Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.


Todo parecía confabularse en su contra, justo cuando pensaban que las cosas no podían ponerse peor, Holly Vega estaba en la sala de su casa, en su sillón favorito.

Estaba presenciando un evento que jamás en la vida pensó posible.

—Sonya —saludó fríamente.

—Holly —respondió nerviosa y girando su vista hacia Jade, le pidió que hablara con su papá para decirle que «estaban en camino». Todo era un código para que lo llame de urgencia y le informe sobre el giro de los acontecimientos.

—David no sabe que estoy aquí —dijo la mujer en voz baja, como si tuviera miedo a ser escuchada—. Me mataría si se entera que vine, pero necesito ver a Tori.

Las mujeres no sabían qué hacer o decir, un: «tu hija huyó de casa ayer y no tenemos ni la más mínima idea de donde puede estar», no era la respuesta más sabia al momento.

Jade buscó de entre sus contactos el número de su padre y presionó el botón para llamarlo; era evidente que no iba a lograr llegar en los siguientes cinco minutos. La situación se sentía tan incómoda, que prefirió salir de la sala para hablar con mayor libertad.

—Holly —dijo Nya, tomando unos segundos para continuar, buscando el valor para explicarle lo sucedido—, Tori no se encuentra aquí.

—¿Saben dónde está? —pregunto la madre sin preocuparse—. Me gustaría verla y pasar un rato con ella, antes de que su padre regrese de su juego de basquet. —La mujer se puso de pie y colocó su cartera al hombro, esperando que le dieran una referencia y salir en busca de su hija.

—Holly…, creo que será mejor que te sientes. Hay algo de lo que tenemos que hablar —dijo Sophie tomando la iniciativa, su esposa parecía una estatua de piedra.

—¿Pasa algo? —preguntó, dándose cuenta de cuan tensas se encontraban ambas mujeres—. ¿Dónde está Tori?

No había momento más incierto que ese, tanto Sophie como Nya sabían que lo mejor sería decirle la verdad, pero temían que todo el infierno que desatará.

—La tarde del viernes, Tori dejó la cafetería en su receso y huyó de casa… No sabemos a dónde fue —explicó la pelirroja lo más calmada que pudo pero sus manos le temblaban y su voz se cortaba al hablar.

La madre palideció de inmediato. Sintió un hormigueo en el cuerpo y una impotencia que pronto se convirtió en pura ira. Sus gritos llenaban la casa y nadie se atrevió a contradecirla. Ambas entendían perfectamente lo grave de la situación, si ellas estaban así de preocupadas por la desaparición de su sobrina, ¿cómo podría estar su madre?

—Papá, apresúrate —le suplicó Jade, escuchando los gritos desde el jardín—. Al parecer ya se enteró de todo y está muy molesta.

—Estaré ahí pronto —respondió Stephan y colgó la llamada. Al entrar a la sala, Jade escuchó reclamos e insultos y comenzó a alterarse y a perder la poca paciencia que, para ese entonces, tenía. Quería salir a buscar a Tori, no perder el tiempo con una interrupción.

—¡¿No te bastaba influenciar a mi hija hasta que se vuelva lesbiana?! ¡Además, tenías que perderla! —gritaba la mamá de la latina a las dos personas que la habían acogido y que no abrían la boca para defenderse—. ¿Quién sabe dónde está? ¿Doónde diablos pasó la noche? ¡Si está viva o muerta!

—¿Qué diablos le pasa a usted? —gritó Jade, interrumpiéndola. La mujer se detuvo de inmediato sorprendida de que una chiquilina le alzara la voz de esa manera.

—Jade, no… —Nya trató de detenerla, pero por Dios, es Jade West, ella hace lo que quiere y en ese momento solo quería ver el mundo arder.

—¡No! —gritó nuevamente alzando la palma de su mano en dirección a su antigua jefa, sin cortar mirada con Holly Vega—. Ustedes la echaron de casa, la abandonaron, la ignoraron… ¡La dejaron en la calle! —exclamó mientras las tres mujeres la escuchaban sin decir una palabra—. Usted ni siquiera pudo enfrentar al idiota de su esposo para proteger a su hija… ¿y así se atreve a reclamar a las dos mujeres que le abrieron las puertas para que no tuviera que dormir en la banca de un parque o prostituirse en una esquina?

—Jade, cariño… —Sophie intentó hablar durante una pequeña pausa de su discurso, pero no, fue callada por más reclamos de la adolescente.

—Tori sabe que ustedes se deshicieron de sus cosas, de sus fotos, de sus recuerdos, ¡de todo! Se siente rota, odiada y abandonada… Y eso… eso no es culpa, ni de Nya, ni de Sophie, es culpa de ustedes, ¡de sus padres!, porque hasta la inútil de Trina ha hecho esfuerzos por estar pendiente de su hermana, pero ustedes dos… bien podrían ser los papás de Cujo, les importa un comino su hija.

Nya hizo todo el esfuerzo posible por no mostrar la sonrisa que se le marcó al escuchar esa última frase.

—¡Mira quién habla, Jade! —reclamo la madre indignada de que le sacara en cara sus fallas— Pero ¿quién eres tú para hablar sobre tratar bien a Tori? ¿Acaso no pasaste dos años de tu vida fastidiando a mi hija? ¿Acaso no le tiraste café en la cara el primer día que la conociste?

—¡Yo-no-soy-sus-padres! Yo no tenía la obligación de protegerla, ni de apoyarla. En ese tiempo, ni siquiera éramos amigas, así que no me salga con su alta moral y cómo yo le arruiné la vida a su hija, porque lo que yo hice no se compara con lo que ustedes fallaron en darle.

—Voy a llamar a David —dijo Holly tomando su celular. No tenía nada más que refutarle a la chica que acababa de ponerla en su lugar de tan mala manera, odiaba ser aleccionada por una niña de diecisiete años y quería encontrar a su hija.

—Hace quince minutos estaba temblando con la posibilidad de que se entere que había venido a verla, ¿y ahora va a llamarlo para que la ayude? —preguntó irritada la adolescente—. Usted sabe muy bien que a su esposo no le interesa su hija lesbiana. ¿Qué van a hacer, eh? ¿Internarla en algún lugar?

—¡Jade! —la reprendió Nya con un ligero movimiento de cabeza, no quería que le empiece a dar ideas a su cuñada.

—¡Es la única forma de salvar a nuestra hija!

—¿Salvarla? —preguntó Sophie sin entender, a qué había ido Holly a su casa, ¿qué quería hablar con Tori?

—¡Tori no es lesbiana! —grito la madre mostrando la impotencia que sentía—. ¡Es mi hija y mi pequeña no es así!

—Holly, ¿a qué viniste? ¿Qué querías con Tori? —preguntó enojada Nya, todavía dudando de lo que había escuchado. Tal parece que el papá de Jade tenía razón, querían lavarle el cerebro a su sobrina, querían secuestrarla y forzarla a un tratamiento fútil contra su voluntad.

—Vine a convencerla de que venga conmigo y deje estas cosas atrás.

—¿Estas cosas? —preguntó la tía empezando a molestarse con su visita.

—¡Sí, esta novelería de ser homosexual!

—Creo que es mejor que te vayas, Holly.

—Esta es culpa tuya Sonya, regresaste enferma de Paris y contagiaste a mi hija… ¡Mi hija! —se quejó señalándola con el dedo, tenía el cuerpo rígido, estresado y sentía un gran deseo de acercarse y romperle la cara de una bofetada a su cuñada—. ¿Con qué derecho le metiste «estas cosas» en la cabeza? ¡No es tu hija, es mía!

La pareja se quedó atónita ante tal aseveración. Nya jamás pensó que la culpaban de esa manera, que ella era la causante de todo en los ojos de su hermano y su cuñada.

—Déjeme decirle que es la mujer más estúpida que he tenido el desagrado de conocer —dijo Jade contestando a lo que había acabado de oír, llamando la atención de las tres mujeres en la sala—. La homosexualidad no se aprende, ni se decide; no es una enfermedad. ¡Por Dios, ¿quién es usted?! ¿Dónde está la familia que todos envidiábamos? Los padres abnegados y cariñosos de Tori? ¿Dónde? —Esperó dos segundos por una respuesta, pero Holly no le dio ninguna.

Jade había escuchado lo triste que estaba la morena por todo esto y como extrañaba a su familia, a los padres que recordaba, a su hermana, a su hogar. Pero ¿qué mierda extrañaba, si esto era lo que tenía esperándola? Unos padres intolerantes, un lugar lleno de odio y reproches. Un centro de rehabilitación que no necesitaba.

Todo le cerraba entonces, Tori no tenía nada; no tenía a su familia, esa idea terminó el día que salió del closet; no tenía a sus amigos cerca, la única que lo sabía era Cat y estaba muy lejos; tenía miedo de que lo que le pasó en casa, le pase en la escuela… y con justa razón; lo que había vivido era horrible. A eso sumarle vivir en una casa en la cual no se sentía cómoda porque pensaba que era un estorbo.

«Si pudiera cambiar quién soy lo haría, porque no me ha traído nada más que problemas. Odio ser gay, ¡lo odio!», recordaba las palabras tan sentidas que había escuchado el día anterior y lo entendió… por eso se marchó, ya no tenía nada que perder.

—Sus palabras solo demuestran su ignorancia, su falta de sentido común y su odio. Por suerte ninguna de esas cosas es hereditaria —dijo Jade finalmente.

—Yo no odio a mi hija —contestó entre dientes—. Quiero que tenga oportunidades y una familia. Quiero que sea feliz y no que se refugie en una mujer por su miedo a fracasar con un hombre.

—¡¿QUÉ?! —contestaron las tres al mismo tiempo.

—¡Quiero a mi hija de regreso! A mi dulce Tori, a mi hija normal y sana.

No podía creerlo, simplemente no podía.

Miró a Nya y a Sophie con las manos en la frente y una pena terrible de cada cosa que escuchaban de esa mujer.

"¿Cómo aguantan tanto insulto, tanto disparate? ¿Por qué no la mandan al diablo?"

—Pff, yo me largo… —dijo la adolescente tomando su bolsa y sus llaves del auto.

—Jade, espera —dijo Sophie poniéndose de pie y siguiéndola a la puerta—. Tú papá debe estar por llegar. Quédate.

—Lo siento, no lo esperaré. —Agarró el picaporte y lo giró mientras decía—: Tengo que ir a buscar a «mi novia» y ya me harté de escuchar incoherencias.

—¿Su qué? —pregunto Holly mirando a Nya que no supo que decir, también eran noticias para ella. Hasta para Jade, que cerró la puerta a sus espaldas y se apresuró al automóvil para emprender camino a Fresno.

"¿Mi novia?, qué diablos, Jade".

Pregunta que se hizo durante casi todo el trayecto.

—¿Qué hora es? —se dijo a si misma saliendo de la última cafetería a la cual había entrado a preguntar por información sobre la morena. El viaje se le había hecho eterno, más que nada porque paraba en cada restaurante o estación de gasolina del camino.

—Sacó su celular y se dio cuanta de que, primero, no tenía la más mínima idea de la hora y segundo, su teléfono había muerto hace quién sabe cuanto tiempo. Ahora entendía por qué su papá no había intentado contactarla, después de todo, le habían dicho claramente que no saliera de la ciudad sin la compañía de un adulto y ella estaba segura de haber cruzado ya dos condados.

No había rastro de la morena, todo indicaba que había viajado directo a su destino final.

Tanto Fresno como San Francisco eran ciudades grandes, con muchos lugares donde ocultarse. Podría pasar desapercibida, buscar trabajo fácilmente y continuar su vida.

De las dos, Fresno parecía la mejor opción, aunque en San Francisco Tori tenía a Max, podía estar con ella. Es decir, es su ex, la conoce; le tiene confianza y…

"No, no, no, no está ahí. Por su culpa se supo todo, la traicionó, no se iría con ella… ¿o sí?"

Necesitaba usar su celular para buscar a Max en la página de Facebook y encontrar algún indicio de donde vivía. Si no tenía éxito en un par de horas más, podía continuar el viaje directo allá y asegurarse si albergaba a la latina o no.

Manejó hasta el siguiente poblado, lo bueno de esa vía era que, pequeños pueblos quedaban a minutos de distancia y ella necesitaba encontrar un lugar donde comprar un cargador para su teléfono, llenar el tanque de gasolina y tal vez comer algo.

La localidad era muy pintoresca, con casas estilo sueco, hechas de adobe y vigas vistas de madera. Tranquilo, con las calles muy limpias y un ambiente relajado, hasta podría decirse que le daba una sensación muy hogareña el estar ahí.

Parqueó frente a un local de tecnología y estiró un poco las piernas. "Más de cuatro horas de viaje", pensaba al ver un gran reloj a través de la ventana del restaurante contiguo, ya era casi la una de la tarde.

Veía a la gente pasar y se imaginaba, ¿qué podía hacer Vega en Fresno? Si ella huyera de casa lo más seguro es que terminaría yendo a Nueva York para buscar trabajo en algún teatro o en algo que le apasionara. Pero ¿qué tipo de trabajo podría encontrar la latina en la ciudad a la que iba? Ningún otro que de mesera o tal vez de obrera en una fábrica o trabajadora de alguna granja. Nada que ver con el espectáculo.

Qué no daría por estar en su cabeza unos segundos y entender su lógica. Predecir a donde podía ir, que pensaba hacer en el futuro para poder encontrarla.

—Hola, ¿estás bien? —le preguntó un hombre de aproximadamente unos sesenta años de edad. Tenía el cabello muy blanco, así como su piel; estaba arrimado en la puerta de la tienda y llevaba observándola, por lo menos, unos cinco minutos.

—Sí, es más… vengo a comprarle un cargador de teléfono —dijo la chica regresando de sus pensamientos y tomó su aparato. Entró al local y oyó una campana sonar cuando la puerta se cerró detrás de ella.

—Espero que esa vieja campana no te haya asustado.

—Lo siento, estoy un poco nerviosa y cansada… y con hambre —respondió Jade posando sus antebrazos sobre el mostrador mientras esperaba que el dueño del local saque el cargador de la caja para probarlo. También le vendió un novedoso estuche que incluía internamente una batería cargada al cien por ciento, para que pueda usar su teléfono inmediatamente, sin conectarlo a la pared.

—¿Puedo preguntar de dónde vienes? Es una ciudad pequeña y nos conocemos entre todos y no te había visto antes por aquí.

—Estoy de paso, vengo de Los Ángeles pero necesito llegar a Fresno —respondió Jade sacando el dinero para pagar.

—¿Acaso hay una árbol milagroso en esa ciudad o algo así? —preguntó el hombre con curiosidad—. Eres la segunda chica que pasa por aquí en estos días con la misma trayectoria.

"¡Tori!", pensó rápidamente y se apresuró a sacar la foto que tenía guardada en su bolsa.

—¿Tal vez es esta la chica que vio?

—Sí, es ella… Tori, si no recuerdo mal.

"¡Dios, estuvo aquí!".

—Es muy bonita —mencionó devolviéndole la foto—. Pero esa noche no se veía tan feliz como en la foto.

—¿El viernes? ¿A qué hora estuvo aquí? ¿Le dijo a dónde iría?

—¿Por qué la buscas? —preguntó dudando en darle más información, el hombre definitivamente se estaba reservando algo.

—Huyó de casa y todos estamos muy preocupados. Necesito encontrarla…

—¿Eres su familia?

—Mire señor, no quiero ser grosera pero lo seré si no empieza a hablar. Sé que se está guardando algo. Si sabe dónde está, será mejor que me lo diga.

—Así que tu eres… ¿Jade?

"¿Le habló de mi? ¿Quién diablos es este viejo? ¿Dónde está Tori?", pensó poniéndose muy tensa, que tal si este hombre le había hecho algo, uno nunca sabe con quién está hablando. "¡Mierda, papá tenía razón… Debí venir acompañada".

—No te pongas nerviosa, te contaré lo que sé —dijo el dueño moviendo dos sillas a su lado y haciendo un gesto para que se sentara.

—Así estoy bien —respondió la joven que sospechaba del hombre; y en menos de unos pocos segundos pensó más de diez formas de salir de ahí si algo llegaba a suceder. ¿Qué había hecho yendo sola a ese lugar?

—Como prefieras —respondió y tomó asiento—. El autobús en el que viajaba se averió, así que todos los pasajeros aprovecharon para bajar y comer algo en la ciudad mientras arreglaban la llanta ponchada del vehículo. Tori se sentó aquí en frente, en la banca y no dio señales de vida por alrededor de unos cinco minutos —le contaba con calma, pero Jade no bajaba la guardia—. Se mantuvo ahí, sin decir una palabra o moverse. Ví lágrimas correr por su rostro y no pude evitar acercarme.

—¿Y qué le dijo?

—Al principio nada, no quería hablar. Me pidió que la dejara sola y yo lo hice. Media hora más tarde anunciaban a los pasajeros que el bus estaba completamente descompuesto y que llamarían a una unidad nueva para que los recoja. Demoraría aproximadamente cuarenta y cinco minutos en llegar por ellos.

Jade lo escuchaba atenta y precavida de salir corriendo si esto se tornaba una historia de terror. "Los idiotas de esas películas mueren porque nunca huyen cuando deben hacerlo, tal vez ya debí haber huido".

—Saqué un cartón de leche y unas galletas para que comiera algo, me imaginé que no lo hacía porque tal vez no tenía dinero, pero ella se negó. Me dijo que no tenía hambre y que solo esperaba el bus para llegar a Fresno.

—¿Le dijo que haría allí?

—No, pero le pregunté por qué lloraba y me dijo que había defraudado a alguien muy importante y que no tenía sentido seguir viviendo en Los Ángeles. Que lo que había hecho, nadie se lo perdonaría, que tenía que salir de ahí y dejar a los demás ser felices.

—Vega… —susurró Jade con frustración.

—Finalmente le dije que errar es de humanos y que igual lo es el perdonar y me dijo: «usted no conoce a Jade, ella no perdona, su carácter y su orgullo jamás se lo permitirían».

Jade negó y suspiró sin saber que decir.

—No sé que pasó entre ustedes, pero tu novia está muy enamorada de ti, ¿sabes? —dijo el hombre levantándose de su asiento y retirando el que nunca usó la joven.

—¿Cómo sabe que… está enamorada de mi? —preguntó Jade sorprendida, acaso le había dicho algo más.

—Reconocí su tristeza y sus lágrimas, era como mirarme al espejo, pequeña. Aún lloro así cuando pienso en mi esposa —respondió con seguridad— Tori te ama.

—Genial… ni siquiera sé donde está.

—Tal vez puedan darte más información en el Motel del Este.

—¿Disculpe? Pensé que me había dicho que había viajado en el bus de reemplazo esa noche.

—No, le pregunté si tenía donde quedarse cuando llegara a Fresno y me dijo que no, que tenía que buscar un hotel al llegar —mencionó sacando un papel y anotando algo mientras seguía hablando—. Le sugerí que fuera a uno de los moteles de la ciudad y viaje en la mañana. Fresno es una ciudad grande y puede llegar a ser peligrosa en la noche, mucho más para alguien que no la conoce —dijo entregándole el papel con la dirección del lugar—. Tal vez ahí te den más información.

—Gracias, muchas, muchas gracias.

—Cuídate Jade… y suerte encontrando a Tori.

Ella asintió mientras salía del lugar y subió a su auto apresurada. Conectó el teléfono para buscar la dirección en el GPS y apenas la pantalla se prendió, recibió una llamada de su padre.

—¡Jade, ¿dónde diablos estás?!

—Papá, estaba camino a Fresno, pero…

—Te advertimos con mamá que no tenías permiso de salir de Los Ángeles…

—¡Para, creo que tengo una buena pista de Tori! —Interrumpió a su molesto padre para darle las noticias.

—¿La encontraste?

—No aún pero un hombre habló con ella el viernes y cree que pasó la noche en un Motel cerca de aquí.

—Hija, por favor no vayas sola a ese lugar.

—Papá, estoy muy cerca. Preguntaré por ella y si me dan alguna pista iré a buscarla.

—Jade, escúchame —dijo finalmente Stephan, tratando de calmar la emoción de su hija—. Necesito que regreses a Los Ángeles.

—¿Qué? ¿No acabaste de oír lo que dije?

—Te lo voy a repetir por una última vez. ¡Regresa en este instante a casa!

—¿O qué, papá? ¿Me castigarás por el resto de mi vida? ¿Me sacaras del colegio que tanto odias? ¿Me forzarás a trabajar en tu firma de abogados? ¿Qué?

—Hija, es peligroso. Solo regresa —insistió su padre, bastante preocupado por su seguridad.

—No, tengo que encontrarla antes que sus padres. Tengo que pedirle que vuelva para que Nya y Sophie pidan su custodia y no la fuercen a ir a esos centros de los que hablaste.

—Jade, hablamos con calma con Holly. Le expliqué con hechos la situación y está de acuerdo en que debemos encontrarla antes de que David se entere de todo —explicaba Stephan lo que había acontecido en su ausencia—. Así que ella misma habló con el juez para pedir un amparo legal y concederle la custodia temporal a Nya y Sophie. Siendo un caso de emergencia estoy seguro de que la solicitud será tramitada entre hoy y mañana.

—Eso es muy bueno papá, pero de que sirve si no la encontramos.

—Una vez que todo esté solucionado con el juez, podrás organizarte con Nya para ir a buscarla.

—No, lo siento —respondió la joven firme a su decisión—. No voy a perder el tiempo regresando a Los Ángeles y esperar a que todo se resuelva solo. Voy a buscar a Tori.

—Jade…

—Te avisaré si hay novedades. —La muchacha colgó la llamada y apagó el aparato para evitar ser rastreada.

Sabía que estaba arruinándolo todo con sus padres, pero en ese momento lo único que le importaba era en encontrarla y pedirle que regrese a casa. Nada más, cualquier consecuencia que su decisión trajera, era mínima en comparación a no volver a verla.

Llegó rápido al lugar, no estaba tan lejos, era realmente una ciudad muy pequeña.

El Motel era en realidad un conjunto de edificios pequeños con una piscina en medio, parecía un diminuto resort vacacional, se veía muy bien cuidado y arreglado.

Entro en la recepción y se encontró con una mujer rubia de no más de cuarenta años que le dio inmediatamente la bienvenida.

—Hola, estoy buscando a una joven que pasó por aquí el viernes en la noche —dijo entregándole la foto de Tori.

—Oh, sí, la recuerdo bien. Pero no se hospedó aquí —dijo la mujer devolviendo la foto— Teníamos el lugar repleto.

—Entiendo. —Exhaló Jade muy fuerte—. Tal vez le dio la referencia de otro lugar donde se podía hospedar.

—No, lo siento. Me pidió que la ayude llamando un taxi que la llevara a la estación de buses.

—Debe haber viajado a Fresno esa noche entonces —dijo Jade en voz alta pero para si misma—. Gracias de todas formas.

—No tienes de qué.

Estaba ya por salir de la oficina y dio media vuelta preguntando donde podía encontrar una gasolinera, todavía estaba andando casi sin una gota en el tanque, en cualquier momento se quedaría varada por ahí.

—Baja dos cuadras y a la derecha te encontrarás con la estación.

Jade volvió a agradecer y se marchó directo a la gasolinera.

—Deme una bolsa grande de papas fritas y dos gaseosas de medio litro. También un café negro y cóbreme el tanque lleno, por favor —dijo al chico que atendía la micro tienda de la estación, alcanzándole un billete de 20 dólares.

—Aquí tienes —dijo entregándole todo en una bolsa negra junto con el cambio.

—Una pregunta, ¿tal vez has visto a esta chica? —preguntó enseñándole la imagen mientras bebía de un sorbo su café.

—Se acaba de ir hace no menos de cinco minutos.

—¡¿Qué?! —gritó regando su bebida sobre el mesón. "¡Vega está aquí, todavía está aquí!".

—Sí, pasa por aquí comprando algo de comer todos los días, bueno, los últimos tres o cuatro días —dijo el joven limpiando con un trapo el café desparramado.

—¿Y has visto por donde se va?

—Siempre cruza la calle y sigue recto hasta la esquina, luego baja para la calle principal.

—Gracias… y perdón por eso —dijo mientras corría con las compras a su auto y salía disparada a buscar a la morena.

Estaba ahí, cerca muy, muy cerca; y pensar que estuvo a punto de no entrar a comprar nada, quería emprender viaje lo más pronto posible, pero el hambre la venció.

Bajó lento por la calle que le mencionó el muchacho y no la divisó. Pero se encontró con un letrero que decía: «Motel del Oeste», debía estar ahí.

Entró al estacionamiento para parquear su auto y dirigirse a la recepción, pero no le hizo falta… ahí estaba, a lo lejos, entrando a una de las habitaciones del tercer piso del edificio.

La latina no la vio, pero Jade ya sabía donde estaba.

"Tori… te encontré… te encontré".


Nota de autor:

Juas, juas, juas, juas, juas. Hoy es domingo y ya sé, prometí un capítulo el jueves, pero pasaron dos cosas:

1. El fic pasó lo 100 reviews… ¡ehhhh! Gracias a todos ustedes que leen y me han dejado sus apreciaciones, no tiene idea como disfruto de leerlos y además lo mucho que me motivan a seguir inventando historias.

2. Esta semana que viene es del mal y realmente dudo tener el tiempo de escribir una sola palabra de alguno de mis fics.

Así que como este ya estaba adelantado aproveché para terminarlo, corregirlo y publicarlo hoy, antes de que empiece mi "Semana Infernal".

Ojalá todo se aliviane hasta el miércoles y poder publicar el tercero del Cori, que quería publicar ayer pero ese me cuesta mucho más esfuerzo porque… ¡escribir como Cat es difícil!

En fin, espero que hayan disfrutado este, no quería extender mucho la búsqueda de Tori pero tampoco que la encuentren en cinco minutos, como uno de ustedes me comentó justo en un review, además que necesitaba que todo esto pase para que lo demás que tengo planeado funcione a la perfección. Por cierto, este capítulo se llama Kingsburg porque ese es el nombre del pueblo en el que se queda Tori (si es real, yo siempre investigo XD).

Si les gustó ya saben una ":)" sino una ":(" o sus palabras son bienvenidas y agradecidas.

¡Suerte esta semana y adior!