Bueno, aquí yo apareciéndome después de miles de años x'D... prometo que no lo vuelvo a hacer u-u ya ni quien me crea, pero bueno, este capi es medio fastidiosito, ustedes verán porqué :) en fin, espero les guste y perdón por la tardanza, a mí difícilmente me llega la inspiración para escribir algo decente, espero perdonen...

Disclaimer: Hetalia es de Himaruya y Titanic, la película es de James Cameron.


Saturday 13rd April 1912. Chapter 11: The Portrait

La habitación de Antonio no era muy diferente a como Lovino se lo había imaginado: Grande, lujoso, lleno de cosas innecesarias pero que los ricos consideraban necesarios como joyas, cuadros y demás piezas de arte (que seguía sin buscarle utilidad en ese viaje).

Debía destacar el gran decorado en oro que tenía en toda la habitación. El tapizado en especial era algo que le había llamado la atención desde el momento en el que entró, además de que combinaba a la perfección con aquellos muebles elegantes que, con el sueldo que solía ganar en Italia y diversos lugares donde había trabajado y habiendo trabajado hasta la edad que actualmente tenía, jamás hubiera podido pagar.

—Ustedes los ricos sí que llevan la buena vida. —dijo de manera un tanto fastidiada, caminando a los alrededores del amplio camarote perteneciente al español quien simplemente estaba sentado en una de las sillas que estaban junto a una pequeña mesita de noche.

El español rió brevemente y seguía con la mirada al italiano que no dejaba de moverse. —¿Eso crees Lovi? Yo pensaría que no. —el italiano se detuvo en seco, girándose posteriormente en dirección al castaño más alto, mostrándose claramente sorprendido.

—¿Qué? ¿Eres idiota? —le enojó aquello. Dando pasos fuertes se acercó al otro, como si se mostrara listo para reclamarle algo. —¡Nada más mira esto! —extendió sus brazos, abriéndolos de par en par enseñando la habitación que tenía tras él. —¡Esto es enorme! ¡En mi vida y segunda vida juntas lograría obtener una pequeña parte de esta habitación en tierra! ¡Y tú la obtienes en un barco! —frunció el ceño, esperando una respuesta por parte del otro quien, miró atónito cada una de las expresiones que el italiano había hecho, desde enojado, inconforme y sorprendido.

—Bueno bueno, es verdad que estas habitaciones no son económicas, pero… —el italiano seguía mirando al castaño mayor, quien éste puso un rostro leve de preocupación. —Pero eso es sólo apariencia Lovi, no te dejes engañar, mira que yo durante toda mi vida te podría jurar que no he sido feliz, a pesar de tenerlo "todo" —acentuó un poco más la última palabra, haciéndola pesada, nostálgica, sarcástica, un sentimiento que el italiano no logró descubrir en ese momento.

El italiano relajó su rostro un poco. Extrañamente no pudo desconfiar de las palabras del español, puesto que cuando lo conoció, a pesar de su sonrisa, lo notaba ciertamente triste.

—Eso no te lo negaré. —se atrevió a hablar, captando la atención del de cabellos ondulados. —Cuando te conocí, a pesar de ser un rico bastardo, podía jurar que eras bastante infeliz. —sin ningún cuide en sus palabras, las pronunció con total sinceridad y el otro, en vez de ofenderse, simplemente abrió los ojos de par en par y posteriormente, sonrió cálidamente, como nunca lo había hecho.

Se levantó de la silla y caminó solamente un par de pasos para llegar lo más cerca que pudo del italiano para rodearlo con sus brazos, en un suave y cálido abrazo.

Aprovechó a acariciar su cabello lacio y tan suave, tal como lo había imaginado desde aquella vez que lo vio el día en que abordaron el barco. ¿Quién pensaría que sólo bastaría el verlo esa vez para lograr enamorarse?

El italiano recibió con sorpresa ese abrazo, estaba muerto en vergüenza y su sonrojo lo decía a gritos, pero por más que quería golpearle y decirle que se apartara de él, simplemente no podía y en cambio, levantó temblorosamente sus brazos para también lograr abrazarle.

Se mantuvieron así por unos momentos, hasta que finalmente el español rompió el silencio, sin romper el abrazo.

—Oye Lovi, ¿recuerdas cuando te dije que quería pintar a alguien? —se separó levemente sin sontarlo por completo para poder mirar mejor la expresión ajena. —Aquella vez que me gritaste y seguramente ni me escuchaste. —decía eso con la sonrisa más amplia que podía tener mientras que el otro sólo fruncía el ceño y… no, el sonrojo no desaparecía del todo de su rostro.

Chasqueó los dientes y giró su rostro. —Creo que sí lo recuerdo. —claro que lo recordaba, aunque ya sabía para qué iba esta conversación. —¿Y?

El otro empezó a hacer rostros muy graciosos, parecidos a los de un adolescente que estaba pensando en cómo pedir permiso a su madre de manera convincente. —Pues, pensaba que… ahora que tú y yo, ya sabes… —el otro giró su rostro y lo miró con brazos cruzados y una ceja arqueada, evitando mostrarse expectante… cosa que en realidad hacía.

Podía imaginarse lo que quería pedirle y su respuesta es… —¡No! ¿Estás loco? —desvió nuevamente la mirada y segundos después se dio media vuelta para dirigirse al sofá más cercano y echarse ahí, tratando de evitar la mirada y contacto visual.

—¡Vamos Lovi!

—¡No, no y no!

—Vamos Lovi, yo sé que te verás bien. —cuando el español dijo aquello, el italiano no pudo evitar sonrojarse y regresar su mirada hacia él. Hizo un breve puchero, como si de un pequeño niño se tratara.

A pesar de que desviaba la mirada, no podía evitar mirar aunque sea de reojo al español y éste, le miraba muy insistente. Nunca pensó que esa mirada sería tan convincente.

Hizo una lucha mental por unos momentos y posteriormente…

—Maldición… ¡de acuerdo de acuerdo! —el español brincó de alegría apenas escuchó hablar al italiano, pero éstos saltos fueron cortados por el otro. —Pero con una condición… —el español miró atento. El italiano tragó en seco. —Los pantalones no me los quitaré.

—¡Ah, Lovi, pero el chiste es que salgas desnudo! —dijo sin vergüenza alguna aquella frase, haciendo que el sonrojo del italiano se volviera más violento y visible.

—¡Ya te dije cómo, es eso o nada!

—¡Tápate con un cojín! —interrumpió el español.

—¡¿Qué?

—¡Con un cojín! Se verá más artístico así Lovi, vamos vamos. —seguía insistente y plantó sobre el otro una mirada suplicante que absolutamente nadie podría negar.

El italiano sabía que estaba en problemas… el rostro del español y su corazón se aliaron para hacerlo decir cosas sin pensar. Suspiró. —Bueno, así será… ¡pero ya no me pidas otra cosa rara, ¿de acuerdo?

El español sonrió y dejándole un beso sobre su frente corrió hacia otra parte del camarote para localizar sus cuadernos de dibujo y carboncillos, que era su especialidad.

Y así fue… el español ya estaba en el lugar que era perfecto para comenzar a hacer aquel retrato, el retrato que debería convertirse en su mayor obra maestra que nunca viera la luz, puesto que en su familia es demasiado de "pobres" el tener esa clase de hobbies, pero a pesar de eso nunca dejó de dibujar.

—¿Lovi? —llamó para saber si el italiano estaba listo.

Éste, lentamente se asomó de otra habitación con una toalla enrollada en la cintura, cubriéndole de ahí hacia abajo, dejándole a sus rodillas asomarse. Trató de ignorar la mirada atónita del español, quien obviamente le miraba con la boca abierta, atónito ante la belleza del italiano y se moría aún más de ganas de retratarlo y volverlo inmortal en aquel dibujo.

El italiano se percató de la mirada sobre él, por lo que pronto se sintió cohibido, ladeó el rostro y se acercó al sillón, para coger un cojín y rápidamente cubrirse con él para soltarse la toalla.

—Hey, idiota no te me quedes viendo así que me volveré a vestir ¿oíste?

—Pero Lovi, si no te veo ¿cómo te voy a retratar?

El italiano desvió nuevamente la mirada y prefirió ignorar aquella pregunta. —Bueno, dime cómo he de ponerme antes de que me arrepienta. —dijo con el rostro colorado y buscando cómo evitar la mirada.

Antonio sonreía como un tonto, literal, al final dejó escapar una risita y le indicó unas cuantas cosas. —Así como estás sentado estás perfecto, sólo recárgate en el respaldo con un brazo.

—¿Cómo? —intentó seguir sus indicaciones, poniendo el brazo en el borde del sillón y de reacción agarró su cabello.

—¡Así así, quédate así Lovi! Ahora solo coloca tu otra mano sobre el cojín, ligeramente hacia arriba.

—¿Qué? Deja de decir tonterías ¿quieres?

—Lovi, ¡es sencillo! Sólo tienes que poner tus manos en donde tienes tus…

—¡Ya entendí! —interrumpió el italiano mientras acomodaba su mano como el español le había indicado.

—Todo listo. —el español esbozó una leve sonrisa y, le indicó ahora a Lovino que comenzaría a retratar. Posó el carboncillo por sobre el papel y comenzó a dejar unos suaves trazos en el papel, sonriente en todo momento y mirando de reojo al italiano quien estaba haciendo caras por la vergüenza.

—Lovi, sonríe ¿sí? —pidió.

Lovino no dijo nada e intentó esbozar una sonrisa, la cual salió casi fallida. Antonio nada más sonrió. —Así está perfecta.

El momento pasó lento, o rápido, dependiendo de la situación y el agitado corazón de cada uno; uno posando para el otro, y el otro retratando la pose del otro, incluso la situación era para preguntarse quién salía más ganador.

Qué hermoso eres, Lovi. —pensaba el español, mientras trazaba con extrema delicadeza cada una de las curvas del italiano, quien se mantuvo estático toda la sesión; eso le permitió una perfecta imagen para retratar.

—¿Qué estás pensando? ¿Y por qué me miras así? Pervertido. —se quejó Lovino.

Antonio rió. —Te miro normal y te miro porque debo verte para poder retratarte. —sonrió inocente. —Y pienso que eres muy lindo.

Lovino se sonrojó y desvió la mirada, dándole de nuevo paso a que siga dibujando.

Después de una media hora, el dibujo estaba listo. —Lovi, ven a ver cómo me quedaste. —Antonio sonrió satisfecho ante su magna obra.

Lovino agarró la toalla que había tirado antes de sentarse y volvió a cubrirse con ella, para levantarse y acercarse a ver el resultado.

Se impresionó al ver el dibujo. —… bueno, sí tienes talento. —dijo chasqueando los dientes y frunciendo el ceño. —Y eso no quiere decir que piense que eres una especie de artista o algo así, o que elogio tu trabajo ni mucho menos… —cruzó los brazos y ladeó el rostro, pensaba absolutamente todo eso y era por eso que, el español sonreía, sabía que el italiano no podía ocultar lo que pensaba.

—Esta obra no sería nada especial si no fuera porque tú estás retratado ahí. —sonrió el español ampliamente, levantando la mirada para poder fijarla en el italiano quien, a toda costa, trató de evitarla.

La divina personalidad del italiano no tardaría en hacerse notar. —Pues, claro, si hubieras dibujado a alguien más seguramente sería una porquería. —el español rió divertido ante las afirmaciones del italiano, asintiendo y dándole la razón. —No te lo negaré. —el italiano se sonrojó y desvió la mirada, no fijándose que Antonio se había levantado y acercado al otro castaño, tomando su mentón con suavidad y dejándole un suave beso.

El beso fue correspondido con torpeza, pero con el paso de los segundos iba estableciéndose más y haciéndose más suave y liviano, dejando que ambos muchachos se expresaran en ese delicado gesto de amor.

Hubo pasado un momento en el que se separaron y se miraron, y sorprendentemente, Lovino no desvió la mirada. Éste chasqueó los dientes.

—Supongo que habré de pagarte por el retrato…

El español se sorprendió y sonrió delicadamente. —¿Cómo crees? ¿En algún momento te cobré?

—Bueno, realmente no pero…

—Entonces así está bien, así que no le tomes importancia. —finalizó con un beso, dejando atontado al otro.

Ese momento delicado se vería afectado por un toque inesperado en la puerta.

—¡Antonio, Antonio abre la puerta! —gritaba alguien de manera frenética. Antonio se sorprendió.

—Rayos… —Lovino estaba confundido. —¿Antonio… quién?

—Debemos irnos de aquí. —Lovino ya se encontraba vistiéndose y rápidamente fue jalado por el español, justo en el momento en el que a duras penas podía abrocharse su camisa nuevamente.

—¡Antonio qué pa…! —Lovino intentó preguntarle mientras corría como podía siguiendo el paso del español.

—¡Al rato te explico, ahora corre! —corrió tan rápido y salió por una puerta extra del camarote, sin percatarse que había dejado su cuaderno de dibujos en el sillón donde hubiera estado sentado.


Bueno, el siguiente capi espero, sea la ansiada escena del coche(?) así que trataré de hacer esa parte lo mejor posible... y para quienes no les guste el lime será una parte que puedan saltarse sin problemas :)

En fin, espero les haya gustado el capítulo, ¡nos estamos leyendo!