—Les he fallado. Debo de ser castigado—Dijo el sub-teniente del escuadrón secreto de rodillas en el piso dado que frente a él se encontraban Phael e Izak. Conforme estos avanzaron, los soldados les abrieron paso.

—Verlos después de ir a rezar arruina mi día—Comentó Phael sin sonar molesto, más bien decepcionado de haber perdido el control sobre la región del Norte y un maravilloso soldado. Izak hizo un gesto para indicarles a todos los demás que se pudieran de pie.

—Permítanos redimirnos sometiendo a la región del Norte y matando a Kazanari Tsubasa—Pidió el sub-teniente recibiendo una fría mirada del comandante Izak Malus Dienheim.

—Un hombre enamorado no puede ser líder—Comentó Phael distraído en sus pensamientos. —Déjenlo en paz. La región del norte es cercana al palacio, serán las acciones del próximo nuevo líder de la región las que decidan si son perdonados.

—Su excelencia es muy amable, obedeceré.

—Comandante Dienheim, lo dejo a cargo de las acciones pertinentes—Avisó alejándose de ellos con el propósito de acercarse a su hija, quien se miraba pensativa mientras observaba el reino. — ¿Esa bruja te hizo daño?

Phara negó con la cabeza. —Tsubasa-kun me protegió. —Dijo desviando la mirada al suelo.

—No te sientas mal—Dijo tratando de animarla, pues conocía a su hija y del interés sincero que tenía sobre el peli-azul—Él no te merece ¿quién no querría casarse con mi hija? —Phara sonrió de una manera que a sus ojos se vio cansada.

—Si no tengo el corazón de un hombre, lo dejaré ir—Dijo Phara antes de encarar a su padre—No quiero arruinar tu día, padre.

—Pero…—Le incitó a continuar.

—Tsubasa-kun ha mencionado que para redimirte de tus pecados, debes preparar la venida del heredero.

— ¿Akatsuki regresa con Shul Shagana-sama? —Preguntó contrariado, no era lo más adecuado que el niño estuviera allí, era demasiado arriesgado.

Phara negó una vez más con la cabeza.

—Tsubasa-kun regresará con Oukyo Shagana-sama—Contestó dejando a Phael Suyuf enmudecido.

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Kirika corrió encontrándose con Kanade y Serena quienes le detuvieron de inmediato, con el mayor posándose enfrente de la castaña mientras que ésta se limpiaba las lágrimas que había soltado recién, no quería que nadie las viera, debía verse fuerte.

— ¿A dónde vas tan rápido enano? —Le preguntó Kanade. Kirika solía enojarse cuando le llamaban así, pero ahora no le tomó importancia.

—A la cueva infernal.

— ¿Estás loco? —Le encaró Serena. Kirika negó.

—Tsubasa-san fue hacia allá está buscando la flor del Udumbara para salvar la vida de Maria—Confesó.

— ¿De dónde sacó este loco que allí estaba esa flor, es un mito nada más? —Cuestionó el mayor.

—No es un mito, la bruja blanca lo utilizó para vivir quince años más de los que le correspondía para así poder encontrarme y convertirme en el guardián de su hija.

— ¿Su hija? —Cuestionaron ambos.

—Shirabe—Contestó.

—La maestra jamás tuvo hijos—Alegó Serena.

—Los tuvo, tuvo a Shirabe pero escondió su presencia de todos para que nadie jamás le hiciera daño y me escogió a mi (aun no sé porque) para servirla y protegerla de por vida. —Refutó Kirika—La visitaba en todos sus cumpleaños ya que la convirtió en la hija mayor del palacio.

— ¿Me estás diciendo que Shirabe es la desaparecida Oukyo Shagana? —Kirika asintió.

—Momento, ¿hace cuánto salió Kazanari-san? —preguntó Serena.

—Hace cuarenta minutos. —Respondió el menor.

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Con estas palabras…

La voz de Finè retumbaba en los oídos de Maria incitándole a que pronunciara el hechizo, pero su maestra siempre fue alguien noble, dudaba que realmente se tratara de ella.

—No…—Musitó en voz baja apenas pudiendo hablar—No por favor… ese hechizo no…—Cerró los ojos y negó con la cabeza, deseando tener la fuerza suficiente para alzar sus manos y dejar de escuchar.

Yo acepto…

—Es demasiado cruel, maestra… no puedo continuar. No puedo.

—Aun no puedes olvidarlo—Musitó Finè con molestia. —Recuérdalo Maria, el amor es el peor veneno de todos para gente como nosotras.

— ¿Pero el odio no es veneno también? —Cuestionó.

—Aun no lo entiendes—Dijo con voz triste—Sólo cuentas contigo, Maria. Así ha sido siempre.

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Tsubasa recorrió con cuidado el oscuro pasillo, sentía que en esa parte en especial debía de tener especial cuidado, pues el silencio era totalmente inquietante. Apenas dio un par de pasos escuchó el aullar de los lobos pero también se sintió mareado y débil. Cayendo de rodillas al suelo y soltando su antorcha alzo la vista encontrándose con la flor reposando sobre una roca rodeada por una pequeña tina de agua, se arrastró en el suelo contra su cuerpo que repentinamente se había vuelto de plomo, viendo como frente a él su tío, Kazanari Genjuuro, se plantaba de pie impidiéndole avanzar.

— ¿Qué haces aquí Tsubasa?

—T-Tío…—Dejó escapar.

—Regresa a casa Tsubasa, no hay nada que puedas hacer ya. Esa bruja está dispuesta a morir.

— ¿Quién eres? —Genjuuro jamás diría una cosa como esa, el salvaba aun a los desconocidos y a los enemigos, gracias a eso la región del norte era tan grande.

Los ojos miel de Genjuuro brillaron en plata.

—Soy la razón por la que existe el Udumbara—Contestó mientras que la niebla aumentaba, queriendo dormir a Tsubasa. —Finè vino a mí una vez en busca de salvación pero no pude darle mucho tiempo, ya estaba dispuesta a morir, decidió usar ese tiempo en garantizar la vida de su hija, ¿Qué patético no?

—No es patético salvar la vida de otros.

— ¿Aun a costa de la vida de uno mismo?

—Aun a costa de la vida de uno mismo—Afirmó arrastrándose todavía más, tocando los pies de aquella imagen de su tío. —Salvaré a Maria aunque me cueste la vida.

—Pero has sido tu quien provocó ese estado, ¿por qué la asesinas y después la quieres revivir? —El falso Genjuuro sonrió retorcidamente—Todo tiene consecuencias, Tsubasa.

—Porque yo la amo, algo sin sentimientos como una razón no entendería eso—Contestó tratando de acercarse a las escaleras de piedra que daban a la flor ya que lo que sea que fuera eso, se hizo a un lado permitiéndole el paso, pero sentía como si el camino se hubiese vuelto más largo. —Estoy dispuesto a aceptar las consecuencias de mis actos y todavía el doble de ellas mientras Maria viva.

—La muerte de Maria es LA consecuencia de tus actos. —Recalcó Genjuuro riéndose.

—Entonces toma mi vida en lugar de la suya—Dijo serio tocando por fin el primer escalón y subiendo los otros dos sin importarle las punzadas que sentía su cuerpo y las ganas que sentía de dormir.

—Lo mismo dijo Kazanari Genjuuro cuando tuvo el cuerpo de su amada bruja muerta entre sus brazos—Comentó irónicamente mientras que Tsubasa estiraba su brazo para alcanzar el Udumbara siendo retenido por alguna clase de liana que no tenía idea de donde salió. En ese momento cientos de visiones pasaron por cabeza, visiones que no eran suyas, sino de gente que anteriormente intentó conseguir el Udumbara. Un alarido salió de su boca cuando esa liana comenzó a apretar su brazo y torcerlo con facilidad. Tsubasa movió su otro brazo pero fue rápidamente tomado por otra liana, sintiendo entonces el pesar de todos aquellos que murieron queriendo obtener esa flor. Luchando en contra de esos sentimientos y sensaciones continuó estirando su brazo con el fin de alcanzar el Udumbara, sin notar que conforme pasaban los segundos su cuerpo iba envejeciendo, siendo el polvo su próximo estado de no ser porque sus dedos rozaron la planta devolviéndole la juventud mientras que las mismas lianas lo lanzaron contra una de las paredes golpeando su espalda contra una parte bastante roñosa. No dudaba que tuviera un raspón.

El Udumbara se congeló y frente a él, la "razón" lo miraba con burla. Sonaron nuevamente los aullidos de los lobos junto con las inconfundibles voces de Kirika y Kanade. Antes de perder la noción, el Kazanari vio cómo se acercaban a él junto con Serena, los tres portaban una mirada preocupada. Era verdad, no estaba solo.

—Los dioses han decidido alabar tu perseverancia—Comentó la ilusión—Pero nada en esta vida es gratis y el destino es inevitable—Su risa mandó un escalofrío al Kazanari que en ese momento perdió la consciencia mientras que Kanade, al igual que Kirika se veían serios mientras que Serena desconfiaba. Esa voz sonaba demasiado fría y esa risa sin duda era descarada. Kanade se encargó de llegar a Tsubasa en sus hombros mientras que Serena le guiaba en el camino, era imposible conseguir el Udumbara estando congelado y su hermana continuaba muriendo sin ninguna manera de salvarla. Kirika se quedó quieto, viendo el Udumbara. Sus ojos verdosos brillaron nuevamente como si se derritiesen y se acercó a paso lento a la escalera. La estigma en su mano con las letras ABA se marcó con aun más fuerza en su piel. El rubio se arrodilló frente a la planta y se puso a orar; y cuando menos se dieron cuenta, tanto Kanade como Serena abandonaron la cueva sin el Akatsuki, aunque esto no preocupaba mucho a la menor de las hermanas Cadenzavna, pues confiaba que el menor sería capaz de regresar por su cuenta, después de todo, caminó por aquel lugar con la misma familiaridad que ella, su hermana y Finè hacían, con la diferencia de que él, como su maestra, no parecían necesitar de los lobos guiándoles.

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Kazanari Genjuuro se dejó caer arrodillado mientras que las gotas de lluvia lo recorrían sin control. Detrás de él, su padre y su hermano lo miraban atentamente, siendo la mirada de Fudou bastante pesada contrario a la dolida de Yatsuhiro. Frente a él, los ojos desorbitados de Sakurai Ryoko, Finè, le miraban sin vida mientras que la rabia le invadía y deseaba echarse a llorar, correr hasta Kadingir y buscarla en cada rincón, abrazarla, decirle que la amaba y prometerle que todo lo demás estaría bien; pero no, no era capaz. Tardó en darse cuenta, pero en su último instante de aquella feroz batalla contra su amada se percató de que no era ella en realidad, sino que había recitado el hechizo de la apatía en un cuerpo que no era originalmente suyo pero que compartían otro. Según recordaba, esa era la más grande y desesperada defensa de un mago, mudar temporalmente tus poderes a un cuerpo artificial para que este muera por ti. Una técnica que sólo puede ser utilizada una vez pero que desgasta tu energía vital y que al combinarse con el hechizo de la apatía creaba un daño mortal, en el mago.

—Hiciste bien, Genjuuro—Felicitó Fudou con verdadero orgullo que solo le revolvió el estómago, estaba asqueado, deprimido, enrabiado, decepcionado, de todo. Unos metros frente a él, con sus ropas cubiertas en sangre y su rostro pintado por lágrimas, su mejor amigo, el doctor Ver, le miraba con cólera más que justificada, cólera que quisiera mandarse a sí mismo por haber sido tan débil y llegar a ese extremo. —Tu nación recordará por siempre tu gran hazaña.

Ja, gran hazaña.

—Si Genjuuro-kun—Dijo Ver con su interminable rabia—Todos recordarán lo que has hecho aquí hoy—Genjuuro se sintió una basura enorme, lo que todos sabrían es que acababa de matar a la mujer de su vida, pero que en realidad ella huiría a donde jamás pudiese encontrarla de nuevo. —Prometo que yo jamás lo olvidaré así como todos los sentimientos de estos tiempos.

Fudou Kazanari asintió satisfecho mientras que Yatsuhiro veía preocupado esa hostilidad del mejor amigo de su hermano menor, no conocía la historia completa pero era lo observador que él no era. Ver también amaba a esa maga –se rehusaba a llamarla bruja– y como es lógico, su estado es peor que el de Genjuuro mismo.

Genjuuro, con delicadeza, cargó el falso cuerpo de Finé y comenzó a caminar lejos de allí, rezando por una pequeña oportunidad para verla aunque fuera un instante en el futuro aunque ella no lo volteara a ver. Necesitaba, antes de morir, verla una vez más. Lloró amargamente, gritando y golpeando el barro mientras cavaba con sus propias manos un lugar apropiado para que una parte de Ryoko descansara como debía.

—Ryoko…—Suspiró su nombre mientras acariciaba sus cabellos opacos y sus manos recorrían su ropa para limpiar la sangre con la que manchó su cuerpo gracias a su katana. Le limpió con dedicación e inocencia, dejando solamente su túnica teñida de borgoña, desprestigiándole de su título como la maga (bruja) blanca. —No merezco perdón, pero si ustedes son misericordiosos—Habló cargando nuevamente a la rubia con su vista en el cielo—Denos una oportunidad más en otra vida, en otro tiempo. Déjenos aunque sea reunirnos, se los ruego.


Cuando Tsubasa de nuevo abrió los ojos, sus sentidos le advirtieron que estaba de vuelta en la habitación de Maria. Frente a él, se encontraban rodeándole Chris, Hibiki, Miku, Kanade, Serena y los demás miembros del Kadingir exceptuando a Shirabe quien seguramente continuaba inconsciente y a Kirika, quien no dudaba se encontrara velando su sueño.

— ¡Maria! —Brotó de sus labios apenas se percató de en donde estaba. A su lado, en la cama contigua, Maria reposaba con sus manos en su vientre, un rostro apacible y sus cabellos rosados opacos que quitaban un poco su belleza reflejada por esa cara durmiente tan tranquila. —No…—Su voz se quebró.

—Cuando regresamos contigo, el incienso se había acabado—Dijo Kanade posando una mano en su hombro en señal de apoyo.

—Ya han pasado un par de horas desde eso…—Musitó Chris tratando de verse fuerte, pero lo cierto era que todos estaban realmente dolidos de haber perdido a su líder de esa manera, y aún así, no podían odiar al responsable que se encontraba justo frente a ellos, peor castigo era verlo quebrándose como ella hizo en vida.

—Tu calidez…—Murmuró Tsubasa— ¿Dónde quedó? Estás tan fría…

Tsubasa se permitió caer sobre ella, se encontraba herido y debilitado, pero era más el efecto en su interior que en su cuerpo, importándole poco la torcedura en su brazo y acariciando el rostro de su hermosa Maria. No había respiración, no había nada. Lágrimas bañaron su rostro y aullidos agónicos invadieron el eco del lugar, no se suponía que eso debía terminar así.

—Maria…—Se abrazó a ella escondiendo su cara en su hombro tratando de no molestar su profundo sueño demasiado—No tengas miedo, estaré contigo, en esta vida y en la otra. Prometo, jamás volveré dejarte afrontar tus miedos sola, te protegeré de todo. No nos volverán a separar.

Su llanto brotó nuevamente aferrándose a ella besando la parte superior de su cabeza, casi rozando sus bollos. Este acto prolongado causó algo que sorprendió a los presentes, pues repentinamente, mientras que Tsubasa pintaba obscuras raíces en su piel, la pálida piel de la Cadenzavna, retomó de nuevo su color y un nuevo llanto acompañó el de Tsubasa, era el de Maria, quien apenas recuperó el sentido de su cuerpo rodeó al peli-azul con sus brazos.

— ¡Tsubasa…! —Exclamo de manera ahogada— ¡Tsubasa…!

— ¡Maria…! ¡Maria…!

Nadie se explicaba que acababa de pasar, pero no les importaba realmente, tenían a Maria de vuelta de manera que se podía considerar un milagro.

Tanto Maria como Tsubasa buscaron refugio el uno con el otro mientras desahogaban sus sentimientos y sonreían con alivio a pesar del cuerpo mal herido de Tsubasa y la extraña sensación que le daba a Maria volver del mundo de los muertos.

—Eres una ilusión en mis ojos. Esto es demasiado bueno para ser real—Le dijo.

—Aún si el amor es el peor veneno, por ti, yo quiero tomarlo todo—Aun con el peso de esas palabras, Maria sonreía abrazándose más a su amado.

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La guerra ya era inevitable después de que una carta misteriosa, junto con la agresión a Leiur Darahim, hijo único de Uriel Darahim, maestro de Ayase, Sonoda, Hoshizora y Nishikino, dejaron en claro que la armada invasora (aliada seguramente con una tropa traidora) ya estaba dentro del país con todo objetivo de conquistar, su único obstáculo era el fuerte luna, Kadingir.

Habían pasado cinco días desde que Maria se recuperó, Tsubasa continuaba herido y los antes mencionados discípulos de Uriel se movilizaron junto a los clanes de sus ejércitos para defenderse y expulsar a los conquistadores. Quedando así Tsubasa, Maria, Serena y Kanade al mando. Shirabe continuaba sin despertar y Kirika continuaba sin regresar de la cueva infernal pero Maria tranquilizó a Tsubasa de ir a buscarlo con el pretexto de que había algo encomendado por Fine que debía hacer para que Shirabe despertara, dentro de la caverna.

—La armada Ying es feroz—Habló Kanade, pues él ya los había enfrentado una vez junto a Tsubasa, de hecho por ellos Tsubasa casi moría una vez. —El ejército de Kadingir no será suficiente para proteger el fuerte y los demás clanes no deben moverse de sus posiciones asignadas si queremos expulsarlos definitivamente del país. —Enfatizó.

—Es un momento crítico, debemos olvidar nuestras diferencias y aliarnos con el palacio—Comentó Tsubasa.

—Ancianos—Habló Maria tomando de la mano de Tsubasa—No aliarnos con soldados fue una orden impuesta por la maestra Finè, pero por esta vez, debemos olvidarla.

—Dentro de nosotros se encuentran los hijos del fallecido emperador. Les hemos brindado refugio y el más pequeño, a causa de la incapacidad de la mayor, ha accedido a disponer de todas sus tropas. —Habló Serena con el pequeño Shul Shagana delante de ella.

Los ancianos estaban por protestar hasta que, espontáneamente, Kirika entró junto con Shirabe, ambos vistiendo nuevos conjuntos de ropas, y detrás de ellos, Chris los acompañaba con un arco en su espalda.

—No sólo es eso—Habló Shirabe, sorprendiéndolos a todos por lo cambiada y madura que se veía—Utilizo mi poder real para exonerar tanto a Kazanari Tsubasa como a Maria Cadenzavna Eve de los crímenes de asesinato de los que fueron inculpados y se ha demostrado su inocencia.

Tsubasa se miró sorprendido de que pasara tan rápido.

—Todos los hombres que necesites estarán a tu cargo, inclusive el escuadrón secreto, Tsubasa-san—Dijo Shirabe—Excepto Kiri-kun. El regresará conmigo al palacio junto con mi hermano como protector real y se unirá a tu plan si es necesario.

—Muchas gracias, su majestad—Agradeció Tsubasa sinceramente seguido de los demás.

—Eso no esto todo con lo que cuentas, Tsubasa—El mencionado, junto con Kanade, se giraron sorprendidos encontrándose con Genjuuro Kazanari y Shinji Ogawa, quienes les miraban confidentes, el mayor con el Ame no Habakiri en sus manos.

—T-Tío…

—Sacrificarse por el bien común es lo que debe hacer un líder, y dar la espalda al mundo para proteger a los suyos es la prueba de ello—Dijo Ogawa con una ligera sonrisa que los menores correspondieron.

—Hiciste lo que yo no pude hacer y de lo que me arrepiento y arrepentiré de por vida—Comentó orgulloso Genjuuro entregándole de nuevo a Tsubasa su espada. Lo cierto era que Kirika había salido en dirección a la región del norte para informar a Genjuuro de todo lo acontecido y descubierto por el, liberando al mayor de una parte de su peso. Tsubasa recibió la espada y se giró con Maria transmitiéndole seguridad.

—Tsubasa, aún estás débil por lo que pasaste en la cueva infernal—Recodó Maria al ver lo que pretendía hacer—Iré contigo.

Tsubasa sonrió ante aquella preocupación de su mujer y alistaron cuatro caballos para que la parea de Tsubasa y Maria partiera con Serena a la región del noroeste en donde estaba el más grande aliado del clan dirigiendo desde que Yatsuhiro fue asesinado sin saber aún por quién mientras que Kanade iba a comunicarse con los siempre aislados en Uchiura. Tsubasa habló largo y tendido con el albino quien escuchó con claridad como el menor aseguraba que los Ying no llegarían más allá de la frontera.

Habiendo estado tanto tiempo con Fudou, Ver expuso varias estrategias que, a ojos de Maria y Serena, no eran tan efectivas, pero que verdaderamente eran toda una joya. Genjuuro había preferido permanecer en el fuerte mientras que Kirika partía con Shirabe y Shul a la capital, el Kazanari mayor sabía que el resentimiento de su mejor amigo hacia el sería eterno como su interior culpabilidad y odio a su padre y a sí mismo por orillarse a esos extremos.

—El gran problema aquí es el tiempo—Explicó el doctor—Suponiendo que el ritmo que mantengan los invasores es el mismo, tardarían tres días llegar a este punto—Señaló en donde planeaban emboscarlos—Pero a nosotros, a pesar de estar cerca, nos toma cinco días llegar debido a que debemos escalar las montañas—Rodeo dicha ubicación buscando hacer énfasis.

—Hay un pasaje detrás el fuerte—Dijeron las hermanas al unísono. Ver siempre fue la persona más confiable con la que trató Finé pudo contar.

—Ese conducto les llevará a su retaguardia—Comentó Maria de manera adicional ante las exclamaciones por los soldados. Ver sonrió.

—De acuerdo, ustedes irán al frente mientras que yo me preparo por detrás para dar una sorpresa—Comentó dibujando las diferentes estrategias. Tsubasa miró de nuevo a Ver, esa sonrisa no le inspiraba algo de desconfianza, se veía tan falso…

Igual tampoco tenía mucho para pensar, estaba por iniciar una batalla contra la invasión extranjera, ya después sería lo que fuera.

Tsubasa sonrió, se sentía cada vez más cerca.