Chiara.
10- Adrenalina.
Miercoles, 17 de Marzo.
Cuando acabaron las clases salí junto a Marisa que me acosaba a preguntas sobre Laika. Estaba convencidísima de que teníamos algo y sinceramente, creo que sí que había algo, pero no estaba muy segura del que.
- ¿Qué, ya os habéis besado?
- ¿Tú eres imbécil o te lo haces…?
-Solo era una broma, no te pongas así.
-Ya, solo una broma…
- ¿O es que ha pasado algo y no me lo quieres decir? – May alzó una ceja con cara de listilla. Vamos, su cara diaria cuando no tenía puesta la de niña pequeña.
Y precisamente en ese momento noté como alguien me tapaba por ojos. Mi primera reacción fue la de llevarme un pequeño susto, pero luego, pude notar el tacto suave y algo frío de la rusa.
- ¿Laika, eres tú, verdad? – Llevé mis manos hasta las de ella para bajarlas de mis ojos.
- ¿Quién sino? – Me puso la mano el hombro.
- Bueno Chiara, yo me tengo que ir yendo ya – May ante aquella escena seguramente se hizo conclusiones que no son, ¿Qué como lo sabía? Por la sonrisa que estaba poniendo- Adiós Laika, que os lo paséis bien.
- Tranquila, eso haremos. - Miré a Laika alzando una ceja y cruzándome de brazos ante lo que acaba de decir. ¿Que nos lo pasaríamos bien? ¿Que pretendía...?
May me guiño un ojo y se fue dando saltitos como una cría a la que le acaban de contar sus padres que tendrá un perrito. Me puse a caminar y Laika me siguió hasta donde se encontraba mi bici.
- De verdad, no hagas caso a May, ella es…especial.
- No te preocupes, no me incomoda, lo cierto es que creo que es muy maja y te tiene aprecio. Por eso se pone tan pesada contigo, porque se interesa por ti.
- Si tú lo dices. Por cierto, ¿De dónde has sacado eso? – La rusa llevaba un skate en la mano.
- Es mío.
- ¿Sabes montar en skete?
- Si tengo uno es posible que sepa llevarlo, ¿no crees?
- Claro, que tonta.
- Te echo una carrera.
- ¿Hasta dónde? – Me la quedé mirando, sorprendida por tan repentina petición.
- Hasta donde tú quieras, como si es hasta tu casa. Mi skate contra tu bici. ¿Qué te parece?
- Me parece correcto entonces, hasta mi casa. Aunque te advierto que está en la otra punta de Florencia
- Bien, más interesante entonces.
Acto seguido se montó en su skate y yo en mi bici e iniciamos la que sería posiblemente la mejor carrera hasta mi casa hasta día de hoy. Ella salió disparada cuesta abajo y yo me limité a seguirla a toda velocidad, esquivando a la gente. Me resultaba gracioso verla tan animada. Lo cierto es que tenía un gran manejo con la tabla, parecía ser una experta con ella. Al cabo de un rato de iniciar la carrera pude alcanzarla por fin. Ella me sonrió y se inclino más echando los hombros hacia atrás para poder incrementar la velocidad, estaba claro que si quería ganarla tendría que cambiar la marcha y pedalear el doble de rápido para poder lograrlo, porque al nada me volvió a adelantar. Era increíble en todos los sentidos. Íbamos esquivando a la gente a toda velocidad, aunque intentáramos ir por caminos poco transitados. Hacía tanto tiempo que no hacía ninguna locura semejante aquella… Podía notar la adrenalina recorrer todo mi cuerpo, se me iba a salir el corazón del pecho y no sabía si era por la velocidad o por estar con Laika, la verdad. Cuando llegamos a mi casa yo estaba sudando y jadeando, no había hecho tanto ejercicio en mi vida. Ella, sin embargo, parecía que no hubiera movido ni un dedo, estaba tan perfecta como el instante antes de subirse a la tabla.
- ¿Qué, cansada?
- Un poco…la verdad… -Acabé con la lengua fuera.
- Se nota – Sonrió de lado y se bajo de skate para acercarse a mi- ¿Esta es tú casa? – Yo asentí con la cabeza, apenas podía hablar, no al menos hasta que recuperara el aliento- La verdad es que tampoco vives muy lejos de donde yo estoy.
- Vaya, que cosas tiene la vida, ¿eh? ¿Quieres pasar?
- Si tú me dejas – Se encogió de hombros con expresión burlona.
Me baje de la bici y saque las llaves del bolsillo para poder abrir la puerta, y cuando quise coger la bici para guardarla en la entrada, Laika me pilló la delantera haciéndolo ella. Aquella chica no era solo una experta tocando el piano y con el skate, sino que también era fuerte. De verdad, ¿había algo que no hiciera bien? La dejé pasar primero al estar cargada con la bici, y luego entre yo cerrando la puerta tras de mí. La rusa dejó mi bici con cuidado en el suelo y luego dejó su skate.
