SIN AMOR

ABDUCCION...

Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Historia sin fines de lucro... etc. Etc. Etc... ¿Qué más puedo decir? Una disculpa de antemano...

Y el genio calenturiento regresa...

Lleno de kamasútricas ideas

El viento agitaba los transparentes cortinajes de la pequeña carpa de seda blanca y rosa donde se encontraban… el olor del pasto y de las flores suavizaba un poco el aroma de los amantes…

Un par de cuerpos jóvenes se movían con perfecta sincronía entre sonidos cálidos y gemidos. Una silueta femenina subía y bajaba sobre las caderas de un hombre, siendo sumamente visible la dura unión entre ellos, cubierta de flujos y enrojecida.

El pelo negro de la mujer se pegaba a su frente y su espalda con el sudor, a pesar del refrescante viento que les hacía coro, y el pelo inusitadamente plateado del macho se desparramaba en el verde césped, fuera de la manta donde estaban, y sobre telas de brillantes colores.

Las manos del macho suben resbalando por el sudoroso vientre de la chica, hasta sus brillantes pechos, atrapando con dulzura los enhiestos pezones entre sus dedos fuertes terminados en garras, jalándolos, girándolos, rozando el contorno de la arrugada y sensible areola. Los quejidos escapando de la boca de ella no dejan lugar a dudas… lo está disfrutando.

A su alrededor cierta cantidad de lujosas ropas los enmarca. Ropas caras, llenas de adornos en oro… y una corona, así como una suerte de valiosas joyas para el pelo. Todo su derredor brilla en esa ostentación, como si estuviesen haciendo el amor en una cama de oro y piedras preciosas. Solo el pendiente en la oreja de la joven lanza cegadores destellos cada vez que brinca ante cada empalamiento…

-¡Oh! ¡Inyasha!... ¡Voy… voy a… terminar…! – las palabras entrecortadas entre gemidos, hacen que el macho se tense de desesperación- ¡Ya no… no.. puedo… más!

-¡Sí!... ¡Sí Kagome! – El aludido la toma de las caderas para moverla con más fuerza y rapidez- ¡¡Córrete!!...

-¡Inu…inu… ya…sha! – echó la grácil espalda hacia atrás en un arco perfecto, apuntando sus pechos duros al cielo, y convulsionándose levemente. El macho llevó una de sus manos a la entrepierna que ahora tenía perfectamente a la vista, para acariciar con crueldad el erecto y supersensible botón de la mujer.

No podía dejar de gritar.

El impulso de lanzar el cuerpo hacia delante y apoyar ambas manos en el pecho de su marido, vence a la joven. Aún entre espasmos sigue sus movimientos, sintiendo la hombría dura y palpitante del macho en su interior, latiendo entre los propios latidos de su vagina, anunciando el próximo clímax masculino, impulsándose. El camino que recorrió la semilla en el trayecto del miembro fue claramente percibido por la mujer, quien se preparó abriendo un poco más las piernas, para que éste llegara a su fondo…

Con un gruñido ahogado, el semen salió a borbotones, haciendo que Inuyasha realizase el mismo acto de arquear la espalda, mientras mostraba los amenazadores colmillos, con el rostro apretado en un rictus de placer. Kagome recibió éste caliente líquido con una sonrisa de absoluta satisfacción, con una expresión de perfecta armonía. Sentirlo resbalar por sus paredes, correr hacia su entrepierna y salir de su cuerpo fue incluso obsceno.

Pero Inuyasha aún seguía dentro. Los latidos rítmicos atenuaron, para darle paso a leves palpitaciones que solo avisaban de la nueva y prominente erección.

-¡Ah, Inuyasha! – susurró Kagome, sensualmente- ¿nunca te agotas?

-Mmm… tal vez algún día… - sonrió mientras sus blancas orejas se movieron hacia un costado- pero no ahora, preciosa… ahora todavía quiero más…

-Pero yo estoy tan cansada… - murmuró con los labios curvados en una sonrisa feliz- tan agotada…

-Entonces… -dijo, mientras tomaba ambas finas muñecas en una de sus manos, y, rodeándola por la cintura, la giraba a toda velocidad- entonces… solo quédate quieta con las piernas bien abiertas, y deja que yo lo haga todo…

-¡Inuyasha! – quiso gritar, pero se vió sofocada por un demandante beso que exigía una batalla con su lengua

-Solo quédate quieta – volvió a decir con voz ronca. Todavía la sujetaba al suelo por las muñecas, y con las caderas- déjame gozar esto…

-Pero yo… ¡ahhh! – el largo gemido acompañó el momento justo en el que el hanyou la penetraba de un solo golpe…

-¿Te quedarás viéndonos toda la tarde? – dijo de pronto, con voz baja el muchacho, sin dirigirse a ningún lado, y sin dejar de moverse- ¿Qué quieres?

-¿Con quien hablas, Inuyasha? –Los ojos canela se abrieron desmesuradamente para voltear alrededor- ¡¡Por Kami!!

Lo encontró sentado junto a la carpa, de frente a ellos en un silencio extraño. Había llegado poco antes, justo durante el orgasmo de aquellos, buscando a su hermano menor. Al encontrarlos así, decidió esperar a que acabaran. Y se sentó. La expresión de su imperturbable rostro era de pura diversión. Acomodado tranquilamente sobre un banco de respaldo inclinado, tenía las piernas cruzadas y el mentón recargado en su puño derecho.

-La hembra está agotada, híbrido idiota- la voz era modulada, baja y casi podía decirse que educada- deberías dejarla reponerse un rato…

-No te metas, inútil presuntuoso – las arremetidas contra la entrepierna femenina se arreciaron- yo sé lo que hago…

-¿Necesitas ayuda, estúpido?- Sesshoumaru se enderezó, haciendo gesto de que iba a levantarse

-¡No!- gimió Kagome, asustada- ¡Inuyasha…!

-No – respondió el hanyou, contento de oírla- no… solo… déjame… en paz…

-Bien, te dejo pues. De todas maneras eres un bruto – pero la media sonrisa que dejó escapar se le contagió al muchacho- ¡Acaba de una buena vez, que tengo que hablarte!

-Yo acabaré cuando quiera – con una fuerte embestida, logró que Kagome soltara un quejido extasiado muy a su avergonzado pesar- ¡espérate!

Sin previo aviso, abusando de su excesiva fortaleza, levantó a la humana, sin salirse de ella. Halando una blanca pierna hacia arriba, la hizo girar en él, hasta ponerla boca abajo, apoyada en el suelo con las manos y las rodillas. Con la misma facilidad, la tomó por los muslos para obligarla a separarlos otro poco, y con la diestra, empujó la delicada espalda, para que apoyara los pechos en el suelo.

El rostro de Kagome ardía, al saberse contemplada ampliamente por su cuñado mientras era usada por su esposo. Si movía un poco la cara hacia un lado, encontraba los dorados ojos de Sesshoumaru, posados sin piedad en su entrada recibiendo el miembro del hanyou. No quiso ni imaginarse que estaría pasando en esa cabeza, tras ese gesto indescifrable.

Muy a su pesar, los nuevos movimientos de Inuyasha en su interior, profundos, empujando hacia arriba, y con los testículos golpeando sus labios y su clítoris, no pudo evitar el advenimiento de un nuevo orgasmo. Trató de distraerse, trató de evitarlo.

¡Por Kami-sama!

Trató de evitar que su cuñado la viera correrse…

-¡Inu… ya… sha…!- simplemente no pudo. Al contrario, éste clímax fue particularmente violento- ¡No… puedo…!

-¡Eso es, Kagome! – un alborozado Inuyasha acometió con más ímpetu, ante la mirada orgullosa del mayor- ¡termina!...

La tomó con violencia de las caderas, jalándola más hacia él, como si pudiese meterse todavía más en la estrecha y terriblemente mojada cavidad. Lentamente salió casi por completo, para luego arremeter con salvaje fuerza, topando en el fondo de la mujer, golpeando sus nalgas, y eyaculando con mucha intensidad…

Persistieron unos momentos los espasmos eyaculatorios, mientras toda la semilla restante era arrojada intermitentemente dentro de la caliente vagina. Kagome perdió toda la fuerza en las piernas, dejando que se resbalaran por la manta, sin preocuparse ya más por cerrarlas, o por cubrirse. El semen de su esposo salía de ella en grandes cantidades, mojándola y manchando la cara interna de sus muslos, y la misma manta.

-¿De que querías hablar?- se sentó descuidadamente junto a ella, mirando a Sesshoumaru- ¿Ocurre algo?

-Padre quiere que hagas un viaje de presentación por las villas – comentó sin dejar de verlo a los ojos- y quiere que lleves a tu mujer…

-¿Y eso?

-Ahora que todos los requisitos han terminado, quiere que todo el pueblo la conozca, no solo las ciudades principales –Sesshoumaru recargó los codos en las rodillas- y quiere llevarla a las tierras de los Príncipes Lobo…

-Kouga… ese maldito lobo sarnoso…

-Nuestro primo- completó el youkai- tiene que conocer a tu mujer… es parte de la familia también.

-Bien… bien- dijo con sarcasmo- ¿Y para cuando sería eso?

-Para mañana – el youkai se puso de pie y se abrió paso entre los diáfanos cortinajes- salen mañana al mediodía…

-¿Tu no vas? – el desconcierto en los ojos ambarinos del muchacho se reflejó sin querer- ¿Sesshoumaru?

-No, Inuyasha – repentinamente se olvidaron de la mujer desnuda entre ellos- no iré. Debo quedarme a administrar el lugar. Pero no debes preocuparte de nada…

-No estoy preocupado…

-Una sola cosa quiero pedirte, Inuyasha…

-Dime…

Kagome fingía dormir, impactada con lo que estaba descubriendo. La extraña y fraternal forma en que se hablaban esos dos machos… era ¡increíble!...

-Haz que en el séquito de tu mujer vaya… ella…

-Claro hermano… ¿Supongo que sin preguntas?

-Por favor, ötoto – el tono del youkai era inusitadamente dulce- solo hazlo…

-Ya te dije que sí – el hanyou se levantó lenta y perezosamente- no te inquietes…

-Bien… - el mayor se acuclilló muy cerca de la mujer tendida. Sonrió maliciosamente- ¿Hermana?

Kagome no sabía si seguir fingiéndose dormida o abrir los ojos…

-Hermana, sé que no duermes…

-Eh… -parpadeó un tanto apenada

-Kagome- la voz distante del youkai la hizo mirarlo a los ojos… y soltar un gritito asustado

El Inuyoukai introdujo dos dedos entre las piernas de la mujer, entre los pliegues y en su entrada. Los movió lentamente, como si tomara algo.

Cuando los sacó, ante los ojos muy abiertos de la humana, extrajo consigo una cantidad de la blanca semilla del hanyou, quedando por un momento unidos por un hilo blanco y delgado como un puente entre sus dedos finos, y la delicada entrepierna. Se miró los dedos con detenimiento…

-Abre la boca, hermana- llevó la mano al rostro de la joven- tómate esto…

Dicho eso, Kagome recibió en su lengua lo que Sesshoumaru tomó, haciéndola lamerlo y tragarlo. Una sonrisa satisfecha adornó ambos rostros masculinos…

-Siempre debes comer un poco, hermana… - Sesshoumaru volteó hacia el muchacho, para reconvenirle con la mirada- siempre debes llevar el olor de tu marido, hasta en el aliento…

-Sí… yo… -Kagome se tranquilizó al comprender el significado de la acción del youkai- sí, hermano, no lo olvidaré…

-Buena chica – el macho le acarició levemente la cabeza- y ahora… no le digas a nadie, jamás, lo que acabas de atestiguar (no hubo que explicárselo, ella supo de inmediato)… o tendré que matarte…

-¡Sesshoumaru! – pero Inuyasha reía

-¿Queda claro? – la mirada psicópata no dejaba lugar a dudad

-¡Sí! – gritó ella- sí… lo juro…

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La imponente belleza enfundada en una cantidad indefinible de valiosas prendas, y coronada con un peinado tan complicado y lleno de adornos, que solo tener la cabeza erguida debía costar lo suyo, caminaba tranquilamente por los pasillos del jardín principal en espera de ser llamada para subir al carruaje y partir al viaje programado.

Toda su cohorte de damas de compañía se movían tras ella y alrededor de ella, entre risas y conversaciones en las que la hermosa pelinegra no participaba, aunque las miraba con cierta ternura. Seguía en silencio, pensando. De hecho, desde ese imposible día anterior en que conoció un lado de su demoníaco cuñado, tan increíble que no podía sino dudar que pasara, seguía pensando…

¿Acaso no todos decían sin ánimo de duda, que ése príncipe en particular era poco menos que un monstruo de piedra?

Bueno. Para hacer honor a la verdad, Inuyasha, su esposo, jamás hacía mayores comentarios. Ni negaba ni aceptaba nada. Las contadas (muy contadas) ocasiones en que los vio juntos, las "conversaciones" (si es que de algún modo iba a llamarlas) eran meramente un intercambio ridículamente formal de oraciones, salpicadas de no poco sarcasmo por parte de ambos varones, y una pizca de desprecio en el tono del mayor. Y de pronto se encontró con… eso… con… vamos… ni siquiera tenía forma de llamarlo…

Y lo peor de todo, que ni siquiera quería pensarlo seriamente, debido a la amenaza nada sutil del susodicho. Lo que la asustaba más, era que su Inuyasha no hubiese dicho nada para impedirlo…

Estaba de acuerdo…

Y sin embargo, el día anterior los había escuchado hablarse con… ¿Cómo definirlo?... ¿afecto?... ¿Camaradería?... no… ella pudo sentir algo más… algo más profundo… ¿amor?... sí, probablemente eso fuera. Pero ahí comenzaba el dilema…

Un macho delicado y cuidadoso durante el Kah-Astarté. Una cosa que contrastaba con todo… incluso con lo que Inuyasha le había advertido. Aunque lo que ocurrió esa tarde sí que la dejó totalmente confundida…

Ahora, sentada entre los macizos de flores, bajo la sombra de los árboles, y rodeada de damas, no podía sino sonreír. Y al mismo tiempo, preocuparse. Paseó los ojos por el lugar, deleitándose con las vistas. Pero algo dentro de ella la urgió a regresar a su habitación, a su pequeño palacio privado… a su hogar con Inuyasha.

Tan pronto como llegaron a la estancia principal, descubrieron que el príncipe inuyasha se encontraba ahí, caminando tranquilamente de un lado a otro, mientras leía y releía unos pergaminos con pinta de ser caros… Levantó los dorados ojos, y las miró a todas, deteniéndose un momento, con un chispazo de un sentimiento profundamente escondido saliendo de sus topacios, en cuanto se enfocó en Kagome. Bellísima. Aunque la encontraba aún mas deliciosa desnuda… con el negro y suave pelo suelto, y el rostro limpio como el de una niña…

Permanecieron unos instantes así, solo de pie. Desde el Kah-Astarté, Inuyasha parecía mirarla con más interés, tocarla con más intensidad. O al menos, eso sentía la joven. Y, contra todo lo que antes pensara, Inuyasha sabía que ahora era totalmente suya. Su mujer. Y eso lo conmovía…

-No me gusta ese peinado – dijo, sin pensar- voy a quitártelo…

-Bueno, a mí tampoco – se llevó una blanca mano a la cabeza, tocando algunos de los adornos de oro- pesa mucho… pero no puedes quitarlo aún…

-¿Y por que no?

-Por que ya estoy preparada para salir… y éste peinado es para lucirlo en el viaje…

-Bueno, en primer lugar, no me gusta nada – el macho se encaminó a ella, ante las miradas horrorizadas de las damas de compañía- y en segundo… no llegaremos a ciudad alguna antes de mañana, así que de todas maneras nadie verá ése ridículo peinado, y al anochecer te lo quitarán y tendrás un fuerte dolor de cuello por ir sosteniéndolo estúpidamente durante toda la tarde...

-Pero… ¿y tu padre?

-A mi padre le gusta el pelo largo, suave y suelto – el hanyou le dedicó una sonrisa burlona- ¿de donde crees que heredé el gusto?

-Bien –Kagome se lo pensó, y tuvo que reconocer que tenía mucha razón- entonces… me lo quitaré.

Sango fue la primera en correr hacia su joven ama, y comenzar a quitarle las innumerables peinetas y broches. A ella tampoco le gustaba, y le pareció de lo más correcto que el amo le exigiese a su mujer deshacerse de aquella barbaridad.

Salieron avanzada la tarde, y al llegar la noche, no llevaban demasiado camino recorrido.

En el palacio, otra cosa se gestaba, aprovechando las favorables circunstancias.

Afuera, entre los soldados que se quedaron, un apuesto castaño de largos cabellos, miraba con ansiedad mal disimulada hacia el palacio de las concubinas. De pronto, una silueta borrosa se deslizó entre las sombras, desde una de las altas ventanas. El soldado hizo un raro sonido, que le fue respondido a distancia.

Una joven muy bonita, de cortos cabellos negros, salió de entre la espesura. Ambas siluetas se encontraron en la oscuridad…

-Señorita Kikyo – dojola joven recién llegada…

-Tú debes ser Yura – susurró la aludida, con la locura brillando en sus ojos chocolate- ¿Yura de los cabellos?

-Sí…

Y envolviendo a la concubina en un morral de tela basta, la jaloneó un poco, y la subió a su hombro. Kikyo comenzó a gritar en cuanto la chica le hizo la señal convenida…

Todo un despliegue de seguridad comenzó a dar la alarma.

¡¡Una de las concubinas había sido robada!!

A los que me leen: ¡Gracias muchas gracias!!

Y acá comienza una odisea… no teman, nuestra Kagome es muy fuerte y valiente…

Un beso a todos!! Y espero que les lleguen mis mensajes. He intentado contactarlas a todas por sus mails, pero no he obtenido respuesta alguna!!