Nueva York a 1 de mayo 1915.

Mi amada pecosa:

¿Qué pasa por tu cabecita que se te ocurrió la idea de ir al frente? ¡Ni lo pienses Candice White! Jamás lo consideres si quiera; si tú te vas te juro que me enlisto para traerte de regreso aunque sea a rastras. Nunca, óyelo bien, nunca te ofrezcas como voluntaria. Aquí hay gente que te necesita; yo el primero, te necesito para vivir, para respirar. Eres mi vida, mi pequeña pecosa, el aliciente que me mueve, mi aliento de vida, mi amiga y confidente. No te vayas jamás de mi lado, porque en ese momento mi vida se va contigo.

¿Cómo está Albert? El pobre debe sentirse sumamente desubicado y confundido, que bien que cuenta con tu apoyo. Y que bueno también que hayan encontrado un lugar que se adecue a sus circunstancias. Cuida de él, pero cuídate mucho tú también. Imagino que los hermanos Cornwell están también por ahí ayudándote y sinceramente lo aprecio, estoy muy agradecido con ellos porque te cuidan, incluso con Archie.

Ya le he dicho a Robert que apartaré el mejor lugar para ti, me entusiasma tanto poder compartir este logro contigo, con quien más amo en este mundo. Yo estoy sumamente ocupado con los ensayos, trabajamos muy duro todos los días. Pero me siento muy bien cuando estoy encarnando a Romeo; tienes razón mi niña, es algo que no podía resistir, necesito del teatro. A veces me parece que todo esto es tan bueno que en cualquier momento desaparecerá; te tengo a ti como mi novia, mi único amor, y puedo dedicarme a lo que siempre soñé. No necesito nada más para ser feliz.

A pesar de lo ocupado que estoy, siempre pienso en ti. Hechicera pecosa, ¿qué has hecho de mi? Yo que era un pájaro errante, ahora vivo en la prisión de tu amor. Si, me atas con tu amor y soy cautivo de tus ojos verdes. Me encuentro rendido a la ternura que dan tus manos; como con un lazo de fuego estoy atado a ti toda la vida. ¡Y quién lo dijera! La libertad que tanto busqué volando, la tuve encadenado a tus encantos.

Yo también te extraño como no tienes idea; ya pronto Candy, pronto podremos estar juntos y no separarnos más.

Te ama,

Terry

P.D.: He recibido tu mechón y me encantó la idea de tener un pedacito de ti, así que te envío uno mío. ¿Crees que no me atrevería? Lo que sea por mi pecosa.


NOTAS:

Hola otra vez mis queridas niñas. Espero se encuentren muy bien y me sigan honrando con su presencia por aquí. ¡Muchas gracias por leer!

manzana9: Gracias por tus palabras, me alegra muchísimo que te hayan gustado las cartas, vienen más así que espero que sigas por aquí. Yo también me niego a creer que un amor como el de ellos muriera por las intrigas de una mujer sin autoestima y manipuladora. ¡Por eso lo reivindicaré!

lerinne: Si, era algo muy común antes. jeje Cuando publiqué esta carta en la Guerra Florida agregué la imagen de un mechón castaño que me dijeron que era del mismísimo Terry (jeje) lo tengo en una caja fuerte sino imagínate cuantas quisieran robármelo. Lástima que aquí no puedo mostrárselos.

Gizah: Mi abuela también guardaba ese tipo de recuerdos; fotos de cuando mi abuelo era un pequeño, una postal descolorida por el tiempo y mechones no solo de él sino de casi todos sus hijos. Así que sé muy bien de esa costumbre por eso la recordé y la incluí. Gracias por tu cálida compañía Gizah.

Lita Wellington: No te preocupes, como dicen, más vale tarde que nunca. Y claro que le enviaría el mechón, no le puede negar nada a su pecosa. Gracias por todos tus reviews.

Saludos y abrazos a todas,

Nash