Y así llegamos al capitulo 11. Gracias a todos los que leyeron, dejaron review y/o incluyeron esta historia en su lista de favoritas/alerta.
Los Juegos del Hambre, sus personajes y todo lo relacionado son propiedad de Suzanne Collins.
Capitulo 11
Peeta's POV
Observo a Katniss mientras prepara masa para galletas. No llevo ni una semana enseñándola a hornear, pero parece que llevara toda la vida. Ella insiste en que no, en que aun es muy torpe y que el pan no le queda ni la mitad de bien de lo que me queda a mí, pero para el poco tiempo que lleva aprendiendo, yo diría que su progreso es asombroso.
Me gusta que hagamos esto. Todas las noches nos escabullimos de cuarto y bajamos a preparar algo. Si mi madre supiera, probablemente me golpearía. No creo que le hiciera ninguna gracias que este enseñando a Katniss a hornear pero lo que mi madre no sepa no le hará daño.
Y tampoco me hará daño a mí.
Es agradable estar así. Katniss siempre esta muy concentrada en no equivocarse, así que eso me da oportunidad de observarla durante horas, sin preocuparme porque se de cuenta y se moleste.
Además, toda esta situación tiene un agradable aire de… familiaridad. Como si las cosas fueran exactamente como se supone que deben ser. Aunque claro, si eso fuera así, Katniss no sería mi esclava, sino mi esposa y no solo estaríamos horneando juntos, sino que estaríamos haciendo otras cosas (particularmente en la habitación) pero… bueno. No todo puede ser tan perfecto.
Mientras observo a Katniss cocinar recuerdo una vez, cuando era más pequeño, que baje a la cocina a la media noche y me encontré a mis padres, aunque ellos no me vieron. Pero esa escena me conmovió profundamente, porque por primera (y única) vez, entendí que mis padres se querían. No solo se habían casado porque sus padres insistieron, sino porque había algo más ahí. Quizás no estaban locos de amor el uno por el otro… pero había algo entre ellos. Aun hay algo entre ellos.
Recuerdo que mi madre preparaba la masa mientras mi padre la "supervisaba". Mi madre era hija de unos mercaderes de telas, así que en su vida había preparado pan y hasta la fecha niega que sepa hacerlo, pero en aquel entonces, supongo, mi padre no había perdido la esperanza de que pudiera aprender.
De repente mi padre tomo la mano de mi madre entre las suyas y la beso. Mi madre lo miro por un segundo y por primera (y única) vez, vi como una enorme sonrisa se asomaba en su rostro. Se besaron muy brevemente y luego se quedaron muy quietos, frente contra frente, sonriendo como si nada más en el mundo importara.
Siempre he querido saber como será eso. Mirar a los ojos de alguien y saber que no hay nada más importante en el mundo. Estoy seguro que lo sentiría con Katniss, pero si me acerco de esa manera a ella, es seguro que acabare con un ojo morado. Además, podría arruinar nuestra… relación que sigo sin saber como nombrar.
Creo que Katniss me ha preguntado algo, porque ahora me mira expectante. Sonrío apenado. –Perdona, ¿dijiste algo?
Ella sacude la cabeza, sonriendo. –Te preguntaba que en que pensabas. Parecías muy… feliz.
Si le digo que estaba pensando en besarla me matara. Y no es del todo cierto, aunque se acerca bastante. –Nada importante- le respondo, pero como ella no deja de mirarme, decido continuar- estaba pensando en un ocasión en la que encontré a mis padres en la cocina. Es la única vez que he visto a mi madre sonreír.
Ella arquea las cejas y suelta una risita. –Pobre de ti. Debiste pensar que era una señal del fin del mundo.
Me rio y supongo que tiene razón. Quien conozca a mi madre la creería incapaz de algo así. Si yo no lo hubiera visto con mis propios ojos también lo dudaría.
-¿Así esta bien?- me pregunta, señalando la masa y asiento con la cabeza. Ella frunce los labios- ¿no esta demasiado grumosa?
-Eres demasiado perfeccionista- discuto- así esta perfecta. Ahora vamos a aplanarla, para cortar las galletas.
Asiente y procede a hacer justo eso. Yo continuo observándola, supuestamente supervisando todo su labor, pero en realidad concentrado solo en ella. Es tan hermosa… aunque claro, no es eso lo que me enamoro de ella. De hecho, hasta ahora no sé que me enamoro exactamente. Hay tantas cosas que me gustan de su forma de ser…
Y esa maravillosa voz que hace que los sinsajos se detengan a escuchar…
Más me vale no perderme demasiado en mis ensoñaciones. De cualquier forma, la realidad es bastante agradable y vale la pena disfrutar cada segundo.
-¿Vas a llevarle esas a Prim?- le pregunto, una vez que sacamos las galletas del horno. Katniss me observa indecisa- no te preocupes, nadie lo notara- le aseguro. Aunque es probable que mi madre note a final de mes que los ingredientes se han estado acabando más rápido… pero eso no se lo digo. No quiero preocuparla.
-¿Estas seguro de que no hay problema?- me pregunta y yo le sonrío.
-No te preocupes.
Ella asiente y juntos guardamos las galletas en una bolsita. Estoy seguro de que Prim le encantaran: no solo porque ama las galletas, sino porque las preparo su hermana. Sonrío. Me pregunto que pensara Prim sobre toda esta situación. Siempre he sospechado que ella sabía que yo estaba loco de amor por su hermana, pero jamás me pregunto nada. Supongo que el saber que Katniss esta conmigo la tranquiliza. Después de todo, hay un montón de lugares donde Katniss pudo haber terminado y que hubieran sido horribles.
Katniss bosteza y yo le sonrío. -¿Lista para ir a dormir?
Ella asiente y luego nos dirigimos de vuelta a mi habitación, donde nos acostamos sin decir nada más y minutos después, escucho su rítmica respiración, que me indica que esta dormida. Volteo a verla y poco a poco me voy quedando dormido, mientras contemplo su espalda.
Me gustaría más contemplar su rostro, pero supongo sería demasiado pedir…
Katniss' POV
Me despierto de otra pesadilla y como siempre, mi corazón late como enloquecido. Observo a Peeta, profundamente dormido y de inmediato me siento mejor. Con cuidado, me acerco un poco más a él y coloco mi mano sobre su cabeza. Lentamente, comienzo a acariciarle el cabello, teniendo cuidado de no despertarlo. Comienzo a sentirme más tranquila, pero los temblores tardan un rato en desaparecer.
Me pregunto que pensaría Peeta si se despertara y me encontrara así. Tan cerca de él y acariciándole el cabello. Tal vez no diría nada y me dejaría continuar. Él nunca me cuestiona. Siempre parece saber cuando no quiero hablar de algo.
Las pesadillas son cada vez más frecuentes y sé exactamente porque. El día de la Cosecha esta muy cerca. Una semana más y sabremos los nombres de nuestros tributos.
Aunque la muerte de mi padre no ocurrió ni remotamente cerca del día de la Cosecha, es en estas fechas cuando más sueño con él. Supongo que es una cuestión sicológica relacionada con mi necesidad de sentirme protegida, pero prefiero no pensar mucho en eso. Prefiero no pensar en nada, de hecho.
Vuelvo a recostarme dándole la espalda a Peeta y comienzo a pensar en Prim. Ella estará a salvo, pero no así sus compañeros de escuela. Pienso en sus amigas, chicas de familias pobres que no podrán pagar su inmunidad, ¿Qué pasa si alguna es elegida? ¿Cómo reaccionara Prim?
Decido no pensar en eso. De todos modos no hay nada que hacer: mi deber era proteger a Prim y eso hice. No puedo proteger a todas sus amigas. No puedo proteger a todos los niños del distrito.
Pero desearía poder.
Cuando vuelvo a despertarme, estoy sola. Permanezco tumbada en la cama un rato más, sin ganas de moverme. Es domingo, así que técnicamente hoy estoy libre (aunque a la bruja siempre se le ocurre alguna tarea para nosotras) y técnicamente podría quedarme en la cama todo el día. Pero lo mejor será levantarme ya, ver si a la bruja se le ocurrió algo que quiere que hagamos y sino, marcharme a ver a Prim. Y a cazar. Y a ver a Gale.
Me obligo a levantarme y justo en eso estoy cuando Peeta entra, otra vez con solo una toalla amarrada alrededor de la cintura. Soy incapaz de apartar mis ojos de su pecho y siento como comienzo a sonrojarme, pero no puedo hacer nada. Él no dice nada, simplemente se dirige a su armario y comienza a sacar su ropa.
Normalmente, cuando esto pasa, yo salgo corriendo del cuarto para bañarme. Pero hoy no tengo muchas ganas, así que me quedo sentada en la cama, tratando de parecer desinteresada, pero observando a Peeta de reojo. Él parece ignorarme (o quizás piense que ya he salido) y esta escogiendo su ropa con toda la calma del mundo. Cuando por fin se decide, deja caer la toalla y yo me apresuro a apartar la vista, muriendo de vergüenza. No debería estar aquí.
Me levanto y por el rabillo del ojo veo a Peeta, sorprendido y sonrojado. Así que no sabía que yo seguía aquí. Hmph. Me apresuro a salir del cuarto y corro hacia el baño, esperando no encontrarme con nadie porque no quiero explicar porque mis mejillas tienen ese escandaloso color rojo.
Es hasta que estoy debajo de la ducha que caigo en cuenta que no traigo nada de ropa conmigo. Parece que yo también tendré que volver al cuarto envuelta en toalla.
Me pregunto…
Nah. Peeta probablemente ya se habrá ido cuando yo salga de bañarme. Y de todos modos, ¿qué espero provocar?
No estoy segura de querer saber la respuesta a eso.
¡Y fin!
Bueno, espero que les haya gustado. Hay algo que quiero comentarles. Solía tener varios capítulos por adelantado, pero finalmente se me han acabado. Como no quiero apresurarme y escribir cosas incoherentes, ni capítulos mega cortitos, voy a tener que tomarme un descanso de actualizaciones por un ratito. Pero no se preocupen, no será por mucho tiempo. Esperen la actualización el sábado por la tarde noche.
Gracias por leer y por su comprensión. ¡Hasta pronto!
