Feliciano había salido del comedor en cuanto Gilbert se había marchado. Elizabetha había accedido a quedarse ella sola a limpiar. Curiosamente, Roderich dijo que él la ayudaría. Eso no se veía todos los días.
En cuánto salió al patio, se encontró con Antonio, regañando a Lovino.
-¡¿En qué estabas pensando?!-
Se detuvo, inseguro de si debía hacer algo o dejarlos solos.
-…- Lovino no respondía y no le dirigía la mirada.
-¡Respóndeme, maldición! ¡¿Cuándo pensaste que sería una buena idea apuntarle con un arma al hermano menor del general de las fuerzas especiales de Alemania?! ¡¿Es qué acaso quieres empezar una guerra contra laque no tenemos probabilidades de ganar?!-
Lovino permanecía callado…
-Tenemos suerte de que Gilbert y yo nos conozcamos desde hace tiempo. De otra forma, nos habría ejecutado ahí mismo. Dejó pasar esto gracias a nuestra larga amistad-
-Antonio, Fratello- finalmente decidió irrumpir en la conversación.
-Feliciano- susurró Lovino, sorprendido de ver a su hermano ahí.
-¿Qué sucede, Feli? ¿Acaso Gilbert cambió de parecer?- preguntó en tono sarcástico, era más que obvio que Gilbert nunca se retractaría de nada.
-No… este… yo…- tartamudeó Feli. ¿Por qué había ido? Ni siquiera él lo sabía, simplemente quería ver a su hermano.
-Si vienes a regañarme, el "idiota tomates" ya te ganó- le dijo de manera indiferente, hasta algo fría.
-No… sólo quería decirte que… pues… aún no me he arrepentido de mi decisión…-
-... ¿Aún quieres quedarte…?-
-Sí. Quiero quedarme aquí. Ahora estoy más seguro que nunca-
-… ¿Por qué?-
-…- Feliciano tragó saliva. No podía decirle que la razón era porque quería estar con Ludwig.
-Como sea. Si es lo que tú has decidido, entonces afrontarás las consecuencias tú mismo- le dio la espalda –Luego no vengas llorando conmigo, porque no te ayudaré- y se fue, dejándolo sólo con Antonio.
-No le hagas caso a Lovino- le dijo Antonio –Sabes que él está enojado. Siempre que necesites cualquier cosa serás bienvenido en mi casa. No dudes en pedirlo-
-… Gracias…- le sonrió – Cuídalo bien…-
-Por supuesto. Lovino es todo lo que tengo-
-… Hey, Antonio, me gustaría preguntarte algo…-
-¿Si? ¿Qué sucede?-
-…Tu estabas con Gilbert cuando Louis murió, ¿cierto?-
-…Sí…-
-¿Qué pasó con él…?-
-Bueno…- Antonio, se recargó en la pared de la mansión, recordando aquél día –Estábamos en uno de nuestros viajes habituales, junto a Francis. Un día de esos, llegó una carta de Roderich. Tú lo sabes, ¿verdad? Gilbert y Roderich nunca se han llevado muy bien… Pero en la casa de Roderich estaban Elizabetha, su amiga de la infancia, y su hermanito a quién rara vez veía. Aún así, viendo que la carta la había enviado Roderich, Gilbert la desechó sin siquiera abrirla… En esa carta, Roderich le comentaba a Gilbert acerca de la guerra… y de que Louis iba a participar en esta… Rod había tratado de convencer a Louis de no ir, así que solicitaba la ayuda de Gilbert para hacerlo entrar en razón. Pero, bueno, obviamente, Gilbert jamás llegó y Louis fue a la guerra…-
Antonio guardó silencio un rato. Se rascó la cabeza, despejando su mente, enfocándose en lo que quería decir y tratando de no dejarse llevar por los recuerdos de aquellos días.
-Llegó otra carta unos meses después…- continuó –Ésta vez, Gilbert decidió abrirla, solo para saber que era tan importante que Roderich insistía, pero no tenía intenciones de hacer nada de lo que éste le pidiera… Sólo recuerdo como vi, desde lo lejos, a Gilbert desplomándose en el suelo… Jamás lo había visto de aquella forma… Maldecía y lloraba con rabia… En la carta, Roderich le decía a Gilbert acerca de la muerte de Louis… Venimos hasta Austria, donde se llevó a cabo el sepelio, para apoyar a Gilbert. Después del entierro, lo dejamos solo, frente a la tumba. Al cabo de unas horas, volvimos por él… y…-
Antonio se quedó callado. Se mordió un labio y desvió la mirada de la de un muy curioso Feliciano.
-¿Qué sucedió…?-
-…- Antonio no sabía si debía decirle aquello a Feliciano o no.
-Antonio…-
-No estaban…-
-¿Huh?-
-Gilbert y el cadáver de Louis habían desaparecido…-
