tomando el mentón de Maura sosteniéndolo lo suficiente para observar su belleza; sus ojos me cautivaban por completo podía perderme en la inmensidad de su mirada y olvidar mi alrededor, pero al ver como su lengua recorría sus labios mi respiración se aceleró. Acerqué mi rostro rozando apenas nuestros labios, la dulzura de estos era tan cautivadora que sin demorar más los atrapé contra los míos. Sus labios se abrieron con lentitud permitiéndome entrar, recorrí su interior demorándome y deleitándome, quería aprovechar cada momento para besarla e incitarla a desear más. Aquello no resulto erótico, sino más bien tierno y abnegado con una promesa de terminar lo que ambas veníamos deseando desde hace tiempo.
